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Sábado 22 Septiembre del 2018
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Desde el Averno

 De la risa al llanto, y viceversa

Daniel Bisogno

 

¡Vaya días los que hemos tenido, público querido! Pasando de la risa al llan­to y del llanto a la risa: ahora se nos fue mi queridísima Ma­maelena Evangelina Elizon­do, a quien yo le tenía un in­menso cariño, pues siempre se portó como una reina conmi­go. Cada que la veía me conta­ba anécdotas extraordinarias de su vida y de su larga carre­ra, pero siempre con un muy ácido sentido del humor; era implacable para criticar lo que pasaba en el medio artístico y remataba sus comentarios con una gracia fuera de serie. Es por eso que cuando plati­cábamos nos podíamos que­dar horas riéndonos. Mi Ma­maelena no se perdía Venta­neando y siempre decía que se reía mucho con mi asque­rosa persona, y además cada que la veía me pedía que le hi­ciera el pasito ridículo con el que cerraba yo bailando Ven­taneando. Una verdadera tris­teza perder a una actriz de es­ta talla, pero también a una mujer con ese sentido cáus­tico del humor. ¡Descansa en paz, mi Mamaelena querida!

Y como les digo que esta vi­da está llena de contrastes, pues les informo que me di­vertí como enano con mi que­rido Escorpión Dorado, sí, el luchador con boca de ramera y lenguaje soez pero muy di­vertido. Resulta que tiene en su canal de YouTube una sec­ción muy buena que se llama El Escorpión al volante y va con un invitado por las calles de la ciudad a bordo de una camio­neta y van platicando sobre la vida y obra del invitado, pero al mismo tiempo van interac­tuando con todo lo que pasa durante el camino. Por ejem­plo, nos paramos en los pues­tos de comida de afuera del CCH del Pedregal y se puso muy divertido el asunto: por un lado la gente no se espera que se les aparezca en la calle El Escorpión Dorado acompañado de su seguro servidor, así que ya se imagi­narán las escenas que podrán ver. Además, no saben qué rico in­sulta a la gente El Escorpión y ésta lo disfruta. Con decir­les que pasamos por una casa don­de estaban filman­do un comercial y empezamos a bromear con la gente de la pro­ducción, que en su mayoría eran argentinos, así que de ¡pinches re­fugiados sudamericanos! no los bajó, y aquéllos, rezurrados de la risa. Quedó muy bueno el video, para que estén al pen­diente y lo vean, público que­rido. Poca gente sabe que El Escorpión, fuera del persona­je, es la persona más decente y educada que se puedan ima­ginar. Es un gran esposo y pa­dre de familia, tiene dos ni­ños preciosos, para que vean que no están todos los que son ni son todos los que están.

Oigan, por cierto, los que sí están pero bien puestos son Ángela y Leonardo, los hijos de Pepe Agui­lar, que el otro día fue­ron de invitados a Ven­taneando y no se imagi­nan ustedes la gratísima experiencia que resultó; es increíble lo bien edu­cados que los tienen tan­to Pepe como su mamá: totalmente decen­tes, simpáticos, se avientan muy buenas punta­das pero tie­nen los pies muy puestos en la tierra. Resulta que cuando can­tan con Pepe en sus concier­tos, les paga un sueldo simbóli­co y éste les tiene que alcanzar para todas sus necesi­dades. Nada de que porque hay feria se las dan a manos llenas, los hacen que aprecien el valor del dine­ro, así que los escuché fuera del aire cómo iban a repar­tir sus centavitos esa semana. Los dos tienen una gran voz, nacieron completamente ar­tistas, Leonardo sacó la gui­tarra, se les pidió que canta­ran y con la seguridad que so­lamente tiene quien posee un gran talento comenzaron a aventar el górgoro y no saben ustedes cómo suenan; Ánge­la tiene una voz súper dulce y melodiosa, súper afinada, y mi Leonardo, que ya le cam­bió la voz, hay muchas notas donde suena muy parecido a su papá, así que ya se podrán imaginar el vozarrón que se carga. Viven entré Aguasca­lientes y Los Ángeles, imagi­nen los contrastes, por eso di­ce mi Leonardo que no ha po­dido tener novia duradera, pues cuando ya se está cla­vando con una, se tiene que ir a otra ciudad y amor de lejos, fe­lices los cuatro; en cambio, a mi Ángela, que por cierto tiene apenas 13 años, le está prohi­bidísima cualquier payasada de esas de tener novio, pues mi Pepe es muy celoso, no se imaginan a qué grado, con decirles que ya hasta la niña le dijo: “Pero, papá, tú sabes que soy una niña decente y edu­cada”, a lo que Pepe Agui­lar le contestó: “Por mujeres como tú, hay hombres como yo”, y te chingas. He dicho.

 

 Fiesta de malcriadas

Daniel Bisogno

 

¿Ya repuestitos del pin­che susto? ¡Ah, qué mes este que acaba de pa­sar!, ¿a poco no, público que­rido? Pero ya poco a poco em­pezamos a volver a la normali­dad, que sin duda alguna es lo que tenemos que hacer por el bien de todos. Empezar a re­activarse y así empezar a reac­tivar la economía de este país; regresar a los teatros, a los ci­nes, a los restaurantes, a bus­car la alegría, ¡a reencontrar­nos, público querido! Yo por lo pronto les platico que ya em­pecé a salir, de hecho fui a una fiesta que se organizó para ce­lebrar la buena aceptación de la serie novelada Las malcria­das. Se puso rebuena la fies­ta, por ahí llegué y me encon­tré primero con Ernesto La­guardia y con su esposa que, la verdad, son encantadores, y ahí estuvimos platicando du­rante un buen rato. Al poco tiempo se acercó mi Rebecca Jones, que no puede estar más  guapa y no puede estar me­jor en la novela, ¡qué bárbara! Así que nos empezamos a ca­lentar con un tequilita mi Jo­nes y otro yo, comenzamos a chismear muy sabroso, cosa que no es por nada pero hace­mos en cada fiesta. Ustedes no se imaginan lo simpática que es mi Rebecca y lo sabroso que platica, es lo máximo mi Jones.

Poco después llegó Edith González, que se veía muy guapa y, la verdad, totalmen­te repuesta de esta terrible en­fermedad a la que parece ha ido venciendo con una gran disciplina, pero sobre todo con una actitud gloriosa que no permite que ninguna en­fermedad se salga con la suya. La verdad, todavía seguimos sin hablarnos; bueno, más bien ella es la que no me ha­bla a mí, porque en algún mo­mento no entendió mi sentido del humor, y ya ven que hay gente que es como jarrito de Tlaquepaque, muy sensibles. Pero después de que vio que en el programa yo siempre tu­ve buenas palabras y buenos deseos, así como toda mi soli­daridad y todo mi respeto, co­mo que ya cambió un poco de actitud para con mi asquerosa persona; entonces, ahora por lo menos ya me saluda. Y yo considero que cuando pasas por un trance tan fuerte como el que ella vivió, es una forma de resetear el alma y la mente y las cosas toman otra dimensión. Las cosas que antes veías gra­vísimas ahora no tie­nen importancia, en­tonces bajo ese tenor contrastantemente la vida se vuelve más sencilla, así que va­mos en el camino de la reconciliación.

Apareció mi Atala Sarmiento con una blusa de esas de las que solo mi Athhaa es capaz de usar. Si Atala le vendiera todo su ves­tidor a mi Marianita Ochoa sin duda podría abrir otra de sus sucursales de tienda de disfraces; Atala fue la encar­gada de la alfombra roja, apa­reció mi querido Alejandro Camacho con una de esas ga­bardinas vampirescas, de esas que en algún momento suel­ta un aleteo y se te convier­te en murciélago. Es como un caballero de la noche, simpa­tiquísimo también; de hecho la pareja que hacían él y la Jo­nes es una de las que más me dolió que se acabara, pues la vedad eran fantásticos jun­tos. Me los encontraba en to­dos lados y siempre los dos pa­sándosela muy bien, se echa­ban sus tragos y se divertían sin parar; sin duda una de las parejas más divertidas que he conocido en mi muy móndri­ga vida. Lástima que se sepa­raron, pero se siguen llevando maravillo­samente, también por el hijo que tienen en común, que se llama Max y que es un gran músico, por cierto.

También apare­ció mi Ivonne Mon­tero con un vesti­do amarillo inmacu­lado y ¡echando tiros! Por cierto, ¿ya vieron qué bien está La Montero en Las malcriadas? La verdad es que la serie está muy buena, te mantiene pegado al asien­to durante todo el capítulo y les está yendo muy bien de au­diencia. Imaginen nada más tener de mucamas a Ivon­ne Montero o a Cinthya de La Academia, y que tempra­nito te digan: “¿Cómo le ha­go los huevos, señor?”. A esas mucamas ¡yo sí les sacu­do el plumero! He dicho.

 La próstata de Pedro Sola

Daniel Bisogno

 

Público querido, perdó­neme pero estoy hasta la madre de que en todos lados, a toda hora, en todos los medios, se siga hablando del terremoto, viendo las mismas repetitivas imágenes y la misma repetitiva información, que en muchos de los casos ha resultado inexacta. Por supues­to que ha sido una gran trage­dia, ni remotamente cercana a la del 85, pero una gran tra­gedia al fin, y que en los dos casos trajo como resultado la gran unión y trabajo de equi­po de todos los mexicanos. Ya les escribí sobre esto en mi en­trega anterior, es muy emocio­nante lo que hemos vivido, pe­ro este sentimiento de triste­za y terror combinados todo el día, considero que se tie­ne que empezar a cambiar; es esencial que todos los que tu­vimos la fortuna de no perder nada de importancia empece­mos a contagiar de buena vibra y esperanza a los que sí, empe­zar a hacerles sentir que segui­mos y seguiremos con ellos y que de esta vamos a salir todos juntos. Pero para eso todos te­nemos que empezar a cambiar­nos el chip: hay que buscar la alegría, la risa que también nos caracteriza como mexicanos, y creo que es fundamental, por­que la risa es la medicina del alma y es la que tenemos más lastimada, público querido.

Así que al mal paso darle prisa; y nada más para que se lo imaginen, les platico que mi querido Pedrito Sola se fue de viaje a Europa y en un crucero por el Mediterráneo. Andaba muy feliz de la vida, se llevó su traje de baño Catalina de vari­lla de una sola pieza, sus som­breros estilo pamela como los usa la Camila Parker, sus li­bros de autoayuda escritos por Miguel Ángel Cornejo y par­tió. Empezaron a pasar los días, ustedes no saben pero mi Pe­ter tiene una adicción severa al Whatsapp, así que aunque esté de vacaciones nos bombardea durante todo el día con fotos y mensajes; de todo opina, pero justo el martes 19 de septiem­bre vino este sismo y primero Pedrito no se podía comunicar con nadie, cosa grave para él, que ¡preferiría que le cortaran un tompiate! No daba con qué era lo que pasaba, de que nadie le contestáramos en el Whats­app; se quería arrancar parte de su cuerpo de la puritita an­gustia. Peor tantito se puso la cosa cuando se enteró de ver­dad qué era lo que había pasa­do. Así que el grupo que tene­mos todos los conductores de Ventaneando en la antes men­cionada red social pues se vol­vió un medio de información entre nosotros, así que nadie pelaba ni pela a Pedrito. Nos su­be sus fotos, nos hace comen­tarios, pero aquí la cosa estaba muy movida y no había tiem­po de contestarle sus jaladas, así que Pedrito, entre la triste­za de estar lejos de su país en un momento como este y que no lo peláramos, pues le die­ron ganas de echarse al Medi­terráneo ¡con todo y sobrinos!

Ya nos mandó hasta fotos de su próstata, que por cier­to la transporta en un fras­co, para llamar la atención y ni así lo pelamos; así que no du­den verlo hasta vestido de pi­tufo con tal de que alguien le ponga atención. Mientras tan­to, nosotros cocinando guisa­dos para llevarle a mi Yadhira Carrillo, que es un verdade­ro amor, y como siempre es­tá viendo a ver a quién le echa la mano, así que armó todo un numerazo donde hizo tacos de canasta, de guisado, de todo, para ir a alimentar a la gente de los albergues, pero todo en armonía y con la actitud de la que les hablo, actitud de levan­tarse, de reírse, de recuperar­se y volver a ser el México que hemos sido, mejor, con todo lo que hemos aprendido. ¡Arriba México! ¡Vamos! He dicho.

Detrás de cámaras del terremoto  

 

Daniel Bisogno

Apenas acababa de di­sipar el gas que se me había atravesado por el terror vivido durante el mo­vimiento telúrico vivido en los foros de Azteca, donde me ha tocado pasar por todo a lo lar­go de 20 años de transmisio­nes ininterrumpidas en aque­lla empresa; iba llegando a mi casa, tarde ya. Aunque vivo a tres cuadras de la televisora, hi­ce casi dos horas de camino. En la calle, la gente con rostros desencajados, llenos de miedo pero sobre todo de confusión; había gente que estaba para­da en el trébol que está pasan­do TV Azteca pidiendo aven­tón, y por primera vez en mi vi­da vi que la gente los subía con toda confianza, se les quitó el miedo de que los fuesen a asal­tar. Todo mundo ayudaba al otro. Llegué a su casa, que es la mía, y apenas estaba estiran­do las piernas y tantito el cora­zón cuando de repente me lla­man por teléfono para infor­marme que al día siguiente se haría una transmisión ininte­rrumpida de lo que sucedía con este lamentable terremoto. Pú­blico querido, ya me han tocado muchas tragedias al frente de la cámara, desde huracanes has­ta la muerte de Juan Gabriel, así que de algún modo ya sa­bía lo que venía, y se los tengo que compartir, para que uste­des se den una idea de cómo se vive un desastre de esta mag­nitud detrás de las cámaras.

A partir de las 9 de la maña­na empezaron a tener llamado los compañeros de Azteca, los primeros comandados por Ri­cardo Salinas Pliego, presi­dente de Grupo Salinas, es decir, nuestro jefe mayor; Javier Alatorre y, por supuesto, Pa­ti Chapoy, figuras emblemá­ticas e irremplazables de Azte­ca. Acompañados por algunos compañeros arrancaron con es­ta labor. A mí me tocó de las tres de la tarde y a morir; pri­mero arrancamos en el foro de Ventaneando y justo cuando me acababan de traer un chocomilk bien frío que pedí, nos avi­san que nos cambiamos de foro al de Venga la alegría para hacer desde allí el resto de la trans­misión. Mientras no estamos al aire se hace un silencio triste que contrasta con toda la gente de la producción que corre por todos lados en busca de la in­formación, que llega por todas partes; cientos de corresponsa­les desde los dis­tintos puntos donde este terre­moto se ensañó y devastó sin pie­dad. Por el chí­charo (audífono apuntador) es­cuchamos las in­dicaciones: “Vamos a enlace a la Del Valle, caemos a piso con ustedes y luego entra la prime­ra tanda de invitados”. Toda es­ta información visual y au­ditiva que contrasta también con la que traemos en el cora­zón, esa zozobra, ese nudo en la garganta que se forma cuan­do uno tiene enfermito el espí­ritu, y así empieza a transcurrir el tiempo, informando, tratan­do de ayudar, tratando de ser muy preciso con lo que decimos y con una infraestructura tremenda para llevar la informa­ción más cercana a la realidad.

Esta época de las redes socia­les es muy peligrosa, cualquier imbécil puede opinar y no solo eso, puede mal informar te­rriblemente al público que es­tá muy necesitado de la verdad. Todo el equipo de Información, muy celoso de su deber, por ningún motivo nos deja sol­tar ninguna información que no esté corroborada o sea ofi­cial, por eso nosotros no caí­mos en el caso Frida Sofía. Pa­san las horas y las horas y uno en el foro transmitiendo; per­demos la noción del tiempo, si afuera es de día, si es de no­che, si está lloviendo o está so­leado. Llegan los invitados, so­lo Pati Chapoy y yo transmi­timos ininterrumpidamente. Pati desde las 9 de la mañana, pero no hay cansancio, hay dolor que tratamos de disimular para no contagiar más al tele­vidente. Nos sientan invitados, unos muy famosos, otros ca­si extras, pero todos con el mis­mo sentimiento, todos hablan­do de la unión de los mexicanos y nuestra manera de respon­der ante estos terribles even­tos; nos enlazamos al foro de noticias donde los conducto­res llevan también horas y ho­ras transmitiendo, aún más que nosotros; los reporteros, desde el lugar de los hechos, narran­do cosas inauditas y totalmen­te fuertes. Durante el corte nos cuentan lo que están vivien­do, cómo junto a sus pies sa­can un cadáver o se oyen gri­tos entre los escombros; padres llorando desesperados junto a ellos, caminando y gritando el nombre de su hijito ¡para ver si entre los bloques de cemen­to alcanzan a escucharlo! Gen­te, gritos, lluvia, polvo, tristeza, desolación, angustia, todo esto en la mente y en el espíritu de los reporteros, admirable labor.

Entre los invitados aparece el maestro Enrique Guzmán, que llegó a apoyar como cualquiera; estaba también Jorge Garralda, quien es una emi­nencia en todo esto de las tra­gedias, ¡pues ha ayudado en todas! Yo he tenido la fortu­na de ir con él a ayudar en mu­chas ocasiones, desde un hura­cán hasta ir a repartir víveres en Tabasco, bajándonos de un helicóptero del Ejército con el agua hasta la cintura en el pan­tano. Con esta experiencia del Jefe Garralda, como yo le digo, empezó a explicar claramen­te cosas que nosotros, que to­dos, con el afán de ayudar, no pensamos; nos hizo tomar con­ciencia de que esta es una tra­gedia seca como él le llama, que la gente lleva sin parar víve­res, es decir comida, que en rea­lidad no se necesita en exceso, pues la gente a la que rescatan va directamente a ser atendi­da en el hospital. Se necesitan los primeros días herramientas, guantes, todo lo que sirva a los rescatistas para tratar de en­contrar gente con vida, pasan­do este tiempo lo que la gen­te necesita es apoyo económi­co (dinero) para reconstruir su hogar y todo lo que perdie­ron; por supuesto que toda ayu­da sirve, pero es preciso dar lo que en verdad se necesita.

Durante el corte comenta­mos de toda la gente bieninten­cionada que corre a ayudar pe­ro muchas veces solo estorba, y no faltan los que van a tomarse la foto o a grabar su video pa­ra tener de qué hablar en Twit­ter o en Facebook; esa es la rea­lidad. Pero también está esa gente, gente de a pie, que ha re­sultado muy útil, que ha salva­do vidas. Siguen transcurrien­do las horas y el tiempo parece insuficiente con todo lo que se quiere decir y hacer, termina­mos poco antes de las 11 de la noche y al salir, de nuevo un si­lencio absoluto en las calles, pa­reciera como si los motores de los coches también estuvieran de luto, casi no suenan. México está herido, pero se curará, so­lo espero que esta cicatriz nos sirva para seguir aprendiendo y para seguir evitando muer­tes durante una tragedia, como se logró a gran escala del tem­blor del 85 a éste, 32 años des­pués. Vamos para arriba porque ya tocamos fondo, recu­peremos la sonrisa y el ánimo, porque los que perdieron al­go o a alguien lo necesitan. ¡Arriba México! He dicho.

El reencuentro de México

DESDE EL AVERNO

Por Daniel Bisogno

Twitter/@DaniBisogno

“Tu llamado es a las 8 de la mañana para empezar a grabar a las 9”, fueron las palabras de mi productora Iyari González para grabar unas cápsulas que se llaman Noveleando y que originalmente las hace Pedrito Sola pero como el viejito huevón anda de vacaciones, pues aquí tienen a su tarugo, a las 8 de la mañana. Al llegar, al pasar por los torniquetes de acceso, una persona de seguridad me dijo: “Señor Bisogno, a las 11 de la mañana vamos a tener un simulacro de sismo, para que no se espante. Van a sonar las alarmas y se van a seguir los protocolos”. La verdad, me fui pensando por qué se les ocurría eso hoy (aniversario del sismo)? Llegué al foro, empezamos a grabar, estábamos de lo más divertidos y dieron las 11 de la mañana, sonaron las alarmas, salió la gente ordenadamente y yo comenté con mi productora que tal vez este simulacro se hizo como una especie de homenaje de que se cumplían 32 años del terremoto del 85. En ese momento me vinieron a la mente aquellas imágenes de los que, aunque muy pequeños, lo vivimos. La gente salía un poco a regañadientes a este simulacro, sobre todo los que no lo vivieron.

Regresamos a grabar y justo cuando solamente nos faltaba una cápsula, sentimos el jalón y todas las lámparas, la escenografía, la iluminación, las bocinas pesadísimas se empezaron a mover como si fuesen de papel; el piso se hacía ondas, no se podía caminar por el movimiento. De inmediato corrimos hacia afuera, ya ahí todo eran gritos, llantos. Todos los que salieron de malas al simulacro ahora estaban aterrados y con ataques de pánico. Cambia mucho la cosa cuando a uno le toca vivirlo en carne propia; un terremoto no es cualquier cosa, nos hace ver cuán frágiles somos ante la furia de la naturaleza. Pensar en la posibilidad de perderlo todo, incluso la vida, en cuestión de segundos, resulta muy traumático.

Nosotros, estando en un centro de comunicaciones, empezamos a ver la desesperación de todos por tratar de establecer contacto con sus familiares. De inmediato, como siempre, la verdad, empezó la fuerza de reacción por parte de TV Azteca. Salió Benjamín Salinas acompañando de Jorge Garralda, empezó a fluir la información de inmediato y con todos los empleados de los cinco edificios. Benjamín tomó el altavoz y organizó a todos, la gente de los edificios, ventas, administrativos, etc., podrían ir a sus casas a ver a sus familias para la revisión exhaustiva de las construcciones y que mandara la seguridad de la gente por sobre todas las cosas. Toda la gente que hacemos y nos dedicamos a la televisión nos quedaríamos a hacer lo nuestro: informar, comunicar, ayudar. De inmediato nuestro foro se convirtió en un centro de operaciones: pantallas, reporteros, equipo de producción, todo esto sin contar lo que ya se movía en el búnker de Fuerza Informativa Azteca. Empezamos a ver las tomas de los helicópteros, todo lo que estaba sucediendo, gente sufriendo, de inmediato  nos trasladamos 32 años en el pasado: el terror, la incertidumbre, la desgracia, pero al poco tiempo empezamos a ver con las imágenes que México había aprendido la lección del 85, vimos un México mucho más preparado para la desgracia. Después de 32 años las construcciones se hacen de otra manera, tanto que nuestra ingeniería es modelo para muchos otros países. Ahora la gente sabe qué hacer, sabe cómo moverse, por eso este terremoto fue totalmente distinto al del 85. Dentro de la tragedia, que es inevitable, el recuento de los daños es mucho menor que el del otro fatídico 19 de septiembre; lo que no cambió es el corazón del mexicano, ese mexicano que ayuda sin mirar a quién; ese mexicano que es capaz de quitarse el pan de la boca por dárselo a su hermano que lo necesita; ese mexicano ingenioso que se las arregla para ayudar; ese mexicano que sin importarle el cansancio, las inclemencias del tiempo, la tristeza, está ahí para ayudar a quien lo necesita; ese mexicano que se nos estaba olvidando que tenemos dentro.

Dicen que a veces las tragedias traen bendiciones y creo yo que este es el caso, nuestro país estaba pasando por un mal momento: violencia, inseguridad, desunión; sin embargo, esta tragedia está recordándonos nuestra esencia, lo que nos caracteriza como pueblo, nos está recordando quiénes somos, y no hay nada más hermoso que reencontrarnos con nosotros mismos, recordarnos que México  está en pie gracias a su gente, esa gente buena, indestructible, piadosa; esa gente que se ha sobrepuesto a todas las tragedias, temblores, huracanes, gobiernos, a todo. Así que entre todas estas malas noticias hay una muy buena: el resurgimiento del mexicano. ¡Ánimo, mi gente, ánimo mi México!, de peores te has levantado; y si lo dudas, aquí estamos todos los mexicanos para recordártelo. Tu corazón resurgirá muy pronto y de nuevo de esos escombros, escombros que volverán a juntarse para ser el México que siempre hemos sido. He dicho.

Bailando por el sueño

Por Daniel Bisogno

Twitter/@DaniBisogno

La falta de respeto de al­gunas televisoras por la materia prima de las mismas, que es su talento, es inaudita, es un acto de sober­bia y sobrevaloración propia que alcanza grados épicos, pú­blico querido; algunos, acla­ro, creen que prostituir talen­to, es decir, prácticamente lla­marles cuando andas caliente e intentar pagarles práctica­mente por palo, creyendo que sus brillantes ideas son las que mantendrán a la empre­sa, es un acto totalmente inco­herente y errático. Si tú ven­des hamburguesas y tratas de que el pan, el quesito o la cat­sup disfracen el sabor de la carne, que es de ínfima cali­dad, podrás engañar al cliente un tiempo, corto, porque tar­de o temprano la pésima cali­dad de la carne va a salir a flo­te y va a acabar con tu negocio.

Justamente esto es lo que ya está pasando con algunas te­levisoras que han hecho pre­cisamente esto, llevándolo a la pantalla. Mientras no entien­dan que la carne, en este ca­so el talento, es lo único y más importante y a quien deben de cuidar y proteger, van cami­nando directamente al abis­mo, les guste o no, y ya empe­zamos a ver una de las prime­ras facturas de las muchísimas que están por venir, por tomar el camino absolutamente equi­vocado. No entienden que, es­pecialmente en nuestro país, la identificación es básica y que aquí la gente ve los progra­mas para ver a sus artistas, y no al revés. El noticiero de Ló­pez-Dóriga, el programa de Ga­lilea, el de Adal Ramones, la no­vela de Thalía, así es el público mexicano, y eso ¡no va a cam­biar nunca! ¿Cuántos inten­tos llevan? ¡Hagan memoria!

La prueba más fehacien­te de esto que les digo es Bai­lando por un sueño, de Televisa: ¡qué manera de autosabotear­se! Dejaron ir a todo su talen­to y miren lo que les quedó, es vergonzoso e insultante pa­ra el público ese elenco. ¿Ese es el canal Las Estrellas? ¿Cuáles? ¿Dónde están? ¿Dónde que­daron? Esta es una prueba ro­tunda de lo que yo les digo, un programa que fue exitosísimo cuando tenían de verdad estre­llas, ahora parece una versión pirata, ¡hecha por una secun­daria rural de Tlaxcala! Con decirles que al verlos en pan­talla ¡no sabes quién es el so­ñador y quién es el famoso! Es una vergüenza eso, ¿o a usted le suenan mucho los nombres de Adrián Di Monte, Tan­ya Vázquez o Begoña Narváez?  ¿No le parece insultan­te? El nombre más conocido de todos era el de Sergio Go­yri y el de Francisco Gattor­no, ¡y a éste ya lo sacaron! Con decirles que recurrieron a Jo­lette para ver si daba polémi­ca, y la dio, pero también la sa­caron en el primer programa.

La única posibilidad de que el programa tuviese cierto atractivo era Jolette, ¡imagi­nen el terreno que pisamos! ¡Y la sacan! Luego, Danilo Ca­rrera, que es muy galán, co­mo que hacía albergar alguna esperanza de que las señoras lo vieran por él, y al segundo programa que renuncia, diz­que por ¡problemas familiares! Imaginen un programa donde estas estrellas ¡están viendo la manera de no estar! Jamás ha­bía visto yo una situación de esta magnitud en un programa de prime time en Televisa! Los jueces, La Josa, que es talento­sa y simpática pero no es espe­cialista en baile; María León que es un dechado de virtud en comedia musical, pero na­die la conoce, esa es la verdad; Gente de Zona, que no vie­nen al caso en este programa en absoluto y Flavio Mendo­za, un coreógrafo argentino que ¡nadie tiene la más remo­ta idea de quién es! ¡Volvemos a lo mismo! ¿Canal Estrellas sin estrellas? Por eso veo sufrir a mi querido Javier Poza en la conducción, correteando a to­dos, tratando de darle ritmo al programa y luchando como un guerrero para sacar a flote un barco que tiene el casco lleno de agujeros por todas partes. El trabajo de Javier, impeca­ble, concretándose a explicar y a resolver, claro, lo que está en sus manos, que es muy poco.

Y la culpa no es de los Ga­lindo, que han producido grandes programas de televi­sión, la culpa viene totalmen­te de donde les digo, de la so­berbia de los de arriba, que les dejan un presupuesto ínfimo para trabajar, con esa esceno­grafía que es una pantalla mul­timedia que parece power point de 1999, ¡vergonzosa! Pero so­bre todo ese elenco, esas estre­llas que ni su familia sabe quié­nes son, que salen baratas. Ahí está el resultado de lo que les hablo, todo lo que creen aho­rrarse en exclusividades y dis­frazando de libertad y de open mind diciendo “que trabajen donde los llamen”, lo están per­diendo de manera directa en el resultado de sus programas, en sus audiencias, por lo tan­to ¡en sus ganancias! Sigan sin valorar y cuidar a sus talentos, sigan sin proteger y dejar ir a sus verdaderas estrellas, sigan confiándose de su creatividad, a ver cuánto les dura la hambur­guesa. Crónica de una muer­te anunciada. He dicho.

La boda de mi Adal

 Felicidades a mis queridos Adal y Karlita por su espectacular boda

Siempre tengo en men­te, público querido, có­mo arrancar cada Des­de el Averno, que gustoso escri­bo para ustedes, pero esta vez no sé por dónde empezar por primera vez en 626 columnas que ya llevo escritas para todos ustedes. No sé si empezar por agradecer con todo mi corazón a Adal y a Karlita el haber­nos invitado a una de las bo­das más bonitas y divertidas a que he ido en mi vida, y lle­var a mi hija Michaela de pa­jecito; o empezar narrando la odisea fantástica que fue esta unión; o el banquete, o los in­vitados; o cómo me la pasé yo. Así que, como me vaya vinien­do a esta perversa mente, se los iré narrando. Mi Karlita tenía verdaderamente resuelto abso­lutamente todo, desde el hotel que nos recomendó, que era el Grand Fiesta Americana Pue­bla, donde la verdad nos trata­ron como reyes. Todo fue pre­visto, por ejemplo, cómo quería que fueran vestidas las niñas que serían pajecitos, entre las que figuraban mi ahijada Ra­faella, hija de mi comadre y hermana Raquel Bigorra, y mi Michaela. Con todo el tiempo y la exactitud, para que fuesen vestidas igualitas, to­do lo organizó mi Karlita con una exactitud de relojero suizo.

Llegamos a Puebla, al hotel, y al primero que me encuen­tro en el lobby, perfectamen­te arreglado y hecho un gala­nazo, fue precisamente al no­vio, sí, a mi Adalito, que ya se iba a la sesión de fotos familia­res. Nos abrazamos, le deseé lo mejor y ¿qué creen? Que se me pone a llorar mi Adal en ese momento. La emoción y el es­trés de los preparativos, acom­pañados de un sube y baja de emociones; sus hijos ahí pre­sentes, todo este tiempo, el em­pezar una vida en común, to­das esas cosas que pasan por la mente de uno cuando se va a casar, y más por segunda vez (se los digo por experien­cia) así que hay que sacar to­do eso y mi Adalito lo sacó. Nos cambiamos en chinga por­que ya íbamos tarde y nos fui­mos rumbo a Africam Safari, donde fue la boda. Llegamos, y el lugar donde fue la ceremo­nia estaba espectacular, se oía a lo lejos toda especie de ani­males que viven muy simi­lar a su hábitat natural. Llegó mi Adal y al poco tiempo apa­recieron las pajecitas que se veían hermosas, más mi hija. Luego apareció mi Karlita, que además de hermosa se veía tan feliz como mi Adal. La ceremo­nia estuvo muy emotiva, y más cuando la hija de Adal le dedi­có unas palabras: ahí sí llora­mos todos. Terminó la ceremo­nia y ya nos esperaban unos autobuses para trasladarnos a donde sería la fiesta. El lu­gar, indescriptible, bellísimo; antes de entrar montaron un lounge donde te podías tomar un gin tónic y charlar mien­tras veías unas guacamayas y un búho, así como una ser­piente pitón de varios metros.

Ahí fuimos llegando todos, y saludé a Mauricio Castillo, amigo de toda la vida de Adal, y muy simpático, por cierto; a Gerardo Quiroz, a quien es­timo mucho, pues trabajamos juntos hace varios años. Llegó luego la familia, sí, la del Teno­rio, primero los originales, mi querido socio, amigo y herma­no Alejandro Gou con Abril, su esposa, que es lo máxi­mo; luego mis queridos Mascabrothers, con sus respec­tivas mujeres; mi queridísimo Ariel MiramontesAlberta­no, con Maya de Caló, que son íntimos.

Apareció después La­lo EspañaMárgara Francisca, que también lo adoramos; fa­milia de la novia y del novio, que por cierto mi Adal se llevó a toda la familia desde Monte­rrey en autobuses de lujo, para que estuviesen presentes. Des­pués de un par de gins entra­mos al lugar; nuestra mesa, la 32, de pista. Mi Adalito y Kar­lita se lucieron. Los integran­tes en la misma: Los Masca­brothers, mi comadre Bigo­rraGou y su servidor, cada uno con su respectiva pareja.

Aparecieron los novios y todo fue aplausos y felicidad; un cuarteto de cuerdas ame­nizó la comida; cuatro chavas con violines y un contrabajo tocando como las diosas; apa­reció el primer platillo para la bola de gorrones: para unos, un rollo de salmón exquisito; para otros, un hojaldre de queso brie en salsa de chipotles dul­ces, majadero; luego, una crema de pistache deliciosa; un file­te acompañado de papa al hor­no fue el plato fuerte, todo ex­quisito. Mesa de dulces y, an­tes, una de botanas deliciosas y postres maravillosos. Comi­mos, reímos, departimos, jun­to a nosotros las jirafas nos ha­cían la mejor compañía. Nos juntamos ya todos los de la fa­milia de Gou Producciones a la que pertenece mi Adal, obvia­mente; entonces ya en la pis­ta veías a mi adorada Liliana Arriaga La Chupitos, bailando con Albertano o con su asque­roso servidor; a Lalo España con Maya Karuna, o a algún mascabrother sacudiendo la pis­ta, o a mi querido Julio Ale­gría, pieza fundamental de es­te grupo, sacudiendo a nuestra adoradísima y cubanísima Da­yani, su mujer; mis compadres Raquel Ale Gavira también desgastaron las medias tapas de sus tacones echando el bai­longo. Los novios bailaron Fascinación, de mi Carlitos Rive­ra. Luego bailó Karlita con su papá El privilegio de amar, éxito de Manuel Mijares. También bailó Adal con su hija Paola y luego Karla con Diego, el hi­jo de Adal, ¡no saben qué mo­mentos! Más tarde llegó mi Consuelo Duval con un ga­lán joven (hace bien), simpati­quísima y hermosa como siem­pre; no paró de bailar, nos reí­mos sin tregua y bebimos igual. Llegaban los novios, que compartieron con los invitados durante toda la noche, por eso había un ambiente increíble, de buena vibra, de felicidad, de amor. No de balde les digo que es una de las mejores bodas en las que he estado en mi vida.

La familia de los dos, mara­villosa, nos tomamos fotos con todos; más de doce horas con­tinuas de fiesta: empezó a la 1 de la tarde y para las 12 de la noche, más o menos, saca­ron la tornaboda, chilaquiles y chanclas, que es un platillo típi­co poblano, delicioso y pareci­do a las tortas ahogadas, pero no pican tanto y llevan agua­cate, rellenas de carne moli­da de res y longaniza, basadas en caldillo de jitomate. Lue­go, también apareció el carri­to de shots y todo mundo le en­tró sin parar; yo le pegué du­ro a las perlas negras. La gente, feliz; los novios, más. Nadie se quería ir, por lo bien que lo es­tábamos pasando. Paola, la hi­ja de Adal, hermosa, con sus amigas y amigos, felices tam­bién. Hasta al Diego, su hijo menor, lo dejaron llevar a sus amiguitos. De verdad, de las bodas más divertidas a las que yo he ido. Al día siguiente mi Adal y Karlita salieron rumbo a su luna de miel, que por cier­to era sorpresa para Karla, así que la llevó con los ojos venda­dos hasta el aeropuerto y él se encargó de documentar y todo, poniéndole audífonos y antifaz a Karla, para que no se entera­ra el destino de la luna de miel y fuera sorpresa. Así que mi Karlita despertará del otro la­do del mundo, pues se la lleva­rá mi Adal por todo Asia, Viet­nam, Singapur, China, Japón entre otros, así que ya les con­taré cómo les fue. Pero una co­sa sí les aseguro, después de vi­vir la boda que viví, es el ma­yor augurio de una felicidad total. ¡Gracias, mi Adalito! ¡Gracias, mi Karlita! Y ¡que vi­van los novios! He dicho.

Basta! para que te enredes

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