Visitó a su mamá y luego se ahorcó

Visitó a su mamá y luego se ahorcó

Un infante de 11 años se ahorca en su casa con una lía. No deja carta póstuma. Toma la decisión cuando estaba solo

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Ramiro López Mendoza

REFORMA, CHIAPAS.— Emmanuel y su hermanita Rubí volvieron al domicilio de la calle Margaritas, en la colonia Juan Sabines Gutiérrez. Habían ido a pasar unos días a la casa de su mamá, Guadalupe. Y sería la última vez que, al menos, Emmanuel visitara aquella casa.

Sus padres tenían siete años de separados y compartían la custodia de los chicos sin aspavientos: unos días se la pasaban con doña Guadalupe, y otros regresaban a la casa del papá.

El padre, de 57 años, se había entregado más a la iglesia, y cuando vio llegar a sus hijos los abrazó, como siempre hacía. Les preguntó cómo les había ido, qué habían hecho. Rubí apenas si paraba de hablar, contando todo lo que había hecho con su madre. Cuando le tocó el turno a Emmanuel, apenas si dijo que se la había pasado bien. Después se sumió en un silencio que nadie notó extraño.

Últimamente una apatía le había agriado el humor y ya no jugaba más con su hermanita.

Luego de escucharlos, el padre les hizo saber que iría a la iglesia para ayudar en los preparativos del culto religioso. «Cuida a tu hermana, Emmanuel. Regreso al rato», dijo al cruzar la puerta.

Sin carta de despedida

Para no aburrirse, Rubí salió al pasillo a jugar bajo un limonero. En ese momento en que Emmanuel se quedó solo, sacó una lía debajo de unos cajones y comenzó nerviosamente a hacer un nudo, cuidando que no entrara su hermanita y su plan se frustrara.

En la completa soledad de los suicidas, sin un amigo con quien hablar, Emmanuel acabó resignado de hacer el nudo. Luego comenzó a lanzar la cuerda para que cruzara una de las vigas de la casa. Así estuvo un rato, intentándolo y fallando, pero en la que había dicho que sería la última, lo logró. El cordón cruzó la viga y se meció frete a sus ojitos asustados.

Desde donde estaba, escuchaba la voz de su hermanita. Jaló una silla de madera vieja y la puso debajo de la cuerda. Se subió sin ningún problema a ella y se cruzó el nudo alrededor del cuello. La tensó bien y sin vacilar empujó la silla hasta que cayera.

La hermana que estaba jugando escuchó bajo el limonar la tensión que provocó el cuerpo de Emmanuel sobre la viga. Pensó que probablemente su hermanito había descolgado la hamaca, y siguió jugando.

Cuando se aburrió de jugar entró al cuarto. Todavía vio el cuerpo de su hermanito meciéndose de un lado a otro. Gritó de horror. Y salió corriendo de la casa en busca de su abuelita, que vivía cerca.

La abuela, temblorosa, dio aviso a los padres de Emmanuel, y se acercó a la casa acompañada de Rubí, que iba llorando. Más tarde, peritos de la Procuraduría dieron fe del levantamiento del cadáver. Madre, padre, abuela y hermana pusieron velas en el sitio donde Emmanuel decidió quitarse la vida, sin dejar ninguna carta póstuma.