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Martes 23 Abril del 2019
nubes dispersas 19°

Qué tanto es Tantitito

Coyoacán y más… ¿Dónde cenar en este mes ?

Pozole, pambazos, buñuelos, tostadas, flautas, y hasta ponche hay en cada rincón de la ciudad

Armando Ramirez

EN EL MES de septiembre todo se vuelve patriótico hasta la comi­da, es un lujo andar por los barrios de la Ciudad con tantos antojitos que devorarse; claro que también están los platillos llamados del mes patrio, principalmente los chiles en nogada, tal parece que los hicieron doña Josefa Ortiz y doña Leona Vicario, cuestan un ojo de la cara, y la neta, no es para tanto, ni que la nogada fuera francesa, mejor haga los chiles en nogada en su casa, con la receta de su abuelita.

Eso sí, hay otros platillos que son de cajón, como el pozole, pero no me salgan con que van a “La Casa del mentado tal”, pura fan­tasía y nada de sabor, y le cobran el aguacate, las tostadas, la crema; antes con el pozole iba gratis la crema, el aguacate, las tostadas, ah como cambian los tiempos.

Pero mire, en la colonia Alga­rín, una pequeña colonia que está pegada al Viaducto y es vecina de la colonia Obrera, ahí hay una ca­lle donde hay varios lugares que sirven buen pozole y no está tan cariñoso como en otras casas, la calle es Juan E. Hernández Dáva­los, está entre Manuel Navarrete y Bolívar, para gente de barrio como la Doctores, Obrera, Álamos, etc., es un lugar confiable y querido para cenar pozole.

Ahora que si le gustan los pam­bazos, los buñuelos, las flautas, el ponche, los atoles endulzados con piloncillo y sentarse en puestos con focos chinguiñosos, como si anduviera en feria de pueblo, qué le parece este fin de semana pa­trio ir a Coyoacán, al centro y a dos calles del jardín, ahí se ponen los puestos de antojitos más sabrosos, no vaya al mercado.

Los buñuelos la verdad sí están sabrosos y el atole blanco todavía lo hacen con sus trozos de pilon­cillo, las flautas con su lechuga, su salsa verde y su crema, están pasables, los pambazos son de diez, de papa o de carne, bien mojadito en esa salsa roja que los pinta. Y ya sabe luego la dicha inicua de an­dar caminado por el jardín y calle­citas del centro de Coyoacán para la digestión.

Es inevitable el reposo del gue­rrero, comprar su café en El Jaro­cho, su dona de chocolate, sentar­se en una de las bancas, si no es que ya están ocupadas, pero ese es el chiste, pasear por el quios­co, la iglesia de san Juan Bautista, sufrir los apretones y cenar en los puestos de antojitos mexicanos, digo que tanto es tantito.

Jardín cruel y hermoso

Armando Ramirez

AQUEL QUE TIENE EN EL CORAZÓN LA ESTATUA DE VICENTE GUERRERO, ES CÉLEBRE…

Esta rodeado de sindicatos y de hoteles, pues tiene fama de albergar a damas del tacón dorado. Siendo un jardín bonito, a veces se afea por los sin techo que duermen en sus bancas, pero no siempre fue así, antes de ser jardín fue el atrio de la iglesia de San Fernando, era muy grande.

Tan grande que en 1839 por edicto el atrio, se convirtió en jardín, y es que era tan grande el convento y el panteón que colindaba con el hospital de san Hipólito y el convento de los Fernandinos que ya existe y estaba por los rumbos de la calzada de Tacuba; dicen que en el centro corría un acueducto que traía las aguas de Santa Fe.

En el último tercio del siglo XIX se comenzó a urbanizar la colonia de San Fernando o Buenavista que terminaría siendo la colonia Guerrero, las calles de esta zona eran ocupadas por el convento de los Fernandinos, de aquellos años es el panteón de san Fernando, que al principio era muy fifí, un panteón nacional; más tarde se llamó de los Hombres Ilustres y es el único panteón civil que se conserva del siglo XIX.

A principios de siglo, se tomó una foto donde se puede ver en un carruaje, a Porfirio Díaz ir por la avenida que cruza por el frente del panteón y la iglesia, ahora desparecida, para unir el jardín con la iglesia y conservar los arcos del panteón, que han servido de inspiración a tantos estudiantes de la escuela de Arte de la Esmeralda, que dibujaban los arcos o los bosquejaban para sus ejercicios de dibujo, y es que la Esmeralda está en la siguiente calle donde termina el panteón.

El panteón y el jardín de San Fernando ha servido de inspiración a los estudiantes de arte, muchas de sus primeras obras son estos paisajes, tanto del panteón como los arcos o los personajes que pululan por el jardín, de ahí esa atmosfera, a pesar de todo, romántica que guardan este rincón de la Ciudad de México y que ha servido de inspiración a tanto artista, que a lo mejor como José Luis Cuevas o Toulouse Lautrec pintaban personajes de la vida alegre o mejor dicho de la vida triste y pensar que el jardín y el panteón están a unas calles de la Alameda Central o de Reforma, digo que tanto es tantito…

Plaza de Loreto viejo centro muy europeo

Armando Ramirez

En este centro los españoles llegaron con sus tiendas, sus cantinas y sus hoteles de paso

LA PLAZA DE LORETO ES UNA VERBENA, no importa que la iglesia de Loreto esté cerrada, parece que resultó muy dañada en septiembre del 2017, ya saben la historia de esta iglesia de im­ponente cúpula que diseñó Ma­nuel Tolsá, desde que se estre­nó comenzó a inclinarse, como borrachito se ha ido de ladito, todavía hace año y medio podía entrar y parecía que una fuerza gravitacional lo jalara de lado.

Es la construcción que domi­na la plaza donde los invidentes ofrecen sus servicios para que los chilangos aflojen el cuerpo que llevan tenso por el estrés, con su tacto reconocen mejor dónde el cuerpo está “anudado” y distender los músculos tensos.

En la esquina de Loreto y Justo Sierra, la continuación de Donceles, hay dos sinagogas, testimonio de lo que fue el barrio de los judíos, en calles como Aca­demia, Jesús María, San Jeróni­mo llegaron a vivir hombres que venían de Europa. Los sefarditas hablaban una especie de español antiguo y vendría de España o de Bulgaria, por eso una de las sinagogas es de rito sefardita y la otra sinagoga es del rito askena­zi, son judíos que hablan una len­gua influida por el alemán, vinie­ron de Alemania, Polonia, países del centro de Europa.

En los años treinta tenían su carnicería y panadería kosher, los domingos se reunían en sus sinagogas, de esas familias que habitaron el centro provino el periodista Jacobo Zabludovsky, no por nada quiso tanto a La Merced, su barrio.

En el Centro hubo varios lu­garcitos de comida libanesa, en varios aspectos usan los mismos elementos que la comida de los judíos, son culturas del Medio Oriente y en el Centro Histórico es común ver en el Al Andalus comer a judíos y libaneses.

Los libaneses tienen su igle­sia, la de Balvanera, en la calle de Uruguay, donde se venera a San Charbel, dicen, es el santo favori­to de Carlos Slim, recuerden que su familia tenía su negocio en La Merced.

En este Centro los españoles llegaron con sus tiendas de aba­rrotes, sus cantinas, sus hoteles de paso. Y ahora los oaxaqueños llegan con su queso, sus tlayudas, sus nieves y mezcal y los jarochos con sus ostionerías, eso sin con­tar a la comunidad armenia que también anduvo por acá o los chi­nos y ahora coreanos y japoneses digo, el Centro Histórico, siem­pre ha sido multicultural, hay de todo, digo, qué tanto es tantito.

De panteones a panteones

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Para ir en la noche a ver como son los rituales del día de muertos, no es necesario ir a Mixquic, miren que es un pueblo fantástico, pero en estos días se ha comercializado de manera excesiva. A donde vaya encontrará chelas con chamoy y lo que se pueda imaginar: pizzas, hamburguesas y los comerciantes de ahí sufren mucho por la invasión de puesteros que llegan de las diferentes ferias de los pueblos del Edomex y la mú- sica del norte de la República.

Asistir al panteón a la medianoche es un martirio, un montón de estudiantes de universidades privadas van con su cámaras para sacar las fotos “más bonitas” para publicar en Facebook, Twitter o Instagram, y poco a poco va perdiendo la magia antigua del lugar de los mezquites. Y si van en autos váyase con varios días de antelación, hay hostales para dormir, ya ve que la única carretera ese día es un gigantesco estacionamiento.

Pero hay otros panteones que tienen tradición y también son cementerios comunales, me refiero al de Azcapotzalco, todos los pueblos de Azcapotzalco llegan al panteón comunal de san Juan Tlihuaca, que quiere decir lugar de brujos, usted puedo visitarlo sin tanta aglomeración y tener una comunión con los viejos habitantes que preservan la tradición, pero además es tan bonito, está dividido en dos partes, una es para los adultos y la sección de los niños, sus tumbas son alegres, están adornadas con los juguetes que les gustaban a los niños en vida y las tumbas llenas de color, ellos comienzan a las ocho de la noche una precesión y recorren las calles del pueblo y se detienen en los altares callejeros.

Cuando llega a la entrada del panteón es como si llegara a la película de Los Tres García, rezan, llevan sus velas, sus flores, cantan, hay danzantes, mariachis, tamales, atoles, bu- ñuelos, me maravillan los habitantes de San Juan Tlihuaca.

En su mayoría descienden de los tecpanecas. Fueron los mexicas quienes les llamaron chintolos, a los de acá, por tener buenas petacas. Es un pueblo que hay que defender del estrangulamiento que tiene, está rodeado de fábricas, pero enmedio reina el jardín de los ahuehuetes, con sus leyendas, su iglesia y la gente es hospitalaria; todos se acomiden a decirle por dónde llegar al panteón y lo mejor se siente en un pueblo. Digo, que tanto es tantito

Velasco, en Misterios

Armando Ramirez

José María Velasco cuando terminó de pintar un paisaje del Valle de México escribió la frase: “La región más transparente del aire…” Frase memorable que la toma don Alfonso Reyes en una de sus textos fundamentales, “Visión de Anáhuac” y esta frase a sus vez la retomaba Carlos Fuentes como titulo de un clásico de la novela mexicana, “La región más transparente”, una novela sobre la Ciudad de México. Hoy esa frase frente a la realidad de la monstruópolis no queda sino llorar y los grandes paisajes que realizara José María Velasco sobre el Valle de México, visto desde los cerros del norte de la Ciudad. En las escenas de estas pinturas reinan las nubes blancas, el cielo azul, la luz que baña a la Ciudad de México asentada en el Valle con sus largos caminos que parecen bajar de los cerros del Chiquihuite o del Tepeyac, se ven pocos personajes, visten ropas blancas y huaraches y los hacendados portan sus trajes de trabajo, allá un caserío, acá una choza, un riachuelo, unas rocas y el aire, de una transparencia iluminada, era muy bello el cielo de la Ciudad. Velasco pintaba el Valle de México desde los territorios de la Basílica de Guadalupe, vivía a una lado, él nació en Temascalcingo, Edomex, muy joven llegó a la ciudad de México, trabajó en una tienda de ropa, vendía rebozos para mantenerse mientras estudiaba en la Academia de San Carlos, en el Centro. Cuando estuvo en edad se casó, la mamá de su esposa tenía una casa, en donde inicia la Calzada de los Misterios esquina con calle 5 de Mayo, callecita al pie del Tepeyac, cuando tuvo cierto éxito el artista le compró la casa a su suegra, ahí vivió hasta que falleció, viendo por la ventana de su cuarto las nubes y el cielo de la región más transparente del aire. En la Calzada de los Misterios cerca de la avenida Robles Domínguez en una pequeña glorieta hay una escultura de Velasco de pie, con su bata de pintor, su pincel en una mano, en la otra su paleta. Al sur de la Ciudad hay una calle con su nombre, en la colonia Guadalupe Insurgentes una casa de cultura lleva su nombre y en Tepito, en la calle de Peralvillo está la galería Velasco, su obra se puede ver en el Museo Nacional de Arte, la Ciudad reconoce a su artista, el que pintó su bello pasado ecológico, digo, qué tanto es tantito.

 

Los arcos rojos del barrio chino

FOTO: MARIO JASSO /CUARTOSCURO.COM
Armando Ramirez

En la Ciudad de un día para otro cambian las cosas. Ahora el Barrio Chino tiene arcos, a la entrada de la calle de Dolores casi esquina con avenida Juárez hay un arco de los llamados Torii, son de la tradición oriental. Es una arco pintado de rojo y se usa en la religión sintoísta. Simboliza la entrada del lugar sagrado, como un templo sintoísta, y sirve para alejar las malas vibras.

Este arco es muy bonito y no sustituye al que está en el parque de José María Marroquí, sobre la calle de Independencia, y a sus leones que estaban ahí los trasladaron a Dolores esquina con Independencia. Y en la esquina de Dolores con Ayuntamiento hay una Puerta Luna o Puerta de la Luna, un arco que tiene una especie de enorme ventana circular, eso indica que ahí termina el lugar sagrado.

Tanto el arco como la puerta de la Luna resguardan los lugares sagrados, como un templo sintoísta. Por cierto en la esquina de Dolores y artículo 123 hay ideogramas chinos de medio metro de altura en negro y rosa como la marca de CDMX pero dicen los chinos que no quieren decir CDMX sino Ciudad de México.

Estos arcos Torii aseguran los chinos son indestructibles, hay fotografías por ejemplo de Japón de cuando cayó la bomba atómica en Hiroshima y se destruyeron las construcción de esa ciudad pero esos arcos quedaron en pie, igual sucede en los tsunamis que azotan el oriente, los lugares se ven devastados pero los arcos están en pie. ¿Cómo la beisbol?

Lo malo es que les está quedando muy bonita la calle, con macetones como de fierro o acero con letras con ideogramas chinos de Ciudad de México, pero los amigos de los ajeno, como magos, desaparecieron unos diez macetones y las rejillas que sirven para que en los canales corra el agua impidiendo que la basura no las tape, ni chance dan de que del estreno, el vandalismo ya hizo de las suyas, no sean gachos, que tanto es tantito.

Pueblo que fue ladrillera

Armando Ramirez

Y que con la evangelización y el tiempo ha ido desapareciendo.

Xochimanca significa: “el lugar donde se ofrecen flores”, aquí los indígenas se dedicaban a la agricultura y a la pesca cuando el lago llegaba hasta estos lares, al caer Tenochtitlan los evangelizadores franciscanos construyen la iglesia dedicada a San Lorenzo Mártir, su fecha de construcción genera dudas, si fue a finales del siglo XVI o principios del XVII, lo cierto es que tiene cuando menos 400 años de existencia, como asegura Héctor Vega Álvarez, originario del lugar.

Testigo de la antigüedad prehispánica es el basamento reconstruido que se encuentra en san Pedro de los Pinos y es que Xochimanca no es el único pueblo indígena de la colonia Del Valle, están los pueblos de Tlacoquemécatl, Mixcoac, Xoco, Santa Cruz Atoyac.

Los vecinos originario del pueblo de Xochimanca, se afanan en conservar su identidad ante la modernidad que los avasalla, todavía a mediados del siglo XX era un pueblo vivo, desde el centro del jardín se adivinan Insurgentes sur y Félix Cuevas, con sus edificios altos y los de departamentos que lo rodean, las calles de fresas y manzanas bordean al jardín, sus nombres nos recuerdan que este lugar hace honor a su nombre Xochimanca, la tierra era fértil, se daban árboles de tejocotes, perones, capulines.

Don Héctor cuenta cómo cuando era niño veía a las familias que vivían en los hoyos de las ladrilleras, recordemos que cruzando Insurgentes sur por la colonia Noche Buena, donde se encuentra la Ciudad Deportiva, está la Plaza México y el Estadio Azul que donde se construyeron fue una ladrillera.

Ahora lo que queda del pueblo es esta iglesia de San Lorenzo Mártir con sus fiesta de cada año y unos vecinos que quieren no se olvide este pueblo indígena llamado san Lorenzo Xochimanca, digo que tanto es tantito.

La tradición textil de san Antonio Abad

Armando Ramirez

A la caída de Tenochtitlan los españoles prohibieron que los indígenas vivieran en lo que ahora llamamos el Centro. Y hacia el sur a partir del barrio de Tlaxcoaque, se fueron creando otros barrios de indígenas. Uno de esos barrios fue el que creció alrededor de la Iglesia de san Antonio Abad, por cierto, la iglesia fue dañada de nuevo por los sismo de septiembre del 2017.

La iglesia de san Antonio Abad tuvo un hospital para tratar una enfermedad terrible, el “fuego del infierno” o “fuego de san Antonio” en nuestro días los doctores le llaman ergotismo, es una intoxicación por ingerir trigo o maíz contaminado, afecta el sistema nervioso, los pacientes tenían un frío intenso y la sensación de que se estaban quemado y sufrían de alucinaciones, el hongo que contamina al maíz contiene ergotina, es la sustancia que produce el ácido lisérgico.

En esta iglesia, que primero fue una capilla, surgió la tradición en la ciudad de llevar a bendecir a los animales.

El hospital y la iglesia era manejada por los Padres Antoninos, pero la orden es suprimida en 1791 y tiene que abandonar la Nueva España. El gobierno de la Ciudad queda a cargo del hospital y en 1842 lo vende a un empresario de apellido Fauré, el cual instala una fábrica textil, incluso se instala la fábrica de cigarros “El Borrego” y en años posteriores la fábrica pasaba por diferentes manos, un español de apellido Ibáñez hace crecer la fábrica, hasta llega a comprar una finca, El Corral de san Antonio y conoce el auge.

Ahora se podrán explicar por qué en las calles san Antonio Abad y calles vecinas hay tantos talleres y fábricas de la industria textil que surgieron por decenas en el siglo XX, como el trágico taller donde murieron el 19 de septiembre de 1985 muchas costureras a causa del sismo y que habían sido encerradas en el taller para que no salieran en horas de trabajo.

Esta zona de tradición textil los sismo la harán desparecer; muchas fábricas y talleres fueron dañados por los sismo de septiembre de 2018 y antes habían sido afectados por los de 1985, la zona ha quedado desolada, incluso la entrada de la estación del Metro san Antonio Abad está cerrado. Al Metro se entra por la estación que está del lado de la colonia Obrera, digo, qué gacho, qué tanto es tantitito.

De paseo por el Zócalo

Armando Ramirez

Ya le he contado del Palacio Nacional, de los edifícios de gobierno de la Ciudad de México, pero no de los restaurancitos que hay en los altos de los edifïcios que están frente a la Plaza, la calle que va de Madero a 5 de Febrero, son restaurants nada caros, con platillos de buen gusto y algunas mesas tiene vista a la plaza.

El Centro Mercantil tuvo fama de ser el último grito de la moda en tiempos de don Porfirio, de ahí su estilo afrancesado, art nouveau, fue la primera tienda departamental, ahí llegaba Carmelita, la esposa de Porfirio Díaz, para ver qué le gustaba del último grito de la moda. Con el tiempo su estructura se desgastó, tuvo varias remodelaciones, no levantaron las ventas y a mediados del siglo pasado, cerró. En este siglo decidieron crear el Gran Hotel de la Ciudad de México, un atractivo de éste es su vista a la Plaza.

En la esquina de Justo Sierra y Argentina está la librería Porrúa, suba por las escaleras por la calle Argentina, en la terraza verá un restaurant y una especie de cafetería, para que tomé un café tranquilo; siéntase a disfrutar la vista más hermosa que se tenga del Zócalo, es más bonita la vista que la que pueda tener el Presidente desde Palacio o la Jefa de Gobierno desde sus oficinas.

Si gusta de caminar, vaya a Madero por unos tacos sudados, digo que tanto es tantito…

La calle donde vivía en vida…

Armando Ramirez

JUAN DE DIOS PEZA Y LUIS GONZÁLEZ OBREGÓN VIVIERON EN LA MISMA CALLE, LA ENCARNACIÓN

Así se llamaba la calle que hoy tiene el nombre de Luis González Obregón, lleva ese nombre como un homenaje en vida al cronista de la Ciudad e historiador Luis González Obregón, autor de libros como Las Calles de México, sí tenía su casa en el 9 de la calle de La Encarnación y Juan de Dios Peza, en el 14 y 16, en los dos casos en esas casas hay placas informando que ahí vivieron esos hombres ilustres.

Lo más probable es que don Luis y Juan de Dios hayan coincidido en esa calle, Juan de Dios Peza falleció en 1910 y Luis González Obregón en 1938, sus casas casi estaban frente a frente, la de Juan ahora es un hostal, y la casa de don Luis es un edificios de oficinas.

La calle de la que escribo está entre Brasil y Argentina y uno de los costados es del edificio de la SEP. Por cierto, antiguamente se llamó la calle de La Encarnación porque en los terrenos que ocupa la SEP son donde estaba el convento de La Encarnación ahora tan sólo queda la capilla, aun se puede ver su frente enrejado con sus cúpulas que dominan la vista de esta calle Luis González Obregón.

Se imaginan al cronista González Obregón y autor del libro “México Viejo”, platicar con el ilustre poeta Juan de Dios Peza sobre las leyendas de la Ciudad de México, sabiendo que Juan había escrito años antes en verso leyendas de las calles de la Ciudad, como la del Niño Perdido, la calle de la Amargura, etc. Los libros de González Obregón como los de Dios Peza hasta la fecha se leen.

Pero Juan es uno de los mejores poetas del siglo XIX, baste como muestra este haiku: Como una pluma/ meciéndose en el viento/ así me dejas.

Hoy en la calle de La Encarnación se encuentra una de las entradas del Colegio de México a donde las mentes brillantes del país dan sus conferencias cada año, como las dieron Octavio Paz o Carlos Fuentes, es una calle con una cantina en la esquina con Argentina, el Salón España, dan buena botana y en la esquina con Brasil hay una joven mujer que prepara unos tlacoyos como si fueran para el Tlatoani Moctezuma, con frijolitos, nopalitos, quesito, lechuga abundante y con sabor, digo que tanto es tantito.

Las casas de Cortés

Armando Ramirez

En el terreno de lo que hoy es el edificio del Monte de Piedad en el Centro de la Ciudad en la época de la gran Tenochtitlan ahí tuvo su palacio Axayácatl, el padre de Moctezuma y Cuitláhuac, esta propiedad la heredó Moctezuma, siendo señor de Tenochtitlan, pero él como poderoso señor se construyó otro palacete, en lo que hoy es el Palacio Nacional, a esa construcción le llamaban las casas nuevas de Moctezuma y la construcción donde está el Monte de Piedad se llamó las casas viejas de Moctezuma. Y es que la verdad se confunde la gente con tantas casas, es decir propiedades, pero bueno, en las casas viejas, Moctezuma albergó a Hernán Cortés y su gente, los trató de peluche, y ellos lo aprehendieron y lo tuvieron prisionero, nada más para protegerse de algún levantamiento, como lo fue la famosa Noche triste, de esas casas huyeron en la noche, pero como todos sabemos regresaron los españoles con más refuerzos de otros pueblos que odiaban a los aztecas e hicieron que cayera Tenochtitlan, cuando se empezó a construir la nueva ciudad, Cortés, que tenía obsesión por sepultar el mundo prehispánico, sobre las casas viejas de Moctezuma construyó las suyas y la gente le dio en llamar, las casas de Cortés, a la construcción enorme que se había regalado el vivillo de Hernán. Esas casas dominaron la llamada primero Plaza Menor por referencia a la Plaza Maque así se llamó primero la Plaza del Zócalo. La Plaza Menor está a un costado de Catedral, es la calle de Monte de Piedad. Las casas de Cortés eran muy grandes, para que se dé una idea, camine de la calle Monte de Piedad a Tacuba y de ahí hasta Isabel la Católica y le da la vuelta y llega Madero y va de regreso a la calle de Monte de Piedad, ese era el tamaño de las casas de Cortés, premiado por el Rey de España con el título de Marqués del Valle de Oaxaca. Pero pasó el tiempo, Cortés había muerto y sus herederos vendieron la propiedad y se convirtió en un mercado llamado la Alcaicería, donde se vendían sedas venidas de oriente y había locales de orfebres, peleteros y mucho comercio, pero se incendió y una parte de la propiedad la compró don Pedro Romero de Terreros y fundó el Real Monte de Piedad, origen del actual Nacional Monte de Piedad, digo, cosas de la historia, total, qué tanto es tantito

Días de radio y nostalgia

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

Este martes 13 de febrero se celebra el día mundial de la Radio, según proclama de la UNESCO, pero independiente de eso, la verdad es que durante el siglo XX sucesivas generaciones de seres humanos han sido enriquecidos, alimentados o formados a través de la radio. O dígame quién no creció escuchando en su adolescencia, sea en pueblo o en la ciudad, en la Roma o en la Lagunilla, en el radio su programa favorito, donde el locutor era la estrella y dictaba los gustos de los jóvenes, con La hora los Beatles, La hora de Rigo Tovar, La de Juanga, Los Monkees, y las señoras las radionovelas, “Una flor en el pantano”, “ Chucho el roto”, como antes escucharon “El monje loco” o aquella frase de “Dispara Margot, dispara”, con el personaje Carlos Lacroix o últimamente “La mano peluda” y “El panda show”.

Y en la información, aquellos precursores de los noticieros actuales, “El Mundo sigue su marcha” con el lector de noticias Guillermo Vela, el noticiero era redactado por Jacobo Zabludovsky, o los programas de radio con comentaristas como Agustín Barrios Gómez, solo recordemos “Ensalada popof”.

Como diría Woody Allen, son los días de la radio, cuántos jovencitas o jovencitos crecieron con la voz del locutor de la Radio Universal, sigue tan campante hasta nuestros días, Adolfo Zepeda Fernández, con sus “Clásicos de Universal”, o no me digan que ya no lo escuchan en Radio Universal.

Otra voz que acompañó a muchos jóvenes en la época de la música disco fue el locutor Mario Vargas, de Stereo cien para hacerlos sentirse John Travolta, y qué me dicen del locutor de Radio Capital, César Alejandre, con su estiló clásico anunciando “la discoteca de la gente joven”, Radio Capital, no lloren, solo acuérdense.

Para los habitantes de la Ciudad de México la radio ha sido una fuente de información y formación sentimental, cuántos hablaron por teléfono para pedir una canción de Los Pasteles de Verdes o Los Ángeles Negro, digo, la radio es para mucha gente su acompañante perfecto en la soledad, cuántos no se dormían mientras escuchaban en radio 6.20, “Reunión de etiqueta” y la música de las grandes bandas, la radio siempre ha estado en nuestras vidas y no le digo en los amores porque como se dicen, recordar es vivir, ¿o no mis enamorados? total, qué tanto es tantito.

La Condesa

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

La tercera condesa de Miravalle, cuentan, era un mujer de armas tomar con una riqueza descomunal, allá en el siglo XIX, dueña de grandes extensiones de tierra en Michoacán y otras partes del territorio nacional como también las tuvo en la Ciudad de México, para que le midan el tamaño de su riqueza, tenía una hacienda, la de Miravalle, en esta ciudad, iba de lo que son los límites de la actual colonia Roma, más exacto el pueblo de la Romita, porque no existía la Roma y llegaba hasta los límites con Tacubaya, en donde se encuentra la embajada de Rusia, esa casona formaba parte de la hacienda.

Además esta señora era de alcurnia, descendiente de los condes de Miravalle que el rey de España a sus ancestros les otorgara ese título nobiliario. ¿Y saben por qué? Resulta que esta familia desciende de la hija de Moctezuma y al casarse con un español la llevaron a vivir a España, allá el rey al saber que era hija del emperador Moctezuma decide reconocer su linaje y les otorga el título de condesa de Miravalle.

Ese uno de los orígenes de la riqueza de la tercera condesa de Miravalle, los descendientes ahora viven en España. La hacienda desapareció y en su lugar se construyó el hipódromo y el toreo de la Condesa, pero a finales del siglo XIX también desaparecen el hipódromo y el toreo y fraccionan los terrenos y dan origen a la Condesa, que en realidad son tres colonias: la Hipódromo Condesa, la Condesa y la Hipódromo.

Por ejemplo la calle de Amsterdam es el trazo ovalado de lo que era la pista de carreras del hipódromo y el parque México formaba parte del hipódromo, hoy es la colonia Hipódromo Condesa.

Las colonias fueron diseñadas como la mayoría no lo fueron, con un diseño urbanístico, avenida amplias, arboladas, como la de Nuevo León, poblada de fresnos o glorietas como la de Popocatépetl, se llamó primero plaza de don Quijote, ahí se filmaron escenas de la película Santa con Lupita Tovar y la dirección de Antonio Moreno, en el centro hay un fuente, llaman de la Bomba, tiene parecido con una bomba de agua, es una cúpula de estilo art déco con un agujero en el centro, se dice que en la época del cenit por ahí entran los rayos del sol. Fue una colonia de judíos y ahora de españoles y de intelectuales, digo, échele un ojito, que tanto es tantito.

Fonda donde se puede cantar

Armando Ramirez

LA CALLE DE VIOLETA EN LA COLONIA GUERRERO TIENE PERSONALIDAD Y SU COLOR ES EL VIOLETA muchas de las casas de esta calle, sí, están pintadas de color violeta, se ve bien, es una calle poblada de casas viejes, antiguas, muchas hechas de cantera con grandes balcones con balaustrada de cantera y pequeñas ventanas casi a ras de suelo, estas son para dar ventilación a los pisos de madera, tienen cuarto grandes, donde a veces se construyen los famosos tapancos, otras han conservado su decorado afrancesada, e incluso en una de ellas hasta un enorme espejo de estilo francés luce en unos de los muros, es la popular casa Amalia.

Amalia fue una señora que vendía quesadillas en un local de avenida Hidalgo, a un lado de la célebre Hostería del Bohemio, que durante muchos años estuvo en el patio del hospital de San Hipólito, y la iglesia del mismo nombre es tan popular que la gente ya no la conoce por San Hipólito, sino que le llaman San “Juditas.

Doña Amalia tuvo unos hijos muy trabajadores, entre ellas Lidia, con alma de cantante; un día a doña Amalia le pidieron el local de los bajos del convento de San Hipólito, pero ella que amaba la colonia Guerrero y buscó una casa para vivir y tener su local, y la encontró en la calle de Violeta 57.

Ahora Casa Amalia la dirige su hija con sus tres nietas. Esta casa fue del doctor Alberto Capilla, padre del clavadista Joaquín Capilla, ganador de medalla de oro en clavados de plataforma en los Juegos Olímpicos de Melbourne.

La casa tiene un gran zaguán, se abre un patio poblado de plantas, a un costado hay una escalera por donde se entra al gran salón que sirve para las mesas del restaurante, es comida casera la que sirven, deliciosa. Y después de las 3 PM llega la hora bohemia, la gente de edad hace uso del karaoke, traen sus pistas y se ponen a cantar, no es concurso, es el placer de cantar. Vale la pena comer aquí, el menú es barato, y si le gusta cantar lleve sus pistas y pide su turno, para cantar en el corazón de la Guerrero, calle de Violeta, a media cuadra de la calle Héroes y la casa de los Rivas Mercado, digo que tanto es tantito…

Godínez y Parque Tlacoquemécatl

Foto: MxCity
Armando Ramirez

El parque de Tlacoquemécatl es muy bonito. Se ubica en lo que fue el pueblo indígena Tlacoquemécatl, palabra náhuatl que significa: “El lugar donde se viste de jarillas”. Jarillas son las plantas de donde se fabricaban las flechas para la guerra.

En este pueblo indígena en el siglo XVII comenzaron a surgir ranchos y haciendas como la de San Borja, no se sabe bien si fueron los franciscanos o los jesuitas los que la fundaron, pero sí que fueron los jesuitas los que la hicieron productiva con la ayuda de una tierra fértil, aquí los árboles frutales se daban en abundancia, como los tejocotes, dicen que había tantos, que por eso a una de las calles de la Del Valle se llama Tejocotes.

La hacienda de San Borja, que por ciertos una calle de la Del Valle lleva ese nombre, en 1767 era administrada por la Compañía de Jesús, pero el rey de España había decretado la expulsión de los jesuitas de los territorios de la corona, estos tuvieron que abandonar las tierras de la Nueva España. Y los terrenos pasaron de mano en mano entre particulares hasta la llegada al poder de Porfirio Díaz. Los terrenos se fraccionan surgiendo la colonia que se llamó California, y luego pasó a ser la colonia Del Valle.

El parque de Tlacoquemécatl es el corazón de esta colonia, rodeado de cafeterías y restaurantes donde reinan los Chamorros de Tlacoquemécatl, y cantidad de oficinistas llegan a la hora de la comida.

En una esquina, dentro del jardín, hay una iglesia, frente a ella hay una cruz hecha por indígenas en el siglo XVI, una obra de arte, la pequeña iglesia está pintada de blanco y está dedicada al Señor del buen despacho. Los vecinos me contaron que es el patrono de los Godínez, de los que trabajan en oficinas o despachos, digo que tanto es tantito”.

Como la vieja Lagunilla

Armando Ramirez

Se va sorprender por los puestos de antigüedades que hay sobre el piso y alrededor de todo el Jardín Ignacio Chávez, haga de cuenta, llega a un mercadito árabe y hay cada personaje de novela, hay una señora grande, rubia, bonita, con su piel arrugada pero no deja de ser hermosa, se llama Casandra y es de origen griego, le vende timbres a los coleccionistas.

Recorriendo el tianguis de la Cuauhtémoc, encontré un hermoso mueble para escribir cartas como se estilaba, un escritorio secret, luego una lámpara de las que usaban a principios de los años 20, imaginé al Presidente Sebastián Lerdo de Tejada escribiendo a la jovencita Manuela o el secreter de viaje de don Benito Juárez y no sólo me mostraron eso, sino una taza y un plato de porcelana hecho en Londres.

Es un gran bazar, encuentra al cuate que vende discos de vinyl, la de gente joven que se arremolina para tener los discos de Black Sabbath y, muchos coleccionistas buscando los discos de Mike Laure o los Tribunos o Frank Sinatra, este jardín los sábados y domingos es un mundo de nostalgias.

No sabía que hay gente que colecciona los juguetes de la Matei y ahora tan de moda las portaviandas, jarras, pocillos de peltre, frascos de los perfumes, es un gozo recorrer este tianguis, me gusta mucho porque me hace recordar a la vieja Lagunilla, cuando todo lo que se vendía eran antigüedades o curiosidades, no que ahora visitar la Lagunilla a excepción los libreros de viejo que están sobre el eje norte 2 y ahora una parte de anticuarios, cada vez son más arrinconados por lugares que venden micheladas, bisutería china; que bueno que este tianguis de Cuauhtémoc conserve la esencia de este tipo tianguis bazar, digo que tanto es tantito.

Del DF a la CDMX

Armando Ramirez

Twitter: @uyuyuyy

En el principio la antigua ciudad se llamó México Tenochtitlan y México Tlatelolco, la ciudad estaba dividida en dos porque estos grupos náhuatl llamados mexicas fueron los últimos en llegar, otros grupos náhuatl (por ejemplo, los Xochimilcas) habían llegados antes. Los mexicas divididos unos prefirieron asentarse por los rumbos de Tlatelolco y los otros en la isla de la luna –ahora el Zócalo–, pero los dos grupos náhuatl formarían los que llamamos la gran Tenochtitlan.

Así, la primera ciudad que existió erigida en una isla en el medio de los lagos fue levantada por los mexicas que habían llegado, como todos los chilangos de lejos, ellos decían que venían de Aztlán, que hasta la fecha los especialistas no han podido ubicar en qué parte del norte se ubicaba, hay una creencia que estaba por Nayarit, pero es eso, creencia, no hay certeza científica.

A la llegada de los españoles a todas estas tierras del imperio azteca le llamaron el Virreinato de la Nueva España, era el año de 1535 y a la Ciudad de Tenochtitlan parece que la fuerza popular le dio en llamar ya no México-Tenochtitlan, sino como testimonian las cartas de españoles que enviaban a sus familiares en España, se ubicaban en la Ciudad de México. Y en el años 1545 el Rey de España reconoce a la ciudad por cédula real como “La muy noble, insigne, muy leal e imperial Ciudad de México”.

Así transcurren siglos hasta que en 1823 al proclamarse la primera República Federal, sustituía a imperio de Agustín I (Iturbide), se decide que la Ciudad de México se llame Distrito Federal, eso lo aprueba el Congreso en el año de 1524, pues en esta ciudad residirán los poderes de la Unión. Y así evitar que un Estado de la República Federal sea más importante que otro, pero surge el centralismo del Distrito Federal.

En el año de 2016 hubo una reforma política que ordena cambiar el nombre al Distrito Federal por el de la Ciudad de México, con su propia Constitución, como cualquier estado de la Republica; así, en este 2018 desparecerá en todo paso burocrático y papeleo el Distrito Federal y por ley se debe llamar Ciudad de México, y las delegaciones políticas ahora son alcaldías y los delegados, alcaldes. Digo, que se les quite la costumbrita de decir que viven en el “deefe”, total, qué tanto es tantito.

El Parque del Cartero y misivas

Armando Ramirez

Hay un jardín para pasar el ratón con su peor es nada, su novia, su amiguita, su esposa o con ganas de tenderse como lagartija, este es el Jardín del Cartero o José Refugio Menes. Está entre las colonias Postal y Miguel Alemán, del lado oriente hay una escultura dedicada al cartero, del lado oriente, por eso le dicen el Jardín del Cartero, pero oficialmente se llama José Refugio Menes, que era cartero.

Ahora que la gente lo conoces por el Parque de la Postal, incluso en una basamento está una placa de un timbre postal.

Pero resulta que si se coloca del lado poniente, donde hay una canchita de futbol de salón, se encuentra en la colonia Miguel Alemán, o sea, que pertenece a la colonia Miguel Alemán el parque pero como es más conocida la Postal, pues la gente cree que es de la colonia Postal.

Hay una zona reservada, alambrada, para que los perros puedan jugar y hacer sus necesidades, la gente recoge las huellas de sus perros en bolsitas de plástico.

En un foro llamado Xicoténcatl las señoras hacen zumba pero a todo lo que da hasta parecen el ballet Bolshoi, un joven enseñan futbol a unos niños, tienes sus porterías pequeñas con redes. Al atardecer se encienden las faroles y aparece los jóvenes ocupando la canchita de fútbol, alambrada, y hay mucha gente alrededor de la fuente, salen chorros de agua, se elevan muy alto, unos focos de colores iluminan el agua, creando fantasía.

El café de la esquina enciende su iluminación, la gente llega a tomar café y a platicar, está muy concurrido, a lado venden de tacos al pastor y en la contra esquina hay una pizzería.

Los vecinos llegan de la Miguel Alemán, la Postal o de colonias cercanas y cuentan historias como la de un cartero que se prendió fuego, me acordé del cartero José Refugio Menes, pregunté si era el mismo, pero nadie me aseguró que era José Refugio, que es como se llama el jardín oficialmente, pero la gente también lo conoce por su antigua nombre, jardín Odesa, es una ciudad de Ucrania, en el Mar Negro, digo que tanto es tantito

En el Centro hay casas con historia

Armando Ramirez

Los invito a conocer tres casas del Centro Histórico donde vivieron las tres persona que por su culpa tenemos nuestro Himno Nacional, son Jaime Nunó, Francisco González Bocanegra y Antonio López de Santa Anna, los tres no eran chilangos pero vivían en la Ciudad de México.

Empecemos por Jaime Nunó, vivió en la calle de Venustiano Carranza 26, llegó a la Ciudad de México de Cuba invitado por su Alteza serenísima, López de Santa Anna, a quien conoció en la isla bella, el generalísimo andaba de huída y cuando regresó a México para detentar de nuevo el poder le dio el cargo a Nunó de organizar las orquestas militar del país, el catalán tenía fama de buen músico.

A Santa Anna, que era el Presidente y vivía en Palacio Nacional, no le habían gustado los himnos que habían compuesto antes por encargo y convocó a poetas a concursar para crear la letra del Himno Nacional y a los músicos para componer la música, así resultan ganadores el poeta Francisco González Bocanegra y el músico Jaime Nunó. Uno hijo de español y el otro catalán.

González Bocanegra vivió en la calle de Tacuba 48 y por lo visto tenía una novia mandona, Lupita González del Pino, estaba orgullosa de su poeta. Lo obligó a componer la letra del Himno para concursar, se dice que la Lupita llegó a la casa de Pancho y lo encerró en un cuarto, me imagino que le dio entrada y zas que lo encierra y como quería bizcocho, Pancho que se inspira y ahí tienen al “Mexicanos al grito de guerra…”

El Himno Nacional se estrenó en el Teatro Santa Anna, ya no existe, estaba en lo que hoy es la calle de 5 de Mayo y Bolívar, para abrir la calle de 5 de Mayo derribaron ese teatro en tiempos de Porfirio Díaz. Digo, qué tanto es tantito.

Calle Nautla

Foto: Cuartoscuro
Armando Ramirez

Lo primero es lo primero y es salvar vidas de los escombros de los derrumbes y a la siguiente hora habrá que evitar más tragedias, así es la situación. La calle de Nautla es pequeña, hace esquina con Tlaxcala, y como en 1985 otra vez la tan castigada colonia Roma, sobrecoge el corazón y se estruja el ánimo de impotencia al ver los edificios que han sido desalojado por estar severamente dañados, están acordonados con cintas amarillas, pero un arquitecto habitante del edificio de Nautla número 28, está a la mitad de la calle, nos invita a entrar a esa construcción de unos seis pisos, está muy inclinada hacia la calle, la mayoría de los vidrios de las ventanas están rotos y la entrada está abierta de par en par, accedemos con miedo, en la oscuridad del cubo del zaguán escucho esta meditación: “una réplica y se nos cae”, lo primero que vemos es la caja del elevador, destrozada, subimos por las escaleras, los escalones están endebles, nos dice el anfitrión, pisen con cuidado, más temor, está muy oscuro, llegamos al segundo piso, entramos a un departamento deshabitado, vemos grandes grietas en las paredes de los cuartos, hay yeso, vidrios rotos y concreto caído en el suelo, estremece ver una grieta muy amplia por donde pasa la luz de la calle, al caminar se va uno de lado. En el tercer piso, donde vive el arquitecto, los daños son peores, nos explica que el edificios con una réplica se puede caer sobre las construcciones vecinas, quiero bajar pero me aguanto, nos pide que digamos esta situación, han venido ingenieros jóvenes en representación de las autoridades, vieron el edificio, les dijeron, no se podía hacer nada, había otras prioridades y se fueron. Pienso lo catalogaron de alto riesgo. En la calle una señora rubia señala a su madre, de más de ochenta años de edad, está sentada en la calle, nos pregunta por un albergue para llevarla, la tarde amenaza lluvia, llegan autos y camionetas, se llevan las pertenencias de la gente de casas vecinas, la rubia se lamenta, dice que el edificio desde hace tiempo está dañado. Después del rescate de personas de edificios caídos habrá que evitar más víctimas y no es un edificio, hay varios en las calles de Morena, Pestalozzi… en la Roma, Medellín, Tehuantepec, Nautla… digo, rapidito, qué tanto es tantito.

El bar Mancera, viaje al pasado

Armando Ramirez

EN LA CALLE VENUSTIANO CARRANZA 19, ESTÁ LA CASA DE GABRIEL MANCERA, EMPRESARIO MINERO, y famosos filántropo, es un edificio de finales del siglo XIX, donde en los altos se lee un nombre: “Gabriel Mancera”.

A esa casa una noche tocaron, eran unos policías que viajaban en un automóviles gris, mostraron una orden de cateo, entraron y robaron los objetos de valor de la familia Mancera.

Era el modus operandi de la Banda del Automóvil gris y una de sus víctimas fue Gabriel Mancera. El país vivía la Revolución y en la Ciudad los generales y los vivales se aprovechaban de la población, como fue el caso de los Mancera, pues en una reunión social a la que la hija de Mancera asistió, también estaba la vedette María Conesa, la Gatita blanca; ahí la hija de don Gabriel descubrió con asombro que la mujer portaba las joyas que le había robado la banda del automóvil gris, y ella de inmediato reclamó las joyas, pero la vedette afirmó que se las había regalado su amante, el general Juan Mérigo, jefe de la Policía capitalina.

Grande fue el escándalo y ahora todos sabían que la Banda del automóvil gris era manejada desde la Policía de la ciudad, pero como siempre, orquestaron ellos mismos la captura de los “verdaderos maleantes de la banda del automóvil gris”, incluso fusilaron a algunos, pero a los principales los sacaron del país.

Don Gabriel Mancera se fue de la Ciudad, vendió el edificio y en 1912 se convirtió en un sitio de lujo, el Hotel Mancera, fue cuando le aumentaron al edificio los dos pisos superiores. El hotel Mancera fue cerrado en el año de 1979.

El edificio se dividió en oficinas, otra parte la ocupa una cantina y del lado contrario está el bar Mancera, una belleza donde el tiempo se ha detenido, un lugar donde los vitrales evocan el afrancesamiento de la época de don Porfirio, un pianista que ameniza las comidas de los parroquianos, en mesas cómodas, iluminadas con una luz tenue, y una barra de madera con vitrinas de cristales de vidrio emplomado es atendida por la primera mujer barman que hubo en la ciudad. Total, qué tanto es tantito…

Los nuevos ocupantes

Armando Ramirez

EN 1808, Napoleón invade España, siendo rey Fernando VII, en la Nueva España no quieren a Napoleón desean que el Rey Fernando VII exija ser rey de la Nueva España, el imbécil dice que no, y el virrey Iturrigaray apoya a Francisco Primo de Verdad entre otros para proclamar la autonomía de la Nueva España.

Pero las fuerzas armadas aprenden al Virrey en Palacio y a Francisco Primo de Verdad en el Cabildo, lo llevan a una celda en el Palacio del Arzobispado y Primo de Verdad amanece muerto, digo les dieron unos toques a los autonomistas.

Pero en 1810 llega la guerra de Independencia y en 1821 se proclama el país independiente de la corona española. Agustín de Iturbide aprovecha esta situación para coronarse Emperador de México, Agustín I.

Entonces el Palacio de los Virreyes pasa a llamarse el Palacio Imperial. Pero a Agustín el gusto le duró 6 meses, lo derrocaron y huyó a Europa.

En el año de 1823 el Congreso declara al país una República y el Palacio de los Virreyes pasa a ser el Palacio Nacional. Ahí tuvieron sus recintos los poderes de la Nación. El primer Presidente fue Guadalupe Victoria pero Mariano Arista fue quién restauró en 1852 el Palacio Nacional, ventanas, patios, escalinatas, y ordenó construir una tercera puerta, sólo había dos, el Presidente la ordena para uso del Presidente, por eso la puerta se llama: Puerta Mariana por Mariano Arista.

Ahí vivirán siendo Presidentes Vicente Guerrero, López de Santa Anna, Valentín Gómez Farías, etc. El ejercito francés invade el país y proclaman emperador a Maximiliano con su Carlota. Y el Palacio ya no se llama Palacio Nacional sino Palacio Imperial de nuevo. Pero Max y Carlota se van a vivir al Castillo de Chapultepec, pero le metieron la mano a Palacio, Carlota mandó construir la famosa “escalera de la Emperatriz Carlota”.

Entonces llega el Presidente Benito Juárez a vivir a Palacio Nacional, ahí muere. Y en tiempos de don Porfirio en 1896 se traen la campana de Dolores y la instalan y en las fiestas del Centenario de la Independencia, la toca Porfirio Díaz.

Y llega la Revolución ahí vive Madero y los generales, Carranza, Obregón, Calles hasta que Lázaro Cárdenas no quiere vivir en Palacio y construyó los Pinos. Ahora parece vivirá un Presidente en Palacio Nacional, digo que tanto es tantitito.

Del miedo al agua, al baño público

Armando Ramirez

QUE CHISTOSA ES LA CIVILIZACIÓN, AUNQUE USTED NO LO CREA A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII, LA GENTE le tenía miedo al agua, no eran como los aztecas que felices vivían con el agua, no practicaban el aseo del cuerpo, fue hasta finales del siglo XVIII cuando se discutía en Europa y por influencia en México si se debían de lavarse la cara o solo limpiarla, pensaban que si usaban el agua podían dañar la piel con el frío y el sol.

Es cuando se descubre que la limpieza evita las infecciones en los hospitales, entonces nadie tiene miedo de bañarse o lavarse el cuerpo y surgen un montón de métodos que en la ciudad de México, claro, los riquillos son quienes las usan, por ejemplo el “baño de esponja”, es decir una tina con asiento donde se sentaba el individuo y se tallaba la piel con una gran esponja.

Este tipo de baños eran para curarse de una infección, una diarrea, y estaba el baño para los pobres “de lluvia”, colocaban un bote en lo alto le hacían unos agujeros y se bañaban. Con el tiempo llegó el baño de vapor y las bañeras, ahí estaban las “bañeras de caderas”, eran unas tinas redondas con un respaldo alto y a los lados unas coderas para que la señorita descansara mientras su cuerpo recibía el agua caliente en las partes claves del cuerpo humano. O la tina de “baño de zapatilla”, era la favorita de las mujeres, era lo mismo pero tenía un asiento más cómodo, una forma de zapatito, la gente ahí cabía más cómodamente.

Llegaron los baños públicos muy fifís, como los famosos Vergara, estaban en lo que hoy es la calle de Bolívar, en lo que fue el convento de Betlemitas. Estaban las Albercas Pane, propiedad de un italiano que puso de moda entre las mujeres las albercas y los baños de vapor, turcos y mesas de masaje.

Los baños públicos fueron tan famosos que los invadieron los gays, entre ellos Salvador Novo, Elías Nandino, Xavier Villaurrutia que iban a los baños Bolívar a cazar jovencitos, así y el progreso perdió prestigio el baño público, total, que tanto es tantito

La maldición de la Minerva

Armando Ramirez

El edificio de la Secretaría de Educación Pública es recinto con historia y visitarlo es aprender de nosotros; fue antiguamente el convento de la Encarnación, la parte sur y la parte norte fue la Aduana de Pulque.

Fue el gran José Vasconcelos quién se inspiró para “salvar a los niños, educar a los jóvenes, redimir a los indios, ilustrar a todos y difundir una cultura generosa y enaltecedora, ya no de una casta, sino de todos los hombres”. Quien fuera director del Departamento universitario y de Bellas Artes, quería no solo construir escuelas, aulas, sino enaltecer el espíritu y la esencia del ser mexicano.

Me pregunto qué piensan cuando insultan a sus empleados diciéndoles: “Oaxaco”, siendo que los oaxaqueños tienen de que sentirse orgullosos. Vasconcelos, este oaxaqueño nos dio la educación escolar en todo el país y en su época, mandó a publicar miles de libros con títulos de Platón, Sócrates, Aristóteles, San Agustín y Dante Alighieri. Y siendo secretario de Educación Pública ocupó su oficina, llevó una estatua de la diosa Minerva, la de la sabiduría, cuando dejó su cargó, se dice que ningún secretario de Educación quiso mover a la Minerva por temor a una exclamación que hizo Vasconcelos, el que mueva de ese lugar la estatua le irá mal. El único que movió de lugar a la Minerva fue Fausto Alzati, quien fue secretario de la SEP durante unas semana, pues luego fue cesado, digo, qué tanto es tantito.

Admire a detalle; turisteando por el Centro

Armando Ramirez

ESTE FIN DE SEMANA puede caminar por el Centro de la Ciudad; qué le parece si le hace al turista de otro país y se maravilla de la ciudad barroca, que hizo decir a algún visitante ilustre que era la Ciudad de Los Palacios.

En la calle de Argentina a media cuadra del templo mayor está la iglesia del Pilar con su bello retablo, es una de las obras maestras del barroco en la Ciudad, en esta iglesia es común ver entrar a extranjeros con sus cámaras y tomarle fotos a este altar de la virgen del Pilar, también muchos españoles maduros entran y se persignan ante la patrona de España.

En sábado puede entrar a la cantina Salón España, está en la esquina de Luis González Obregón y Argentina, a lado hacen unas tortas de chorizo con huevo, y no es albur, le van a gustar, ahora si tiene ganas de una chela bien fría y buena botana, no se aprietan como en otras cantinas, aquí la botana es abundante.

Hacia el poniente está la calle de Brasil, ahí se abre espectacular la plaza de Santo Domingo, le recomiendo que la visite al atardecer, cuando la ciudad se tiñe de anaranjado y las luminarias se están encendiendo, las construcciones adquieren una tonalidad cálida, al fondo la iglesia de Santo Domingo, a mano derecha el edificio de la Antigua Escuela de Medicina, a un costado el edificios de la Secretaría de Educación Pú- blica, enfrente los portales y al centro la fuente con la escultura de doña Josefa Ortiz de Domínguez sentada en una silla dominando la plaza.

En la esquina de los portales de la plaza con Belisario Domínguez hay una cantina, Salón Madrid, que por extrañas razones ahora venden churros y una sabrosa birria, pero los churros con chocolate son exquisitos, es raro tomar chocolate en la barra de una cantina. Otra iglesia maravillosa es la Santísima Trinidad, está en Jesús María y Emiliano Zapata, que no es otra calle que la prolongación de Moneda, su portada convoca a los turistas tomarle fotos asombrados por su belleza, los chilangos pasan sin mirar, no sabemos lo que tenemos, vaya en estos días y échele un ojito, después le llega a una de las cantinas más antiguas, la Potosina, recinto de los fanáticos del Atlante, digo, camine, admire y mitigue la sed, total que tanto es tantito.

Un palacio con magia y lleno de historia

En el pasado fueron lugares muy importantes para el país. Foto: Especial
Armando Ramirez

Todo comienza en la época de los aztecas, en la que ahora conocemos como calle de Moneda, entre Seminario y Licenciado Verdad, las construcciones que se levantaron en esa calle fueron de las primeras que hubo después de la caída la Tenochtitlan, ahí se encontraba la pirámide o templo del dios protector de los guerreros, el señor del inframundo, Tezcatlipoca. Los conquistadores sobre el basamento de este templo construyeron el Palacio del Arzobispado.

El pasado es el dios azteca y tolteca considerado el oponente de Quetzalcóatl. Foto: Especial

Primero fue una construcción nada suntuosa, pues pertenecía a un soldado de Cortés, por orden rey de España este debió repartir terrenos como gratificación por su participación, a sus soldados, al dibujarse la ciudad sobre el trazado del alarife (ayudante de arquitecto) Alonso García Bravo ordenado por Cortés, a estos soldados les tocaron terrenos en el recinto sagrado, entre ellos el soldado que fue propietario del terreno que ahora ocupa el Palacio del Arzobispado.

Los soldados en esos años salían constantemente a expediciones bajo las órdenes de Hernán. Y como estaban expuesto a morir, firmaban un “poder” casi siempre a nombre de la iglesia para que cuidara de sus bienes.

Fray Juan de Zumárraga fue el primer obispo de la diócesis de México donde llegó en 1528. Imagen: Especial

El terreno de esa construcción lo elige el arzobispo Fray Juan de Zumárraga para construir el arzobispado, con el paso de los siglos fue creciendo en majestuosidad la construcción hasta llegar a ser el Palacio que hoy conocemos, siendo uno de los bienes protegido por la Nación y ahora es el Museo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Pero primero tuvo que suceder que a Juan Diego se le apareciera la virgencita de Guadalupe, en el tiempo que sucedió lo de la Guadalupana, era arzobispo Fray Juan de Zumárraga, y fue Juan Diego hasta la casa del arzobispo y tocó la puerta, al principio no le hacen caso, se aferra y lo recibe Zumárraga y ahí deja caer las rosas y aparece la imagen de la Virgen de Guadalupe, digo qué tanto es tantito…

Lugares llenos de historia. Foto: Especial

Los de Villa… para tacos de carnitas

Armando Ramirez

VILLA DE CORTÉS aparte de ser una de las estaciones del Metro más conocidas de la línea azul, la que va de Taxqueña al Toreo, por si no se habían dado cuenta es una colonia muy tranquila, donde venden unos tacos de carnitas que no manchen, están de pocas tuercas, estos tienen la tradición que viene de Tepito, de la calle de Toltecas, antes ahí vendían chamarros y tacos de carnitas y luego uno de sus empleados se fue a poner una taquería, hace 50 años, en la calle de Fernández del Castillo, en Villa de Cortés.

Y qué creen era una apuesta muy arriesgada, Villa de Cortés era una colonia que estaba en proceso de colonizarse por gente de los tranvías y los ferrocarriles. Pero se aventó el tiro, bueno hasta un día su ex patrón fue a ver a su ex empleado y le dijo, “no manches el mantel, aquí no la vas a pegar.” Y el abuelo de los actuales encargados le contestó, que si la iba pegar con sus tacos de carnitas. Y el ex patrón: “mira, si la hace, te bajo los pantalones y te los beso…”

Pasó el tiempo y que las carnitas de la Negrita que la pegan, los tacos eran la delicia de la nueva colonia, bueno hasta los de la colonia Iztaccihuatl iban a comer los taquitos de carnitas e inventaron un lomo de cerdo a la plancha y las salsas son de babear, con chiles del estado de Aguascalientes, dicen que son los mejores, acá hay una salsa de chile de árbol o de chile manzano y chiles encurtidos, uno repite, son taquitos, de a qué no puedes probar solo uno.

Un día llega el ex patrón a ver al señor, ve el éxito y le dice: “no te bajo los pantalones porque si los beso se sala el negocios, mejor sigue con la suerte”.

Así surgieron los tacos de carnitas de la calle de Fernández del Castillo, viera usted como llega la gente a devorar esos tacos, tienen unas mesitas sobre la banqueta, que le dan ambiente a la calle, que hacia Tlalpan, hay más locales de tacos y tortas y que son un oasis, cuando uno sale del Metro apachurrado y con hambre, y al solo oler esos tacos, la gente se detiene.

Ahora los tacos de Tepito ya desaparecieron y acá la tradición, como don Johnny el caminante, siguen tan campante, con los nietos atendiendo los tacos de carnitas, la gente se arremolina mientras se escuchan canciones de Leo Dan, digo que tanto es tantito.

Cempasúchitl, flor-vida

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Me acuerdo que el año pasado en Xochimilco en algunas chinampas estaban muy tristes los chinamperos, una semana antes había caído una granizada que casi hecha a perder su cosecha de la flor de los 20 pétalos, para los aztecas, el número 20 era lo mismo que “muchos o muchas”.

Cempasúchitl significa: la flor de los 20 pétalos o sea de muchos pétalos, como es en la realidad esta bella flor, que en la chinampas de Xochimilco en esta época le dan una tonalidad de amarillo soleado al ambiente, es un gusto ver cómo van recogiendo las flores que en su tallo algunas alcanzan hasta un metro de altura y al ver los canales y las chinampas uno no puede menos que recordar, que fue una flor sagrada para los nahuas.

En tiempos de la gran Tenochtitlan y hasta la fecha en templos católicos, en los pueblos cercanos a la Anáhuac, en días de fiesta se riegan en dos hileras, para marcan un camino, con pétalos de cempasúchitl. Los aztecas creían que los pétalos de esta flor recogían la luz del sol, tan preciada por los nahuas. En su cultura y religión el sol era el dador de la vida. Y les preocupaba mucho, en su mitología, que el sol saliera todos los días, que nunca dejara de aparecer después de la noche.

Así, a la flor del cempasúchitl la tribuyeron esa cualidad, la de contener el calor, la luz del sol, lo que da vida. Ahora en el México del 20017, a casi 500 años de que cayera Tenochtitlan seguimos queriendo a las flores de cempasúchitl y prolongando la creencia de que regresan los difuntos y para eso hay que iluminarles el camino con veladoras y pétalos de flor de cempasúchitl.

Flor emblemática de las chinampas de Xochimilco, en estos días se ven los ramos de la flor del sol ser trasladada en trajineras o canoas por los canales, esos canales que el 19 de septiembre pasado unos turistas americanos paseado por ellos y con los movimientos del sismo creyeron que se daban el fenómeno del tsunami. No sabían que aquí se cultiva el cempasúchitl.

Por eso se usa en las festividades como los días de muerto. Los nahuas creían que había vida más allá de la muerte. Además tenía un uso medicinal o alimenticio, todavía en una pulquería de Xochimilco, el Templo de Diana, preparan un curado de flor de cempasúchitl y canela que es una delicia, digo, qué tanto es tantito.

El barrio que olvidó a la gente

Armando Ramirez

Pocos saben que existe en el Centro de la Ciudad un barrio que se llama San Juan Moyotlán o Moyotla, miles de personas caminan por sus calles, seguro usted lo ha hecho por las calles de Artículo 123, Independencia, Luis Moya, Revillagigedo, López, Ayuntamientos, etc. Y eso es nada más por nombrar algunas.

En algún momento la gente dejó de mencionar a este barrio por su nombre, pero veo en los periódicos de los años cincuenta, cuando el torero Luis Procuna causaba furor en el mundo taurino, lo apodaban el berrendito de San Juan, sí, por ser oriundo de este barrio. A propósito se le dice berrendo al toro que tiene diferentes colores en su pelaje, y Procuna tenía un mechón blanco en el copete.

El barrio de San Juan fue de toreros, como el inmortal Alberto Balderas, muerto de una cornada a los 30 años y de un montón de novilleros que nunca llegaron pero que conservan su afición al toro, como algunos viejos comerciantes de la calle de Luis Moya, done usted puede ver motivos de la fiesta brava en sus aparadores de bombas y generadores.

Pero el barrio de San Juan fue sede de la fábrica de cigarros del Buen Tono. Y lo es del mercado de San Juan para gourmets. Aquí los afamados chefs de la Ciudad llegan con curiosidad para encontrar magia para sus platillos. Y por si no lo sabía el Barrio Chino, en la calle de Dolores, pertenece al barrio de San Juan. Y en la calle de Ayuntamiento están las instalaciones de la antigua XEW, en esa calle vivió el escritor Artemio del Valle Arizpe, conocedor de la vida en la Nueva España. Y cómo dejar de mencionar los cafetines en estas calles, en un tiempo frecuentado por españoles exiliados.

El autor del libro de los nombres antiguos de la calles de la Ciudad vivió en la calle que hoy lleva su nombre, José María Marroqui.

Y esta el edificio gótico de la antigua inspección de policía, en los años cuarenta ahí también estuvo la Cruz Verde donde llegara el cuerpo de León Trosky, después de haber recibido un golpe con un piolet en la cabeza, se cree, por órdenes de José Stalin, digo, hay mucho cosas y hechos mas que contar de San Juan, total, que tanto es tantito.

Pelona pela dientes

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Le llaman la pelona, la tilica, la huesuda, la Catrina, la flaca, es la muerte y permea el folclore, el ingenio del mexicano, se ve en estas semanas que va de la últimas del mes de octubre a las primeras del mes de noviembre de cada año.

Recorrer los mercados públicos es descubrir cómo las manos y la imaginación de los artesanos mexicanos hacen maravillas con la flaca, las hay con cabezas de garbanzo, de papel maché, hueso molido con resinas, madera, gabazo de caña de maíz, cera, de azúcar…

¿De dónde nos viene este culto? De la religión e ideología de los aztecas. Ellos fueron el último grupo de nahuas que llegaron muy jodidos a los lagos del Anáhuac. Y más miserables se sintieron cuando vieron las tierras de las riberas ocupadas por tecpanecas, xochimilcas, texcocanos, etc. que tenían el mismo origen que los aztecas, eran tribus nahuas. Pero como dice el refrán, juntos pero no revueltos, porque después las guerras entre ellos eran de carnicería, fue como los miserables aztecas construyeron su imperio sometiendo a los demás grupos de nahuas.

Con decirles los otros grupos de nahuas les llamaron a los aztecas, mexicas, que significa perros. Los sacerdotes aztecas les inculcaron el culto a la muerte, los elegidos de los dioses, eran feroces y fortalecían su bravura practicando cultos a la muerte, sacrificaban prisioneros, les sacaban el corazón y lo comían, era un culto Huitzilopochtli, creían que así mantendrían la luz del sol, día a día y nunca acabaría, era una acción religiosa, qué horrorizados los españoles, que tampoco fueron recatados para imponer su religión, igual, para evangelizar a los indígenas corrió sangre. Por eso en lugar de condenar o negar hay que entender la actitud religiosa de los aztecas.

Otro culto a la muerte fue creando de amaranto una imagen de Huitzilopochtli, colocaban en la nariz un pico y le ensartaban un corazón, se teñía de sangre el amaranto, esta especie de pan se lo comían, por eso los evangelizadores les enseñaron a los indígenas a hacer un pan de trigo, a la europea, colocaron unas canillas cruzadas y al centro una bolita que simboliza el corazón, lo hornearon, con el tiempo se agregó azúcar y azahar para aromatizarlo, es nuestro pan de muertos que venden en las panaderías, digo, qué tanto es tantito.