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Seguridad

Reguero de sangre entre capos

A principio de año El Pelón de Playas cayó detenido; ese mismo mes, sería detenido su rival El Gato. El saldo: una cadena de muertes

VILLAHERMOSA, TAB.– Un grupo de jóvenes se reúnen en una casa, aparentemente para continuar las fiestas de fin e inicio de Año Nuevo. Es sábado 11 de enero de 2020. Hay cerveza, comida y mucha cumbia, pero nadie baila.

En toda Villahermosa de lo que se habla es de la detención de Trinidad Alberto de Jesús Miranda, mejor conocido como El Pelón de Playas, y sus lugartenientes cercanos: Marco Antonio Rodríguez y Sergio Arturo Vázquez Morales.

Sus otros operadores, apenas se regó la noticia, recibieron la orden de poner patas arriba la ciudad: hubo carros incendiados, una narcomanta firmada por el Cartel del Pelón de Playas, un juez amenazado y un hombre mutilado y colgado en el puente de Ruiz Cortines con avenida Universidad, uno de los cruceros más transitados.

Algunos de los comensales comentan, entre el humo del cigarro, detalles sobre esas acciones; otros beben en silencio sus cervezas y solo uno tatarea la música a todo volumen.

Nadie escuchó cuando los motores de un par de vehículos se estacionaron frente a la casa. De las camionetas descendieron hombres fuertemente armados, que irrumpieron sorpresivamente en la sala.

Apuntándoles con las armas, los tiraron al suelo y en fila india los subieron a las camionetas con motor encendido. Con la cabeza entre las piernas y el corazón sobresaltado, ninguno vio hacia dónde los llevaban.

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Ya se los cargó la ch…. Saloya no es territorio de El Pelón de Playas, ¿qué no lo saben? Ustedes solitos cavaron su propia tumba. ¿Quién los manda a meterse donde no deben? Este mensaje le va a llegar a El Pelón de Playas hasta el tambo, donde está y seguirá refundido.

La caravana se había detenido en un apartado, todavía dentro del perímetro de Bosques. Uno por uno fueron bajando a los asustados jóvenes, quienes negaron tuvieran algo que ver con el mentado Pelón.

A la luz de la luna y con las hojas de plátano moviéndose, se soltó el llanto de una joven, que afirmaba no saber nada y que sólo la habían invitado a una fiesta. Los hombres armados comenzaron a golpear a los apanicados jóvenes hasta tirarlos al suelo. Antes de que amaneciera, los seis cuerpos sin vida había sido enterrados en una fosa clandestina.

CAE EL GATO

Alonso «N», alias El Gato se siente a sus anchas. Su principal enemigo, El Pelón de Playas, sigue en la cárcel, y las acusaciones han pasado de un vulgar robo y asalto a un camión de abarrotes, a la desaparición forzada de una persona en Centro. El Gato no puede dejar de reírse con sorna. Él acaba de desaparecer a seis y anda suelto y haciendo de las suyas.

Quizá sea buen momento para expandir su territorio. Por lo pronto planean un asalto. El 28 de enero, cuando todavía la tierra removida sigue fresca, El Gato avanza en su camioneta Jeep Patriot blanca, custodiado por una Nissan Tsuru blanco, por el fraccionamiento La Selva, ninguno lleva placas de circulación.

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Adelante, unos vehículos de la Fiscalía les marcan el alto. No hay tiempo para preguntar por qué. Los gánsters disparan contra los agentes, en un intento por escapar pero aparecen más agentes y los rodean.

Durante el operativo son detenidos junto a Alfonso “N”, alias El Gato, sus compinches Gustavo, El Tavo; Elíseo, Cheo; Luis Manuel “N”, El Gordo”, Jesús Manuel; Gilberto, El Luna y Gerardo “N”, El Lalo.

A la acusación de robo de vehículos, narcomenudeo y portación ilegal de armas, se le sumará la desaparición forzada de seis personas en una fiesta a principios del año.

El Pelón, encerrado en el Cefereso de Huimanguillo, festejó que El Gato, llegara al CRESET.

 

 

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