Director general: Miguel Cantón Zetina | @MiguelCanton1
Somos parte de:
Viernes 21 Septiembre del 2018
algo de nubes 19°

Qué tanto es Tantitito

Bailar es un buen alcahuete

Armando Ramirez

@uyuyuyy

Lugares para mover el esqueleto en esta época de preposadas, sobran. Lo único que debes hacer es decidirte y asistir

Caballeros y damitas, están a tiempo de agarrar velocidad, pues después del 12 de diciembre se suceden una tras otras las invitaciones a las preposadas y las posadas, y entonces puede no quebrarse la piñata y no rezar las letanías, pero eso sí, el baile no falta; no quiero que los agarren desencanchados, qué va a decir el respetable.

No hay pretexto de que no hay dónde, en la Ciudad hay para mover el bote hasta en un ladrillo. No le digo los jardines de la Ciudadela porque todos los conocen, pero muchos bailarines van a la avenida Hidalgo, que más adelante se convierte en San Cosme, ahí hay lugarcitos donde se baila cumbia de a brinco y la salsa. Son lugares no tan grandes como los antiguos salones de baile, pero tiene el sabor tropiloco con sus pistas para bailar. Ahí puede practicar o desentumir las piernas para la temporada decembrina.

Desde bailes de salón hasta
cumbias de brinquito

No hay que olvidar los salones antiguos que todavía funcionan los fines de semana como el California Dancing Club, salón que surgió en los años cincuenta y organiza sus famosas preposadas, y ni que decir del Salón Los Ángeles, ahí hasta su decoración nos regresa a los tiempos de las rumberas. Imagínense, este salón es de los años treinta, cuando este barrio era frecuentado por los trabajadores del ferrocarril, y si usted baila en esa pista va apantallar a las damitas en las posadas y las damitas deslumbrarán por lo bien que se mueven.

Por los rumbos de Tlatelolco, en un enorme jacalón, está de moda ir a bailar los sábados, ahí llevan grupos tropilocos. No se haga de la boca chiquita, que cuando va a las fiestas de fin de año si está apolillado se hace el ridículo pisando a su pareja y sale la excusa clásica, “perdón, estoy lastimado de mi rodilla”.

Da coraje de ver a los gorrones ir a las fiestas decembrinas y verlos parados viendo como bailan los otros, y los oficinistas sentadotes en sus mesas cuidado al pavo congelado, ¡ni que fuera a volar! mejor póngase a practicar sus pasitos. Y no me diga que porque le gustó la banda Chicago o Nirvana no le dan ganas de sacar a bailar a la rubia que hace latir su corazoncito.

El baile es alcahuete, se comienza con un susurro al oído, mi reina, luego unas vueltecita, y llega el clásico “Entonces qué, morena…”. Digo no importa que sea un reguetón, mejor, total que tanto es tantito…

Y si vivo cien años…

Armando Ramirez

Parece mentira pero ahora que se cumplió el centenario del nacimiento de Pedro Infante en Cuajimalpa, donde tuvo su casa con gimnasio cuentan que se recluía para estudiar sus papeles, que le daba el director Ismael Rodríguez, como cuando interpretó Tizoc.

En el centro de Cuajimalpa se encuentra el Museo de Pedro Infante, tiene muros de un vidrio muy especial y la forma de un enorme cubo, reina en la plaza, en sus muros se reproducen enormes fotografías de escenas de sus películas, vemos a Pedro Infante de motociclista, de oficial del ejercito, huasteco, de Pepe el Toro y si entra al Museo verá los objetos que nos recuerdan sus películas.

Cuentan los habitantes de Cuaji que para interpretar a su personaje en la película Tizoc se compró un burro y ahí andaba por los parajes de Cuajimalpa montando el burro. Y señalan con orgullo el panteón del pueblo, de muros de ladrillo, es un viejo panteón de tumbas con jarrones y lápidas, cristos o vírgenes dominado la cabecera, todo trabajado en piedra, hay unas veredas que se ven desgastadas, nos dicen que ahí fue filmada la escena del entierro de Sarita García en Los Tres García.

También hay un camino a un costado del edificio delegacional, ahí filmaron una escena de la película, igual sucede con el patio de la iglesia, y al recorrer el centro de Cuajimalpa hay la sensación de que todos las personas que andan en Armando Ramírez el jardín conocieron a “Pedrito”. Hay viejecitas que aseguran que de repente llegaba en auto o en moto a comer quesadillas al jardín, era muy tragón, les pregunto si bebía pulque y me dicen que no, en una de las fotografías que exhiben en su Museo, está Pedro en una filmación, espera, está sentado en silla y abajito, cerca de sus pies, hay un vaso con un líquido blanco, un conocedor de la vida de Pedro en Cuajimalpa, me dice que no, me pregunta si no sabía que era diabético, le digo que no, y me explica que por eso tenía un gimnasio en su casa para hacer ejercicio y cuidarse de su enfermedad, cómo la ven.

Por cierto, en donde estaba su casa ahora hay una agencia de autos, pero la memoria colectiva de la gente y su amor por el ídolo de Guamúchil sigue viva entre los habitantes de Cuajimalpa, que siguen silbando “amorcito corazón, digo, qué, son cien años, total, qué tanto es tantito.

De panteones a panteones

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Para ir en la noche a ver como son los rituales del día de muertos, no es necesario ir a Mixquic, miren que es un pueblo fantástico, pero en estos días se ha comercializado de manera excesiva. A donde vaya encontrará chelas con chamoy y lo que se pueda imaginar: pizzas, hamburguesas y los comerciantes de ahí sufren mucho por la invasión de puesteros que llegan de las diferentes ferias de los pueblos del Edomex y la mú- sica del norte de la República.

Asistir al panteón a la medianoche es un martirio, un montón de estudiantes de universidades privadas van con su cámaras para sacar las fotos “más bonitas” para publicar en Facebook, Twitter o Instagram, y poco a poco va perdiendo la magia antigua del lugar de los mezquites. Y si van en autos váyase con varios días de antelación, hay hostales para dormir, ya ve que la única carretera ese día es un gigantesco estacionamiento.

Pero hay otros panteones que tienen tradición y también son cementerios comunales, me refiero al de Azcapotzalco, todos los pueblos de Azcapotzalco llegan al panteón comunal de san Juan Tlihuaca, que quiere decir lugar de brujos, usted puedo visitarlo sin tanta aglomeración y tener una comunión con los viejos habitantes que preservan la tradición, pero además es tan bonito, está dividido en dos partes, una es para los adultos y la sección de los niños, sus tumbas son alegres, están adornadas con los juguetes que les gustaban a los niños en vida y las tumbas llenas de color, ellos comienzan a las ocho de la noche una precesión y recorren las calles del pueblo y se detienen en los altares callejeros.

Cuando llega a la entrada del panteón es como si llegara a la película de Los Tres García, rezan, llevan sus velas, sus flores, cantan, hay danzantes, mariachis, tamales, atoles, bu- ñuelos, me maravillan los habitantes de San Juan Tlihuaca.

En su mayoría descienden de los tecpanecas. Fueron los mexicas quienes les llamaron chintolos, a los de acá, por tener buenas petacas. Es un pueblo que hay que defender del estrangulamiento que tiene, está rodeado de fábricas, pero enmedio reina el jardín de los ahuehuetes, con sus leyendas, su iglesia y la gente es hospitalaria; todos se acomiden a decirle por dónde llegar al panteón y lo mejor se siente en un pueblo. Digo, que tanto es tantito

Nacimiento espectacular

Armando Ramirez

En el mes de diciembre surgen muchas tradiciones, quién no hace la posada, crea piñatas, organiza pastorelas, bebe su ponche para el frío y compran sus arbolitos de Navidad, pero hay familias que en sus casas respetan una tradición que los abuelas se las inculcaron, los nacimientos.

Ya saben, cuentan que el primero que organizó un nacimiento y fue de bulto, es decir, hombres interpretando los personajes, fue San Francisco de Asís, precisamente en Asís, una población de Italia, y de ahí al mundo y con los evangelizadores que llegaron con la conquista, catequizaron a los indígenas y para que entendieran mejor la religión católica y sus historias, nada mejor que para explicar el nacimiento del niño Jesús que construir nacimientos con los personajes bíblicos, y mire que aprendieron.

Más de 400 años después la tradición forma parte de nosotros, y por ejemplo, en muchas casas grandes van creando sus nacimientos que año con año le convida a la gente de los barrios cercanos como en el Eje cinco, en el tramo que se llama Playa Villa del mar, en la colonia Marte Militar, ahí ese nacimiento tiene más de treinta años de hacerse con miles de figuras, abarca el jardín y el estacionamiento de la casa, muchas de las figuras son diminutas y otras grandes. El nacimiento se puede ver al paso de los autos sobre el Eje, las rejas y la fachada de las casas están tapizados con lienzos que tienen escenas navideñas.

Llama la atención ver a las familias con sus niños, que con ojos de asombro y alegría ven esta obra plástica donde los miembros de la familia participan, el que es arquitecto crea las maquetas, otros con su trabajo e imaginación colocan el riachuelo, a los beduinos del desierto descansado alrededor de un oasis, también están las casitas propias de esa época en los pueblos del Medio Oriente, austeras y sin ventanas, las palmeras, los pastores que cuidan a sus ovejas, arrean a su ganado, en el Portal María y José y los Reyes Magos que van llegando, arriba la estrella de David, tal vez por eso tan famosos por estos barrios del sur oriente de la Ciudad este nacimiento, está entre Andrés Molina y Plutarco Elías Calles.

En la banqueta hay verbena, puestos donde se venden hot cakes, elote, esquites, buñuelos, atoles, café, los algodones, digo, qué tanto es tantito

El folclor de la colonia Postal

Armando Ramirez

AHÍ FIJARON SU VISTA LOS TRABAJADORES DE CORREOS PARA EDIFICAR SUS CASAS

La colonia Postal se llamó Unión Postal, pero mucho antes, fue un barrio indígena, recuerde que hasta acá llegaba el lago y cruzaba la calzada de Iztapalapa, una de las calzadas que unían con tierra firme a Tenochtitlan, y ya en tiempos de la Nueva España los indígenas tenían prohibido habitar la nueva Ciudad. Así surgieron nuevos barrios indígenas al sur; hoy, calzada de Tlalpan.

Y en 1919 a iniciativa de los trabajadores del Correo Nacional, agrupados en la Unión Postal, que tenía conexiones con sindicatos en España o Portugal, pidieron al Gobierno, estos terrenos para construir sus casas, los cuales eran un potrero, espacios de hierbas silvestre y jacales de gente muy pobre.

Una de las primeras casas en construir por un empleado de Correos fue la que se ubica en la calle de Reembolsos 48; una placa señala que fue la primera casa en la Postal, por ahí las calles llevan nombres relacionados con el Correo: Estafetas, Giros postales, Correspondencia, Buzones, sí existe una calle con el nombre de Buzones y también, Carteros.

La colonia está sobre la calzada de Tlalpan a la altura de la Carpa Astros, donde el Circo Atayde hace su temporada. Esta carpa pertenece a la Postal. También en la esquina de Giros postales y Tlalpan trabajan personajes que aunque no pertenecen al barrio, son las chicas y los chicos del talón dorado que están ofreciendo sus servicios.

En un viejo local en esa esquina se hacen los nostálgicos futbolitos, ¿se acuerdan, cuando de niños iban a los locales de los barrios y pagaban para jugar en las mesas de los futbolitos, las monedas se echaba en la ranura a mitad de la cancha y los muñequitos eran de colores de los equipos de la liga mexicana, había reta.

También hacen mesas de billar y de Hockey. Cerca del parque Odessa, dan clases de salsa, nada más se escucha la música a todo lo que da, eso sí, los hacen bailar salsa como en los barrios, Tepito, la Ramos Millán, etc. Digo, la clase se riega donde sea, que tanto es tantito.

Pelona pela dientes

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Le llaman la pelona, la tilica, la huesuda, la Catrina, la flaca, es la muerte y permea el folclore, el ingenio del mexicano, se ve en estas semanas que va de la últimas del mes de octubre a las primeras del mes de noviembre de cada año.

Recorrer los mercados públicos es descubrir cómo las manos y la imaginación de los artesanos mexicanos hacen maravillas con la flaca, las hay con cabezas de garbanzo, de papel maché, hueso molido con resinas, madera, gabazo de caña de maíz, cera, de azúcar…

¿De dónde nos viene este culto? De la religión e ideología de los aztecas. Ellos fueron el último grupo de nahuas que llegaron muy jodidos a los lagos del Anáhuac. Y más miserables se sintieron cuando vieron las tierras de las riberas ocupadas por tecpanecas, xochimilcas, texcocanos, etc. que tenían el mismo origen que los aztecas, eran tribus nahuas. Pero como dice el refrán, juntos pero no revueltos, porque después las guerras entre ellos eran de carnicería, fue como los miserables aztecas construyeron su imperio sometiendo a los demás grupos de nahuas.

Con decirles los otros grupos de nahuas les llamaron a los aztecas, mexicas, que significa perros. Los sacerdotes aztecas les inculcaron el culto a la muerte, los elegidos de los dioses, eran feroces y fortalecían su bravura practicando cultos a la muerte, sacrificaban prisioneros, les sacaban el corazón y lo comían, era un culto Huitzilopochtli, creían que así mantendrían la luz del sol, día a día y nunca acabaría, era una acción religiosa, qué horrorizados los españoles, que tampoco fueron recatados para imponer su religión, igual, para evangelizar a los indígenas corrió sangre. Por eso en lugar de condenar o negar hay que entender la actitud religiosa de los aztecas.

Otro culto a la muerte fue creando de amaranto una imagen de Huitzilopochtli, colocaban en la nariz un pico y le ensartaban un corazón, se teñía de sangre el amaranto, esta especie de pan se lo comían, por eso los evangelizadores les enseñaron a los indígenas a hacer un pan de trigo, a la europea, colocaron unas canillas cruzadas y al centro una bolita que simboliza el corazón, lo hornearon, con el tiempo se agregó azúcar y azahar para aromatizarlo, es nuestro pan de muertos que venden en las panaderías, digo, qué tanto es tantito.

Por quién quemaron el parque Asturias

Armando Ramirez

Fue terruño de la comunidad española, a partir de 1935 se levantaron estos barrios, habían llegado muchos peninsulares, España estaba muy jodida y con una guerra civil, así fue como llegaron los Venancios, Manolos, Amancios y las Lolas, Conchas y Evitas. Gallegos, asturianos, cántabros se pusieron a chambear y se hicieron de tiendas de abarrotes, vinaterías, ultramarinos, baños públicos, hoteles, panaderías.

Construyeron la llamada “República de Indios”, acuérdense, que cuando cae Tenochtitlan son expulsados los indígenas de lo que ahora es el Centro, ahí solo podían vivir los españoles, fuera de la traza surgieron los barrios de indígenas, ahora colonias como: Tránsito, Paulino Navarro, Asturias, Vista Alegre.

Si va al parque El Pípila verá casas de evocación española, edificios con nombres españoles como La Macarena, Guadalquivir, María Corazón y sus negocios tenían nombres como: Los hijos del Ebro, el Puerto de Vigo, La Rioja y no solo eso, en la calle de san Antonio Abad y José T. Cuellar construyeron una plaza de toros Vista Alegre, pura nostalgia y es que en la Ciudad de Bilbao existía una plaza de toros llamada Vista Alegre y de ahí derivó el nombre de la colonia.

Y en lo que hoy es un centro comercial, en calzada Chabacano, construyeron un estadio, de fútbol, el Parque Asturias. Que podemos ver cómo era, de madera, en la película de Joaquín Pardavé, Los hijos de don Venancio, ahí jugaban el Asturias y el Atlante, y por culpa de Fernando Marcos, cuando era árbitro, una decisión hizo que los fanáticos incendiaran el estadio.

Ahora viven por acá pocos descendientes de españoles, desapareció la plaza de toros, el parque Asturias, la vieja panadería se ve abandonada. Si estos barrios de los años 40s, 50s y hasta 60s, se pintaban de la nostalgia de los españoles que solo regresaron a España de vacaciones, digo que tanto es tantito.

Casa de cultura, y cárcel

El parque de la Pasión donde se dan sus besitos mordelones al caer la nochecita, en el día es un jardín que engalana la parte trasera de la iglesia de la Pasión. Y en el centro se encuentra una casa de cultura llamada José María Velasco, en honor del gran pintor paisajista Velasco, él vivió por estos rumbos de la Villa de Guadalupe.

Y lo más bonito de esta casa de la cultura es su historia, si usted es curioso y comienza a revisar de manera acuciosa la construcción, en la parte trasera encontrará una puerta, esa puerta tiene un arco de cantera que tiene grabadas estas palabra “Cruz Verde” y si sigue recorriendo la construcción entonces a la vuelta encontrará tres puertas, dos pequeñas y una ancha, ésta comunica a lo que son oficinas de la policía encargada de dar seguridad a esta zona, pero las de los lados que parecen ser las puertas originales de la construcción, hay en una de ellas grabada en el arco esta palabra “Comandancia”. Palabra que nos recuerda, en la primera mitad del siglo XX, así se llamaba a las delegaciones de policía. Y en la otra puerta hay esta palabra: “Juzgados”.

Da curiosidad saber que fue antes esta construcción. Por eso fui con el director de la Casa de Cultura José María Velasco y éste me contó que sí, la construcción había sido la treceava delegación de policía, tal parece de malos recuerdos para muchos chilangos de estos rumbos, como castigo por faltas cívicas lo ponían en las mañanas barrer el jardín y los que tenían faltas más graves salían pelones y sin cejas…

El maestro me enseñó las celdas, ahora salones con las antiguas rejas por puertas donde se imparten talleres de danza, música o donde los jovencitos con síndrome de Down reciben atención para integrarse de mejor manera a su comunidad.

Esta casona fue la finca de un español, quien fraccionó esta parte de la colonia Guadalupe Insurgentes, con el tiempo ahí estuvieron juntos pero no revueltos, la comandancia de policía, el recinto de la Cruz Verde y de juzgados, donde se sentenciaba a los ciudadanos que violaban las leyes.

Por cierto, casi a la entrada de la Casa de Cultura hay un busto en bronce de José María Velasco, quien nos dejara maravillosos paisajes del valle de México, cuando era la región más transparente del aire, digo, qué tanto es tantito.

Hay danzón y se come bien

Armando Ramirez

@uyuyuyy

EL SALÓN DE BAILE LOS ÁNGELES EN ESTA CIUDAD TOMÓ EL NOMBRE DEL BARRIO Y DE LA IGLESIA.

El barrio de los Ángeles es el barrio indígena que fue asimilado por la colonia Guerrero cuando Rafael Martínez de la Torre fraccionó sus terrenos y se construyó la estación de ferrocarriles de Buenavista, los obreros llegaron a vivir por estos rumbos que dan de la colonia Guerrero a Nonoalco y Tlatelolco, fue un barrio donde los residentes indígenas se mezclaron con trabajadores del riel. La iglesia de los Ángeles había sido remodelada varias veces.

El barrio perdió su nombre indígena por el de Los Ángeles, por eso mismo el salón de baile Los Ángeles construido en 1937 tomó su nombre del barrio y de la iglesia, para dar diversión a los trabajadores de la estación de Buenavista, por eso años se construyó el puente de Nonoalco, fue el último grito de la modernidad que había llegado a la Ciudad, un puente construido con acero.

Y las calles recibieron nombres que nos remiten al universo: Estrella, Luna, Sol, Saturno, Neptuno, Júpiter. Los Ángeles es uno de los cinco barrios o zonas que conforman la colonia Guerrero, que ha generado leyendas como el salón de baile Los Ángeles, que como dice su slogan, “quién no conoce Los Ángeles no conoce México”, aquí se han presentado grupos de leyenda como Pérez Prado, Celia Cruz, Willie Colón, La Santanera y bailado grande bailarines y pachucos con sus trajes de solapa ancha y pantalones guangos y zapatos de charol.

Y ni que decir de sus gustos gourmet, a dos tres calles se encuentran los machetes de amparito, los machetes son una especie de gran quesadilla con la forma de un machete, es un reto comerse uno solo, pero qué cree, los de la Guerrero nada más los veo que llegan y se la zampan… digo que tanto es tantito.

El nuevo Cristo de Iztapalapa

Armando Ramirez

Este sí cumple con los requisitos para representar el papel de Jesucristo: Iván mide un metro 80, trabaja en un banco y no le han cachado en malos pasos como le sucedió a Cristo del año pasado, que guardó el secretito de que estaba casado. Iván es soltero y dice que siempre quiso representar a Jesucristo en la Pasión de Iztapalapa, de niño fue nazareno y había intentado 6 veces ser el Cristo de Iztapalapa hasta este año que lo logró.

Llegó al jardín Cuitláhuac acompañado de sus cuates en una ambulancia de servicio particular, mientras platicaba con él, los del Comité Organizador trabajaban en levantar el enorme templete donde Poncio Pilatos el viernes Santo se lavará las manos. Iván dice que desde niño cuando pasaba por la puerta de su casa la representación de la Pasión se imaginó ser el Cristo de Iztapalapa, ha sido nazareno y también ha representado otros papeles.

Desde el 15 de enero comenzó su preparación física, subiendo el cerro de la Estrella, comiendo adecuadamente, su equipo está al pendiente de su salud, un nutriólogo, un entrenador de acondicionamiento físico, tendrá que cargar la cruz desde la explanada del jardín Cuitláhuac hasta el cerro de la Estrella en medio de una multitud y el intenso calor.

En las calles se ve a sus habitantes colocando los templetes en donde se escenificarán cada una de las tres caídas y la escena donde la Verónica seca el sudor de Cristo. Por la iglesia de la Asunción han determinado colocar un temple y la familia en el garaje de su casa almuerza. Recorrer las calles de Iztapalapa en estos días es vivir la pasión de la gente porque todo salga lo mejor posible, esta tradición cumple 175 años de realizarse, y esperan más de 2 millones y medio de visitantes. Iván no siente temor de no llegar al cerro de la Estrella, se ve confiado, esbelto, su piel tiene ese tono pálido vivo, como un campeón de box con gran condición, se ve confiado, la sexta fue la vencida, la gente lo mira como una estrella pop… digo, que tanto es tantito.

Ahora es la Zona Arco Iris

Armando Ramirez

ZONA ROSA DEBERÍA LLAMARSE ZONA DEL ARCO IRIS, POR LOS COLORES DEL MOVIMIENTO GAY

Pero no siempre fue de restaurantes de pozole, lugares de tortas, quesadillas, pizzerías, chelerías y lugares gays.

En los años 50 esa zona de la colonia Juárez, era sofisticada, se creían de la aristocracia porfiristas, había casas que eran palacetes, principalmente las que estaban sobre el Paseo de la Reforma.

La Juárez se iba a llamar colonia Americana donde los hijos del tío Sam tendrían sus aposentos, pero con el tiempos esta zona tuvo hoteles de prosapia como el Geneve, en la calle de Hamburgo, ya en los años 50 llegaron los intelectuales, era la época de los Beatniks, jóvenes que seguían la moda filosófica del existencialismo del francés Jean Paul Sartre.

Jóvenes vestidos de negro y diciendo que tenían náuseas de la existencia, eran jóvenes cultos, inteligentes, tuvieron su nido en la calle de Génova, la que da al Metro Insurgentes, ahí había un pasaje llamado Jacarandas, tenía salida por la calle de Londres y ahí don Jacobo Glantz tuvo un café (era el padre de la escritora Margo Glantz), el café se llamó Carmel.

Ahí llegaban jóvenes latosos como Carlos Monsiváis y su cuate un pintor llamado Vicente Rojo, luego cayó Alfonso Arau, era cómico y frecuentaba este café y otro que estaba en Niza y Hamburgo, ahí con Monsiváis formaron un grupo llamado los Tepetatles, una parodia de los Beatles; hicieron célebre el himno de la Zona Rosa: Niza y Hamburgo con paraguas de Cherburgo…

En la calle de Génova surgió el café Toulouse Lautrec, de Mauricio Soriana, ahí llegaba el escritor Luis Guillermo Piazza, el periodista Fernando Benítez y se fue formando en esos cafés y galerías la Mafia Cultural de la Zona Rosa.

Por cierto Luis Guillermo Piazza le puso el nombre a la Zona Rosa, decía que no era una zona roja blanca, sino rosa, otros, como José Luis Cuevas decían que le puso Zona Rosa como un homenaje a Rosa Carmina, la célebre rumbera del cine mexicano, y vaya usted a saber, el chiste es que surgió la Zona Rosa, que tanto es tantito.

En el parque Tezozómoc

Armando Ramirez

EL PARQUE TEZOZÓMOC es orgullo de la gente que vive en Azcapotzalco, aseguran que es mejor que el bosque de Chapultepec, digo en orgullo mejor ni decir pio. Eso sí, este parque es muy hermoso y muy visitado; está cerca del Metro Rosario. Lleva el nombre del señor Tezozómoc, un señor de los Tecpanecas por el año de 1342 a 1426, su nombre quiere decir, El Señor que rompe piedras.

El parque bien vale la pena visitarlo un fin de semana, tiene trenecito, bicicletas, lanchas, un lago muy grande, fue concebido por el arquitecto Mario Shjetnan, evocando a la gran Tenochtitlan con su gran lago, que aquí domina el parque y en el centro del lago, sobre un islote, hay un conjunto escultórico que representa a unos mexicas observando un águila que devorara a una serpiente, mientras está sobre un nopal.

El parque tiene patos que plácidos gozan del agua, hay otras aves que le dan belleza al lugar, las familias rodean el lago y se sientan en las lomas para gozar del paisaje, que en verdad es bonito. Las familias sacan sus sandwiches y refrescos y mientras comen, observan a los patos en el lago. Hay una ciclopista. Y las lomas asemejan los cerros que rodeaban al Valle de México. El trenecito con los personajes de los Picapiedras recorre ante la algarabía de los niños la extensión del parque.

Los sanitarios son limpios y hay de grandes sombrillas de diseño moderno, color blanco, para resguardarse de los rayos del sol. Los empleados cuentan que en la noche llegan murciélagos, son bien recibidos al ser depredadores guardan el equilibrio de la fauna nociva del parque.

Los ciclistas aquí se dan vuelo en la ciclopista, los grupos de estudiantes se divierten con bromas y las parejas se pierden en las lomas, ahora han puesto en el lago, una chinampa para representar como cosechaban los mexicas, en los canales. Se rentan lanchas, hay de pedales, con remos para tres, cuatro y cinco personas los precios van de los $60 a los $100. También tiene una pista para correr, es de arcilla, tiene poco más de dos kilómetros.

Aparte de Chapultepec o San Juan de Aragón desde 1970, está este parque Tezozómoc, como opción para un domingo familiar. Échele un ojito que tanto es tantito

Basílica de Guadalupe

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Van por miles con un inocultable fervor, parten de la exgarita de Peralvillo, llevan músicos, ofrenda florales y caminan sobre el camellón de la Calzada de Guadalupe, en estos tiempos suplantó al viejo camino al Tepeyac que fue la que ahora conocemos como Calzada de los Misterios.

Pero llegar a la Basílica de Guadalupe es otra cosa, se ve llegar gente de Ecuador, Colombia, Argentina, algunos italianos y muchos de san Luis Potosí, Oaxaca, Veracruz, Tamaulipas, ahí está el mercado de artesanías guadalupanas, un bellísimo cromo hecho con impresión laser en yute.

Los peregrinos entran a la explanada, se persignan ante la Basílica antigua y luego van a la nueva, entran, rezan, se echan agua bendita y depositan una veladora en un lugar especial atrás y afuera de la Basílica, se forman para admirar la imagen de la virgen de Guadalupe.

Algunos visitantes suben el cerro del Tepeyac por las escaleras y los que tienen hambre van al mercadito que está frente a la Basílica, hacen muy sabrosos tacos dorados, birria, caldo de gallina, enchiladas, ahí llegan los peregrinos de otras partes de la República.

Pero hay guías de peregrinos que los llevan a los lugares secretos, a las faldas del Tepeyac, por ejemplo, en la Calzada de Misterios, en la esquina con la casa del pintor José María Velasco, ahí se ve una callecita al fondo y luego otra, en las faldas del cerro, arriba está el cementerio, abajo sobre enclavada en unas rocas hay una vieja casa, unas mujeres hacen quesadillas a la leña y carnes asadas, todos los comensales se sientan a una mesa larga sobre unos tablones con ladrillos, el humo de la leña aromatiza el sabor de la carne, el café hecho a la antigüita (se hierven el grano de café en el agua, se cuela) lo sirven en jarros de barro o pocillos.

Ahora si no gusta de esto, sobre la Calzada de Guadalupe están las cadenas de cafeterías. No busque al Museo de Cera, ni sus luces, visite el Museo de la Virgen de Guadalupe, están los estandartes con las imágenes de la Guadalupana que han usado nuestros héroes, hay hasta un busto de la virgen que era de Maximiliano. Los peregrinos también pueden ir al Museo del Ferrocarril, un lugar donde incluso hay una de las primeras máquinas que dieron servicio en el país, total, qué tanto es tantito.

En la Guerrero, antojitos para fin de semana

Armando Ramirez

EN LA COLONIA GUERRERO son jefes, gourmets de 5 estrellas michelín, sibaritas del asfalto chilango, no es por nada pero hay antojitos para levantar a un crudo, un desvelado, satisfacer a un tragón o a los amorosos. En esos locales hacen cola para degustar sabrosas milanesas, una pancita, un pan recién hecho, un café cortado, unos pulques en jícara para satisfacer al azteca que lleva uno dentro, cocteles tarántulas que rebozan de cangrejos, ostiones, camarones, aguacate y aceite de oliva para dárselas de supermacho.

La colonia Guerrero es donde las águilas devoran los antojitos, vale la pena ir. Dese una vuelta por la esquina sibarita de chilangolandia, aquí encontrará muy sabrosos tamales, esplendidas orejas de elefante pero lo que se lleva la mano del sabor son Los Machetes, y no los que usan como los cañeros para cortar la caña, no, pero son igualitos de forma y de tamaño, haga de cuenta que es una inmensa quesadilla con la forma de un machete, y esa extensión cabe lo que sea.

Como diría el Quijote a Sancho, cuando éste le dice que están ladrando los perro y el Quijote contesta, Sancho es señal de que estamos vivos. Así quedan cuando devoran los machetes de Amparito.

Es la esquina sibarita, Héroes y Luna, todo es cosa que se pare y ojo avizor, en tre los locales que se ofrecen para degustar verá donde el respetable hace cola y no respira, nada más se mueven cuando le anda de la pipí y es que de ver cómo preparan los machetes, da hambre.

Doraditos, crujientes, rellenos de requesón, quesillo, carne, hongos, flor de calabaza, huitlacoche, lo que usted quiera y mande, al fin ustedes son gourmets, expertos en almorzar. En el local de Amparito las mujeres son luchonas, saben acomodar el relleno, eso sí, hay que ser valientes para acabarse un Machete, son enormes y abundantes, la neta de la corneta del tragón, muchos de los comensales comparten y más si son noviecitos o se despertó la pareja con mucha hambre después de una noche farragosa de amor y las familias en sabadito hacen almuerzo familiar, digo, cómase uh machetito, y sabrá lo que es amar en chilangolandia, digo, que tanto es tantito.

16 de septiembre e Independencia

Armando Ramirez

La calle 16 de septiembre celebra el inicio de la lucha por la Independencia y la de Independencia, la consumación. Septiembre es el mes de la patria y conviene recordar las calles que celebran la Independencia, las que ganan son las de Miguel Hidalgo, no hay centro histórico de cualquier ciudad de la República que se respete que no tenga su calle Hidalgo y ni que decir de Independencia o 16 de septiembre.

Y como el Centro Histórico chilango se respeta, tiene su calle Hidalgo, está en las orillas del Centro Histórico, allá por la Alameda Central y a espaldas del Palacio de las Bellas Artes, prolonga la calle de Tacuba, que cruzando el Eje Central se llama avenida Hidalgo. La calle 16 de septiembre está en el mero corazón comercial, donde se encuentra el Gran Hotel de la CDMX, que fue concebido en tiempos de Porfirio Díaz como el último grito del progreso afrancesado.

Se dice que Carmelita, segunda esposa de Porfirio se pasaba las tardes en el Centro Mercantil buscando qué garrita le quedaba, no era como alguna célebre profesora o propietaria de caserón en las Lomas, Carmelita vivía en el Castillo de Chapultepec con su viejo hasta que se los llevó el Ypiranga a Francia.

Ahí comienza la calle 16 de septiembre, llena de comercios, es más, ahora hay tiendas de japoneses, no de chinos, ¡japoneses! Digo si son japoneses debe estar bien hecho, aunque sean bisutería.

16 de septiembre termina en el Eje Central pero la calle sigue y se llama Independencia, ahora tiene un montón de edificios nuevos, los hoteles que estaban antes se cayeron en los sismos de 1985 y hay un barrio chino de peluches y un teatro Metropolitan que da espectáculos de tutti frutti, por cierto, échese una vueltecita por este barrio, en Independencia y Marroquí hay un lugarcito japonés, más o menos barato, para un día de quincena, tienen un menú de verdadera comida japonesa, digo, que tanto es tantito.

No es bosque ni es chino…

Armando Ramirez

En el principio se llamó colonia del Imparcial, cuando este periódico era muy importante, pero al paso del tiempo terminó llamándose Clavería.

Sorprende porque en una de las glorietas cercanas al bosque de la China, hay un busto del líder palestino Yasser Arafat. Desde esta glorieta la calle de Clavería muestra la personalidad de Maine Street, es decir la calle principal de la colonia, la calle comercial por excelencia, aquí como en los pueblos gringos están los bares, los lugares de las hamburguesas, el lugar a donde van todos a divertirse; hay cafetines, pizzerías, taquerías, la panadería que al caer la tarde suelta los hervores del pan recién hecho y cuando huele a pan, se abre el apetito.

La calle de Clavería da a un mítico jardín, llamado por la gente, el Bosque de la China, que no es bosque ni es chino, es un jardín que es el centro de la vida social de la gente; los vecinos practican yoga, hacen ejercicio y tiene serenatas como en la época en que José José era un jovencito que, se la pasaba en estos lugares cantando boleros con el trovador Pepe Jara.

El príncipe de la canción José José, intérprete de Gavilán o Paloma o el Triste, aquí nació, en la casa de sus padres, uno cantante de opera y su mamá pianista.

Este jardín donde los novios se van a dar de besos, fue un parque que la familia Matsumoto fundó en la época de Porfirio Díaz. La familia es de origen japonés y ganaron tanto dinero que compraron los terrenos del jardín para hacer uno de estilo japonés. Pero la gente quién sabe por qué confundió a la familia japonesa con una china y el jardín con un bosque, por eso la gente en vez de ver un jardín de japonés vio un Bosque de la China, aunque fueron japonés quienes lo crearon, digo cosas de la confusión, chin, total, que tanto es tantito.

Llegó la Ford…

Armando Ramirez

Una línea de ferrocarril y una fábrica en los años 30 hicieron el milagro de colonizar o fraccionar terrenos cercanos a la Basílica de Guadalupe. Me refiero a colonias como la Industrial, la Guadalupe Tepeyac, la Estrella o la Guadalupe Insurgentes, que de no haber aparecido la fabrica de automóviles Ford y el ferrocarril Hidalgo, estas colonias no serían lo que son.

Imagine que estamos en la ribera del lago, algunos pueblos indígenas viven de explotar la sal y el tequesquite, como la población indígena de Tepalcatitlán, y ocupaban terrenos de colonias como la Industrial o la Guadalupe Insurgentes, y cuando se empiezan a desecar el lago a esas grandes extensiones de terrenos los fraccionadores le echan el ojo, pues la habitaban poca gente y hubo algún rancho que para aumentar su alcurnia le decían hacienda.

Esos terrenos en el siglo XX se vuelven muy valiosos para gente visionaria para el negocio como don Agustín Legorreta y el ingeniero Alberto J. Pani, ellos se dan a la tarea de comprar terrenos y fraccionarlos como la colonia Industrial, y la inauguran el 18 de noviembre de 1926.

En 1930 se instala la planta de automóviles de la Ford al paso de la línea del Ferrocarril Hidalgo, por eso ahora esa avenida amplia se llama Ferrocarril Hidalgo, y la fábrica Ford instala sus oficinas de exhibición y venta de autos sobre la calzada de Guadalupe y Henry Ford, obvio, esa calle se tenía que llamar como el dueño de la Ford, la planta recorría toda esta calle hasta llegar a Ferrocarril Hidalgo donde tenía sus bodegas. Y surgieron muchas más fábricas por esta zona; todavía quedan algunas.

Por eso es que la colonia Industrial se llama así “Industrial”, el país salía de la época violenta de la Revolución Mexicana y se encaminaba lo que llamaban los políticos la industrialización del país. De ahí que las calles de la Industrial tengan nombres de empresas importantes en esos años. Digo, que tanto es tantito

Crema a sus tacos

Armando Ramirez

A veces a los chilangos nos gusta ser hijos del ninguneo y no nos damos cuenta de una gran cantidad de cosas de las cuales podemos pararnos el cuello con nuestra Ciudad.

O ya las quisieran tener los habitantes de otras ciudades del mundo. Ahí le van unas cuantas para que documente su orgullo de ser chilango este 2018. Esta ciudad cuenta con la universidad más grande del mundo y una de las más importantes, la conocemos como la UNAM, ninguna en el mundo tiene tantos estudiantes, ni tantos laboratorios, es una de las ciudades universitarias más bellas con sus salas de conciertos, de teatro, para ver cine, con un buen de museos, un estadio de futbol, un circuito universitario excelente y no le sigo porque van a llorar los pumas.

La Alameda Central fue el primer jardín público que hubo en una ciudad en América. Y el hospital de Jesús, fue el primer hospital de América. Y el Zócalo es la segunda plaza más grande del planeta tierra, tan solo detrás de la plaza Roja del Kremlin. Y para que se quede con el ojo cuadro, esta ciudad, así como la ve, es la segunda en el mundo con más museos, más que Ciudades como París, Nueva York, Berlín, Madrid o Tokio tan solo superada por la ciudad de Londres, para que le mida el agua a los camotes.

El Metro, sí el Sistema de Transporte Colectivo de la CDMX es el más barato del mundo y uno de los que más gente traslada diariamente, 5.5 millones de usuarios al día, 1,800 millones al año. Y el Centro Histórico tiene más palacios y palacetes que cualquier ciudad de América. Es más, el bosque de Chapultepec es dos veces más grande que el Central Park de Nueva York. Y más zonas arqueológicas dentro de la Ciudad que ninguna en el mundo: en Tlatelolco, en Cuicuilco, en Santa Cruz Alcapixca, Xochimilco, Cerro de la Estrella, Iztapalapa, Cerro Mazatépetl, Magdalena Contreras, Templo Mayor, Zócalo, Templo de Ehécatl, Metro Pino Suárez y sin contar la gran cantidad de iglesias del siglo XVI, XVII, XVIII que la hacen única.

La Ciudad de México como ninguna en el mundo fue construida sobre unos lagos y a pesar de los pesares aquí en la zona Metropolitana viven y conviven más de 20 millones de chilangos, créanlo es algo alucinante y un milagro diario, que como diría el Galileo, y sin embargo, se mueve, digo, qué tanto es tantito

Días de radio y nostalgia

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

Este martes 13 de febrero se celebra el día mundial de la Radio, según proclama de la UNESCO, pero independiente de eso, la verdad es que durante el siglo XX sucesivas generaciones de seres humanos han sido enriquecidos, alimentados o formados a través de la radio. O dígame quién no creció escuchando en su adolescencia, sea en pueblo o en la ciudad, en la Roma o en la Lagunilla, en el radio su programa favorito, donde el locutor era la estrella y dictaba los gustos de los jóvenes, con La hora los Beatles, La hora de Rigo Tovar, La de Juanga, Los Monkees, y las señoras las radionovelas, “Una flor en el pantano”, “ Chucho el roto”, como antes escucharon “El monje loco” o aquella frase de “Dispara Margot, dispara”, con el personaje Carlos Lacroix o últimamente “La mano peluda” y “El panda show”.

Y en la información, aquellos precursores de los noticieros actuales, “El Mundo sigue su marcha” con el lector de noticias Guillermo Vela, el noticiero era redactado por Jacobo Zabludovsky, o los programas de radio con comentaristas como Agustín Barrios Gómez, solo recordemos “Ensalada popof”.

Como diría Woody Allen, son los días de la radio, cuántos jovencitas o jovencitos crecieron con la voz del locutor de la Radio Universal, sigue tan campante hasta nuestros días, Adolfo Zepeda Fernández, con sus “Clásicos de Universal”, o no me digan que ya no lo escuchan en Radio Universal.

Otra voz que acompañó a muchos jóvenes en la época de la música disco fue el locutor Mario Vargas, de Stereo cien para hacerlos sentirse John Travolta, y qué me dicen del locutor de Radio Capital, César Alejandre, con su estiló clásico anunciando “la discoteca de la gente joven”, Radio Capital, no lloren, solo acuérdense.

Para los habitantes de la Ciudad de México la radio ha sido una fuente de información y formación sentimental, cuántos hablaron por teléfono para pedir una canción de Los Pasteles de Verdes o Los Ángeles Negro, digo, la radio es para mucha gente su acompañante perfecto en la soledad, cuántos no se dormían mientras escuchaban en radio 6.20, “Reunión de etiqueta” y la música de las grandes bandas, la radio siempre ha estado en nuestras vidas y no le digo en los amores porque como se dicen, recordar es vivir, ¿o no mis enamorados? total, qué tanto es tantito.

Los sibaritas del asfalto

Armando Ramirez

ANTOJITOS recomendables en la Ciudad por ejemplo están las tortas de la calle Recreo en Iztacalco, no he visto tortas más descomunales, casi un cochinito hecho en zacahuil, pesan 4 kilos y es imposible comerla sin ayuda de los tragones.

Y que me dice Los Machetes de Amparito, allá en la colonia Guerrero, enormes como una espada árabe, son muy estéticos dentro de la estética de la garnacha y lo mejor que lo puede pedir con lo que le de la gana, yo lo pido vegetariano, un poco, de papa, flor de calabaza, champiñones, rajas, huitlacoche, mmm!, aunque hay otros que le ponen carne de costilla, chorizo, queso y para que le cuento.

Ni modo de dejar fuera los huaraches de Jamaica, el Huarache Azteca, con su técnica de la cuña de madera, al momento que se va a lanzar el huarache al aceite, se le hace un hendidura con la cuña para que el aceite penetre en el frijol; encima póngale una costilla o un bistec y una salsa verde a todo lo largo del huarache con su queso espolvoreado. Y con qué se lo empuja, ah, eso se lo dejo a usted, una chela no cae mal en la mañana, pero café de la olla también se puede o un refresco.

Uy y las gorditas del mercado de la Doctores, (muchos vecinos de la colonia dicen que es la colonia de los Hoteles) esas gorditas son pequeñas, pero ¡qué sabrosas saben! y hasta parece estrategia, en el siguiente local están los famosos tepaches de este barrio, una bebida refrescante, que se lleva bien con las grasita de las gorditas, ahí sí para que vea, es el maridaje perfecto, gorditas de chicharrón y jarra de tepache bien frío.

Si anda por la Merced los tacos de “Los Paisas” son buenos, (casi todas las taquerías se llaman “los Güeros” o “Los Paisas”) están en la calle de Jesús María y Regina, pida su taco de chorizo, o de costilla, eso no tiene tanta magia, pero cuando va a escoger su salsa se encuentra con una serie de recipientes con papa, frijoles, pepino, pápalo, rábanos y salsas de todo tipo y de un taco normal le sale un tacote que como dicen, con uno basta.

No se pueden olvidar las tostadas de pata del mercado de la Portales o las manitas de cerdo a la vinagreta o las tortas del Peregrino en la calzada de Guadalupe, son grandes pero digeribles, digo, es infinita la lista, buen provecho, que tanto es tantito.

San Juan, lugar gourmet

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Las tradiciones no se hacen de la noche a la mañana, pasan siglos hasta que forman parte de nuestras costumbres, como el mercado de San Juan, que aunque hay lugares que quieren ser como este Mercado les falta la tradición. Y a San Juan le viene con la historia.

Ahora se han puesto las pilas ante la competencia y han remodelado su mercado, casi está terminado, pero no quisieron que terminaran la obra en estos días de fin de año, porque es la temporada buena. Llegan las cenas de Nochebuena las de Año Nuevo, las Posadas, las despedidas de fin de año y ellos son reyes en eso de vender los productos que se usan para esos días porque hacen buena mesa incluso con productos exóticos pero riquísimos como la hormigas chiclayana, los gusanos de maguey, el jabalí, la víbora y lo del mar, que no vean, ahora han surgido hasta lugarcitos donde cocinan como chefs con estrellita michelín.

Y bueno, ya conocen que aquí la antigua dieta prehispánica se puede conseguir como el ahuautle o los escamoles, los gusanos de maguey o los alacranes que ahora se estila comer de botana, como también los chapulines con ajo y chile piquín con su vasito de mezcal.

Bueno y todo esto para decirles que el Mercado de San Juan viene desde la época prehispánica, antes de llamarse San Juan se llamó en la Tencotitlan Moyotla, el lugar de mosquitos, era uno de los barrios más importantes y coo tal tenía un tianguis importante que siguió después de la caída de Tenochtitlan y que los evangelizadores llamaron San Juan Moyotla.

Durante siglos estuvo en lo que es el jardín y calles adyacentes, era enorme, con decirles que cuando el Regente Uruchurtu quiso hacerles su mercado público, tuvo que hacer cuatro porque no cabían en uno. Por eso surge el mercado de san Juan en la calle de López y Arcos de Belén y el palacio de las flores, en Luis Moya y Ernesto Pugibet y el de artesanía en Aranda y Ayuntamiento y el de Ernesto Pugibet de carnes exóticas.

No fue siempre así, en el 1985 comenzaron a darle un giro, más carnes exóticas, especies de muchas partes del mundo, locales donde venden tapas y baguettes muy celebradas con quesos manchego, provolone, jamón serrano, salami aceite de oliva, buen pan y su copa de vino, y harta hambre, digo, hasta no verte Jesús mío, qué tanto es tantito.

La Broadway chilanga

Armando Ramirez

HACE AÑOS ASÍ SE LE CONOCÍA A LA ZONA DE LOS TEATROS DE ANTONIO CASO E INSURGENTES

Lo anterior por la cantina de teatros y centros nocturnos en esas calles, amen, de que en Paseo de la Reforma estaba el cine Robles, ahora, el edificio del Senado.

En los años 60, 70 y 80 se da el auge de este ambiente, se exhibía con éxito el género del cine mexicano “las ficheras”. Comenzó con la película escrita por el Güero Castro, “Bellas de noche”, tenía todos los ingredientes: el galán Jorge Rivero, la vedette Sasha Montenegro, que como decían los clásicos del periodismo de la farándula, hacia “un desnudo integral” y comediantes como Carmen Salinas, Pancho Córdova y como plus, la intervención de la Sonora Santanera.

Película que hizo visible el mundo de fichetrices, galanes, y comedia de éxito popular. Las puestas en escena de estas comedias producidas por el productor Salvador Varela, casi siempre eran en los teatros de la calle de Antonio Caso.

Ahí al atardecer aparecían por los negocios de esa calles los jóvenes comediantes: el Caballo Rojas, el Flaco Guzmán, Rafael Inclán, Alfonso Zayas, Flaco Ibáñez, puros maestros en el albur, el chiste popular y los estereotipos populares, el gay, el cinturita, etc., y las vedetrices, eran el atractivo visual: Amira Cruzat, Iris Cristal, Gloriella, enseñaban todo y actuaban un poquito, también hubo comediantes como Sonia Piña, Susana Cabrera, la Pelangocha, Maribel Fernández, entonces las localidades cuando la comedia era de tirarse de la risa tenían teatro lleno y revendedores felices.

De tanto ver el palmito desnudo se iban a prolongar el éxtasis a los cabarets cercanos el Iris Astoria, sobre Insurgentes, el Afro Tramonto Insurgentes casi Sullivan y en el jardincito Louis Pasteur estaba el mítico Run Run, las orquestas tocaban desde swing hasta salsa y las ficheras esperaban a que las sacaran a bailar, les invitaran una copa o si tenían hambre iba a los tacos de Antonio Caso o iban de baboso a la calle de Sullivan, digo que tanto era tantito.

¿San Mateo o San Diego?

Armando Ramirez

QUE LA DELEGACIÓN DE COYOACÁN INFORME BIEN EN SUS LETREROS LOS NOMBRES DE LAS CALLES

Donde está el ex Convento de Churubusco, se llamó Huitzilopochco, el lugar del Dios Huitzilopochtli, lo interpretan como El lugar de la guerra, de las armas. Un lugar importante en Tenochtitlan, todos las colonias que ahora tiene aparte de su nombre el de Churubusco, como Prado Churubusco, etc., formaban parte de Huitzilopochco, pero cuando llegan los españoles y los evangelizadores construyeron un templo a San Diego dentro del convento dedicado a Nuestra Señora de los Ángeles, de ahí que esa zona terminara llamándose san Diego Churubusco.

El otro día anduve por ahí y en los letreros de las esquinas que tienen el nombre de la calle, no decía san Diego sino san Mateo Churubusco.

Y bolas, en algunas calles los letreros de los alrededores del ex convento dicen san Diego, pero ahí mismo terminado la calle decían san Mateo, como si estuvieran salteados, los nombres en los letreros, pregunté a la gente que vive a 4 callecitas del convento, y me dijeron que ahí se llama san Mateo Churubusco.

Y que me regreso hacia el ex convento, por la calle del Convento, leo en los letreros, san Mateo, pero en la siguiente calle de la misma del Convento, decía San Diego y en la otra, ya en frente del ex Convento san Mateo. Me hice bolas. Y voy con el relojero, tiene 50 años de tener su negocio en la calle de Héroes del 47, me dijo que no, que era san Mateo, pero que últimamente le decían que era san Diego, y que traían una revoltura.

Sobre Héroes del 47 encontré el templo de san Mateo Churubusco, que da nombre al pueblo y ahora barrio de san Mateo, es del siglo XVII. Y todo quedó claro, san Diego es de Río Churubusco a Héroes del 47 y san Mateo de Héroes del 47 hasta Mártires Irlandeses.

Cómo la ven? Los vecinos dicen una cosa y los letreros con los nombres de las calles son un despapaye y yo la neta como los que viven ahí son los que saben, me quedo con que hay un barrio llamado san Mateo Churubusco y otro alrededor del ex Convento, san Diego Churubusco, los divide la calle de Héroes del 47, digo, que la Delegación de Coyoacán informe bien en sus letreros los nombres de las calles y las colonias, que tanto es tantito.

La tradición textil de san Antonio Abad

Armando Ramirez

A la caída de Tenochtitlan los españoles prohibieron que los indígenas vivieran en lo que ahora llamamos el Centro. Y hacia el sur a partir del barrio de Tlaxcoaque, se fueron creando otros barrios de indígenas. Uno de esos barrios fue el que creció alrededor de la Iglesia de san Antonio Abad, por cierto, la iglesia fue dañada de nuevo por los sismo de septiembre del 2017.

La iglesia de san Antonio Abad tuvo un hospital para tratar una enfermedad terrible, el “fuego del infierno” o “fuego de san Antonio” en nuestro días los doctores le llaman ergotismo, es una intoxicación por ingerir trigo o maíz contaminado, afecta el sistema nervioso, los pacientes tenían un frío intenso y la sensación de que se estaban quemado y sufrían de alucinaciones, el hongo que contamina al maíz contiene ergotina, es la sustancia que produce el ácido lisérgico.

En esta iglesia, que primero fue una capilla, surgió la tradición en la ciudad de llevar a bendecir a los animales.

El hospital y la iglesia era manejada por los Padres Antoninos, pero la orden es suprimida en 1791 y tiene que abandonar la Nueva España. El gobierno de la Ciudad queda a cargo del hospital y en 1842 lo vende a un empresario de apellido Fauré, el cual instala una fábrica textil, incluso se instala la fábrica de cigarros “El Borrego” y en años posteriores la fábrica pasaba por diferentes manos, un español de apellido Ibáñez hace crecer la fábrica, hasta llega a comprar una finca, El Corral de san Antonio y conoce el auge.

Ahora se podrán explicar por qué en las calles san Antonio Abad y calles vecinas hay tantos talleres y fábricas de la industria textil que surgieron por decenas en el siglo XX, como el trágico taller donde murieron el 19 de septiembre de 1985 muchas costureras a causa del sismo y que habían sido encerradas en el taller para que no salieran en horas de trabajo.

Esta zona de tradición textil los sismo la harán desparecer; muchas fábricas y talleres fueron dañados por los sismo de septiembre de 2018 y antes habían sido afectados por los de 1985, la zona ha quedado desolada, incluso la entrada de la estación del Metro san Antonio Abad está cerrado. Al Metro se entra por la estación que está del lado de la colonia Obrera, digo, qué gacho, qué tanto es tantitito.

De pipa y guante en nuestro salón Savoy

Armando Ramirez

 El fin de semana no hay nada como sacarle brillo a la pista de baile de la ciudadela

EL SAVOY era un salón de baile, en Harlem, en Nueva York, ahí los negros se lucían bailando con las Big Band, iba también la crema y nata de los intelectuales neoyor­kinos para admirarse como baila­ban los negros y eso porque en el corazón del barrio negro había un salón llamado Cotton Club donde no permitían la entrada de la gente de raza blanca.

Ahora en la Ciudad de Méxi­co cuando los salones de baile clásicos están desapareciendo: El Colonia, Smirna… quedan sólo Los Ángeles y el California Dan­cing Club y un montón de lugar­citos y jacalones donde la gente va a bailar, pero los jardines de la Ciudad han venido a sustituir a los salones de baile para la gente de los barrios.

Sí usted gusta divertirse los fi­nes de semana bailando y ligan­do, no hay nada como vestirse de pachuco o de perdis llevar los za­patos boleados para sacarle bri­llo a la pista de asfalto en la Ciu­dadela, ahí es el corazón de los bailarines de la salsa y el danzón.

Si en el Savoy neoyorkino iban los negros vestidos de pipa y guante, acá en la Ciudadela no se quedan atrás, la Ciudadela es un jardín donde se encuentra la Bi­blioteca México sobre la calle de Balderas, este jardín tiene en el centro la escultura del Padre Mo­relos, en frente hay un mercado de artesanías y sobre Balderas un tianguis de libros usados, pelícu­las de arte y libros de novedad.

Si se adentra en el jardín con su pareja quedará arrobado ante el espectáculo, cientos de perso­na están bailando danzón o salsa y lo bailan con brillo y en un ladri­llo, de a cartoncito de cerveza, no, eso solo en los cabarets o en una fiesta cuando hay amor.

No cobran, sólo le piden que vista con elegancia, las mujeres con zapatillas de tacón alto y los hombres con zapatos de tacón cubano, en el escenario hay un sonido potente para bailar, si us­ted gusta de ver bailar, quedará sorprendido por la sensualidad y elegancia con que bailan el dan­zón.

Los hombres huelen a loción y las mujeres a perfume, en reci­pientes de vidrio llevan lo que co­merán en las bancas del jardín en un descansito, es bonito ver a la gente bailar por el simple hecho de divertirse, de explayar su sen­sualidad y ejercer su seducción por la damita deseada o el galán que las atrae, aquí la lección es, no cuesta nada divertirse en la ciudad, digo, que tanto es tantito.

Mala estrella de Maximiliano

Armando Ramirez

Primero lo fusilan, lo embalsaman con las patas, un doctor Licea, pero el doctorcito era ginecólogo muy vivillo, saqueó el cuerpo de Maximiliano, vendió las barbas, los ojos y cosas personales del Emperador, aunque usted no lo crea en Querétaro tenía sus seguidores, fueron quienes compraron esta especie de souvenirs del viejo de Carlota.

Aparte de que fue mal embalsamado y saqueado su cuerpo, el ataúd que le mandaron a hacer ¡le quedó chico! estaba grandote el buen Max, le doblaron las piernas para que cupiera en la caja mortuoria. Fue trasladado a la CDMX para después embarcarlo a Veracruz como lo pidieron los gobiernos europeos. Y qué cree, el carruaje que lo traslada se desconchinfla, se cae la caja en el lodo, dos veces, a poco no tenía mala estrella Max.

Ya sabrá como llegó al templo de san Andrés, fue el lugar escogido, las monjas quitaron de una mesa cáliz, copas, etc., para colocar el cadáver del Max, pero como se estaba descomponiendo el cuerpo, lo colgaron de cabeza para que le escurrieran las sustancian del embalsamiento, cuentan que a una virgen del templo le quitaron los ojos azules de vidrio que tenía para ponérselos a Maximiliano.

El hospital fue tomado por las fuerzas de seguridad juarista, mientras un doctor embalsamaba correctamente el cadáver. En la noche, llega el Presidente Juárez acompañando de Lerdo de Tejada, mira en silencio el cadáver, después reflexionando dijo, que era alto (Max medía 1.82) pero mal proporcionado, tenía las piernas muy largas, luego deduce que no era inteligente, aunque tenía la frente amplia esta se debía a la calvicie. Y se fue.

La iglesia era un lugar de culto a Max y las autoridades optaron por demolerla. Después Porfirio Díaz ordenó la demolición del Hospital para construir el majestuoso Palacio de Comunicaciones y Obras Públicas. López Portillo en 1979 ordenó que el edificio alojara al Museo Nacional de Arte, digo que tanto es tantito.

Una colonia de artístas

Armando Ramirez

La colonia Villa de Cortés tiene su entrada en el jardín al lado de la estación del metro, se llama Plaza Victoria, rodeada por microbuses, tiene una fuente, con un monumento dedicado al compositor Ignacio Fernández Esperón “Tata Nacho”; compuso clásicos como Borrachita. Escribió un tema que utilizó Chespirito para sus personajes del Chavo del ocho, hay una escena donde el profesor Jirafales y don Ramón enseñan guitarra al Chavo y a Quico y cantan, “Quiero ver, otra vez, tus ojitos de noche serena”. Ese tema es de Tata Nacho.

La columna de la fuente dedicada a Tata Nacho es una buena muestra del más puro art decó, lástima que no tenga agua.

La colonia Villa de Cortés, fue fraccionada a mediados del siglo XX, primero llegaron a vivir trabajadores de los tranvías, cuyas calles tienen nombres de poetas y novelistas, como Leopoldo Lugones, Luis G. Urbina o José Revueltas. La colonia tiene un bonito jardín llamado Iztacihuatl, pero la gente le llama de las Bombas, al fondo hay un mural y una casa de Cultura. En la calle Javier Sorondo, en el número 261 vivió Lilia Prado, la musa de Luis Buñuel en películas como “Subida al Cielo” y “La ilusión viaja en tranvía”. En esta película José Revueltas participó en el guión. Y el escritor aquí tiene una calle con su nombre.

Por aquí anduvieron artistas, me dice el propietario del café “Son, son del café”, como Rafael Inclán, será porque la colonia al estar cerca de los estudios Churubusco, artistas como Lilia Prado compraron su casa aquí.

El café está en la esquina de Javier Sorondo y el parque, ahí tienen el combo del Gallo para desayunar, es café capuchino, croissant y jugo de naranja, nos dice el propietario Abel Martínez que surgió porque un puertorriqueño llegaba y saludaba con un “hola, Gallo” y gallo para allá y pedía un capuchino, un croissant y un jugo de naranja, así se creó el combo del Gallo, cosas de la Villa de Cortés, digo que tanto es tantito.

Diferentes tipos de tianguis

SONY DSC
Armando Ramirez

Nada más de curiosear por ahí, se encuentra los recuerdos, como a todos los que crecieron en los barrios, sea el de la San Felipe, el del Salado o el que usted quiera y mande, porque ahora han crecidos los tianguis por toda la ciudad y se han ido transformando. El que recuerdo es el que la gente recorre para encontrase un objeto viejo o grandes obras de arte de la vida cotidiana que fueron de alguna familia importante que las heredó, unas figuritas de porcelana, unos ceniceros de latón, pero art decó, unas camas de la época de la Revolución, etc.

Ahora en cualquier parte hay tianguis de fin de semana y llegan de otros lugares y colocan la mercancía donde les dio permiso la autoridad y ahí van por montones las familias a los tianguis; son enormes restaurantes públicos, y principalmente los sábados, las familias buscan qué comer: como los tlacoyos, tan exquisitos, los de requesón o de haba, frijoles todos haciendo en el comal les echan sus nopales, su salsa, cilantro y queso espolvoreado en garnachas son reyes.

Luego vienen las compras del súper, carne fresca, el pollo, etc. Los puestos de perfumes que están de moda, los tenis de quién sabe dónde pero que se parecen a los que usan las estrellas del deporte y la ropa de moda, por supuesto que todavía están las películas blu-ray, locales de comida orgánica, de repente aparece un yerbero o esotérico o un puesto de libros.

En cambio el tianguis de la Portales, es el de antigüedades, se pueden encontrar desde charolas antiguas que regalaban las cerveceras y refresqueras, una máquina de coser como las que usaban las abuelitas, hasta una pintura con el recuadro maltratado, será de un pintor reconocido y la vendo en un billete. Digo que tanto es tantito.

La calle donde vivía en vida…

Armando Ramirez

JUAN DE DIOS PEZA Y LUIS GONZÁLEZ OBREGÓN VIVIERON EN LA MISMA CALLE, LA ENCARNACIÓN

Así se llamaba la calle que hoy tiene el nombre de Luis González Obregón, lleva ese nombre como un homenaje en vida al cronista de la Ciudad e historiador Luis González Obregón, autor de libros como Las Calles de México, sí tenía su casa en el 9 de la calle de La Encarnación y Juan de Dios Peza, en el 14 y 16, en los dos casos en esas casas hay placas informando que ahí vivieron esos hombres ilustres.

Lo más probable es que don Luis y Juan de Dios hayan coincidido en esa calle, Juan de Dios Peza falleció en 1910 y Luis González Obregón en 1938, sus casas casi estaban frente a frente, la de Juan ahora es un hostal, y la casa de don Luis es un edificios de oficinas.

La calle de la que escribo está entre Brasil y Argentina y uno de los costados es del edificio de la SEP. Por cierto, antiguamente se llamó la calle de La Encarnación porque en los terrenos que ocupa la SEP son donde estaba el convento de La Encarnación ahora tan sólo queda la capilla, aun se puede ver su frente enrejado con sus cúpulas que dominan la vista de esta calle Luis González Obregón.

Se imaginan al cronista González Obregón y autor del libro “México Viejo”, platicar con el ilustre poeta Juan de Dios Peza sobre las leyendas de la Ciudad de México, sabiendo que Juan había escrito años antes en verso leyendas de las calles de la Ciudad, como la del Niño Perdido, la calle de la Amargura, etc. Los libros de González Obregón como los de Dios Peza hasta la fecha se leen.

Pero Juan es uno de los mejores poetas del siglo XIX, baste como muestra este haiku: Como una pluma/ meciéndose en el viento/ así me dejas.

Hoy en la calle de La Encarnación se encuentra una de las entradas del Colegio de México a donde las mentes brillantes del país dan sus conferencias cada año, como las dieron Octavio Paz o Carlos Fuentes, es una calle con una cantina en la esquina con Argentina, el Salón España, dan buena botana y en la esquina con Brasil hay una joven mujer que prepara unos tlacoyos como si fueran para el Tlatoani Moctezuma, con frijolitos, nopalitos, quesito, lechuga abundante y con sabor, digo que tanto es tantito.

En Coyoacán calles con un toque antiguo

Armando Ramirez

Recorra y admire el suelo empedrado, casas de hace varios siglos y un halo romántico

LA CALLE DE FRANCISCO SOSA es una de las más bellas en Coyoacán, un sábado o do­mingo puede recorrerla. Debe de empezar en avenida Universidad a la altura de la capilla San Anto­nio de Padua, conocida como de Panzacola, es una capilla sencilla, del siglo XVII.

A un costado de la capilla se erige ante el visitante un puen­te de piedra, debajo cruzan las aguas del Río Magdalena, el puente se llama de Altillo, pero le llaman el puente de Panzacola, el suelo es empedrado y las ca­sonas sobre la calle de Francisco Sosa, algunas de ellas tienen va­rios siglos de antigüedad, la calle tiene un halo romántico, atrévase a caminarla, podrá admirar con tranquilidad, la hermosa Casa del León Rojo del ex presidente Mi­guel de la Madrid (ya fallecido).

A mano derecha está la lla­mada Casa de Sol, en la esquina encontramos una casa de lo que sólo se nos permite ver sus altas paredes, fue la casa del poeta y cronista de la Ciudad de México, Salvador Novo, su casa está en la esquina de Francisco Sosa y Sal­vador Novo, el poeta y cronista tuvo el honor en vida de vivir en la calle que lleva su nombre, Sal­vador Novo.

La casa vista de lejos parece abandonada y enfrente se en­cuentra lo que la gente conoce como la Casa de Alvarado, se­gún la leyenda esta casa la habitó Pedro de Alvarado, en realidad, la casa es más reciente, es del siglo XVIII, su estilo arquitectónico es mudéjar, árabe.

Su puerta está finamente labra­da, la casa ha sido de la SHCP, de la SEP y ahí vivió su último año de vida nuestro gran poeta, don Oc­tavio Paz, Premio Nobel de Litera­tura el último año, ahora la casona es la Fonoteca. Vale la pena entrar.

Adelante encontrará otras ca­sas de parecido estilo, como la Ca­sa de Actuación con técnica rusa, del director de cine Sergio Olho­vich, a esa altura descubrirá uno de las jardincitos más bonitos de Coyoacán, Santa Catarina, enfren­te está la Casa de Cultura de Je­sús Reyes Heroles , la iglesia de Santa Catarina es pequeña, antes de que estuviera ésta hubo una ca­pilla para indígenas, se le permitía la entrada a la iglesia a los indíge­nas, después ya fue construida la iglesia de Santa Catarina, y al cen­tro del jardín está el busto de Fran­cisco Sosa, hay tanta historia en esta calle, que mejor recórrala un sabadito o domingo digo, que tan­to es tantito.

Basta! para que te enredes

49,913FansMe gusta
87,075SeguidoresSeguir
3,981suscriptoresSuscribirte