El inaccesible fiscal mexiquense

El inaccesible fiscal mexiquense

Basta de funcionarios alejados del pueblo

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En este absurdo sistema penal mexicano, lleno de contradicciones y altamente favorable para los delincuentes, de pronto los antiguos Ministerios Públicos, fueron sustituidos por los denominados Fiscales, mismos que a la usanza y semejanza del sistema anglosajón, buscaron acertadamente su independencia, pero dejaron de ser representantes sociales de buena fe.

Así, en la mayoría de las entidades del país y no se diga en el ámbito federal, las ahora llamadas Fiscalías, se manejan con cierta autonomía; generalmente son designados por los ámbitos legislativos y en esta dimensión se esperaba una mayor eficacia y sobre todo mejores resultados en el combate contra el crimen organizado; lamentablemente las leyes marcaron una tendencia para favorecer a los autores de los delitos, olvidándose de las víctimas, quienes de siempre han sido marginadas.

El ejemplo concreto lo tenemos en una de las entidades con mayor índice delictivo, como lo es el estado de México, en donde la corrupción en las antiguas agencias del Ministerio Público continúa sin moderación y con absoluta displicencia hacia los sectores más desprotegidos.

Ante el drama de la injusticia se busca, ya sea para presentar quejas o pedir eficacia, al llamado Fiscal General del estado, en este caso Alejandro Jaime Gómez Sánchez, quien, como todos sus pares, siempre está rodeado de una burocracia digna de un aristócrata, que es evidente motivo de críticas; de esta manera intentar hablar con “su majestad”, el señor Fiscal, es más que imposible.

El personal que le rodea, sistemáticamente lo justifica y aunque se intente contactarlo por las redes digitales, dadas las condiciones de la pandemia, jamás se logra una cita con quien está obligado como servidor público, no solo a atender, sino a resolver los asuntos de su competencia. Conductas como la de Sánchez, es precisamente lo que más irrita a la ciudad.