sábado, 23 de agosto de 2014
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Daniel Bisogno


A mí nadie me lo toca
Martes, 31 de Diciembre del 2013, a las 07:00 hrs.

  twitter@DaniBisogno


¡Me refi ero al Twitter! ¡Pinches, putos, culeros, ojetes! Perdón, público querido, pero es que ando bien enchilado porque me enteré por medio de este, su gastadísimo Diario BASTA! que Televisa va a hacer firmar un convenio con sus artistas para supervisarles el Twitter. ¡Háganme el fabrón cavor! ¿En qué mente siniestra puede caber esta idea y en qué otra el aceptarla? ¡Es simplemente un acto fascista y nauseabundo!

Y no porque sea Televisa, aclaro, cualquier empresa o persona que pretenda controlar o coartar la libertad de expresión de sus empleados está cometiendo un acto totalmente arcaico, discriminatorio y opresivo. Si de por sí el Twitter es la santa inquisición de la época moderna, donde millones de rostros sin nombre mandan a la hoguera a cada instante a los que sí lo tienen por el más absurdo comentario, respaldándose en el terrible anonimato para insultar, amenazar de muerte, mal entender la información, deformarla y amarrar navajas, provocando pleitos entre dos o más rostros con nombre.

En fin, creo que el Twitter, mientras no se regulen ciertas cosas, se vuelve el retrete de los complejos, frustraciones y enojos de muchos donnadies que no saben dónde depositar toda la mierda que les corroe por las venas. Se tendría que controlar y en algunos casos ya se está haciendo, para abrir una cuenta, certificar quién es el que la abre, los datos, el nombre, ¿dónde vive?, ¿a qué se dedica?, entre muchas cosas más como la foto verdadera en el avatar y no esos cobardes huevitos, además de imponer sanciones a quien amenace o cometa delitos de esta índole.

Arath de la Torre y Facundo, por sólo poner ejemplos, ¿ellos no tienen derecho a pensar, a decir lo que se les pegue la gana y a la hora que se les pegue la gana? Y si se les hincha la gana de tuitear pedos ¿qué? Yo puedo decir con orgullo que hasta el día de hoy nadie ha siquiera intentado sugerirme que escriba o que no en el Twitter, a no ser algún patrocinador para que le anuncie su producto y esos sí son totalmente bienvenidos.

Creo que tengo la fortuna de que en donde trabajo respetan mi Individualidad y mi derecho a opinar en mi red social lo que me da la gana, como tiene que ser. Ya bastante tenemos con la autocensura de las televisoras, a la censura de ciertas asociaciones con una terrible doble moral y fascistas, de las cuales prefi ero no decir nombres. Es la presión y censura de los setentas y ochentas que ha vuelto y que nos está regresando al México moderno.

Si en algo se avanzó en el sexenio de Vicente Fox fue precisamente en la libertad de expresión, el camino más rápido hacia la democracia, no podemos dar un sólo paso atrás en este sentido, nadie puede decirnos qué pensar y qué escribir en una red social donde fi rmamos con nuestro nombre. No se llama Facundo Televisa o Adriana Pérez Cañedo Canal Once, o Verónica Gallardo Canal 28, ¡no señores!, es un foro para expresar nuestras ideas de forma individual, sin apellidos de empresas. ¿Qué sigue? ¿Que les digan que decir o que pensar en sus casas? ¿O les van a intervenir los teléfonos para ver qué están pensando o diciendo sus empleados? ¡Piedad! No permitan que les hagan eso, no lo permitan por ningún motivo, yo por eso les digo que a mí, ¡nadie me lo toca! ¡He dicho!










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