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Qué tanto es Tantitito

Villa quería con la Conesa

Antes había llegado una compañía francesa de burlesque. Foto: Especial
Armando Ramirez

El teatro de revista surgió en Francia en el siglo XIX, allá tenían la costumbre de organizar espectáculos donde se repasaban los hechos políticos del año, de ahí el nombre del Teatro de revista.

Esta influencia llegó a principios del siglo XX, pero la revista mexicana tiene influencia de la zarzuela, eran comedias musicales que contaban una historia, el teatro de revista México cuenta una historia a base de sketch picaros y políticos, con número musicales con bellezas de la noche como María Conesa, Mími Derba, Delia, Lupe Vélez, está última fue de las primeras que mostró su cuerpo.

El primero que hizo una revista en forma fue Leopoldo Beristaín, con la política mexicana, por ejemplo, hubo una revista que se llamó “La huerta de don Adolfo”, era presidente, Adolfo de la Huerta, estos cómicos fueron perseguidos por los políticos y cuando llegó a presidente Ávila Camacho prohibió alusiones al presidente.

De ahí surgen los grandes cómicos como Leopoldo Beristaín, Palillo, Cantinflas, la sensual María Conesa que cantaba canciones de crítica política, ella fue seducida por Pancho Villa pero nunca logro dormir en la cama de la Conesa, ella le dijo, “mire general, una pulga como yo, no duerme en su petate”, pero eso sí fue muy amiga de Porfirio Díaz. Hoy el teatro de revista ha desparecido y la crítica se hace en redes, digo, que gacho, total que tanto es tantito.

La maldición de la Minerva

Armando Ramirez

El edificio de la Secretaría de Educación Pública es recinto con historia y visitarlo es aprender de nosotros; fue antiguamente el convento de la Encarnación, la parte sur y la parte norte fue la Aduana de Pulque.

Fue el gran José Vasconcelos quién se inspiró para “salvar a los niños, educar a los jóvenes, redimir a los indios, ilustrar a todos y difundir una cultura generosa y enaltecedora, ya no de una casta, sino de todos los hombres”. Quien fuera director del Departamento universitario y de Bellas Artes, quería no solo construir escuelas, aulas, sino enaltecer el espíritu y la esencia del ser mexicano.

Me pregunto qué piensan cuando insultan a sus empleados diciéndoles: “Oaxaco”, siendo que los oaxaqueños tienen de que sentirse orgullosos. Vasconcelos, este oaxaqueño nos dio la educación escolar en todo el país y en su época, mandó a publicar miles de libros con títulos de Platón, Sócrates, Aristóteles, San Agustín y Dante Alighieri. Y siendo secretario de Educación Pública ocupó su oficina, llevó una estatua de la diosa Minerva, la de la sabiduría, cuando dejó su cargó, se dice que ningún secretario de Educación quiso mover a la Minerva por temor a una exclamación que hizo Vasconcelos, el que mueva de ese lugar la estatua le irá mal. El único que movió de lugar a la Minerva fue Fausto Alzati, quien fue secretario de la SEP durante unas semana, pues luego fue cesado, digo, qué tanto es tantito.

Tecpanecas son de Tlalnepantla

Armando Ramirez

SANTA MARÍA NATIVITAS XOCOYAHUALCO ES UN PUEBLO QUE EN LA ÉPOCA PREHISPÁNICA pertenecía al señorío de Azcapotzalco, desde esa época nos llegan sus fiestas y tradiciones, este pueblo fue evangelizado por los Dominicos a partir de 1528/1529.

Su bella iglesia fue construida en el siglo XVII, está hecha de tepetate, material abundante por estos rumbos, y cantera de chiluca, estos le da un acabado diferentes a otros templos, asemeja a un templo hecho del dulce de amaranto llamado “alegría”.

Al entrar al templo se descubre la imagen de la virgen de Santa María Nativitas está en un nicho, a un costado del altar, la figura religiosa que domina el altar es un Cristo de la Preciosa San gre, que tiene una leyenda cuyo personaje central es el dueño de la Hacienda del Vaso de Cristo o de Cristóbal. La región sufrió el azote de la peste, diezmando a la población, y el dueño de la hacienda al ver cómo caían fulminado sus trabajadores, rezó ante un Cristo de la Preciosa Sangre, que tenía, y la peste desapareció, en agradecimiento el hombre de la Hacienda donó el Cristo a la iglesia de Xocoahualco.

Otro personaje, este mítico, es Sebastián de Aparicio, el rico, para empezar primero estuvo en el convento de san Francisco, en el Centro Histórico, en la calle de Madero, ahí hay una placa donde se cuenta que fue el primer hombre que comenzó a usar la carreta con ruedas y alquilarla, era el siglo XVII. Sebastián tenía sus bienes, entre ellos un rancho cerca del pueblo de San Pedro Xalpa, quien visionario entendió la importancia del Puente de Vigas como entrada a la Ciudad, por eso mandó reforzar el puente, que en ese siglo era, exacto, de vigas, lo reforzó con mampostería y tepetate.

El vocablo Xocoyahualco significa “lugar de árboles de fruta ácida”, el pequeño pueblo tiene un kiosco a un costado de la iglesia, es un pueblo que una vez perteneció al Señorío de Azcapotzalco, y ahora forma parte del municipio de Tlalnepantla, digo que tanto es tantito

Tepito, antes del 85

Armando Ramirez

Antes de 1985 Tepito tenía tianguis en algunas calles y tenía muchas calles para caminar, platicar o bailar salsa al atardecer cuando la gente llegaba de trabajar de las fábricas y los hombres salían a jugar futbol al campo de tierra que luego sería el Maracanacito, las mujeres iban a comprar el pan y la leche y las señoras grandes sacaban sus comales para vender sus quesadillas y sopes. En el barrio mucha gente era obrera, no solo comerciante, trabajaban en fábricas de aceites en Nonoalco, en chocolateras en la Morelos o en la fundidora de la Exhipódromo de Peralvillo, en fábrica de radios y televisiones cerca de Tlatelolco, o de chiles enlatados por San Lázaro, pero a principios de los años ochenta siguieron las devaluaciones que habían comenzado con Luis Echeverría y seguían con De la Madrid. Y también llegaron a las empresas, las reconverciones industriales que les exigía transformarse con ayuda tecnológica y producir y vender de otro modo, había llegado la globalización y nos habíamos dado cuenta y más cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio del Norteamérica, muchas fábricas bailaron las Golondrinas, hubo despidos de trabajadores y muchas empresas emigraron de la Ciudad de México, la gente de los barrios del Centro sufrió el desempleo. Y tembló dos terribles veces en 1985, cientos pensaron que se acaba el mundo, tanta gente sufrió por las deudas que se multiplicaron

Fantasmas de Tlatelolco

Armando Ramirez

La iglesia de Santiago Tlatelolco, escriben algunos, se construyó con las piedras de los templos destruidos a la caída de Tenochtitlan y otros que el tezontle se trajo a través de los ríos pues es una piedra muy ligera que flota, lo cierto es que fue Hernán Cortés quién ordenó su construcción en el año de 1522 y se terminaría en el año de 1527, luego reconstrucción y fue hasta el año de 1609 después de sufrir una inundación que se alza la tercera construcción, que es la que actualmente conocemos, fue inaugurada por fray Juan de Torquemada. La iglesia tenía un convento, hoy ocupado por el “Museo de sitio de Tlatelolco, caja de agua”, es una pila para el agua, en sus muros tiene pinturas, pero de eso hablaremos en otra ocasión, ahí mismo se encontraba el Imperial Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco, donde frailes como Bartolomé de las Casas impartían educación universitaria a los hijos de los señores aztecas, daban materias como Filosofía, Lógica, Religión, algunos dicen que se puede considerar la primera Universidad que hubo en México. Ahí, de las voces de estos estudiantes Bartolomé de las Casas pudo recuperar mucho del pensamiento, costumbres, tradiciones y religión de los aztecas, en su libro Historia General de las cosas de la Nueva España. Es tal la importancia de esta iglesia a la caída de Tenochtitlan que Hernán Cortés la dedica a Santiago Apóstol, figura religiosa importante en España, pues en los siglo XV y XVI creían los españoles que durante la guerra de Clavijo se apareció el apóstol Santiago para ayudar al rey Ramiro I a vencer a los moros y así defender el cristianismo en contra de los musulmanes. Esa importancia le dan los españoles que llegaron a Amé- rica a la iglesia de Santiago, pero es inevitable que se le agregue la palabra Tlatelolco al estar la iglesia en lo que fueran los dominios de Cuauhtémoc, último señor azteca. Aquí inicia la conquista espiritual de los pueblos indígenas. Los españoles ordenan la construcción del Tecpan, casa de gobierno donde un señor azteca gobernará a los indígenas, el primero fue Cuauhtémoc ya derrotado, ahora la Tecpan alberga un mural de Siqueiros contando la destrucción del mundo indígenas, está a unos pasos del Paseo de la Reforma, échele un ojito, qué tanto esa tantito.

Leyendas de la Doctores

Armando Ramirez

LA COLONIA DOCTORES EMPEZÓ A FRACCIONARSE EN 1899 Y SE LLAMÓ EN PRINCIPIO COLONIA HIDALGO

De ahí que su mercado todavía se llame Hidalgo, pero en 1906 donde Porfirio Díaz inaugura el Hospital General y las calles a su alrededor recibieron nombres como el del doctor Liceaga o doctor Vértiz, Barragán, Lucio. Y la gente empezó a llamar a ese barrio colonia de los doctores.

La primera calle de esta colonia fue la de Pajaritos, era un callejón muy cercano a la fuente del Salto del agua, hoy se llama doctor Valenzuela y es una calle larga. Por cierto, en Pajaritos se encontraba una casa de chicas malas, las de madame Rassimi y cerca estaba un burlesque recatado, muy atrevido para la época, el baile del Can can hacía desmayar a las damas de la vela perpetua.

Tal vez con estos antros comienza la tradición de lo cabarets en la doctores, que junto a la colonia Obrera formaron la zona de diversión nocturna más legendaria de la Ciudad, hojas Petra. En la Doctores estaban el cabaret Leda, el Balalaika, la Burbuja, el Tranvía, donde Nancy Green y Claudia Tate causaban furor con su sensualidad, estos lugares dieron fama a la vida nocturna a la colonia, donde taxistas y parroquianos iban hombro con hombro a los lugares celestiales.

La Doctores también tuvo sus cines legendarios, ¿quién se podrá acordar del cine Titán o del Maya o el Edén? Este terminó llamándose Almoloya, en plena decadencia de los cines grandes. Y cómo olvidar el cine México, sobre avenida Cuauhtémoc, ahora son unos elegantes departamentos, frente a la desembocadura de la avenida Álvaro Obregón, cine peculiar compartía sus estreno con los vecinos de la Doctores y la colonia Roma.

Y el cine Internacional, de espeluznante recuerdo, estaba en la calle de doctor Liceaga y Carmona y Valle, que junto a las oficinas de la Secofi se cayeron en los sismo del 85, ocupaban el terreno de lo que ahora es el jardín Ignacio Chávez, enfrente del jardín están los “Soldominios”, edificios de condominios, que en los sis – mo del 2017 quedaron dañados, barrio al fin la Doctores. Qué tanto es tantito.

Legendarios los caldos de Indianilla

Armando Ramirez

LA NETA de la corneta noctámbula el reposado es al otro día cuando la cruda hace estragos y se antoja algo calientito para sudarla y eso en Chilangolandia ha sido de tiempos ancestrales, basta leer las crónicas del siglo XX para saber cómo se la curaban los que bailaban en Waikiki o en el Salón México. No se por qué los intelectuales o los artistas de fama internacional les gusta acercarse a los barrios populares para ver cómo se la curan o como se la beben.

Es el caso de los célebres caldos de Indianilla, estaban cerca de la estación de tranvías de Indianilla. Se nombraron así porque el lugar donde estaban se llamaba de la Indianilla, hoy colonia Doctores, el taller se ubicaba en las calles de Claudio Bernard, Niños Héroes y Doctor Lucio. Y por estos caldos de Indianilla se asomaron Dolores del Río, Orson Wells, Rita Hayworth, el Indio Fernández, Diego Rivera, Rodolfo Usigli José Revueltas, la crema y nata para hacer rompope.

Imagino a estos personajes probaron los caldos de gallina: “gallina vieja hace buen caldo”, reza el refrán, parecen que estaban retebuenos, estos personajes de seguro los acompañaron con hojas de té de naranjo con piquete, algunos aseguran que ahí nació la legendaria teporocha, tres medidas de té por una de chínguere, vaya usted a saber, los cierto es que por aquí también estaban “las veladoras”, otro lugar para beber chínguere, que los mandaba a dormir como angelitos, claro en estos lugares tocaban los tríos sus boleros de moda, música romántica, de esa de rompe y rasga el corazón, ese era el ambiente de los famosas caldos de Indianilla.

Ahora ese tipo de legendarios lugares no existen, a lo más que llegamos son a los puestos de tacos con su “paisa” favorito, será la inseguridad que ya ni la noche lleva la fiesta en paz. Pero no se pongan tristes, se pueden dormir temprano y al otro día llegarle a su mercado favorito por unas enchiladas de mole y unas chelas.

O a la pancita de la calle del Buen tono, en el Centro Histórico, a un lado del gimnasio “Los nuevos Jordán”, hacen una pancita que lo mismo da si pida de cacarizo, libro o callo, sabe sabrosa con sus rama de epazote y las tortillas recién hechas y un café de la olla o su helodia, digo para sudar la última gota de la noche anterior, que tanto es tantito.

En el Centro hay de Cantinas a otras Cantinas

Historia pura la que existe en el Centro Histórico. Foto: Especial

Cantina por excelencia es el Salón España, en la esquina de Argentina y González Obregón, lugar de regodeo de los estudiantes del viejo barrio universitario, por los estudiantes de la escuela de Jurisprudencia. Los de Odontología iban a la desparecida cantina El Nivel, en la calle de Moneda. Ahora la frecuentan periodistas, maestros jubilados, burócratas con sueños de antrólogos y guías de turistas; esta cantina tiene el aristocrático sabor de las viejas cantinas del centro, con su local de tortas a lado, también van trabajadores y luminarias del Colegio Nacional, donde los chamorros de los viernes son una delicia con una salsa de Dios mío, y una cerveza bien helodia,  a veces se juega dominó.

Una que se modernizó y por poco pierde su clase es la Peninsular, en la calle de Corregidora y la Alhóndiga, dicen que se fundó en 1872, y se proclama que desaparecida la cantina El Nivel es la más antigua de la Ciudad; llevan grupos musicales con cantantes de buen ver, es un buen cotorreo.

En la calle de Jesús María esquina con Moneda, a espaldas de la escuela de San Carlos está La Potosina, aunque en el barrio le llaman la “Potrosina” es refugio de viejos atlantistas, cuando los potros de hierro juegan está a reventar, hay tele de paga, se hace la chorcha y hay chamorros.

Otra clásica es El Gallo de oro, fundada en 1874, se juega dominó, hay buena comida, es una lugar cómodo y amable, está en la calle de Bolívar y Venustiano Carranza. iNo puede faltar en este breve recorrido, en la calle de Independencia y Dolores, la cantina del Tío Pepe, bellísima cantina, como las de antes, con su barra de madera.

Cosas que no observamos

LGM Studio . Fotografia de Arquitectura
Armando Ramirez

En la esquina de Reforma, Zarco e Hidalgo, hay motivos que nos invitan a recordar hechos de los cuales muchos no se acuerdan. Sobre el Paseo de la Reforma se encuentra la estatua de Francisco Zarco, periodista y defensor de la libertad de prensa, fue un periodista liberal, sufrió persecución, represión, por eso es considerado el apóstol de la libertad de prensa.

Incluso alrededor de su estatua, en la plaza, los periodistas de ahora hacen sus actos de reivindicación de la libertad de expresión, como son los homenajes que se le rinden al periodista Manuel Buendía, asesinado por ejercer su profesión de periodista.

Adelante rumbo a la iglesia de san Hipólito esta una pequeño altar donde se resguarda el fragmento del piso de un pasillo que conducen a las taquillas del Metro y que un día de lluvia, un vendedor de dulces, mientras se protegía de la lluvia, observó, según su dicho, como se aparecía en unos de los cuadros del suelo la imagen de la Virgen de Guadalupe, se emocionó, y llamó la atención de la gente para que vieran la aparición de la imagen de la Virgen. La gente lo creyó, y se comenzó a crear un fenómeno social, la iglesia y la policía no le creyeron, pero las autoridades de la Ciudad para no meterse en problemas levantaron un altar a la entrada del Metro Hidalgo, del lado de la calle de Zarco. En la esquina de la iglesia de San Hipólito hay un medallón de cantera, en ella está cincelada la historia de la Noche Triste, por aquí fue donde se dio la batalla donde los aztecas hicieron huir al ejército de Cortés.

De toreros a… el sitio para los hipsters

Decenas de personas van a divertirse todos los días. Foto: Especial
Armando Ramirez

Es un lugar mítico de la noche en la Ciudad desde hace varias décadas, es famosa su rifa del pollo, su ambiente vetusto, polvoso con grandes trajes de luces de toreros, como Eloy Cavazos, Joselito Huerta o Manolo Martínez, de su lienzo sobre una de las paredes del escenario, es una escena de la canción Huapango torero: “rumbo hacia los corrales,/ se ve un chiquillo que va resuelto,/ El quiere torear un toro,/ su vida pone por precio…”

En el lugar se siente la nostalgia por un mundo que desaparece en la ciudad, la fiesta de los toros, imagino que cuando se inauguró La Faena los toreros eran grandes estrellas y fueron capaces de donar esos hermosos trajes de luces, ahora los parroquianos que frecuenta el lugar es muy difícil imaginarlos ser aficionados.

La Faena se encuentra en los bajos del edificio Gabriel Mancera, su entrada es larga y sus muros están tapizados con mosaicos con frases picantes, el lugar tuvo mejores tiempos, al llegar al salón se ve al fondo la barra y en las columnas están colgadas vitrinas que resguardan los trajes de luces, los parroquianos, muy pocos miran hacia las vitrinas, piden cervezas, son en su mayoría jóvenes, si no hipsters querrían serlo, y llevan jovencitas que toman al parejo, ellos no podrían imaginar la de anécdotas que tiene el lugar, todavía los antiguos las cuentan, como la de Chelo Silva, que no era Chelo Silva, la legendaria cantante chicana.

Por los años noventa la Faena intentaba reverdecer viejos laureles y le dio por presentar una variedad, se les ocurrió revivir a Chelo Silva, quien había fallecido tiempo atrás, la anunciaron como vivita y coleando, el lugar se abarrotó pero quien se presentó fue una imitadora, cantaba los éxitos de Chelo Silva: Hipócrita, Una lámpara sin luz, Como un perro. Chelo es el antecedente de Paquita la del barrio, pero más raspa, con voz de cantina con sínfonola, el público no se sintió defraudado y hasta participó en la célebre rifa del pollo. La rifa del pollo frito se realiza a la medianoche, cuando hace hambre, al ir cantando los boletos se hace fiesta, hasta que dan al ganador, digo, qué tanto es tantito.

Con historia un lugar cabalístico

Armando Ramirez

En Pino Suárez y República de el Salvador, se encontraron Moctezuma y Cortés

En la esquina de Pino Suárez y República de El Salvador, hay una iglesia, la de Jesús y un hospital, del mismo nombre; este hospital fue el primero que hubo en Amé­rica, y fue mandado construir por Hernán Cortés para los españoles pobres que estaban mal de salud.

No se sabe si fue a propósito o fue pura coincidencia, porque donde se levanta el hospital y la iglesia es en la esquina de Pino Suárez y República de El Salvador.

Y ahí en esa esquina es donde se dio la primero reunión entre Moctezuma y Cortés, fue el 8 de noviembre de 1519. Llegó Mocte­zuma, como dicen los historiado­res, “en andas”, es decir lo iban cargando en una litera, al tener enfrente a Cortés, que iba en ca­ballo, Moctezuma baja de su apo­sento, naturalmente, vestido con lujosas joyas, telas finas y una pe­nacho que deslumbra, hecho de plumas de las aves más finas que hubieran en estas tierras, además de tener piedras preciosas.

Cortés un pobretón español en busca de fortuna, y deslum­brado por la riqueza del señor de Tenochtitlan, tan solo le ofrece un collar de cuentas de vidrio. El español quiere abrazar a Mocte­zuma pero es contenido por la gente del Tlatoani, Cortés ignora que no se le puede tocar.

Tanto Cortés como Moctezu­ma habían recabado información uno del otro. Cortés sabía que el Tlatoani era un ser supersticioso y temeroso de la profecía que ven­drían hombres barbados de más allá del mar para tomar el poder.

Moctezuma, al ver al español temió y reculó, le ofreció hospita­lidad y riqueza. Y ellos, codiciosos, supieron que podían ser inmen­samente ricos. Lo escribe Bernal Díaz del Castillo en su crónica sobre la Conquista de México, al ver desde el Cerro de la Estrella la Ciudad de Tenochtitlan, era cosa de no creerse lo que veían, parecía cosas de encantados, una Ciudad flotaba sobre el lago cubierta por una suave neblina. Y de la descrip­ción que hace de la riqueza de Moctezuma, nada más faltaba que se le cayera la baba. En un muro de la construcción sobre Pino Suárez hay una copia en cerámi­ca de un cuadro de Juan Correa, donde pintó ese encuentro, y en esta iglesia reposan los restos de Cortés, digo, que tanto es tantito.

El callejón de Tlaxcaltongo

Armando Ramirez

EL CALLEJÓN DE TLAXCALTONGO ES PEQUEÑO, SI USTED CAMINA POR LA CALZADA DE TLALPAN a la altura del Metro General Anaya, no lo verá, a menos que vaya leyendo los letreros que le dan nombre a las calles, el callejón está en la colonia Country Club y es las parte más vieja de la colonia.

Favor de no confundir Tlaxcaltongo con Tlaxcalantongo, este fue lugar donde mataron a Venustiano Carranza, suena parecido pero son diferente. Aquí las familias llegaron a poblarlo a finales del siglo XIX, mucho antes de estuvieran por estos rumbos los estudios Churubusco, y son familias muy antiguas.

Los nietos de aquellos primeros pobladores, se acuerdan de cuando eran niñas y niños y conocieron el río Churubusco y que jugaron en sus aguas, era un río de aguas cristalinas, claro, mucho antes de que lo entubaran, de cómo pasaba el tren e iban al parque de la Pagoda cuando este jardín tenía un enorme “castillo” así le llamaban ellos a la construcción estilo japonés que tenía tres piso, todo de madera, y a pesar de que no tenía escaleras, estaba muy alto el primer piso, subían para ver el “castillo”, pero cuentan que unos drogadictos lo incendiaron.

En ese jardín filmaron películas de César Costa, Enrique Guzmán, Angélica María y nos cuentan que había una feria que duró años y que Enrique Guzmán, Angélica María, César Costa y Manolo Muñoz, iban a la feria a subirse a la rueda de la fortuna y que los niños les pedían autógrafos, porque, dicen, “no eran creídos”.

Y donde están las gasolineras, el Metro dividió, ahí había un glorieta y en ella la estatua del general Pedro María Anaya, aquel que en la invasión norteamericana defendió el convento de Churubusco.

La estatua ahora se encuentra en el jardincito del Convento de Churubusco, dicen que iban a la escuela del lado poniente y cruzaban la avenida sin problemas no había tantos autos, y junto con el callejón De Mila, organizan sus posadas en diciembre con procesión, piñatas de barro y las letanías, como las celebraban sus abuelos, digo, son rinconcitos de la ciudad que siguen existiendo, total, qué tanto es tantito.

Como la vieja Lagunilla

Armando Ramirez

Se va sorprender por los puestos de antigüedades que hay sobre el piso y alrededor de todo el Jardín Ignacio Chávez, haga de cuenta, llega a un mercadito árabe y hay cada personaje de novela, hay una señora grande, rubia, bonita, con su piel arrugada pero no deja de ser hermosa, se llama Casandra y es de origen griego, le vende timbres a los coleccionistas.

Recorriendo el tianguis de la Cuauhtémoc, encontré un hermoso mueble para escribir cartas como se estilaba, un escritorio secret, luego una lámpara de las que usaban a principios de los años 20, imaginé al Presidente Sebastián Lerdo de Tejada escribiendo a la jovencita Manuela o el secreter de viaje de don Benito Juárez y no sólo me mostraron eso, sino una taza y un plato de porcelana hecho en Londres.

Es un gran bazar, encuentra al cuate que vende discos de vinyl, la de gente joven que se arremolina para tener los discos de Black Sabbath y, muchos coleccionistas buscando los discos de Mike Laure o los Tribunos o Frank Sinatra, este jardín los sábados y domingos es un mundo de nostalgias.

No sabía que hay gente que colecciona los juguetes de la Matei y ahora tan de moda las portaviandas, jarras, pocillos de peltre, frascos de los perfumes, es un gozo recorrer este tianguis, me gusta mucho porque me hace recordar a la vieja Lagunilla, cuando todo lo que se vendía eran antigüedades o curiosidades, no que ahora visitar la Lagunilla a excepción los libreros de viejo que están sobre el eje norte 2 y ahora una parte de anticuarios, cada vez son más arrinconados por lugares que venden micheladas, bisutería china; que bueno que este tianguis de Cuauhtémoc conserve la esencia de este tipo tianguis bazar, digo que tanto es tantito.

Del miedo al agua, al baño público

Armando Ramirez

QUE CHISTOSA ES LA CIVILIZACIÓN, AUNQUE USTED NO LO CREA A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII, LA GENTE le tenía miedo al agua, no eran como los aztecas que felices vivían con el agua, no practicaban el aseo del cuerpo, fue hasta finales del siglo XVIII cuando se discutía en Europa y por influencia en México si se debían de lavarse la cara o solo limpiarla, pensaban que si usaban el agua podían dañar la piel con el frío y el sol.

Es cuando se descubre que la limpieza evita las infecciones en los hospitales, entonces nadie tiene miedo de bañarse o lavarse el cuerpo y surgen un montón de métodos que en la ciudad de México, claro, los riquillos son quienes las usan, por ejemplo el “baño de esponja”, es decir una tina con asiento donde se sentaba el individuo y se tallaba la piel con una gran esponja.

Este tipo de baños eran para curarse de una infección, una diarrea, y estaba el baño para los pobres “de lluvia”, colocaban un bote en lo alto le hacían unos agujeros y se bañaban. Con el tiempo llegó el baño de vapor y las bañeras, ahí estaban las “bañeras de caderas”, eran unas tinas redondas con un respaldo alto y a los lados unas coderas para que la señorita descansara mientras su cuerpo recibía el agua caliente en las partes claves del cuerpo humano. O la tina de “baño de zapatilla”, era la favorita de las mujeres, era lo mismo pero tenía un asiento más cómodo, una forma de zapatito, la gente ahí cabía más cómodamente.

Llegaron los baños públicos muy fifís, como los famosos Vergara, estaban en lo que hoy es la calle de Bolívar, en lo que fue el convento de Betlemitas. Estaban las Albercas Pane, propiedad de un italiano que puso de moda entre las mujeres las albercas y los baños de vapor, turcos y mesas de masaje.

Los baños públicos fueron tan famosos que los invadieron los gays, entre ellos Salvador Novo, Elías Nandino, Xavier Villaurrutia que iban a los baños Bolívar a cazar jovencitos, así y el progreso perdió prestigio el baño público, total, que tanto es tantito

En Coyoacán calles con un toque antiguo

Armando Ramirez

Recorra y admire el suelo empedrado, casas de hace varios siglos y un halo romántico

LA CALLE DE FRANCISCO SOSA es una de las más bellas en Coyoacán, un sábado o do­mingo puede recorrerla. Debe de empezar en avenida Universidad a la altura de la capilla San Anto­nio de Padua, conocida como de Panzacola, es una capilla sencilla, del siglo XVII.

A un costado de la capilla se erige ante el visitante un puen­te de piedra, debajo cruzan las aguas del Río Magdalena, el puente se llama de Altillo, pero le llaman el puente de Panzacola, el suelo es empedrado y las ca­sonas sobre la calle de Francisco Sosa, algunas de ellas tienen va­rios siglos de antigüedad, la calle tiene un halo romántico, atrévase a caminarla, podrá admirar con tranquilidad, la hermosa Casa del León Rojo del ex presidente Mi­guel de la Madrid (ya fallecido).

A mano derecha está la lla­mada Casa de Sol, en la esquina encontramos una casa de lo que sólo se nos permite ver sus altas paredes, fue la casa del poeta y cronista de la Ciudad de México, Salvador Novo, su casa está en la esquina de Francisco Sosa y Sal­vador Novo, el poeta y cronista tuvo el honor en vida de vivir en la calle que lleva su nombre, Sal­vador Novo.

La casa vista de lejos parece abandonada y enfrente se en­cuentra lo que la gente conoce como la Casa de Alvarado, se­gún la leyenda esta casa la habitó Pedro de Alvarado, en realidad, la casa es más reciente, es del siglo XVIII, su estilo arquitectónico es mudéjar, árabe.

Su puerta está finamente labra­da, la casa ha sido de la SHCP, de la SEP y ahí vivió su último año de vida nuestro gran poeta, don Oc­tavio Paz, Premio Nobel de Litera­tura el último año, ahora la casona es la Fonoteca. Vale la pena entrar.

Adelante encontrará otras ca­sas de parecido estilo, como la Ca­sa de Actuación con técnica rusa, del director de cine Sergio Olho­vich, a esa altura descubrirá uno de las jardincitos más bonitos de Coyoacán, Santa Catarina, enfren­te está la Casa de Cultura de Je­sús Reyes Heroles , la iglesia de Santa Catarina es pequeña, antes de que estuviera ésta hubo una ca­pilla para indígenas, se le permitía la entrada a la iglesia a los indíge­nas, después ya fue construida la iglesia de Santa Catarina, y al cen­tro del jardín está el busto de Fran­cisco Sosa, hay tanta historia en esta calle, que mejor recórrala un sabadito o domingo digo, que tan­to es tantito.

Días de radio y nostalgia

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

Este martes 13 de febrero se celebra el día mundial de la Radio, según proclama de la UNESCO, pero independiente de eso, la verdad es que durante el siglo XX sucesivas generaciones de seres humanos han sido enriquecidos, alimentados o formados a través de la radio. O dígame quién no creció escuchando en su adolescencia, sea en pueblo o en la ciudad, en la Roma o en la Lagunilla, en el radio su programa favorito, donde el locutor era la estrella y dictaba los gustos de los jóvenes, con La hora los Beatles, La hora de Rigo Tovar, La de Juanga, Los Monkees, y las señoras las radionovelas, “Una flor en el pantano”, “ Chucho el roto”, como antes escucharon “El monje loco” o aquella frase de “Dispara Margot, dispara”, con el personaje Carlos Lacroix o últimamente “La mano peluda” y “El panda show”.

Y en la información, aquellos precursores de los noticieros actuales, “El Mundo sigue su marcha” con el lector de noticias Guillermo Vela, el noticiero era redactado por Jacobo Zabludovsky, o los programas de radio con comentaristas como Agustín Barrios Gómez, solo recordemos “Ensalada popof”.

Como diría Woody Allen, son los días de la radio, cuántos jovencitas o jovencitos crecieron con la voz del locutor de la Radio Universal, sigue tan campante hasta nuestros días, Adolfo Zepeda Fernández, con sus “Clásicos de Universal”, o no me digan que ya no lo escuchan en Radio Universal.

Otra voz que acompañó a muchos jóvenes en la época de la música disco fue el locutor Mario Vargas, de Stereo cien para hacerlos sentirse John Travolta, y qué me dicen del locutor de Radio Capital, César Alejandre, con su estiló clásico anunciando “la discoteca de la gente joven”, Radio Capital, no lloren, solo acuérdense.

Para los habitantes de la Ciudad de México la radio ha sido una fuente de información y formación sentimental, cuántos hablaron por teléfono para pedir una canción de Los Pasteles de Verdes o Los Ángeles Negro, digo, la radio es para mucha gente su acompañante perfecto en la soledad, cuántos no se dormían mientras escuchaban en radio 6.20, “Reunión de etiqueta” y la música de las grandes bandas, la radio siempre ha estado en nuestras vidas y no le digo en los amores porque como se dicen, recordar es vivir, ¿o no mis enamorados? total, qué tanto es tantito.

El bar Mancera, viaje al pasado

Armando Ramirez

EN LA CALLE VENUSTIANO CARRANZA 19, ESTÁ LA CASA DE GABRIEL MANCERA, EMPRESARIO MINERO, y famosos filántropo, es un edificio de finales del siglo XIX, donde en los altos se lee un nombre: “Gabriel Mancera”.

A esa casa una noche tocaron, eran unos policías que viajaban en un automóviles gris, mostraron una orden de cateo, entraron y robaron los objetos de valor de la familia Mancera.

Era el modus operandi de la Banda del Automóvil gris y una de sus víctimas fue Gabriel Mancera. El país vivía la Revolución y en la Ciudad los generales y los vivales se aprovechaban de la población, como fue el caso de los Mancera, pues en una reunión social a la que la hija de Mancera asistió, también estaba la vedette María Conesa, la Gatita blanca; ahí la hija de don Gabriel descubrió con asombro que la mujer portaba las joyas que le había robado la banda del automóvil gris, y ella de inmediato reclamó las joyas, pero la vedette afirmó que se las había regalado su amante, el general Juan Mérigo, jefe de la Policía capitalina.

Grande fue el escándalo y ahora todos sabían que la Banda del automóvil gris era manejada desde la Policía de la ciudad, pero como siempre, orquestaron ellos mismos la captura de los “verdaderos maleantes de la banda del automóvil gris”, incluso fusilaron a algunos, pero a los principales los sacaron del país.

Don Gabriel Mancera se fue de la Ciudad, vendió el edificio y en 1912 se convirtió en un sitio de lujo, el Hotel Mancera, fue cuando le aumentaron al edificio los dos pisos superiores. El hotel Mancera fue cerrado en el año de 1979.

El edificio se dividió en oficinas, otra parte la ocupa una cantina y del lado contrario está el bar Mancera, una belleza donde el tiempo se ha detenido, un lugar donde los vitrales evocan el afrancesamiento de la época de don Porfirio, un pianista que ameniza las comidas de los parroquianos, en mesas cómodas, iluminadas con una luz tenue, y una barra de madera con vitrinas de cristales de vidrio emplomado es atendida por la primera mujer barman que hubo en la ciudad. Total, qué tanto es tantito…

En la Guerrero, antojitos para fin de semana

Armando Ramirez

EN LA COLONIA GUERRERO son jefes, gourmets de 5 estrellas michelín, sibaritas del asfalto chilango, no es por nada pero hay antojitos para levantar a un crudo, un desvelado, satisfacer a un tragón o a los amorosos. En esos locales hacen cola para degustar sabrosas milanesas, una pancita, un pan recién hecho, un café cortado, unos pulques en jícara para satisfacer al azteca que lleva uno dentro, cocteles tarántulas que rebozan de cangrejos, ostiones, camarones, aguacate y aceite de oliva para dárselas de supermacho.

La colonia Guerrero es donde las águilas devoran los antojitos, vale la pena ir. Dese una vuelta por la esquina sibarita de chilangolandia, aquí encontrará muy sabrosos tamales, esplendidas orejas de elefante pero lo que se lleva la mano del sabor son Los Machetes, y no los que usan como los cañeros para cortar la caña, no, pero son igualitos de forma y de tamaño, haga de cuenta que es una inmensa quesadilla con la forma de un machete, y esa extensión cabe lo que sea.

Como diría el Quijote a Sancho, cuando éste le dice que están ladrando los perro y el Quijote contesta, Sancho es señal de que estamos vivos. Así quedan cuando devoran los machetes de Amparito.

Es la esquina sibarita, Héroes y Luna, todo es cosa que se pare y ojo avizor, en tre los locales que se ofrecen para degustar verá donde el respetable hace cola y no respira, nada más se mueven cuando le anda de la pipí y es que de ver cómo preparan los machetes, da hambre.

Doraditos, crujientes, rellenos de requesón, quesillo, carne, hongos, flor de calabaza, huitlacoche, lo que usted quiera y mande, al fin ustedes son gourmets, expertos en almorzar. En el local de Amparito las mujeres son luchonas, saben acomodar el relleno, eso sí, hay que ser valientes para acabarse un Machete, son enormes y abundantes, la neta de la corneta del tragón, muchos de los comensales comparten y más si son noviecitos o se despertó la pareja con mucha hambre después de una noche farragosa de amor y las familias en sabadito hacen almuerzo familiar, digo, cómase uh machetito, y sabrá lo que es amar en chilangolandia, digo, que tanto es tantito.

El folclor de la colonia Postal

Armando Ramirez

AHÍ FIJARON SU VISTA LOS TRABAJADORES DE CORREOS PARA EDIFICAR SUS CASAS

La colonia Postal se llamó Unión Postal, pero mucho antes, fue un barrio indígena, recuerde que hasta acá llegaba el lago y cruzaba la calzada de Iztapalapa, una de las calzadas que unían con tierra firme a Tenochtitlan, y ya en tiempos de la Nueva España los indígenas tenían prohibido habitar la nueva Ciudad. Así surgieron nuevos barrios indígenas al sur; hoy, calzada de Tlalpan.

Y en 1919 a iniciativa de los trabajadores del Correo Nacional, agrupados en la Unión Postal, que tenía conexiones con sindicatos en España o Portugal, pidieron al Gobierno, estos terrenos para construir sus casas, los cuales eran un potrero, espacios de hierbas silvestre y jacales de gente muy pobre.

Una de las primeras casas en construir por un empleado de Correos fue la que se ubica en la calle de Reembolsos 48; una placa señala que fue la primera casa en la Postal, por ahí las calles llevan nombres relacionados con el Correo: Estafetas, Giros postales, Correspondencia, Buzones, sí existe una calle con el nombre de Buzones y también, Carteros.

La colonia está sobre la calzada de Tlalpan a la altura de la Carpa Astros, donde el Circo Atayde hace su temporada. Esta carpa pertenece a la Postal. También en la esquina de Giros postales y Tlalpan trabajan personajes que aunque no pertenecen al barrio, son las chicas y los chicos del talón dorado que están ofreciendo sus servicios.

En un viejo local en esa esquina se hacen los nostálgicos futbolitos, ¿se acuerdan, cuando de niños iban a los locales de los barrios y pagaban para jugar en las mesas de los futbolitos, las monedas se echaba en la ranura a mitad de la cancha y los muñequitos eran de colores de los equipos de la liga mexicana, había reta.

También hacen mesas de billar y de Hockey. Cerca del parque Odessa, dan clases de salsa, nada más se escucha la música a todo lo que da, eso sí, los hacen bailar salsa como en los barrios, Tepito, la Ramos Millán, etc. Digo, la clase se riega donde sea, que tanto es tantito.

Huipulco… el pueblo

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

A veces al cruzar un lugar un día sí y otro también no se da cuenta de lo que hay por ahí, por ejemplo, la Glorieta de Huipulco. Si bien va, se dará cuenta que está ahí la escultura ecuestre de Emiliano Zapata, cuenta la gente que Zapata cabalgaba por estos lados en tiempos de la Revolución. Pero qué cree, resulta que la original la trasladaron a la Alameda del sur y en compensación les dejaron una copia, ¡chanclas! Están como la fuente del Salto del agua, en el Centro, la original está arrumbada en Tepozotlán y la que ven es una copia.

En esta glorieta estuvo un taller de los tranvías, creo es del tren ligero. En la Ciudad de México hubo bastantes tranvías, (como los que iban a Xochimilco y travesaban el Centro y llegaba hasta la Basílica de Guadalupe) acá estaban a un lado del pueblo de San Lorenzo Huipulco. Sí hay pueblo que le da nombre a la glorieta. Por cierto Huipulco significa, “el lugar donde se destruyen las espinas sagradas del autosacrificio”

Si camina por el pueblo se sorprenderá de caminar por calles empedradas, se curvan y terminan en algún callejón y encontrará la iglesia de San Lorenzo Mártir, que su origen se remonta al siglo XVII, es pequeña con una cruz atrial grande, el atrio es amplio que usan para estacionar autos. En la época de la Nueva España los evangelizadores lo usaban para catequizar a los indígenas, estos no podían entrar a la “casa de Dios” dizque eran paganos ¡que mala onda de los españoles!

Y si sigue hacia la Calzada de Tlalpan encontrará un jardincito, a donde la gente que va de paso se sienta a descansar en sus bancas de cemento, al centro hay un kiosco, pequeño pero bonito, hasta dan ganas de creer que aquí se dan serenatas, pero no es cierto, más bien ha de quedar solitario el lugar en la noche.

En uno de sus muros está pintada la figura de Emiliano Zapata con su ropa de charro, era bueno montando a caballo, siga adelante, por esas callecitas llegará frente a una tortería, tiene más de ochenta años de existencia, en su interior tienen una foto de su lugar en los años treinta, es una construcción antigua con un portal, hay unas mesas, es como en las viejas estaciones de trenes, ahí venden las tortas de quesillo con aguacate más famosas de Huipulco, digo, si le da hambre, total, qué tanto es tantito.

En mercado de La Portales

Armando Ramirez

VISITAR el Mercado de la Portales es asistir a un mundo fantástico, no es un mercado cualquiera, es un mercado de las mil y una noches, hay de todo.

Es cosa de recorrer el mercado y lo primero que se le antojan son los jugos, licuados, cocteles, hay varios locales donde le ofrecen un licuado de avena con huevo, un plátano y miel, con eso es más que suficiente para aguantar hasta la comida.

Las aguas de fresa son de alfalfa, o de piña y limón, los cocteles de fruta con granola, miel, son enormes. Y si se pierde en las fondas, no jueguen, hay para todos los gustos, comida corrida, enchiladas, chilaquiles, caldo de gallina, mariscos y taquerías de todo tipo, al pastor, de cabeza o de cecina de Yecapixtla, pero en esto de la comida y los antojitos, el mercado de la Portales es célebre entre los sibaritas del asfalto por sus tostadas de patas, Dios Santo, son exquisitas y bien servidas, con una leve salsa verde, crema.

Pero no sólo hay un puesto, son varios que compiten con quién da las mejores tostadas de pata, también hay tostadas de tinga pero las que me apantallaron fueron las de carne tártara, exquisitas, ya me creía Gengis Kan.

Hay locales que le ofrecen productos para que usted cocine en su casa, como los locales de productos oaxaqueños, son orgullo de la Portales, basta citar al gran Carlos Monsiváis, que como le había presumido en Tepito los tacos de tripa y de hígado y las migas, me invitó a sus terruños, en la Portales, y fuimos a comer a un lugar de comida oaxaqueña, desde ahí observe que hay muchos oaxaqueños en la Portales.

En el mercado hay locales donde venden pan de yema pero también pan de olla, sal de mina, mole amarillo, mole negro, tlayudas, mezcalito, chapulines, pinole, para hacer atole, ajos tostado y tasajo.

Y si necesita que le haga un sur cido invisible o un ajuste a su pantalón aquí son magos, hay también venta de disfraces o se los hacen para su niño para las fiestas infantiles en las escuelas, también hay estéticas donde le cortan el cabello a la moda. Y lo mágico, encontré una librería dentro del mercado, con todo tipo de libros de García Márquez, de Harry Potter, incluso me presumieron que varias veces llegó Carlos Monsiváis. Y esto es una parte de todo lo que hay en este bendito mercado, digo que tanto es tantito.

Ahora es la Zona Arco Iris

Armando Ramirez

ZONA ROSA DEBERÍA LLAMARSE ZONA DEL ARCO IRIS, POR LOS COLORES DEL MOVIMIENTO GAY

Pero no siempre fue de restaurantes de pozole, lugares de tortas, quesadillas, pizzerías, chelerías y lugares gays.

En los años 50 esa zona de la colonia Juárez, era sofisticada, se creían de la aristocracia porfirista, había casas que eran palacetes, principalmente las que estaban sobre el Paseo de la Reforma.

La Juárez se iba a llamar colonia Americana donde los hijos del tío Sam tendrían sus aposentos, pero con el tiempos esta zona tuvo hoteles de prosapia como el Geneve, en la calle de Hamburgo, ya en los años 50 llegaron los intelectuales, era la época de los Beatniks, jóvenes que seguían la moda filosófica del existencialismo del francés Jean Paul Sartre.

Jóvenes vestidos de negro y diciendo que tenían náuseas de la existencia, eran jóvenes cultos, inteligentes, tuvieron su nido en la calle de Génova, la que da al Metro Insurgentes, ahí había un pasaje llamado Jacarandas, tenía salida por la calle de Londres y ahí don Jacobo Glantz tuvo un café (era el padre de la escritora Margo Glantz), el café se llamó Carmel.

Ahí llegaban jóvenes latosos como Carlos Monsiváis y su cuate un pintor llamado Vicente Rojo, luego cayó Alfonso Arau, era cómico y frecuentaba este café y otro que estaba en Niza y Hamburgo, ahí con Monsiváis formaron un grupo llamado los Tepetatles, una parodia de los Beatles; hicieron célebre el himno de la Zona Rosa: Niza y Hamburgo con paraguas de Cherburgo…

En la calle de Génova surgió el café Toulouse Lautrec, de Mauricio Soriana, ahí llegaba el escritor Luis Guillermo Piazza, el periodista Fernando Benítez y se fue formando en esos cafés y galerías la Mafia Cultural de la Zona Rosa.

Por cierto Luis Guillermo Piazza le puso el nombre a la Zona Rosa, decía que no era una zona roja blanca, sino rosa, otros, como José Luis Cuevas decían que le puso Zona Rosa como un homenaje a Rosa Carmina, la célebre rumbera del cine mexicano, y vaya usted a saber, el chiste es que surgió la Zona Rosa, digo, qué tanto es tantito.

Por el maldito vicio

 

José Guadalupe Posada pegó el primer grito de su vida el día de la Candelaria, a las diez de la noche, fue un 2 de febrero 1852 en la Ciudad de Aguascalientes, sí, el creador de la calaca Catrina era hidrocálido, aunque muy joven emigró a la Ciudad de León, ahí fortaleció su vocación de caricaturista y conoció al amor de su vida, era el año de 1875, él tenía 23 años y María de Jesús Vela tenía tan solo 16 años, pero así y todo José Guadalupe Posada firmó el acta de matrimonio, pero no todo irían bien, en la Ciudad de León hubo una inundación que obligó a Guadalupe con todo y familia emigrar a la Ciudad de México.

Acá don Lupe conocería a Antonio Vanegas Arroyo, dueño de la imprenta donde Guadalupe Posada imprimiría la Catrina, primero se ubicaron en la calle Santa Teresa, hoy Licenciado Verdad, en el Centro, y luego se cambiaría a la calle de Santa Inés, ahora Moneda, cerca de la iglesia y convento de Santa Inés, hoy ahí se encuentra el Museo de José Luis Cuevas. La célebre foto donde están don Lupe, su hijo Juan Sabino y Antonio Vanegas Arroyo afuera de la imprenta es en esta calle, Moneda.

Le iba bien a don Lupe pero agarró el maldito vicio del chupe, se iba de gira etílica sin importarle la familia, como la vez que su hijo Juan se enfermó y murió sin que él se apareciera, vivían en la calle de Nicaragua, cerca de la calle de Argentina. Ni modo, así como captó la picardía de la gente también agarró la botella. Sus ilustraciones en las publicaciones de Vanegas Arroyo lo daban a conocer, como la célebre nota roja de “los 41”, fueron aquellos que agarraron en una fiesta, eran puros hombres, unos vestidos de mujeres y otros de hombrecitos, entre ellos estaba Nacho, el yerno de don Porfirio Díaz, la redada capturó a 42 gays pero para que no quedara huella de que Nachito bateaba chueco, quedaron en 41 por órdenes de don Porfirio, lo supo Posada e hizo un grabado con “la fiesta de los 41”, de ahí que con ese número se designe en los barrios a los gays.

Pero Posada no pudo con su vicio, don Lupe para los cuates, murió en una vieja vecindad de Tepito, en el 6 de Jesús Carranza, la madrugada del 20 de enero de 1913, nadie reclamó su cuerpo y lo tuvieron que enterrar en la fosa común. Y todo por chupar y decir, qué tanto es tantito.

La Papa… y báilale mi Rey

Armando Ramirez

EL DÍA DE LA SANTA CRUZ ANDUVE POR LA LOMA DEL PADRE, EN CUAJIMALPA Y CELEBRAN CON TODO

Con bandas de viento, harta comida y chinelos, me gusta mucho verlos bailar y hacer ejercicio al ritmo de una banda.

La Loma del Padre, está a 15 minutos en auto del centro de Cuajimalpa, la gente es muy amable, tiene su iglesia de la Santa Cruz, y andaban de manteles largos y a las personas que organizan las festividades y tienen sus responsabilidades, no les llaman como en otros pueblos, mayordomos, les llaman fiscales.

Y sí a un fiscal le tocó dar comida, y se lució como los guapos de la Papa, con un platillo de nopales con chile y carne de cerdo, uf, aunque no quiera se chupa los dedos y si quería repetir, todo era cosa de pedir y llegaba el exquisito platillos con tortillas, arroz con chicharos y carnita de cerdo; me explicaron que donde se encuentra la iglesia de la Santa Cruz se llama la Papa y me explicaron porqué.

Hace muchos años, era un camino solitario, son vecinos del bosque del Ocotal, está a la orilla de la carretera México Toluca, al lado contrario se encuentra La Venta. Y por aquí llegaban caminantes y como el camino es de subida llegaban cansados y hambrientos, en este lugar se ponían localitos donde podían comer los forasteros, entrando con singular entusiasmo a la “papa”, de ahí se le quedó el nombre al lugar, que unidos con la Loma del Padre organizan esta fiesta de la Santa Cruz que dura cuatro días, con música, comida, danza, y algo más.

Lo que más me gusta es la danza de los chinelos, que quiere decir en náhuatl, “los que mueven los pies y la cadera”, es una delicia verlos danzar, evocan por sus vestimentas la danza de los moros y cristianos, son pura imaginación casi siempre largas batas o capas, con máscaras para ocultar el rostro, bailan al ritmo de los instrumentos de vientos, hasta uno se pone a bailar a brinco y brinco y movimientos de caderas y a darle.

Esto sucede en la CDMX, en la alcaldía de Cuajimalpa, para que vean, que hay rumbos de la ciudad tranquilos y con grandes tradiciones, digo que tanto es tantito

En el Centro hay casas con historia

Armando Ramirez

Los invito a conocer tres casas del Centro Histórico donde vivieron las tres persona que por su culpa tenemos nuestro Himno Nacional, son Jaime Nunó, Francisco González Bocanegra y Antonio López de Santa Anna, los tres no eran chilangos pero vivían en la Ciudad de México.

Empecemos por Jaime Nunó, vivió en la calle de Venustiano Carranza 26, llegó a la Ciudad de México de Cuba invitado por su Alteza serenísima, López de Santa Anna, a quien conoció en la isla bella, el generalísimo andaba de huída y cuando regresó a México para detentar de nuevo el poder le dio el cargo a Nunó de organizar las orquestas militar del país, el catalán tenía fama de buen músico.

A Santa Anna, que era el Presidente y vivía en Palacio Nacional, no le habían gustado los himnos que habían compuesto antes por encargo y convocó a poetas a concursar para crear la letra del Himno Nacional y a los músicos para componer la música, así resultan ganadores el poeta Francisco González Bocanegra y el músico Jaime Nunó. Uno hijo de español y el otro catalán.

González Bocanegra vivió en la calle de Tacuba 48 y por lo visto tenía una novia mandona, Lupita González del Pino, estaba orgullosa de su poeta. Lo obligó a componer la letra del Himno para concursar, se dice que la Lupita llegó a la casa de Pancho y lo encerró en un cuarto, me imagino que le dio entrada y zas que lo encierra y como quería bizcocho, Pancho que se inspira y ahí tienen al “Mexicanos al grito de guerra…”

El Himno Nacional se estrenó en el Teatro Santa Anna, ya no existe, estaba en lo que hoy es la calle de 5 de Mayo y Bolívar, para abrir la calle de 5 de Mayo derribaron ese teatro en tiempos de Porfirio Díaz. Digo, qué tanto es tantito.

No es bosque ni es chino…

Armando Ramirez

En el principio se llamó colonia del Imparcial, cuando este periódico era muy importante, pero al paso del tiempo terminó llamándose Clavería.

Sorprende porque en una de las glorietas cercanas al bosque de la China, hay un busto del líder palestino Yasser Arafat. Desde esta glorieta la calle de Clavería muestra la personalidad de Maine Street, es decir la calle principal de la colonia, la calle comercial por excelencia, aquí como en los pueblos gringos están los bares, los lugares de las hamburguesas, el lugar a donde van todos a divertirse; hay cafetines, pizzerías, taquerías, la panadería que al caer la tarde suelta los hervores del pan recién hecho y cuando huele a pan, se abre el apetito.

La calle de Clavería da a un mítico jardín, llamado por la gente, el Bosque de la China, que no es bosque ni es chino, es un jardín que es el centro de la vida social de la gente; los vecinos practican yoga, hacen ejercicio y tiene serenatas como en la época en que José José era un jovencito que, se la pasaba en estos lugares cantando boleros con el trovador Pepe Jara.

El príncipe de la canción José José, intérprete de Gavilán o Paloma o el Triste, aquí nació, en la casa de sus padres, uno cantante de opera y su mamá pianista.

Este jardín donde los novios se van a dar de besos, fue un parque que la familia Matsumoto fundó en la época de Porfirio Díaz. La familia es de origen japonés y ganaron tanto dinero que compraron los terrenos del jardín para hacer uno de estilo japonés. Pero la gente quién sabe por qué confundió a la familia japonesa con una china y el jardín con un bosque, por eso la gente en vez de ver un jardín de japonés vio un Bosque de la China, aunque fueron japonés quienes lo crearon, digo cosas de la confusión, chin, total, que tanto es tantito.

Del DF a la CDMX

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

En el principio la antigua ciudad se llamó México Tenochtitlan y México Tlatelolco, la ciudad estaba dividida en dos porque estos grupos náhuatl llamados mexicas fueron los últimos en llegar, otros grupos náhuatl (por ejemplo, los Xochimilcas) habían llegados antes. Los mexicas divididos unos prefirieron asentarse por los rumbos de Tlatelolco y los otros en la isla de la luna –ahora el Zócalo–, pero los dos grupos náhuatl formarían los que llamamos la gran Tenochtitlan.

Así, la primera ciudad que existió erigida en una isla en el medio de los lagos fue levantada por los mexicas que habían llegado, como todos los chilangos de lejos, ellos decían que venían de Aztlán, que hasta la fecha los especialistas no han podido ubicar en qué parte del norte se ubicaba, hay una creencia que estaba por Nayarit, pero es eso, creencia, no hay certeza científica.

A la llegada de los españoles a todas estas tierras del imperio azteca le llamaron el Virreinato de la Nueva España, era el año de 1535 y a la Ciudad de Tenochtitlan parece que la fuerza popular le dio en llamar ya no México-Tenochtitlan, sino como testimonian las cartas de españoles que enviaban a sus familiares en España, se ubicaban en la Ciudad de México. Y en el años 1545 el Rey de España reconoce a la ciudad por cédula real como “La muy noble, insigne, muy leal e imperial Ciudad de México”.

Así transcurren siglos hasta que en 1823 al proclamarse la primera República Federal, sustituía a imperio de Agustín I (Iturbide), se decide que la Ciudad de México se llame Distrito Federal, eso lo aprueba el Congreso en el año de 1524, pues en esta ciudad residirán los poderes de la Unión. Y así evitar que un Estado de la República Federal sea más importante que otro, pero surge el centralismo del Distrito Federal.

En el año de 2016 hubo una reforma política que ordena cambiar el nombre al Distrito Federal por el de la Ciudad de México, con su propia Constitución, como cualquier estado de la Republica; así, en este 2018 desparecerá en todo paso burocrático y papeleo el Distrito Federal y por ley se debe llamar Ciudad de México, y las delegaciones políticas ahora son alcaldías y los delegados, alcaldes. Digo, que se les quite la costumbrita de decir que viven en el “deefe”, total, qué tanto es tantito.

Tláhuac y sus trajineras

Armando Ramirez

UN PASEO que vale la pena hacer es al viejo pueblo de Tláhuac uno de los últimos reductos por los cuales podríamos evocar cómo vivían y qué hacían los primeros habitantes de esta región, había muchos asentamientos de grupos indígenas y vivían algunos de ellos en pequeñas islas como Tlaltenco, Zapotiltán, hay crónicas de los evangelizadores que narran que iban de un pueblo a otro en canoa, en este caso, al pueblo de Mixquic.

Imagine un mundo de agua, donde su transportación era a través de los canales, bueno es un mundo del que nos enorgullecemos pero no podemos imaginar, en Tláhuac todavía hay un pequeño trozo de ese mundo maravilloso de Bernal Díaz del Castillo.

Al lugar le llaman el Lago de los Reyes Aztecas, está cerca de la iglesia de san Pedro Tláhuac, sobre la avenida Tláhuac, en Túlyehualco, está un pequeño Museo Comunitario del Lago de los Reyes Aztecas y ahí se encuentra al mundo chinampero en el embarcadero, hay vendimia de lechugas, brócoli, etc. además la venta de antojitos muy típicos del sur de la Ciudad.

Pero lo que impresiona en relación con los de Xochimilco es una vista casi virgen, no tan transitado, más virgen si se puede. En Xochimilco los trajineros están como los mariachis de Garibaldi a la caza del que tenga cara de turista sin dar el mejor servicio.

En cambio en Tláhuac al no haber tanto turismo, se goza de una tranquilidad, digo si le gusta la pachanga también lo puede hacer con la familia y, el compadre en una trajinera. Navegar en estas aguas donde hace mucho tiempo navegaron los antiguos que iban a la guerra pero también los que sembraban en chinampas sus cosechas.

Los canales son silenciosas y las aves surcan el cielo y los peces felices, saltan y se zambullen, dígale al trajinero que los lleve a visitar una chinampa, donde los campesinos de Tláhuac siembran las lechugas más bonitas de los supermercados, sí, las que amarran con una cinta azul metálico, de aquí salen muchas de ellas, es más le pueden vender unas lechugas ahí muy baratas, es más, ahí nos sentamos en la tierra y preparamos una ensalada con aceite de oliva y jugo de limón, deliciosa, fresca, orgánica, recuerde que la tierra del fondo del lago es muy rica para sembrar.

Y comparará el mundo antiguo y lo hemos hecho de este lugar, digo que tanto es tantito.

Para saborear comida rusa

Armando Ramirez

EN LA CDMX, ESTÁ DE MODA RUSIA, TIERRA DE GRANDES ESCRITORES COMO LEÓN TOLSTÓI

Ahora está de moda Rusia en la CDMX, es la tierra de grandes escritores como León Tolstói, Dostoyevski ¿o quién no ha leído “La Madre” de Máximo Giorki, visto en cine Crimen y castigo o Los Hermanos Karamazov.

Y en la música sabemos que la balalaica es un instrumento musical ruso, que los cosacos bailan una danza típica o hemos visto el Ballet Bolshoi, pero casi no se conocen lugarcitos para saborear algo de la comida eslava y no caros, en precio.

En la calle de Benjamín Hil, en la Hipódromo Condesa, está la cafetería-restaurante “El Cuento ruso” ahí puede admirar artesanías rusas como las matrioshkas, muñecas rusas que se destapan y sale otra y otra, dicen los rusos simbolizan a la familia, por eso surge una y otra como al nacer un bebé y otro. También puede encontrar literatura rusa. Puede pedir kvas, bebida refrescante a base de pan de centeno y malta, es parecida al tepache y sabe similar.

Si anda por los rumbos de la Alameda de Santa María la Ribera, puede pasear y admirar su quiosco morisco o entrar al museo de Geología y luego saborear la tradicional sopa que comen los rusos, aunque resulta que es de la tierra de donde son las mujeres más bellas, Ucrania, sí, la sopa se llama borsch, está hecha a base de remolacha que le da su color rojizo, carne, perejil, papas, zanahoria, crema ácida, etc. y se come fría o caliente, como que sabe mejor la fría. El lugar se llama Kolobok, está en la esquina de Salvador Díaz Mirón y la Alameda de Santa María la Ribera, tiene su historia, unos rusos pusieron una barrita de empanadas rusas ahí y tuvieron tal éxito que pusieron este hace más de 15 años y ahora con el campeonato de fútbol de Rusia que está de moda, la gente llega a pedir Pollo en salsa Strogonoff, bañado con salsa de champiñones.

El lugar tiene mesas en la banqueta y puede tomar café y postres rusos, ver viejos periodistas platicando con alguna argentina de espíritu bohemio, parejas mexicanas curiosas probando y un matrimonio de mexicano con rusa gozando, digo que tanto es tantito.

Para tragones buen lugar para comer

Armando Ramirez

Es un lugar donde hay de todo, mariscos, comida corrida, carnes asadas, carnitas, buen café y hasta unas gorditas

EL MERCADO Lázaro Cárdenas es para tragones. Y no es para menos, hay de todo, mariscos, comida corrida, carnes asadas, carnitas, buen café y unas gor­ditas que son de muy señor mío, el mercado está en la esquina de avenida Coyoacán y Romero de Terreros, en la colonia Del Valle. En la contra esquina del merca­do hay un edificio muy bonito de departamentos, es como de los años 40, con detalles de art decó, en los bajos tiene una antigua car­nicería, una tienda y otros locales comerciales.

La esquina parece sacada de una películas de hace décadas, la Ciudad de México del medio si­glo, cuando la Del Valle se pobla­ba y el tranvía llegaba por estos rumbos, colonia de clase muy me­dia, donde los trabajadores de la oficinas buscan los lugares sabro­sos del mercado es bonito, es bue­no, sabroso y de precios medios.

Fue inaugurado en el año de 1956, como muchos de los merca­dos públicos antiguos, Martínez de la Torre, la Lagunilla, la Merced, etc. Ahora se ve que al mercado le dieron su manita de gato, crea­ron con la pintura juegos geomé­tricos, muy artísticos, las fondas están muy bien arreglada.

En el interior del mercado hay grandes puestos de fruta y ver­dura, acomodados de una mane­ra estética y lo que todo mundo nos platica es de una cafetería que está en el interior, se llama Passmar, tienen buen café y otras bebidas relacionadas con la cul­tura del café, postres hechos a base de café y venden sanwiches y cuernitos o desayunos.

Las gorditas que venden afuera del mercado son de maíz azul con chicharrón y una salsa muy sabrosa, nada más por es­tas gorditas, tragones, vale la pena visitar este mercado, se llama Lázaro Cárdenas, pero la gente le llama como su barrio: Del Valle Norte.

A un lado del mercado hay una reparadora de zapatos, gran­de, donde a la gente que le es­tán reparando sus zapatos, están sentaditos, quietecitos con sus pies encalcetinados, el hombre que atiende es muy alburero pe­ro unas gotas de humor siempre son bienvenidas.

Comimos en una de las fon­das, las meseras guapas y aten­tas, sirven con alegría, en verdad esto se agradece, pedí una mi­lanesa, viene con 3 enchiladas, arroz abundante, nos dicen que las flautas de barbacoa son ex­quisitas. Un buen fin de semana gourmet es este mercado, hay para todos los gustos, digo, que tanto es tantito…