Hecho a su medida

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Foto, internet

EL GLADIADOR CITADINO AGRADECE LA HERENCIA DE ESTE PERSONAJE, PUES ASEGURA QUE ES PERFECTO PARA ÉL

Ciudad de México.- Diseñador gráfico, tipo parlanchín, colorido, abierto, divertido, vaciado, dicta el lenguaje popular: ni mandado a hacer. La mezcolanza habla de autenticidad, de una naturaleza que pocos podrían presumir, cuando se habla de darle vida a un personaje que lleva en las entrañas la diversión a todas luces.

Y Coco Rojo II, apegado al instructivo de una legión luchística que le puso mucho sabor al pancracio romántico o clásico: Los Payasos, cumple a cabalidad con los que podrían ser los preceptos para representar al enmascarado que luce una sonrisa todo el tiempo, ataviado en una máscara tan singular.

“Mi familia es también de luchadores, comencé a la edad de siete años a entrenar en la parte de arriba de los Baños Aragón, con seis de mis tíos, cinco fueron amateur; ya más en forma, o enfocado a dedicarme de lleno, a los 13 en el Gimnasio Metropolitano (ahora Konkreto)”, desmenuza para comenzar una tertulia amena.

Y es precisamente, ya enfocado en la lucha libre, con miras a darle otra tonalidad o forma a su historia, que uno de sus profesores, Coco Rojo, decidió entregarle el equipo para que él continuara con un legado que, fue un parteaguas en esto de los costalazos. “Con cinco años luchando entré al grupo del profe Coco Rojo (Mario Jiménez), estuve con él mucho tiempo entrenando, siempre apegado. Cuando me animo a buscar un personaje, pues ya quería dar el paso y no quedarme estancado, el profe Jiménez se enteró, y me llevé una sorpresa en una función, pues me dijo: ‘Toma, póntelo y vamos a ver como te desenvuelves’. Obviamente estaba emocionado, extasiado, fue un momento increíble saber que ya tenía un nombre, y más porque me tocó enfrentar a dos de mis ídolos: Súper Muñeco y Batman”.

Escarbando más en aquel momento, con la luz iluminada, pues parece un buen ejercicio recordar la primera vez como Coco, presuntuoso cuenta que además pudo entregar una de las actuaciones más completas que él recuerde en su peregrinar de 15 años en distintas Arenas del globo. Di sin duda una de las mejores luchas de mi vida, y el personaje se me dio, porque también hay que ser sinceros, hay personajes que no se te dan, hay personajes que puedes traer diez, 15, 20 años, y nada más no le pegas, pero a mí me gustó, se me quedó, el profesor vio buenas cosas en mí y me trajo un buen rato como pareja de él, también en tercia con el Coco Verde, ya después con Cocolores, con Coco Amarillo y fuimos desenvolviendo el concepto”.

Y, aceptando que los herederos de las dinastías podrían ser más llamativos para el público, por cuestiones de sangre y sobre todo pertenencia, comparte que “lo importante no es perder la magia ni el estilo que se creó cuando nacen todos estos nuevos gladiadores, lo importante es ganarte los aplausos y personificar el nombre como tal.

En mi caso he tratado de adaptar bailes, como lo hacía el primero que usó esta tapa (El Cobarde), y también hacer payasadas, porque al final a eso apunta esta figura. En mi caso verán algo diferente, pero mejorado”.