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México

Desmantelan guarida de plagiarios, secuestraban en Reforma y Tabasco

RAMIRO LÓPEZ MENDOZA/ GRUPO CANTÓN

REFORMA, CHIAPAS.– Cuando los lugareños de la ranchería Gamboa vieron la ajetreada camioneta con placas DC-90-732, varada a orillas de la terracería, sin nadie en la cabina y con las vacas mosqueándose sobre la redila, supieron que algo andaba mal. Reconocieron que la estaquitas pertenecía al viejo ganadero don Santos, que diariamente pasaba por estos caminos con dirección a su rancho en el Macayo Primera Sección. Abandonar en un potrero por horas el ganado, en una zona donde el abigeato es pan de todos los días, no tenía ningún sentido.

Así que no faltó el alma caritativa que diera aviso a los familiares de don Santos, que comenzaron a rezar para que no le hubiera pasado algo malo.

Temiendo lo peor, dieron aviso a las autoridades de Reforma. A bordo de camionetas blindadas, agentes de la Fiscalía Antisecuestro del Estado de Chiapas, se presentaron ese mismo día —10 se septiembre—en el tramo vecinal Gamboa-Macayo. “¿Y AHORA QUÉ?” El viejo ganadero maneja despacio su camionetita porque carga en la redila varias vacas con destino a su rancho. Por el espejo retrovisor mira los fanales de otro automóvil, y cortésmente disminuye la velocidad para hacerse a un lado y dejarlos pasar. Cuando pasan a su costado, el copiloto agita un arma amenazadoramente y señala que pare. “¿Y ahora qué?”, masculla el viejo Santos, que no comprende aún lo que sucede.

Apenas detiene la marcha, unos desconocidos le abren la puerta y lo bajan a empujones para pasarlo a la otra unidad. Le tapan los ojos y lo obligan a meter su cabeza de entre sus piernas. El anciano adivina que han salido de la terracería y avanzan sobre carretera. Pasadas unas horas lo bajan de la unidad y lo introducen a una casa.

«BENDITO DIOS»

Vecinos de la ranchería Buena Vista Río Nuevo, Centro ven pasar un convoy de unidades, pero ninguno sabe que dentro vienen agentes de la Fiscalía General de Tabasco y Chiapas. Localizan una casa y como hormigas descienden para rodear el inmueble. Uno de ellos golpea la puerta con una patada y ésta cede.

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En la sala están Lencho, Cando, Chilo, Mayra, Manuel y José Eduardo desayunando. Cuando ven a los agentes encañonándolos con armas de fuego, comprenden que todo ha acabado.. Al fondo de la casa, en un cuarto a oscuras, encuentran a don Santos atado de pies y manos. Apenas lo desatan y le quitan la venda de los ojos, el anciano de 75 años suspira. «Bendito Dios», dice débilmente, pero a salvo.

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