Por atajo se ahoga

Por atajo se ahoga

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Foto, Internet

Joven venía de jugar de futbol y para llegar rápido a su casa cortó camino trepando por unos tubos que atraviesan río Carrizal, pero desafortunadamente cayó

Por: RAMIRO LÓPEZ MENDOZA – CARLOS CORONEL

REFORMA, Chiapas.— Alejandro Mondragón, Alex para los cuates, se dirigió como muchos fines de semana sí y otros también, a patear el balón con sus amigos por los rumbos de la ranchería Miguel Hidalgo Segunda Sección.

Las cascaritas se arman con todos los muchachitos más o menos de la misma edad de Alex, que ronda los 16 y 17 años; «manjúas» o «charalitos» para los de fuerzas mayores, que pululan por los lomeríos, las tienditas y campos de maíz que todavía se alcanzan a divisar por los alrededores de este sector del municipio de Reforma, Chiapas.

Muchachos imberbes, con sus playeras remendadas, alguno con tacos pero los que más con tenis de suelas desgastadas, sudando la camiseta. Muchachos que todavía espantan el sueño en el catecismo para darle gusto a los viejos y cumplir la primera comunión, aunque su ardoroso sueño sea robarle el beso a la novia, sacarla a bailar (cuando alguna vez se pueda) o ya de «perdis» invitarle un refresco, antes también de que sea imposible comprarlo en la tiendita de la esquina si no alcanzas la mayoría de edad.

Aunque todavía reciben la orden de ir por las tortillas a la hora de la sagrada comida, en el campo se la juegan con hombría para imponer el tapón y bloquear una peligrosa jugada, suben y bajan para controlar la media cancha pelona de pasto verde y con un contragolpe se montan a una moto invisible para correr por la lateral derecha y batir al guardameta con un gol, cuya jugada acaba con dos o tres de ellos buscando la pelota parchada tras los matorrales.

A esa edad, la vida es un juego y el juego una continuación excitante de la prometedora vida. Por eso al acabar el partido, luego de rememorar algunas hazañas de los compañeros o el error que se hubiera podido enmendar, parten cada uno a su casa. Un pequeño grupo, que vive por el rumbo de Alejandro, decide cortar atajo y caminar por una tubería que atraviesa el río Carrizal.

En fila india van pasando uno a uno, pero Alejandro mira hacia abajo un instante, donde ve la piel verdosa del río esponjada porque ha llovido y está crecido, y entonces pierde el equilibrio y cae al agua.

Sus compañeros no saben qué hacer, ninguno de ellos, buenos jugadores en el arenoso campo, sabe nadar e impotentes miran. Su amigo desaparece en ese cuajo espeso de agua. Esta vez corren con más velocidad que antes a pedir ayuda, a dar la triste noticia a la casa de Alex.

Los primeros en comenzar la búsqueda son amigos y vecinos de Alex, luego se les unen elementos de Protección Civil. La familia tiene esperanza de que su joven campeón esté con vida, que la corriente lo haya empujado más adelante.

Las horas pasan lentamente y cada segundo crispa los nervios de los presentes. Hay llanto y oraciones de los amigos de pelota pidiendo un milagro.

Al caer la noche solo los elementos de Protección Civil continúan buscando en las orillas del Carrizal. Fue hasta ayer, cuando el cuerpo de Alex apareció sin signos vitales. Sus familiares ahora dan cristiana sepultura a un futbolista de corazón.