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Diego Elías Cedillo.

México

En el Palacio de Cobian, hay Cordero al Sarmiento de cena

Arreando al elefante
Diego Elías Cedillo

¿Qué pasa cuando se juntan el hambre, con las ganas de comer? Expertos sugieren el PAN de caja, y quien debió haberse quedado en su caja es Ricardo Anaya. Es irrisorio cómo hace capsulitas, pregonando: “Toma años ganar y se pierde en un instante la confianza”. Algunos despistados se confunden, si se refiere a él y al PAN, porque todavía adujo: la culpa es, por el desmembramiento interno. ¡Ay Ricardito Canallín! que rápido olvidas, que tú introdujiste el cáncer a tu disque partido juntándote con el sol amarillo (cof, cof, el PRD) y peor aún, lo único rescatable del PAN para el desayuno (ergo Pancho Domínguez, gober de Querétaro) el excandidato lo atisba de corrupto.

Pasen a lo servido, ya está la comida; algunos aseguran que el arroz ya se coció, pues aún resuena en los pasillos de Palacio Nacional el eco de los gritos que le confirieron el canciller Marcelo Ebrard y el titular de Salud, Jorge Alcocer, al hoy enaltecido niño malcriado Huguito López-Gatell. En la comida comentaron: “ya los tiene hasta el gorro” por las tonterías que dice respecto a la vacuna china, que lo único que siembran es incertidumbre social; pues se acabó el postre. Sin embargo, afortunadamente San Lázaro está cerca del mercado de dulces de La Merced, pues aseguran una salida viable del doctor López-Gatell será se incorpore a la siguiente Legislatura federal… Toma nota Mario Delgado…, te deseamos suerte para aguantarlo.

POST-IT: Para terminar, la cena será: “Cordero al Sarmiento”. Comentan que antaño, la Secretaría de Gobernación era poderosa: llegó a producir Presidentes, o cuando menos infundía respeto, incluso miedo. No obstante, se comenta, hoy la dirigen manos inexpertas, con altos costos para esa institución, no olvidemos recordar al despótico subsecretario Ricardo Peralta (amigo o quizás ex de Sánchez Cordero), que no soltaba su pistola “disque para infundir respeto”. Todo esto deja en claro que tal vez sean los últimos días de doña Olga, en el palacio de Cobian, y pase a languidecer en los pasillos del Senado.

¿Quién será su sustituto? Hagan sus apuestas.

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