Un boom de los 90

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Foto, internet

AÚN ACTIVO, OCTAGÓN FUE PARTE DE LA CAMADA QUE MARCÓ EL REGRESO DE LOS ESTETAS AL FOCO MEDIÁTICO DE LA TELEVISIÓN

Ciudad de México.- Kato Kung Lee y Kung Fu, quienes junto a Blackman conformaron una de las tercias más inolvidables del pancracio nacional: Los Fantásticos, fueron sin duda pioneros, y quienes podrían presumir que marcaron la pauta de personajes que, a partir de ser artemarcialistas, mezclaron su disciplina con la lucha libre. Combinación única.

Sin duda, este par hizo época, y los románticos los recuerdan con una sonrisa cuando en las tertulias se hace referencia a todo lo que pudieron regalar en el entarimado del hoy extinto Toreo de Cuatro Caminos, semana a semana. Y fue en la década de los 90, cuando la televisión le devolvió su sitio estelar al deporte de los costalazos para que éste volviera a ser parte del foco, y entre tantas nuevas figuras apareció Octagón, pues éste se decantó por la magia que sólo un mundo tan sui géneris entrega a los protagonistas del mismo.

“Yo empecé a entrenar en la Arena Apatlaco con el señor Raúl Reyes, El Moritas, venía de Jalapa, Veracruz, soy artemarcialista, pero toda mi vida vi luchas, me invitó Radamés Coco Masakre, empecé a entrenar, me gustó, combiné lo que ya sabía, me comenzó a dar gusto poder correr en las cuerdas, hacer el helicóptero, la jarocha, la octagonina, todo eso arriba de un ring provocaba que la gente volteara a verme y eso fue bien motivante”.

Y, como si fuera una regla familiar luchística, Octa rubricó un capítulo idéntico al de su vástago, pues ambos primero probaron suerte en el futbol, porque al final se presentó como el gran amor de ambos, cuando merodearon aquello de trascender en otro ámbito.

“El futbol sí es mi pasión, yo jugué en el América en el 77, cuando estaba el señor Reinoso (Carlos), el señor Roca (José Antonio), que en paz descanse, El Pichojos Pérez, El Campeón Hernández, El Pajarito Cortés, Borja (Enrique), había muchas estrellas.

“Pero el futbol no te deja convivir con el público, no me llenaba, yo quería algo más, no es lo mismo que el luchador, que todo el mundo te busca, te agarra, es algo diferente, no te lo puedo describir, pero es completamente distinto, no existe el contacto, las personas tienen muchas dudas, y nosotros somos los idóneos para esclarecerlas”.

Tres décadas después, el gladiador veracruzano mantiene las mismas cosquillas de desfilar hacia los cuadriláteros, las ganas intactas de practicar y mantener la disciplina, pero con el plus de que ahora las nuevas generaciones lo ven como mentor. “El estar con los jóvenes, a mí me gusta mucho enseñarles, que no caigan en los errores que yo caí, pero yo les estoy dando la pauta para que sean mejores. La lucha libre es mi vida, y ya ahorita con mi chavo (Hijo e Octagón) me siento muy contento de poder actual junto a él”. Y lanza la última sentencia: “Aún hay Octagón para rato”.