El penacho de Moctezuma

El penacho de Moctezuma

Sería un acierto con mucho valor histórico y nacionalista

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En México siempre se ha tenido un gran respeto, que contrasta con otros países, por los símbolos patrios, que ni por accidente pensamos faltarles al respeto, como sucede en otras latitudes, en donde llegan a utilizar sus banderas para diseños de ropa interior.

El fervor por nuestros valores cívicos, es producto de una historia de la que nos sentimos orgullosos; cada evento nos impacta hasta las más emotivas expresiones. Un “viva México” nos causa una intensa y envidiable emoción que eriza la piel. El himno nacional, los colores patrios, la figura de nuestros próceres, nos dan pauta para intensificar nuestra nacionalidad.

El pasado de nosotros es impactante en un sinnúmero de hechos, comparables sólo con unos cuantos pueblos. Lamentablemente hay sitios donde carecen de fechas conmemorativas que festejar y le rinden pleitesía a situaciones anodinas; lo contrario sucede en nuestro territorio; no es difícil encontrar, por lo menos un día a la semana, una batalla heroica, el inicio de un cambio, el nacimiento o muerte de un héroe, el día de la bandera, el inicio de nuestra independencia, etc.

Todo ello enmarca lo que nos enorgullece. Por lo anterior, resulta inexplicable el que se tenga tanto interés por el “penacho de Moctezuma”, quien pasó a la historia como un cobarde que se entregó a los españoles.

Traer el penacho no significará nada digno, mucho menos nos podemos sentir orgullosos de resguardarlo; será tanto como que el día de mañana pidamos las botas de Antonio López de Santa Anna, cuando fue expulsado de nuestro país. Insistimos, no requerimos para nada ese atuendo que sólo nos recuerda la conducta innoble e inmoral con la que actuó Moctezuma, de quien se esperaba un comportamiento digno y valiente. Si nos refiriéramos al penacho de Cuauhtémoc, sería un acierto con mucho valor histórico y nacionalista.