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Director general: Miguel Cantón Zetina | @MiguelCanton1
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Domingo 18 Noviembre del 2018
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Qué tanto es Tantitito

Nadie saben que están… hasta que los buscan

Este es un canto a los chilaquiles, la pancita y las enchiladas y a los personajes que los venden, incluyo también a los caldos de gallina y los huaraches. Chilangos, ¿qué harán el día después de la despedida del año viejo?, si brindaron toda la noche por el año que llega, y así entre copa y copa baile y baile, piñata retrasada y cena de bacalao, romeritos, lechón, pierna al horno, lomo y pavo, no le quedará más remedio que exclamar: que vengan las otras por el año viejo, y llegan los abrazos por el año nuevo y el primo, la última prima, y el hermano, carnal, la otra carnala, y la comadrita, compadrito, salud. ¿Se imagina cómo queda el cuerpo y más si se duerme alrededor de las tres, las cuatro, las cinco o nos dio el amanecer? Entonces a la hora de despertarse tendrá sed, pide algo para calmar la resaca, y claro, puede buscar otro trago, pero la mayoría pedirá una pancita, unos chilaquiles, unas enchiladas o caldo de gallina.

Y ahí vienen los problemas, ¿a qué hora abren el mercado, vieja? Y la vieja con preocupación, ya tarde, viejo. Y el viejo, pues has unos chilaquiles bien picositos y una cervecita, ¿si quedó? No, viejo, no quedó nada, más que el recalentado y es para comer. Y entonces, pues vamos a pararnos.

Y a caminar por el barrio, la colonia, en busca de doña Xóchitl o doña Lola o como se llame la reina de las garnachas o los desayunos para crudos.

Claro, siempre habrá un paisano que no le quedó otra más que trabajar en año nuevo, y ahí está con la birria bien picosa y las chelas bien helodias, y usted a sentarse en los cómodos bancos del local de birria o tal vez encuentre a la señora de los huaraches con unas costillas y una salsa de chile verde con tomates para borrachos. Y entonces usted dirá: de aquí soy, uy, con qué se la empuja, pues con lo que haya, otra chelita para honrar a su consuelo.

Digo, a lo mejor será doña Amparo y sus caldos de gallinas con sus sopes, o Mari, la de las enchiladas de mole con cebolla y queso espolvoreado y un cafecito de la olla y un alguito más. Sí, estos son los benditos perso

Crema a sus tacos

Armando Ramirez

A veces a los chilangos nos gusta ser hijos del ninguneo y no nos damos cuenta de una gran cantidad de cosas de las cuales podemos pararnos el cuello con nuestra Ciudad.

O ya las quisieran tener los habitantes de otras ciudades del mundo. Ahí le van unas cuantas para que documente su orgullo de ser chilango este 2018. Esta ciudad cuenta con la universidad más grande del mundo y una de las más importantes, la conocemos como la UNAM, ninguna en el mundo tiene tantos estudiantes, ni tantos laboratorios, es una de las ciudades universitarias más bellas con sus salas de conciertos, de teatro, para ver cine, con un buen de museos, un estadio de futbol, un circuito universitario excelente y no le sigo porque van a llorar los pumas.

La Alameda Central fue el primer jardín público que hubo en una ciudad en América. Y el hospital de Jesús, fue el primer hospital de América. Y el Zócalo es la segunda plaza más grande del planeta tierra, tan solo detrás de la plaza Roja del Kremlin. Y para que se quede con el ojo cuadro, esta ciudad, así como la ve, es la segunda en el mundo con más museos, más que Ciudades como París, Nueva York, Berlín, Madrid o Tokio tan solo superada por la ciudad de Londres, para que le mida el agua a los camotes.

El Metro, sí el Sistema de Transporte Colectivo de la CDMX es el más barato del mundo y uno de los que más gente traslada diariamente, 5.5 millones de usuarios al día, 1,800 millones al año. Y el Centro Histórico tiene más palacios y palacetes que cualquier ciudad de América. Es más, el bosque de Chapultepec es dos veces más grande que el Central Park de Nueva York. Y más zonas arqueológicas dentro de la Ciudad que ninguna en el mundo: en Tlatelolco, en Cuicuilco, en Santa Cruz Alcapixca, Xochimilco, Cerro de la Estrella, Iztapalapa, Cerro Mazatépetl, Magdalena Contreras, Templo Mayor, Zócalo, Templo de Ehécatl, Metro Pino Suárez y sin contar la gran cantidad de iglesias del siglo XVI, XVII, XVIII que la hacen única.

La Ciudad de México como ninguna en el mundo fue construida sobre unos lagos y a pesar de los pesares aquí en la zona Metropolitana viven y conviven más de 20 millones de chilangos, créanlo es algo alucinante y un milagro diario, que como diría el Galileo, y sin embargo, se mueve, digo, qué tanto es tantito

Del DF a la CDMX

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

En el principio la antigua ciudad se llamó México Tenochtitlan y México Tlatelolco, la ciudad estaba dividida en dos porque estos grupos náhuatl llamados mexicas fueron los últimos en llegar, otros grupos náhuatl (por ejemplo, los Xochimilcas) habían llegados antes. Los mexicas divididos unos prefirieron asentarse por los rumbos de Tlatelolco y los otros en la isla de la luna –ahora el Zócalo–, pero los dos grupos náhuatl formarían los que llamamos la gran Tenochtitlan.

Así, la primera ciudad que existió erigida en una isla en el medio de los lagos fue levantada por los mexicas que habían llegado, como todos los chilangos de lejos, ellos decían que venían de Aztlán, que hasta la fecha los especialistas no han podido ubicar en qué parte del norte se ubicaba, hay una creencia que estaba por Nayarit, pero es eso, creencia, no hay certeza científica.

A la llegada de los españoles a todas estas tierras del imperio azteca le llamaron el Virreinato de la Nueva España, era el año de 1535 y a la Ciudad de Tenochtitlan parece que la fuerza popular le dio en llamar ya no México-Tenochtitlan, sino como testimonian las cartas de españoles que enviaban a sus familiares en España, se ubicaban en la Ciudad de México. Y en el años 1545 el Rey de España reconoce a la ciudad por cédula real como “La muy noble, insigne, muy leal e imperial Ciudad de México”.

Así transcurren siglos hasta que en 1823 al proclamarse la primera República Federal, sustituía a imperio de Agustín I (Iturbide), se decide que la Ciudad de México se llame Distrito Federal, eso lo aprueba el Congreso en el año de 1524, pues en esta ciudad residirán los poderes de la Unión. Y así evitar que un Estado de la República Federal sea más importante que otro, pero surge el centralismo del Distrito Federal.

En el año de 2016 hubo una reforma política que ordena cambiar el nombre al Distrito Federal por el de la Ciudad de México, con su propia Constitución, como cualquier estado de la Republica; así, en este 2018 desparecerá en todo paso burocrático y papeleo el Distrito Federal y por ley se debe llamar Ciudad de México, y las delegaciones políticas ahora son alcaldías y los delegados, alcaldes. Digo, que se les quite la costumbrita de decir que viven en el “deefe”, total, qué tanto es tantito.

El barrio de Peralvillo

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

El tiempo vuelve invisible a barrios que fueron importantes como el Peralvillo, un barrio tan típico que inspiró a Alejandro Galindo para hacer la película Los Fernández de Peralvillo, o a Francisco Martínez de la Vega, a crear el detective Peter Pérez de Peralvillo. Es un barrio que se confunde con Tepito, su avenida principal es la calle de Peralvillo, parte del Eje uno norte y termina en la antigua garita de Peralvillo.

El barrio pertenecía a Tlatelolco y se llamaba Atenantitech, en náhuatl significa “bordo de piedra”. En la época de la Nueva España la gente de la Corona española se da cuenta de la cantidad de pulque que se consume y construyen una garita para el pago de impuestos a la entrada norte de la ciudad y aunque también por ahí entraban otras mercancías le llaman “la Aduana del pulque”. Era un bello edificio de estilo barroco, la construcción fue mutilada para abrir al norte el Paseo de la Reforma, lo que queda del recinto lo ocupa el Museo Indígena, antes ahí fue una pre-vocacional del Politécnico, también fue el Instituto Matías Romero, de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Si camina por Peralvillo rumbo a la Basílica de Guadalupe podrá admirar su hermosa fachada tallada en cantera, actualmente la entrada del Museo es por el Paseo de la Reforma.

La avenida Peralvillo prolongaba en tiempos de Tenochtitlan la Calzada del Tepeyac, una de las calzadas que comunicaba a la ciudad con pueblos asentados en la tierra, no sobre los lagos. En la época novohispana Peralvillo es la avenida por donde entran a la ciudad los europeos que llega por Veracruz, aunque seguía siendo un barrio indígena poco a poco fueron ganado terreno las casas de los criollos, que no podían darse el lujo de vivir alrededor de la plaza Mayor, hoy el Zócalo.

Al tomar el poder Porfirio Díaz al barrio de Peralvillo le sonríe la fortuna, por el rumbo se instalan fábricas como la de vitrales de Claudio Pellandini, las casas de la Fundidora de los Talleres del Coro, etc. ahora son jacalones abandonados, unas cuantas construcciones sobreviven en buen estado como la iglesia, el edificio Marina, expresión del art decó y vecindades como la de dos salidas, que cuentan fueron caballerizas de don Porfirio y se puede admirar, digo, no hay que ser, qué tanto es tantito.

El pueblito que huele a mole

Armando Ramirez

San Pedro Atocpan es un pueblo que sabe hacer buen mole. Pero ojo, no confundir Atocpan con Actopan, que es una comunidad en el estado de Hidalgo donde hacen buena barbacoa. Pero hoy voy escribir sobre San Pedro Atocpan, Atocpan es un vocablo náhuatl y significa “tierra fértil”.

San Pedro tiene fama hacer un exquisito mole, por eso su feria anual del mole tiene tanto éxito, pero no crean que tienen mucho tiempo de hacerlo, digo, comparado con Puebla o Oaxaca, no tantos años. La tradición del mole viene desde la época de los aztecas, le llamaban “molli” y era una salsa hecha con diferentes chiles. Fue en el siglo XIX, a la consumación de la Independencia, que se populariza entre la gente criolla el mole, por culpa de unas monjas poblanas, pero antes ya se hacía en Oaxaca, aunque cada quién a su estilo, una cosa es el mole poblano y otro el mole amarillo o el negro o de otros rumbos del país.

El de San Pedro Atocpan es más reciente, todo comenzó en el año de 1947, y aquí la necesidad incentivó la imaginación y la creatividad. Algunas familias comenzaron a hacerlo e ir a venderlo a la Merced. ¿Y qué creen?, que la pegan. Con el paso de los años gustó y las demás familias de San Pedro se pusieron también a hacerlo y surgió el famoso y exquisito mole de San Pedro Atocpan Y como en San Pedro la gente es luchona, se unieron y crearon su Feria del Mole para promocionarlo más y venderlo tanto para cocinar en sus casas como para degustarlo ahí mismo. Y miren, de nuevo la volvieron a pegar.

Pero no quedó ahí la cosa, ahora la gente de San Pedro, habilita sus casas como fondas los fines de semana, donde se vende mole recién cocinado con pollo, guajolote o en enchiladas. Y mire, ahora muchas familias ya no salen de la Ciudad los fines de semana, sino que van a pueblear ahora dentro de la Ciudad.

En el sur de la Ciudad de México hay pueblos mágicos: Mixquic, Tláhuac y sus canales o San Pedro, que como pueblo es muy bonito con su jardín en el Centro, su iglesia, sus expendios con diferentes tipos de mole y molinos antiguos. Incluso una avenida que, dicen, por ahí pasan los difuntos para llevarlos a enterrar. Y sus casas que son de zaguán amplio y están abiertas, permitiéndo ver las mesas y las sillas donde se pueden sentar y comer mole. Digo, qué tanto es tantito.

Nacimiento espectacular

Armando Ramirez

En el mes de diciembre surgen muchas tradiciones, quién no hace la posada, crea piñatas, organiza pastorelas, bebe su ponche para el frío y compran sus arbolitos de Navidad, pero hay familias que en sus casas respetan una tradición que los abuelas se las inculcaron, los nacimientos.

Ya saben, cuentan que el primero que organizó un nacimiento y fue de bulto, es decir, hombres interpretando los personajes, fue San Francisco de Asís, precisamente en Asís, una población de Italia, y de ahí al mundo y con los evangelizadores que llegaron con la conquista, catequizaron a los indígenas y para que entendieran mejor la religión católica y sus historias, nada mejor que para explicar el nacimiento del niño Jesús que construir nacimientos con los personajes bíblicos, y mire que aprendieron.

Más de 400 años después la tradición forma parte de nosotros, y por ejemplo, en muchas casas grandes van creando sus nacimientos que año con año le convida a la gente de los barrios cercanos como en el Eje cinco, en el tramo que se llama Playa Villa del mar, en la colonia Marte Militar, ahí ese nacimiento tiene más de treinta años de hacerse con miles de figuras, abarca el jardín y el estacionamiento de la casa, muchas de las figuras son diminutas y otras grandes. El nacimiento se puede ver al paso de los autos sobre el Eje, las rejas y la fachada de las casas están tapizados con lienzos que tienen escenas navideñas.

Llama la atención ver a las familias con sus niños, que con ojos de asombro y alegría ven esta obra plástica donde los miembros de la familia participan, el que es arquitecto crea las maquetas, otros con su trabajo e imaginación colocan el riachuelo, a los beduinos del desierto descansado alrededor de un oasis, también están las casitas propias de esa época en los pueblos del Medio Oriente, austeras y sin ventanas, las palmeras, los pastores que cuidan a sus ovejas, arrean a su ganado, en el Portal María y José y los Reyes Magos que van llegando, arriba la estrella de David, tal vez por eso tan famosos por estos barrios del sur oriente de la Ciudad este nacimiento, está entre Andrés Molina y Plutarco Elías Calles.

En la banqueta hay verbena, puestos donde se venden hot cakes, elote, esquites, buñuelos, atoles, café, los algodones, digo, qué tanto es tantito

San Juan, lugar gourmet

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Las tradiciones no se hacen de la noche a la mañana, pasan siglos hasta que forman parte de nuestras costumbres, como el mercado de San Juan, que aunque hay lugares que quieren ser como este Mercado les falta la tradición. Y a San Juan le viene con la historia.

Ahora se han puesto las pilas ante la competencia y han remodelado su mercado, casi está terminado, pero no quisieron que terminaran la obra en estos días de fin de año, porque es la temporada buena. Llegan las cenas de Nochebuena las de Año Nuevo, las Posadas, las despedidas de fin de año y ellos son reyes en eso de vender los productos que se usan para esos días porque hacen buena mesa incluso con productos exóticos pero riquísimos como la hormigas chiclayana, los gusanos de maguey, el jabalí, la víbora y lo del mar, que no vean, ahora han surgido hasta lugarcitos donde cocinan como chefs con estrellita michelín.

Y bueno, ya conocen que aquí la antigua dieta prehispánica se puede conseguir como el ahuautle o los escamoles, los gusanos de maguey o los alacranes que ahora se estila comer de botana, como también los chapulines con ajo y chile piquín con su vasito de mezcal.

Bueno y todo esto para decirles que el Mercado de San Juan viene desde la época prehispánica, antes de llamarse San Juan se llamó en la Tencotitlan Moyotla, el lugar de mosquitos, era uno de los barrios más importantes y coo tal tenía un tianguis importante que siguió después de la caída de Tenochtitlan y que los evangelizadores llamaron San Juan Moyotla.

Durante siglos estuvo en lo que es el jardín y calles adyacentes, era enorme, con decirles que cuando el Regente Uruchurtu quiso hacerles su mercado público, tuvo que hacer cuatro porque no cabían en uno. Por eso surge el mercado de san Juan en la calle de López y Arcos de Belén y el palacio de las flores, en Luis Moya y Ernesto Pugibet y el de artesanía en Aranda y Ayuntamiento y el de Ernesto Pugibet de carnes exóticas.

No fue siempre así, en el 1985 comenzaron a darle un giro, más carnes exóticas, especies de muchas partes del mundo, locales donde venden tapas y baguettes muy celebradas con quesos manchego, provolone, jamón serrano, salami aceite de oliva, buen pan y su copa de vino, y harta hambre, digo, hasta no verte Jesús mío, qué tanto es tantito.

Bailar es un buen alcahuete

Armando Ramirez

@uyuyuyy

Lugares para mover el esqueleto en esta época de preposadas, sobran. Lo único que debes hacer es decidirte y asistir

Caballeros y damitas, están a tiempo de agarrar velocidad, pues después del 12 de diciembre se suceden una tras otras las invitaciones a las preposadas y las posadas, y entonces puede no quebrarse la piñata y no rezar las letanías, pero eso sí, el baile no falta; no quiero que los agarren desencanchados, qué va a decir el respetable.

No hay pretexto de que no hay dónde, en la Ciudad hay para mover el bote hasta en un ladrillo. No le digo los jardines de la Ciudadela porque todos los conocen, pero muchos bailarines van a la avenida Hidalgo, que más adelante se convierte en San Cosme, ahí hay lugarcitos donde se baila cumbia de a brinco y la salsa. Son lugares no tan grandes como los antiguos salones de baile, pero tiene el sabor tropiloco con sus pistas para bailar. Ahí puede practicar o desentumir las piernas para la temporada decembrina.

Desde bailes de salón hasta
cumbias de brinquito

No hay que olvidar los salones antiguos que todavía funcionan los fines de semana como el California Dancing Club, salón que surgió en los años cincuenta y organiza sus famosas preposadas, y ni que decir del Salón Los Ángeles, ahí hasta su decoración nos regresa a los tiempos de las rumberas. Imagínense, este salón es de los años treinta, cuando este barrio era frecuentado por los trabajadores del ferrocarril, y si usted baila en esa pista va apantallar a las damitas en las posadas y las damitas deslumbrarán por lo bien que se mueven.

Por los rumbos de Tlatelolco, en un enorme jacalón, está de moda ir a bailar los sábados, ahí llevan grupos tropilocos. No se haga de la boca chiquita, que cuando va a las fiestas de fin de año si está apolillado se hace el ridículo pisando a su pareja y sale la excusa clásica, “perdón, estoy lastimado de mi rodilla”.

Da coraje de ver a los gorrones ir a las fiestas decembrinas y verlos parados viendo como bailan los otros, y los oficinistas sentadotes en sus mesas cuidado al pavo congelado, ¡ni que fuera a volar! mejor póngase a practicar sus pasitos. Y no me diga que porque le gustó la banda Chicago o Nirvana no le dan ganas de sacar a bailar a la rubia que hace latir su corazoncito.

El baile es alcahuete, se comienza con un susurro al oído, mi reina, luego unas vueltecita, y llega el clásico “Entonces qué, morena…”. Digo no importa que sea un reguetón, mejor, total que tanto es tantito…

Basílica de Guadalupe

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Van por miles con un inocultable fervor, parten de la exgarita de Peralvillo, llevan músicos, ofrenda florales y caminan sobre el camellón de la Calzada de Guadalupe, en estos tiempos suplantó al viejo camino al Tepeyac que fue la que ahora conocemos como Calzada de los Misterios.

Pero llegar a la Basílica de Guadalupe es otra cosa, se ve llegar gente de Ecuador, Colombia, Argentina, algunos italianos y muchos de san Luis Potosí, Oaxaca, Veracruz, Tamaulipas, ahí está el mercado de artesanías guadalupanas, un bellísimo cromo hecho con impresión laser en yute.

Los peregrinos entran a la explanada, se persignan ante la Basílica antigua y luego van a la nueva, entran, rezan, se echan agua bendita y depositan una veladora en un lugar especial atrás y afuera de la Basílica, se forman para admirar la imagen de la virgen de Guadalupe.

Algunos visitantes suben el cerro del Tepeyac por las escaleras y los que tienen hambre van al mercadito que está frente a la Basílica, hacen muy sabrosos tacos dorados, birria, caldo de gallina, enchiladas, ahí llegan los peregrinos de otras partes de la República.

Pero hay guías de peregrinos que los llevan a los lugares secretos, a las faldas del Tepeyac, por ejemplo, en la Calzada de Misterios, en la esquina con la casa del pintor José María Velasco, ahí se ve una callecita al fondo y luego otra, en las faldas del cerro, arriba está el cementerio, abajo sobre enclavada en unas rocas hay una vieja casa, unas mujeres hacen quesadillas a la leña y carnes asadas, todos los comensales se sientan a una mesa larga sobre unos tablones con ladrillos, el humo de la leña aromatiza el sabor de la carne, el café hecho a la antigüita (se hierven el grano de café en el agua, se cuela) lo sirven en jarros de barro o pocillos.

Ahora si no gusta de esto, sobre la Calzada de Guadalupe están las cadenas de cafeterías. No busque al Museo de Cera, ni sus luces, visite el Museo de la Virgen de Guadalupe, están los estandartes con las imágenes de la Guadalupana que han usado nuestros héroes, hay hasta un busto de la virgen que era de Maximiliano. Los peregrinos también pueden ir al Museo del Ferrocarril, un lugar donde incluso hay una de las primeras máquinas que dieron servicio en el país, total, qué tanto es tantito.

Jamaica es un carnaval

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Es una fiesta del color y el ambiente decembrino se huele, se siente en cuanto se llega al mercado de Jamaica, cercado antiguamente por canales como el de La Viga y otros que se pierden en la memoria del siglo pasado.

En el mercado de Jamaica se le llenan los ojos del color, de alegría y nostalgia, nada más de observar las enormes piñatas de siete picos (que representan los 7 pecados capitales) que con sus colores y formas alucinantes, y de cómo las familias las cargan en la parte alta de sus camionetas y los niños brinca de alegría.

¿Se acuerdan del dale, dale, no pierdas el tino porque si lo pierdes de un palo te empino? Pues este mercado en esta temporada me parece el más hermoso de la Ciudad de México, hay que visitarlo en familia porque es un gusto ver los arbolitos de Navidad, son de Perote, Veracruz, aunque también los hay canadienses y el musgo, su verde frescor, el gris del heno, los colores de los personajes en barro de los nacimientos navideños y el rojo de las flores de Nochebuena, son las que dan su color al mes de diciembre.

Y los dulces, la colación: Órale, Petra, sal del rincón con la colación: Órale Pancho no te hagas que falta la colación. Están la canastitas de papel con múltiples colores, las luces, que son la alegría de los niños cuando saltan sus chispas y las velitas, se huele, se siente, el olor de la fruta de las piñatas.

También están los portales con las figuras de María y José, el buey, la vaca, los tres Reyes Magos, van a pie por las veredas, los riachuelos y las cascadas, los pastores están aquí y allá. Y allá la estrella de Belén que guía a los Reyes, más allá los faroles típicos de Navidad. Y el olor de la fruta: tejocotes, cañas, guayabas. Y los trozos de piloncillo, las rajitas de canela, para hacer un sabroso ponche.

Y la parafernalia decorativa de las esferas, las tiras de luces, los festones, las coronas, las estrellas, los muñequitos de tela que son angelitos, Reyes Magos o Santa Claus, que expresan la maravilla de la creatividad humana en las fiestas decembrinas. Y claro caminando en Jamaica hace hambre, uy hay unos huaraches, mmm, sabrosos, los famosos huaraches de Jamaica con una costilla encima con salsa verde o roja y café de la olla para el frío, ¡provechito! digo, qué tanto es tantito.

Jamaica es un carnaval

Armando Ramirez

Es una fiesta del color y el ambiente decembrino se huele, se siente en cuanto se llega al mercado de Jamaica, cercado antiguamente por canales como el de La Viga y otros que se pierden en la memoria del siglo pasado.

En el mercado de Jamaica se le llenan los ojos del color, de alegría y nostalgia, nada más de observar las enormes piñatas de siete picos (que representan los 7 pecados capitales) que con sus colores y formas alucinantes, y de cómo las familias las cargan en la parte alta de sus camionetas y los niños brincan de alegría.

¿Se acuerdan del dale, dale, no pierdas el tino porque si lo pierdes de un palo te empino? Pues este mercado en esta temporada me parece el más hermoso de la Ciudad de México, hay que visitarlo en familia porque es un gusto ver los arbolitos de Navidad, son de Perote, Veracruz, aunque también los hay canadienses y el musgo, su verde frescor, el gris del heno, los colores de los personajes en barro de los nacimientos navideños y el rojo de las flores de Nochebuena, son las que dan su color al mes de diciembre.

Y los dulces, la colación: Órale, Petra, sal del rincón con la colación: Órale Pancho no te hagas que falta la colación. Están la canastitas de papel con múltiples colores, las luces, que son la alegría de los niños cuando saltan sus chispas y las velitas, se huele, se siente, el olor de la fruta de las piñatas.  También están los portales con las figuras de María y José, el buey, la vaca, los tres Reyes Magos, van a pie por las veredas, los riachuelos y las cascadas, los pastores están aquí y allá. Y allá la estrella de Belén que guía a los Reyes, más allá los faroles típicos de Navidad. Y el olor de la fruta: tejocotes, cañas, guayabas. Y los trozos de piloncillo, las rajitas de canela, para hacer un sabroso ponche. Y la parafernalia decorativa de las esferas, las tiras de luces, los festones, las coronas, las estrellas, los muñequitos de tela que son angelitos, Reyes Magos o Santa Claus, que expresan la maravilla de la creatividad humana en las fiestas decembrinas. Y claro caminando en Jamaica hace hambre, uy hay unos huaraches, mmm, sabrosos, los famosos huaraches de Jamaica con una costilla encima con salsa verde o roja y café de la olla para el frío, ¡provechito! digo, qué tanto es tantito.

Y si vivo cien años…

Armando Ramirez

Parece mentira pero ahora que se cumplió el centenario del nacimiento de Pedro Infante en Cuajimalpa, donde tuvo su casa con gimnasio cuentan que se recluía para estudiar sus papeles, que le daba el director Ismael Rodríguez, como cuando interpretó Tizoc.

En el centro de Cuajimalpa se encuentra el Museo de Pedro Infante, tiene muros de un vidrio muy especial y la forma de un enorme cubo, reina en la plaza, en sus muros se reproducen enormes fotografías de escenas de sus películas, vemos a Pedro Infante de motociclista, de oficial del ejercito, huasteco, de Pepe el Toro y si entra al Museo verá los objetos que nos recuerdan sus películas.

Cuentan los habitantes de Cuaji que para interpretar a su personaje en la película Tizoc se compró un burro y ahí andaba por los parajes de Cuajimalpa montando el burro. Y señalan con orgullo el panteón del pueblo, de muros de ladrillo, es un viejo panteón de tumbas con jarrones y lápidas, cristos o vírgenes dominado la cabecera, todo trabajado en piedra, hay unas veredas que se ven desgastadas, nos dicen que ahí fue filmada la escena del entierro de Sarita García en Los Tres García.

También hay un camino a un costado del edificio delegacional, ahí filmaron una escena de la película, igual sucede con el patio de la iglesia, y al recorrer el centro de Cuajimalpa hay la sensación de que todos las personas que andan en Armando Ramírez el jardín conocieron a “Pedrito”. Hay viejecitas que aseguran que de repente llegaba en auto o en moto a comer quesadillas al jardín, era muy tragón, les pregunto si bebía pulque y me dicen que no, en una de las fotografías que exhiben en su Museo, está Pedro en una filmación, espera, está sentado en silla y abajito, cerca de sus pies, hay un vaso con un líquido blanco, un conocedor de la vida de Pedro en Cuajimalpa, me dice que no, me pregunta si no sabía que era diabético, le digo que no, y me explica que por eso tenía un gimnasio en su casa para hacer ejercicio y cuidarse de su enfermedad, cómo la ven.

Por cierto, en donde estaba su casa ahora hay una agencia de autos, pero la memoria colectiva de la gente y su amor por el ídolo de Guamúchil sigue viva entre los habitantes de Cuajimalpa, que siguen silbando “amorcito corazón, digo, qué, son cien años, total, qué tanto es tantito.

Convento de Jesús María

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

El convento de Jesús María fue uno de los más deslumbrantes de la Nueva España. Basta leer la crónica que escribió el intelectual novohispano, don Carlos Sigüenza y Góngora, sobre la construcción de este convento. Tuvo por huésped ilustre a Catalina de los Ángeles, hija ilegítima del Rey de España, Felipe II, se dice estaba afectada de sus facultades mentales, si usted ve las dos entradas de la iglesia de Jesús María notará en lo alto de los arcos una corona, son coronas reales, el convento estaba bajo la protección del Rey de España, siendo el único en América con esta bendición real, el Rey le aportaba 40 mil ducados al año al convento.

Aquí también se hizo monja sor Juana Inés de la Cruz, luego abandonaría este convento por el de San José de Gracia y terminaría sus días en el de San Jerónimo.

Pasaron los siglos y llegaron los tiempos en que se aplicaron las leyes de la Reforma y los conventos pasaron a manos del gobierno, era el año de 1861, salieron a la venta y se vendieron los locales y cuartos para ser habitados o en comercios. Por eso a principios del siglo XX en lo que fue el convento de Jesús María estaba el cine Mundial, además había una sala de baile y un billar y el resto era una vecindad.

En el siglo XX la iglesia es devuelta a los sacerdotes, solo que algunos de ellos también han cooperado con la destrucción del convento, hace años Armando Ramírez un sacerdote tuvo una brillante idea para estacionar su auto dentro de la construcción, como la entrada que está en la división de la iglesia y el convento era muy estrecha, al padrecito se le ocurrió ampliar la entrada para que cupiera su auto y destruyó el arco de cantera y tezontle de la entrada, pero quedó rebonito su garage con cortina metálica y un anuncio que dice, “Entrada, no estacionarse”.

Con los sismos de septiembre pasado la iglesia sufrió daños severos, tiene unas hendiduras a la mitad de la nave, van del suelo al techo, lo mismo se ven desde el interior de la iglesia que por la calle de Jesús María.

Por cierto, hace pocos años, en lo que quedó del convento el Gobierno de la Ciudad iba a hacer un centro cultural y quedó en sueños guajiros, ahora iglesia y convento languidecen y solo queda un opaco resplandor del convento real, digo, ni un ojito le echan, total, qué tanto es tantito.

Sullivan, de noche y de día

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

La calle de Sullivan en la colonia San Rafael, es legendaria de noche, ahí trabajan las hetairas, las bellas de noche, calle a donde los chilangos ansiosos se pierden en la oscuridad de la noche para encontrar sus cinco minutos de placer, pero la calle de James Sullivan es más que las noches cálidas.

Aquí estuvo una estación de ferrocarriles, la Estación Colonia, antes de que existieran las calles de Sullivan, fue en los tiempos de don Porfirio Díaz y un poco antes, esta Estación Colonia conectaba hasta Nuevo Laredo.

Gracias a un gringo, un empresario aferrado a su visión de que el negocio era bueno, se llamó James Sullivan y llegó a México por 1860 para convencer a los gobiernos de la época que se construyeran líneas de ferrocarril hacia los Estados Unidos, se lo propuso a Manuel González, a Lerdo de Tejada y a Porfirio Díaz. Y sí construyó su estación y talleres Colonia, en donde ahora está una unidad médica del IMSS que por cierto se llama Colonia. Las instalaciones llegaba hasta Reforma e Insurgentes.

Ahora ya saben por qué la calle se Sullivan recibió el nombre de James Sullivan, pero esta calle tiene sus atractivos, de día está la ANDA y su teatro Jorge Negrete, en la calle de Altamirano que se asoma a Sullivan. Un poco decaída la Asociación de Actores pero se ve a viejos actores ir a las oficinas de la ANDA.

Más adelante, esquina Rosas Moreno, está la Gayosso, ahí el gran caricaturista Rius, el de los supermachos, trabajó cuando era un joven y en sus ratos libres creaba sus caricaturas que lo harían célebre.

Y está el Jardín del Arte, ya saben, las galerías, si no son famosos los pintores o escultores es difícil que exhibían las obras de artista jóvenes, por eso en el año de 1955 se creó con artistas desconocidos el Jardín del Arte, ahora por diferentes rumbos de la ciudad hay un Jardín del Arte.

En frente está el Museo del Eco, donde se celebra la obra de Mathias Goeritz, creador de las Torres de Satélite, este artista mexicano de origen alemán, antes que el museo ahí estuvo el Teatro de Cleta.

Y no les cuento del Monumento a la Madre los sismos del 9/17 le pusieron en su mandarina a la estatua a la Madre, bueno, esto es un poquito de lo que hay en la calle de Sullivan, de día, jóvenes, digo échenle un ojito, qué tanto es tantito

El Jardín del mestizaje

Armando Ramirez

En el año de 1978 el presidente José López Portillo y los reyes de España, Juan Carlos de Borbón y Sofía, inauguraron el Jardín del Mestizaje, un jardín muy especial al norte de la Ciudad.

Ese jardín se llama del mestizaje, ahí hay varias fuentes y esculturas que simbolizan el mestizaje de los mexicanos. A la entrada del jardín por Insurgentes Norte, nos reciben las esculturas de Ahuizótl e Izcóatl, emperadores aztecas, Ahuizótl, fue un viejo sabio y gran conquistador que ensanchó el imperio de Tenochtitlan, y su nombre quiere decir, “espinas de río”. Izcóatl fue rey joven, con fama de reformador, y su nombre significa: “serpiente de obsidiana”. Ellos dos tienen la prestancia de los guerreros aztecas y la gente los conoce como los “indios verdes”.

Da mucha tristeza verlos, es increíble la de aventuras que han tenido estas dos esculturas hechas en bronce, que han andado por varios rumbos de la Ciudad y que por las inclemencias del tiempo los hongos los han cubierto y convertido en “indios verdes”.

Bueno estos emperadores aztecas en 1978 recibieron a los reyes de España, quienes conocieron la fuente de los danzantes, representan las diferentes danzas regionales del país, también la escultura de Lola Beltrán, la cantante de ranchero por excelencia. Más al norte se encuentra un conjunto de esculturas de Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza, uno con un borrico y don Quijote con su caballo Babieca.

Y como conjunto escultórico principal está una fuente al centro del jardín, hay dos figuras muy llamativas, una es un guerrero azteca y la otra es un soldado español, los dos unidos por una columna de la que surge el cuerpo de una mujer, es decir, la patria, es el país, el conjunto representa el mestizaje del cual ha surgido nuestro país, México.

El jardín se encuentra a unas calles del cerro del Tepeyac y la Basílica de Guadalupe, ejemplo del mestizaje, ahí está la religión católica que trajeron los españoles y las creencias antiguas que veneraban a Tonantzin en el cerro del Tepeyac y la virgen de Guadalupe, que se le apareció a Juan Diego, los indígenas a la virgen del tepeyac le llamaban Tonantzin Guadalupe.

Y está la Calzada del Tepeyac que se transformó en una calzada católica, la de los Misterios, puro mestizaje, digo, qué tanto es tantito.

Curado de cempasúchitl

Armando Ramirez

En el centro de Xochimilco, por el barrio del Rosario, existe una tradicional pulquería con nombre de personaje mitológico romano, el Templo de Diana, ahí cada año, por estos días, cuando la flor de cempasúchitl florece en las chinampas y la ciudad se viste de amarillo, el amarillo de estas flores que según la tradición prehispánica, es de color amarrillo encendido porque recoge en sus pétalos la luz de los rayos del sol.

Es la mítica flor de Xochimilco, la que su nombre significa, flor de los veinte pétalos, aunque en realidad tiene más, es la que se usa en las ofrendas de Día de muertos para embellecer con sus pétalos las tumbas y se riegan sus pétalos en el suelo formando un camino, que lo ilumina para que los difuntos lleguen esos días a sus casas.

Esta flor que las mujeres portaban adornando sus orejas para iluminar su rostro, y según las creencias está llena de cualidades medicinales, qué creen, también sirve para hacer un sabroso y espectacular curado.

Sí el neutle, la bebidas de los dioses prehispánicos, el tlachicotón, la bebida de los albañiles en el siglo XX y ahora el pulque que beben los jóvenes porque es una bebida orgánica, lo combinan para hacer curados de cacahuate, jitomate, apio, avena, tuna, pitahaya, y de unos años a la fecha en Xochimilco se crea el curado de cempasúchitl.

En esta antigua pulquería de Xochimilco lo crearon para unir el neutle y la Armando Ramírez flor de cempasúchitl, fue idea de los maestros pulqueros del Templo de Diana, inspirados en el orgullo de ser de Xochimilco, quería crear un curado típico de Xochi.

Y descubrieron que el cempasúchitl con todo y tallo amarga el pulque pero si solo le echan los pétalos a la licuadora y lo batían, espolvoreando canela a la hora de servirse, obtenían un delicioso curado, digno de sus dioses.

El problema es que solo en esta temporada se puede preparar, cuando florece el cempasúchitl, de ahí que la gente que frecuenta Xochimilco espere con ansia estos días para probarlo, dicen que revive muertos y carga de vitalidad a los hombres, y a las mujeres las hace generosas al amamantar a sus bebés, como dicen la sabiduría popular, el neutle es la bebida de los dioses y la flor de cempasúchitl es la flor que capta la energía del sol, así que buen provechito, digo, qué tanto es tantito.

El árbol de la noche triste

Armando Ramirez

Teitter/ @uyuyuyy

El otro día anduve por Popotla, lugar de inventos como la dizque leyenda del mentado Cañitas que resultó una farsa, también estuve en la placita del “árbol de la noche triste”, el ahuehuete está más pachiche que cacahuate seco y muy solitario.

Ya saben, algún Delegado Político se creyó muy listo y quiso llamarlo “el árbol de la victoria”, hasta se pintó un mural sobre la batalla de esa noche lo llamaron La Noche de la victoria, puras machincuepas, especialistas como el arqueólogo Eduardo López Moctezuma, fue el primer coordinador del proyecto del Templo Mayor y de prestigio en todo el mundo, él escribe en un artículo, que el árbol en donde dicen lloró Cortés, no hay ninguna prueba de que existió, asegura el arqueólogo, y que las dos citas que dan información sobre la noche del 30 de junio de 1520, una es del propio Hernán Cortés, lo hizo en una de sus cartas de relación dirigidas al Rey de España, ahí, Hernán cuenta al Rey que “murieron 150 españoles, dos mil indígenas aliados y 45 yeguas y caballos…”

Claro, se puede pensar que siendo la española una cultura machista, de menso Hernán dice que lloró, se entiende, que lo haya ocultado, pero quien lo balconea es el Bernal Díaz del Castillo en su “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, cuenta que esa noche después de la corretiza y abandonar los tesoros, llegan hasta por los rumbos de Tacuba, donde Cortés esperó a sus demás hombres, el último en llegar fue Pedro de Alvarado, todavía Cortés esperaba que llegara alguien, pero Alvarado le dice que los demás han muerto, y Bernal escribe cómo a Cortés se les escaparon unas lágrimas… Es lo que se sabe de un testigo presencial y en ninguna otra fuente se hace referencia a esta escena, mucho menos a un árbol.

La leyenda del árbol de la noche triste surgió en el imaginario de la gente y hasta ha habido sesudos especialistas que aseguran que el de Popotla no es el verdadero árbol sino otro que está cerca del Santuario de la virgen de los Remedios. Y hasta locos que lo han quemado. Ni modo, si ni los historiadores ni los locos han podido desaparecer al legendario árbol de la noche triste, el abandono y el olvido lo están logrando de a poquito, pero si importara ya muchos hubieran puesto el grito en el cielo… digo, qué tanto es tantito.

La calle de La Palma

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

La calle de Palma es una de las calles más antiguas del Centro de la Ciudad, imagínese, unas décadas después de la caída de Tenochtitlan, se llamaba Diego López, el viejo, de seguro ahí tuvo una casa el tal Diego, y ya en el siglo XVII, en otra casa, nos dice el maestro Tovar y de Teresa, que había en su jardín una palma y la gente le dio en llamarla “La casa de la palma”, con el tiempo terminó la gente llamando a toda la calle La Palma.

Esta primera calle es la que encuentra entre 16 de septiembre y Madero. De las calles de 5 de Mayo hacia el norte, en siglos anteriores se llamaban “de la Alcaicería”. Les cuento, una alcaicería es una calle donde hay comercios que venden cosas de lujo como la seda, famosas son las de la zona andaluza de España, acá en tiempos de la Nueva España la seda en bruto era muy requerida por la gente con billete para sus lujos.

En esas calles de la Alcaicería surgen negocios lujosos y casas casi palacetes, una de ellas ocupó hace décadas los antes famosos “Caldos Zenón” tan de gratos recuerdos para los crudos, muy buenos caldos de pollo con sopes de salsa verde, otra construcción antigua, es el restaurante, frecuentado por políticos, El Cardenal, el original, han surgido otras sedes. En la esquina con 5 de Mayo, se encontraban las casas de Cortés, ahora lo ocupa el edificio donde el conde del Regla, don Pedro Romero de Terreros, el hombre más ri- Armando Ramírez co de su época, construyó su Real Monte de piedad, ahora es el Nacional Monte de Piedad.

También está la cantina La Montañesa, soldados de levita acuérdense de Adelita, y en la esquina con Tacuba está la panadería más antigua de la Ciudad, La Vasconia, hacen un pan de muerto del diez. Hasta ahí llegaba la calle de la Alcaicería. Por cierto, de la Alcaicería más que una calle parecía un callejón, en la panadería hay una foto de la calle, ahí podrán ver cómo parecía más un callejón.

En el siglo XX, esta calle fue ampliada y pasó a ser Palma, llega hasta Belisario Domínguez, aunque, quién sabe si por magia de la nomenclatura, saltó, cruzando construcciones que pertenecieron al convento de Santo Domingo para llegar a la calle de Paraguay, en la zona mueblera de la Lagunilla, debe de haber una explicación, si la encuentro se las cuento, digo, qué tanto es tantito.

La Mocte es una delicia

Armando Ramirez

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Estos chilangos que habitan lo que fue el ejido de Texcoco son los descendientes de los hijos del antepenúltimo Tlatoani azteca, el sibarita, Moctezuma Xocoyontzin, estos hombres de linaje construyeron sus casas sobre el oriente centro de la Ciudad.

Las colonias surgieron después de que a principios del siglo XX la fiebre por la aviación causaba entre los hijos de la familias ricas del país y le anidaba el síndrome del pajarito: Volar, volar…

Y lo hacían por los rumbos de los campos de Balbuena, como Alberto Braniff, su avioncito hecho de madera, aun cuando agarraban vuelo, se hacían como un papel al viento, fue el primero que voló un avión en la Ciudad de México, el 8 de enero de 1910. Además Braniff, de ser uno de los iniciadores de la aviación en México, fue dueño de los terrenos en donde volaba, a finales de los años 30s del siglo XX sus propiedades se fraccionaron para que surgiera la colonia Moctezuma.

Algunas calles tienen nombres como Iztaccíhuatl o de pilotos famosos como la Emilio Carranza. Era nieto del hermano de Venustiano Carranza y tan valiente como su tío abuelo, en el año de 1927 durante 11 horas voló sin escala, de la Ciudad de México a Ciudad Juárez.

En el año de 1928, por orden del gobierno hizo un vuelo sin escala de la Ciudad de México a Washington, ya que antes Charles Lindbergh había hecho lo mismo pero de Washington a México, la orden fue para agradecer el vuelo de Lindbergh al gobierno americano, allá el piloto mexicano fue recibido de pipa y guante. Pero Emilio nunca regresó a México, de regreso se estrelló con su avión en Nueva Jersey.

La Moctezuma tiene prosapia de barrio, son artistas como los que pinta la Capilla Sixtina de Miguel Ángel en la Iglesia del Perpetuo Socorro. Y otros son artistas de la barriga. En una esquina de Oriente 176 se arremolinan, bailan, la música sale de una bocina de pie, hay gente sentada en sillas de plástico, en la banqueta, el olor es exquisito, están comiendo tacos de carnitas estilo Michoacán, es como si se sintieran tlatoanis y hubieran volando en los llanos de Balbuena, “cinco mi maik”, mientras detienen sus platos con una mano, con la otros bañan sus tacos con salsa y los devoran de tal manera que se antoja, sabroso, y a ritmo de cumbia, total, qué tanto es tantito.

Poetas en camión

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Vamos a recordar a los “Delfines”, ¿se acuerdan de ese tipo de transporte público?

Muchos tendrán en su corazoncito su tipo de camión favorito, los “trompudos”, la neta, estaban gachos o “los chatos” la verdad tampoco estaban muy estéticos, eso sí, se distinguían por llevar su motor en la parte delantera, como los famosos “Juárez-Loreto”, hasta el poeta Efraín Huerta le cantó a los Juárez- Loreto y a la bella mujer que cuando se sentaba enseñaba sus hermosas rodillas, no lo digan, ahora está de moda acusar de acoso a la mujer, imagínense al poeta acusado de acoso por hacer poesía con las rodillas de una usuaria del Juárez-Loreto.

Los tiempos cambian, al poeta Ramón López Velarde, creador de la “Suave Patria” lo hubiera acusado de lo mismo, dicen que se estaba las horas en la antigua Plateros viendo cómo las señoritas bien bajaban de sus carruaje y él se sentía complacido al verles el huesito del tobillo.

Todo cambia, el transporte público, a excepción del Metrobús y del Metro, siempre han sido una calamidad, cuando fueron del pulpo camionero o cuando pertenecieron a la Ruta 100. Pero de todos los camiones los que tenían una belleza urbana que engalanaban la vieja San Juan de Letrán, eran los Delfines.

Pase por la iglesia de san Francisco frente a la Casa de los Azulejos, ahí encontrará un placa con el nombre de la persona que se le ocurrió por primera vez alquilar los carruajes, luego vinieron los trenes de mulitas, los taxis jalados por caballos.

En los años sesenta y setenta las autoridades compraron los Delfines, comenzaron costando 60 centavos el pasaje, lo subieron hasta un peso, pero eran amplios, grandes y trasladaban mucha gente, y parecían delfines.

Bueno hubo un tiempo que los autobuses gringos de la Greyhound, salían de Insurgentes e iba hasta Canadá, era cuando no todo mundo tenía billete para volar.

Ahora los reyes de las calles son los microbuses, parecen trocas que cargan guacales de la Central de Abasto, son influyentes, se detienen a la mitad de la calle para levantar a la gente, huelen a gas, y si no trae cambio le echan sus habladas y ya no diga la inseguridad, tanto de la delincuencia como la de quienes conducen los microbuses, qué hicimos los chilangos para tener micros, quiero unos delfines, digo, qué tanto es tantito.

Va uno de aparecidos

Armando Ramirez

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Tiene muchas versiones, una célebre es la del escritor Roa Bárcena, una calle en la Obrera lleva su nombre, la que yo me sé, le sucedió hace dos siglos a un sacerdote de la iglesia de San Sebastián, una de la iglesias más antiguas de las ciudad, está en la calle de José Joaquín Herrera, ahí terminaba la ciudad y más adelante solo se atrevían los valientes, como el sacerdote de San Sebastián.

Una noche tocaron a la puerta de la sacristía, el padre se disponía a merendar, fue a abrir la puertecita y se espantó, el padre tuvo enfrente a un tipo harapiento, con signos de no haberse bañado en años, cojeaba y se recargaba en un bastón indígena, le rogó que fuera a la hoy calle de Torres Quintero, una señora moribunda pedía hacer su confesión, le dio las señas de la casa, el sacerdote le dijo que esperara mientras buscaba algo para taparse. Cuando el padre regresó, no había nadie, se dirigió a la calle de Torres Quintero, hacía un viento helado y cuanto peatón nocturno lo saludaba, lo despedía con un, “ve con Dios”.

Al llegar a la hermosa casa tocó y la puerta se abrió, se asomó, entró al fondo del patio vio un cuarto con luz, pasó por el aljibe que recogía el agua de la lluvia, se asomó al cuarto, vio en la cama a una mujer enferma, le preguntó que si era ella la persona que requería de sus servicio, la enferma con voz adolorida le dijo: “Pase, padre, pase, tome una silla y siéntese.”

Para no hacer larga la leyenda, la mujer le contó toda su vida, de cómo se dedicó a la vida alegre y terminó siendo una madame reconocida en la Nueva España, fue como consiguió esa casa tan hermosa, de dos plantas con balcones a la calle, el padre la confesó y le dio los santos oleos, le dijo que al día siguiente pasaría a visitarla, sería su imaginación, pero el sacerdote encontraba demasiado fría la casa, el viento se colaba por los rincón.

A la mañana siguiente el sacerdote no encontró la casa, había una construcción corroída por la hierba silvestre, estaba en ruinas, una feligresa llamó su atención ¿Padre, qué hace aquí?

Ayer vine aquí a confesar a una señora, la feligresa, lo miró con asombro y le dijo, no padre esa casa está abandonada desde que mataron a la señora que regenteaba una casa non santa, el padre se santiguo y regresó a su iglesia, digo, qué tanto es tantito.

 

De panteones a panteones

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Para ir en la noche a ver como son los rituales del día de muertos, no es necesario ir a Mixquic, miren que es un pueblo fantástico, pero en estos días se ha comercializado de manera excesiva. A donde vaya encontrará chelas con chamoy y lo que se pueda imaginar: pizzas, hamburguesas y los comerciantes de ahí sufren mucho por la invasión de puesteros que llegan de las diferentes ferias de los pueblos del Edomex y la mú- sica del norte de la República.

Asistir al panteón a la medianoche es un martirio, un montón de estudiantes de universidades privadas van con su cámaras para sacar las fotos “más bonitas” para publicar en Facebook, Twitter o Instagram, y poco a poco va perdiendo la magia antigua del lugar de los mezquites. Y si van en autos váyase con varios días de antelación, hay hostales para dormir, ya ve que la única carretera ese día es un gigantesco estacionamiento.

Pero hay otros panteones que tienen tradición y también son cementerios comunales, me refiero al de Azcapotzalco, todos los pueblos de Azcapotzalco llegan al panteón comunal de san Juan Tlihuaca, que quiere decir lugar de brujos, usted puedo visitarlo sin tanta aglomeración y tener una comunión con los viejos habitantes que preservan la tradición, pero además es tan bonito, está dividido en dos partes, una es para los adultos y la sección de los niños, sus tumbas son alegres, están adornadas con los juguetes que les gustaban a los niños en vida y las tumbas llenas de color, ellos comienzan a las ocho de la noche una precesión y recorren las calles del pueblo y se detienen en los altares callejeros.

Cuando llega a la entrada del panteón es como si llegara a la película de Los Tres García, rezan, llevan sus velas, sus flores, cantan, hay danzantes, mariachis, tamales, atoles, bu- ñuelos, me maravillan los habitantes de San Juan Tlihuaca.

En su mayoría descienden de los tecpanecas. Fueron los mexicas quienes les llamaron chintolos, a los de acá, por tener buenas petacas. Es un pueblo que hay que defender del estrangulamiento que tiene, está rodeado de fábricas, pero enmedio reina el jardín de los ahuehuetes, con sus leyendas, su iglesia y la gente es hospitalaria; todos se acomiden a decirle por dónde llegar al panteón y lo mejor se siente en un pueblo. Digo, que tanto es tantito

Halloween a la mexican

Armando Ramirez

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La neta del planeta de charrolandia, el halloween se acharró, le echaron tanta crema chantilly a sus tacos los de la segunda generación de gringos nacidos en Méxicalpan de la tunas. que el charro aunque se vista de vaquero baila reguetón.

Como decía el maese José Vasconcelos, somos la raza de bronce, la primera expresión de la globalización, antes que muchos pueblos del planeta nacimos mestizos, por eso aceptamos todas las influencias del mundo y nos las comemos en tacos con guacamole.

A las pruebas me remito, aquí el halloween no es como en las tierras de Trump, ni Dios lo quiera, es a la mexicana, mestiza, la calabaza se usa para otra cosa, por ejemplo en tacha, para pedir su calaverita se usan cajas de zapatos, calaveritas de plástico y ahí van los escuincles por la calle como el Chavo del Ocho seguidos por don Ramón y la Chilindrina, no sea que se les vaya aparecer el chupacabras y bailó el halloween.

Pero espérense, a la llegada de la noche del baile, no es como en la película “Viernes trece”, no, ni tampoco como en “Freddy Krueger”, ni como en los relatos de Stephen King, no, en lugar del payaso de It (Eso) sale el Platanito aunque lleve máscara de “Eso” y en lugar de una bruja escaldufa sale un catrina con cara de Frida Kahlo eso sí, con escobeta.

En lugar de un whisky on de rock sale un pulquito curado de cacahuate y en lugar de unos bocadillos aparecen esos Armando Ramírez horrorosos chicharrones de harina que le riegan salsa de la Adelita, ¿no verdad? Quise decir de la Valentina. Y ya encarrerado el ratón, y no es el Miguelito, el amante de la Daisy, sino Pancho el ratón, se grita: aguas con las carteras.

Se comienza con música electrónica y terminan cantando las de Juanga, aquella de “yo no sabía amar hasta que te conocí y me fue de la fregada”, se verá que revolvemos nuestra cultura con la infiltrada, pero somos tan charros que la hacemos de nosotros, como decía conocido crítico cultura: Rigo Tovar aunque se ponga lentes Ray Van gitano se queda y con la sirenita. Hay qué bonito es ser mexicano, no discriminamos más que a los indígenas.

La neta los jóvenes se divierten, muchos haciendo el mestizaje de las costumbre mexicas con las trumpeteanas, digo, lo dicen los sabios del neutle, un campechano siempre es bueno, digo, qué tanto esa tantito.

Cempasúchitl, flor-vida

Armando Ramirez

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Me acuerdo que el año pasado en Xochimilco en algunas chinampas estaban muy tristes los chinamperos, una semana antes había caído una granizada que casi hecha a perder su cosecha de la flor de los 20 pétalos, para los aztecas, el número 20 era lo mismo que “muchos o muchas”.

Cempasúchitl significa: la flor de los 20 pétalos o sea de muchos pétalos, como es en la realidad esta bella flor, que en la chinampas de Xochimilco en esta época le dan una tonalidad de amarillo soleado al ambiente, es un gusto ver cómo van recogiendo las flores que en su tallo algunas alcanzan hasta un metro de altura y al ver los canales y las chinampas uno no puede menos que recordar, que fue una flor sagrada para los nahuas.

En tiempos de la gran Tenochtitlan y hasta la fecha en templos católicos, en los pueblos cercanos a la Anáhuac, en días de fiesta se riegan en dos hileras, para marcan un camino, con pétalos de cempasúchitl. Los aztecas creían que los pétalos de esta flor recogían la luz del sol, tan preciada por los nahuas. En su cultura y religión el sol era el dador de la vida. Y les preocupaba mucho, en su mitología, que el sol saliera todos los días, que nunca dejara de aparecer después de la noche.

Así, a la flor del cempasúchitl la tribuyeron esa cualidad, la de contener el calor, la luz del sol, lo que da vida. Ahora en el México del 20017, a casi 500 años de que cayera Tenochtitlan seguimos queriendo a las flores de cempasúchitl y prolongando la creencia de que regresan los difuntos y para eso hay que iluminarles el camino con veladoras y pétalos de flor de cempasúchitl.

Flor emblemática de las chinampas de Xochimilco, en estos días se ven los ramos de la flor del sol ser trasladada en trajineras o canoas por los canales, esos canales que el 19 de septiembre pasado unos turistas americanos paseado por ellos y con los movimientos del sismo creyeron que se daban el fenómeno del tsunami. No sabían que aquí se cultiva el cempasúchitl.

Por eso se usa en las festividades como los días de muerto. Los nahuas creían que había vida más allá de la muerte. Además tenía un uso medicinal o alimenticio, todavía en una pulquería de Xochimilco, el Templo de Diana, preparan un curado de flor de cempasúchitl y canela que es una delicia, digo, qué tanto es tantito.

Pelona pela dientes

Armando Ramirez

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Le llaman la pelona, la tilica, la huesuda, la Catrina, la flaca, es la muerte y permea el folclore, el ingenio del mexicano, se ve en estas semanas que va de la últimas del mes de octubre a las primeras del mes de noviembre de cada año.

Recorrer los mercados públicos es descubrir cómo las manos y la imaginación de los artesanos mexicanos hacen maravillas con la flaca, las hay con cabezas de garbanzo, de papel maché, hueso molido con resinas, madera, gabazo de caña de maíz, cera, de azúcar…

¿De dónde nos viene este culto? De la religión e ideología de los aztecas. Ellos fueron el último grupo de nahuas que llegaron muy jodidos a los lagos del Anáhuac. Y más miserables se sintieron cuando vieron las tierras de las riberas ocupadas por tecpanecas, xochimilcas, texcocanos, etc. que tenían el mismo origen que los aztecas, eran tribus nahuas. Pero como dice el refrán, juntos pero no revueltos, porque después las guerras entre ellos eran de carnicería, fue como los miserables aztecas construyeron su imperio sometiendo a los demás grupos de nahuas.

Con decirles los otros grupos de nahuas les llamaron a los aztecas, mexicas, que significa perros. Los sacerdotes aztecas les inculcaron el culto a la muerte, los elegidos de los dioses, eran feroces y fortalecían su bravura practicando cultos a la muerte, sacrificaban prisioneros, les sacaban el corazón y lo comían, era un culto Huitzilopochtli, creían que así mantendrían la luz del sol, día a día y nunca acabaría, era una acción religiosa, qué horrorizados los españoles, que tampoco fueron recatados para imponer su religión, igual, para evangelizar a los indígenas corrió sangre. Por eso en lugar de condenar o negar hay que entender la actitud religiosa de los aztecas.

Otro culto a la muerte fue creando de amaranto una imagen de Huitzilopochtli, colocaban en la nariz un pico y le ensartaban un corazón, se teñía de sangre el amaranto, esta especie de pan se lo comían, por eso los evangelizadores les enseñaron a los indígenas a hacer un pan de trigo, a la europea, colocaron unas canillas cruzadas y al centro una bolita que simboliza el corazón, lo hornearon, con el tiempo se agregó azúcar y azahar para aromatizarlo, es nuestro pan de muertos que venden en las panaderías, digo, qué tanto es tantito.

Condesa comehombres

Armando Ramirez

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Se cuenta que fue una mujer que donde le ponía el ojo al hombre se lo echaba y lo hacía chicharrón. La Condesa no fue dueña de una o dos haciendas, no, las tenía regadas por todo el centro del territorio de la Nueva España, en Zitácuaro, Tuxpan, Hidalgo y minas en Santiago de Compostela, Nayarit, en Tlalpujahua y en la Ciudad de México.

No cantaba mal las baladas del cacicazgo, en la Ciudad de México fue dueña de Tacubaya y de ahí hasta donde se desparramaba la vista, ahora colonias como la Condesa, la Roma, con decirles que un caserón que está en avenida Revolución, en la actualidad lo ocupa la embajada de Rusia era de su propiedad y también de la casa que habitó en el siglo XIX el embajador de España y su esposa, la marquesa Calderón de la Barca, es el palacete que se encuentra en la calle de Bolívar, casi enfrente del casino español, ahora es un hotel boutique con varios restaurantes.

Fue una mujer rica, astuta, malévola, unos aseguran que estaba guapa pero los más que su riqueza la hacía verse sensual, cuentan por los rumbos de Michoacán que con los hombres después de tener noches calientes, los agarraba dormidos y los envolvía en cueros de res, los amarraba y los ponían al sol y cuando estos comenzaban a encogerse morían asfixiados, ¿ustedes creen? además de que a 300 esclavos les puso herraduras, les digo.

Y lista para el dinero no perdonaba los préstamos ni a la iglesia, ahí fue donde la Condesa torció el rabo, les quiso cobrar la deuda y los clérigos que se encabritan y la amenazan con excomulgarla, se aplacó, en esa época no se ponían con Sansón con sotana a las patadas, se espantó que la fueran por bruja aunque riquilla. Y para apantallar, resulta que la tercera Condesa de Miravalle era poetisa, émula de sor Juana Inés de la Cruz, ganó un certamen de poesía, convocado en honor a la décima musa, uy, qué mujer, es más, terminó emparentando con la descendencia de Moctezuma, su primogénito casó con una descendiente de la hija de Moctezuma.

María Magdalena Dávalos Bracamonte y Orozco fue un tipo de personaje femenino como los que interpretaba María Félix, la famosa devoradora como Doña Bárbara. Ella era bárbara por más alcurnia que tuviera. Sí ella fue la tercera Condesa de Miravalle, mujer legendaria, ha de haber dicho, qué tanto es tantito.

Calzada de la Condesa

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

Vuelvo a la avenida Álvaro Obregón que parece un cofre de historias que recorren la avenida y se destapan y saltan como si viviera Scherezada ahí. Esta avenida fue concebida en la imaginación de una Condesa, la tercera de Miravalle, ésta alucinó una calzada que conectara al pueblo de la Romita con su hacienda de la Condesa de Miravalle. Ya les he contado que la colonia Condesa y sus vecinas, la Condesa Hipódromo y la Hipódromo formaban parte de los territorios de una de la mujeres más ricas del siglo XVIII en la Nueva España.

Se llamaba María Magdalena Catarina Dávalos de Bracamonte y Orozco, adquirió en 1704 la hacienda de Santa María del Arenal, que muchos años después ahí tuvo su óvalo, un hipódromo, a finales del siglo XIX estos terrenos se empezaron a fraccionar y surgieron nuevas colonias.

Casi dos siglos después otros realizaron el sueño de la Condesa, una avenida que comunicara lo que se estaba fraccionando y sería con el tiempo la colonia Roma y la Hipódromo de la Condesa, a esa avenida se llamó Jalisco.

Cuando el general Álvaro Obregón fallece después de un atentado y como Obregón vivía en la avenida Jalisco, decidieron los gobernantes de aquellos tiempos cambiarle el nombre a la avenida y llamarla Álvaro Obregón.

Al recorrer esta avenida, en efecto nos damos cuenta que comunica a dos colonias, la Roma y la Condesa, y es muy chistoso, mucha gente cree que la antigua plaza Miravalle ahora llamada de las Cibeles pertenece a la colonia Condesa, pero no, es de la Roma, la Condesa empieza sobre la calle de Sonora y su entrada es el parque España.

Los automovilistas que no conocen la colonia y recorren la calle de Amsterdam, sin darse cuenta terminan por darle la vuelta, la calle de Amsterdam se trazó sobre el óvalo del antiguo Hipódromo.

Tal parce que lo que concibió la Condesa de Miravalle con el tiempo se ha convertido en una ruta donde los sismos hacen más daño, está sobre la falla geológica, así sucedió en los sismos del 85 como en estos del 19/S, coincidencias o no, quien imaginó esa ruta fue una persona malvada, terrible, insaciable con los hombres y de riqueza enorme en Michoacán, Veracruz y la Ciudad de México, pero esa historia de la tercera Condesa de Miravalle se las cuento en la próxima entrega, digo, qué tanto es tantito.

 

Velasco, en Misterios

Armando Ramirez

José María Velasco cuando terminó de pintar un paisaje del Valle de México escribió la frase: “La región más transparente del aire…” Frase memorable que la toma don Alfonso Reyes en una de sus textos fundamentales, “Visión de Anáhuac” y esta frase a sus vez la retomaba Carlos Fuentes como titulo de un clásico de la novela mexicana, “La región más transparente”, una novela sobre la Ciudad de México. Hoy esa frase frente a la realidad de la monstruópolis no queda sino llorar y los grandes paisajes que realizara José María Velasco sobre el Valle de México, visto desde los cerros del norte de la Ciudad. En las escenas de estas pinturas reinan las nubes blancas, el cielo azul, la luz que baña a la Ciudad de México asentada en el Valle con sus largos caminos que parecen bajar de los cerros del Chiquihuite o del Tepeyac, se ven pocos personajes, visten ropas blancas y huaraches y los hacendados portan sus trajes de trabajo, allá un caserío, acá una choza, un riachuelo, unas rocas y el aire, de una transparencia iluminada, era muy bello el cielo de la Ciudad. Velasco pintaba el Valle de México desde los territorios de la Basílica de Guadalupe, vivía a una lado, él nació en Temascalcingo, Edomex, muy joven llegó a la ciudad de México, trabajó en una tienda de ropa, vendía rebozos para mantenerse mientras estudiaba en la Academia de San Carlos, en el Centro. Cuando estuvo en edad se casó, la mamá de su esposa tenía una casa, en donde inicia la Calzada de los Misterios esquina con calle 5 de Mayo, callecita al pie del Tepeyac, cuando tuvo cierto éxito el artista le compró la casa a su suegra, ahí vivió hasta que falleció, viendo por la ventana de su cuarto las nubes y el cielo de la región más transparente del aire. En la Calzada de los Misterios cerca de la avenida Robles Domínguez en una pequeña glorieta hay una escultura de Velasco de pie, con su bata de pintor, su pincel en una mano, en la otra su paleta. Al sur de la Ciudad hay una calle con su nombre, en la colonia Guadalupe Insurgentes una casa de cultura lleva su nombre y en Tepito, en la calle de Peralvillo está la galería Velasco, su obra se puede ver en el Museo Nacional de Arte, la Ciudad reconoce a su artista, el que pintó su bello pasado ecológico, digo, qué tanto es tantito.

 

Por el maldito vicio

 

José Guadalupe Posada pegó el primer grito de su vida el día de la Candelaria, a las diez de la noche, fue un 2 de febrero 1852 en la Ciudad de Aguascalientes, sí, el creador de la calaca Catrina era hidrocálido, aunque muy joven emigró a la Ciudad de León, ahí fortaleció su vocación de caricaturista y conoció al amor de su vida, era el año de 1875, él tenía 23 años y María de Jesús Vela tenía tan solo 16 años, pero así y todo José Guadalupe Posada firmó el acta de matrimonio, pero no todo irían bien, en la Ciudad de León hubo una inundación que obligó a Guadalupe con todo y familia emigrar a la Ciudad de México.

Acá don Lupe conocería a Antonio Vanegas Arroyo, dueño de la imprenta donde Guadalupe Posada imprimiría la Catrina, primero se ubicaron en la calle Santa Teresa, hoy Licenciado Verdad, en el Centro, y luego se cambiaría a la calle de Santa Inés, ahora Moneda, cerca de la iglesia y convento de Santa Inés, hoy ahí se encuentra el Museo de José Luis Cuevas. La célebre foto donde están don Lupe, su hijo Juan Sabino y Antonio Vanegas Arroyo afuera de la imprenta es en esta calle, Moneda.

Le iba bien a don Lupe pero agarró el maldito vicio del chupe, se iba de gira etílica sin importarle la familia, como la vez que su hijo Juan se enfermó y murió sin que él se apareciera, vivían en la calle de Nicaragua, cerca de la calle de Argentina. Ni modo, así como captó la picardía de la gente también agarró la botella. Sus ilustraciones en las publicaciones de Vanegas Arroyo lo daban a conocer, como la célebre nota roja de “los 41”, fueron aquellos que agarraron en una fiesta, eran puros hombres, unos vestidos de mujeres y otros de hombrecitos, entre ellos estaba Nacho, el yerno de don Porfirio Díaz, la redada capturó a 42 gays pero para que no quedara huella de que Nachito bateaba chueco, quedaron en 41 por órdenes de don Porfirio, lo supo Posada e hizo un grabado con “la fiesta de los 41”, de ahí que con ese número se designe en los barrios a los gays.

Pero Posada no pudo con su vicio, don Lupe para los cuates, murió en una vieja vecindad de Tepito, en el 6 de Jesús Carranza, la madrugada del 20 de enero de 1913, nadie reclamó su cuerpo y lo tuvieron que enterrar en la fosa común. Y todo por chupar y decir, qué tanto es tantito.

Los sismos, incentivos

 

De pronto entra el des­ánimo pero en la me­dida que se mide la tra­gedia, por ejemplo en 1985, sí, se cayó el edificio Nuevo León, el Hospital General, parte del Centro Médico, La Super Le­che, edificios en la Roma, de­cenas de vecindades en Tepito, la Guerrero y la Merced, se ca­yeron fábricas, escuelas, esta­ciones de radio, de televisión, Avenida Juárez parecía Lon­dres después de los bombardeos que sufrió en la segunda guerra mundial, en la Ciudad oficial­mente se dijo que había 10 mil muertos, 4.100 rescatados con vida y una larga lista de datos y saben qué, la Ciudad se levantó.

Surgieron uniones de ve­cinos, de damnificados, gru­pos culturales, artísticos, ico­nos como Oscar Chávez can­tando en los campamentos de los que se habían quedado sin techo, fue tal la movilización social que terminaron surgien­do para bien y para mal líde­res sociales que se convirtie­ron en políticos célebre, unos honestos y otros corruptos, de esas bases sociales se nutrieron los nuevos partidos políticos, la gente creó sus propios nego­cios, muchos empresarios fue­ron conscientes de la emergen­cia, llegó mucha ayuda inter­nacional, Miguel de la Madrid expropió terrenos para cons­truir casas para los damnifica­dos de los barrios populares.

Poco a poco y al paso de los años la Ciudad comenzó a ves­tirse de peluches y la lección social la aprendió la gente pa­ra volverse más activa políti­camente, no por nada la gen­te de la ciudad de México es la más politizada del país.

El Distrito Federal de 1985 es irreconocible en la Ciu­dad de México de 2017, pu­so out a la canción de Cha­va Flores, México Distrito Fe­deral, tiene segundos pisos, metrobús, Uber, Centros Co­merciales a diestra y sinies­tra, los rascacielos han trans­formado a la Ciudad de chapa­rra a más alta, ahora la gente sigue la Champions League, casi todos usan celulares, ni quién se acuerde del telégrafo, an­tes solo se veían a Raúl Ve­lasco ahora hay Nexflix, Ave­nida Juárez es un bello paseo para caminar y encontrar acti­vidad cultural a la menor pro­vocación o se pasea en bicicle­ta por la ciudad, algunas ca­lles de Centro son peatonales.

Esta ciudad que se levan­tó de los escombros del 85, pe­ro ahí está, por cierto más ca­ra, pero se volverá a levan­tar, los sismos siempre han incentivado a chilangos, di­go, qué tanto es tantito.