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Qué tanto es Tantitito

En Palacio de Bellas Artes

Armando Ramirez

LA NETA DE LA CORNETA del planeta de la cultura. Hay familias que a lo mejor se les ocurrió entrar a un museo pero cuesta un billete la entrada y multiplicado por cuatro sale caro. Pero, fíjense, los domingos hay un montón de museos que son de entrada gratuita, y la verdad chilango que se crea chilango, lo menos que puede hacer es conocer un domingo el Palacio de las Bellas Artes por dentro.

En domingo la entrada al Palacio es gratuita y créame que no se va a decepcionar, el interior es una maravilla, gran expresión del art decó, con sus escalinatas y columnas de mármol y su ornamentación en bronce, desde que cruza el arco para que no entren personas con objetos peligrosos queda deslumbrado.

El espacio del Palacio se ofrece con amplias escalinatas, y dos principales en el siguiente piso, que llevan a las obras de los grandes muralistas mexicanos, puede empezar a conocer de primera mano la obra de Diego Rivera con un mural, llamado “El hombre controlador del universo”

En 1933 la familia Rockefeller contrata a Diego Rivera para que pinte un mural en el afamado Centro Rockefeller, pero cuando la familia vio la obra terminada mandó a destruirla y todo porque Rivera había pintado el rostro de Vladimir Lenin, el líder; entonces Diego Rivera decide pintar un mural en el Palacio de Bellas Artes, con muchos de los motivos que contenía el de Nueva York.

Esta versión la puede ver en el primer piso del Palacio de Bellas Artes y de gratis, además en ese primer piso puede admirar la obra del genial José Clemente Orozco, el tema es como la sociedad de masas y el desarrollo tecnológico pueden degradar la vida social. No andaba tan equivocado, el mural tiene esos colores explosivos y satíricos de la obra de este gran muralista.

En el mismo primer piso están los murales de David Alfaro Siqueiros, donde se siente la brutalidad y violencia de la conquista de Tenochtitlan por Hernán Cortés; en un muro vemos a Cuauhtémoc junto al señor de Tacuba sufriendo la tortura con el fuego en las plantas de sus pies, mientras Cuauhtémoc estoico soporta el dolor, el señor de Tacuba se retuerce, también esta la obra de González Camarena. Y eso es en el primer piso, imagínese los demás pisos, vaya un domingo al Palacio de las Bellas Artes, que tanto es tantito.

16 de septiembre e Independencia

Armando Ramirez

La calle 16 de septiembre celebra el inicio de la lucha por la Independencia y la de Independencia, la consumación. Septiembre es el mes de la patria y conviene recordar las calles que celebran la Independencia, las que ganan son las de Miguel Hidalgo, no hay centro histórico de cualquier ciudad de la República que se respete que no tenga su calle Hidalgo y ni que decir de Independencia o 16 de septiembre.

Y como el Centro Histórico chilango se respeta, tiene su calle Hidalgo, está en las orillas del Centro Histórico, allá por la Alameda Central y a espaldas del Palacio de las Bellas Artes, prolonga la calle de Tacuba, que cruzando el Eje Central se llama avenida Hidalgo. La calle 16 de septiembre está en el mero corazón comercial, donde se encuentra el Gran Hotel de la CDMX, que fue concebido en tiempos de Porfirio Díaz como el último grito del progreso afrancesado.

Se dice que Carmelita, segunda esposa de Porfirio se pasaba las tardes en el Centro Mercantil buscando qué garrita le quedaba, no era como alguna célebre profesora o propietaria de caserón en las Lomas, Carmelita vivía en el Castillo de Chapultepec con su viejo hasta que se los llevó el Ypiranga a Francia.

Ahí comienza la calle 16 de septiembre, llena de comercios, es más, ahora hay tiendas de japoneses, no de chinos, ¡japoneses! Digo si son japoneses debe estar bien hecho, aunque sean bisutería.

16 de septiembre termina en el Eje Central pero la calle sigue y se llama Independencia, ahora tiene un montón de edificios nuevos, los hoteles que estaban antes se cayeron en los sismos de 1985 y hay un barrio chino de peluches y un teatro Metropolitan que da espectáculos de tutti frutti, por cierto, échese una vueltecita por este barrio, en Independencia y Marroquí hay un lugarcito japonés, más o menos barato, para un día de quincena, tienen un menú de verdadera comida japonesa, digo, que tanto es tantito.

En mercado de La Portales

Armando Ramirez

VISITAR el Mercado de la Portales es asistir a un mundo fantástico, no es un mercado cualquiera, es un mercado de las mil y una noches, hay de todo.

Es cosa de recorrer el mercado y lo primero que se le antojan son los jugos, licuados, cocteles, hay varios locales donde le ofrecen un licuado de avena con huevo, un plátano y miel, con eso es más que suficiente para aguantar hasta la comida.

Las aguas de fresa son de alfalfa, o de piña y limón, los cocteles de fruta con granola, miel, son enormes. Y si se pierde en las fondas, no jueguen, hay para todos los gustos, comida corrida, enchiladas, chilaquiles, caldo de gallina, mariscos y taquerías de todo tipo, al pastor, de cabeza o de cecina de Yecapixtla, pero en esto de la comida y los antojitos, el mercado de la Portales es célebre entre los sibaritas del asfalto por sus tostadas de patas, Dios Santo, son exquisitas y bien servidas, con una leve salsa verde, crema.

Pero no sólo hay un puesto, son varios que compiten con quién da las mejores tostadas de pata, también hay tostadas de tinga pero las que me apantallaron fueron las de carne tártara, exquisitas, ya me creía Gengis Kan.

Hay locales que le ofrecen productos para que usted cocine en su casa, como los locales de productos oaxaqueños, son orgullo de la Portales, basta citar al gran Carlos Monsiváis, que como le había presumido en Tepito los tacos de tripa y de hígado y las migas, me invitó a sus terruños, en la Portales, y fuimos a comer a un lugar de comida oaxaqueña, desde ahí observe que hay muchos oaxaqueños en la Portales.

En el mercado hay locales donde venden pan de yema pero también pan de olla, sal de mina, mole amarillo, mole negro, tlayudas, mezcalito, chapulines, pinole, para hacer atole, ajos tostado y tasajo.

Y si necesita que le haga un sur cido invisible o un ajuste a su pantalón aquí son magos, hay también venta de disfraces o se los hacen para su niño para las fiestas infantiles en las escuelas, también hay estéticas donde le cortan el cabello a la moda. Y lo mágico, encontré una librería dentro del mercado, con todo tipo de libros de García Márquez, de Harry Potter, incluso me presumieron que varias veces llegó Carlos Monsiváis. Y esto es una parte de todo lo que hay en este bendito mercado, digo que tanto es tantito.

San Pedro Atocpan un pueblo de tradiciones

Armando Ramirez

Disfrute del mole, el pulque y lo tamales de frijoles, características de este lugar

ATOCPAN SIGNIFICA TIERRA HÚMEDA, fértil, y así es la tierra de San Pedro Atocpan, tierra de gente creativa, con imaginación para inventarse su tradición, las de los diferentes moles que elaboran la mayoría de familia en este pueblo bendito, perteneciente a Milpa Alta, al sur de la Ciudad de México.

Cuando tenga tiempo conozca este pueblo mágico con su convento e iglesia de San Pedro Apóstol, inició su edificación a la mitad del siglo XVI, se siguió todo el siglo XVII y los terminaron entrado el siglo XVIII, les digo, si de convento y templos se trata en la Nueva España, se tardaban un poquito en levantar sus edificios religiosos pero les quedaban de peluches, tan es así que crean un estilo que deriva del barroco europeo, si allá se recargaban en su decoración de formas y figuras, acá, era como si fuera la decoración de un pastel de XV años, no quedaba espacio alguno, todos los retablos están ocupados por figuras de santos, formas vegetales, símbolos religiosos y con un poco de evocación de la geometría de las pirámides y así tienen el churrigueresco o barroco novohispano.

Así es el mole que hacen en San pedro como el barroco mexicano, las familias del pueblo elaboran sus moles con más de 40 ingredientes: chiles, cacao, comino, clavo, almendra, canela, galletas y plátano macho, llaman la atención las pencas de plátano macho en los molinos donde las familias van a moler sus recetas, es una calle cercana al mercado, ahí se suceden los molinos y los ingredientes en tinas que lleva el mole, sus olores llegan a la calle.

Por cierto cerca de esta calle está otra que lleva al panteón del pueblo y le llaman de “iras y no volverás” adivine por qué.

Entrando al pueblo está la calle de los comercios con el mole en polvo en enormes cazuelas de barro y las abuelitas orgullosas de s u s recetas secreta, las probaditas de mole lo dejan a uno babeando, muy sabrosos los moles. Ah y un pinole para hacerse con leche y agua, otro poquito de cacao y canela, uy, esa receta me la dio una abuelita de ahí.

Alrededor de la plaza de san Martín Caballero con su austera iglesia de 1560, hay restaurantes con ventanas y balcones con vista a la plaza, ahí puede saborear el mole, el pulque y los tamales de frijoles, digo, que tanto es tantito.

 

Lugares centenarios en Azcapotzalco

Armando Ramirez

La calle de Azcapotzalco es la calle principal del pueblo de Azcapotzalco, en esa calle está la iglesia de la hormiguita, llamada así popularmente porque en la torre del campanario hay una hormiga en yeso o piedra que parece ir ascendiendo hacia el campanario. Y de ahí surgió la leyenda que el día que la hormiga llegue al campanario, ese día se va acabar el mundo.

Antes la gente lo creía, eran los siglos XVII o XVIII ahora es tan solo una anécdota, también en esa calle siguen en pie los chalets que los trabajadores administrativos de la empresa inglesa que controlaba el petróleo mexicano construyeron sus casas, al ser ingleses quisieron que sus casas evocaran a la vieja Inglaterra. Hoy estos chalets sobre la calle de Azcapotzalco son una curiosidad que le da prestancia a esta avenida principal.

También está el edificio de lo que fue el Palacio Municipal, ahora es casa de cultura, pero además los negocios más antiguos como la antigua nevería ahora hecha cafetería y la cantina llamada el Dux de Venecia.

Un negocio que en 1860 ya existía como una tienda de abarrotes y ultramarinos, fue fundada por italianos, de ahí el nombre del comercio, pero a principios de siglos fue comprada por unos comerciantes de España, Asturianos. Si uno recorre a ahora la cantina del Dux de Venecia verá fotos antiguas de la primera playa de la Ciudad de Santander que llaman el Sardinero, pero también del equipo de beisbol, Los Petroleros, y fotos de los equipos de futbol de la Ciudad que primero fueron clubes de españoles como en la película de Joaquín Pardavé, Los Hijos de don Venancio, digo qué tanto es tantito.

Nahui Olin una mujer inteligente

Armando Ramirez

Fue una mujer muy hermosa, inteligente, audaz y creativa, hija de un general del ejercito de Porfirio Díaz, Don Manuel Mondragón inventó el rifle semiautomático Mondragón. Nahui era de una familia acaudalada, cuando el país se convulsionó, el general Mondragón y su familia se van a Francia. Ella nació en Tacubaya un 8 de julio de 1893. Cuando regresa al país es una adolescente moderna, cosmopolitita.

Se adentra en el mundo artístico de la CDMX, cautiva a los grandes pintores del momento, Diego Rivera, Jean Charlot y Manuel Rodríguez Lozano, con quien se casa; la pareja viaja a Europa, Carmen Mondragón queda embarazada, pero se separan cuando se entera que su marido el pintor Manuel Rodríguez Lozano es gay.

Ella hace gala de su belleza y escribe: “Me retraté porque tenía un cuerpo tan bello que no iba a negarle a la humanidad su derecho a contemplar esta obra”. No exageraba, en los años 20, el fotógrafo Antonio Garduño, le hizo un estudio fotográfico en la azotea de un edificio novohispano, en la calle 5 de febrero.

Escribió poemas donde asegura que posa para los artistas, porque, “hacen cuadros siempre nuevos cuando yo poso”. En 1930 conoce al Doctor Atl, el afamado pintor de los volcanes, sostienen un tórrido romance; las cronistas y sus biógrafos aseguran que era un amor de rompe y rasga en cada calle del Centro Histórico.

Un día las autoridades dicen que demolerán el convento de la Merced, el Doctor Atl protesta y se va a vivir al convento para evitarlo. Lo acompaña su amante Carmen Mondragón, ahí Atl la bautiza como Nahui Olin, que significa “4 movimientos del sol”. La mujer más bella de una época del arte mexicano muere a los 82 años en su casa de Tacubaya, ahora su obra se exhibe en el Museo Nacional de Arte, échele un ojito, qué tanto es tantito.

Leyendas de la Doctores

Armando Ramirez

LA COLONIA DOCTORES EMPEZÓ A FRACCIONARSE EN 1899 Y SE LLAMÓ EN PRINCIPIO COLONIA HIDALGO

De ahí que su mercado todavía se llame Hidalgo, pero en 1906 donde Porfirio Díaz inaugura el Hospital General y las calles a su alrededor recibieron nombres como el del doctor Liceaga o doctor Vértiz, Barragán, Lucio. Y la gente empezó a llamar a ese barrio colonia de los doctores.

La primera calle de esta colonia fue la de Pajaritos, era un callejón muy cercano a la fuente del Salto del agua, hoy se llama doctor Valenzuela y es una calle larga. Por cierto, en Pajaritos se encontraba una casa de chicas malas, las de madame Rassimi y cerca estaba un burlesque recatado, muy atrevido para la época, el baile del Can can hacía desmayar a las damas de la vela perpetua.

Tal vez con estos antros comienza la tradición de lo cabarets en la doctores, que junto a la colonia Obrera formaron la zona de diversión nocturna más legendaria de la Ciudad, hojas Petra. En la Doctores estaban el cabaret Leda, el Balalaika, la Burbuja, el Tranvía, donde Nancy Green y Claudia Tate causaban furor con su sensualidad, estos lugares dieron fama a la vida nocturna a la colonia, donde taxistas y parroquianos iban hombro con hombro a los lugares celestiales.

La Doctores también tuvo sus cines legendarios, ¿quién se podrá acordar del cine Titán o del Maya o el Edén? Este terminó llamándose Almoloya, en plena decadencia de los cines grandes. Y cómo olvidar el cine México, sobre avenida Cuauhtémoc, ahora son unos elegantes departamentos, frente a la desembocadura de la avenida Álvaro Obregón, cine peculiar compartía sus estreno con los vecinos de la Doctores y la colonia Roma.

Y el cine Internacional, de espeluznante recuerdo, estaba en la calle de doctor Liceaga y Carmona y Valle, que junto a las oficinas de la Secofi se cayeron en los sismo del 85, ocupaban el terreno de lo que ahora es el jardín Ignacio Chávez, enfrente del jardín están los “Soldominios”, edificios de condominios, que en los sis – mo del 2017 quedaron dañados, barrio al fin la Doctores. Qué tanto es tantito.

Fin de semana en San Jacinto

fArmando Ramirez

El jardín evoca a los parques de pueblo, donde la gente del lugar pasa la tarde y descansa

EL 12 DE SEPTIEMBRE de 1847 en la plaza de san Jacinto fueron ejecutados los hombres que for­maban el Batallón de san Patricio, formado por más de un ciento de irlandés y un grupo de alemanes que se unieron al ejercito mexica­no para combatir la invasión del ejercito estadounidense. En un muro de una casona de esta plaza hay una placa en cantera donde están grabados los nombres de estos hombres.

La plaza de san Jacinto vale la pena visitarla, tiene su jardín del arte donde pintores venden su obra, en la calle de Juárez, en el mismo jardín, está la casa de Joa­quín Fernández de Madrid y Ca­nal, quién trabajaba de Obispo de Tenagra. La casa años después tuvo habitantes ilustres como el escritor José Zorrilla, autor del famoso Don Juan Tenorio, tam­bién la habitó Antonio López de Santa Anna, sí su ilustrísima, pero cómo no, si era arroz de todos los moles, ahora la casona alberga el Bazar del sábado, un lugar donde venden artesanía de diferentes rumbos del país.

Adelante está la casa de Isidro Fabela, ahora es el Museo del Risco, tiene una gran acervo cul­tural, como la fuente de la casa, está pegada a un muro y ahí se le­vanta sobre el muro una cantidad de objetos de porcelana, se dice llegaron con la Nao de China, era una nave que llegaba del oriente con objetos de aquellas tierras para comerciar, aunque dicen, que no era Nao sino un barco, y no era de China, llegaba de las Filipinas.

El Jardín de san Jacinto evo­ca los jardines de pueblo, donde la gente del lugar pasa la tarde, como los señores mayores, llega­dos del pueblo de Tizapán que charlan con sus amigos en estas bancas. En la esquina con Madero está la célebre cantina La Came­lia, donde los actores jóvenes lle­gan en la noche a hacer su fiesta.

Si a usted no le gusta codearse con la farándula lo puede hacer con el pueblo denso, a una cua­dra del mercado está la cantina La Invencible, es un cuarto, tie­ne dos entradas, el lugar está en penumbras, si entra los pocos pa­rroquianos lo miran con cara de malos amigos. Salimos y al dar la vuelta encontramos el Museo de las Revoluciones, el chiste de esta casona es su leyenda, dice, ahí se escondía Chucho el roto después de cometer sus atracos, por cier­to en esa calle hay un negocios que venden crepas y tortas a la vez, digo que tanto es tantito.

Pan de Muerto en la Guerrero

Armando Ramirez

LA NETA DE LA CORNETA DEL PLANETA DE LAS CALACAS, CALAVERAS, TILICAS, HUESUDAS, PELONA catrina, tienen sus manjares que aparecen en la temporada de los fieles difuntos, huelen a flor de azahares y a anís, va azucarado y nos recuerda una tradición de los aztecas.

El pueblo guerrero hacía una especie de pan con el amaranto teñido de rojo sangre, le pellizcaban para que apareciera un pico y le cruzaban unas canillas, huesos de humanos en cruz, dicen los que saben que simbolizaba el sacrificio de los que morían en la piedra de los sacrificios y que el corazón era ofrendado a los dioses de su panteón religioso, y ese rito es el antecedente del pan de muertos.

El pan de muerto es una especie de loma y es cruzado unas tiras que asemejan unos huesos y en el centro tiene una bolita que simboliza un corazón del sacrificado. Y ahora se come en esta temporada, las panaderías se esmeran por sacar el mejor pan de muertos y estos aparecen en charolas, a la vista, a través de sus vidrieras donde están pintados esqueletos de todo tipo, de frac, de panadero, de barrendero o de algún personaje cinematográfico.

Ir por la calle de Zarco, pasando el mercado Martínez de la Torre, en la gloriosa colonia Guerrero, es como ir a bailar al salón Los Ángeles, al caer la tarde, salen los olores del pan recién hecho, aromas que nos traen viejos recuerdos, son de la antigua panadería con más de cincuenta años elaborando de manera artesanal el pan más delicioso de rumbos. El señor que lleva la voz cantante nos dice que ellos no usan margarina para crear el pan de muerto, que lo hacen con mantequilla, como manda el canon. El panadero está ponchado de tanto ejercicios, con sus brazos potentes le da de masajeadas a la masa y va dando forma a los huesos y al corazón del pan y en charola los mete al horno, a la vez que vigila los bolillos, que casi están, estos en la tarde son mano a la hora de la venta, digo que tanto es tantito

No es bosque ni es chino…

Armando Ramirez

En el principio se llamó colonia del Imparcial, cuando este periódico era muy importante, pero al paso del tiempo terminó llamándose Clavería.

Sorprende porque en una de las glorietas cercanas al bosque de la China, hay un busto del líder palestino Yasser Arafat. Desde esta glorieta la calle de Clavería muestra la personalidad de Maine Street, es decir la calle principal de la colonia, la calle comercial por excelencia, aquí como en los pueblos gringos están los bares, los lugares de las hamburguesas, el lugar a donde van todos a divertirse; hay cafetines, pizzerías, taquerías, la panadería que al caer la tarde suelta los hervores del pan recién hecho y cuando huele a pan, se abre el apetito.

La calle de Clavería da a un mítico jardín, llamado por la gente, el Bosque de la China, que no es bosque ni es chino, es un jardín que es el centro de la vida social de la gente; los vecinos practican yoga, hacen ejercicio y tiene serenatas como en la época en que José José era un jovencito que, se la pasaba en estos lugares cantando boleros con el trovador Pepe Jara.

El príncipe de la canción José José, intérprete de Gavilán o Paloma o el Triste, aquí nació, en la casa de sus padres, uno cantante de opera y su mamá pianista.

Este jardín donde los novios se van a dar de besos, fue un parque que la familia Matsumoto fundó en la época de Porfirio Díaz. La familia es de origen japonés y ganaron tanto dinero que compraron los terrenos del jardín para hacer uno de estilo japonés. Pero la gente quién sabe por qué confundió a la familia japonesa con una china y el jardín con un bosque, por eso la gente en vez de ver un jardín de japonés vio un Bosque de la China, aunque fueron japonés quienes lo crearon, digo cosas de la confusión, chin, total, que tanto es tantito.

En el parque Tezozómoc

Armando Ramirez

EL PARQUE TEZOZÓMOC es orgullo de la gente que vive en Azcapotzalco, aseguran que es mejor que el bosque de Chapultepec, digo en orgullo mejor ni decir pio. Eso sí, este parque es muy hermoso y muy visitado; está cerca del Metro Rosario. Lleva el nombre del señor Tezozómoc, un señor de los Tecpanecas por el año de 1342 a 1426, su nombre quiere decir, El Señor que rompe piedras.

El parque bien vale la pena visitarlo un fin de semana, tiene trenecito, bicicletas, lanchas, un lago muy grande, fue concebido por el arquitecto Mario Shjetnan, evocando a la gran Tenochtitlan con su gran lago, que aquí domina el parque y en el centro del lago, sobre un islote, hay un conjunto escultórico que representa a unos mexicas observando un águila que devorara a una serpiente, mientras está sobre un nopal.

El parque tiene patos que plácidos gozan del agua, hay otras aves que le dan belleza al lugar, las familias rodean el lago y se sientan en las lomas para gozar del paisaje, que en verdad es bonito. Las familias sacan sus sandwiches y refrescos y mientras comen, observan a los patos en el lago. Hay una ciclopista. Y las lomas asemejan los cerros que rodeaban al Valle de México. El trenecito con los personajes de los Picapiedras recorre ante la algarabía de los niños la extensión del parque.

Los sanitarios son limpios y hay de grandes sombrillas de diseño moderno, color blanco, para resguardarse de los rayos del sol. Los empleados cuentan que en la noche llegan murciélagos, son bien recibidos al ser depredadores guardan el equilibrio de la fauna nociva del parque.

Los ciclistas aquí se dan vuelo en la ciclopista, los grupos de estudiantes se divierten con bromas y las parejas se pierden en las lomas, ahora han puesto en el lago, una chinampa para representar como cosechaban los mexicas, en los canales. Se rentan lanchas, hay de pedales, con remos para tres, cuatro y cinco personas los precios van de los $60 a los $100. También tiene una pista para correr, es de arcilla, tiene poco más de dos kilómetros.

Aparte de Chapultepec o San Juan de Aragón desde 1970, está este parque Tezozómoc, como opción para un domingo familiar. Échele un ojito que tanto es tantito

Como la vieja Lagunilla

Armando Ramirez

Se va sorprender por los puestos de antigüedades que hay sobre el piso y alrededor de todo el Jardín Ignacio Chávez, haga de cuenta, llega a un mercadito árabe y hay cada personaje de novela, hay una señora grande, rubia, bonita, con su piel arrugada pero no deja de ser hermosa, se llama Casandra y es de origen griego, le vende timbres a los coleccionistas.

Recorriendo el tianguis de la Cuauhtémoc, encontré un hermoso mueble para escribir cartas como se estilaba, un escritorio secret, luego una lámpara de las que usaban a principios de los años 20, imaginé al Presidente Sebastián Lerdo de Tejada escribiendo a la jovencita Manuela o el secreter de viaje de don Benito Juárez y no sólo me mostraron eso, sino una taza y un plato de porcelana hecho en Londres.

Es un gran bazar, encuentra al cuate que vende discos de vinyl, la de gente joven que se arremolina para tener los discos de Black Sabbath y, muchos coleccionistas buscando los discos de Mike Laure o los Tribunos o Frank Sinatra, este jardín los sábados y domingos es un mundo de nostalgias.

No sabía que hay gente que colecciona los juguetes de la Matei y ahora tan de moda las portaviandas, jarras, pocillos de peltre, frascos de los perfumes, es un gozo recorrer este tianguis, me gusta mucho porque me hace recordar a la vieja Lagunilla, cuando todo lo que se vendía eran antigüedades o curiosidades, no que ahora visitar la Lagunilla a excepción los libreros de viejo que están sobre el eje norte 2 y ahora una parte de anticuarios, cada vez son más arrinconados por lugares que venden micheladas, bisutería china; que bueno que este tianguis de Cuauhtémoc conserve la esencia de este tipo tianguis bazar, digo que tanto es tantito.

Calle Madero frívola y con caché

CIUDAD DE MÉXICO, 10NOVIEMBRE2016.- El Festival Internacional de las Luces Filux 2016 fue inaugurado esta noche en diversas plazas de la ciudad de México, como Santo Domingo, el Palacio de Bellas Artes y la calle peatonal de Madero. FOTO: ISAAC ESQUIVEL /CUARTOSCURO.COM
Armando Ramirez

En esa calle tuvo su palacio, cuando fue emperador Agustín de Iturbide

La calle de Madero es rica en anécdotas que contar, una parte de ella, la que daba al convento de San Francisco (solo queda la iglesia del mismo nombre), por eso se llamaba San Francisco, está en ese tramo. Y la parte que lleva al Zó­calo se llamaba Plateros, ahí había muchos comercios de platería y joyerías. Pero ya saben, llegó Pan­cho Villa y le cambió el nombre a la calle, por su admiración a Fran­cisco I. Madero la llamó ¡Madero! Es más, advirtió que si alguien osa­ra cambiarle el nombre, vendría y mataría al irreverente.

Y se le quedó el nombre de calle Madero, en donde tuvo su Palacio cuando fue emperador Agustín de Iturbide, hoy es un museo, y en la esquina, frente a la Profesa, tenía su casa la Güe­ra Rodríguez que lo mismo tuvo en su lecho a Simón Bolívar, a Alexander Humboldt y a Agustín de Iturbide, quien parece lo incitó a ser Emperador de México. Cla­ro, fueron sus amantes de uno en uno y en diferentes años.

En la época de Porfirio Díaz fue la calle francesa por excelencia, ahí había tiendas y comercios de renombre francés, ahí se pasea­ban los hombres y mujeres de las clases altas, personajes extranje­ros y poetas como el Duque Job, que no era otro que Manuel Gu­tiérrez Nájera, quién incluso, como lo traía de una ala una güerita, le compuso uno de sus célebres poemas, en donde la hace cami­nar por Plateros, ahora Madero: “Si pisa alfombras,/ no es en su casa;/ si por Plateros alegre pasa/ y la saluda madam Marna… “. Y en otra estrofa sigue: Desde las puertas de la Sorpresa/ hasta la esquina del Jockey Club,/ no hay española, yanqui o francesa,/ ni más bonita ni más traviesa/ que la duquesa del duque Job”. El Joc­key Club ocupaba la Casa de los Azulejos, y la sorpresa era una de las tantos comercios de esa calle, como el café La Concordia, donde el mismo Duque Job nos dice que desayunaba con champaña. Ni qué decir del gran López Velarde, viviendo en la calle Álvaro Obre­gón, en la colonia Roma.

De momias y gorditas

Sobre Avenida Revolución, el tramo que dominan la iglesia, el Museo del Carmen…

Armando Ramirez

… la Casa de Cultura Jaime Sabines y el Centro Cultural San Ángel, hacen sin querer un homenaje a la orden de los car­melitas descalzados. Ellos llegaron por estos lares, llamado Tenantitla, que algu­nos traducen como lugar de murallas o de piedras.

Los carmelitas descalzos es una orden muy rigurosa con los votos de humildad, ellos construyeron en 1615 el colegio de San Ángelo Mártir y terminaron en 1624 su iglesia, de ahí que con el tiempo Tena­titla se le llamara San Ángel. Su claustro tenía una huerta, era enorme, imagínese, de avenida Revolución, actualmente ten­dría que cruzar Insurgentes Sur, cruzar el parque de la Bombilla y llegar al barrio de Chimalistac, hasta ahí llegaba su huerta.

Hoy la iglesia sigue sus actividades, por cierto a la entrada de la iglesia hay una señora con un bracero y haces unas gorditas como en La Villa pero con ca­nela, y sobre la acera seguimos por don­de fue el colegio y ahora es el Museo del Carmen, que tiene maravillosas pintu­ras del periodo novohispano, y la misma arquitectura es una belleza; recuerden que fue con las leyes de Reforma que estos bienes de la Iglesia pasaron al go­bierno federal y fue en el año de 1938 cuando inicia sus actividades el Museo del Carmen.

Además contiene las famosas momias del Carmen, es decir del museo, son 12 cuerpos que se momificaron de manera natural, se cree que los cuerpos de estas momias eran de gente del pueblo de Te­nanitla que fueron enterrados en las crip­tas del Colegio de San Ángelo.

Cruzando avenida Revolución se en­cuentra la Casa de Cultura Jaime Sa­bines, es un homenaje a un gran poeta, aquel que escribió, el poema Los Amo­rosos: “Los amorosos juegan a coger el agua/ a tatuar el humo, a no irse./ Juegan el largo, el triste juego del amor”.

Y eso que no contamos el Centro Cul­tural San Ángel, que fue Palacio Munici­pal, digo que tanto es tantito

Un sitio emblemático

Armando Ramirez

DONDE SE ENCUENTRA EN LA ACTUALIDAD EL EDIFICIO DEL BANCO DE MÉXICO en la esquina de 5 de mayo y Eje Central, en la época de Tenochtitlán, se encontraba una de las casas de placer de Moctezuma; tenía varias, era garañón.

Lo cuenta Hernán Cortés en las Cartas de Relación que le escribe al rey de España, donde dice que mientras mantenía cautivo a Moctezuma, éste empezó a decaer en su ánimo y habló con Cortés, le pidió permiso para ir a una de sus casas de placer.

Y Cortés, según él mismo, en buena onda, le dio chance ir a visitar a sus muchachas, porque en esas casas de placer había algunas con las cuales iba a retozar Moctezuma, y además bebía pulque. Ya sabrán lo alegre que se ponía con el “muchachero” y las muchachas el señor de Tenochtitlán. Y regresaba a su cautiverio feliz como una lombriz.

Por cierto, el mismo Cortés nos cuenta que Moctezuma tenía una especie de zoológico donde ahora se encuentra la Torre Latino, a donde aparte de las maravillosas aves que coleccionaba, como los quetzales o los papagayos, también había hombres albinos, los aztecas consideraban de buena suerte, con eso de que Moctezuma era supersticioso.

Ahora, en ese mismo sitio en el año de 1905, en la esquina de 5 de mayo y el Eje Central, se levantó un edificio de estilo renacentista italiano para albergar las oficinas de una empresa de seguros, The Mutual Life Insurance Company de Nueva York. Pero ya ven llegó la Revolución y el 25 de marzo de 1925, Plutarco Elías Calles ordena un decreto para dar nacimiento al Banco de México.

En ese bello edificio laboran para cuidar el valor adquisitivo del peso, mantener a raya la inflación y otras cosas, lo cual es un mandato por decreto. El edificio en su interior fue remodelado por el arquitecto Carlos Obregón Santacilia, que por lo visto era el arquitecto consentido de los revolucionarios. Uy, en este sitio fue feliz Moctezuma, ojalá ahora salgan las buenas vibras para los mexicanos, que tanto es tantito..

Con historia un lugar cabalístico

Armando Ramirez

En Pino Suárez y República de el Salvador, se encontraron Moctezuma y Cortés

En la esquina de Pino Suárez y República de El Salvador, hay una iglesia, la de Jesús y un hospital, del mismo nombre; este hospital fue el primero que hubo en Amé­rica, y fue mandado construir por Hernán Cortés para los españoles pobres que estaban mal de salud.

No se sabe si fue a propósito o fue pura coincidencia, porque donde se levanta el hospital y la iglesia es en la esquina de Pino Suárez y República de El Salvador.

Y ahí en esa esquina es donde se dio la primero reunión entre Moctezuma y Cortés, fue el 8 de noviembre de 1519. Llegó Mocte­zuma, como dicen los historiado­res, “en andas”, es decir lo iban cargando en una litera, al tener enfrente a Cortés, que iba en ca­ballo, Moctezuma baja de su apo­sento, naturalmente, vestido con lujosas joyas, telas finas y una pe­nacho que deslumbra, hecho de plumas de las aves más finas que hubieran en estas tierras, además de tener piedras preciosas.

Cortés un pobretón español en busca de fortuna, y deslum­brado por la riqueza del señor de Tenochtitlan, tan solo le ofrece un collar de cuentas de vidrio. El español quiere abrazar a Mocte­zuma pero es contenido por la gente del Tlatoani, Cortés ignora que no se le puede tocar.

Tanto Cortés como Moctezu­ma habían recabado información uno del otro. Cortés sabía que el Tlatoani era un ser supersticioso y temeroso de la profecía que ven­drían hombres barbados de más allá del mar para tomar el poder.

Moctezuma, al ver al español temió y reculó, le ofreció hospita­lidad y riqueza. Y ellos, codiciosos, supieron que podían ser inmen­samente ricos. Lo escribe Bernal Díaz del Castillo en su crónica sobre la Conquista de México, al ver desde el Cerro de la Estrella la Ciudad de Tenochtitlan, era cosa de no creerse lo que veían, parecía cosas de encantados, una Ciudad flotaba sobre el lago cubierta por una suave neblina. Y de la descrip­ción que hace de la riqueza de Moctezuma, nada más faltaba que se le cayera la baba. En un muro de la construcción sobre Pino Suárez hay una copia en cerámi­ca de un cuadro de Juan Correa, donde pintó ese encuentro, y en esta iglesia reposan los restos de Cortés, digo, que tanto es tantito.

Tláhuac y sus trajineras

Armando Ramirez

UN PASEO que vale la pena hacer es al viejo pueblo de Tláhuac uno de los últimos reductos por los cuales podríamos evocar cómo vivían y qué hacían los primeros habitantes de esta región, había muchos asentamientos de grupos indígenas y vivían algunos de ellos en pequeñas islas como Tlaltenco, Zapotiltán, hay crónicas de los evangelizadores que narran que iban de un pueblo a otro en canoa, en este caso, al pueblo de Mixquic.

Imagine un mundo de agua, donde su transportación era a través de los canales, bueno es un mundo del que nos enorgullecemos pero no podemos imaginar, en Tláhuac todavía hay un pequeño trozo de ese mundo maravilloso de Bernal Díaz del Castillo.

Al lugar le llaman el Lago de los Reyes Aztecas, está cerca de la iglesia de san Pedro Tláhuac, sobre la avenida Tláhuac, en Túlyehualco, está un pequeño Museo Comunitario del Lago de los Reyes Aztecas y ahí se encuentra al mundo chinampero en el embarcadero, hay vendimia de lechugas, brócoli, etc. además la venta de antojitos muy típicos del sur de la Ciudad.

Pero lo que impresiona en relación con los de Xochimilco es una vista casi virgen, no tan transitado, más virgen si se puede. En Xochimilco los trajineros están como los mariachis de Garibaldi a la caza del que tenga cara de turista sin dar el mejor servicio.

En cambio en Tláhuac al no haber tanto turismo, se goza de una tranquilidad, digo si le gusta la pachanga también lo puede hacer con la familia y, el compadre en una trajinera. Navegar en estas aguas donde hace mucho tiempo navegaron los antiguos que iban a la guerra pero también los que sembraban en chinampas sus cosechas.

Los canales son silenciosas y las aves surcan el cielo y los peces felices, saltan y se zambullen, dígale al trajinero que los lleve a visitar una chinampa, donde los campesinos de Tláhuac siembran las lechugas más bonitas de los supermercados, sí, las que amarran con una cinta azul metálico, de aquí salen muchas de ellas, es más le pueden vender unas lechugas ahí muy baratas, es más, ahí nos sentamos en la tierra y preparamos una ensalada con aceite de oliva y jugo de limón, deliciosa, fresca, orgánica, recuerde que la tierra del fondo del lago es muy rica para sembrar.

Y comparará el mundo antiguo y lo hemos hecho de este lugar, digo que tanto es tantito.

Godínez y Parque Tlacoquemécatl

Foto: MxCity
Armando Ramirez

El parque de Tlacoquemécatl es muy bonito. Se ubica en lo que fue el pueblo indígena Tlacoquemécatl, palabra náhuatl que significa: “El lugar donde se viste de jarillas”. Jarillas son las plantas de donde se fabricaban las flechas para la guerra.

En este pueblo indígena en el siglo XVII comenzaron a surgir ranchos y haciendas como la de San Borja, no se sabe bien si fueron los franciscanos o los jesuitas los que la fundaron, pero sí que fueron los jesuitas los que la hicieron productiva con la ayuda de una tierra fértil, aquí los árboles frutales se daban en abundancia, como los tejocotes, dicen que había tantos, que por eso a una de las calles de la Del Valle se llama Tejocotes.

La hacienda de San Borja, que por ciertos una calle de la Del Valle lleva ese nombre, en 1767 era administrada por la Compañía de Jesús, pero el rey de España había decretado la expulsión de los jesuitas de los territorios de la corona, estos tuvieron que abandonar las tierras de la Nueva España. Y los terrenos pasaron de mano en mano entre particulares hasta la llegada al poder de Porfirio Díaz. Los terrenos se fraccionan surgiendo la colonia que se llamó California, y luego pasó a ser la colonia Del Valle.

El parque de Tlacoquemécatl es el corazón de esta colonia, rodeado de cafeterías y restaurantes donde reinan los Chamorros de Tlacoquemécatl, y cantidad de oficinistas llegan a la hora de la comida.

En una esquina, dentro del jardín, hay una iglesia, frente a ella hay una cruz hecha por indígenas en el siglo XVI, una obra de arte, la pequeña iglesia está pintada de blanco y está dedicada al Señor del buen despacho. Los vecinos me contaron que es el patrono de los Godínez, de los que trabajan en oficinas o despachos, digo que tanto es tantito”.

Diferentes tipos de tianguis

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Armando Ramirez

Nada más de curiosear por ahí, se encuentra los recuerdos, como a todos los que crecieron en los barrios, sea el de la San Felipe, el del Salado o el que usted quiera y mande, porque ahora han crecidos los tianguis por toda la ciudad y se han ido transformando. El que recuerdo es el que la gente recorre para encontrase un objeto viejo o grandes obras de arte de la vida cotidiana que fueron de alguna familia importante que las heredó, unas figuritas de porcelana, unos ceniceros de latón, pero art decó, unas camas de la época de la Revolución, etc.

Ahora en cualquier parte hay tianguis de fin de semana y llegan de otros lugares y colocan la mercancía donde les dio permiso la autoridad y ahí van por montones las familias a los tianguis; son enormes restaurantes públicos, y principalmente los sábados, las familias buscan qué comer: como los tlacoyos, tan exquisitos, los de requesón o de haba, frijoles todos haciendo en el comal les echan sus nopales, su salsa, cilantro y queso espolvoreado en garnachas son reyes.

Luego vienen las compras del súper, carne fresca, el pollo, etc. Los puestos de perfumes que están de moda, los tenis de quién sabe dónde pero que se parecen a los que usan las estrellas del deporte y la ropa de moda, por supuesto que todavía están las películas blu-ray, locales de comida orgánica, de repente aparece un yerbero o esotérico o un puesto de libros.

En cambio el tianguis de la Portales, es el de antigüedades, se pueden encontrar desde charolas antiguas que regalaban las cerveceras y refresqueras, una máquina de coser como las que usaban las abuelitas, hasta una pintura con el recuadro maltratado, será de un pintor reconocido y la vendo en un billete. Digo que tanto es tantito.

Los sibaritas del asfalto

Armando Ramirez

ANTOJITOS recomendables en la Ciudad por ejemplo están las tortas de la calle Recreo en Iztacalco, no he visto tortas más descomunales, casi un cochinito hecho en zacahuil, pesan 4 kilos y es imposible comerla sin ayuda de los tragones.

Y que me dice Los Machetes de Amparito, allá en la colonia Guerrero, enormes como una espada árabe, son muy estéticos dentro de la estética de la garnacha y lo mejor que lo puede pedir con lo que le de la gana, yo lo pido vegetariano, un poco, de papa, flor de calabaza, champiñones, rajas, huitlacoche, mmm!, aunque hay otros que le ponen carne de costilla, chorizo, queso y para que le cuento.

Ni modo de dejar fuera los huaraches de Jamaica, el Huarache Azteca, con su técnica de la cuña de madera, al momento que se va a lanzar el huarache al aceite, se le hace un hendidura con la cuña para que el aceite penetre en el frijol; encima póngale una costilla o un bistec y una salsa verde a todo lo largo del huarache con su queso espolvoreado. Y con qué se lo empuja, ah, eso se lo dejo a usted, una chela no cae mal en la mañana, pero café de la olla también se puede o un refresco.

Uy y las gorditas del mercado de la Doctores, (muchos vecinos de la colonia dicen que es la colonia de los Hoteles) esas gorditas son pequeñas, pero ¡qué sabrosas saben! y hasta parece estrategia, en el siguiente local están los famosos tepaches de este barrio, una bebida refrescante, que se lleva bien con las grasita de las gorditas, ahí sí para que vea, es el maridaje perfecto, gorditas de chicharrón y jarra de tepache bien frío.

Si anda por la Merced los tacos de “Los Paisas” son buenos, (casi todas las taquerías se llaman “los Güeros” o “Los Paisas”) están en la calle de Jesús María y Regina, pida su taco de chorizo, o de costilla, eso no tiene tanta magia, pero cuando va a escoger su salsa se encuentra con una serie de recipientes con papa, frijoles, pepino, pápalo, rábanos y salsas de todo tipo y de un taco normal le sale un tacote que como dicen, con uno basta.

No se pueden olvidar las tostadas de pata del mercado de la Portales o las manitas de cerdo a la vinagreta o las tortas del Peregrino en la calzada de Guadalupe, son grandes pero digeribles, digo, es infinita la lista, buen provecho, que tanto es tantito.

¿Aprendimos con el 19-S?

Armando Ramirez

CÓMO PASA EL TIEMPO, Y PENSAR QUE EL 19 DE SEPTIEMBRE DE 2017, A LAS 13:45 HORAS, HACE UN AÑO se comenzó a mover la tierra y el miedo se regó por las calles, los edificios, casas, el movimiento iba de un rincón de la Ciudad. Del Centro, a la colonia Narvarte a la colonia Roma, de la Condesa a la Obrera a Xochimilco…

Para la gente fueron segundos inacabables, es muy largo un minuto cuando la tierra se mueve, dos ni se diga, tres parece que el mundo se va acabar, el miedo anida más adentro como si se viera que las casas, los postes de la luz, los árboles, los anuncios se van cayendo. En ese momento se alarga tanto el tiempo que se piensa, se van acaer las construcciones y a los coches se los va a tragar la tierra.

Da miedo ver cómo la tierra se mueve. Y uno sin poder moverse. Impotente al escuchar el ruidos de los vidrios de las ventanas que caen al suelo. Ver las nubes de polvo de las construcciones derrumbadas. Los rostros de la gente angustiada, se abrazan, lloran, rezan. Tantas cosas pasan en tan poco tiempo pero que parece una eternidad. Tenía razón Einstein: el tiempo es relativo.

¿Ahora, a un año qué hemos aprendido de esta experiencia? ¿Aprendimos de 1985? O la mayoría somos como unos jovencitos a los que les pregunte, ¡qué había pasado el 19 de septiembre del año pasado? Y esto me contestaron: ¡nada!, se quedaron de a seis, no se acordaban.

Claro que hay gente que sí se acuerda, como un señor de Azcapotzalco me contó que el sismo lo agarró en el baño. Y yo le pregunté que si se había salido desnudo. Él me contestó: ¡no, estaba en la taza del baño y me esperé a terminar! Y me dijo. ¡Hay que exigir edificios bien construidos! La gente piensa que ha sacado alguna lección, saben que estar prevenidos, deben obedecer las reglas, escuchar la alarma y salir en orden. Pero pocos piensan: Hay que exigir mejores construcciones.

¿Nos hemos fijado que cada día hay edificios para habitar más altos y estarán en regla? O Decimos como algunos funcionarios, que tanto es tantito…

Se lo llevó la Reforma

Armando Ramirez

@uyuyuyy

Hablar de la Santa María la Redonda es hablar también del Paseo de la Reforma y cómo éste al prolongarse hacia el norte de la Ciudad con la Calzada de Guadalupe y la de los Misterios, en el año de 1963, siendo regente de la Ciudad, Ernesto P. Uruchurtu, el barrio de la Santa María queda dividido de su colonia, la Guerrero, y más cercano a Garibaldi, la Lagunilla y san juan de Letrán.

Y un teatro legendario, el Tívoli, fue demolido para abrir paso a Reforma. Estaba en la calle de la Libertad número 9, siguiendo la numeración actual, su ubicación era sobre lo que ahora es el Paseo de la Reforma Norte. El Tívoli fue teatro de revista y burlesque, ahí las damitas se desnudaban y con pudor ocultaban su vello púbico con un pedacito de tela.

El teatro fue una arena de box y lucha pero al inaugurarse la arena Coliseo, en la calle de Perú, los propietarios, un señor Iracheta y el señor Mancini, optaron por reacondicionar la arena como teatro, con el tiempo lo fueron mejorando, así surgió el Tívoli. Hay una película que estelariza Alfonso Arau bajo la dirección de Alberto Isaac, “Tívoli”, donde cuentan una dulzona historia del mítico teatro popular.

El Tívoli se inauguró en 1946, del 13 al 15 de septiembre, según el cómico Willy, hijo de “La Guayaba” la grandísima Amelia Wilhelmy, tenía 700 localidades en luneta y también había galería, ahí entraban en montón.

Se iba inaugurar a todo glamour pero ni se presentó la obra anunciada, ni llegaron los invitados, eso sí, estuvieron Fernando Soler, Buster Keaton, Miroslava y la madrina Emilia Guiú. Por este escenario desfilaron el “Cuatezón Beristáin, Medel, el Ojón Jasso, Tongolele con su espectáculo “las Mangoleles”, Benny Moré canta una canción celebrando a las encueratrices: “Me gustan todas las mangoleles, Yara, Sumui Key, Fridé y uno se vuelve loco por comerse a Kalantán pero la Tongolele me gusta más…”, había vida nocturna, digo, qué tanto es tantito.

Legendarios los caldos de Indianilla

Armando Ramirez

LA NETA de la corneta noctámbula el reposado es al otro día cuando la cruda hace estragos y se antoja algo calientito para sudarla y eso en Chilangolandia ha sido de tiempos ancestrales, basta leer las crónicas del siglo XX para saber cómo se la curaban los que bailaban en Waikiki o en el Salón México. No se por qué los intelectuales o los artistas de fama internacional les gusta acercarse a los barrios populares para ver cómo se la curan o como se la beben.

Es el caso de los célebres caldos de Indianilla, estaban cerca de la estación de tranvías de Indianilla. Se nombraron así porque el lugar donde estaban se llamaba de la Indianilla, hoy colonia Doctores, el taller se ubicaba en las calles de Claudio Bernard, Niños Héroes y Doctor Lucio. Y por estos caldos de Indianilla se asomaron Dolores del Río, Orson Wells, Rita Hayworth, el Indio Fernández, Diego Rivera, Rodolfo Usigli José Revueltas, la crema y nata para hacer rompope.

Imagino a estos personajes probaron los caldos de gallina: “gallina vieja hace buen caldo”, reza el refrán, parecen que estaban retebuenos, estos personajes de seguro los acompañaron con hojas de té de naranjo con piquete, algunos aseguran que ahí nació la legendaria teporocha, tres medidas de té por una de chínguere, vaya usted a saber, los cierto es que por aquí también estaban “las veladoras”, otro lugar para beber chínguere, que los mandaba a dormir como angelitos, claro en estos lugares tocaban los tríos sus boleros de moda, música romántica, de esa de rompe y rasga el corazón, ese era el ambiente de los famosas caldos de Indianilla.

Ahora ese tipo de legendarios lugares no existen, a lo más que llegamos son a los puestos de tacos con su “paisa” favorito, será la inseguridad que ya ni la noche lleva la fiesta en paz. Pero no se pongan tristes, se pueden dormir temprano y al otro día llegarle a su mercado favorito por unas enchiladas de mole y unas chelas.

O a la pancita de la calle del Buen tono, en el Centro Histórico, a un lado del gimnasio “Los nuevos Jordán”, hacen una pancita que lo mismo da si pida de cacarizo, libro o callo, sabe sabrosa con sus rama de epazote y las tortillas recién hechas y un café de la olla o su helodia, digo para sudar la última gota de la noche anterior, que tanto es tantito.

Tepito, antes del 85

Armando Ramirez

Antes de 1985 Tepito tenía tianguis en algunas calles y tenía muchas calles para caminar, platicar o bailar salsa al atardecer cuando la gente llegaba de trabajar de las fábricas y los hombres salían a jugar futbol al campo de tierra que luego sería el Maracanacito, las mujeres iban a comprar el pan y la leche y las señoras grandes sacaban sus comales para vender sus quesadillas y sopes. En el barrio mucha gente era obrera, no solo comerciante, trabajaban en fábricas de aceites en Nonoalco, en chocolateras en la Morelos o en la fundidora de la Exhipódromo de Peralvillo, en fábrica de radios y televisiones cerca de Tlatelolco, o de chiles enlatados por San Lázaro, pero a principios de los años ochenta siguieron las devaluaciones que habían comenzado con Luis Echeverría y seguían con De la Madrid. Y también llegaron a las empresas, las reconverciones industriales que les exigía transformarse con ayuda tecnológica y producir y vender de otro modo, había llegado la globalización y nos habíamos dado cuenta y más cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio del Norteamérica, muchas fábricas bailaron las Golondrinas, hubo despidos de trabajadores y muchas empresas emigraron de la Ciudad de México, la gente de los barrios del Centro sufrió el desempleo. Y tembló dos terribles veces en 1985, cientos pensaron que se acaba el mundo, tanta gente sufrió por las deudas que se multiplicaron

Pueblo que fue ladrillera

Armando Ramirez

Y que con la evangelización y el tiempo ha ido desapareciendo.

Xochimanca significa: “el lugar donde se ofrecen flores”, aquí los indígenas se dedicaban a la agricultura y a la pesca cuando el lago llegaba hasta estos lares, al caer Tenochtitlan los evangelizadores franciscanos construyen la iglesia dedicada a San Lorenzo Mártir, su fecha de construcción genera dudas, si fue a finales del siglo XVI o principios del XVII, lo cierto es que tiene cuando menos 400 años de existencia, como asegura Héctor Vega Álvarez, originario del lugar.

Testigo de la antigüedad prehispánica es el basamento reconstruido que se encuentra en san Pedro de los Pinos y es que Xochimanca no es el único pueblo indígena de la colonia Del Valle, están los pueblos de Tlacoquemécatl, Mixcoac, Xoco, Santa Cruz Atoyac.

Los vecinos originario del pueblo de Xochimanca, se afanan en conservar su identidad ante la modernidad que los avasalla, todavía a mediados del siglo XX era un pueblo vivo, desde el centro del jardín se adivinan Insurgentes sur y Félix Cuevas, con sus edificios altos y los de departamentos que lo rodean, las calles de fresas y manzanas bordean al jardín, sus nombres nos recuerdan que este lugar hace honor a su nombre Xochimanca, la tierra era fértil, se daban árboles de tejocotes, perones, capulines.

Don Héctor cuenta cómo cuando era niño veía a las familias que vivían en los hoyos de las ladrilleras, recordemos que cruzando Insurgentes sur por la colonia Noche Buena, donde se encuentra la Ciudad Deportiva, está la Plaza México y el Estadio Azul que donde se construyeron fue una ladrillera.

Ahora lo que queda del pueblo es esta iglesia de San Lorenzo Mártir con sus fiesta de cada año y unos vecinos que quieren no se olvide este pueblo indígena llamado san Lorenzo Xochimanca, digo que tanto es tantito.

El Mercado L. Rodríguez

Armando Ramirez

Se edificó durante la Presidencia de Abelardo L. Rodríguez siendo jefe del Departamento del DF Aarón Sáenz, era la efervescencia del espíritu revolucionario. En la novela brillaban Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán; en la pintura Diego Rivera, José Clemente Orozco, Siqueiros, y en la Música Carlos Chávez y Silvestre Revueltas, era la época del renacimiento cultural mexicano.

El Mercado es muy grande y se construyo sobre lo que fue la huerta del colegio de San Pedro y San Pablo, y el cementerio, por eso entre los locatarios se dice que al caer la tarde espantan.

El Mercado es concebido con todos los servicios para la población, incluso un restaurant para los invidentes, pues la escuela de éstos está muy cerca, con el tiempo se volvió un mercado de flores y ahora es una plaza comercial, esta en la calle de Colombia y callejón de Girón.

La nave de verduras, legumbres, frutas, carnes, pescado, pollerías y cremería es enorme, su sección que da a la calle del Carmen es famosa por venta de petacas y maletas a excelentes precios, también tiene una biblioteca y un gran valor artístico y cultural pues los que pintan sus muros, en la entrada y patio principal son alumnos de Diego Rivera como Antonio Pujol o Pedro Rendón. Además llegan en esa época artistas de otros países como las hermanas Greenwood, Marión y Grace, quienes pintan murales sobre la minera o la lucha campesina en el cubo de la entrada o el gran escultor Isamu Noguchi, de origen japonés pero ciudadano americano, pinta una obra de arte contra el fascismo, que encuentra en el primer piso de la entrada de Rodríguez Puebla, es donde dan servicio a los jóvenes contra las adicciones. Cuando ande por el Centro échele un ojito, que tanto es tantito.

Admire a detalle; turisteando por el Centro

Armando Ramirez

ESTE FIN DE SEMANA puede caminar por el Centro de la Ciudad; qué le parece si le hace al turista de otro país y se maravilla de la ciudad barroca, que hizo decir a algún visitante ilustre que era la Ciudad de Los Palacios.

En la calle de Argentina a media cuadra del templo mayor está la iglesia del Pilar con su bello retablo, es una de las obras maestras del barroco en la Ciudad, en esta iglesia es común ver entrar a extranjeros con sus cámaras y tomarle fotos a este altar de la virgen del Pilar, también muchos españoles maduros entran y se persignan ante la patrona de España.

En sábado puede entrar a la cantina Salón España, está en la esquina de Luis González Obregón y Argentina, a lado hacen unas tortas de chorizo con huevo, y no es albur, le van a gustar, ahora si tiene ganas de una chela bien fría y buena botana, no se aprietan como en otras cantinas, aquí la botana es abundante.

Hacia el poniente está la calle de Brasil, ahí se abre espectacular la plaza de Santo Domingo, le recomiendo que la visite al atardecer, cuando la ciudad se tiñe de anaranjado y las luminarias se están encendiendo, las construcciones adquieren una tonalidad cálida, al fondo la iglesia de Santo Domingo, a mano derecha el edificio de la Antigua Escuela de Medicina, a un costado el edificios de la Secretaría de Educación Pú- blica, enfrente los portales y al centro la fuente con la escultura de doña Josefa Ortiz de Domínguez sentada en una silla dominando la plaza.

En la esquina de los portales de la plaza con Belisario Domínguez hay una cantina, Salón Madrid, que por extrañas razones ahora venden churros y una sabrosa birria, pero los churros con chocolate son exquisitos, es raro tomar chocolate en la barra de una cantina. Otra iglesia maravillosa es la Santísima Trinidad, está en Jesús María y Emiliano Zapata, que no es otra calle que la prolongación de Moneda, su portada convoca a los turistas tomarle fotos asombrados por su belleza, los chilangos pasan sin mirar, no sabemos lo que tenemos, vaya en estos días y échele un ojito, después le llega a una de las cantinas más antiguas, la Potosina, recinto de los fanáticos del Atlante, digo, camine, admire y mitigue la sed, total que tanto es tantito.

En las cantinas… grandes ideas a veces nacen

Armando Ramirez

La cantina salón Madrid es una tradición en el Centro Histórico de la Ciudad De México

HAY UNA VIEJA CANTINA que tiene historia y anécdotas a montones, hace tiempo ahí me encontré a Paul Leduc, el director la primera versión en cine de Frida, que interpretó Ofelia Medina; como hombre de inclinaciones intelectuales estaba con su grupo de actores en esa vieja cantina de la plaza de Santo Domingo esquina con Belisario Domínguez. Luego me encontraría a rockeros, cantantes folclóricos, escritores y periodistas, que iban en busca de un recuerdo y de un mito.

En esa cantina se reunían los líderes estudiantiles del año de 1929, sus manifestaciones no las hacían en el Zócalo, se complacían en recorrer las viejas calles del barrio universitario, San Idelfonso, Licenciado Verdad, Justo Sierra, Moneda, Donceles, Cuba, Brasil, para llegar a la Plaza de Santo Domingo, donde estaban los evangelistas escribiendo cartas de amor, y ahí hacían su mitin.

Luego los líderes entrarían al Salón Madrid a refrescarse y a discutir sus ideas de autonomía para la Universidad, y en un arco de los portales, el de la esquina, hay una placa recordando ese hecho. Fue en el edificio ahora conocido de la Autonomía donde Alejandro Gómez Arias dijo que la Universidad sería Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.

Ni pensar que existiera Ciudad Universitaria. Por eso las calles del Centro era un hervidero de vida estudiantil con cafés de chinos, casas que rentaban cuartos para estudiantes como en Santo Domingo, según narra José Vasconcelos, en sus memorias del Ulises Criollo. En el Salón Madrid tenían tal categoría de tortería exquisita que el dandy de los poetas, el cronista de la Ciudad de México, que en ese momento no lo era, iba a devorarse una torta de pavo.

Es más, hace unas semanas el periodista y novelista Arturo Pérez Reverte escribía en un periódico de España, sobre su nostalgia de cuando estaba en México e iba a esa cantina a tomar café, supongo con brandy, y a leer. El autor del Capitán Alatriste y de La reina del sur era cliente de esa mítica cantina y lamentaba de su extinción.

Y contra la corriente de desapariciones de cantinas en el Centro, ahora volvieron abrir esta vieja cantina de tradición que no sólo es para ponerse chachalacos, sino también para la conversación o pláticar como decimos en Mexiquito lindo y querido, digo, que tanto es tantito

En la Vieja Casona del 42

Armando Ramirez

EN LA CALLE DE JESÚS MARÍA, frente al ex convento de Jesús María, en una vieja casona que estuvo abandonada, destruida, sí, de las ruinas, la casona del 42 de Jesús María ha resucitado, muchos la daban por perdida y la neta si uno se asoma desde la azotea de esta casona descubrirá lo que queda de otras casonas vecinas, ruinas donde la hierba silvestre ha hecho su edén y los muros sólo conservan muros fragmentados, no existen techos, ni puertas, solo agujeros que fueron ventanas.

Visite esta casona un fin de semana, para los jóvenes es un centro de diversión con música electrónica y chelas a precios económicos, y para los adultos hay una taquería con tacos con tortillas cuadradas, le llaman La Pancha, usted entra y parece que se le va aparecer Pedro Infante cantándole a Silvia Pinal, Ay Nana Pancha.

Los que laboran ahí dicen que son monjitas las que aparecen en la noche, les testerean las nachas y sienten chiflones de aire o ven correr sombras en los rincones de la casona. La casa tiene bonitos balcones desde donde se ven las cúpulas de la iglesia de Jesús María, ahí por primera vez se enclaustró sor Juana Inés de la Cruz.

Lo chido de este lugar son los precios económicos, la atmósfera es la de las viejas casonas que rescatan en san Ángel o Coyoacán, los muros antiguos nada más los barnizaron, dejan ver el ladrillo, el tezontle y las diferentes capas de pintura de las diferentes épocas, desde el siglo XVIII hasta nuestros días.

Los tacos son llenadores, los de suadero, dice el chef que la carne primero la deja cocer en una olla y luego la fríe y los tacos los sirven con una salsita de chile manzano, de muy señor mío, el mole de olla y la birria son excelentes, para los crudos. La iluminación es intimista, las mesas fueron hechas con las vigas gruesas de los techos que ya no servían, son mesas hasta para diez personas, todo lo que en otras construcciones es desechable aquí se reusó y quedó artístico.

Ya era hora que en los barrios del Centro Histórico, como este de Jesús María, remodelaran las casas antiguas, les dieran una manita de gato muy moderna sin traicionar el pasado, ojalá y cuando se vuelva de moda la casona, los precios sigan económicos como ahora, con 250 pesos una pareja come, bebe y se divierte, digo que tanto es tantito.

Para tragones buen lugar para comer

Armando Ramirez

Es un lugar donde hay de todo, mariscos, comida corrida, carnes asadas, carnitas, buen café y hasta unas gorditas

EL MERCADO Lázaro Cárdenas es para tragones. Y no es para menos, hay de todo, mariscos, comida corrida, carnes asadas, carnitas, buen café y unas gor­ditas que son de muy señor mío, el mercado está en la esquina de avenida Coyoacán y Romero de Terreros, en la colonia Del Valle. En la contra esquina del merca­do hay un edificio muy bonito de departamentos, es como de los años 40, con detalles de art decó, en los bajos tiene una antigua car­nicería, una tienda y otros locales comerciales.

La esquina parece sacada de una películas de hace décadas, la Ciudad de México del medio si­glo, cuando la Del Valle se pobla­ba y el tranvía llegaba por estos rumbos, colonia de clase muy me­dia, donde los trabajadores de la oficinas buscan los lugares sabro­sos del mercado es bonito, es bue­no, sabroso y de precios medios.

Fue inaugurado en el año de 1956, como muchos de los merca­dos públicos antiguos, Martínez de la Torre, la Lagunilla, la Merced, etc. Ahora se ve que al mercado le dieron su manita de gato, crea­ron con la pintura juegos geomé­tricos, muy artísticos, las fondas están muy bien arreglada.

En el interior del mercado hay grandes puestos de fruta y ver­dura, acomodados de una mane­ra estética y lo que todo mundo nos platica es de una cafetería que está en el interior, se llama Passmar, tienen buen café y otras bebidas relacionadas con la cul­tura del café, postres hechos a base de café y venden sanwiches y cuernitos o desayunos.

Las gorditas que venden afuera del mercado son de maíz azul con chicharrón y una salsa muy sabrosa, nada más por es­tas gorditas, tragones, vale la pena visitar este mercado, se llama Lázaro Cárdenas, pero la gente le llama como su barrio: Del Valle Norte.

A un lado del mercado hay una reparadora de zapatos, gran­de, donde a la gente que le es­tán reparando sus zapatos, están sentaditos, quietecitos con sus pies encalcetinados, el hombre que atiende es muy alburero pe­ro unas gotas de humor siempre son bienvenidas.

Comimos en una de las fon­das, las meseras guapas y aten­tas, sirven con alegría, en verdad esto se agradece, pedí una mi­lanesa, viene con 3 enchiladas, arroz abundante, nos dicen que las flautas de barbacoa son ex­quisitas. Un buen fin de semana gourmet es este mercado, hay para todos los gustos, digo, que tanto es tantito…