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Qué tanto es Tantitito

2 de Abril, barrio mítico

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

Hay barrios que nacen destinados a la leyenda, como el del 2 de Abril, pertenece a la colonia Guerrero, va de Valerio Trujano al Eje Central y de avenida Hidalgo a la calle de Mina. Surge cuando Porfirio Díaz inaugura la colonia Guerrero, concebida a partir de la creación de Ferrocarriles de México, con su estación de Buenavista, en la colonia Buenavista, vecina a la actual Guerrero.

Los riquillos del régimen porfirista vieron la oportunidad de hacer negocios y tener sus casonas al sur de la Guerrero: Los Rivas Mercados, Joaquín Casasús, Limantour, etc.

Al norte de la Guerrero se fueron a vivir los trabajadores del ferrocarril, por Nonoalco y el barrio de Los Ángeles.

El barrio se llama 2 de abril porque Porfirio Díaz inaugura oficialmente la colonia Guerrero el 2 de abril de 1873, en ese tiempo se conocía a Porfirio Díaz por el héroe de la batalla de 2 de abril, tan importante para expulsar al ejército francés del país, obvio debería de haber una calle con el nombre de esa batalla, 2 de Abril. Saquen conclusiones.

En ese barrio en la calle de la Santa Veracruz una de las familias pudientes tuvo su mansión, la Casa Requena, dicen los que la conocieron era una obra maestra del art nouveau, por cierto, esta familia la llamaba “La Santa” por estar en la calle de la Santa Veracruz, pero los vecinos durante años le dijeron “La Mansión”, a pesar de estar deshabitada y abandonada.

Calles como Pensador Mexicano, Santa Veracruz, Mina, 2 de Abril están atrás de la plaza de la Santa Veracruz y los museos Franz Mayer y el De la Estampa. Era un rumbo pudiente, pero en el siglo XX en la década de los años treinta apareció en Pensador Mexicano el Salón México y por el 2 de Abril las chicas de la vida alegre, todavía en los años ochenta del siglo pasado surgió un cabaret legendario, pasando el mercado 2 de Abril, sobre la calle Mina, el King Kong, donde los intelectuales y los famosos se dejaban ver bailando salsa y por ahí está un teatro Blanquita abandonado, que comenzó siendo la Carpa Margo…

Y frente al mercado se está cayendo un edificio donde despachaba el “el Púas” Rubén Olivares, durante los sismo del 85 por ahí llegó Rigo Tovar a ayudar y dicen que ese edificio escribió su éxito “Qué culpa tengo de ser tan guapo”, digo, qué tanto es tantito.

La Condesa

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

La tercera condesa de Miravalle, cuentan, era un mujer de armas tomar con una riqueza descomunal, allá en el siglo XIX, dueña de grandes extensiones de tierra en Michoacán y otras partes del territorio nacional como también las tuvo en la Ciudad de México, para que le midan el tamaño de su riqueza, tenía una hacienda, la de Miravalle, en esta ciudad, iba de lo que son los límites de la actual colonia Roma, más exacto el pueblo de la Romita, porque no existía la Roma y llegaba hasta los límites con Tacubaya, en donde se encuentra la embajada de Rusia, esa casona formaba parte de la hacienda.

Además esta señora era de alcurnia, descendiente de los condes de Miravalle que el rey de España a sus ancestros les otorgara ese título nobiliario. ¿Y saben por qué? Resulta que esta familia desciende de la hija de Moctezuma y al casarse con un español la llevaron a vivir a España, allá el rey al saber que era hija del emperador Moctezuma decide reconocer su linaje y les otorga el título de condesa de Miravalle.

Ese uno de los orígenes de la riqueza de la tercera condesa de Miravalle, los descendientes ahora viven en España. La hacienda desapareció y en su lugar se construyó el hipódromo y el toreo de la Condesa, pero a finales del siglo XIX también desaparecen el hipódromo y el toreo y fraccionan los terrenos y dan origen a la Condesa, que en realidad son tres colonias: la Hipódromo Condesa, la Condesa y la Hipódromo.

Por ejemplo la calle de Amsterdam es el trazo ovalado de lo que era la pista de carreras del hipódromo y el parque México formaba parte del hipódromo, hoy es la colonia Hipódromo Condesa.

Las colonias fueron diseñadas como la mayoría no lo fueron, con un diseño urbanístico, avenida amplias, arboladas, como la de Nuevo León, poblada de fresnos o glorietas como la de Popocatépetl, se llamó primero plaza de don Quijote, ahí se filmaron escenas de la película Santa con Lupita Tovar y la dirección de Antonio Moreno, en el centro hay un fuente, llaman de la Bomba, tiene parecido con una bomba de agua, es una cúpula de estilo art déco con un agujero en el centro, se dice que en la época del cenit por ahí entran los rayos del sol. Fue una colonia de judíos y ahora de españoles y de intelectuales, digo, échele un ojito, que tanto es tantito.

Casa de una querendona

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

Antonieta Rivas Mercado fue una feminista cuando no estaba de moda serlo, en un país donde el machismo era el pan diario. Y quién era ella. Era hija de Antonio Rivas Mercado, arquitecto que creó la columna de la Independencia, monumento que enseñorea una de las glorietas del Paseo de la Reforma, donde resulta que el Ángel no es ángel sino la figura mitológica de la Victoria alada o sea, es Ángela. Además don Antonio remodeló la casa de los condes de Buenavista, hoy museo de San Carlos. Era el arquitecto favorito de Porfirio Díaz.

Rivas Mercado construyó su casa en una zonas privilegiadas en esos tiempos, la parte de la colonia Guerrero que dominan el jardín, la iglesia y el panteón de San Fernando, cerca de la Alameda Central. Más preciso en la calle de Héroes 145. Es una enorme mansión, no fue el único que lo hizo, hubo otros que decidieron construir ahí sus mansiones, esas casas han sido derribadas o algunas se convirtieron en vecindades y otras estuvieron muchos años abandonadas, como la hermosa mansión de los Rivas Mercado.

La familia emparentó con el rey del pulque, Ignacio Torres Adalid, personaje que dominaba con sus 600 pulquerías el comercios del tlachicotón, en esa época se consumía mucho neutle, todavía no estaba la campaña de las cerveceras que crearon la leyenda de que lo fermentaban con excremento, ahora sabemos que eran puños de granos de café para recoger la acidez de la bebida. Y los granos ya remojados se imaginarán que parecían.

La mansión de la calle de Héroes es enorme, con grandes sótanos, bodegas, muchos cuartos, salones, un jardín que ya no existe, escaleras de herrería artística y pasamanos de madera, grandes ventanales. Esta casa la habitó toda su vida Antonieta Rivas Mercado, una mujer rica mecenas de los poetas llamados Los Contemporáneos, como Salvador Novo o Torres Bodet. Y pintores como Diego Rivera y Frida Kahlo, incluso se enamoró de Rodríguez Lozano, excelente pintor, pero era gay y fue novia de José Vasconcelos, el genial filósofo de la “raza de bronce”. Ella a los 30 años se suicidó en Parías y es una figura legendaria de la cultura en México.

Su casa ha sido remodelada y es una belleza que se encuentra en la colonia Guerrero; ahora es un centro cultural, vale la pena visitarla, digo que tanto es tantito.

Un santo alcahuetón

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

En el día de San Valentín los que andan hasta las manitas sudadas se ven arrastrados en la fiebre de comprar para quedar bien con su pollo, pero la neta para qué comprar amor, mejor regale sus sentimientos netos, una cartita escrita con su puño y letra, póngase poeta para que su amada sepa lo que es amar en tierra de apache. Y usted señorita, qué le parece si con sus propias manitas hace un pastelito en lugar de hacer gastar a su galán, cuando hay amor valen más los sentimientos que los regalos.

Esto viene a cuento porque los enamorados ni saben quién fue San Valentín, no fue por supuesto un flechador de corazones, ni cupido, fue un alcahuete para los jóvenes enamorados. En tiempo del imperio romano, no era bien visto que los jóvenes se casaran, se imaginan, se casaban y ¿quién iría a la guerra? Porque ni modo de dejar a la mujer encargada, bien dicen, amor de lejos es amor de Tan Pendécuaro, ni qué felices los cuatro, ni qué ojos de hacha.

Entonces el emperador prohíbe que los jóvenes se casen para que haya soldados para sus guerras, pero hubo un sacerdote llamado Valentín, que se dijo, cómo hacerles el feo a los enamorados, ni modo que se coman la torta y se van a la guerra y allá se encuentren otra. Mejor los caso aunque el emperador lo haya prohibido, Y se dio a la tarea de casar a los jovencitos. Pero lo supo el Jefazo. En la época de los romanos no había derechos humanos, libertad de credo o el respeto a los usos y costumbres, pobre Valentín, pagó con su cabeza la osadía, se la cortaron.

Entonces los jóvenes empezaron a venerar a Valentín como un santo. Y el Papa Gelasio I declara el 14 de febrero, día de San Valentín. Solo que con los siglos el mentado día se volvió una costumbre de gastar el dinero a lo bestia. En nuestros tiempos el amor es una mercancía. Lo mismo en Francia que en Estados Unidos o en México, en el día de San Valentín se compra amor, surgen los ositos de peluche, los corazoncitos de chocolate, los globos con el “te amo, gorda” y te llevo al restaurante y después al hotel boutique.

Y ni se le ocurra comprar flores, salen tan caras como los litros de gasolina, la neta en eso del amor si lo quieren lo van a cuidar en sus penurias y si no ya sabrá de qué lado masca la iguana, y si se embarca, digo, qué tanto es tantito.

Días de radio y nostalgia

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

Este martes 13 de febrero se celebra el día mundial de la Radio, según proclama de la UNESCO, pero independiente de eso, la verdad es que durante el siglo XX sucesivas generaciones de seres humanos han sido enriquecidos, alimentados o formados a través de la radio. O dígame quién no creció escuchando en su adolescencia, sea en pueblo o en la ciudad, en la Roma o en la Lagunilla, en el radio su programa favorito, donde el locutor era la estrella y dictaba los gustos de los jóvenes, con La hora los Beatles, La hora de Rigo Tovar, La de Juanga, Los Monkees, y las señoras las radionovelas, “Una flor en el pantano”, “ Chucho el roto”, como antes escucharon “El monje loco” o aquella frase de “Dispara Margot, dispara”, con el personaje Carlos Lacroix o últimamente “La mano peluda” y “El panda show”.

Y en la información, aquellos precursores de los noticieros actuales, “El Mundo sigue su marcha” con el lector de noticias Guillermo Vela, el noticiero era redactado por Jacobo Zabludovsky, o los programas de radio con comentaristas como Agustín Barrios Gómez, solo recordemos “Ensalada popof”.

Como diría Woody Allen, son los días de la radio, cuántos jovencitas o jovencitos crecieron con la voz del locutor de la Radio Universal, sigue tan campante hasta nuestros días, Adolfo Zepeda Fernández, con sus “Clásicos de Universal”, o no me digan que ya no lo escuchan en Radio Universal.

Otra voz que acompañó a muchos jóvenes en la época de la música disco fue el locutor Mario Vargas, de Stereo cien para hacerlos sentirse John Travolta, y qué me dicen del locutor de Radio Capital, César Alejandre, con su estiló clásico anunciando “la discoteca de la gente joven”, Radio Capital, no lloren, solo acuérdense.

Para los habitantes de la Ciudad de México la radio ha sido una fuente de información y formación sentimental, cuántos hablaron por teléfono para pedir una canción de Los Pasteles de Verdes o Los Ángeles Negro, digo, la radio es para mucha gente su acompañante perfecto en la soledad, cuántos no se dormían mientras escuchaban en radio 6.20, “Reunión de etiqueta” y la música de las grandes bandas, la radio siempre ha estado en nuestras vidas y no le digo en los amores porque como se dicen, recordar es vivir, ¿o no mis enamorados? total, qué tanto es tantito.

Huipulco… el pueblo

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

A veces al cruzar un lugar un día sí y otro también no se da cuenta de lo que hay por ahí, por ejemplo, la Glorieta de Huipulco. Si bien va, se dará cuenta que está ahí la escultura ecuestre de Emiliano Zapata, cuenta la gente que Zapata cabalgaba por estos lados en tiempos de la Revolución. Pero qué cree, resulta que la original la trasladaron a la Alameda del sur y en compensación les dejaron una copia, ¡chanclas! Están como la fuente del Salto del agua, en el Centro, la original está arrumbada en Tepozotlán y la que ven es una copia.

En esta glorieta estuvo un taller de los tranvías, creo es del tren ligero. En la Ciudad de México hubo bastantes tranvías, (como los que iban a Xochimilco y travesaban el Centro y llegaba hasta la Basílica de Guadalupe) acá estaban a un lado del pueblo de San Lorenzo Huipulco. Sí hay pueblo que le da nombre a la glorieta. Por cierto Huipulco significa, “el lugar donde se destruyen las espinas sagradas del autosacrificio”

Si camina por el pueblo se sorprenderá de caminar por calles empedradas, se curvan y terminan en algún callejón y encontrará la iglesia de San Lorenzo Mártir, que su origen se remonta al siglo XVII, es pequeña con una cruz atrial grande, el atrio es amplio que usan para estacionar autos. En la época de la Nueva España los evangelizadores lo usaban para catequizar a los indígenas, estos no podían entrar a la “casa de Dios” dizque eran paganos ¡que mala onda de los españoles!

Y si sigue hacia la Calzada de Tlalpan encontrará un jardincito, a donde la gente que va de paso se sienta a descansar en sus bancas de cemento, al centro hay un kiosco, pequeño pero bonito, hasta dan ganas de creer que aquí se dan serenatas, pero no es cierto, más bien ha de quedar solitario el lugar en la noche.

En uno de sus muros está pintada la figura de Emiliano Zapata con su ropa de charro, era bueno montando a caballo, siga adelante, por esas callecitas llegará frente a una tortería, tiene más de ochenta años de existencia, en su interior tienen una foto de su lugar en los años treinta, es una construcción antigua con un portal, hay unas mesas, es como en las viejas estaciones de trenes, ahí venden las tortas de quesillo con aguacate más famosas de Huipulco, digo, si le da hambre, total, qué tanto es tantito.

El barrio olvidado

Armando Ramirez

Pocos saben que existe en el Centro de la Ciudad un barrio que se llama San Juan Moyotlán o Moyotla, miles de personas caminan por sus calles, seguro usted lo ha hecho por las calles de Artículo 123, Independencia, Luis Moya, Revillagigedo, López, Ayuntamientos, etc. Y eso es nada más por nombrar algunas de sus calles emblemáticas. En algún momento la gente dejó de mencionar a este barrio por su nombre, pero encuentro en los periódicos de los años cincuenta, cuando el torero Luis Procuna causaba furor en el mundo taurino, lo apodaban “el berrendito de San Juan”, sí, por ser oriundo de este barrio. A propósito se le dice berrendo al toro que tiene diferentes colores en su pelaje, Procuna tenía un mechón blanco en el copete. El barrio de San Juan fue un barrio de toreros, como el inmortal Alberto Balderas, muerto de una cornada a la edad de 30 años y de un montón de novilleros que nunca llegaron pero que conservan su afición al toro, como algunos viejos comerciantes de la calle de Luis Moya, donde usted puede ver motivos de la fiesta brava en sus aparadores de bombas y generadores. Pero el barrio de San Juan fue sede de la fábrica de cigarros del Buen Tono. Y lo es del mercado de San Juan para gourmets. Aquí los afamados chefs de la Ciudad llegan con curiosidad para encontrar magia para sus platillos. Y por si no lo sabía, el barrio chino está en la calle de Dolores, también pertenece al barrio de San Juan. Y en la calle de Ayuntamiento están las instalaciones de la antigua XEW, en esa calle vivió el escritor Artemio del Valle Arizpe, conocedor de la vida en la Nueva España. Y cómo dejar de mencionar los cafetines en estas calles, en un tiempo frecuentado por españoles exiliados. El autor del libro de los nombres antiguos de la calles de la Ciudad vivió en la calle que hoy lleva su nombre, José María Marroquí, ahí hay un jardín con un arco chino y sus leones y una fuente con una figura mitológica. Y está el edificio gótico de la antigua inspección de policía, en los años cuarenta ahí también estuvo la cruz verde donde llegara el cuerpo de León Trosky, después de haber recibido un golpe con un piolet en la cabeza, se cree, por órdenes de José Stalin, digo, hay mucho cosas y hechos más que contar de San Juan, total, qué tanto es tantito.

Alameda de Tacubaya

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

La Alameda de Tacubaya tiene magia, nada más pararse o estar sentado en una de sus bancas descubrirá que la escuela primaria está en el jardín, fue la casa de Justo Sierra, el maestro de América, por su vocación para educar, impulsor de la Universidad Nacional, antes de que fuera Autónoma, un intelectual de primera, diputado, ministro de la Suprema Corte de la Nacional, un hombre que pensó en la educación de los mexicanos para hacer un gran país.

Y entonces recorro con la vista los alrededores y encuentro el obelisco que enseñorea la fuente y me recuerda a los mártires de Tacubaya: en el siglo XIX cuando conservadores y liberales peleaban para imponer su visión de cómo debería ser el país hubo una batalla entre ellos en Tacubaya, perdieron los liberales, fueron hechos prisioneros y ahí mismo los fusilaron, quien firmó la orden fue el conservador Tomás Mejía, quien años después sería fusilado en el cerro de las Campanas junto a Maximiliano, los fusilamientos causaron estupor en el mundo, entre las víctimas estaba un joven escritor Juan Díaz Covarrubias, autor de la novela “El diablo en México”. Juan era un estudiante de medicina, liberal y que se alojaba en un cuarto en la Escuela de Medicina, el mismo cuarto que después ocuparía el poeta Manuel Acuña, quien se suicidaría con cianuro.

Enfrente, sobre la Avenida Revolución está el templo de la Candelaria, tiene más de 450 años de haberse construido. La gente de estos rumbos se prepara para celebrar el 2 de febrero, el día de la Candelaria. Otra cosita antes de la iglesia estuvo un adoratorio dedicado a Cihuacóatl, la diosa de las parteras.

Y en la esquina de José María Vigil y Revolución está el viejo edificio del Palacio Municipal con su reloj destartalado, a la vuelta en la calle hay un comedor público y más atrás el antiguo cuartel de bomberos, es del año de 1935, con su fachada roja y blanca, con los carros estacionados esperando las llamadas de auxilio.

En el jardín hay un busto de Gabriel Siria Levario, mejor conocido como Javier Solís, ídolo de Tacubaya, quien fuera boxeador al igual que otro ídolo de ahí, el Finito López, sí ahí esta el recuerdo del cantante de “Sombras nada más entre tu vida y la mía…” La Alameda de Tacubaya contiene la historia del barrio, qué tanto es tantito

Los baños Lupita

Armando Ramirez

La primera vez que conocí los baños Lupita fue en 1980, eran unos baños públicos que todavía daban servicio a los habitantes del barrio que en su casa no tenían regadera, pero con el tiempo las casas de Tacubaya, todas, tiene sus regadera para bañarse diario, no como en los viejos tiempos cuando la gente se iba a bañar los sábados, tomando su vaporazo y un masaje para el estrés, pero los baños Lupita también eran gimnasio, por eso llegué ahí para entrevistar al Cuyo Hernández, que era una de las vacas sagradas del boxeo de la época de oro.

Ahí estaba el Cuyo Hernández a la orilla del ring viendo cómo boxeaba el boxeador Lupe Pintor, oriundo de Cuajimalpa, y los pupilos del establo del afamado mánager le daban con singular entusiasmo a la pera loca, al costal, o hacían boxeo de sombra, le pedí una entrevista, don Arturo que así se llamaba el Cuyo, me miró con esos ojitos que dominaban su rostro y me dijo con una media sonrisa que sí, me platicó de cómo surgió el apodo del Cuyo, me dijo que de niño era muy peleonero, allá en su barrio de la Guerrero y que una vez, se surtió a otro niño y se fue corriendo a su vecindad, pero al rato llegó el niño llorando con su mamá, entonces la mamá al ver a los niños que jugaban en el patio le preguntó a su hijo: “quién fue” y el niño llorando lo señaló: “ese, el que tiene los ojos de cocuyo”. Y escucharon los demás niños y le comenzaron a decir el Cuyo. Sí en esa época el Cuyo Hernández tenía su establo en los Lupita, había dejados los baños Jordán de Arcos de Belén, desde esa época se hizo célebre el gimnasio de los baños Lupita, cuna de campeones de box, como el Finito López y ahí entrenaron célebres boxeadores como Mike Tyson o Alexis Argüello, o lo visitaron ilustres del boxeo mundial como Don King y George Parnassus, eso sin olvidar que mucho antes aquí forjaba sus ilusiones de ser un campeón de box Javier Solís, que era en esos tiempos carnicero, pero los caminos de la vida lo llevaron a ser un gran cantante de la música ranchera.

Hoy languidecen los baños Lupita, ya no hay servicio de baños, lo que funciona es el gimnasio, llevan un programa social para los jovencitos del barrio para que canalicen su agresividad, quien quita y salga algún campeón de box, como antes, digo, qué tanto es tantito.

¿De qué su nieve?

Como se dice vayan a Tacubaya donde la vida esta bien buena, esta frase la inventé, pero ellos tienen una parecida. Recorrer este barrio es un agasajo, dicen, que es un barrio peligroso pero si uno le sonríe a la gente y respeta, iguanas ranas los vecinos también le sonríen y lo reciben con los brazos abiertos, eso fue lo que sucedió en las nieves de Mi Juanita, la gente hace cola para pedir su nieve ¡en estos días de frío! ¡ya me imagino en días de calor! Con decirles que hasta la bellísima Maribel Guardia llega en su camioneta por sus nieves, bueno, hasta el párroco de la iglesia de San Juan, feliz como lombriz probando su nieve.

La nevería tiene cien años de existencia y sesenta en esta calle de Héroes de 1810, frente del mercado de Becerra, imagínense que el abuelo de los jóvenes que atienden la nevería puso un puesto de lamina por el viejo mercado, estaba por la estación del Metro, eran un puesto, como dice la canción, azul pintado de azul y ahí el papá de la familia González Rosales aprendió el arte de las nieves, sobra decir que el abuelo era de Michoacán.

Y llegaron los tiempos modernos y el puesto se consumió por el fuego, fue cuando se instalaron en esta calle, que me recuerda a la revolución mexicana, esa que ya se me perdió, pero en fin, aquí las nieves de Mi Juanita se volvieron tradición en el barrio de Tacubaya, con decirles que los boxeadores que entrenaban en el gimnasio Lupita, después de entrenar llegaban por sus nieve, lo mismo El Cañas, Carlos Zárate, que El grillo, Lupe Pintor.

Llegué por curiosidad a la nevería, la gente me preguntaba si había ido, como presumiendo de sus nieves, ahí estaban los hermanos González Rosales, orgullosos atienden la nevería, en ella hay fotos de Tacubaya la vieja y una grande del ídolo de Tacubaya, Gabriel Siria Levario, mejor conocido por los amantes del bolero ranchero como Javier Solís, amigo del papá de estos jóvenes, los dos practicaron el boxeo. Otro que iba por su nieve era el ex campeón Finito López, oriundo de Tacubaya la bella.

Probé la de cola de tigre, la de mango con chile, la de pulque, que me hizo creer en los dioses aztecas, también hay de tequila y de beso de ángel y las tradicionales de piña para la niña, de fresa para Teresa y de mamey, digo, qué tanto es tantito.

Fantasmas de Tlatelolco

Armando Ramirez

La iglesia de Santiago Tlatelolco, escriben algunos, se construyó con las piedras de los templos destruidos a la caída de Tenochtitlan y otros que el tezontle se trajo a través de los ríos pues es una piedra muy ligera que flota, lo cierto es que fue Hernán Cortés quién ordenó su construcción en el año de 1522 y se terminaría en el año de 1527, luego reconstrucción y fue hasta el año de 1609 después de sufrir una inundación que se alza la tercera construcción, que es la que actualmente conocemos, fue inaugurada por fray Juan de Torquemada. La iglesia tenía un convento, hoy ocupado por el “Museo de sitio de Tlatelolco, caja de agua”, es una pila para el agua, en sus muros tiene pinturas, pero de eso hablaremos en otra ocasión, ahí mismo se encontraba el Imperial Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco, donde frailes como Bartolomé de las Casas impartían educación universitaria a los hijos de los señores aztecas, daban materias como Filosofía, Lógica, Religión, algunos dicen que se puede considerar la primera Universidad que hubo en México. Ahí, de las voces de estos estudiantes Bartolomé de las Casas pudo recuperar mucho del pensamiento, costumbres, tradiciones y religión de los aztecas, en su libro Historia General de las cosas de la Nueva España. Es tal la importancia de esta iglesia a la caída de Tenochtitlan que Hernán Cortés la dedica a Santiago Apóstol, figura religiosa importante en España, pues en los siglo XV y XVI creían los españoles que durante la guerra de Clavijo se apareció el apóstol Santiago para ayudar al rey Ramiro I a vencer a los moros y así defender el cristianismo en contra de los musulmanes. Esa importancia le dan los españoles que llegaron a Amé- rica a la iglesia de Santiago, pero es inevitable que se le agregue la palabra Tlatelolco al estar la iglesia en lo que fueran los dominios de Cuauhtémoc, último señor azteca. Aquí inicia la conquista espiritual de los pueblos indígenas. Los españoles ordenan la construcción del Tecpan, casa de gobierno donde un señor azteca gobernará a los indígenas, el primero fue Cuauhtémoc ya derrotado, ahora la Tecpan alberga un mural de Siqueiros contando la destrucción del mundo indígenas, está a unos pasos del Paseo de la Reforma, échele un ojito, qué tanto esa tantito.

En la Guerrero, buen café

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Llega a la esquina del encanto y lo primero que se respira es el aroma del café, el molino está moliendo los granos de la aromática semilla, la esquina está en el barrio de la Guerrero, barrio donde se vive el barrio y la vida de barrio es comunitaria, de cuates, todos se conocen y saben degustar una taza de café con una buena plática de política, deportiva, o de uno que otro chisme del barrio. La cosa es convivir con un buen expreso o un vil café negro, mejor conocido como café americano.

La esquina del encanto está en las calles de Zarco y Moctezuma, a una calle del Metro Guerrero, el molino y sus bebidas tienen más de 60 años de existencia y se han heredado de padre a hija, este cafetín molino, tiene dos mesitas sobre la banqueta y un pequeño local, donde hay un viejo molino, de los buenos, una cafetera italiana también de hace años, un tostador de los mejores, cuando se hacían en México y eran diseñados para que los que saben hacerlo le den el tostado adecuado al grano de café.

Además a lado está una panadería artesanal, del mejor pan que pueda probar en esta ciudad, hay el típico pan chino pero también unas conchas hechas como las de antes, un poco más pesadas, unas empanadas de frutas y unos panqués de pasas y lo más bonito uno puede ver al maestro panadero batiendo la masa y metiéndola las piezas al horno y puede oler el pan recién hecho.

En el cafetín hay letreros pícaros como el que dice: “si quiere llegar a viejito, ching… un cafecito”, digo, con todo respeto, por cierto, ya saben que es antioxidante.

Y los forasteros nos enteramos mientras tomamos café que en la calle de Zarco viven las hijas de don Antonio Soto y Gama, el intelectual del zapatismo, en esa misma calle está la casa de los Rivas Mercado, el papá en tiempos de Porfirio Díaz construyó el Ángel de la Independencia, la hija Antonieta fue mecenas de Diego y Frida y también está la casa de Jesús Martínez, el legendario cómico Palillo, y cuentan que de repente se dejan venir viejos boxeadores como el ex campeón mundial Guadalupe Pintor, que entrena o entrenaba en un gimnasio de la Guerrero y así pasa el día porque este lugarcito lo abren a las siete de la mañana y cierran en la nochecita, este es el barrio de la Guerrero, donde la gente platica, qué tanto es tantito.

Personajes de la Guerrero

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Ah las cosas de la historia y lo injusto, los descendientes de Emiliano Zapata no nadan en la abundancia por decir lo menos y los hijastros de Vicente Fox nadan en la abundancia en Miami, digo, está del nabo.

Le voy a contar un poco de historia de un grandísimo personaje de la Revolución mexicana y vivió en la colonia Guerrero y ahí viven todavía sus hijos, ya son mayores, el más grande tiene más de noventa años y la más joven, Albertina, pasa de los setenta años, en medio está Salador y Magdalena, ellos son hijos de Antonio Díaz Soto y Gama, el intelectual del zapatismo, a quien mucho le atribuyen la frase “Tierra y libertad”, fue quien defendió a los campesinos cuando sus demandas de tierra se estaban quedando fuera de la Constitución que promulgó Venustiano Carranza en 1917.

Sus hijos viven en la colonia Guerrero, en la calle de Zarco, en una antigua casa, como hubo muchas a principios del siglo XX, amplia con patio y su fuente y muchos cuartos, pero no era de Díaz Soto y Gama sino de su hermana, quien le dio albergue, pues como buen intelectual no hizo fortuna, al contrario cuando fue maestro universitario, daba clases de derecho agrario e historia, pero escribía sus artículos en los periódicos y sacó boleto en el gobierno de Lázaro Cárdenas por sus críticas y le quitaron las clases de la Universidad y sobrevivió solo con sus colaboraciones periodísticas, él primero vivió en la calle de Violeta y luego en la casa de su hermana en Zarco.

Estuve con sus hijas y su hijo, me enseñaron una pintura, que heredaron de don Antonio, es un retrato de Zapata ¿y saben quién se la regaló? Álvaro Obregón, a pesar de que en la revolución estuvieron en bandos opuestos, y todo porque reconoció Obregón la honradez intelectual de Soto y Gama.

La casa conoció tiempos mejores con vitrales en las ventanas de la cocina, deteriorados pero siguen siendo bellos, tienen un biblioteca con documentos y publicación de Soto y Gama tan mencionado por Octavio Paz, como un intelectual de la revolución y a quien conoció desde niño, pues su abuelo Ireneo Paz y Soto y Gama eran amigos, los dos fueron periodistas y liberales. La verdad, lo que encuentra uno en los barrios, hasta la historia y los descendientes de personajes históricos, total, qué tanto es tantito.

No se hagan rosca…

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

Ya saben, al que le salió el niño en la rosca, se quiere hacer rosca con los tamales el Día de la Candelaria. Lo gacho es que no todos saben por qué es esto de la tradición de partir la rosca, y no es albur sino hechos históricos de la tradición popular, la neta de la manteca.

Les cuento, en la vieja Roma se celebraban una fiestas llamadas Saturnales, en honor del dios Saturno, durante el solsticio de invierno, cuando el día es más largos que la noche, hacían un pan con higos, dátiles y miel al cual le metía una haba y repartían el pan entre la gente, y quien se sacaba el haba era un rey de reyes por un día.

Es en Francia donde se preserva en el siglo XVI esto de partir la rosca, en ese país se llama torta o tarta de reyes y al primer miserable que apareciera le daban una rebanada, la siguiente era para el que llegara sin avisar y la tercera para los ausentes, es decir, los que habían ido a la guerra. Ahora los franceses a la hora de cortar la rosca le tapan los ojos a un niño, hacen que corte una rebanada y la gente le pregunta: ¿para quién es? Entonces el niño dice el nombre e intentar entregar a la persona que dijo, sí acierta en premio será el rey de la casa por un día.

Y la tradición pasó a España ahí le llaman roscón de reyes, llevaba dentro un figurita y una haba, al rebanarla, al que le toque la figurita, es el rey de la fiesta, y si se saca el haba tendrá que pagar el roscón, de ahí el insulto que usan los españoles para señalar a uno de Tan pendécuaro, le dicen: “tontolaba” tonto del haba.

En México se le llama rosca de reyes y debería de parecer una corona de rey, la tradición la trajeron los evangelizadores, aquí se hace en forma ovalada con frutos secos y ahora con rellenos de nata o de crema pastelera, etcétera. Del significado, se dice que la forma de la rosca representa el amor infinito a Dios y el niño oculto en la rosca es porque Herodes, según la Biblia, mandó matar a todos los niños que nacieran en esos días, de ahí el día de los santos inocentes. Y bueno, como al mexicano le gusta la pachanga, pues mejor pretexto para seguir la fiesta que este, el bendito que se saca el niño pagará la tamaliza, pero hasta el día de la Candelaria, 2 de febrero, o sea otra pachanguita, post el puente Guadalupe Reyes, digo que tanto es tantito.

Recuento de los daños

Armando Ramirez

A ver haga el recuento de los daños, como diría la Trevi, del 2017, qué tal le fue en esta Ciudad de los palacios y los gasolinazos, ya vio cómo va a ser el nuevo Reglamento de Tránsito, o sea que su carcachita desde que entre al verificentro la van a ver con malos ojos y no le quiero pregunta cuánto le aumentaron a su salario.

No todo fue tan mal, en muchas colonias tendrán banquetas nuevas, eso sí, después de una buena temporada de estar polveándose hasta las nachas y unos embotellamientos que a los automovilistas de la CDMX los deberían de embotellar como refrescos. ¿Y la delincuencia? ¿Se siente más seguro en las tierras donde se apareció la aguilita o se siente pior que si viviera por los rumbos del Cerro de La Silla? Son preguntas de chilango a chilango. Eso sí, felicidades, ya estrenó nombre su ciudad ahora se llama CDMX, perdón, Ciudad de México, pero ya ve cómo somos los chilangos de flojonazos para hablar, en vez de decir, vivo en el Distrito Federal, contestábamos, en el De Efe, y ahora viven en la Ciudad de México, no en la CDMX.

Estrenamos puentes y pasos a desnivel, pero resultaron como la carabina de Ambrosio, zúrrate esa, fluyen los autos en las vías rápidas pero si se quiere salir tómala mi chafirete, el que hace la cola, la hace más larga, chúpatela, digo, lo que se ganó de tiempo se perdió a la salida, chanclas.

Y con eso de que se liberó el precio de la gasolina están apareciendo por la Ciudad las gasolineras dizque británicas o gringas u otras de no sé dónde y las de Pemex. Para mí cómo dijo el ínclito ciclista Porfirio Remigio, cuando le preguntaron si sus rivales, un ruso y un gringo, los veían pelón, y él contestó, para mí que son hojaldra con cajeta.

Ya entramos al capitalismo, la competencia mejora los precios, miren, en una vale 16. 52 y en otra 16. 55 o 16. 53, o sea como el tío Lolo, eso sí los litros de gasolina siguen cómo antes, bien medidos para que no digan que dan litros de 900 mililitros, y por más que los automovilistas voltean a ver el medidor de la bomba de gasolina cuando le grita el despachador, ¡en ceros! Y usted ve los ceros que se transforman en friega en cientos de varos uy se va con la sensación de que, volvieron a verle la cara de oriundo de Tanpendécuaro, han de decir, qué tanto es tantito.

Nadie saben que están… hasta que los buscan

Este es un canto a los chilaquiles, la pancita y las enchiladas y a los personajes que los venden, incluyo también a los caldos de gallina y los huaraches. Chilangos, ¿qué harán el día después de la despedida del año viejo?, si brindaron toda la noche por el año que llega, y así entre copa y copa baile y baile, piñata retrasada y cena de bacalao, romeritos, lechón, pierna al horno, lomo y pavo, no le quedará más remedio que exclamar: que vengan las otras por el año viejo, y llegan los abrazos por el año nuevo y el primo, la última prima, y el hermano, carnal, la otra carnala, y la comadrita, compadrito, salud. ¿Se imagina cómo queda el cuerpo y más si se duerme alrededor de las tres, las cuatro, las cinco o nos dio el amanecer? Entonces a la hora de despertarse tendrá sed, pide algo para calmar la resaca, y claro, puede buscar otro trago, pero la mayoría pedirá una pancita, unos chilaquiles, unas enchiladas o caldo de gallina.

Y ahí vienen los problemas, ¿a qué hora abren el mercado, vieja? Y la vieja con preocupación, ya tarde, viejo. Y el viejo, pues has unos chilaquiles bien picositos y una cervecita, ¿si quedó? No, viejo, no quedó nada, más que el recalentado y es para comer. Y entonces, pues vamos a pararnos.

Y a caminar por el barrio, la colonia, en busca de doña Xóchitl o doña Lola o como se llame la reina de las garnachas o los desayunos para crudos.

Claro, siempre habrá un paisano que no le quedó otra más que trabajar en año nuevo, y ahí está con la birria bien picosa y las chelas bien helodias, y usted a sentarse en los cómodos bancos del local de birria o tal vez encuentre a la señora de los huaraches con unas costillas y una salsa de chile verde con tomates para borrachos. Y entonces usted dirá: de aquí soy, uy, con qué se la empuja, pues con lo que haya, otra chelita para honrar a su consuelo.

Digo, a lo mejor será doña Amparo y sus caldos de gallinas con sus sopes, o Mari, la de las enchiladas de mole con cebolla y queso espolvoreado y un cafecito de la olla y un alguito más. Sí, estos son los benditos perso

Crema a sus tacos

Armando Ramirez

A veces a los chilangos nos gusta ser hijos del ninguneo y no nos damos cuenta de una gran cantidad de cosas de las cuales podemos pararnos el cuello con nuestra Ciudad.

O ya las quisieran tener los habitantes de otras ciudades del mundo. Ahí le van unas cuantas para que documente su orgullo de ser chilango este 2018. Esta ciudad cuenta con la universidad más grande del mundo y una de las más importantes, la conocemos como la UNAM, ninguna en el mundo tiene tantos estudiantes, ni tantos laboratorios, es una de las ciudades universitarias más bellas con sus salas de conciertos, de teatro, para ver cine, con un buen de museos, un estadio de futbol, un circuito universitario excelente y no le sigo porque van a llorar los pumas.

La Alameda Central fue el primer jardín público que hubo en una ciudad en América. Y el hospital de Jesús, fue el primer hospital de América. Y el Zócalo es la segunda plaza más grande del planeta tierra, tan solo detrás de la plaza Roja del Kremlin. Y para que se quede con el ojo cuadro, esta ciudad, así como la ve, es la segunda en el mundo con más museos, más que Ciudades como París, Nueva York, Berlín, Madrid o Tokio tan solo superada por la ciudad de Londres, para que le mida el agua a los camotes.

El Metro, sí el Sistema de Transporte Colectivo de la CDMX es el más barato del mundo y uno de los que más gente traslada diariamente, 5.5 millones de usuarios al día, 1,800 millones al año. Y el Centro Histórico tiene más palacios y palacetes que cualquier ciudad de América. Es más, el bosque de Chapultepec es dos veces más grande que el Central Park de Nueva York. Y más zonas arqueológicas dentro de la Ciudad que ninguna en el mundo: en Tlatelolco, en Cuicuilco, en Santa Cruz Alcapixca, Xochimilco, Cerro de la Estrella, Iztapalapa, Cerro Mazatépetl, Magdalena Contreras, Templo Mayor, Zócalo, Templo de Ehécatl, Metro Pino Suárez y sin contar la gran cantidad de iglesias del siglo XVI, XVII, XVIII que la hacen única.

La Ciudad de México como ninguna en el mundo fue construida sobre unos lagos y a pesar de los pesares aquí en la zona Metropolitana viven y conviven más de 20 millones de chilangos, créanlo es algo alucinante y un milagro diario, que como diría el Galileo, y sin embargo, se mueve, digo, qué tanto es tantito

Del DF a la CDMX

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

En el principio la antigua ciudad se llamó México Tenochtitlan y México Tlatelolco, la ciudad estaba dividida en dos porque estos grupos náhuatl llamados mexicas fueron los últimos en llegar, otros grupos náhuatl (por ejemplo, los Xochimilcas) habían llegados antes. Los mexicas divididos unos prefirieron asentarse por los rumbos de Tlatelolco y los otros en la isla de la luna –ahora el Zócalo–, pero los dos grupos náhuatl formarían los que llamamos la gran Tenochtitlan.

Así, la primera ciudad que existió erigida en una isla en el medio de los lagos fue levantada por los mexicas que habían llegado, como todos los chilangos de lejos, ellos decían que venían de Aztlán, que hasta la fecha los especialistas no han podido ubicar en qué parte del norte se ubicaba, hay una creencia que estaba por Nayarit, pero es eso, creencia, no hay certeza científica.

A la llegada de los españoles a todas estas tierras del imperio azteca le llamaron el Virreinato de la Nueva España, era el año de 1535 y a la Ciudad de Tenochtitlan parece que la fuerza popular le dio en llamar ya no México-Tenochtitlan, sino como testimonian las cartas de españoles que enviaban a sus familiares en España, se ubicaban en la Ciudad de México. Y en el años 1545 el Rey de España reconoce a la ciudad por cédula real como “La muy noble, insigne, muy leal e imperial Ciudad de México”.

Así transcurren siglos hasta que en 1823 al proclamarse la primera República Federal, sustituía a imperio de Agustín I (Iturbide), se decide que la Ciudad de México se llame Distrito Federal, eso lo aprueba el Congreso en el año de 1524, pues en esta ciudad residirán los poderes de la Unión. Y así evitar que un Estado de la República Federal sea más importante que otro, pero surge el centralismo del Distrito Federal.

En el año de 2016 hubo una reforma política que ordena cambiar el nombre al Distrito Federal por el de la Ciudad de México, con su propia Constitución, como cualquier estado de la Republica; así, en este 2018 desparecerá en todo paso burocrático y papeleo el Distrito Federal y por ley se debe llamar Ciudad de México, y las delegaciones políticas ahora son alcaldías y los delegados, alcaldes. Digo, que se les quite la costumbrita de decir que viven en el “deefe”, total, qué tanto es tantito.

El barrio de Peralvillo

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

El tiempo vuelve invisible a barrios que fueron importantes como el Peralvillo, un barrio tan típico que inspiró a Alejandro Galindo para hacer la película Los Fernández de Peralvillo, o a Francisco Martínez de la Vega, a crear el detective Peter Pérez de Peralvillo. Es un barrio que se confunde con Tepito, su avenida principal es la calle de Peralvillo, parte del Eje uno norte y termina en la antigua garita de Peralvillo.

El barrio pertenecía a Tlatelolco y se llamaba Atenantitech, en náhuatl significa “bordo de piedra”. En la época de la Nueva España la gente de la Corona española se da cuenta de la cantidad de pulque que se consume y construyen una garita para el pago de impuestos a la entrada norte de la ciudad y aunque también por ahí entraban otras mercancías le llaman “la Aduana del pulque”. Era un bello edificio de estilo barroco, la construcción fue mutilada para abrir al norte el Paseo de la Reforma, lo que queda del recinto lo ocupa el Museo Indígena, antes ahí fue una pre-vocacional del Politécnico, también fue el Instituto Matías Romero, de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Si camina por Peralvillo rumbo a la Basílica de Guadalupe podrá admirar su hermosa fachada tallada en cantera, actualmente la entrada del Museo es por el Paseo de la Reforma.

La avenida Peralvillo prolongaba en tiempos de Tenochtitlan la Calzada del Tepeyac, una de las calzadas que comunicaba a la ciudad con pueblos asentados en la tierra, no sobre los lagos. En la época novohispana Peralvillo es la avenida por donde entran a la ciudad los europeos que llega por Veracruz, aunque seguía siendo un barrio indígena poco a poco fueron ganado terreno las casas de los criollos, que no podían darse el lujo de vivir alrededor de la plaza Mayor, hoy el Zócalo.

Al tomar el poder Porfirio Díaz al barrio de Peralvillo le sonríe la fortuna, por el rumbo se instalan fábricas como la de vitrales de Claudio Pellandini, las casas de la Fundidora de los Talleres del Coro, etc. ahora son jacalones abandonados, unas cuantas construcciones sobreviven en buen estado como la iglesia, el edificio Marina, expresión del art decó y vecindades como la de dos salidas, que cuentan fueron caballerizas de don Porfirio y se puede admirar, digo, no hay que ser, qué tanto es tantito.

El pueblito que huele a mole

Armando Ramirez

San Pedro Atocpan es un pueblo que sabe hacer buen mole. Pero ojo, no confundir Atocpan con Actopan, que es una comunidad en el estado de Hidalgo donde hacen buena barbacoa. Pero hoy voy escribir sobre San Pedro Atocpan, Atocpan es un vocablo náhuatl y significa “tierra fértil”.

San Pedro tiene fama hacer un exquisito mole, por eso su feria anual del mole tiene tanto éxito, pero no crean que tienen mucho tiempo de hacerlo, digo, comparado con Puebla o Oaxaca, no tantos años. La tradición del mole viene desde la época de los aztecas, le llamaban “molli” y era una salsa hecha con diferentes chiles. Fue en el siglo XIX, a la consumación de la Independencia, que se populariza entre la gente criolla el mole, por culpa de unas monjas poblanas, pero antes ya se hacía en Oaxaca, aunque cada quién a su estilo, una cosa es el mole poblano y otro el mole amarillo o el negro o de otros rumbos del país.

El de San Pedro Atocpan es más reciente, todo comenzó en el año de 1947, y aquí la necesidad incentivó la imaginación y la creatividad. Algunas familias comenzaron a hacerlo e ir a venderlo a la Merced. ¿Y qué creen?, que la pegan. Con el paso de los años gustó y las demás familias de San Pedro se pusieron también a hacerlo y surgió el famoso y exquisito mole de San Pedro Atocpan Y como en San Pedro la gente es luchona, se unieron y crearon su Feria del Mole para promocionarlo más y venderlo tanto para cocinar en sus casas como para degustarlo ahí mismo. Y miren, de nuevo la volvieron a pegar.

Pero no quedó ahí la cosa, ahora la gente de San Pedro, habilita sus casas como fondas los fines de semana, donde se vende mole recién cocinado con pollo, guajolote o en enchiladas. Y mire, ahora muchas familias ya no salen de la Ciudad los fines de semana, sino que van a pueblear ahora dentro de la Ciudad.

En el sur de la Ciudad de México hay pueblos mágicos: Mixquic, Tláhuac y sus canales o San Pedro, que como pueblo es muy bonito con su jardín en el Centro, su iglesia, sus expendios con diferentes tipos de mole y molinos antiguos. Incluso una avenida que, dicen, por ahí pasan los difuntos para llevarlos a enterrar. Y sus casas que son de zaguán amplio y están abiertas, permitiéndo ver las mesas y las sillas donde se pueden sentar y comer mole. Digo, qué tanto es tantito.

Nacimiento espectacular

Armando Ramirez

En el mes de diciembre surgen muchas tradiciones, quién no hace la posada, crea piñatas, organiza pastorelas, bebe su ponche para el frío y compran sus arbolitos de Navidad, pero hay familias que en sus casas respetan una tradición que los abuelas se las inculcaron, los nacimientos.

Ya saben, cuentan que el primero que organizó un nacimiento y fue de bulto, es decir, hombres interpretando los personajes, fue San Francisco de Asís, precisamente en Asís, una población de Italia, y de ahí al mundo y con los evangelizadores que llegaron con la conquista, catequizaron a los indígenas y para que entendieran mejor la religión católica y sus historias, nada mejor que para explicar el nacimiento del niño Jesús que construir nacimientos con los personajes bíblicos, y mire que aprendieron.

Más de 400 años después la tradición forma parte de nosotros, y por ejemplo, en muchas casas grandes van creando sus nacimientos que año con año le convida a la gente de los barrios cercanos como en el Eje cinco, en el tramo que se llama Playa Villa del mar, en la colonia Marte Militar, ahí ese nacimiento tiene más de treinta años de hacerse con miles de figuras, abarca el jardín y el estacionamiento de la casa, muchas de las figuras son diminutas y otras grandes. El nacimiento se puede ver al paso de los autos sobre el Eje, las rejas y la fachada de las casas están tapizados con lienzos que tienen escenas navideñas.

Llama la atención ver a las familias con sus niños, que con ojos de asombro y alegría ven esta obra plástica donde los miembros de la familia participan, el que es arquitecto crea las maquetas, otros con su trabajo e imaginación colocan el riachuelo, a los beduinos del desierto descansado alrededor de un oasis, también están las casitas propias de esa época en los pueblos del Medio Oriente, austeras y sin ventanas, las palmeras, los pastores que cuidan a sus ovejas, arrean a su ganado, en el Portal María y José y los Reyes Magos que van llegando, arriba la estrella de David, tal vez por eso tan famosos por estos barrios del sur oriente de la Ciudad este nacimiento, está entre Andrés Molina y Plutarco Elías Calles.

En la banqueta hay verbena, puestos donde se venden hot cakes, elote, esquites, buñuelos, atoles, café, los algodones, digo, qué tanto es tantito

San Juan, lugar gourmet

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Las tradiciones no se hacen de la noche a la mañana, pasan siglos hasta que forman parte de nuestras costumbres, como el mercado de San Juan, que aunque hay lugares que quieren ser como este Mercado les falta la tradición. Y a San Juan le viene con la historia.

Ahora se han puesto las pilas ante la competencia y han remodelado su mercado, casi está terminado, pero no quisieron que terminaran la obra en estos días de fin de año, porque es la temporada buena. Llegan las cenas de Nochebuena las de Año Nuevo, las Posadas, las despedidas de fin de año y ellos son reyes en eso de vender los productos que se usan para esos días porque hacen buena mesa incluso con productos exóticos pero riquísimos como la hormigas chiclayana, los gusanos de maguey, el jabalí, la víbora y lo del mar, que no vean, ahora han surgido hasta lugarcitos donde cocinan como chefs con estrellita michelín.

Y bueno, ya conocen que aquí la antigua dieta prehispánica se puede conseguir como el ahuautle o los escamoles, los gusanos de maguey o los alacranes que ahora se estila comer de botana, como también los chapulines con ajo y chile piquín con su vasito de mezcal.

Bueno y todo esto para decirles que el Mercado de San Juan viene desde la época prehispánica, antes de llamarse San Juan se llamó en la Tencotitlan Moyotla, el lugar de mosquitos, era uno de los barrios más importantes y coo tal tenía un tianguis importante que siguió después de la caída de Tenochtitlan y que los evangelizadores llamaron San Juan Moyotla.

Durante siglos estuvo en lo que es el jardín y calles adyacentes, era enorme, con decirles que cuando el Regente Uruchurtu quiso hacerles su mercado público, tuvo que hacer cuatro porque no cabían en uno. Por eso surge el mercado de san Juan en la calle de López y Arcos de Belén y el palacio de las flores, en Luis Moya y Ernesto Pugibet y el de artesanía en Aranda y Ayuntamiento y el de Ernesto Pugibet de carnes exóticas.

No fue siempre así, en el 1985 comenzaron a darle un giro, más carnes exóticas, especies de muchas partes del mundo, locales donde venden tapas y baguettes muy celebradas con quesos manchego, provolone, jamón serrano, salami aceite de oliva, buen pan y su copa de vino, y harta hambre, digo, hasta no verte Jesús mío, qué tanto es tantito.

Bailar es un buen alcahuete

Armando Ramirez

@uyuyuyy

Lugares para mover el esqueleto en esta época de preposadas, sobran. Lo único que debes hacer es decidirte y asistir

Caballeros y damitas, están a tiempo de agarrar velocidad, pues después del 12 de diciembre se suceden una tras otras las invitaciones a las preposadas y las posadas, y entonces puede no quebrarse la piñata y no rezar las letanías, pero eso sí, el baile no falta; no quiero que los agarren desencanchados, qué va a decir el respetable.

No hay pretexto de que no hay dónde, en la Ciudad hay para mover el bote hasta en un ladrillo. No le digo los jardines de la Ciudadela porque todos los conocen, pero muchos bailarines van a la avenida Hidalgo, que más adelante se convierte en San Cosme, ahí hay lugarcitos donde se baila cumbia de a brinco y la salsa. Son lugares no tan grandes como los antiguos salones de baile, pero tiene el sabor tropiloco con sus pistas para bailar. Ahí puede practicar o desentumir las piernas para la temporada decembrina.

Desde bailes de salón hasta
cumbias de brinquito

No hay que olvidar los salones antiguos que todavía funcionan los fines de semana como el California Dancing Club, salón que surgió en los años cincuenta y organiza sus famosas preposadas, y ni que decir del Salón Los Ángeles, ahí hasta su decoración nos regresa a los tiempos de las rumberas. Imagínense, este salón es de los años treinta, cuando este barrio era frecuentado por los trabajadores del ferrocarril, y si usted baila en esa pista va apantallar a las damitas en las posadas y las damitas deslumbrarán por lo bien que se mueven.

Por los rumbos de Tlatelolco, en un enorme jacalón, está de moda ir a bailar los sábados, ahí llevan grupos tropilocos. No se haga de la boca chiquita, que cuando va a las fiestas de fin de año si está apolillado se hace el ridículo pisando a su pareja y sale la excusa clásica, “perdón, estoy lastimado de mi rodilla”.

Da coraje de ver a los gorrones ir a las fiestas decembrinas y verlos parados viendo como bailan los otros, y los oficinistas sentadotes en sus mesas cuidado al pavo congelado, ¡ni que fuera a volar! mejor póngase a practicar sus pasitos. Y no me diga que porque le gustó la banda Chicago o Nirvana no le dan ganas de sacar a bailar a la rubia que hace latir su corazoncito.

El baile es alcahuete, se comienza con un susurro al oído, mi reina, luego unas vueltecita, y llega el clásico “Entonces qué, morena…”. Digo no importa que sea un reguetón, mejor, total que tanto es tantito…

Basílica de Guadalupe

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Van por miles con un inocultable fervor, parten de la exgarita de Peralvillo, llevan músicos, ofrenda florales y caminan sobre el camellón de la Calzada de Guadalupe, en estos tiempos suplantó al viejo camino al Tepeyac que fue la que ahora conocemos como Calzada de los Misterios.

Pero llegar a la Basílica de Guadalupe es otra cosa, se ve llegar gente de Ecuador, Colombia, Argentina, algunos italianos y muchos de san Luis Potosí, Oaxaca, Veracruz, Tamaulipas, ahí está el mercado de artesanías guadalupanas, un bellísimo cromo hecho con impresión laser en yute.

Los peregrinos entran a la explanada, se persignan ante la Basílica antigua y luego van a la nueva, entran, rezan, se echan agua bendita y depositan una veladora en un lugar especial atrás y afuera de la Basílica, se forman para admirar la imagen de la virgen de Guadalupe.

Algunos visitantes suben el cerro del Tepeyac por las escaleras y los que tienen hambre van al mercadito que está frente a la Basílica, hacen muy sabrosos tacos dorados, birria, caldo de gallina, enchiladas, ahí llegan los peregrinos de otras partes de la República.

Pero hay guías de peregrinos que los llevan a los lugares secretos, a las faldas del Tepeyac, por ejemplo, en la Calzada de Misterios, en la esquina con la casa del pintor José María Velasco, ahí se ve una callecita al fondo y luego otra, en las faldas del cerro, arriba está el cementerio, abajo sobre enclavada en unas rocas hay una vieja casa, unas mujeres hacen quesadillas a la leña y carnes asadas, todos los comensales se sientan a una mesa larga sobre unos tablones con ladrillos, el humo de la leña aromatiza el sabor de la carne, el café hecho a la antigüita (se hierven el grano de café en el agua, se cuela) lo sirven en jarros de barro o pocillos.

Ahora si no gusta de esto, sobre la Calzada de Guadalupe están las cadenas de cafeterías. No busque al Museo de Cera, ni sus luces, visite el Museo de la Virgen de Guadalupe, están los estandartes con las imágenes de la Guadalupana que han usado nuestros héroes, hay hasta un busto de la virgen que era de Maximiliano. Los peregrinos también pueden ir al Museo del Ferrocarril, un lugar donde incluso hay una de las primeras máquinas que dieron servicio en el país, total, qué tanto es tantito.

Jamaica es un carnaval

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Es una fiesta del color y el ambiente decembrino se huele, se siente en cuanto se llega al mercado de Jamaica, cercado antiguamente por canales como el de La Viga y otros que se pierden en la memoria del siglo pasado.

En el mercado de Jamaica se le llenan los ojos del color, de alegría y nostalgia, nada más de observar las enormes piñatas de siete picos (que representan los 7 pecados capitales) que con sus colores y formas alucinantes, y de cómo las familias las cargan en la parte alta de sus camionetas y los niños brinca de alegría.

¿Se acuerdan del dale, dale, no pierdas el tino porque si lo pierdes de un palo te empino? Pues este mercado en esta temporada me parece el más hermoso de la Ciudad de México, hay que visitarlo en familia porque es un gusto ver los arbolitos de Navidad, son de Perote, Veracruz, aunque también los hay canadienses y el musgo, su verde frescor, el gris del heno, los colores de los personajes en barro de los nacimientos navideños y el rojo de las flores de Nochebuena, son las que dan su color al mes de diciembre.

Y los dulces, la colación: Órale, Petra, sal del rincón con la colación: Órale Pancho no te hagas que falta la colación. Están la canastitas de papel con múltiples colores, las luces, que son la alegría de los niños cuando saltan sus chispas y las velitas, se huele, se siente, el olor de la fruta de las piñatas.

También están los portales con las figuras de María y José, el buey, la vaca, los tres Reyes Magos, van a pie por las veredas, los riachuelos y las cascadas, los pastores están aquí y allá. Y allá la estrella de Belén que guía a los Reyes, más allá los faroles típicos de Navidad. Y el olor de la fruta: tejocotes, cañas, guayabas. Y los trozos de piloncillo, las rajitas de canela, para hacer un sabroso ponche.

Y la parafernalia decorativa de las esferas, las tiras de luces, los festones, las coronas, las estrellas, los muñequitos de tela que son angelitos, Reyes Magos o Santa Claus, que expresan la maravilla de la creatividad humana en las fiestas decembrinas. Y claro caminando en Jamaica hace hambre, uy hay unos huaraches, mmm, sabrosos, los famosos huaraches de Jamaica con una costilla encima con salsa verde o roja y café de la olla para el frío, ¡provechito! digo, qué tanto es tantito.

Jamaica es un carnaval

Armando Ramirez

Es una fiesta del color y el ambiente decembrino se huele, se siente en cuanto se llega al mercado de Jamaica, cercado antiguamente por canales como el de La Viga y otros que se pierden en la memoria del siglo pasado.

En el mercado de Jamaica se le llenan los ojos del color, de alegría y nostalgia, nada más de observar las enormes piñatas de siete picos (que representan los 7 pecados capitales) que con sus colores y formas alucinantes, y de cómo las familias las cargan en la parte alta de sus camionetas y los niños brincan de alegría.

¿Se acuerdan del dale, dale, no pierdas el tino porque si lo pierdes de un palo te empino? Pues este mercado en esta temporada me parece el más hermoso de la Ciudad de México, hay que visitarlo en familia porque es un gusto ver los arbolitos de Navidad, son de Perote, Veracruz, aunque también los hay canadienses y el musgo, su verde frescor, el gris del heno, los colores de los personajes en barro de los nacimientos navideños y el rojo de las flores de Nochebuena, son las que dan su color al mes de diciembre.

Y los dulces, la colación: Órale, Petra, sal del rincón con la colación: Órale Pancho no te hagas que falta la colación. Están la canastitas de papel con múltiples colores, las luces, que son la alegría de los niños cuando saltan sus chispas y las velitas, se huele, se siente, el olor de la fruta de las piñatas.  También están los portales con las figuras de María y José, el buey, la vaca, los tres Reyes Magos, van a pie por las veredas, los riachuelos y las cascadas, los pastores están aquí y allá. Y allá la estrella de Belén que guía a los Reyes, más allá los faroles típicos de Navidad. Y el olor de la fruta: tejocotes, cañas, guayabas. Y los trozos de piloncillo, las rajitas de canela, para hacer un sabroso ponche. Y la parafernalia decorativa de las esferas, las tiras de luces, los festones, las coronas, las estrellas, los muñequitos de tela que son angelitos, Reyes Magos o Santa Claus, que expresan la maravilla de la creatividad humana en las fiestas decembrinas. Y claro caminando en Jamaica hace hambre, uy hay unos huaraches, mmm, sabrosos, los famosos huaraches de Jamaica con una costilla encima con salsa verde o roja y café de la olla para el frío, ¡provechito! digo, qué tanto es tantito.

Y si vivo cien años…

Armando Ramirez

Parece mentira pero ahora que se cumplió el centenario del nacimiento de Pedro Infante en Cuajimalpa, donde tuvo su casa con gimnasio cuentan que se recluía para estudiar sus papeles, que le daba el director Ismael Rodríguez, como cuando interpretó Tizoc.

En el centro de Cuajimalpa se encuentra el Museo de Pedro Infante, tiene muros de un vidrio muy especial y la forma de un enorme cubo, reina en la plaza, en sus muros se reproducen enormes fotografías de escenas de sus películas, vemos a Pedro Infante de motociclista, de oficial del ejercito, huasteco, de Pepe el Toro y si entra al Museo verá los objetos que nos recuerdan sus películas.

Cuentan los habitantes de Cuaji que para interpretar a su personaje en la película Tizoc se compró un burro y ahí andaba por los parajes de Cuajimalpa montando el burro. Y señalan con orgullo el panteón del pueblo, de muros de ladrillo, es un viejo panteón de tumbas con jarrones y lápidas, cristos o vírgenes dominado la cabecera, todo trabajado en piedra, hay unas veredas que se ven desgastadas, nos dicen que ahí fue filmada la escena del entierro de Sarita García en Los Tres García.

También hay un camino a un costado del edificio delegacional, ahí filmaron una escena de la película, igual sucede con el patio de la iglesia, y al recorrer el centro de Cuajimalpa hay la sensación de que todos las personas que andan en Armando Ramírez el jardín conocieron a “Pedrito”. Hay viejecitas que aseguran que de repente llegaba en auto o en moto a comer quesadillas al jardín, era muy tragón, les pregunto si bebía pulque y me dicen que no, en una de las fotografías que exhiben en su Museo, está Pedro en una filmación, espera, está sentado en silla y abajito, cerca de sus pies, hay un vaso con un líquido blanco, un conocedor de la vida de Pedro en Cuajimalpa, me dice que no, me pregunta si no sabía que era diabético, le digo que no, y me explica que por eso tenía un gimnasio en su casa para hacer ejercicio y cuidarse de su enfermedad, cómo la ven.

Por cierto, en donde estaba su casa ahora hay una agencia de autos, pero la memoria colectiva de la gente y su amor por el ídolo de Guamúchil sigue viva entre los habitantes de Cuajimalpa, que siguen silbando “amorcito corazón, digo, qué, son cien años, total, qué tanto es tantito.

Convento de Jesús María

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

El convento de Jesús María fue uno de los más deslumbrantes de la Nueva España. Basta leer la crónica que escribió el intelectual novohispano, don Carlos Sigüenza y Góngora, sobre la construcción de este convento. Tuvo por huésped ilustre a Catalina de los Ángeles, hija ilegítima del Rey de España, Felipe II, se dice estaba afectada de sus facultades mentales, si usted ve las dos entradas de la iglesia de Jesús María notará en lo alto de los arcos una corona, son coronas reales, el convento estaba bajo la protección del Rey de España, siendo el único en América con esta bendición real, el Rey le aportaba 40 mil ducados al año al convento.

Aquí también se hizo monja sor Juana Inés de la Cruz, luego abandonaría este convento por el de San José de Gracia y terminaría sus días en el de San Jerónimo.

Pasaron los siglos y llegaron los tiempos en que se aplicaron las leyes de la Reforma y los conventos pasaron a manos del gobierno, era el año de 1861, salieron a la venta y se vendieron los locales y cuartos para ser habitados o en comercios. Por eso a principios del siglo XX en lo que fue el convento de Jesús María estaba el cine Mundial, además había una sala de baile y un billar y el resto era una vecindad.

En el siglo XX la iglesia es devuelta a los sacerdotes, solo que algunos de ellos también han cooperado con la destrucción del convento, hace años Armando Ramírez un sacerdote tuvo una brillante idea para estacionar su auto dentro de la construcción, como la entrada que está en la división de la iglesia y el convento era muy estrecha, al padrecito se le ocurrió ampliar la entrada para que cupiera su auto y destruyó el arco de cantera y tezontle de la entrada, pero quedó rebonito su garage con cortina metálica y un anuncio que dice, “Entrada, no estacionarse”.

Con los sismos de septiembre pasado la iglesia sufrió daños severos, tiene unas hendiduras a la mitad de la nave, van del suelo al techo, lo mismo se ven desde el interior de la iglesia que por la calle de Jesús María.

Por cierto, hace pocos años, en lo que quedó del convento el Gobierno de la Ciudad iba a hacer un centro cultural y quedó en sueños guajiros, ahora iglesia y convento languidecen y solo queda un opaco resplandor del convento real, digo, ni un ojito le echan, total, qué tanto es tantito.

Sullivan, de noche y de día

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

La calle de Sullivan en la colonia San Rafael, es legendaria de noche, ahí trabajan las hetairas, las bellas de noche, calle a donde los chilangos ansiosos se pierden en la oscuridad de la noche para encontrar sus cinco minutos de placer, pero la calle de James Sullivan es más que las noches cálidas.

Aquí estuvo una estación de ferrocarriles, la Estación Colonia, antes de que existieran las calles de Sullivan, fue en los tiempos de don Porfirio Díaz y un poco antes, esta Estación Colonia conectaba hasta Nuevo Laredo.

Gracias a un gringo, un empresario aferrado a su visión de que el negocio era bueno, se llamó James Sullivan y llegó a México por 1860 para convencer a los gobiernos de la época que se construyeran líneas de ferrocarril hacia los Estados Unidos, se lo propuso a Manuel González, a Lerdo de Tejada y a Porfirio Díaz. Y sí construyó su estación y talleres Colonia, en donde ahora está una unidad médica del IMSS que por cierto se llama Colonia. Las instalaciones llegaba hasta Reforma e Insurgentes.

Ahora ya saben por qué la calle se Sullivan recibió el nombre de James Sullivan, pero esta calle tiene sus atractivos, de día está la ANDA y su teatro Jorge Negrete, en la calle de Altamirano que se asoma a Sullivan. Un poco decaída la Asociación de Actores pero se ve a viejos actores ir a las oficinas de la ANDA.

Más adelante, esquina Rosas Moreno, está la Gayosso, ahí el gran caricaturista Rius, el de los supermachos, trabajó cuando era un joven y en sus ratos libres creaba sus caricaturas que lo harían célebre.

Y está el Jardín del Arte, ya saben, las galerías, si no son famosos los pintores o escultores es difícil que exhibían las obras de artista jóvenes, por eso en el año de 1955 se creó con artistas desconocidos el Jardín del Arte, ahora por diferentes rumbos de la ciudad hay un Jardín del Arte.

En frente está el Museo del Eco, donde se celebra la obra de Mathias Goeritz, creador de las Torres de Satélite, este artista mexicano de origen alemán, antes que el museo ahí estuvo el Teatro de Cleta.

Y no les cuento del Monumento a la Madre los sismos del 9/17 le pusieron en su mandarina a la estatua a la Madre, bueno, esto es un poquito de lo que hay en la calle de Sullivan, de día, jóvenes, digo échenle un ojito, qué tanto es tantito

El Jardín del mestizaje

Armando Ramirez

En el año de 1978 el presidente José López Portillo y los reyes de España, Juan Carlos de Borbón y Sofía, inauguraron el Jardín del Mestizaje, un jardín muy especial al norte de la Ciudad.

Ese jardín se llama del mestizaje, ahí hay varias fuentes y esculturas que simbolizan el mestizaje de los mexicanos. A la entrada del jardín por Insurgentes Norte, nos reciben las esculturas de Ahuizótl e Izcóatl, emperadores aztecas, Ahuizótl, fue un viejo sabio y gran conquistador que ensanchó el imperio de Tenochtitlan, y su nombre quiere decir, “espinas de río”. Izcóatl fue rey joven, con fama de reformador, y su nombre significa: “serpiente de obsidiana”. Ellos dos tienen la prestancia de los guerreros aztecas y la gente los conoce como los “indios verdes”.

Da mucha tristeza verlos, es increíble la de aventuras que han tenido estas dos esculturas hechas en bronce, que han andado por varios rumbos de la Ciudad y que por las inclemencias del tiempo los hongos los han cubierto y convertido en “indios verdes”.

Bueno estos emperadores aztecas en 1978 recibieron a los reyes de España, quienes conocieron la fuente de los danzantes, representan las diferentes danzas regionales del país, también la escultura de Lola Beltrán, la cantante de ranchero por excelencia. Más al norte se encuentra un conjunto de esculturas de Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza, uno con un borrico y don Quijote con su caballo Babieca.

Y como conjunto escultórico principal está una fuente al centro del jardín, hay dos figuras muy llamativas, una es un guerrero azteca y la otra es un soldado español, los dos unidos por una columna de la que surge el cuerpo de una mujer, es decir, la patria, es el país, el conjunto representa el mestizaje del cual ha surgido nuestro país, México.

El jardín se encuentra a unas calles del cerro del Tepeyac y la Basílica de Guadalupe, ejemplo del mestizaje, ahí está la religión católica que trajeron los españoles y las creencias antiguas que veneraban a Tonantzin en el cerro del Tepeyac y la virgen de Guadalupe, que se le apareció a Juan Diego, los indígenas a la virgen del tepeyac le llamaban Tonantzin Guadalupe.

Y está la Calzada del Tepeyac que se transformó en una calzada católica, la de los Misterios, puro mestizaje, digo, qué tanto es tantito.

Basta! para que te enredes

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