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Lunes 22 Abril del 2019
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Qué tanto es Tantitito

El alumbrado público, antes

Armando Ramirez

EL ALUMBRADO DE LAS CALLES FUE UNA LATA, TANTO EN LA ÉPOCA PREHISPÁNICA COMO EN LA COLONIA, en Tenochtitlan llegaron a usar teas con el petróleo o bolas de chapopote, pero el que quería transitar por la noche tenía que poner de su bolsillo para irse alumbrado su paso.

En la Nueva España en las puertas de las casas colocaban antorchas, daban una endeble lucecita y si el caballero quería caminar por esas calles de lodo o empedradas llevaba una antorcha, no sea que se fuera a ir de boca, si el buen caballero era poderoso don dinero o un criado adelante portando una antorcha.

Pasaron los años hasta que llegó ese gran virrey que fue el conde de Revillagigedo, quién determinó que muchas calle tuvieran iluminación pública, era endeble la iluminación apenas si alcanzaban a verse quienes estaba debajo de esa iluminación, se usaba una grasa y luego aceite; se imaginan, ahora estamos en la gloria, antes los habitantes de esta ciudad sufrían por caminar en estas calles en la noche.

El Ayuntamiento pagaban los gastos de la iluminación y tenían guardias especialmente encargados de encender la luces de las calles.

Pero como todo evoluciona, llegó la trementina, le llamaban gas líquido, al paso del tiempo fue sustituido por el hidrógeno, pero la iluminación aunque era constante escaseaba, el gas era conducido a los recipientes de las lámparas que contenían agua para librar el gas de impurezas y de ahí se distribuía a las casas, estas tenían un gasómetro para medir el consumo, los desechos del gas iban a parar a un canal que había en san Lázaro.

Luego llegó la electricidad, se usaban carbones en los recipientes que ardieran y dieran una luz intensa, luego vendrían las lámparas que conocemos. La primera calle que tuvo alumbrado fue Uruguay, donde se encuentra la casa de la leyenda de don Juan Manuel, a un lado del viejo portón hay una placa donde se lee que ahí sucedió la leyenda de don Juan Manuel y en otra que fue la primera calle que tuvo alumbrado público… digo que tanto es tantito…

En el parque Tezozómoc

Armando Ramirez

EL PARQUE TEZOZÓMOC es orgullo de la gente que vive en Azcapotzalco, aseguran que es mejor que el bosque de Chapultepec, digo en orgullo mejor ni decir pio. Eso sí, este parque es muy hermoso y muy visitado; está cerca del Metro Rosario. Lleva el nombre del señor Tezozómoc, un señor de los Tecpanecas por el año de 1342 a 1426, su nombre quiere decir, El Señor que rompe piedras.

El parque bien vale la pena visitarlo un fin de semana, tiene trenecito, bicicletas, lanchas, un lago muy grande, fue concebido por el arquitecto Mario Shjetnan, evocando a la gran Tenochtitlan con su gran lago, que aquí domina el parque y en el centro del lago, sobre un islote, hay un conjunto escultórico que representa a unos mexicas observando un águila que devorara a una serpiente, mientras está sobre un nopal.

El parque tiene patos que plácidos gozan del agua, hay otras aves que le dan belleza al lugar, las familias rodean el lago y se sientan en las lomas para gozar del paisaje, que en verdad es bonito. Las familias sacan sus sandwiches y refrescos y mientras comen, observan a los patos en el lago. Hay una ciclopista. Y las lomas asemejan los cerros que rodeaban al Valle de México. El trenecito con los personajes de los Picapiedras recorre ante la algarabía de los niños la extensión del parque.

Los sanitarios son limpios y hay de grandes sombrillas de diseño moderno, color blanco, para resguardarse de los rayos del sol. Los empleados cuentan que en la noche llegan murciélagos, son bien recibidos al ser depredadores guardan el equilibrio de la fauna nociva del parque.

Los ciclistas aquí se dan vuelo en la ciclopista, los grupos de estudiantes se divierten con bromas y las parejas se pierden en las lomas, ahora han puesto en el lago, una chinampa para representar como cosechaban los mexicas, en los canales. Se rentan lanchas, hay de pedales, con remos para tres, cuatro y cinco personas los precios van de los $60 a los $100. También tiene una pista para correr, es de arcilla, tiene poco más de dos kilómetros.

Aparte de Chapultepec o San Juan de Aragón desde 1970, está este parque Tezozómoc, como opción para un domingo familiar. Échele un ojito que tanto es tantito

Un palacio con magia y lleno de historia

En el pasado fueron lugares muy importantes para el país. Foto: Especial
Armando Ramirez

Todo comienza en la época de los aztecas, en la que ahora conocemos como calle de Moneda, entre Seminario y Licenciado Verdad, las construcciones que se levantaron en esa calle fueron de las primeras que hubo después de la caída la Tenochtitlan, ahí se encontraba la pirámide o templo del dios protector de los guerreros, el señor del inframundo, Tezcatlipoca. Los conquistadores sobre el basamento de este templo construyeron el Palacio del Arzobispado.

El pasado es el dios azteca y tolteca considerado el oponente de Quetzalcóatl. Foto: Especial

Primero fue una construcción nada suntuosa, pues pertenecía a un soldado de Cortés, por orden rey de España este debió repartir terrenos como gratificación por su participación, a sus soldados, al dibujarse la ciudad sobre el trazado del alarife (ayudante de arquitecto) Alonso García Bravo ordenado por Cortés, a estos soldados les tocaron terrenos en el recinto sagrado, entre ellos el soldado que fue propietario del terreno que ahora ocupa el Palacio del Arzobispado.

Los soldados en esos años salían constantemente a expediciones bajo las órdenes de Hernán. Y como estaban expuesto a morir, firmaban un “poder” casi siempre a nombre de la iglesia para que cuidara de sus bienes.

Fray Juan de Zumárraga fue el primer obispo de la diócesis de México donde llegó en 1528. Imagen: Especial

El terreno de esa construcción lo elige el arzobispo Fray Juan de Zumárraga para construir el arzobispado, con el paso de los siglos fue creciendo en majestuosidad la construcción hasta llegar a ser el Palacio que hoy conocemos, siendo uno de los bienes protegido por la Nación y ahora es el Museo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Pero primero tuvo que suceder que a Juan Diego se le apareciera la virgencita de Guadalupe, en el tiempo que sucedió lo de la Guadalupana, era arzobispo Fray Juan de Zumárraga, y fue Juan Diego hasta la casa del arzobispo y tocó la puerta, al principio no le hacen caso, se aferra y lo recibe Zumárraga y ahí deja caer las rosas y aparece la imagen de la Virgen de Guadalupe, digo qué tanto es tantito…

Lugares llenos de historia. Foto: Especial

Godínez y Parque Tlacoquemécatl

Foto: MxCity
Armando Ramirez

El parque de Tlacoquemécatl es muy bonito. Se ubica en lo que fue el pueblo indígena Tlacoquemécatl, palabra náhuatl que significa: “El lugar donde se viste de jarillas”. Jarillas son las plantas de donde se fabricaban las flechas para la guerra.

En este pueblo indígena en el siglo XVII comenzaron a surgir ranchos y haciendas como la de San Borja, no se sabe bien si fueron los franciscanos o los jesuitas los que la fundaron, pero sí que fueron los jesuitas los que la hicieron productiva con la ayuda de una tierra fértil, aquí los árboles frutales se daban en abundancia, como los tejocotes, dicen que había tantos, que por eso a una de las calles de la Del Valle se llama Tejocotes.

La hacienda de San Borja, que por ciertos una calle de la Del Valle lleva ese nombre, en 1767 era administrada por la Compañía de Jesús, pero el rey de España había decretado la expulsión de los jesuitas de los territorios de la corona, estos tuvieron que abandonar las tierras de la Nueva España. Y los terrenos pasaron de mano en mano entre particulares hasta la llegada al poder de Porfirio Díaz. Los terrenos se fraccionan surgiendo la colonia que se llamó California, y luego pasó a ser la colonia Del Valle.

El parque de Tlacoquemécatl es el corazón de esta colonia, rodeado de cafeterías y restaurantes donde reinan los Chamorros de Tlacoquemécatl, y cantidad de oficinistas llegan a la hora de la comida.

En una esquina, dentro del jardín, hay una iglesia, frente a ella hay una cruz hecha por indígenas en el siglo XVI, una obra de arte, la pequeña iglesia está pintada de blanco y está dedicada al Señor del buen despacho. Los vecinos me contaron que es el patrono de los Godínez, de los que trabajan en oficinas o despachos, digo que tanto es tantito”.

Legendarios los caldos de Indianilla

Armando Ramirez

LA NETA de la corneta noctámbula el reposado es al otro día cuando la cruda hace estragos y se antoja algo calientito para sudarla y eso en Chilangolandia ha sido de tiempos ancestrales, basta leer las crónicas del siglo XX para saber cómo se la curaban los que bailaban en Waikiki o en el Salón México. No se por qué los intelectuales o los artistas de fama internacional les gusta acercarse a los barrios populares para ver cómo se la curan o como se la beben.

Es el caso de los célebres caldos de Indianilla, estaban cerca de la estación de tranvías de Indianilla. Se nombraron así porque el lugar donde estaban se llamaba de la Indianilla, hoy colonia Doctores, el taller se ubicaba en las calles de Claudio Bernard, Niños Héroes y Doctor Lucio. Y por estos caldos de Indianilla se asomaron Dolores del Río, Orson Wells, Rita Hayworth, el Indio Fernández, Diego Rivera, Rodolfo Usigli José Revueltas, la crema y nata para hacer rompope.

Imagino a estos personajes probaron los caldos de gallina: “gallina vieja hace buen caldo”, reza el refrán, parecen que estaban retebuenos, estos personajes de seguro los acompañaron con hojas de té de naranjo con piquete, algunos aseguran que ahí nació la legendaria teporocha, tres medidas de té por una de chínguere, vaya usted a saber, los cierto es que por aquí también estaban “las veladoras”, otro lugar para beber chínguere, que los mandaba a dormir como angelitos, claro en estos lugares tocaban los tríos sus boleros de moda, música romántica, de esa de rompe y rasga el corazón, ese era el ambiente de los famosas caldos de Indianilla.

Ahora ese tipo de legendarios lugares no existen, a lo más que llegamos son a los puestos de tacos con su “paisa” favorito, será la inseguridad que ya ni la noche lleva la fiesta en paz. Pero no se pongan tristes, se pueden dormir temprano y al otro día llegarle a su mercado favorito por unas enchiladas de mole y unas chelas.

O a la pancita de la calle del Buen tono, en el Centro Histórico, a un lado del gimnasio “Los nuevos Jordán”, hacen una pancita que lo mismo da si pida de cacarizo, libro o callo, sabe sabrosa con sus rama de epazote y las tortillas recién hechas y un café de la olla o su helodia, digo para sudar la última gota de la noche anterior, que tanto es tantito.

Se lo llevó la Reforma

Armando Ramirez

@uyuyuyy

Hablar de la Santa María la Redonda es hablar también del Paseo de la Reforma y cómo éste al prolongarse hacia el norte de la Ciudad con la Calzada de Guadalupe y la de los Misterios, en el año de 1963, siendo regente de la Ciudad, Ernesto P. Uruchurtu, el barrio de la Santa María queda dividido de su colonia, la Guerrero, y más cercano a Garibaldi, la Lagunilla y san juan de Letrán.

Y un teatro legendario, el Tívoli, fue demolido para abrir paso a Reforma. Estaba en la calle de la Libertad número 9, siguiendo la numeración actual, su ubicación era sobre lo que ahora es el Paseo de la Reforma Norte. El Tívoli fue teatro de revista y burlesque, ahí las damitas se desnudaban y con pudor ocultaban su vello púbico con un pedacito de tela.

El teatro fue una arena de box y lucha pero al inaugurarse la arena Coliseo, en la calle de Perú, los propietarios, un señor Iracheta y el señor Mancini, optaron por reacondicionar la arena como teatro, con el tiempo lo fueron mejorando, así surgió el Tívoli. Hay una película que estelariza Alfonso Arau bajo la dirección de Alberto Isaac, “Tívoli”, donde cuentan una dulzona historia del mítico teatro popular.

El Tívoli se inauguró en 1946, del 13 al 15 de septiembre, según el cómico Willy, hijo de “La Guayaba” la grandísima Amelia Wilhelmy, tenía 700 localidades en luneta y también había galería, ahí entraban en montón.

Se iba inaugurar a todo glamour pero ni se presentó la obra anunciada, ni llegaron los invitados, eso sí, estuvieron Fernando Soler, Buster Keaton, Miroslava y la madrina Emilia Guiú. Por este escenario desfilaron el “Cuatezón Beristáin, Medel, el Ojón Jasso, Tongolele con su espectáculo “las Mangoleles”, Benny Moré canta una canción celebrando a las encueratrices: “Me gustan todas las mangoleles, Yara, Sumui Key, Fridé y uno se vuelve loco por comerse a Kalantán pero la Tongolele me gusta más…”, había vida nocturna, digo, qué tanto es tantito.

La maldición de la Minerva

Armando Ramirez

El edificio de la Secretaría de Educación Pública es recinto con historia y visitarlo es aprender de nosotros; fue antiguamente el convento de la Encarnación, la parte sur y la parte norte fue la Aduana de Pulque.

Fue el gran José Vasconcelos quién se inspiró para “salvar a los niños, educar a los jóvenes, redimir a los indios, ilustrar a todos y difundir una cultura generosa y enaltecedora, ya no de una casta, sino de todos los hombres”. Quien fuera director del Departamento universitario y de Bellas Artes, quería no solo construir escuelas, aulas, sino enaltecer el espíritu y la esencia del ser mexicano.

Me pregunto qué piensan cuando insultan a sus empleados diciéndoles: “Oaxaco”, siendo que los oaxaqueños tienen de que sentirse orgullosos. Vasconcelos, este oaxaqueño nos dio la educación escolar en todo el país y en su época, mandó a publicar miles de libros con títulos de Platón, Sócrates, Aristóteles, San Agustín y Dante Alighieri. Y siendo secretario de Educación Pública ocupó su oficina, llevó una estatua de la diosa Minerva, la de la sabiduría, cuando dejó su cargó, se dice que ningún secretario de Educación quiso mover a la Minerva por temor a una exclamación que hizo Vasconcelos, el que mueva de ese lugar la estatua le irá mal. El único que movió de lugar a la Minerva fue Fausto Alzati, quien fue secretario de la SEP durante unas semana, pues luego fue cesado, digo, qué tanto es tantito.

La calle de 5 de Mayo

Armando Ramirez

LA ANCHA CALLE DE 5 DE MAYO ESTÁ UNIDA A LAS LEYES DE REFORMA, AL TRIUNFAR LOS LIBERALES…

como Benito Juárez o Ignacio Comonfort, esta hermosa calle no existía como tal y la victoria de la batalla del 5 de mayo, en Puebla, contra los franceses fue motivo para nombrar y ampliar esta calle.

Al promulgarse las leyes de Reforma, el clero tuvo que abandonar a muchos de sus bienes como los conventos de la Ciudad de México, uno fue el de San Francisco, en la calle de Madero, al demolerse ese convento dio paso a la calle de Gante, era un convento enorme que iba de Madero hasta la calle de 16 de Independencia y del Eje Central a la calle de Bolívar.

El gobierno juarista para evitar reclamos en años posteriores decide demolerlos y abrir calles que llevaban a ningún lado, como la de Gante o la callecita de Héroes del 57, al costado del Convento de la Concepción, en la calle de Belisario Domínguez o el de Santa Clara en la calle Tacuba, que al desaparecer la huerta de este convento, emerge la calle que iba de Bolívar a Isabel la Católica para llamarse 5 de mayo, homenaje a la batalla de Puebla contra los franceses. Era pequeña, hacia la Catedral se volvía el callejón del Arquillo. Y hacia Bolívar topaba con el Teatro Nacional, obra de Antonio López de Santa Anna.

Por cierto, en ese teatro se llevó la premiación de los ganadores del Himno Nacional, Jaime Nunó por la música y Francisco González Bocanegra por la letra; el jurado estuvo engalanado por grandes poeta como Joaquín Pesado y Manuel Carpio, y con músicos como Miguel Lerdo de Tejada.

Pero la noche de la entrega del premio, que iba a contar con la presencia de el presidente Antonio López de Santa Anna, este nunca llegó para estrechar las manos de Bocanegra y Jaime Nunó, la celebraciones se llevó sin su presencia.

En 1901 llegaría la orden de Porfirio Díaz para demoler el Teatro Nacional para abrir la calle de 5 de Mayo hacia la Alameda para que la gente pudiera acceder al nuevo Teatro Nacional que construía por la Alameda, que terminó siendo a causa de la Revolución el Palacio de las Bellas Artes. Así nació y creció la calle de Cinco de Mayo, digo que tanto es tantito…

Tacuba, calle de conventos

Armando Ramirez

RECORRER LA CALLE DE TACUBA ES DARSE CUENTA QUE TUVO MUCHOS CONVENTOS, DE LOS CUALES Recorrer la calle de Tacuba es darse cuenta que tuvo muchos conventos, de los cuales quedan todavía capillas o edificios que ahora son museos.

En la esquina de Tacuba y Bolívar está la Biblioteca del Congreso de la Unión, fue el convento de Santa Clara de mucha importancia en la Nueva España, y hoy solo queda el recuerdo del convento, y el testimonio de su iglesia y capilla, ahora alberga la Biblioteca del Congreso de la Unión.

Enfrente estaba el convento de Betlemitas, una de una orden hospitalaria, quienes construyeron un hospital para gente pobre, ahora es el Museo de Economía, un bello recinto que debe visitar de perdis para que sepa cómo se hacen los billetes, ya no digamos para saber cuidar su economía cotidiana.

En lo que es ahora el Museo Nacional de Arte antes fue la Secretaría de Comunicación, en el gobierno de Porfirio Díaz, y antes en esos terrenos estuvo el convento y hospital de San Andrés, y en la plaza de Xicoténcatl y lo que fue el Senado, hasta hace unos años estuvo una capilla y el noviciado de san Andrés, es decir donde estudiaban los novicios.

En lo que fue el Palacio de Correos estuvo el hospital de Terceros de la orden de los franciscanos, un hospital para gente menesterosa, que fue demolido para dar paso al Palacio Nacional de Correos por ordenes de Porfirio Díaz.

Y en lo que es el Palacio de Bellas Artes estuvo el convento de Santa Isabel, los terrenos donado por Doña Catarina viuda de Peralta, que heredó de su marido esos terrenos, donde funda un convento de las madres recoletas que se llamó La Visitación de la María Santísima a su prima Santa Isabel, y como era muy largo el nombre del convento a la gente le dio en llamarlo tan solo Convento de Santa Isabel, el Ayuntamiento donó medio solar para que fuera construido el convento.

Todavía en ese tiempo lo que hoy es el eje Central era una calle de agua, es decir de navegación, total, que tanto es tantito.

Aplastadas las gorditas de Tlaxcaltongo

Unas crujientes gorditas de chicharrón. Foto: Especial

Por los rumbos de la colonia Country Club, si les pregunta a los sibaritas de la garnacha, ¿dónde se puede almorzar sabroso?, todos recomiendan La Casa de las gorditas, en el callejón de Tlaxcaltongo, que es como una callecita de pueblo, con sus casas viejas. Al fondo hay una casita que semeja un cabañita de pueblo, con su techo de lona, tiene mesas de madera y sillas de plástico a la entrada, y en esta época decembrina lo reciben unos muñecos de peluche.

El olor de las gorditas se respira desde la entrada, al fondo hay un pequeña cocina con un hombre de unos cuarenta y tantos años, que hace las gorditas, y al ver cómo las prepara al terminar las aplastadas, le pregunto por qué lo hace y me cuenta la triste historia de su negocio.

El señor lavaba coche pero no le alcanzaba para vivir, además los clientes, según él, son prepotentes. Cansado de la situación decidió iniciar un negocio propio, sin dinero, pidió prestado aquí y allá y compró un poco de chicharrón prensado, masa, colocó unas mesas usadas y comenzó a vender gorditas, pero no vendía.

Y es que las gorditas no le salían, estaban chuecas, raras, y pensó que por eso no vendía, de los dos kilos de masa que compraba, un kilo se le quedaba. Hasta que la mamá, le dijo: “ay, hijo, por qué no las aplastas sino te salen bien…”. Él contestó: “¡menos me van a comprar!”, pero al ver que el negocio no prosperaba decidió hacerlas así y comenzó a venderlas, la manteca penetraba en la masa y el chicharrón adquiría un sabor especial.

El chiste es no doblarse en las malas, digo, que tanto es tantito.

Leyendas de la Doctores

Armando Ramirez

LA COLONIA DOCTORES EMPEZÓ A FRACCIONARSE EN 1899 Y SE LLAMÓ EN PRINCIPIO COLONIA HIDALGO

De ahí que su mercado todavía se llame Hidalgo, pero en 1906 donde Porfirio Díaz inaugura el Hospital General y las calles a su alrededor recibieron nombres como el del doctor Liceaga o doctor Vértiz, Barragán, Lucio. Y la gente empezó a llamar a ese barrio colonia de los doctores.

La primera calle de esta colonia fue la de Pajaritos, era un callejón muy cercano a la fuente del Salto del agua, hoy se llama doctor Valenzuela y es una calle larga. Por cierto, en Pajaritos se encontraba una casa de chicas malas, las de madame Rassimi y cerca estaba un burlesque recatado, muy atrevido para la época, el baile del Can can hacía desmayar a las damas de la vela perpetua.

Tal vez con estos antros comienza la tradición de lo cabarets en la doctores, que junto a la colonia Obrera formaron la zona de diversión nocturna más legendaria de la Ciudad, hojas Petra. En la Doctores estaban el cabaret Leda, el Balalaika, la Burbuja, el Tranvía, donde Nancy Green y Claudia Tate causaban furor con su sensualidad, estos lugares dieron fama a la vida nocturna a la colonia, donde taxistas y parroquianos iban hombro con hombro a los lugares celestiales.

La Doctores también tuvo sus cines legendarios, ¿quién se podrá acordar del cine Titán o del Maya o el Edén? Este terminó llamándose Almoloya, en plena decadencia de los cines grandes. Y cómo olvidar el cine México, sobre avenida Cuauhtémoc, ahora son unos elegantes departamentos, frente a la desembocadura de la avenida Álvaro Obregón, cine peculiar compartía sus estreno con los vecinos de la Doctores y la colonia Roma.

Y el cine Internacional, de espeluznante recuerdo, estaba en la calle de doctor Liceaga y Carmona y Valle, que junto a las oficinas de la Secofi se cayeron en los sismo del 85, ocupaban el terreno de lo que ahora es el jardín Ignacio Chávez, enfrente del jardín están los “Soldominios”, edificios de condominios, que en los sis – mo del 2017 quedaron dañados, barrio al fin la Doctores. Qué tanto es tantito.

Para ser charro se necesita parecerlo

Armando Ramirez

FUE EL MONASTERIO DE LA VIRGEN DE MONSERRAT, IMAGEN QUE HABÍAN TRAÍDO DESDE ESPAÑA unos cuates de Hernán Cortés, Diego Jiménez y Fernando Moreno, y como ya eran riquillos costearon la construcción del monasterio de la virgen de Monserrat en 1587, la imagen la habían traído desde Cataluña, tenía tres velos para ocultar su riqueza, pues portaba piedras preciosas y vestidos muy elegantes, solo los días festivo se alzaban los velos para admirar a esta virgen.

El monasterio estuvo bajo la administración de los padres benedictinos, ysu fachada es barroca, con una cúpula amplia, con arcos en el frente, que forman un corredor en el primer piso y que se puede ver desde la calle de Izazaga y la esquina de Isabel la Católica. Ahora es el Museo de la Charrería.

Antes en una época de epidemia de viruela fue hospital, luego fue cerrado por disputas entre los benedictinos y los del convento de san Jerónimo. Pero ninguno de los dos se quedó con la construcción, y fue el gobierno de Juárez al proclamar las leyes de Reforma y expropiar los bienes de la Iglesia, lo que ganaron los Jerónimos y que la imagen de la virgen de Monserrat se fuera con ellos donde todavía se puede admirar la imagen.

Y ya saben, fue ocupado como oficina de gobiernos, escuela, hasta en la esquina por una tienda de ultramarinos, La Palma, ya todo esto en el siglo XX, hasta que el regente Octavio Sentíes otorga el exmonasterio de Monserrat a la Federación Mexicana de Charros.

Recorrer el Museo es una lección de cultura popular. A la entrada hay un patio amplio con una carruaje de principios del siglo XX, una escultura dedicaba al charro que lleva su reata para hacer suertes. El Museo es muy Céntrico, frente al exconvento de San Jerónimo, es una zona muy popular, donde las taquerías callejeras se ofrecen sin discriminar, digo, total que tanto es tantito.

En el Centro hay de Cantinas a otras Cantinas

Historia pura la que existe en el Centro Histórico. Foto: Especial

Cantina por excelencia es el Salón España, en la esquina de Argentina y González Obregón, lugar de regodeo de los estudiantes del viejo barrio universitario, por los estudiantes de la escuela de Jurisprudencia. Los de Odontología iban a la desparecida cantina El Nivel, en la calle de Moneda. Ahora la frecuentan periodistas, maestros jubilados, burócratas con sueños de antrólogos y guías de turistas; esta cantina tiene el aristocrático sabor de las viejas cantinas del centro, con su local de tortas a lado, también van trabajadores y luminarias del Colegio Nacional, donde los chamorros de los viernes son una delicia con una salsa de Dios mío, y una cerveza bien helodia,  a veces se juega dominó.

Una que se modernizó y por poco pierde su clase es la Peninsular, en la calle de Corregidora y la Alhóndiga, dicen que se fundó en 1872, y se proclama que desaparecida la cantina El Nivel es la más antigua de la Ciudad; llevan grupos musicales con cantantes de buen ver, es un buen cotorreo.

En la calle de Jesús María esquina con Moneda, a espaldas de la escuela de San Carlos está La Potosina, aunque en el barrio le llaman la “Potrosina” es refugio de viejos atlantistas, cuando los potros de hierro juegan está a reventar, hay tele de paga, se hace la chorcha y hay chamorros.

Otra clásica es El Gallo de oro, fundada en 1874, se juega dominó, hay buena comida, es una lugar cómodo y amable, está en la calle de Bolívar y Venustiano Carranza. iNo puede faltar en este breve recorrido, en la calle de Independencia y Dolores, la cantina del Tío Pepe, bellísima cantina, como las de antes, con su barra de madera.

La antigua San Juan de Letrán

Armando Ramirez

Llega desde el sur la calle de Niño Perdido, cruza la calle de Izazaga y hasta llegar a la esquina de Venustiano Carranza se llamaba Niño Perdido. En la esquina de Venustiano Carranza, ahí cambiaba de nombre, por estar en la esquina el Colegio de San Juan de Letrán se le llamó a ese tramo San Juan de Letrán hasta Madero, no era una calle muy larga, pero la fuerza de ese nombre hizo que la gente le llamara a las calles que van desde Izazaga hasta la Lagunilla, San Juan de Letrán. Todavía en la década de los años treinta del siglo XX las autoridades de la ciudad abrieron más las calles, demoliendo muchas casas. Querían hacer de San Juan de Letrán un bulevar la francesa y terminó siendo una avenida a la americana.

Estás calles en la década de los años cincuenta era un reventón, estaban cabarets, las chicas trabajaban en Vizcaínas, a donde tenía su estudio de baile Resortes.

Adelante está el Palacio de las Bellas Artes, el excine Mariscal, el Teatro Blanquita, Garibaldi con lo que fueron sus teatros de revista y burlesque, la plaza de Garibaldi con el Tenampa, adelante el Bombay, La Canción con sus tríos hasta la madrugada, aquella avenida a la americana era una fiesta, total, qué tanto es tantito.

El jardín de Octavio Paz

Armando Ramirez

LA PLAZA VALENTÍN GÓMEZ FARÍAS ES UN LUGAR DE UNA BELLEZA TRANQUILA, ES UNA PLAZA con un convento, una iglesia, un instituto de altos estudios y la casa del abuelo de Octavio Paz, Ireneo Paz. Cuando el poeta era un bebé y eran los tiempos violentos de la revolución mexicana, el padre de don Octavio decidió unirse al movimiento zapatista en compañía de Antonio Soto y Gama, ideólogo del zapatismo.

Por esa razón el premio nobel mexicano vivió en Mixcoac su infancia y primera juventud, rodeado de libros del abuelo, con quien platicaba de Benito Juárez, la Revolución, los Flores Magón, Porfirio Díaz, Zapata, Soto y Gama o Villa. De esa casa en la colonia San Juan Mixcoac, el poeta, para ir a la Preparatoria, tomaba el tranvía en la calle de Goya que lo llevaría al Centro de la Ciudad. En esa misma plaza, vecina a la casa del abuelo, está la casa de don Valentín Gómez Farías, que ahora es el Instituto Mora, un lugar para las investigaciones históricas.

En la huerta de la casa estuvo muchos años enterrado don Valentín, por razones políticas, fue activo durante la Independencia, diputado y representante del primer Congreso Constituyente en 1822, 1824, fue Presidente de la República, un liberal, por eso la iglesia le negó el derecho a ser enterrado en algún panteón.

Enfrente del jardín hay una iglesia, la de San Juan Evangelista y nuestra señora de Guadalupe, es del siglo XVII, dentro tiene un oleo de la Virgen de Guadalupe y una escultura de San Juan Bautista, un atrio bardeado con ladrillos, dejan huecos para ver a través de la barda.

En realidad desde siempre San Juan Mixcoac fue un pueblo, conserva mucho de ese aroma, el jardín tiene una fuente del siglo XVII, salta el agua y cae acompasada dando un ritmo de tranquilidad.

La casa donde vivió Octavio Paz, hoy es el convento de las hermanas dominicas, ellas compraron la propiedad del abuelo del poeta y hacen unos panecillos deliciosos, toque la puerta y saldrán unas monjitas y puede comprarles sus deliciosos panecillos o galletas, y a un costado sobre la calle Ireneo Paz, está una placita donde los vecinos hacen sus compras, está la tienda, la tintorería, etc. Digo, que tanto es tantito…

En la Vieja Casona del 42

Armando Ramirez

EN LA CALLE DE JESÚS MARÍA, frente al ex convento de Jesús María, en una vieja casona que estuvo abandonada, destruida, sí, de las ruinas, la casona del 42 de Jesús María ha resucitado, muchos la daban por perdida y la neta si uno se asoma desde la azotea de esta casona descubrirá lo que queda de otras casonas vecinas, ruinas donde la hierba silvestre ha hecho su edén y los muros sólo conservan muros fragmentados, no existen techos, ni puertas, solo agujeros que fueron ventanas.

Visite esta casona un fin de semana, para los jóvenes es un centro de diversión con música electrónica y chelas a precios económicos, y para los adultos hay una taquería con tacos con tortillas cuadradas, le llaman La Pancha, usted entra y parece que se le va aparecer Pedro Infante cantándole a Silvia Pinal, Ay Nana Pancha.

Los que laboran ahí dicen que son monjitas las que aparecen en la noche, les testerean las nachas y sienten chiflones de aire o ven correr sombras en los rincones de la casona. La casa tiene bonitos balcones desde donde se ven las cúpulas de la iglesia de Jesús María, ahí por primera vez se enclaustró sor Juana Inés de la Cruz.

Lo chido de este lugar son los precios económicos, la atmósfera es la de las viejas casonas que rescatan en san Ángel o Coyoacán, los muros antiguos nada más los barnizaron, dejan ver el ladrillo, el tezontle y las diferentes capas de pintura de las diferentes épocas, desde el siglo XVIII hasta nuestros días.

Los tacos son llenadores, los de suadero, dice el chef que la carne primero la deja cocer en una olla y luego la fríe y los tacos los sirven con una salsita de chile manzano, de muy señor mío, el mole de olla y la birria son excelentes, para los crudos. La iluminación es intimista, las mesas fueron hechas con las vigas gruesas de los techos que ya no servían, son mesas hasta para diez personas, todo lo que en otras construcciones es desechable aquí se reusó y quedó artístico.

Ya era hora que en los barrios del Centro Histórico, como este de Jesús María, remodelaran las casas antiguas, les dieran una manita de gato muy moderna sin traicionar el pasado, ojalá y cuando se vuelva de moda la casona, los precios sigan económicos como ahora, con 250 pesos una pareja come, bebe y se divierte, digo que tanto es tantito.

Quién durmió en este palacio

Armando Ramirez

EN 1779 LOS CONDES DE SAN MATEO DE VALPARAÍSO Y MARQUESES DEL JARAL DE BERRIO, COMPRARON una casona en la calle de Plateros, la derrumban y en su lugar construyen un palacio, ese palacio con el tiempo se llamará el Palacio de Iturbide.

Estos aristócratas eran ricos, también fueron los dueños del llamado Palacio de los Condes de San Mateo de Valparaíso. El edificio está ubicado en la esquina de Venustiano Carranza e Isabel la católica. Ahora el Palacio pertenece a Banamex.

Pero el Palacio de Iturbide guardó un extraño destino para los que ocuparon esta casona, primero fue el sanguinario general del Ejército de la Nueva España, Félix María Calleja, quien durante la guerra de Independencia combatió a los insurgentes, se cuenta que Calleja cuando llegaba a un pueblo que era simpatizante de la insurgencia agarraba cinco o diez varones y los fusilaba; este negro personaje luego fue Virrey de la Nueva España, y al regresar a España sufrió cárcel.

Después de él llegó a ese palacio el general del Ejercito realista, don Juan de O’Donojú, con mucho poder, pues el virrey en ese momento era interino, fue él quién firmó el Acta de Independencia representando a la corona española, pronto los desautorizaron desde Madrid, aunque que lo hecho estaba hecho. Pero murió de forma extraña a los 57 años, se dice que de pleuresía, pero había mucha gente que sospechaba que había sido envenenado.

Luego llegaría con inquilino Agustín de Iturbide, quien con O’Donojú había firmado el Acta de Independencia del país. Agustín adquirió un prestigio tremendo y una gran popularidad con la gente. La Güera Rodríguez, que era la amante de Agustín le aconsejó que se aprovechara para coronarse emperador de México, con el apoyo de la iglesia.

Iturbide se coronó emperador de México, pero el gusto le duró 6 meses, fue derrocado, huyó del país y cuando regresa lo fusilan. Ahora este edificio se le conoce por el Palacio de Iturbide, y alberga el Museo del Banamex, digo, total, qué tanto es tantito…

San Pedro Atocpan un pueblo de tradiciones

Armando Ramirez

Disfrute del mole, el pulque y lo tamales de frijoles, características de este lugar

ATOCPAN SIGNIFICA TIERRA HÚMEDA, fértil, y así es la tierra de San Pedro Atocpan, tierra de gente creativa, con imaginación para inventarse su tradición, las de los diferentes moles que elaboran la mayoría de familia en este pueblo bendito, perteneciente a Milpa Alta, al sur de la Ciudad de México.

Cuando tenga tiempo conozca este pueblo mágico con su convento e iglesia de San Pedro Apóstol, inició su edificación a la mitad del siglo XVI, se siguió todo el siglo XVII y los terminaron entrado el siglo XVIII, les digo, si de convento y templos se trata en la Nueva España, se tardaban un poquito en levantar sus edificios religiosos pero les quedaban de peluches, tan es así que crean un estilo que deriva del barroco europeo, si allá se recargaban en su decoración de formas y figuras, acá, era como si fuera la decoración de un pastel de XV años, no quedaba espacio alguno, todos los retablos están ocupados por figuras de santos, formas vegetales, símbolos religiosos y con un poco de evocación de la geometría de las pirámides y así tienen el churrigueresco o barroco novohispano.

Así es el mole que hacen en San pedro como el barroco mexicano, las familias del pueblo elaboran sus moles con más de 40 ingredientes: chiles, cacao, comino, clavo, almendra, canela, galletas y plátano macho, llaman la atención las pencas de plátano macho en los molinos donde las familias van a moler sus recetas, es una calle cercana al mercado, ahí se suceden los molinos y los ingredientes en tinas que lleva el mole, sus olores llegan a la calle.

Por cierto cerca de esta calle está otra que lleva al panteón del pueblo y le llaman de “iras y no volverás” adivine por qué.

Entrando al pueblo está la calle de los comercios con el mole en polvo en enormes cazuelas de barro y las abuelitas orgullosas de s u s recetas secreta, las probaditas de mole lo dejan a uno babeando, muy sabrosos los moles. Ah y un pinole para hacerse con leche y agua, otro poquito de cacao y canela, uy, esa receta me la dio una abuelita de ahí.

Alrededor de la plaza de san Martín Caballero con su austera iglesia de 1560, hay restaurantes con ventanas y balcones con vista a la plaza, ahí puede saborear el mole, el pulque y los tamales de frijoles, digo, que tanto es tantito.

 

El callejón de Tlaxcaltongo

Armando Ramirez

EL CALLEJÓN DE TLAXCALTONGO ES PEQUEÑO, SI USTED CAMINA POR LA CALZADA DE TLALPAN a la altura del Metro General Anaya, no lo verá, a menos que vaya leyendo los letreros que le dan nombre a las calles, el callejón está en la colonia Country Club y es las parte más vieja de la colonia.

Favor de no confundir Tlaxcaltongo con Tlaxcalantongo, este fue lugar donde mataron a Venustiano Carranza, suena parecido pero son diferente. Aquí las familias llegaron a poblarlo a finales del siglo XIX, mucho antes de estuvieran por estos rumbos los estudios Churubusco, y son familias muy antiguas.

Los nietos de aquellos primeros pobladores, se acuerdan de cuando eran niñas y niños y conocieron el río Churubusco y que jugaron en sus aguas, era un río de aguas cristalinas, claro, mucho antes de que lo entubaran, de cómo pasaba el tren e iban al parque de la Pagoda cuando este jardín tenía un enorme “castillo” así le llamaban ellos a la construcción estilo japonés que tenía tres piso, todo de madera, y a pesar de que no tenía escaleras, estaba muy alto el primer piso, subían para ver el “castillo”, pero cuentan que unos drogadictos lo incendiaron.

En ese jardín filmaron películas de César Costa, Enrique Guzmán, Angélica María y nos cuentan que había una feria que duró años y que Enrique Guzmán, Angélica María, César Costa y Manolo Muñoz, iban a la feria a subirse a la rueda de la fortuna y que los niños les pedían autógrafos, porque, dicen, “no eran creídos”.

Y donde están las gasolineras, el Metro dividió, ahí había un glorieta y en ella la estatua del general Pedro María Anaya, aquel que en la invasión norteamericana defendió el convento de Churubusco.

La estatua ahora se encuentra en el jardincito del Convento de Churubusco, dicen que iban a la escuela del lado poniente y cruzaban la avenida sin problemas no había tantos autos, y junto con el callejón De Mila, organizan sus posadas en diciembre con procesión, piñatas de barro y las letanías, como las celebraban sus abuelos, digo, son rinconcitos de la ciudad que siguen existiendo, total, qué tanto es tantito.

Convento de Jesús María

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

El convento de Jesús María fue uno de los más deslumbrantes de la Nueva España. Basta leer la crónica que escribió el intelectual novohispano, don Carlos Sigüenza y Góngora, sobre la construcción de este convento. Tuvo por huésped ilustre a Catalina de los Ángeles, hija ilegítima del Rey de España, Felipe II, se dice estaba afectada de sus facultades mentales, si usted ve las dos entradas de la iglesia de Jesús María notará en lo alto de los arcos una corona, son coronas reales, el convento estaba bajo la protección del Rey de España, siendo el único en América con esta bendición real, el Rey le aportaba 40 mil ducados al año al convento.

Aquí también se hizo monja sor Juana Inés de la Cruz, luego abandonaría este convento por el de San José de Gracia y terminaría sus días en el de San Jerónimo.

Pasaron los siglos y llegaron los tiempos en que se aplicaron las leyes de la Reforma y los conventos pasaron a manos del gobierno, era el año de 1861, salieron a la venta y se vendieron los locales y cuartos para ser habitados o en comercios. Por eso a principios del siglo XX en lo que fue el convento de Jesús María estaba el cine Mundial, además había una sala de baile y un billar y el resto era una vecindad.

En el siglo XX la iglesia es devuelta a los sacerdotes, solo que algunos de ellos también han cooperado con la destrucción del convento, hace años Armando Ramírez un sacerdote tuvo una brillante idea para estacionar su auto dentro de la construcción, como la entrada que está en la división de la iglesia y el convento era muy estrecha, al padrecito se le ocurrió ampliar la entrada para que cupiera su auto y destruyó el arco de cantera y tezontle de la entrada, pero quedó rebonito su garage con cortina metálica y un anuncio que dice, “Entrada, no estacionarse”.

Con los sismos de septiembre pasado la iglesia sufrió daños severos, tiene unas hendiduras a la mitad de la nave, van del suelo al techo, lo mismo se ven desde el interior de la iglesia que por la calle de Jesús María.

Por cierto, hace pocos años, en lo que quedó del convento el Gobierno de la Ciudad iba a hacer un centro cultural y quedó en sueños guajiros, ahora iglesia y convento languidecen y solo queda un opaco resplandor del convento real, digo, ni un ojito le echan, total, qué tanto es tantito.

Villa quería con la Conesa

Antes había llegado una compañía francesa de burlesque. Foto: Especial
Armando Ramirez

El teatro de revista surgió en Francia en el siglo XIX, allá tenían la costumbre de organizar espectáculos donde se repasaban los hechos políticos del año, de ahí el nombre del Teatro de revista.

Esta influencia llegó a principios del siglo XX, pero la revista mexicana tiene influencia de la zarzuela, eran comedias musicales que contaban una historia, el teatro de revista México cuenta una historia a base de sketch picaros y políticos, con número musicales con bellezas de la noche como María Conesa, Mími Derba, Delia, Lupe Vélez, está última fue de las primeras que mostró su cuerpo.

El primero que hizo una revista en forma fue Leopoldo Beristaín, con la política mexicana, por ejemplo, hubo una revista que se llamó “La huerta de don Adolfo”, era presidente, Adolfo de la Huerta, estos cómicos fueron perseguidos por los políticos y cuando llegó a presidente Ávila Camacho prohibió alusiones al presidente.

De ahí surgen los grandes cómicos como Leopoldo Beristaín, Palillo, Cantinflas, la sensual María Conesa que cantaba canciones de crítica política, ella fue seducida por Pancho Villa pero nunca logro dormir en la cama de la Conesa, ella le dijo, “mire general, una pulga como yo, no duerme en su petate”, pero eso sí fue muy amiga de Porfirio Díaz. Hoy el teatro de revista ha desparecido y la crítica se hace en redes, digo, que gacho, total que tanto es tantito.

El bar Mancera, viaje al pasado

Armando Ramirez

EN LA CALLE VENUSTIANO CARRANZA 19, ESTÁ LA CASA DE GABRIEL MANCERA, EMPRESARIO MINERO, y famosos filántropo, es un edificio de finales del siglo XIX, donde en los altos se lee un nombre: “Gabriel Mancera”.

A esa casa una noche tocaron, eran unos policías que viajaban en un automóviles gris, mostraron una orden de cateo, entraron y robaron los objetos de valor de la familia Mancera.

Era el modus operandi de la Banda del Automóvil gris y una de sus víctimas fue Gabriel Mancera. El país vivía la Revolución y en la Ciudad los generales y los vivales se aprovechaban de la población, como fue el caso de los Mancera, pues en una reunión social a la que la hija de Mancera asistió, también estaba la vedette María Conesa, la Gatita blanca; ahí la hija de don Gabriel descubrió con asombro que la mujer portaba las joyas que le había robado la banda del automóvil gris, y ella de inmediato reclamó las joyas, pero la vedette afirmó que se las había regalado su amante, el general Juan Mérigo, jefe de la Policía capitalina.

Grande fue el escándalo y ahora todos sabían que la Banda del automóvil gris era manejada desde la Policía de la ciudad, pero como siempre, orquestaron ellos mismos la captura de los “verdaderos maleantes de la banda del automóvil gris”, incluso fusilaron a algunos, pero a los principales los sacaron del país.

Don Gabriel Mancera se fue de la Ciudad, vendió el edificio y en 1912 se convirtió en un sitio de lujo, el Hotel Mancera, fue cuando le aumentaron al edificio los dos pisos superiores. El hotel Mancera fue cerrado en el año de 1979.

El edificio se dividió en oficinas, otra parte la ocupa una cantina y del lado contrario está el bar Mancera, una belleza donde el tiempo se ha detenido, un lugar donde los vitrales evocan el afrancesamiento de la época de don Porfirio, un pianista que ameniza las comidas de los parroquianos, en mesas cómodas, iluminadas con una luz tenue, y una barra de madera con vitrinas de cristales de vidrio emplomado es atendida por la primera mujer barman que hubo en la ciudad. Total, qué tanto es tantito…

De paseo por el Zócalo

Armando Ramirez

Ya le he contado del Palacio Nacional, de los edifícios de gobierno de la Ciudad de México, pero no de los restaurancitos que hay en los altos de los edifïcios que están frente a la Plaza, la calle que va de Madero a 5 de Febrero, son restaurants nada caros, con platillos de buen gusto y algunas mesas tiene vista a la plaza.

El Centro Mercantil tuvo fama de ser el último grito de la moda en tiempos de don Porfirio, de ahí su estilo afrancesado, art nouveau, fue la primera tienda departamental, ahí llegaba Carmelita, la esposa de Porfirio Díaz, para ver qué le gustaba del último grito de la moda. Con el tiempo su estructura se desgastó, tuvo varias remodelaciones, no levantaron las ventas y a mediados del siglo pasado, cerró. En este siglo decidieron crear el Gran Hotel de la Ciudad de México, un atractivo de éste es su vista a la Plaza.

En la esquina de Justo Sierra y Argentina está la librería Porrúa, suba por las escaleras por la calle Argentina, en la terraza verá un restaurant y una especie de cafetería, para que tomé un café tranquilo; siéntase a disfrutar la vista más hermosa que se tenga del Zócalo, es más bonita la vista que la que pueda tener el Presidente desde Palacio o la Jefa de Gobierno desde sus oficinas.

Si gusta de caminar, vaya a Madero por unos tacos sudados, digo que tanto es tantito…

Café donde espantan…

Armando Ramirez

Y SE CENA SABROSO, EL CAFÉ TACUBA, ÍCONO DEL CENTRO HISTÓRICO, UBICADO EN LA calle de Tacuba, cerca del Metro Allende.

El Café Tacuba como tal es de 1912, la vieja casona está a espaldas de lo que fue un hospital para mujeres dementes, se cree que tenía comunicación con la casona, de ahí las leyendas que teje la celebridad de este café, pues la casona también está frente al convento de la monjas clarisas, ahora ese convento de santa Clara es la Biblioteca del Congreso de la Unión.

Primero el lugar fue una lechería y luego se convirtió en café con un halago a la cocina mexicana que preparaban las abuelitas de antes: enchiladas, tamales, buñuelos, pambacitos, atole blanco tanto es tantito endulzado con piloncillo, pan de dulce tradicional, su rico café con le che y una decoración que evoca el mundo de novohispano con pinturas con temas de esa época, como el retrato de sor Juan Inés de la Cruz, o la historia del chocolate, que por cierto tiene su fama en este café, que sirvió de inspiración a un conjunto de rock para ponerse su nombre, Café Tacuba, pero por problemas legales entre el café y el grupo de rock, el grupo pasó a llamarse Café Tacvba “con una “v” en lugar de “u”.

El 25 de septiembre de 1936, el candidato a gobernador por Veracruz, Manlio Fabio Altamirano, departía el pan y la sal con sus familiares y seguidores, cuando un grupo de sicarios entró al lugar y lo mató a mansalva, huyeron atracando la puerta giratoria que tenía el café, desde esa época dejó de tener esa puerta.

En ese lugar trabajaba Santos Hernández, personaje central del clásico de la antropología social “Los hijos de Sánchez” de Oscar Lewis, quien entrevistó a la familia Hernández, con don Santos a la cabeza, vivían en la vecindad de la Casa Blanca, en la colonia Morelos, solo que para publicar su libro, Oscar Lewis, cambio el nombre de la familia Hernández por la de Sánchez. El libro se llevó al cine con Anthony Quinn como Santos Hernández. Ya se explica por qué entre su fama por su cocina mexicana y las leyendas, el café Tacuba es ícono del Centro Histórico, digo que tanto es tantito.

Tiempos de la reforma

Armando Ramirez

Era un joven estudiante de Derecho, pobretón, de 19 años, llamado José María Lafragua.

Al joven Lafragua le costó 5 años que la Lola le diera el sí. Dolores Escalante era novia de su mejor amigo. Cuando Lola cumplió los 19 años le dio el sí a José María para casarse. El joven se puso loco, sólo que su madre enferma ha muerto. El futuro político y periodista, con dolor en su corazón, pospone la boda… ¡Y se va a la Ciudad de México!

Desde chilangolandia el joven Lafragua termina su relación con la Lola de su corazón. No se sabe qué labios besó o si de pronto le entró –como a muchos jóvenes chilangos– el miedo al matrimonio, el hecho es que le sacó al mole de guajolote. El joven Lafragua en la Ciudad de México inicia una carrera política, es liberal seguidor de Juárez y cercano a Lerdo de Tejada, a los dos años es era Consejero de Estado, incluso ahora una calle de la Ciudad de México lleva su nombre.

No sabe por qué motivos o razón llega a vivir a la Ciudad de México la familia de Dolores Escalante, en la calle Pino de la colonia Santa María la Ribera. La familia Escalante organiza una fiesta a la cual es invitado Lafragua, y ahí va el joven y ve cómo Lola es asediada por los galanes. Pero irremediablemente se reconcilian. Lafragua en el vértigo de la política es diputado y está en Querétaro firmando la paz con Estados Unidos, luego de la invasión a nuestro país en 1847. Lola es perseguida por varios jóvenes, siente tentación por uno, pero un padre la convence que no ceder.

En 1850 es cuando Lafragua y Lola deciden casarse. En la ciudad hay epidemia de cólera y !la Lola muere! Es sepultada en el panteón de San Fernando. Lafragua encarga un mausoleo del tipo Julieta, la de Romeo. A partir de ahí el político viste de negro toda su vida, nunca se casa, y fue Ministro de Naciones.

En 1875 fallece José María Lafragua y es enterrado en el panteón Tepeyac, el de San Fernando estaba clausurado por las leyes de Reforma. Años después la familia de la Lola traslada los resto de Lafragua al sepulcro de la Lola en San Fernando. Ahora pueden ver el mencionado sepulcro de Lafragua y la Lola en el Museo Panteón de San Fernando, digo, qué tanto es tantito…

Pan de Muerto en la Guerrero

Armando Ramirez

LA NETA DE LA CORNETA DEL PLANETA DE LAS CALACAS, CALAVERAS, TILICAS, HUESUDAS, PELONA catrina, tienen sus manjares que aparecen en la temporada de los fieles difuntos, huelen a flor de azahares y a anís, va azucarado y nos recuerda una tradición de los aztecas.

El pueblo guerrero hacía una especie de pan con el amaranto teñido de rojo sangre, le pellizcaban para que apareciera un pico y le cruzaban unas canillas, huesos de humanos en cruz, dicen los que saben que simbolizaba el sacrificio de los que morían en la piedra de los sacrificios y que el corazón era ofrendado a los dioses de su panteón religioso, y ese rito es el antecedente del pan de muertos.

El pan de muerto es una especie de loma y es cruzado unas tiras que asemejan unos huesos y en el centro tiene una bolita que simboliza un corazón del sacrificado. Y ahora se come en esta temporada, las panaderías se esmeran por sacar el mejor pan de muertos y estos aparecen en charolas, a la vista, a través de sus vidrieras donde están pintados esqueletos de todo tipo, de frac, de panadero, de barrendero o de algún personaje cinematográfico.

Ir por la calle de Zarco, pasando el mercado Martínez de la Torre, en la gloriosa colonia Guerrero, es como ir a bailar al salón Los Ángeles, al caer la tarde, salen los olores del pan recién hecho, aromas que nos traen viejos recuerdos, son de la antigua panadería con más de cincuenta años elaborando de manera artesanal el pan más delicioso de rumbos. El señor que lleva la voz cantante nos dice que ellos no usan margarina para crear el pan de muerto, que lo hacen con mantequilla, como manda el canon. El panadero está ponchado de tanto ejercicios, con sus brazos potentes le da de masajeadas a la masa y va dando forma a los huesos y al corazón del pan y en charola los mete al horno, a la vez que vigila los bolillos, que casi están, estos en la tarde son mano a la hora de la venta, digo que tanto es tantito

De toreros a… el sitio para los hipsters

Decenas de personas van a divertirse todos los días. Foto: Especial
Armando Ramirez

Es un lugar mítico de la noche en la Ciudad desde hace varias décadas, es famosa su rifa del pollo, su ambiente vetusto, polvoso con grandes trajes de luces de toreros, como Eloy Cavazos, Joselito Huerta o Manolo Martínez, de su lienzo sobre una de las paredes del escenario, es una escena de la canción Huapango torero: “rumbo hacia los corrales,/ se ve un chiquillo que va resuelto,/ El quiere torear un toro,/ su vida pone por precio…”

En el lugar se siente la nostalgia por un mundo que desaparece en la ciudad, la fiesta de los toros, imagino que cuando se inauguró La Faena los toreros eran grandes estrellas y fueron capaces de donar esos hermosos trajes de luces, ahora los parroquianos que frecuenta el lugar es muy difícil imaginarlos ser aficionados.

La Faena se encuentra en los bajos del edificio Gabriel Mancera, su entrada es larga y sus muros están tapizados con mosaicos con frases picantes, el lugar tuvo mejores tiempos, al llegar al salón se ve al fondo la barra y en las columnas están colgadas vitrinas que resguardan los trajes de luces, los parroquianos, muy pocos miran hacia las vitrinas, piden cervezas, son en su mayoría jóvenes, si no hipsters querrían serlo, y llevan jovencitas que toman al parejo, ellos no podrían imaginar la de anécdotas que tiene el lugar, todavía los antiguos las cuentan, como la de Chelo Silva, que no era Chelo Silva, la legendaria cantante chicana.

Por los años noventa la Faena intentaba reverdecer viejos laureles y le dio por presentar una variedad, se les ocurrió revivir a Chelo Silva, quien había fallecido tiempo atrás, la anunciaron como vivita y coleando, el lugar se abarrotó pero quien se presentó fue una imitadora, cantaba los éxitos de Chelo Silva: Hipócrita, Una lámpara sin luz, Como un perro. Chelo es el antecedente de Paquita la del barrio, pero más raspa, con voz de cantina con sínfonola, el público no se sintió defraudado y hasta participó en la célebre rifa del pollo. La rifa del pollo frito se realiza a la medianoche, cuando hace hambre, al ir cantando los boletos se hace fiesta, hasta que dan al ganador, digo, qué tanto es tantito.

El mercado de la Río Blanco

Armando Ramirez

ESO COMELONES, sibaritas del asfalto, gourmets de la CDMX les traigo grandes noticias en el mercado de la Río Blanco andan de pipa y guante y el mostacho crecido, entra uno al mercado por Congreso de la Unión y nos deslumbra un local de carnes frías y no sé qué tantas cosas, muy moderno, ya no hay aquellas planchas de granito frías y amarillentas, ahora son locales, la neta, modernos, el local de una de las locatarias más antiguas da gusto ver cómo coloca en pirámide sus verduras: jitomate, calabazas, frutas: naranjas, peras, mangos, serían la inspiración de la pintora Olga Costa, tiene una obra maestra, la belleza de una vendedora de fruta en su puesto, el cuadro está en el Museo de Arte Moderno.

Así de bello se ve el puesto de una de las locatarias más antiguas del lugar. El mercado tiene su mural dedicado a Yacatecuhtli, el Dios Azteca del comercio, los pasillos están limpios, se puede caminar sin tropezarse con diablitos o botes de basura, ni resbalarse, además no están por secciones, las verduras, los abarrotes o carnicerías no están separados, están revueltos en orden y le dan más vida al mercado de la Río Blanco.

Tienen wifi gratis y cámaras de vigilancia, las carnicerías adquieren esa belleza de la carne fresca que inspira a las amas de casa a preparar un caldo de olla o carne en pipían, carne fresca que no encuentra en el super, las frutas y verduras frescas y nutritivas ahora que están de moda las dietas aquí los esbeltos serán felices a bajo precio.

Y para mis cuates tragones encontré en el mercado de la Río Blanco un local de tacos de tripa, los de don Jesús Díaz, también tiene tacos de suadero y chorizo, de dios guarde la hora, todo está preparado al estilo de Chavinda, Michoacán, de donde es don Jesús Díaz.

Los tacos de tripa no tienen matraca, además de su peculiar sabor, le echan una salsa de chile habanero hervido, también tienen salsa de chile habanero asado y un guacamole con chile manzano y hay racimos de pápalo y cebollas en rajas con chile manzano, rebanadas de pepino con la receta secreta de chile molido al estilo Chavinda, Michoacán. uy, y las tortillas calientitas, el trato amable, me dan otro de tripa doradita, no se manchen los dedos que los tacos son de etiqueta, se los recomiendo, como me los recomendaron unas trabajadoras, digo que tanto es tantito.

Basílica de Guadalupe

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Van por miles con un inocultable fervor, parten de la exgarita de Peralvillo, llevan músicos, ofrenda florales y caminan sobre el camellón de la Calzada de Guadalupe, en estos tiempos suplantó al viejo camino al Tepeyac que fue la que ahora conocemos como Calzada de los Misterios.

Pero llegar a la Basílica de Guadalupe es otra cosa, se ve llegar gente de Ecuador, Colombia, Argentina, algunos italianos y muchos de san Luis Potosí, Oaxaca, Veracruz, Tamaulipas, ahí está el mercado de artesanías guadalupanas, un bellísimo cromo hecho con impresión laser en yute.

Los peregrinos entran a la explanada, se persignan ante la Basílica antigua y luego van a la nueva, entran, rezan, se echan agua bendita y depositan una veladora en un lugar especial atrás y afuera de la Basílica, se forman para admirar la imagen de la virgen de Guadalupe.

Algunos visitantes suben el cerro del Tepeyac por las escaleras y los que tienen hambre van al mercadito que está frente a la Basílica, hacen muy sabrosos tacos dorados, birria, caldo de gallina, enchiladas, ahí llegan los peregrinos de otras partes de la República.

Pero hay guías de peregrinos que los llevan a los lugares secretos, a las faldas del Tepeyac, por ejemplo, en la Calzada de Misterios, en la esquina con la casa del pintor José María Velasco, ahí se ve una callecita al fondo y luego otra, en las faldas del cerro, arriba está el cementerio, abajo sobre enclavada en unas rocas hay una vieja casa, unas mujeres hacen quesadillas a la leña y carnes asadas, todos los comensales se sientan a una mesa larga sobre unos tablones con ladrillos, el humo de la leña aromatiza el sabor de la carne, el café hecho a la antigüita (se hierven el grano de café en el agua, se cuela) lo sirven en jarros de barro o pocillos.

Ahora si no gusta de esto, sobre la Calzada de Guadalupe están las cadenas de cafeterías. No busque al Museo de Cera, ni sus luces, visite el Museo de la Virgen de Guadalupe, están los estandartes con las imágenes de la Guadalupana que han usado nuestros héroes, hay hasta un busto de la virgen que era de Maximiliano. Los peregrinos también pueden ir al Museo del Ferrocarril, un lugar donde incluso hay una de las primeras máquinas que dieron servicio en el país, total, qué tanto es tantito.

Eran fantasías las noches de la Obrera

UNO DE LOS BARRIOS HISTÓRICOS DONDE LA MAYORÍA DE LAS PERSONAS TRABAJAN DE NOCHE.

UNO DE LOS EDIFICIOS con historia es el que está en la esquina de 5 de febrero, Tlaxcoaque y diagonal 20 de noviembre, es el Hospital Nacional de Homeopatía, fundado en el gobierno de Porfirio Díaz, y por qué creen que el gobierno les dio apoyo.

Cuentan que doña Carmen Romero Rubio, esposa de don Porfirio, era afecta a la medicina homeopática y Díaz tenía un problema en una pierna, los doctores que lo atendían no pudieron sanarlo, entonces don Porfirio acudió a un doctor en homeopatía y sanó su pierna. Díaz, generoso, donó a esta institución los terrenos donde se ubica el hospital, en los límites de la colonia Obrera con la colonia Centro, hasta la fecha ahí se encuentra, en la esquina de 5 de febrero y Tlaxcoaque.

Otro edificio que estuvo desde el crecimiento de la colonia, a principios del siglo XX, fue la iglesia de San José de los obreros, se encuentra en la calle de Fernando Ramírez, fue historiador en el siglo XIX. La iglesia al principio se construyó de manera endeble, sólo con el tiempo ha llegado a ser la iglesia a la cual la gente que trabaja de noche va en el día a dar gracias al Creador. Los nombres de las calles del barrio son de escritores y poetas, intelectuales, como Manuel Payno, autor de Los bandidos de río frío, Lucas Alamán, historiador, Gutiérrez Nájera, poeta, Ángel de Campo, cronista, se paseaba por las calles populares de la ciudad para narrar lo que veía.

La calles recibieron esos nombres porque al no pegar el nombre de Escandón, pensaron, que le iría bien, “colonia de los Intelectuales”, pero terminó siendo la colonia Obrera, porque en efecto fue colonizada por obreros. En el barrio vive muchas gente que trabajaba de noche, recuerdan esos viejos tiempos cuando al cabaret Barba Azul lo acompañaban en la vida nocturna muchos más, donde la mujeres que trabajaban de noche se ganaban la vida bailando y acompañando a los hombres solos, los músicos iban hueseando de cabaret en cabaret o en el salón Colonia, “el cocoliso”, memorable templo del danzón, a donde el rey del timbal Consejo Valente, mejor conocido como Acerina, partía el pastel, en esa pista, a lado de Miguel Ángel Sarralde o Carlos Campos, y no por nada pero ahí está la explicación de la cantidad de hotel que todavía sobreviven en la Obrera… digo que tanto es tantito.