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Martes 20 Noviembre del 2018
algo de nubes 19°

Qué tanto es Tantitito

Como la vieja Lagunilla

Armando Ramirez

Se va sorprender por los puestos de antigüedades que hay sobre el piso y alrededor de todo el Jardín Ignacio Chávez, haga de cuenta, llega a un mercadito árabe y hay cada personaje de novela, hay una señora grande, rubia, bonita, con su piel arrugada pero no deja de ser hermosa, se llama Casandra y es de origen griego, le vende timbres a los coleccionistas.

Recorriendo el tianguis de la Cuauhtémoc, encontré un hermoso mueble para escribir cartas como se estilaba, un escritorio secret, luego una lámpara de las que usaban a principios de los años 20, imaginé al Presidente Sebastián Lerdo de Tejada escribiendo a la jovencita Manuela o el secreter de viaje de don Benito Juárez y no sólo me mostraron eso, sino una taza y un plato de porcelana hecho en Londres.

Es un gran bazar, encuentra al cuate que vende discos de vinyl, la de gente joven que se arremolina para tener los discos de Black Sabbath y, muchos coleccionistas buscando los discos de Mike Laure o los Tribunos o Frank Sinatra, este jardín los sábados y domingos es un mundo de nostalgias.

No sabía que hay gente que colecciona los juguetes de la Matei y ahora tan de moda las portaviandas, jarras, pocillos de peltre, frascos de los perfumes, es un gozo recorrer este tianguis, me gusta mucho porque me hace recordar a la vieja Lagunilla, cuando todo lo que se vendía eran antigüedades o curiosidades, no que ahora visitar la Lagunilla a excepción los libreros de viejo que están sobre el eje norte 2 y ahora una parte de anticuarios, cada vez son más arrinconados por lugares que venden micheladas, bisutería china; que bueno que este tianguis de Cuauhtémoc conserve la esencia de este tipo tianguis bazar, digo que tanto es tantito.

No es bosque ni es chino…

Armando Ramirez

En el principio se llamó colonia del Imparcial, cuando este periódico era muy importante, pero al paso del tiempo terminó llamándose Clavería.

Sorprende porque en una de las glorietas cercanas al bosque de la China, hay un busto del líder palestino Yasser Arafat. Desde esta glorieta la calle de Clavería muestra la personalidad de Maine Street, es decir la calle principal de la colonia, la calle comercial por excelencia, aquí como en los pueblos gringos están los bares, los lugares de las hamburguesas, el lugar a donde van todos a divertirse; hay cafetines, pizzerías, taquerías, la panadería que al caer la tarde suelta los hervores del pan recién hecho y cuando huele a pan, se abre el apetito.

La calle de Clavería da a un mítico jardín, llamado por la gente, el Bosque de la China, que no es bosque ni es chino, es un jardín que es el centro de la vida social de la gente; los vecinos practican yoga, hacen ejercicio y tiene serenatas como en la época en que José José era un jovencito que, se la pasaba en estos lugares cantando boleros con el trovador Pepe Jara.

El príncipe de la canción José José, intérprete de Gavilán o Paloma o el Triste, aquí nació, en la casa de sus padres, uno cantante de opera y su mamá pianista.

Este jardín donde los novios se van a dar de besos, fue un parque que la familia Matsumoto fundó en la época de Porfirio Díaz. La familia es de origen japonés y ganaron tanto dinero que compraron los terrenos del jardín para hacer uno de estilo japonés. Pero la gente quién sabe por qué confundió a la familia japonesa con una china y el jardín con un bosque, por eso la gente en vez de ver un jardín de japonés vio un Bosque de la China, aunque fueron japonés quienes lo crearon, digo cosas de la confusión, chin, total, que tanto es tantito.

Diferentes tipos de tianguis

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Armando Ramirez

Nada más de curiosear por ahí, se encuentra los recuerdos, como a todos los que crecieron en los barrios, sea el de la San Felipe, el del Salado o el que usted quiera y mande, porque ahora han crecidos los tianguis por toda la ciudad y se han ido transformando. El que recuerdo es el que la gente recorre para encontrase un objeto viejo o grandes obras de arte de la vida cotidiana que fueron de alguna familia importante que las heredó, unas figuritas de porcelana, unos ceniceros de latón, pero art decó, unas camas de la época de la Revolución, etc.

Ahora en cualquier parte hay tianguis de fin de semana y llegan de otros lugares y colocan la mercancía donde les dio permiso la autoridad y ahí van por montones las familias a los tianguis; son enormes restaurantes públicos, y principalmente los sábados, las familias buscan qué comer: como los tlacoyos, tan exquisitos, los de requesón o de haba, frijoles todos haciendo en el comal les echan sus nopales, su salsa, cilantro y queso espolvoreado en garnachas son reyes.

Luego vienen las compras del súper, carne fresca, el pollo, etc. Los puestos de perfumes que están de moda, los tenis de quién sabe dónde pero que se parecen a los que usan las estrellas del deporte y la ropa de moda, por supuesto que todavía están las películas blu-ray, locales de comida orgánica, de repente aparece un yerbero o esotérico o un puesto de libros.

En cambio el tianguis de la Portales, es el de antigüedades, se pueden encontrar desde charolas antiguas que regalaban las cerveceras y refresqueras, una máquina de coser como las que usaban las abuelitas, hasta una pintura con el recuadro maltratado, será de un pintor reconocido y la vendo en un billete. Digo que tanto es tantito.

Nadie saben que están… hasta que los buscan

Este es un canto a los chilaquiles, la pancita y las enchiladas y a los personajes que los venden, incluyo también a los caldos de gallina y los huaraches. Chilangos, ¿qué harán el día después de la despedida del año viejo?, si brindaron toda la noche por el año que llega, y así entre copa y copa baile y baile, piñata retrasada y cena de bacalao, romeritos, lechón, pierna al horno, lomo y pavo, no le quedará más remedio que exclamar: que vengan las otras por el año viejo, y llegan los abrazos por el año nuevo y el primo, la última prima, y el hermano, carnal, la otra carnala, y la comadrita, compadrito, salud. ¿Se imagina cómo queda el cuerpo y más si se duerme alrededor de las tres, las cuatro, las cinco o nos dio el amanecer? Entonces a la hora de despertarse tendrá sed, pide algo para calmar la resaca, y claro, puede buscar otro trago, pero la mayoría pedirá una pancita, unos chilaquiles, unas enchiladas o caldo de gallina.

Y ahí vienen los problemas, ¿a qué hora abren el mercado, vieja? Y la vieja con preocupación, ya tarde, viejo. Y el viejo, pues has unos chilaquiles bien picositos y una cervecita, ¿si quedó? No, viejo, no quedó nada, más que el recalentado y es para comer. Y entonces, pues vamos a pararnos.

Y a caminar por el barrio, la colonia, en busca de doña Xóchitl o doña Lola o como se llame la reina de las garnachas o los desayunos para crudos.

Claro, siempre habrá un paisano que no le quedó otra más que trabajar en año nuevo, y ahí está con la birria bien picosa y las chelas bien helodias, y usted a sentarse en los cómodos bancos del local de birria o tal vez encuentre a la señora de los huaraches con unas costillas y una salsa de chile verde con tomates para borrachos. Y entonces usted dirá: de aquí soy, uy, con qué se la empuja, pues con lo que haya, otra chelita para honrar a su consuelo.

Digo, a lo mejor será doña Amparo y sus caldos de gallinas con sus sopes, o Mari, la de las enchiladas de mole con cebolla y queso espolvoreado y un cafecito de la olla y un alguito más. Sí, estos son los benditos perso

En zona histórica Leona Vicario hasta el santo

Armando Ramirez

En esa época, en esos lugares convivieron grandes personajes históricos de México

EN LA GUERRA DE INDEPEN­DENCIA las mujeres jalaron pa­rejo o más que los hombres, hubo muchas: Mariano Rodríguez Laza­rín del Toro, Josefa Ortiz de Do­mínguez o Leona Vicario.

Les voy a contar de cómo en la casa y cerca de donde vivió Leo­na Vicario los astros de la historia nacional lo señalaron para que por ahí aparecieran personajes impor­tantes de la historia.

Leona Vicario vivó en una casa en la esquina de las calles de Bra­sil y Colombia, frente a la iglesia de Santo Domingo. La casa ahora pertenece a la Dirección de Lite­ratura de Bellas Artes. Ahí, Leona vivió, se escondió y complotó con­tra la corona española y ahí vivió con el político y poeta Andrés Quintana Roo, además el matri­monio a pesar de la guerra y la política se dio tiempo para tener una hija, y parece no era de mal ver porque cuando llegó a hospe­darse en esa casa Antonio López de Santa Anna, era un jovencito ambicioso, ni pensar en su Alteza ilustrísima, le echó el ojo a la hija de doña Leona, pero la hija era lis­ta y no lo peló.

En esa época en esa casa con­viven grandes personajes históri­cos y no solo eso, enfrente, otro gran personaje de la Independen­cia, Fray Servando Teresa de Mier, fue fraile, periodista y diputado, la armó de tos por la Independencia, lo metieron al bote un montón de veces, aquí y en España y donde se paraba, era como Fernández Noroña. No es cierto, fray Ser­vando era una eminencia, un tipo inteligentísimo, muy culto y se la jugaba donde fuera, bueno, ahí frente a la casa de Leona, en San­to Domingo, pararon los restos de Fray Servando, que con el tiempo, se perdieron y su momia anduvo por los circos de Europa, fue en el siglo XX cuando recuperaron la momia del fraile.

En ese mismo siglo XIX, pero en la segunda mitad, en la escue­la de Medicina, el edificio todavía está en Brasil y Venezuela, a me­dia cuadra de la casa de Leona, ahí vivían estudiantes como el poeta Manuel Acuña, quién se suicidó, dice la leyenda, por amor a Rosario de la Peña, pero Acuña era coscolino y depresivo, tenía varias novias y muchas tristezas, por eso se suicidó con cianuro.

¿No le deslumbra que andu­vieran por aquí tantas personali­dades? Ahora si no se ha apanta­llado, ahí le va, a cuadra y media en Belisario Domínguez, vivió el Santo, el enmascarado de plata, digo que tanto es tantito…

En Palacio de Bellas Artes

Armando Ramirez

LA NETA DE LA CORNETA del planeta de la cultura. Hay familias que a lo mejor se les ocurrió entrar a un museo pero cuesta un billete la entrada y multiplicado por cuatro sale caro. Pero, fíjense, los domingos hay un montón de museos que son de entrada gratuita, y la verdad chilango que se crea chilango, lo menos que puede hacer es conocer un domingo el Palacio de las Bellas Artes por dentro.

En domingo la entrada al Palacio es gratuita y créame que no se va a decepcionar, el interior es una maravilla, gran expresión del art decó, con sus escalinatas y columnas de mármol y su ornamentación en bronce, desde que cruza el arco para que no entren personas con objetos peligrosos queda deslumbrado.

El espacio del Palacio se ofrece con amplias escalinatas, y dos principales en el siguiente piso, que llevan a las obras de los grandes muralistas mexicanos, puede empezar a conocer de primera mano la obra de Diego Rivera con un mural, llamado “El hombre controlador del universo”

En 1933 la familia Rockefeller contrata a Diego Rivera para que pinte un mural en el afamado Centro Rockefeller, pero cuando la familia vio la obra terminada mandó a destruirla y todo porque Rivera había pintado el rostro de Vladimir Lenin, el líder; entonces Diego Rivera decide pintar un mural en el Palacio de Bellas Artes, con muchos de los motivos que contenía el de Nueva York.

Esta versión la puede ver en el primer piso del Palacio de Bellas Artes y de gratis, además en ese primer piso puede admirar la obra del genial José Clemente Orozco, el tema es como la sociedad de masas y el desarrollo tecnológico pueden degradar la vida social. No andaba tan equivocado, el mural tiene esos colores explosivos y satíricos de la obra de este gran muralista.

En el mismo primer piso están los murales de David Alfaro Siqueiros, donde se siente la brutalidad y violencia de la conquista de Tenochtitlan por Hernán Cortés; en un muro vemos a Cuauhtémoc junto al señor de Tacuba sufriendo la tortura con el fuego en las plantas de sus pies, mientras Cuauhtémoc estoico soporta el dolor, el señor de Tacuba se retuerce, también esta la obra de González Camarena. Y eso es en el primer piso, imagínese los demás pisos, vaya un domingo al Palacio de las Bellas Artes, que tanto es tantito.

Fin de semana en San Jacinto

fArmando Ramirez

El jardín evoca a los parques de pueblo, donde la gente del lugar pasa la tarde y descansa

EL 12 DE SEPTIEMBRE de 1847 en la plaza de san Jacinto fueron ejecutados los hombres que for­maban el Batallón de san Patricio, formado por más de un ciento de irlandés y un grupo de alemanes que se unieron al ejercito mexica­no para combatir la invasión del ejercito estadounidense. En un muro de una casona de esta plaza hay una placa en cantera donde están grabados los nombres de estos hombres.

La plaza de san Jacinto vale la pena visitarla, tiene su jardín del arte donde pintores venden su obra, en la calle de Juárez, en el mismo jardín, está la casa de Joa­quín Fernández de Madrid y Ca­nal, quién trabajaba de Obispo de Tenagra. La casa años después tuvo habitantes ilustres como el escritor José Zorrilla, autor del famoso Don Juan Tenorio, tam­bién la habitó Antonio López de Santa Anna, sí su ilustrísima, pero cómo no, si era arroz de todos los moles, ahora la casona alberga el Bazar del sábado, un lugar donde venden artesanía de diferentes rumbos del país.

Adelante está la casa de Isidro Fabela, ahora es el Museo del Risco, tiene una gran acervo cul­tural, como la fuente de la casa, está pegada a un muro y ahí se le­vanta sobre el muro una cantidad de objetos de porcelana, se dice llegaron con la Nao de China, era una nave que llegaba del oriente con objetos de aquellas tierras para comerciar, aunque dicen, que no era Nao sino un barco, y no era de China, llegaba de las Filipinas.

El Jardín de san Jacinto evo­ca los jardines de pueblo, donde la gente del lugar pasa la tarde, como los señores mayores, llega­dos del pueblo de Tizapán que charlan con sus amigos en estas bancas. En la esquina con Madero está la célebre cantina La Came­lia, donde los actores jóvenes lle­gan en la noche a hacer su fiesta.

Si a usted no le gusta codearse con la farándula lo puede hacer con el pueblo denso, a una cua­dra del mercado está la cantina La Invencible, es un cuarto, tie­ne dos entradas, el lugar está en penumbras, si entra los pocos pa­rroquianos lo miran con cara de malos amigos. Salimos y al dar la vuelta encontramos el Museo de las Revoluciones, el chiste de esta casona es su leyenda, dice, ahí se escondía Chucho el roto después de cometer sus atracos, por cier­to en esa calle hay un negocios que venden crepas y tortas a la vez, digo que tanto es tantito.

Viaje alucinante en el Metro

Armando Ramirez

A las 9 de la noche en la estación del Metro Pantitlán los Metronáutas llegan como en la vieja película de “Marabunta”, de prisa, ligeritos y sin rosarse, con habilidad bajan las escaleras que conducen a los andenes de los trenes. De repente aparecen unas rejas que impiden el paso a los Metronáutas, aquello es una sinfonía recordándosela a los trabajadores del Metro que les impiden el paso para llegar al andén y abordar su Metro, se ve feo, pero lo hacen para evitar que la gente que está en el andén pueda ser empujada.

Si va por la estación del Metro Pino Suárez en los pasillos de interconexión verá la restauración de la pirámide a Ehécatl, el Dios del viento; lo que vemos al pasar es su adoratorio. Y como si fueran arrojados por Ehécatl llegan Metronáutas a ver un grupo musical que canta boleros y canciones pop, las prisas se van.

Pero nada más es para tomar aire y seguir subiendo y bajando escaleras como en el Metro Tacubaya donde hay murales de Guillermo Ceniceros, que cuentan como los mexicas salen de Aztlán y llegan a la gran Tenochtitlan.

Y no menos para la cultura popular es la estación Guerrero, un templo a los ídolos de la lucha libre, el muro que más me gusta, es donde está el Santo, el Enmascarado de Plata, parece su templo.

En la estación Zapata, en el transbordo a la Línea 12, en sus muros hay reproducciones de la obra de los grandes caricaturistas mexicanos, van de Posada a la Familia Burrón, Naranjo o Rius y, en la estación Chabacano, las mujeres se quitan sus zapatos de tacón alto y se colocan sus “chanclas” y véngase mi Rey y como en el “Quinto patio” bailan bonito y sabroso, toca una orquesta de invidentes salsas y cumbias, al viajar en Metro se descubre que tiene muchos rostros, este es uno, digo que tanto es tantito.

En el Centro hay casas con historia

Armando Ramirez

Los invito a conocer tres casas del Centro Histórico donde vivieron las tres persona que por su culpa tenemos nuestro Himno Nacional, son Jaime Nunó, Francisco González Bocanegra y Antonio López de Santa Anna, los tres no eran chilangos pero vivían en la Ciudad de México.

Empecemos por Jaime Nunó, vivió en la calle de Venustiano Carranza 26, llegó a la Ciudad de México de Cuba invitado por su Alteza serenísima, López de Santa Anna, a quien conoció en la isla bella, el generalísimo andaba de huída y cuando regresó a México para detentar de nuevo el poder le dio el cargo a Nunó de organizar las orquestas militar del país, el catalán tenía fama de buen músico.

A Santa Anna, que era el Presidente y vivía en Palacio Nacional, no le habían gustado los himnos que habían compuesto antes por encargo y convocó a poetas a concursar para crear la letra del Himno Nacional y a los músicos para componer la música, así resultan ganadores el poeta Francisco González Bocanegra y el músico Jaime Nunó. Uno hijo de español y el otro catalán.

González Bocanegra vivió en la calle de Tacuba 48 y por lo visto tenía una novia mandona, Lupita González del Pino, estaba orgullosa de su poeta. Lo obligó a componer la letra del Himno para concursar, se dice que la Lupita llegó a la casa de Pancho y lo encerró en un cuarto, me imagino que le dio entrada y zas que lo encierra y como quería bizcocho, Pancho que se inspira y ahí tienen al “Mexicanos al grito de guerra…”

El Himno Nacional se estrenó en el Teatro Santa Anna, ya no existe, estaba en lo que hoy es la calle de 5 de Mayo y Bolívar, para abrir la calle de 5 de Mayo derribaron ese teatro en tiempos de Porfirio Díaz. Digo, qué tanto es tantito.

Bailar es un buen alcahuete

Armando Ramirez

@uyuyuyy

Lugares para mover el esqueleto en esta época de preposadas, sobran. Lo único que debes hacer es decidirte y asistir

Caballeros y damitas, están a tiempo de agarrar velocidad, pues después del 12 de diciembre se suceden una tras otras las invitaciones a las preposadas y las posadas, y entonces puede no quebrarse la piñata y no rezar las letanías, pero eso sí, el baile no falta; no quiero que los agarren desencanchados, qué va a decir el respetable.

No hay pretexto de que no hay dónde, en la Ciudad hay para mover el bote hasta en un ladrillo. No le digo los jardines de la Ciudadela porque todos los conocen, pero muchos bailarines van a la avenida Hidalgo, que más adelante se convierte en San Cosme, ahí hay lugarcitos donde se baila cumbia de a brinco y la salsa. Son lugares no tan grandes como los antiguos salones de baile, pero tiene el sabor tropiloco con sus pistas para bailar. Ahí puede practicar o desentumir las piernas para la temporada decembrina.

Desde bailes de salón hasta
cumbias de brinquito

No hay que olvidar los salones antiguos que todavía funcionan los fines de semana como el California Dancing Club, salón que surgió en los años cincuenta y organiza sus famosas preposadas, y ni que decir del Salón Los Ángeles, ahí hasta su decoración nos regresa a los tiempos de las rumberas. Imagínense, este salón es de los años treinta, cuando este barrio era frecuentado por los trabajadores del ferrocarril, y si usted baila en esa pista va apantallar a las damitas en las posadas y las damitas deslumbrarán por lo bien que se mueven.

Por los rumbos de Tlatelolco, en un enorme jacalón, está de moda ir a bailar los sábados, ahí llevan grupos tropilocos. No se haga de la boca chiquita, que cuando va a las fiestas de fin de año si está apolillado se hace el ridículo pisando a su pareja y sale la excusa clásica, “perdón, estoy lastimado de mi rodilla”.

Da coraje de ver a los gorrones ir a las fiestas decembrinas y verlos parados viendo como bailan los otros, y los oficinistas sentadotes en sus mesas cuidado al pavo congelado, ¡ni que fuera a volar! mejor póngase a practicar sus pasitos. Y no me diga que porque le gustó la banda Chicago o Nirvana no le dan ganas de sacar a bailar a la rubia que hace latir su corazoncito.

El baile es alcahuete, se comienza con un susurro al oído, mi reina, luego unas vueltecita, y llega el clásico “Entonces qué, morena…”. Digo no importa que sea un reguetón, mejor, total que tanto es tantito…

Un faro alumbra Los Indios Verdes

Armando Ramirez

Ir a santa Isabel Tola es conocer que el cerro del Tepeyac era un cerro sagrado, los indígenas llegaban al cerro a adorar a la dios Cihuacóatl , la que era mitad serpiente y mitad mujer, diosa de la fertilidad, de los partos, la guerrera, no por nada años después surge otro mito fundacional, la aparición de la virgen de Guadalupe en este cerro del Tepeyac.

Por cierto el Cerro del Tepeyac forma parte de la cadena montañosa de la sierra de Guadalupe, hay varios cerros: el del Guerrero, los Gachupines, cerro de Zacatenco, cerro del Tepeyac. Tan importantes para nuestra ciudad, ellos al formar parte de la sierra de Guadalupe evitan que la contaminación, por ejemplo, de Tula, llegue a Chilangolandia.

Este Parque también es importante porque la gente va a correr en las mañanas y hace ejercicio en los pequeños gimnasios al aire libre que están instalados, hay una la palapa principal, está dañada en su techo, pero así y todo da gran sombra, hay bancas de mesitas de piedra para descansar o comer un refrigerio, dicen que en las tardes es inseguro porque está solitario. Los fines de semana me imagino a las familias de colonias como la Gabriel Hernández, la Nueva Atzacoalco, San Felipe, santa Isabel Tola llegar a disfrutar de la sombra de los árboles, hay hasta eucaplitos y cactáceas que le dan una atmósfera prehispánica para pasar un domingo de aire fresco, comiendo sándwiches preparados en casa por la mamá, unas aguas frescas y admirar las vistas maravillosas que nos ofrece este parque de la Ciudad de México.

Al pie se encuentra el antiguo pueblo de Tollan, sus habitantes llegaron a estos lugares antes que los aztecas y los franciscanos construyeron una iglesia barroca que dedicarían a santa Isabel reina de Portugal, entonces el pueblo pasó a santa Isabel Tola, derivación de tollan: el lugar de los tules.

En la calle de Huitzilihuitl 51 hay una casa, fue una fábrica de zapatos, tiene techos de teja, una fuente en el centro, árboles enormes, decenas de pájaros trinando, es el Faro de los Indios Verdes, este fin de semana celebran el año nuevo Náhuatl y en sus cuartos dan talleres artísticos, el acceso es gratuito, son sorpresas que da santa Isabel Tola, digo, que tanto es tantito.

El folclor de la colonia Postal

Armando Ramirez

AHÍ FIJARON SU VISTA LOS TRABAJADORES DE CORREOS PARA EDIFICAR SUS CASAS

La colonia Postal se llamó Unión Postal, pero mucho antes, fue un barrio indígena, recuerde que hasta acá llegaba el lago y cruzaba la calzada de Iztapalapa, una de las calzadas que unían con tierra firme a Tenochtitlan, y ya en tiempos de la Nueva España los indígenas tenían prohibido habitar la nueva Ciudad. Así surgieron nuevos barrios indígenas al sur; hoy, calzada de Tlalpan.

Y en 1919 a iniciativa de los trabajadores del Correo Nacional, agrupados en la Unión Postal, que tenía conexiones con sindicatos en España o Portugal, pidieron al Gobierno, estos terrenos para construir sus casas, los cuales eran un potrero, espacios de hierbas silvestre y jacales de gente muy pobre.

Una de las primeras casas en construir por un empleado de Correos fue la que se ubica en la calle de Reembolsos 48; una placa señala que fue la primera casa en la Postal, por ahí las calles llevan nombres relacionados con el Correo: Estafetas, Giros postales, Correspondencia, Buzones, sí existe una calle con el nombre de Buzones y también, Carteros.

La colonia está sobre la calzada de Tlalpan a la altura de la Carpa Astros, donde el Circo Atayde hace su temporada. Esta carpa pertenece a la Postal. También en la esquina de Giros postales y Tlalpan trabajan personajes que aunque no pertenecen al barrio, son las chicas y los chicos del talón dorado que están ofreciendo sus servicios.

En un viejo local en esa esquina se hacen los nostálgicos futbolitos, ¿se acuerdan, cuando de niños iban a los locales de los barrios y pagaban para jugar en las mesas de los futbolitos, las monedas se echaba en la ranura a mitad de la cancha y los muñequitos eran de colores de los equipos de la liga mexicana, había reta.

También hacen mesas de billar y de Hockey. Cerca del parque Odessa, dan clases de salsa, nada más se escucha la música a todo lo que da, eso sí, los hacen bailar salsa como en los barrios, Tepito, la Ramos Millán, etc. Digo, la clase se riega donde sea, que tanto es tantito.

La Capilla Sixtina chilanga

Armando Ramirez

Para los mexicanos era Vlady, pero su nombre completo fue Vladímir Víktorovich Kibálchic Rusakov, yo creo sus amigos pintores como José Luis Cuevas dijeron, mejor le llamamos Vlady, y así se le conoció, su padre Víctor Serge, escritor e intelectual comunista, fue perseguido por Stalin hasta que lo encerró en Siberia, ahí Vlady aprendió sus primeros conocimientos escolares, había nacido en 1905 en Petrogrado.

El Padre y el hijo anduvieron por toda Europa, hasta que en 1943 Vlady que conocía la obra de Frida Kahlo y Diego Rivera entabló correspondencia y fueron bien recibidos en México, aquí Vlady se nacionalizó mexicano y falleció en Cuernavaca en 2005.

Vlady se convirtió en un artista muy conocido en Europa y formó parte de un grupo llamado de la “Ruptura” donde estaban Cuevas, Felguérez, Gironella. Todo esto viene a cuento porque hay una obra maestra del muralismo mexicano en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, que usted debe conocer. Está en la calle del Salvador, entre Bolívar e Isabel la Católica, por donde pasa el Metrobús, no hay pierde para llegar.

Si usted es chilango que se respete o visitante de la Ciudad, échele un ojito a este mural que se encuentra en los muros de la Biblioteca que fue el Ofertorio de san Felipe Neri, la porta de la entrada es de una belleza barroca que vale la pena admirar, entre y descubrirá una de las obras más hermosas de Vlady, que nos dejó para orgullo de los chilangos, “La Revolución y sus elementos”, es una fiesta del color con referencia a la historia de la humanidad, va del Quijote, a Benjamín Franklin, de Freud, a la toma de la Bastilla, la entrada es gratuita.

Muchos le llaman la Capilla Sixtina chilanga, puede entrar, sentarse en cada uno de los sillones de piel que hay y admirar la obra y si tiene dudas, la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, es una de las más modernas, en sus computadoras puede consultar lo que desee saber o los periódicos antiguos o los del día.

Hay temporadas de música clásica en la capilla, bien vale la pena visitar este hermoso edificio que por culpa de los murales de Vlady deslumbran sus formas y el colorido, una maravilla del muralismo. Y es una lástima que los chilangos no lo conozcan y mejor los extranjeros, digo, está en el Centro Histórico, qué tanto es tantito.

El Mercado L. Rodríguez

Armando Ramirez

Se edificó durante la Presidencia de Abelardo L. Rodríguez siendo jefe del Departamento del DF Aarón Sáenz, era la efervescencia del espíritu revolucionario. En la novela brillaban Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán; en la pintura Diego Rivera, José Clemente Orozco, Siqueiros, y en la Música Carlos Chávez y Silvestre Revueltas, era la época del renacimiento cultural mexicano.

El Mercado es muy grande y se construyo sobre lo que fue la huerta del colegio de San Pedro y San Pablo, y el cementerio, por eso entre los locatarios se dice que al caer la tarde espantan.

El Mercado es concebido con todos los servicios para la población, incluso un restaurant para los invidentes, pues la escuela de éstos está muy cerca, con el tiempo se volvió un mercado de flores y ahora es una plaza comercial, esta en la calle de Colombia y callejón de Girón.

La nave de verduras, legumbres, frutas, carnes, pescado, pollerías y cremería es enorme, su sección que da a la calle del Carmen es famosa por venta de petacas y maletas a excelentes precios, también tiene una biblioteca y un gran valor artístico y cultural pues los que pintan sus muros, en la entrada y patio principal son alumnos de Diego Rivera como Antonio Pujol o Pedro Rendón. Además llegan en esa época artistas de otros países como las hermanas Greenwood, Marión y Grace, quienes pintan murales sobre la minera o la lucha campesina en el cubo de la entrada o el gran escultor Isamu Noguchi, de origen japonés pero ciudadano americano, pinta una obra de arte contra el fascismo, que encuentra en el primer piso de la entrada de Rodríguez Puebla, es donde dan servicio a los jóvenes contra las adicciones. Cuando ande por el Centro échele un ojito, que tanto es tantito.

Pelona pela dientes

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Le llaman la pelona, la tilica, la huesuda, la Catrina, la flaca, es la muerte y permea el folclore, el ingenio del mexicano, se ve en estas semanas que va de la últimas del mes de octubre a las primeras del mes de noviembre de cada año.

Recorrer los mercados públicos es descubrir cómo las manos y la imaginación de los artesanos mexicanos hacen maravillas con la flaca, las hay con cabezas de garbanzo, de papel maché, hueso molido con resinas, madera, gabazo de caña de maíz, cera, de azúcar…

¿De dónde nos viene este culto? De la religión e ideología de los aztecas. Ellos fueron el último grupo de nahuas que llegaron muy jodidos a los lagos del Anáhuac. Y más miserables se sintieron cuando vieron las tierras de las riberas ocupadas por tecpanecas, xochimilcas, texcocanos, etc. que tenían el mismo origen que los aztecas, eran tribus nahuas. Pero como dice el refrán, juntos pero no revueltos, porque después las guerras entre ellos eran de carnicería, fue como los miserables aztecas construyeron su imperio sometiendo a los demás grupos de nahuas.

Con decirles los otros grupos de nahuas les llamaron a los aztecas, mexicas, que significa perros. Los sacerdotes aztecas les inculcaron el culto a la muerte, los elegidos de los dioses, eran feroces y fortalecían su bravura practicando cultos a la muerte, sacrificaban prisioneros, les sacaban el corazón y lo comían, era un culto Huitzilopochtli, creían que así mantendrían la luz del sol, día a día y nunca acabaría, era una acción religiosa, qué horrorizados los españoles, que tampoco fueron recatados para imponer su religión, igual, para evangelizar a los indígenas corrió sangre. Por eso en lugar de condenar o negar hay que entender la actitud religiosa de los aztecas.

Otro culto a la muerte fue creando de amaranto una imagen de Huitzilopochtli, colocaban en la nariz un pico y le ensartaban un corazón, se teñía de sangre el amaranto, esta especie de pan se lo comían, por eso los evangelizadores les enseñaron a los indígenas a hacer un pan de trigo, a la europea, colocaron unas canillas cruzadas y al centro una bolita que simboliza el corazón, lo hornearon, con el tiempo se agregó azúcar y azahar para aromatizarlo, es nuestro pan de muertos que venden en las panaderías, digo, qué tanto es tantito.

Del miedo al agua, al baño público

Armando Ramirez

QUE CHISTOSA ES LA CIVILIZACIÓN, AUNQUE USTED NO LO CREA A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII, LA GENTE le tenía miedo al agua, no eran como los aztecas que felices vivían con el agua, no practicaban el aseo del cuerpo, fue hasta finales del siglo XVIII cuando se discutía en Europa y por influencia en México si se debían de lavarse la cara o solo limpiarla, pensaban que si usaban el agua podían dañar la piel con el frío y el sol.

Es cuando se descubre que la limpieza evita las infecciones en los hospitales, entonces nadie tiene miedo de bañarse o lavarse el cuerpo y surgen un montón de métodos que en la ciudad de México, claro, los riquillos son quienes las usan, por ejemplo el “baño de esponja”, es decir una tina con asiento donde se sentaba el individuo y se tallaba la piel con una gran esponja.

Este tipo de baños eran para curarse de una infección, una diarrea, y estaba el baño para los pobres “de lluvia”, colocaban un bote en lo alto le hacían unos agujeros y se bañaban. Con el tiempo llegó el baño de vapor y las bañeras, ahí estaban las “bañeras de caderas”, eran unas tinas redondas con un respaldo alto y a los lados unas coderas para que la señorita descansara mientras su cuerpo recibía el agua caliente en las partes claves del cuerpo humano. O la tina de “baño de zapatilla”, era la favorita de las mujeres, era lo mismo pero tenía un asiento más cómodo, una forma de zapatito, la gente ahí cabía más cómodamente.

Llegaron los baños públicos muy fifís, como los famosos Vergara, estaban en lo que hoy es la calle de Bolívar, en lo que fue el convento de Betlemitas. Estaban las Albercas Pane, propiedad de un italiano que puso de moda entre las mujeres las albercas y los baños de vapor, turcos y mesas de masaje.

Los baños públicos fueron tan famosos que los invadieron los gays, entre ellos Salvador Novo, Elías Nandino, Xavier Villaurrutia que iban a los baños Bolívar a cazar jovencitos, así y el progreso perdió prestigio el baño público, total, que tanto es tantito

De panteones a panteones

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Para ir en la noche a ver como son los rituales del día de muertos, no es necesario ir a Mixquic, miren que es un pueblo fantástico, pero en estos días se ha comercializado de manera excesiva. A donde vaya encontrará chelas con chamoy y lo que se pueda imaginar: pizzas, hamburguesas y los comerciantes de ahí sufren mucho por la invasión de puesteros que llegan de las diferentes ferias de los pueblos del Edomex y la mú- sica del norte de la República.

Asistir al panteón a la medianoche es un martirio, un montón de estudiantes de universidades privadas van con su cámaras para sacar las fotos “más bonitas” para publicar en Facebook, Twitter o Instagram, y poco a poco va perdiendo la magia antigua del lugar de los mezquites. Y si van en autos váyase con varios días de antelación, hay hostales para dormir, ya ve que la única carretera ese día es un gigantesco estacionamiento.

Pero hay otros panteones que tienen tradición y también son cementerios comunales, me refiero al de Azcapotzalco, todos los pueblos de Azcapotzalco llegan al panteón comunal de san Juan Tlihuaca, que quiere decir lugar de brujos, usted puedo visitarlo sin tanta aglomeración y tener una comunión con los viejos habitantes que preservan la tradición, pero además es tan bonito, está dividido en dos partes, una es para los adultos y la sección de los niños, sus tumbas son alegres, están adornadas con los juguetes que les gustaban a los niños en vida y las tumbas llenas de color, ellos comienzan a las ocho de la noche una precesión y recorren las calles del pueblo y se detienen en los altares callejeros.

Cuando llega a la entrada del panteón es como si llegara a la película de Los Tres García, rezan, llevan sus velas, sus flores, cantan, hay danzantes, mariachis, tamales, atoles, bu- ñuelos, me maravillan los habitantes de San Juan Tlihuaca.

En su mayoría descienden de los tecpanecas. Fueron los mexicas quienes les llamaron chintolos, a los de acá, por tener buenas petacas. Es un pueblo que hay que defender del estrangulamiento que tiene, está rodeado de fábricas, pero enmedio reina el jardín de los ahuehuetes, con sus leyendas, su iglesia y la gente es hospitalaria; todos se acomiden a decirle por dónde llegar al panteón y lo mejor se siente en un pueblo. Digo, que tanto es tantito

De momias y gorditas

Sobre Avenida Revolución, el tramo que dominan la iglesia, el Museo del Carmen…

Armando Ramirez

… la Casa de Cultura Jaime Sabines y el Centro Cultural San Ángel, hacen sin querer un homenaje a la orden de los car­melitas descalzados. Ellos llegaron por estos lares, llamado Tenantitla, que algu­nos traducen como lugar de murallas o de piedras.

Los carmelitas descalzos es una orden muy rigurosa con los votos de humildad, ellos construyeron en 1615 el colegio de San Ángelo Mártir y terminaron en 1624 su iglesia, de ahí que con el tiempo Tena­titla se le llamara San Ángel. Su claustro tenía una huerta, era enorme, imagínese, de avenida Revolución, actualmente ten­dría que cruzar Insurgentes Sur, cruzar el parque de la Bombilla y llegar al barrio de Chimalistac, hasta ahí llegaba su huerta.

Hoy la iglesia sigue sus actividades, por cierto a la entrada de la iglesia hay una señora con un bracero y haces unas gorditas como en La Villa pero con ca­nela, y sobre la acera seguimos por don­de fue el colegio y ahora es el Museo del Carmen, que tiene maravillosas pintu­ras del periodo novohispano, y la misma arquitectura es una belleza; recuerden que fue con las leyes de Reforma que estos bienes de la Iglesia pasaron al go­bierno federal y fue en el año de 1938 cuando inicia sus actividades el Museo del Carmen.

Además contiene las famosas momias del Carmen, es decir del museo, son 12 cuerpos que se momificaron de manera natural, se cree que los cuerpos de estas momias eran de gente del pueblo de Te­nanitla que fueron enterrados en las crip­tas del Colegio de San Ángelo.

Cruzando avenida Revolución se en­cuentra la Casa de Cultura Jaime Sa­bines, es un homenaje a un gran poeta, aquel que escribió, el poema Los Amo­rosos: “Los amorosos juegan a coger el agua/ a tatuar el humo, a no irse./ Juegan el largo, el triste juego del amor”.

Y eso que no contamos el Centro Cul­tural San Ángel, que fue Palacio Munici­pal, digo que tanto es tantito

Halloween a la mexican

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

La neta del planeta de charrolandia, el halloween se acharró, le echaron tanta crema chantilly a sus tacos los de la segunda generación de gringos nacidos en Méxicalpan de la tunas. que el charro aunque se vista de vaquero baila reguetón.

Como decía el maese José Vasconcelos, somos la raza de bronce, la primera expresión de la globalización, antes que muchos pueblos del planeta nacimos mestizos, por eso aceptamos todas las influencias del mundo y nos las comemos en tacos con guacamole.

A las pruebas me remito, aquí el halloween no es como en las tierras de Trump, ni Dios lo quiera, es a la mexicana, mestiza, la calabaza se usa para otra cosa, por ejemplo en tacha, para pedir su calaverita se usan cajas de zapatos, calaveritas de plástico y ahí van los escuincles por la calle como el Chavo del Ocho seguidos por don Ramón y la Chilindrina, no sea que se les vaya aparecer el chupacabras y bailó el halloween.

Pero espérense, a la llegada de la noche del baile, no es como en la película “Viernes trece”, no, ni tampoco como en “Freddy Krueger”, ni como en los relatos de Stephen King, no, en lugar del payaso de It (Eso) sale el Platanito aunque lleve máscara de “Eso” y en lugar de una bruja escaldufa sale un catrina con cara de Frida Kahlo eso sí, con escobeta.

En lugar de un whisky on de rock sale un pulquito curado de cacahuate y en lugar de unos bocadillos aparecen esos Armando Ramírez horrorosos chicharrones de harina que le riegan salsa de la Adelita, ¿no verdad? Quise decir de la Valentina. Y ya encarrerado el ratón, y no es el Miguelito, el amante de la Daisy, sino Pancho el ratón, se grita: aguas con las carteras.

Se comienza con música electrónica y terminan cantando las de Juanga, aquella de “yo no sabía amar hasta que te conocí y me fue de la fregada”, se verá que revolvemos nuestra cultura con la infiltrada, pero somos tan charros que la hacemos de nosotros, como decía conocido crítico cultura: Rigo Tovar aunque se ponga lentes Ray Van gitano se queda y con la sirenita. Hay qué bonito es ser mexicano, no discriminamos más que a los indígenas.

La neta los jóvenes se divierten, muchos haciendo el mestizaje de las costumbre mexicas con las trumpeteanas, digo, lo dicen los sabios del neutle, un campechano siempre es bueno, digo, qué tanto esa tantito.

Y si vivo cien años…

Armando Ramirez

Parece mentira pero ahora que se cumplió el centenario del nacimiento de Pedro Infante en Cuajimalpa, donde tuvo su casa con gimnasio cuentan que se recluía para estudiar sus papeles, que le daba el director Ismael Rodríguez, como cuando interpretó Tizoc.

En el centro de Cuajimalpa se encuentra el Museo de Pedro Infante, tiene muros de un vidrio muy especial y la forma de un enorme cubo, reina en la plaza, en sus muros se reproducen enormes fotografías de escenas de sus películas, vemos a Pedro Infante de motociclista, de oficial del ejercito, huasteco, de Pepe el Toro y si entra al Museo verá los objetos que nos recuerdan sus películas.

Cuentan los habitantes de Cuaji que para interpretar a su personaje en la película Tizoc se compró un burro y ahí andaba por los parajes de Cuajimalpa montando el burro. Y señalan con orgullo el panteón del pueblo, de muros de ladrillo, es un viejo panteón de tumbas con jarrones y lápidas, cristos o vírgenes dominado la cabecera, todo trabajado en piedra, hay unas veredas que se ven desgastadas, nos dicen que ahí fue filmada la escena del entierro de Sarita García en Los Tres García.

También hay un camino a un costado del edificio delegacional, ahí filmaron una escena de la película, igual sucede con el patio de la iglesia, y al recorrer el centro de Cuajimalpa hay la sensación de que todos las personas que andan en Armando Ramírez el jardín conocieron a “Pedrito”. Hay viejecitas que aseguran que de repente llegaba en auto o en moto a comer quesadillas al jardín, era muy tragón, les pregunto si bebía pulque y me dicen que no, en una de las fotografías que exhiben en su Museo, está Pedro en una filmación, espera, está sentado en silla y abajito, cerca de sus pies, hay un vaso con un líquido blanco, un conocedor de la vida de Pedro en Cuajimalpa, me dice que no, me pregunta si no sabía que era diabético, le digo que no, y me explica que por eso tenía un gimnasio en su casa para hacer ejercicio y cuidarse de su enfermedad, cómo la ven.

Por cierto, en donde estaba su casa ahora hay una agencia de autos, pero la memoria colectiva de la gente y su amor por el ídolo de Guamúchil sigue viva entre los habitantes de Cuajimalpa, que siguen silbando “amorcito corazón, digo, qué, son cien años, total, qué tanto es tantito.

En las cantinas… grandes ideas a veces nacen

Armando Ramirez

La cantina salón Madrid es una tradición en el Centro Histórico de la Ciudad De México

HAY UNA VIEJA CANTINA que tiene historia y anécdotas a montones, hace tiempo ahí me encontré a Paul Leduc, el director la primera versión en cine de Frida, que interpretó Ofelia Medina; como hombre de inclinaciones intelectuales estaba con su grupo de actores en esa vieja cantina de la plaza de Santo Domingo esquina con Belisario Domínguez. Luego me encontraría a rockeros, cantantes folclóricos, escritores y periodistas, que iban en busca de un recuerdo y de un mito.

En esa cantina se reunían los líderes estudiantiles del año de 1929, sus manifestaciones no las hacían en el Zócalo, se complacían en recorrer las viejas calles del barrio universitario, San Idelfonso, Licenciado Verdad, Justo Sierra, Moneda, Donceles, Cuba, Brasil, para llegar a la Plaza de Santo Domingo, donde estaban los evangelistas escribiendo cartas de amor, y ahí hacían su mitin.

Luego los líderes entrarían al Salón Madrid a refrescarse y a discutir sus ideas de autonomía para la Universidad, y en un arco de los portales, el de la esquina, hay una placa recordando ese hecho. Fue en el edificio ahora conocido de la Autonomía donde Alejandro Gómez Arias dijo que la Universidad sería Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.

Ni pensar que existiera Ciudad Universitaria. Por eso las calles del Centro era un hervidero de vida estudiantil con cafés de chinos, casas que rentaban cuartos para estudiantes como en Santo Domingo, según narra José Vasconcelos, en sus memorias del Ulises Criollo. En el Salón Madrid tenían tal categoría de tortería exquisita que el dandy de los poetas, el cronista de la Ciudad de México, que en ese momento no lo era, iba a devorarse una torta de pavo.

Es más, hace unas semanas el periodista y novelista Arturo Pérez Reverte escribía en un periódico de España, sobre su nostalgia de cuando estaba en México e iba a esa cantina a tomar café, supongo con brandy, y a leer. El autor del Capitán Alatriste y de La reina del sur era cliente de esa mítica cantina y lamentaba de su extinción.

Y contra la corriente de desapariciones de cantinas en el Centro, ahora volvieron abrir esta vieja cantina de tradición que no sólo es para ponerse chachalacos, sino también para la conversación o pláticar como decimos en Mexiquito lindo y querido, digo, que tanto es tantito

Nacimiento espectacular

Armando Ramirez

En el mes de diciembre surgen muchas tradiciones, quién no hace la posada, crea piñatas, organiza pastorelas, bebe su ponche para el frío y compran sus arbolitos de Navidad, pero hay familias que en sus casas respetan una tradición que los abuelas se las inculcaron, los nacimientos.

Ya saben, cuentan que el primero que organizó un nacimiento y fue de bulto, es decir, hombres interpretando los personajes, fue San Francisco de Asís, precisamente en Asís, una población de Italia, y de ahí al mundo y con los evangelizadores que llegaron con la conquista, catequizaron a los indígenas y para que entendieran mejor la religión católica y sus historias, nada mejor que para explicar el nacimiento del niño Jesús que construir nacimientos con los personajes bíblicos, y mire que aprendieron.

Más de 400 años después la tradición forma parte de nosotros, y por ejemplo, en muchas casas grandes van creando sus nacimientos que año con año le convida a la gente de los barrios cercanos como en el Eje cinco, en el tramo que se llama Playa Villa del mar, en la colonia Marte Militar, ahí ese nacimiento tiene más de treinta años de hacerse con miles de figuras, abarca el jardín y el estacionamiento de la casa, muchas de las figuras son diminutas y otras grandes. El nacimiento se puede ver al paso de los autos sobre el Eje, las rejas y la fachada de las casas están tapizados con lienzos que tienen escenas navideñas.

Llama la atención ver a las familias con sus niños, que con ojos de asombro y alegría ven esta obra plástica donde los miembros de la familia participan, el que es arquitecto crea las maquetas, otros con su trabajo e imaginación colocan el riachuelo, a los beduinos del desierto descansado alrededor de un oasis, también están las casitas propias de esa época en los pueblos del Medio Oriente, austeras y sin ventanas, las palmeras, los pastores que cuidan a sus ovejas, arrean a su ganado, en el Portal María y José y los Reyes Magos que van llegando, arriba la estrella de David, tal vez por eso tan famosos por estos barrios del sur oriente de la Ciudad este nacimiento, está entre Andrés Molina y Plutarco Elías Calles.

En la banqueta hay verbena, puestos donde se venden hot cakes, elote, esquites, buñuelos, atoles, café, los algodones, digo, qué tanto es tantito

Una colonia cosmopolita

Armando Ramirez

EL OTRO DÍA ESTUVE EN LA COLONIA AQUILES SERDÁN, AL ORIENTE DE LA CIUDAD…

Las colonias cercanas son la Romero Rubio, Pensador Mexicano el Peñón de los baños. Lo que sorprende es que sus calles tienen nombres de monedas extranjeras: balboas, es la moneda usada en Panamá, esterlinas, imagino se refieren a la libra esterlina, es la moneda más antigua en circulación y se usa en Gran Bretaña, también está la calle de florines, se usó en Florencia y hay calles como el marco, de uso en los dominios de Ángela Merkel, y calles como dinares, de uso en los países árabes… ¿verdad que asombran los nombres de las calles de la Aquiles Serdán?

Sus calles principales son Puerto Arturo y Transvaal, que se encuentra en Sudáfrica y quiere decir, “más allá del río Vaal”, recorrer estas colonia es aprender.

El mercado es muy moderno, con colores del arco iris y sus puestos están adornados con las frutas, ya saben, las naranjas se van acomodando en pilas o escalones de pirámides, los plátanos en racimos, igual las uvas, entrar al mercado es como entrar a la despensa del barrio, ahí las señoras presurosas piden el coloradito para la sopa. Eso sí, las mujeres de este barrio son bravas, pero ya entrados en plática nos informan que de esta colonia son los futbolistas Germán Villa, ícono del América, y el Jagger Martínez.

Es muy bonita su Plaza Cívica, está a un costado de la iglesia del Sagrado Corazón, ahí las madres y sus hijos que han salido de la escuela se sientan en las bancas a chupar su paleta de hielo, en el centro hay una fuente, son unos juegos de agua que surgen desde el piso y hay una en recuerdo a Aquiles Serdán, iniciador de la revolución mexicana junto con sus hermanos, eran anti reelecionistas y admiradores de Francisco I. Madero, Aquiles murió el 19 de noviembre de 1910, un día antes de que iniciara la revolución, luchando contra la policía de Puebla.

La neta, la Aquiles Serdán es parecida a la Pensador mexicano y la Romero Rubio, por estas colonias cruza la avenida Trasvaal. Y si en la Aquiles Serdán su calles llevan nombres de monedas, en la Romero Rubio son continentes, países y ciudades: Asía, Damasco, Siberia Persia, Jerusalén, Pekín, o sea que acá son internacionales, globalizados, para que no anden con cuentos, digo qué tanto es tantito.

Casa de cultura, y cárcel

El parque de la Pasión donde se dan sus besitos mordelones al caer la nochecita, en el día es un jardín que engalana la parte trasera de la iglesia de la Pasión. Y en el centro se encuentra una casa de cultura llamada José María Velasco, en honor del gran pintor paisajista Velasco, él vivió por estos rumbos de la Villa de Guadalupe.

Y lo más bonito de esta casa de la cultura es su historia, si usted es curioso y comienza a revisar de manera acuciosa la construcción, en la parte trasera encontrará una puerta, esa puerta tiene un arco de cantera que tiene grabadas estas palabra “Cruz Verde” y si sigue recorriendo la construcción entonces a la vuelta encontrará tres puertas, dos pequeñas y una ancha, ésta comunica a lo que son oficinas de la policía encargada de dar seguridad a esta zona, pero las de los lados que parecen ser las puertas originales de la construcción, hay en una de ellas grabada en el arco esta palabra “Comandancia”. Palabra que nos recuerda, en la primera mitad del siglo XX, así se llamaba a las delegaciones de policía. Y en la otra puerta hay esta palabra: “Juzgados”.

Da curiosidad saber que fue antes esta construcción. Por eso fui con el director de la Casa de Cultura José María Velasco y éste me contó que sí, la construcción había sido la treceava delegación de policía, tal parece de malos recuerdos para muchos chilangos de estos rumbos, como castigo por faltas cívicas lo ponían en las mañanas barrer el jardín y los que tenían faltas más graves salían pelones y sin cejas…

El maestro me enseñó las celdas, ahora salones con las antiguas rejas por puertas donde se imparten talleres de danza, música o donde los jovencitos con síndrome de Down reciben atención para integrarse de mejor manera a su comunidad.

Esta casona fue la finca de un español, quien fraccionó esta parte de la colonia Guadalupe Insurgentes, con el tiempo ahí estuvieron juntos pero no revueltos, la comandancia de policía, el recinto de la Cruz Verde y de juzgados, donde se sentenciaba a los ciudadanos que violaban las leyes.

Por cierto, casi a la entrada de la Casa de Cultura hay un busto en bronce de José María Velasco, quien nos dejara maravillosos paisajes del valle de México, cuando era la región más transparente del aire, digo, qué tanto es tantito.

Ahora es la Zona Arco Iris

Armando Ramirez

ZONA ROSA DEBERÍA LLAMARSE ZONA DEL ARCO IRIS, POR LOS COLORES DEL MOVIMIENTO GAY

Pero no siempre fue de restaurantes de pozole, lugares de tortas, quesadillas, pizzerías, chelerías y lugares gays.

En los años 50 esa zona de la colonia Juárez, era sofisticada, se creían de la aristocracia porfiristas, había casas que eran palacetes, principalmente las que estaban sobre el Paseo de la Reforma.

La Juárez se iba a llamar colonia Americana donde los hijos del tío Sam tendrían sus aposentos, pero con el tiempos esta zona tuvo hoteles de prosapia como el Geneve, en la calle de Hamburgo, ya en los años 50 llegaron los intelectuales, era la época de los Beatniks, jóvenes que seguían la moda filosófica del existencialismo del francés Jean Paul Sartre.

Jóvenes vestidos de negro y diciendo que tenían náuseas de la existencia, eran jóvenes cultos, inteligentes, tuvieron su nido en la calle de Génova, la que da al Metro Insurgentes, ahí había un pasaje llamado Jacarandas, tenía salida por la calle de Londres y ahí don Jacobo Glantz tuvo un café (era el padre de la escritora Margo Glantz), el café se llamó Carmel.

Ahí llegaban jóvenes latosos como Carlos Monsiváis y su cuate un pintor llamado Vicente Rojo, luego cayó Alfonso Arau, era cómico y frecuentaba este café y otro que estaba en Niza y Hamburgo, ahí con Monsiváis formaron un grupo llamado los Tepetatles, una parodia de los Beatles; hicieron célebre el himno de la Zona Rosa: Niza y Hamburgo con paraguas de Cherburgo…

En la calle de Génova surgió el café Toulouse Lautrec, de Mauricio Soriana, ahí llegaba el escritor Luis Guillermo Piazza, el periodista Fernando Benítez y se fue formando en esos cafés y galerías la Mafia Cultural de la Zona Rosa.

Por cierto Luis Guillermo Piazza le puso el nombre a la Zona Rosa, decía que no era una zona roja blanca, sino rosa, otros, como José Luis Cuevas decían que le puso Zona Rosa como un homenaje a Rosa Carmina, la célebre rumbera del cine mexicano, y vaya usted a saber, el chiste es que surgió la Zona Rosa, que tanto es tantito.

Basílica de Guadalupe

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Van por miles con un inocultable fervor, parten de la exgarita de Peralvillo, llevan músicos, ofrenda florales y caminan sobre el camellón de la Calzada de Guadalupe, en estos tiempos suplantó al viejo camino al Tepeyac que fue la que ahora conocemos como Calzada de los Misterios.

Pero llegar a la Basílica de Guadalupe es otra cosa, se ve llegar gente de Ecuador, Colombia, Argentina, algunos italianos y muchos de san Luis Potosí, Oaxaca, Veracruz, Tamaulipas, ahí está el mercado de artesanías guadalupanas, un bellísimo cromo hecho con impresión laser en yute.

Los peregrinos entran a la explanada, se persignan ante la Basílica antigua y luego van a la nueva, entran, rezan, se echan agua bendita y depositan una veladora en un lugar especial atrás y afuera de la Basílica, se forman para admirar la imagen de la virgen de Guadalupe.

Algunos visitantes suben el cerro del Tepeyac por las escaleras y los que tienen hambre van al mercadito que está frente a la Basílica, hacen muy sabrosos tacos dorados, birria, caldo de gallina, enchiladas, ahí llegan los peregrinos de otras partes de la República.

Pero hay guías de peregrinos que los llevan a los lugares secretos, a las faldas del Tepeyac, por ejemplo, en la Calzada de Misterios, en la esquina con la casa del pintor José María Velasco, ahí se ve una callecita al fondo y luego otra, en las faldas del cerro, arriba está el cementerio, abajo sobre enclavada en unas rocas hay una vieja casa, unas mujeres hacen quesadillas a la leña y carnes asadas, todos los comensales se sientan a una mesa larga sobre unos tablones con ladrillos, el humo de la leña aromatiza el sabor de la carne, el café hecho a la antigüita (se hierven el grano de café en el agua, se cuela) lo sirven en jarros de barro o pocillos.

Ahora si no gusta de esto, sobre la Calzada de Guadalupe están las cadenas de cafeterías. No busque al Museo de Cera, ni sus luces, visite el Museo de la Virgen de Guadalupe, están los estandartes con las imágenes de la Guadalupana que han usado nuestros héroes, hay hasta un busto de la virgen que era de Maximiliano. Los peregrinos también pueden ir al Museo del Ferrocarril, un lugar donde incluso hay una de las primeras máquinas que dieron servicio en el país, total, qué tanto es tantito.

En la Guerrero, antojitos para fin de semana

Armando Ramirez

EN LA COLONIA GUERRERO son jefes, gourmets de 5 estrellas michelín, sibaritas del asfalto chilango, no es por nada pero hay antojitos para levantar a un crudo, un desvelado, satisfacer a un tragón o a los amorosos. En esos locales hacen cola para degustar sabrosas milanesas, una pancita, un pan recién hecho, un café cortado, unos pulques en jícara para satisfacer al azteca que lleva uno dentro, cocteles tarántulas que rebozan de cangrejos, ostiones, camarones, aguacate y aceite de oliva para dárselas de supermacho.

La colonia Guerrero es donde las águilas devoran los antojitos, vale la pena ir. Dese una vuelta por la esquina sibarita de chilangolandia, aquí encontrará muy sabrosos tamales, esplendidas orejas de elefante pero lo que se lleva la mano del sabor son Los Machetes, y no los que usan como los cañeros para cortar la caña, no, pero son igualitos de forma y de tamaño, haga de cuenta que es una inmensa quesadilla con la forma de un machete, y esa extensión cabe lo que sea.

Como diría el Quijote a Sancho, cuando éste le dice que están ladrando los perro y el Quijote contesta, Sancho es señal de que estamos vivos. Así quedan cuando devoran los machetes de Amparito.

Es la esquina sibarita, Héroes y Luna, todo es cosa que se pare y ojo avizor, en tre los locales que se ofrecen para degustar verá donde el respetable hace cola y no respira, nada más se mueven cuando le anda de la pipí y es que de ver cómo preparan los machetes, da hambre.

Doraditos, crujientes, rellenos de requesón, quesillo, carne, hongos, flor de calabaza, huitlacoche, lo que usted quiera y mande, al fin ustedes son gourmets, expertos en almorzar. En el local de Amparito las mujeres son luchonas, saben acomodar el relleno, eso sí, hay que ser valientes para acabarse un Machete, son enormes y abundantes, la neta de la corneta del tragón, muchos de los comensales comparten y más si son noviecitos o se despertó la pareja con mucha hambre después de una noche farragosa de amor y las familias en sabadito hacen almuerzo familiar, digo, cómase uh machetito, y sabrá lo que es amar en chilangolandia, digo, que tanto es tantito.

Para tragones buen lugar para comer

Armando Ramirez

Es un lugar donde hay de todo, mariscos, comida corrida, carnes asadas, carnitas, buen café y hasta unas gorditas

EL MERCADO Lázaro Cárdenas es para tragones. Y no es para menos, hay de todo, mariscos, comida corrida, carnes asadas, carnitas, buen café y unas gor­ditas que son de muy señor mío, el mercado está en la esquina de avenida Coyoacán y Romero de Terreros, en la colonia Del Valle. En la contra esquina del merca­do hay un edificio muy bonito de departamentos, es como de los años 40, con detalles de art decó, en los bajos tiene una antigua car­nicería, una tienda y otros locales comerciales.

La esquina parece sacada de una películas de hace décadas, la Ciudad de México del medio si­glo, cuando la Del Valle se pobla­ba y el tranvía llegaba por estos rumbos, colonia de clase muy me­dia, donde los trabajadores de la oficinas buscan los lugares sabro­sos del mercado es bonito, es bue­no, sabroso y de precios medios.

Fue inaugurado en el año de 1956, como muchos de los merca­dos públicos antiguos, Martínez de la Torre, la Lagunilla, la Merced, etc. Ahora se ve que al mercado le dieron su manita de gato, crea­ron con la pintura juegos geomé­tricos, muy artísticos, las fondas están muy bien arreglada.

En el interior del mercado hay grandes puestos de fruta y ver­dura, acomodados de una mane­ra estética y lo que todo mundo nos platica es de una cafetería que está en el interior, se llama Passmar, tienen buen café y otras bebidas relacionadas con la cul­tura del café, postres hechos a base de café y venden sanwiches y cuernitos o desayunos.

Las gorditas que venden afuera del mercado son de maíz azul con chicharrón y una salsa muy sabrosa, nada más por es­tas gorditas, tragones, vale la pena visitar este mercado, se llama Lázaro Cárdenas, pero la gente le llama como su barrio: Del Valle Norte.

A un lado del mercado hay una reparadora de zapatos, gran­de, donde a la gente que le es­tán reparando sus zapatos, están sentaditos, quietecitos con sus pies encalcetinados, el hombre que atiende es muy alburero pe­ro unas gotas de humor siempre son bienvenidas.

Comimos en una de las fon­das, las meseras guapas y aten­tas, sirven con alegría, en verdad esto se agradece, pedí una mi­lanesa, viene con 3 enchiladas, arroz abundante, nos dicen que las flautas de barbacoa son ex­quisitas. Un buen fin de semana gourmet es este mercado, hay para todos los gustos, digo, que tanto es tantito…

En Coyoacán calles con un toque antiguo

Armando Ramirez

Recorra y admire el suelo empedrado, casas de hace varios siglos y un halo romántico

LA CALLE DE FRANCISCO SOSA es una de las más bellas en Coyoacán, un sábado o do­mingo puede recorrerla. Debe de empezar en avenida Universidad a la altura de la capilla San Anto­nio de Padua, conocida como de Panzacola, es una capilla sencilla, del siglo XVII.

A un costado de la capilla se erige ante el visitante un puen­te de piedra, debajo cruzan las aguas del Río Magdalena, el puente se llama de Altillo, pero le llaman el puente de Panzacola, el suelo es empedrado y las ca­sonas sobre la calle de Francisco Sosa, algunas de ellas tienen va­rios siglos de antigüedad, la calle tiene un halo romántico, atrévase a caminarla, podrá admirar con tranquilidad, la hermosa Casa del León Rojo del ex presidente Mi­guel de la Madrid (ya fallecido).

A mano derecha está la lla­mada Casa de Sol, en la esquina encontramos una casa de lo que sólo se nos permite ver sus altas paredes, fue la casa del poeta y cronista de la Ciudad de México, Salvador Novo, su casa está en la esquina de Francisco Sosa y Sal­vador Novo, el poeta y cronista tuvo el honor en vida de vivir en la calle que lleva su nombre, Sal­vador Novo.

La casa vista de lejos parece abandonada y enfrente se en­cuentra lo que la gente conoce como la Casa de Alvarado, se­gún la leyenda esta casa la habitó Pedro de Alvarado, en realidad, la casa es más reciente, es del siglo XVIII, su estilo arquitectónico es mudéjar, árabe.

Su puerta está finamente labra­da, la casa ha sido de la SHCP, de la SEP y ahí vivió su último año de vida nuestro gran poeta, don Oc­tavio Paz, Premio Nobel de Litera­tura el último año, ahora la casona es la Fonoteca. Vale la pena entrar.

Adelante encontrará otras ca­sas de parecido estilo, como la Ca­sa de Actuación con técnica rusa, del director de cine Sergio Olho­vich, a esa altura descubrirá uno de las jardincitos más bonitos de Coyoacán, Santa Catarina, enfren­te está la Casa de Cultura de Je­sús Reyes Heroles , la iglesia de Santa Catarina es pequeña, antes de que estuviera ésta hubo una ca­pilla para indígenas, se le permitía la entrada a la iglesia a los indíge­nas, después ya fue construida la iglesia de Santa Catarina, y al cen­tro del jardín está el busto de Fran­cisco Sosa, hay tanta historia en esta calle, que mejor recórrala un sabadito o domingo digo, que tan­to es tantito.

Llegó la Ford…

Armando Ramirez

Una línea de ferrocarril y una fábrica en los años 30 hicieron el milagro de colonizar o fraccionar terrenos cercanos a la Basílica de Guadalupe. Me refiero a colonias como la Industrial, la Guadalupe Tepeyac, la Estrella o la Guadalupe Insurgentes, que de no haber aparecido la fabrica de automóviles Ford y el ferrocarril Hidalgo, estas colonias no serían lo que son.

Imagine que estamos en la ribera del lago, algunos pueblos indígenas viven de explotar la sal y el tequesquite, como la población indígena de Tepalcatitlán, y ocupaban terrenos de colonias como la Industrial o la Guadalupe Insurgentes, y cuando se empiezan a desecar el lago a esas grandes extensiones de terrenos los fraccionadores le echan el ojo, pues la habitaban poca gente y hubo algún rancho que para aumentar su alcurnia le decían hacienda.

Esos terrenos en el siglo XX se vuelven muy valiosos para gente visionaria para el negocio como don Agustín Legorreta y el ingeniero Alberto J. Pani, ellos se dan a la tarea de comprar terrenos y fraccionarlos como la colonia Industrial, y la inauguran el 18 de noviembre de 1926.

En 1930 se instala la planta de automóviles de la Ford al paso de la línea del Ferrocarril Hidalgo, por eso ahora esa avenida amplia se llama Ferrocarril Hidalgo, y la fábrica Ford instala sus oficinas de exhibición y venta de autos sobre la calzada de Guadalupe y Henry Ford, obvio, esa calle se tenía que llamar como el dueño de la Ford, la planta recorría toda esta calle hasta llegar a Ferrocarril Hidalgo donde tenía sus bodegas. Y surgieron muchas más fábricas por esta zona; todavía quedan algunas.

Por eso es que la colonia Industrial se llama así “Industrial”, el país salía de la época violenta de la Revolución Mexicana y se encaminaba lo que llamaban los políticos la industrialización del país. De ahí que las calles de la Industrial tengan nombres de empresas importantes en esos años. Digo, que tanto es tantito