Historia de vida: En el alma y los huesos

Historia de vida: En el alma y los huesos

426
0
Compartir

Una agencia del MP. Un recién nacido sin nombre. Una autorización para que lo bautizaran… Minutos más tarde, todo estaba listo, traían el ropón, la concha, el agua bendita, la sal, el aceite y un cirio.

El responsable del la Agencia estuvo presente en la ceremonia religiosa, pues tenía que ver que no hubiera alguna anomalía, o bien, que no se pasaran de los 15 minutos estipulados. El olor que emanaba del cirio y las oraciones del religioso, hicieron que el sufrimiento se sintiera en el alma y los huesos.

El dolor en el anfiteatro era intenso, la primera en desfallecer fue la madre del bebé, le continuó el padre; los padrinos apenas se podían mantener de pie. Inmediatamente, el servidor público pidió la asistencia del médico legista que se encontraba en la Agencia del Ministerio Público, incluso, hasta la guardia de Policía Ministerial apoyó a los afligidos. La ceremonia tenía que continuar, pues sólo tenían algunos minutos para la ceremonia. En el momento que el sacerdote decía:

“Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, del rostro del MP cayeron un par de lágrimas, no pudo contenerse, se recargó en la pared, apenas tuvo fuerza para caminar se salió del lugar, pues el dolor también lo invadió. Hubo otra persona ajena que también soltó el llanto. Acabó la ceremonia, el sacerdote con la voz entrecortada daba la bendición, nadie estaba de pie, los menos estaban dando auxilio a los desfallecidos. Ya en su despacho, el MP, limpió su rostro, pidió una taza de café para relajarse. Una parte de él lo hacía sentirse satisfecho por la acción que había aprobado; otra lo tenía triste, confundido. “Nunca olvidaré esta vivencia, pese a los tantos casos que veo, mantengo sensibilidad humana”, reflexionaba.