#QuedateEnCasa; te cuesta dolor

#QuedateEnCasa; te cuesta dolor

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FOTO: MOISÉS PABLO/CUARTOSCURO.COM

COLUMNA INVITADA

EDER ARREORTUA

.- Pedro, Eder, Norberto, Eliud; una sala adecuada para pacientes con Covid-19; una torpe sinfonía de tos de un lado y tos del otro, caras largas, susurros de parte del servicio médico; Norberto parece ya rebasar los 50, Pedro y yo (Eder) andamos en los 30; Eliud quizás ni a los 20 llega; sin embargo, es él quien hace esfuerzos para respirar, se toma el cuello y se frota el pecho, el miedo se le ve en la cara.

Sólo 16 días antes todo comenzaba con dolor en la garganta, un día después llegaron unas repentinas náuseas y el tercer día el cuerpo cortado; mientras, el cuarto día, el primer crítico, llegan, cual vendaval, la tos, la diarrea, acompañados de fiebre y escalofrío. «¿Será el mentado Coronavirus?», cruza por mi cabeza, mientas la fiebre, el frío y el miedo me hacen tiritar en la cama. Del quinto día al octavo llega un bálsamo de tensa calma: nos acompaña la tos, el dolor en articulaciones, pulmones, riñones y el abandono de la fuerza en el cuerpo, con la molestia de los mocos a todas horas. Se viene lo peor.

El noveno día parecía normal, pero cuando caía la noche llegaron los fantasmas. Dolor fuerte en el pecho, faltaba el oxígeno y las bocanadas de aire parecían insuficientes. Es momento de ir a urgencias. “En efecto, es Covid-19″, sentenció el galeno del Hospital UMF 28 Gabriel Mancera, sin más pruebas que las físicas; prosiguieron días de encierro, mucha agua, paracetamol, loratadina, atención médica cada dos días.

Después de casi tres semanas, ahí, sentado a una considerable distancia, al lado de Pedro, Norberto y Eliud, la pregunta es: ¿cuánto se pudo evitar esto? La enseñanza: #QuedateEnCasa.