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Qué tanto es Tantitito

Los baños Lupita

Armando Ramirez

La primera vez que conocí los baños Lupita fue en 1980, eran unos baños públicos que todavía daban servicio a los habitantes del barrio que en su casa no tenían regadera, pero con el tiempo las casas de Tacubaya, todas, tiene sus regadera para bañarse diario, no como en los viejos tiempos cuando la gente se iba a bañar los sábados, tomando su vaporazo y un masaje para el estrés, pero los baños Lupita también eran gimnasio, por eso llegué ahí para entrevistar al Cuyo Hernández, que era una de las vacas sagradas del boxeo de la época de oro.

Ahí estaba el Cuyo Hernández a la orilla del ring viendo cómo boxeaba el boxeador Lupe Pintor, oriundo de Cuajimalpa, y los pupilos del establo del afamado mánager le daban con singular entusiasmo a la pera loca, al costal, o hacían boxeo de sombra, le pedí una entrevista, don Arturo que así se llamaba el Cuyo, me miró con esos ojitos que dominaban su rostro y me dijo con una media sonrisa que sí, me platicó de cómo surgió el apodo del Cuyo, me dijo que de niño era muy peleonero, allá en su barrio de la Guerrero y que una vez, se surtió a otro niño y se fue corriendo a su vecindad, pero al rato llegó el niño llorando con su mamá, entonces la mamá al ver a los niños que jugaban en el patio le preguntó a su hijo: “quién fue” y el niño llorando lo señaló: “ese, el que tiene los ojos de cocuyo”. Y escucharon los demás niños y le comenzaron a decir el Cuyo. Sí en esa época el Cuyo Hernández tenía su establo en los Lupita, había dejados los baños Jordán de Arcos de Belén, desde esa época se hizo célebre el gimnasio de los baños Lupita, cuna de campeones de box, como el Finito López y ahí entrenaron célebres boxeadores como Mike Tyson o Alexis Argüello, o lo visitaron ilustres del boxeo mundial como Don King y George Parnassus, eso sin olvidar que mucho antes aquí forjaba sus ilusiones de ser un campeón de box Javier Solís, que era en esos tiempos carnicero, pero los caminos de la vida lo llevaron a ser un gran cantante de la música ranchera.

Hoy languidecen los baños Lupita, ya no hay servicio de baños, lo que funciona es el gimnasio, llevan un programa social para los jovencitos del barrio para que canalicen su agresividad, quien quita y salga algún campeón de box, como antes, digo, qué tanto es tantito.

La calle donde vivía en vida…

Armando Ramirez

JUAN DE DIOS PEZA Y LUIS GONZÁLEZ OBREGÓN VIVIERON EN LA MISMA CALLE, LA ENCARNACIÓN

Así se llamaba la calle que hoy tiene el nombre de Luis González Obregón, lleva ese nombre como un homenaje en vida al cronista de la Ciudad e historiador Luis González Obregón, autor de libros como Las Calles de México, sí tenía su casa en el 9 de la calle de La Encarnación y Juan de Dios Peza, en el 14 y 16, en los dos casos en esas casas hay placas informando que ahí vivieron esos hombres ilustres.

Lo más probable es que don Luis y Juan de Dios hayan coincidido en esa calle, Juan de Dios Peza falleció en 1910 y Luis González Obregón en 1938, sus casas casi estaban frente a frente, la de Juan ahora es un hostal, y la casa de don Luis es un edificios de oficinas.

La calle de la que escribo está entre Brasil y Argentina y uno de los costados es del edificio de la SEP. Por cierto, antiguamente se llamó la calle de La Encarnación porque en los terrenos que ocupa la SEP son donde estaba el convento de La Encarnación ahora tan sólo queda la capilla, aun se puede ver su frente enrejado con sus cúpulas que dominan la vista de esta calle Luis González Obregón.

Se imaginan al cronista González Obregón y autor del libro “México Viejo”, platicar con el ilustre poeta Juan de Dios Peza sobre las leyendas de la Ciudad de México, sabiendo que Juan había escrito años antes en verso leyendas de las calles de la Ciudad, como la del Niño Perdido, la calle de la Amargura, etc. Los libros de González Obregón como los de Dios Peza hasta la fecha se leen.

Pero Juan es uno de los mejores poetas del siglo XIX, baste como muestra este haiku: Como una pluma/ meciéndose en el viento/ así me dejas.

Hoy en la calle de La Encarnación se encuentra una de las entradas del Colegio de México a donde las mentes brillantes del país dan sus conferencias cada año, como las dieron Octavio Paz o Carlos Fuentes, es una calle con una cantina en la esquina con Argentina, el Salón España, dan buena botana y en la esquina con Brasil hay una joven mujer que prepara unos tlacoyos como si fueran para el Tlatoani Moctezuma, con frijolitos, nopalitos, quesito, lechuga abundante y con sabor, digo que tanto es tantito.

La Papa… y báilale mi Rey

Armando Ramirez

EL DÍA DE LA SANTA CRUZ ANDUVE POR LA LOMA DEL PADRE, EN CUAJIMALPA Y CELEBRAN CON TODO

Con bandas de viento, harta comida y chinelos, me gusta mucho verlos bailar y hacer ejercicio al ritmo de una banda.

La Loma del Padre, está a 15 minutos en auto del centro de Cuajimalpa, la gente es muy amable, tiene su iglesia de la Santa Cruz, y andaban de manteles largos y a las personas que organizan las festividades y tienen sus responsabilidades, no les llaman como en otros pueblos, mayordomos, les llaman fiscales.

Y sí a un fiscal le tocó dar comida, y se lució como los guapos de la Papa, con un platillo de nopales con chile y carne de cerdo, uf, aunque no quiera se chupa los dedos y si quería repetir, todo era cosa de pedir y llegaba el exquisito platillos con tortillas, arroz con chicharos y carnita de cerdo; me explicaron que donde se encuentra la iglesia de la Santa Cruz se llama la Papa y me explicaron porqué.

Hace muchos años, era un camino solitario, son vecinos del bosque del Ocotal, está a la orilla de la carretera México Toluca, al lado contrario se encuentra La Venta. Y por aquí llegaban caminantes y como el camino es de subida llegaban cansados y hambrientos, en este lugar se ponían localitos donde podían comer los forasteros, entrando con singular entusiasmo a la “papa”, de ahí se le quedó el nombre al lugar, que unidos con la Loma del Padre organizan esta fiesta de la Santa Cruz que dura cuatro días, con música, comida, danza, y algo más.

Lo que más me gusta es la danza de los chinelos, que quiere decir en náhuatl, “los que mueven los pies y la cadera”, es una delicia verlos danzar, evocan por sus vestimentas la danza de los moros y cristianos, son pura imaginación casi siempre largas batas o capas, con máscaras para ocultar el rostro, bailan al ritmo de los instrumentos de vientos, hasta uno se pone a bailar a brinco y brinco y movimientos de caderas y a darle.

Esto sucede en la CDMX, en la alcaldía de Cuajimalpa, para que vean, que hay rumbos de la ciudad tranquilos y con grandes tradiciones, digo que tanto es tantito

¿De qué su nieve?

Como se dice vayan a Tacubaya donde la vida esta bien buena, esta frase la inventé, pero ellos tienen una parecida. Recorrer este barrio es un agasajo, dicen, que es un barrio peligroso pero si uno le sonríe a la gente y respeta, iguanas ranas los vecinos también le sonríen y lo reciben con los brazos abiertos, eso fue lo que sucedió en las nieves de Mi Juanita, la gente hace cola para pedir su nieve ¡en estos días de frío! ¡ya me imagino en días de calor! Con decirles que hasta la bellísima Maribel Guardia llega en su camioneta por sus nieves, bueno, hasta el párroco de la iglesia de San Juan, feliz como lombriz probando su nieve.

La nevería tiene cien años de existencia y sesenta en esta calle de Héroes de 1810, frente del mercado de Becerra, imagínense que el abuelo de los jóvenes que atienden la nevería puso un puesto de lamina por el viejo mercado, estaba por la estación del Metro, eran un puesto, como dice la canción, azul pintado de azul y ahí el papá de la familia González Rosales aprendió el arte de las nieves, sobra decir que el abuelo era de Michoacán.

Y llegaron los tiempos modernos y el puesto se consumió por el fuego, fue cuando se instalaron en esta calle, que me recuerda a la revolución mexicana, esa que ya se me perdió, pero en fin, aquí las nieves de Mi Juanita se volvieron tradición en el barrio de Tacubaya, con decirles que los boxeadores que entrenaban en el gimnasio Lupita, después de entrenar llegaban por sus nieve, lo mismo El Cañas, Carlos Zárate, que El grillo, Lupe Pintor.

Llegué por curiosidad a la nevería, la gente me preguntaba si había ido, como presumiendo de sus nieves, ahí estaban los hermanos González Rosales, orgullosos atienden la nevería, en ella hay fotos de Tacubaya la vieja y una grande del ídolo de Tacubaya, Gabriel Siria Levario, mejor conocido por los amantes del bolero ranchero como Javier Solís, amigo del papá de estos jóvenes, los dos practicaron el boxeo. Otro que iba por su nieve era el ex campeón Finito López, oriundo de Tacubaya la bella.

Probé la de cola de tigre, la de mango con chile, la de pulque, que me hizo creer en los dioses aztecas, también hay de tequila y de beso de ángel y las tradicionales de piña para la niña, de fresa para Teresa y de mamey, digo, qué tanto es tantito.

En la Guerrero, buen café

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Llega a la esquina del encanto y lo primero que se respira es el aroma del café, el molino está moliendo los granos de la aromática semilla, la esquina está en el barrio de la Guerrero, barrio donde se vive el barrio y la vida de barrio es comunitaria, de cuates, todos se conocen y saben degustar una taza de café con una buena plática de política, deportiva, o de uno que otro chisme del barrio. La cosa es convivir con un buen expreso o un vil café negro, mejor conocido como café americano.

La esquina del encanto está en las calles de Zarco y Moctezuma, a una calle del Metro Guerrero, el molino y sus bebidas tienen más de 60 años de existencia y se han heredado de padre a hija, este cafetín molino, tiene dos mesitas sobre la banqueta y un pequeño local, donde hay un viejo molino, de los buenos, una cafetera italiana también de hace años, un tostador de los mejores, cuando se hacían en México y eran diseñados para que los que saben hacerlo le den el tostado adecuado al grano de café.

Además a lado está una panadería artesanal, del mejor pan que pueda probar en esta ciudad, hay el típico pan chino pero también unas conchas hechas como las de antes, un poco más pesadas, unas empanadas de frutas y unos panqués de pasas y lo más bonito uno puede ver al maestro panadero batiendo la masa y metiéndola las piezas al horno y puede oler el pan recién hecho.

En el cafetín hay letreros pícaros como el que dice: “si quiere llegar a viejito, ching… un cafecito”, digo, con todo respeto, por cierto, ya saben que es antioxidante.

Y los forasteros nos enteramos mientras tomamos café que en la calle de Zarco viven las hijas de don Antonio Soto y Gama, el intelectual del zapatismo, en esa misma calle está la casa de los Rivas Mercado, el papá en tiempos de Porfirio Díaz construyó el Ángel de la Independencia, la hija Antonieta fue mecenas de Diego y Frida y también está la casa de Jesús Martínez, el legendario cómico Palillo, y cuentan que de repente se dejan venir viejos boxeadores como el ex campeón mundial Guadalupe Pintor, que entrena o entrenaba en un gimnasio de la Guerrero y así pasa el día porque este lugarcito lo abren a las siete de la mañana y cierran en la nochecita, este es el barrio de la Guerrero, donde la gente platica, qué tanto es tantito.

Tláhuac y sus trajineras

Armando Ramirez

UN PASEO que vale la pena hacer es al viejo pueblo de Tláhuac uno de los últimos reductos por los cuales podríamos evocar cómo vivían y qué hacían los primeros habitantes de esta región, había muchos asentamientos de grupos indígenas y vivían algunos de ellos en pequeñas islas como Tlaltenco, Zapotiltán, hay crónicas de los evangelizadores que narran que iban de un pueblo a otro en canoa, en este caso, al pueblo de Mixquic.

Imagine un mundo de agua, donde su transportación era a través de los canales, bueno es un mundo del que nos enorgullecemos pero no podemos imaginar, en Tláhuac todavía hay un pequeño trozo de ese mundo maravilloso de Bernal Díaz del Castillo.

Al lugar le llaman el Lago de los Reyes Aztecas, está cerca de la iglesia de san Pedro Tláhuac, sobre la avenida Tláhuac, en Túlyehualco, está un pequeño Museo Comunitario del Lago de los Reyes Aztecas y ahí se encuentra al mundo chinampero en el embarcadero, hay vendimia de lechugas, brócoli, etc. además la venta de antojitos muy típicos del sur de la Ciudad.

Pero lo que impresiona en relación con los de Xochimilco es una vista casi virgen, no tan transitado, más virgen si se puede. En Xochimilco los trajineros están como los mariachis de Garibaldi a la caza del que tenga cara de turista sin dar el mejor servicio.

En cambio en Tláhuac al no haber tanto turismo, se goza de una tranquilidad, digo si le gusta la pachanga también lo puede hacer con la familia y, el compadre en una trajinera. Navegar en estas aguas donde hace mucho tiempo navegaron los antiguos que iban a la guerra pero también los que sembraban en chinampas sus cosechas.

Los canales son silenciosas y las aves surcan el cielo y los peces felices, saltan y se zambullen, dígale al trajinero que los lleve a visitar una chinampa, donde los campesinos de Tláhuac siembran las lechugas más bonitas de los supermercados, sí, las que amarran con una cinta azul metálico, de aquí salen muchas de ellas, es más le pueden vender unas lechugas ahí muy baratas, es más, ahí nos sentamos en la tierra y preparamos una ensalada con aceite de oliva y jugo de limón, deliciosa, fresca, orgánica, recuerde que la tierra del fondo del lago es muy rica para sembrar.

Y comparará el mundo antiguo y lo hemos hecho de este lugar, digo que tanto es tantito.

Los de Ramiro para darse un buen taco

Armando Ramirez

El lugar es famoso y hasta boxeadores recibe, es un clásico para los sibaritas

RAMIRO tiene más de cuarenta años de hacer los mejores tacos de tripa y de hígado en Tepito, es un clásico para los sibaritas del Centro Histórico y visita obligada de la gente que va a comprar al barrio, pues pasan a su negocio como si fueran a la pila de agua bendita de su iglesia favorita.

Es chaparrito pero picoso, di­ce que sus tacos tienen seguro médico y dura hasta que llegan a su casa, después él no se hace responsable, suelta la carcajada por la broma. De niño aprendió a boxear, el barrio es bravo, lo aga­rraban de barco, y después de las lecciones les aguantaba diez rounds aunque siguiera perdiendo pero les daba sus moquetes.

La carne con que hace sus ta­cos la encarga al estado de Tamaulipas, mientras vemos cómo las tripas se fríen y van cambian­do su color hasta alcanzar un do­radito que indica que están como chicharroncitos, se comen con una salsa roja o verde que les da más sabor. Las mesas del lugar están ocupadas en su mayoría por familias o parejas que andan en veremos, casi todos llevan bolsas de plástico grandes, de color negro, llegan de los muni­cipios conurbados o de colonias populares, aunque hay uno que otro estudiante de sociología.

También hay tacos de cecina enchilada, pero los que más sabrosos me saben son los de hí­gado encebollado; los trozos son carnosos y tienen ese sabor del buen hígado, maridado con la cebolla, y freídos en su punto, eso sí excuso decirle que aquí la gente no se come uno o dos o tres tacos, van de seis para arri­ba, y la mayoría los acompaña con cerveza de las fuertes, coca cola o café.

Ramiro canta boleros clási­cos como Tus ojos me enseña­ron lo que es ternura… o Como un rayito de luna, y a la gente le gusta su estilo con voz ento­nada, y al dejar de cantar nos cuenta que antes por aquí lle­gaban a comer tacos boxeado­res y gente famosos como José Medel y a veces Rubén Oliva­res, Mantequilla Nápoles o el Flaco Guzmán, bueno, hasta cuando fue candidato Ricardo Monreal, ahora flamante sena­dor por Morena, llegó a darse su taco comiendo unos tacos de tripa entre el pópulo…

El lugar está en la calle de Aztecas, a media cuadra del Eje uno norte, donde hace años Cornelio Reyna filmó una pelícu­la. Y Ramiro se acuerda de “me caí de la nube en que andaba”, la gente comía tacos, digo, qué tanto es tantito…

San Pedro Atocpan un pueblo de tradiciones

Armando Ramirez

Disfrute del mole, el pulque y lo tamales de frijoles, características de este lugar

ATOCPAN SIGNIFICA TIERRA HÚMEDA, fértil, y así es la tierra de San Pedro Atocpan, tierra de gente creativa, con imaginación para inventarse su tradición, las de los diferentes moles que elaboran la mayoría de familia en este pueblo bendito, perteneciente a Milpa Alta, al sur de la Ciudad de México.

Cuando tenga tiempo conozca este pueblo mágico con su convento e iglesia de San Pedro Apóstol, inició su edificación a la mitad del siglo XVI, se siguió todo el siglo XVII y los terminaron entrado el siglo XVIII, les digo, si de convento y templos se trata en la Nueva España, se tardaban un poquito en levantar sus edificios religiosos pero les quedaban de peluches, tan es así que crean un estilo que deriva del barroco europeo, si allá se recargaban en su decoración de formas y figuras, acá, era como si fuera la decoración de un pastel de XV años, no quedaba espacio alguno, todos los retablos están ocupados por figuras de santos, formas vegetales, símbolos religiosos y con un poco de evocación de la geometría de las pirámides y así tienen el churrigueresco o barroco novohispano.

Así es el mole que hacen en San pedro como el barroco mexicano, las familias del pueblo elaboran sus moles con más de 40 ingredientes: chiles, cacao, comino, clavo, almendra, canela, galletas y plátano macho, llaman la atención las pencas de plátano macho en los molinos donde las familias van a moler sus recetas, es una calle cercana al mercado, ahí se suceden los molinos y los ingredientes en tinas que lleva el mole, sus olores llegan a la calle.

Por cierto cerca de esta calle está otra que lleva al panteón del pueblo y le llaman de “iras y no volverás” adivine por qué.

Entrando al pueblo está la calle de los comercios con el mole en polvo en enormes cazuelas de barro y las abuelitas orgullosas de s u s recetas secreta, las probaditas de mole lo dejan a uno babeando, muy sabrosos los moles. Ah y un pinole para hacerse con leche y agua, otro poquito de cacao y canela, uy, esa receta me la dio una abuelita de ahí.

Alrededor de la plaza de san Martín Caballero con su austera iglesia de 1560, hay restaurantes con ventanas y balcones con vista a la plaza, ahí puede saborear el mole, el pulque y los tamales de frijoles, digo, que tanto es tantito.

 

El Parque del Cartero y misivas

Armando Ramirez

Hay un jardín para pasar el ratón con su peor es nada, su novia, su amiguita, su esposa o con ganas de tenderse como lagartija, este es el Jardín del Cartero o José Refugio Menes. Está entre las colonias Postal y Miguel Alemán, del lado oriente hay una escultura dedicada al cartero, del lado oriente, por eso le dicen el Jardín del Cartero, pero oficialmente se llama José Refugio Menes, que era cartero.

Ahora que la gente lo conoces por el Parque de la Postal, incluso en una basamento está una placa de un timbre postal.

Pero resulta que si se coloca del lado poniente, donde hay una canchita de futbol de salón, se encuentra en la colonia Miguel Alemán, o sea, que pertenece a la colonia Miguel Alemán el parque pero como es más conocida la Postal, pues la gente cree que es de la colonia Postal.

Hay una zona reservada, alambrada, para que los perros puedan jugar y hacer sus necesidades, la gente recoge las huellas de sus perros en bolsitas de plástico.

En un foro llamado Xicoténcatl las señoras hacen zumba pero a todo lo que da hasta parecen el ballet Bolshoi, un joven enseñan futbol a unos niños, tienes sus porterías pequeñas con redes. Al atardecer se encienden las faroles y aparece los jóvenes ocupando la canchita de fútbol, alambrada, y hay mucha gente alrededor de la fuente, salen chorros de agua, se elevan muy alto, unos focos de colores iluminan el agua, creando fantasía.

El café de la esquina enciende su iluminación, la gente llega a tomar café y a platicar, está muy concurrido, a lado venden de tacos al pastor y en la contra esquina hay una pizzería.

Los vecinos llegan de la Miguel Alemán, la Postal o de colonias cercanas y cuentan historias como la de un cartero que se prendió fuego, me acordé del cartero José Refugio Menes, pregunté si era el mismo, pero nadie me aseguró que era José Refugio, que es como se llama el jardín oficialmente, pero la gente también lo conoce por su antigua nombre, jardín Odesa, es una ciudad de Ucrania, en el Mar Negro, digo que tanto es tantito

Jamaica es un carnaval

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Es una fiesta del color y el ambiente decembrino se huele, se siente en cuanto se llega al mercado de Jamaica, cercado antiguamente por canales como el de La Viga y otros que se pierden en la memoria del siglo pasado.

En el mercado de Jamaica se le llenan los ojos del color, de alegría y nostalgia, nada más de observar las enormes piñatas de siete picos (que representan los 7 pecados capitales) que con sus colores y formas alucinantes, y de cómo las familias las cargan en la parte alta de sus camionetas y los niños brinca de alegría.

¿Se acuerdan del dale, dale, no pierdas el tino porque si lo pierdes de un palo te empino? Pues este mercado en esta temporada me parece el más hermoso de la Ciudad de México, hay que visitarlo en familia porque es un gusto ver los arbolitos de Navidad, son de Perote, Veracruz, aunque también los hay canadienses y el musgo, su verde frescor, el gris del heno, los colores de los personajes en barro de los nacimientos navideños y el rojo de las flores de Nochebuena, son las que dan su color al mes de diciembre.

Y los dulces, la colación: Órale, Petra, sal del rincón con la colación: Órale Pancho no te hagas que falta la colación. Están la canastitas de papel con múltiples colores, las luces, que son la alegría de los niños cuando saltan sus chispas y las velitas, se huele, se siente, el olor de la fruta de las piñatas.

También están los portales con las figuras de María y José, el buey, la vaca, los tres Reyes Magos, van a pie por las veredas, los riachuelos y las cascadas, los pastores están aquí y allá. Y allá la estrella de Belén que guía a los Reyes, más allá los faroles típicos de Navidad. Y el olor de la fruta: tejocotes, cañas, guayabas. Y los trozos de piloncillo, las rajitas de canela, para hacer un sabroso ponche.

Y la parafernalia decorativa de las esferas, las tiras de luces, los festones, las coronas, las estrellas, los muñequitos de tela que son angelitos, Reyes Magos o Santa Claus, que expresan la maravilla de la creatividad humana en las fiestas decembrinas. Y claro caminando en Jamaica hace hambre, uy hay unos huaraches, mmm, sabrosos, los famosos huaraches de Jamaica con una costilla encima con salsa verde o roja y café de la olla para el frío, ¡provechito! digo, qué tanto es tantito.

La Mocte es una delicia

Armando Ramirez

TWITTER/ @uyuyuyy

Estos chilangos que habitan lo que fue el ejido de Texcoco son los descendientes de los hijos del antepenúltimo Tlatoani azteca, el sibarita, Moctezuma Xocoyontzin, estos hombres de linaje construyeron sus casas sobre el oriente centro de la Ciudad.

Las colonias surgieron después de que a principios del siglo XX la fiebre por la aviación causaba entre los hijos de la familias ricas del país y le anidaba el síndrome del pajarito: Volar, volar…

Y lo hacían por los rumbos de los campos de Balbuena, como Alberto Braniff, su avioncito hecho de madera, aun cuando agarraban vuelo, se hacían como un papel al viento, fue el primero que voló un avión en la Ciudad de México, el 8 de enero de 1910. Además Braniff, de ser uno de los iniciadores de la aviación en México, fue dueño de los terrenos en donde volaba, a finales de los años 30s del siglo XX sus propiedades se fraccionaron para que surgiera la colonia Moctezuma.

Algunas calles tienen nombres como Iztaccíhuatl o de pilotos famosos como la Emilio Carranza. Era nieto del hermano de Venustiano Carranza y tan valiente como su tío abuelo, en el año de 1927 durante 11 horas voló sin escala, de la Ciudad de México a Ciudad Juárez.

En el año de 1928, por orden del gobierno hizo un vuelo sin escala de la Ciudad de México a Washington, ya que antes Charles Lindbergh había hecho lo mismo pero de Washington a México, la orden fue para agradecer el vuelo de Lindbergh al gobierno americano, allá el piloto mexicano fue recibido de pipa y guante. Pero Emilio nunca regresó a México, de regreso se estrelló con su avión en Nueva Jersey.

La Moctezuma tiene prosapia de barrio, son artistas como los que pinta la Capilla Sixtina de Miguel Ángel en la Iglesia del Perpetuo Socorro. Y otros son artistas de la barriga. En una esquina de Oriente 176 se arremolinan, bailan, la música sale de una bocina de pie, hay gente sentada en sillas de plástico, en la banqueta, el olor es exquisito, están comiendo tacos de carnitas estilo Michoacán, es como si se sintieran tlatoanis y hubieran volando en los llanos de Balbuena, “cinco mi maik”, mientras detienen sus platos con una mano, con la otros bañan sus tacos con salsa y los devoran de tal manera que se antoja, sabroso, y a ritmo de cumbia, total, qué tanto es tantito.

16 de septiembre e Independencia

Armando Ramirez

La calle 16 de septiembre celebra el inicio de la lucha por la Independencia y la de Independencia, la consumación. Septiembre es el mes de la patria y conviene recordar las calles que celebran la Independencia, las que ganan son las de Miguel Hidalgo, no hay centro histórico de cualquier ciudad de la República que se respete que no tenga su calle Hidalgo y ni que decir de Independencia o 16 de septiembre.

Y como el Centro Histórico chilango se respeta, tiene su calle Hidalgo, está en las orillas del Centro Histórico, allá por la Alameda Central y a espaldas del Palacio de las Bellas Artes, prolonga la calle de Tacuba, que cruzando el Eje Central se llama avenida Hidalgo. La calle 16 de septiembre está en el mero corazón comercial, donde se encuentra el Gran Hotel de la CDMX, que fue concebido en tiempos de Porfirio Díaz como el último grito del progreso afrancesado.

Se dice que Carmelita, segunda esposa de Porfirio se pasaba las tardes en el Centro Mercantil buscando qué garrita le quedaba, no era como alguna célebre profesora o propietaria de caserón en las Lomas, Carmelita vivía en el Castillo de Chapultepec con su viejo hasta que se los llevó el Ypiranga a Francia.

Ahí comienza la calle 16 de septiembre, llena de comercios, es más, ahora hay tiendas de japoneses, no de chinos, ¡japoneses! Digo si son japoneses debe estar bien hecho, aunque sean bisutería.

16 de septiembre termina en el Eje Central pero la calle sigue y se llama Independencia, ahora tiene un montón de edificios nuevos, los hoteles que estaban antes se cayeron en los sismos de 1985 y hay un barrio chino de peluches y un teatro Metropolitan que da espectáculos de tutti frutti, por cierto, échese una vueltecita por este barrio, en Independencia y Marroquí hay un lugarcito japonés, más o menos barato, para un día de quincena, tienen un menú de verdadera comida japonesa, digo, que tanto es tantito.

Coyoacán y más… ¿Dónde cenar en este mes ?

Pozole, pambazos, buñuelos, tostadas, flautas, y hasta ponche hay en cada rincón de la ciudad

Armando Ramirez

EN EL MES de septiembre todo se vuelve patriótico hasta la comi­da, es un lujo andar por los barrios de la Ciudad con tantos antojitos que devorarse; claro que también están los platillos llamados del mes patrio, principalmente los chiles en nogada, tal parece que los hicieron doña Josefa Ortiz y doña Leona Vicario, cuestan un ojo de la cara, y la neta, no es para tanto, ni que la nogada fuera francesa, mejor haga los chiles en nogada en su casa, con la receta de su abuelita.

Eso sí, hay otros platillos que son de cajón, como el pozole, pero no me salgan con que van a “La Casa del mentado tal”, pura fan­tasía y nada de sabor, y le cobran el aguacate, las tostadas, la crema; antes con el pozole iba gratis la crema, el aguacate, las tostadas, ah como cambian los tiempos.

Pero mire, en la colonia Alga­rín, una pequeña colonia que está pegada al Viaducto y es vecina de la colonia Obrera, ahí hay una ca­lle donde hay varios lugares que sirven buen pozole y no está tan cariñoso como en otras casas, la calle es Juan E. Hernández Dáva­los, está entre Manuel Navarrete y Bolívar, para gente de barrio como la Doctores, Obrera, Álamos, etc., es un lugar confiable y querido para cenar pozole.

Ahora que si le gustan los pam­bazos, los buñuelos, las flautas, el ponche, los atoles endulzados con piloncillo y sentarse en puestos con focos chinguiñosos, como si anduviera en feria de pueblo, qué le parece este fin de semana pa­trio ir a Coyoacán, al centro y a dos calles del jardín, ahí se ponen los puestos de antojitos más sabrosos, no vaya al mercado.

Los buñuelos la verdad sí están sabrosos y el atole blanco todavía lo hacen con sus trozos de pilon­cillo, las flautas con su lechuga, su salsa verde y su crema, están pasables, los pambazos son de diez, de papa o de carne, bien mojadito en esa salsa roja que los pinta. Y ya sabe luego la dicha inicua de an­dar caminado por el jardín y calle­citas del centro de Coyoacán para la digestión.

Es inevitable el reposo del gue­rrero, comprar su café en El Jaro­cho, su dona de chocolate, sentar­se en una de las bancas, si no es que ya están ocupadas, pero ese es el chiste, pasear por el quios­co, la iglesia de san Juan Bautista, sufrir los apretones y cenar en los puestos de antojitos mexicanos, digo que tanto es tantito.

Calzada de la Condesa

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

Vuelvo a la avenida Álvaro Obregón que parece un cofre de historias que recorren la avenida y se destapan y saltan como si viviera Scherezada ahí. Esta avenida fue concebida en la imaginación de una Condesa, la tercera de Miravalle, ésta alucinó una calzada que conectara al pueblo de la Romita con su hacienda de la Condesa de Miravalle. Ya les he contado que la colonia Condesa y sus vecinas, la Condesa Hipódromo y la Hipódromo formaban parte de los territorios de una de la mujeres más ricas del siglo XVIII en la Nueva España.

Se llamaba María Magdalena Catarina Dávalos de Bracamonte y Orozco, adquirió en 1704 la hacienda de Santa María del Arenal, que muchos años después ahí tuvo su óvalo, un hipódromo, a finales del siglo XIX estos terrenos se empezaron a fraccionar y surgieron nuevas colonias.

Casi dos siglos después otros realizaron el sueño de la Condesa, una avenida que comunicara lo que se estaba fraccionando y sería con el tiempo la colonia Roma y la Hipódromo de la Condesa, a esa avenida se llamó Jalisco.

Cuando el general Álvaro Obregón fallece después de un atentado y como Obregón vivía en la avenida Jalisco, decidieron los gobernantes de aquellos tiempos cambiarle el nombre a la avenida y llamarla Álvaro Obregón.

Al recorrer esta avenida, en efecto nos damos cuenta que comunica a dos colonias, la Roma y la Condesa, y es muy chistoso, mucha gente cree que la antigua plaza Miravalle ahora llamada de las Cibeles pertenece a la colonia Condesa, pero no, es de la Roma, la Condesa empieza sobre la calle de Sonora y su entrada es el parque España.

Los automovilistas que no conocen la colonia y recorren la calle de Amsterdam, sin darse cuenta terminan por darle la vuelta, la calle de Amsterdam se trazó sobre el óvalo del antiguo Hipódromo.

Tal parce que lo que concibió la Condesa de Miravalle con el tiempo se ha convertido en una ruta donde los sismos hacen más daño, está sobre la falla geológica, así sucedió en los sismos del 85 como en estos del 19/S, coincidencias o no, quien imaginó esa ruta fue una persona malvada, terrible, insaciable con los hombres y de riqueza enorme en Michoacán, Veracruz y la Ciudad de México, pero esa historia de la tercera Condesa de Miravalle se las cuento en la próxima entrega, digo, qué tanto es tantito.

 

De panteones a panteones

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Para ir en la noche a ver como son los rituales del día de muertos, no es necesario ir a Mixquic, miren que es un pueblo fantástico, pero en estos días se ha comercializado de manera excesiva. A donde vaya encontrará chelas con chamoy y lo que se pueda imaginar: pizzas, hamburguesas y los comerciantes de ahí sufren mucho por la invasión de puesteros que llegan de las diferentes ferias de los pueblos del Edomex y la mú- sica del norte de la República.

Asistir al panteón a la medianoche es un martirio, un montón de estudiantes de universidades privadas van con su cámaras para sacar las fotos “más bonitas” para publicar en Facebook, Twitter o Instagram, y poco a poco va perdiendo la magia antigua del lugar de los mezquites. Y si van en autos váyase con varios días de antelación, hay hostales para dormir, ya ve que la única carretera ese día es un gigantesco estacionamiento.

Pero hay otros panteones que tienen tradición y también son cementerios comunales, me refiero al de Azcapotzalco, todos los pueblos de Azcapotzalco llegan al panteón comunal de san Juan Tlihuaca, que quiere decir lugar de brujos, usted puedo visitarlo sin tanta aglomeración y tener una comunión con los viejos habitantes que preservan la tradición, pero además es tan bonito, está dividido en dos partes, una es para los adultos y la sección de los niños, sus tumbas son alegres, están adornadas con los juguetes que les gustaban a los niños en vida y las tumbas llenas de color, ellos comienzan a las ocho de la noche una precesión y recorren las calles del pueblo y se detienen en los altares callejeros.

Cuando llega a la entrada del panteón es como si llegara a la película de Los Tres García, rezan, llevan sus velas, sus flores, cantan, hay danzantes, mariachis, tamales, atoles, bu- ñuelos, me maravillan los habitantes de San Juan Tlihuaca.

En su mayoría descienden de los tecpanecas. Fueron los mexicas quienes les llamaron chintolos, a los de acá, por tener buenas petacas. Es un pueblo que hay que defender del estrangulamiento que tiene, está rodeado de fábricas, pero enmedio reina el jardín de los ahuehuetes, con sus leyendas, su iglesia y la gente es hospitalaria; todos se acomiden a decirle por dónde llegar al panteón y lo mejor se siente en un pueblo. Digo, que tanto es tantito

En el Zócalo hay poquito pero de todo

Armando Ramirez

EL FIN DE SEMANA dese una vueltecita por el planeta tierra y podrá tener el chance de estar en Holanda, El Salvador o Palestina y darse el lujo de comer una salchicha alemana, un wafle holandés, una arepa colombiana, un poco de comida Palestina o ahora que sale tanto en las noticias Siria, con su comida y artesanías sabremos más de ellos.

Hace diez años inició en el Paseo de la Reforma una feria que han llamado de las culturas amigas, eran unos cuantos stands y lo que ofrecían era un poquito de artesanía y su cocina, pero a la vuelta de unos años aquello era de no poder caminar por las amplias banquetas del Paseo de la Reforma.

Las autoridades de la Ciudad la trasladaron al Zócalo, ahí explotó, se dieron cuenta que a los chilangos nos gustaba probar los diferentes sabores y colores que hay en el planeta tierra. Y desde el año pasado la feria se dividió, la de artesanías y tradiciones está en los stands del Zócalo, ahora más bonitos aunque les sobra espacio, hay un Foro donde se presentan grupos musicales de diferentes países o sedes alternas como Museo de Arte Contemporáneo, el Metro, Teatro Esperanza Iris, etc. Y el arte culinario está en la Plaza de Santo Domingo con el éxito acostumbrado, muy apretujado.

Y con lo tragones que son los chilangos prueban comida de Uganda, Senegal y descubren que en la comida países de África tienen entre sí muchas cosas en común. Y los países del Medio Oriente tienen menos diferencias en su comida entre ellos, Israel, Irán, Líbano, Egipto; su cocinas es parecida. Y para qué les cuento de la vieja Europa, todos hacen wafles, los hay de Holanda pero también en Bélgica, son distintos pero siguen siendo wafles y las crepas francesas no están muy alejadas.

Y salchichas hay alemanas o uruguayas. En Sudamérica cuál es la diferencia entre Uruguay y Argentina, los dos países toman mate y le meten a la carne de res, igual Brasil y Paraguay.

En Colombia y Venezuela hacen arepas, cada quién a su estilo. Y con los centroamericanos descubrimos que comen frijoles, tamales y un montón de cosas como nosotros. Eso sí, todos los países una bebida peculiar, le digo, la recorrer la Feria de las Culturas Amigas se aprende un poquito del planeta tierra, comen y beben muy sabroso, como nosotros, digo que tanto es tantito.

¿En la BJ, es el Año de Hidalgo?

FOTO: LUIS CARBAYO /CUARTOSCURO.COM
Armando Ramirez

Llama la atención que en el año que la picaresca de la política administrativa sexenal ha llamado, “el año de Hidalgo… Los de la Benito Juárez se hayan acordado, que durante años estuvieron los tianguistas en las calles de los alrededores del mercado de la Portales, dicen que pidieron los locatarios del mercado que desalojaran a los vendedores callejeros, el hecho fantástico es que hicieron caso de bolón pin pón, será el efecto del Año de Hidalgo, chin chin el que deje algo… o ahora se despiden con buenas acciones.

A que a fin de año, los tianguistas regresan a las calles de la Portales, claro, mediante un arreglo, que de seguro lo había.

En el mercado lo ven a uno y los locatarios se quejan que en el espacio del primer piso del mercado, donde estaba un Cendi o la guardería, ya no está, la explicación es que la quitaron, corrían riesgos los niños, cerca están los tanques de gas.

Eso sí, le dieron chance a una restaurante que ocupa todo el espacio del Cendi. Y los locatarios me muestran el artículo 4 de la Gaceta Oficial del DF donde enumeran las áreas de los mercados públicos que no se pueden concesionar y mucho menos vender a un particular y me llevaron a ese espacios y hay un bonito restaurante en funciones, los locatarios me dicen que la gente de la BJ la vendió, otros dicen que la concesionaron. El hecho es que los funcionarios de la BJ cerraron el Cendi y ahora hay un restaurante donde tal vez las vidas de los comensales corren peligro. Quíhubole, ¿será la fiebre del Año de Hidalgo.

A los locatarios no les dejaron poner un Centro Cultural, imagino que no es un buen negocio para el mercado público y un restaurante sí, y no le sigo lo que me contaron de la Alberca Olímpica, han de decir es el Año de Hidalgo, total que tanto es tantito.

La calle de La Palma

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

La calle de Palma es una de las calles más antiguas del Centro de la Ciudad, imagínese, unas décadas después de la caída de Tenochtitlan, se llamaba Diego López, el viejo, de seguro ahí tuvo una casa el tal Diego, y ya en el siglo XVII, en otra casa, nos dice el maestro Tovar y de Teresa, que había en su jardín una palma y la gente le dio en llamarla “La casa de la palma”, con el tiempo terminó la gente llamando a toda la calle La Palma.

Esta primera calle es la que encuentra entre 16 de septiembre y Madero. De las calles de 5 de Mayo hacia el norte, en siglos anteriores se llamaban “de la Alcaicería”. Les cuento, una alcaicería es una calle donde hay comercios que venden cosas de lujo como la seda, famosas son las de la zona andaluza de España, acá en tiempos de la Nueva España la seda en bruto era muy requerida por la gente con billete para sus lujos.

En esas calles de la Alcaicería surgen negocios lujosos y casas casi palacetes, una de ellas ocupó hace décadas los antes famosos “Caldos Zenón” tan de gratos recuerdos para los crudos, muy buenos caldos de pollo con sopes de salsa verde, otra construcción antigua, es el restaurante, frecuentado por políticos, El Cardenal, el original, han surgido otras sedes. En la esquina con 5 de Mayo, se encontraban las casas de Cortés, ahora lo ocupa el edificio donde el conde del Regla, don Pedro Romero de Terreros, el hombre más ri- Armando Ramírez co de su época, construyó su Real Monte de piedad, ahora es el Nacional Monte de Piedad.

También está la cantina La Montañesa, soldados de levita acuérdense de Adelita, y en la esquina con Tacuba está la panadería más antigua de la Ciudad, La Vasconia, hacen un pan de muerto del diez. Hasta ahí llegaba la calle de la Alcaicería. Por cierto, de la Alcaicería más que una calle parecía un callejón, en la panadería hay una foto de la calle, ahí podrán ver cómo parecía más un callejón.

En el siglo XX, esta calle fue ampliada y pasó a ser Palma, llega hasta Belisario Domínguez, aunque, quién sabe si por magia de la nomenclatura, saltó, cruzando construcciones que pertenecieron al convento de Santo Domingo para llegar a la calle de Paraguay, en la zona mueblera de la Lagunilla, debe de haber una explicación, si la encuentro se las cuento, digo, qué tanto es tantito.

Calle Nautla

Foto: Cuartoscuro
Armando Ramirez

Lo primero es lo primero y es salvar vidas de los escombros de los derrumbes y a la siguiente hora habrá que evitar más tragedias, así es la situación. La calle de Nautla es pequeña, hace esquina con Tlaxcala, y como en 1985 otra vez la tan castigada colonia Roma, sobrecoge el corazón y se estruja el ánimo de impotencia al ver los edificios que han sido desalojado por estar severamente dañados, están acordonados con cintas amarillas, pero un arquitecto habitante del edificio de Nautla número 28, está a la mitad de la calle, nos invita a entrar a esa construcción de unos seis pisos, está muy inclinada hacia la calle, la mayoría de los vidrios de las ventanas están rotos y la entrada está abierta de par en par, accedemos con miedo, en la oscuridad del cubo del zaguán escucho esta meditación: “una réplica y se nos cae”, lo primero que vemos es la caja del elevador, destrozada, subimos por las escaleras, los escalones están endebles, nos dice el anfitrión, pisen con cuidado, más temor, está muy oscuro, llegamos al segundo piso, entramos a un departamento deshabitado, vemos grandes grietas en las paredes de los cuartos, hay yeso, vidrios rotos y concreto caído en el suelo, estremece ver una grieta muy amplia por donde pasa la luz de la calle, al caminar se va uno de lado. En el tercer piso, donde vive el arquitecto, los daños son peores, nos explica que el edificios con una réplica se puede caer sobre las construcciones vecinas, quiero bajar pero me aguanto, nos pide que digamos esta situación, han venido ingenieros jóvenes en representación de las autoridades, vieron el edificio, les dijeron, no se podía hacer nada, había otras prioridades y se fueron. Pienso lo catalogaron de alto riesgo. En la calle una señora rubia señala a su madre, de más de ochenta años de edad, está sentada en la calle, nos pregunta por un albergue para llevarla, la tarde amenaza lluvia, llegan autos y camionetas, se llevan las pertenencias de la gente de casas vecinas, la rubia se lamenta, dice que el edificio desde hace tiempo está dañado. Después del rescate de personas de edificios caídos habrá que evitar más víctimas y no es un edificio, hay varios en las calles de Morena, Pestalozzi… en la Roma, Medellín, Tehuantepec, Nautla… digo, rapidito, qué tanto es tantito.

El Mercado L. Rodríguez

Armando Ramirez

Se edificó durante la Presidencia de Abelardo L. Rodríguez siendo jefe del Departamento del DF Aarón Sáenz, era la efervescencia del espíritu revolucionario. En la novela brillaban Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán; en la pintura Diego Rivera, José Clemente Orozco, Siqueiros, y en la Música Carlos Chávez y Silvestre Revueltas, era la época del renacimiento cultural mexicano.

El Mercado es muy grande y se construyo sobre lo que fue la huerta del colegio de San Pedro y San Pablo, y el cementerio, por eso entre los locatarios se dice que al caer la tarde espantan.

El Mercado es concebido con todos los servicios para la población, incluso un restaurant para los invidentes, pues la escuela de éstos está muy cerca, con el tiempo se volvió un mercado de flores y ahora es una plaza comercial, esta en la calle de Colombia y callejón de Girón.

La nave de verduras, legumbres, frutas, carnes, pescado, pollerías y cremería es enorme, su sección que da a la calle del Carmen es famosa por venta de petacas y maletas a excelentes precios, también tiene una biblioteca y un gran valor artístico y cultural pues los que pintan sus muros, en la entrada y patio principal son alumnos de Diego Rivera como Antonio Pujol o Pedro Rendón. Además llegan en esa época artistas de otros países como las hermanas Greenwood, Marión y Grace, quienes pintan murales sobre la minera o la lucha campesina en el cubo de la entrada o el gran escultor Isamu Noguchi, de origen japonés pero ciudadano americano, pinta una obra de arte contra el fascismo, que encuentra en el primer piso de la entrada de Rodríguez Puebla, es donde dan servicio a los jóvenes contra las adicciones. Cuando ande por el Centro échele un ojito, que tanto es tantito.

Basílica de Guadalupe

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Van por miles con un inocultable fervor, parten de la exgarita de Peralvillo, llevan músicos, ofrenda florales y caminan sobre el camellón de la Calzada de Guadalupe, en estos tiempos suplantó al viejo camino al Tepeyac que fue la que ahora conocemos como Calzada de los Misterios.

Pero llegar a la Basílica de Guadalupe es otra cosa, se ve llegar gente de Ecuador, Colombia, Argentina, algunos italianos y muchos de san Luis Potosí, Oaxaca, Veracruz, Tamaulipas, ahí está el mercado de artesanías guadalupanas, un bellísimo cromo hecho con impresión laser en yute.

Los peregrinos entran a la explanada, se persignan ante la Basílica antigua y luego van a la nueva, entran, rezan, se echan agua bendita y depositan una veladora en un lugar especial atrás y afuera de la Basílica, se forman para admirar la imagen de la virgen de Guadalupe.

Algunos visitantes suben el cerro del Tepeyac por las escaleras y los que tienen hambre van al mercadito que está frente a la Basílica, hacen muy sabrosos tacos dorados, birria, caldo de gallina, enchiladas, ahí llegan los peregrinos de otras partes de la República.

Pero hay guías de peregrinos que los llevan a los lugares secretos, a las faldas del Tepeyac, por ejemplo, en la Calzada de Misterios, en la esquina con la casa del pintor José María Velasco, ahí se ve una callecita al fondo y luego otra, en las faldas del cerro, arriba está el cementerio, abajo sobre enclavada en unas rocas hay una vieja casa, unas mujeres hacen quesadillas a la leña y carnes asadas, todos los comensales se sientan a una mesa larga sobre unos tablones con ladrillos, el humo de la leña aromatiza el sabor de la carne, el café hecho a la antigüita (se hierven el grano de café en el agua, se cuela) lo sirven en jarros de barro o pocillos.

Ahora si no gusta de esto, sobre la Calzada de Guadalupe están las cadenas de cafeterías. No busque al Museo de Cera, ni sus luces, visite el Museo de la Virgen de Guadalupe, están los estandartes con las imágenes de la Guadalupana que han usado nuestros héroes, hay hasta un busto de la virgen que era de Maximiliano. Los peregrinos también pueden ir al Museo del Ferrocarril, un lugar donde incluso hay una de las primeras máquinas que dieron servicio en el país, total, qué tanto es tantito.

Fonda donde se puede cantar

Armando Ramirez

LA CALLE DE VIOLETA EN LA COLONIA GUERRERO TIENE PERSONALIDAD Y SU COLOR ES EL VIOLETA muchas de las casas de esta calle, sí, están pintadas de color violeta, se ve bien, es una calle poblada de casas viejes, antiguas, muchas hechas de cantera con grandes balcones con balaustrada de cantera y pequeñas ventanas casi a ras de suelo, estas son para dar ventilación a los pisos de madera, tienen cuarto grandes, donde a veces se construyen los famosos tapancos, otras han conservado su decorado afrancesada, e incluso en una de ellas hasta un enorme espejo de estilo francés luce en unos de los muros, es la popular casa Amalia.

Amalia fue una señora que vendía quesadillas en un local de avenida Hidalgo, a un lado de la célebre Hostería del Bohemio, que durante muchos años estuvo en el patio del hospital de San Hipólito, y la iglesia del mismo nombre es tan popular que la gente ya no la conoce por San Hipólito, sino que le llaman San “Juditas.

Doña Amalia tuvo unos hijos muy trabajadores, entre ellas Lidia, con alma de cantante; un día a doña Amalia le pidieron el local de los bajos del convento de San Hipólito, pero ella que amaba la colonia Guerrero y buscó una casa para vivir y tener su local, y la encontró en la calle de Violeta 57.

Ahora Casa Amalia la dirige su hija con sus tres nietas. Esta casa fue del doctor Alberto Capilla, padre del clavadista Joaquín Capilla, ganador de medalla de oro en clavados de plataforma en los Juegos Olímpicos de Melbourne.

La casa tiene un gran zaguán, se abre un patio poblado de plantas, a un costado hay una escalera por donde se entra al gran salón que sirve para las mesas del restaurante, es comida casera la que sirven, deliciosa. Y después de las 3 PM llega la hora bohemia, la gente de edad hace uso del karaoke, traen sus pistas y se ponen a cantar, no es concurso, es el placer de cantar. Vale la pena comer aquí, el menú es barato, y si le gusta cantar lleve sus pistas y pide su turno, para cantar en el corazón de la Guerrero, calle de Violeta, a media cuadra de la calle Héroes y la casa de los Rivas Mercado, digo que tanto es tantito…

Llegó la Ford…

Armando Ramirez

Una línea de ferrocarril y una fábrica en los años 30 hicieron el milagro de colonizar o fraccionar terrenos cercanos a la Basílica de Guadalupe. Me refiero a colonias como la Industrial, la Guadalupe Tepeyac, la Estrella o la Guadalupe Insurgentes, que de no haber aparecido la fabrica de automóviles Ford y el ferrocarril Hidalgo, estas colonias no serían lo que son.

Imagine que estamos en la ribera del lago, algunos pueblos indígenas viven de explotar la sal y el tequesquite, como la población indígena de Tepalcatitlán, y ocupaban terrenos de colonias como la Industrial o la Guadalupe Insurgentes, y cuando se empiezan a desecar el lago a esas grandes extensiones de terrenos los fraccionadores le echan el ojo, pues la habitaban poca gente y hubo algún rancho que para aumentar su alcurnia le decían hacienda.

Esos terrenos en el siglo XX se vuelven muy valiosos para gente visionaria para el negocio como don Agustín Legorreta y el ingeniero Alberto J. Pani, ellos se dan a la tarea de comprar terrenos y fraccionarlos como la colonia Industrial, y la inauguran el 18 de noviembre de 1926.

En 1930 se instala la planta de automóviles de la Ford al paso de la línea del Ferrocarril Hidalgo, por eso ahora esa avenida amplia se llama Ferrocarril Hidalgo, y la fábrica Ford instala sus oficinas de exhibición y venta de autos sobre la calzada de Guadalupe y Henry Ford, obvio, esa calle se tenía que llamar como el dueño de la Ford, la planta recorría toda esta calle hasta llegar a Ferrocarril Hidalgo donde tenía sus bodegas. Y surgieron muchas más fábricas por esta zona; todavía quedan algunas.

Por eso es que la colonia Industrial se llama así “Industrial”, el país salía de la época violenta de la Revolución Mexicana y se encaminaba lo que llamaban los políticos la industrialización del país. De ahí que las calles de la Industrial tengan nombres de empresas importantes en esos años. Digo, que tanto es tantito

Villa quería con la Conesa

Antes había llegado una compañía francesa de burlesque. Foto: Especial
Armando Ramirez

El teatro de revista surgió en Francia en el siglo XIX, allá tenían la costumbre de organizar espectáculos donde se repasaban los hechos políticos del año, de ahí el nombre del Teatro de revista.

Esta influencia llegó a principios del siglo XX, pero la revista mexicana tiene influencia de la zarzuela, eran comedias musicales que contaban una historia, el teatro de revista México cuenta una historia a base de sketch picaros y políticos, con número musicales con bellezas de la noche como María Conesa, Mími Derba, Delia, Lupe Vélez, está última fue de las primeras que mostró su cuerpo.

El primero que hizo una revista en forma fue Leopoldo Beristaín, con la política mexicana, por ejemplo, hubo una revista que se llamó “La huerta de don Adolfo”, era presidente, Adolfo de la Huerta, estos cómicos fueron perseguidos por los políticos y cuando llegó a presidente Ávila Camacho prohibió alusiones al presidente.

De ahí surgen los grandes cómicos como Leopoldo Beristaín, Palillo, Cantinflas, la sensual María Conesa que cantaba canciones de crítica política, ella fue seducida por Pancho Villa pero nunca logro dormir en la cama de la Conesa, ella le dijo, “mire general, una pulga como yo, no duerme en su petate”, pero eso sí fue muy amiga de Porfirio Díaz. Hoy el teatro de revista ha desparecido y la crítica se hace en redes, digo, que gacho, total que tanto es tantito.

El barrio olvidado

Armando Ramirez

Pocos saben que existe en el Centro de la Ciudad un barrio que se llama San Juan Moyotlán o Moyotla, miles de personas caminan por sus calles, seguro usted lo ha hecho por las calles de Artículo 123, Independencia, Luis Moya, Revillagigedo, López, Ayuntamientos, etc. Y eso es nada más por nombrar algunas de sus calles emblemáticas. En algún momento la gente dejó de mencionar a este barrio por su nombre, pero encuentro en los periódicos de los años cincuenta, cuando el torero Luis Procuna causaba furor en el mundo taurino, lo apodaban “el berrendito de San Juan”, sí, por ser oriundo de este barrio. A propósito se le dice berrendo al toro que tiene diferentes colores en su pelaje, Procuna tenía un mechón blanco en el copete. El barrio de San Juan fue un barrio de toreros, como el inmortal Alberto Balderas, muerto de una cornada a la edad de 30 años y de un montón de novilleros que nunca llegaron pero que conservan su afición al toro, como algunos viejos comerciantes de la calle de Luis Moya, donde usted puede ver motivos de la fiesta brava en sus aparadores de bombas y generadores. Pero el barrio de San Juan fue sede de la fábrica de cigarros del Buen Tono. Y lo es del mercado de San Juan para gourmets. Aquí los afamados chefs de la Ciudad llegan con curiosidad para encontrar magia para sus platillos. Y por si no lo sabía, el barrio chino está en la calle de Dolores, también pertenece al barrio de San Juan. Y en la calle de Ayuntamiento están las instalaciones de la antigua XEW, en esa calle vivió el escritor Artemio del Valle Arizpe, conocedor de la vida en la Nueva España. Y cómo dejar de mencionar los cafetines en estas calles, en un tiempo frecuentado por españoles exiliados. El autor del libro de los nombres antiguos de la calles de la Ciudad vivió en la calle que hoy lleva su nombre, José María Marroquí, ahí hay un jardín con un arco chino y sus leones y una fuente con una figura mitológica. Y está el edificio gótico de la antigua inspección de policía, en los años cuarenta ahí también estuvo la cruz verde donde llegara el cuerpo de León Trosky, después de haber recibido un golpe con un piolet en la cabeza, se cree, por órdenes de José Stalin, digo, hay mucho cosas y hechos más que contar de San Juan, total, qué tanto es tantito.

La Roma, antes del 85

Armando Ramirez

La colonia Roma, siempre en la franja geológica donde los sismos hacen más daño pero siempre se levanta, cómo no recordar a la Roma de antes de los sismo de 1985, estaban los cafés de chinos en varias esquinas sobre Álvaro Obregón, los verdaderos cafés de chales, como el que retrataba el cine mexicano en la película protagonizada por Carlos Orellana, “Café de chinos”.

Quién no recuerda las enchiladas verdes, los frijoles refritos, el extracto de café con leche hirviendo al máximo para hacer espuma, hechos ahí mismo en el café por el chino de turno, hoy en Álvaro Obregón, hay una franquicia que evocan el café con leche y los bisquets.

Y caminar por el viejo camellón de Álvaro Obregón, con sus fuentes con imitaciones del arte grecorromano, por ahí se llega al Parián, un mercadito donde se vendía verdura, fruta para el barrio, hoy son lugares de moda, no existían ni los barecitos, ni cafeterías sofisticadas, al llegar a la esquina con Orizaba, a la vuelta todavía está la nevería  La Bella Italia, con sus fotos turísticas de lugares italianos y su rockola para sentirse como en los cómics de Archi.

También en Álvaro Obregón estaba el estudio de fotografía Corkidi, siguiendo sobre Obregón de vuelta en Monterrey en la esquina con Chihuahua hay una fonda, antes fue un bar, ahí se ponían briagos los escritores drogadictos de la generación Beat gringa: Jack Kerouac y William Burroughs, hasta películas les han hecho, una noche a Burroughs le dio por ser Guillermo Tell y mató a su esposa de un tiro en la cabeza.

En la calle de Córdoba todavía está el Instituto Nacional de Antropología e Historia en una casona, adelante estaba la tienda de discos de música clásica Sala Margolín donde Octavio Paz y demás intelectuales compraba sus discos y en Jalapa la pastelería El Globo, desaparecida, ahora es una franquicia, sí, con los sismos del 85 poco a poco se fue gente de la colonia y años después regresaron otros para hacer un barrio de moda con venta y rentas de departamentos carísimos y ahora con el 19-S se irá de nuevo la gente, bajará todo y al rato regresará otra gente para levantarse de nuevo, digo, hasta que vuelva a temblar, la Roma, como Tepito, el Centro, la Condesa, la Guerrero están sobre una franja geológica. Y vuelta a empezar, qué tanto es tantito.

La Obrera y sus imprentas

Armando Ramirez

UN BARRIO QUE DE ORIGEN LES VIENE EL GALGO, EXQUISITOS PARA COMER, BUENOS PARA BAILAR

Y trabajadores hasta decir basta. Le querían poner a la colonia, Escandón, porque esa familia fraccionó los terrenos, que antes eran un potrero, ya saben primero diseñaron la colonia y luego comenzaron a venderlos, pero eran los tiempos de Porfirio Díaz, 1889, y las autoridades no dieron permiso.

Pero siguieron insistiendo y volvieron a pedir permiso al final de siglo XIX y tampoco les dieron, pero qué creen, ya por esa época cerca de La Colonia había fábricas como la Cigarrera mexicana, entonces los obreros comenzaron a construir sus casitas, en esos terrenitos, sin luz, sin agua, ni mercado público, nada. Y ya para 1913 se estaba poblando en forma la nueva colonia ilegal.

Por eso la Obrera, es la única colonia céntrica que no tiene mercado público, las familias del barrio tienen que ir a la colonia Doctores, al mercado Hidalgo, para comprar su mandado, eso sí en esos años comenzaron a aparecer negocios como el de Santiago Galas, un español, que llegó jovencito a México y unos años después con sus ahorro compró una imprenta y a darle en la colonia.

Construyó un edificio de ladrillo rojo, de fachada antigua; suba al metro de la línea azul rumbo al sur y en la estación San Antonio Abad verá la construcción con fachada de fábrica, en lo alto se lee la palabra “Galas”, ahí se inició la tradición de la impresión, orgullo de la Obrera.

Por calles como Gutiérrez Nájera, Fernando Ramírez, Manuel Payno encontrará un sinfín de imprentas donde la gente trabaja para sacar impresos de propaganda política, anuncios de bailes, etc., claro, ahora usan tecnología digitales.

Don Santiago Galas imprimía los calendarios donde un azteca cuidaba el sueño de una indígena, eran el Popo y la mujer durmiente o motivos mexicanos las obra eran de artistas como Jesús Helguera o Jorge González Camarena.

Digo, es uno de los rasgos que definen a la Obrera, sus imprentas, pero también su vida nocturna que tuvo mucho auge en los años 60 y 70 del siglo XX, y su garnachería, eso se los contaré la próxima… que tanto es tantito.

Diferentes tipos de tianguis

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Armando Ramirez

Nada más de curiosear por ahí, se encuentra los recuerdos, como a todos los que crecieron en los barrios, sea el de la San Felipe, el del Salado o el que usted quiera y mande, porque ahora han crecidos los tianguis por toda la ciudad y se han ido transformando. El que recuerdo es el que la gente recorre para encontrase un objeto viejo o grandes obras de arte de la vida cotidiana que fueron de alguna familia importante que las heredó, unas figuritas de porcelana, unos ceniceros de latón, pero art decó, unas camas de la época de la Revolución, etc.

Ahora en cualquier parte hay tianguis de fin de semana y llegan de otros lugares y colocan la mercancía donde les dio permiso la autoridad y ahí van por montones las familias a los tianguis; son enormes restaurantes públicos, y principalmente los sábados, las familias buscan qué comer: como los tlacoyos, tan exquisitos, los de requesón o de haba, frijoles todos haciendo en el comal les echan sus nopales, su salsa, cilantro y queso espolvoreado en garnachas son reyes.

Luego vienen las compras del súper, carne fresca, el pollo, etc. Los puestos de perfumes que están de moda, los tenis de quién sabe dónde pero que se parecen a los que usan las estrellas del deporte y la ropa de moda, por supuesto que todavía están las películas blu-ray, locales de comida orgánica, de repente aparece un yerbero o esotérico o un puesto de libros.

En cambio el tianguis de la Portales, es el de antigüedades, se pueden encontrar desde charolas antiguas que regalaban las cerveceras y refresqueras, una máquina de coser como las que usaban las abuelitas, hasta una pintura con el recuadro maltratado, será de un pintor reconocido y la vendo en un billete. Digo que tanto es tantito.

Cempasúchitl, flor-vida

Armando Ramirez

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Me acuerdo que el año pasado en Xochimilco en algunas chinampas estaban muy tristes los chinamperos, una semana antes había caído una granizada que casi hecha a perder su cosecha de la flor de los 20 pétalos, para los aztecas, el número 20 era lo mismo que “muchos o muchas”.

Cempasúchitl significa: la flor de los 20 pétalos o sea de muchos pétalos, como es en la realidad esta bella flor, que en la chinampas de Xochimilco en esta época le dan una tonalidad de amarillo soleado al ambiente, es un gusto ver cómo van recogiendo las flores que en su tallo algunas alcanzan hasta un metro de altura y al ver los canales y las chinampas uno no puede menos que recordar, que fue una flor sagrada para los nahuas.

En tiempos de la gran Tenochtitlan y hasta la fecha en templos católicos, en los pueblos cercanos a la Anáhuac, en días de fiesta se riegan en dos hileras, para marcan un camino, con pétalos de cempasúchitl. Los aztecas creían que los pétalos de esta flor recogían la luz del sol, tan preciada por los nahuas. En su cultura y religión el sol era el dador de la vida. Y les preocupaba mucho, en su mitología, que el sol saliera todos los días, que nunca dejara de aparecer después de la noche.

Así, a la flor del cempasúchitl la tribuyeron esa cualidad, la de contener el calor, la luz del sol, lo que da vida. Ahora en el México del 20017, a casi 500 años de que cayera Tenochtitlan seguimos queriendo a las flores de cempasúchitl y prolongando la creencia de que regresan los difuntos y para eso hay que iluminarles el camino con veladoras y pétalos de flor de cempasúchitl.

Flor emblemática de las chinampas de Xochimilco, en estos días se ven los ramos de la flor del sol ser trasladada en trajineras o canoas por los canales, esos canales que el 19 de septiembre pasado unos turistas americanos paseado por ellos y con los movimientos del sismo creyeron que se daban el fenómeno del tsunami. No sabían que aquí se cultiva el cempasúchitl.

Por eso se usa en las festividades como los días de muerto. Los nahuas creían que había vida más allá de la muerte. Además tenía un uso medicinal o alimenticio, todavía en una pulquería de Xochimilco, el Templo de Diana, preparan un curado de flor de cempasúchitl y canela que es una delicia, digo, qué tanto es tantito.

Quién durmió en este palacio

Armando Ramirez

EN 1779 LOS CONDES DE SAN MATEO DE VALPARAÍSO Y MARQUESES DEL JARAL DE BERRIO, COMPRARON una casona en la calle de Plateros, la derrumban y en su lugar construyen un palacio, ese palacio con el tiempo se llamará el Palacio de Iturbide.

Estos aristócratas eran ricos, también fueron los dueños del llamado Palacio de los Condes de San Mateo de Valparaíso. El edificio está ubicado en la esquina de Venustiano Carranza e Isabel la católica. Ahora el Palacio pertenece a Banamex.

Pero el Palacio de Iturbide guardó un extraño destino para los que ocuparon esta casona, primero fue el sanguinario general del Ejército de la Nueva España, Félix María Calleja, quien durante la guerra de Independencia combatió a los insurgentes, se cuenta que Calleja cuando llegaba a un pueblo que era simpatizante de la insurgencia agarraba cinco o diez varones y los fusilaba; este negro personaje luego fue Virrey de la Nueva España, y al regresar a España sufrió cárcel.

Después de él llegó a ese palacio el general del Ejercito realista, don Juan de O’Donojú, con mucho poder, pues el virrey en ese momento era interino, fue él quién firmó el Acta de Independencia representando a la corona española, pronto los desautorizaron desde Madrid, aunque que lo hecho estaba hecho. Pero murió de forma extraña a los 57 años, se dice que de pleuresía, pero había mucha gente que sospechaba que había sido envenenado.

Luego llegaría con inquilino Agustín de Iturbide, quien con O’Donojú había firmado el Acta de Independencia del país. Agustín adquirió un prestigio tremendo y una gran popularidad con la gente. La Güera Rodríguez, que era la amante de Agustín le aconsejó que se aprovechara para coronarse emperador de México, con el apoyo de la iglesia.

Iturbide se coronó emperador de México, pero el gusto le duró 6 meses, fue derrocado, huyó del país y cuando regresa lo fusilan. Ahora este edificio se le conoce por el Palacio de Iturbide, y alberga el Museo del Banamex, digo, total, qué tanto es tantito…