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Sábado 19 Enero del 2019
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Qué tanto es Tantitito

Un palacio con magia y lleno de historia

En el pasado fueron lugares muy importantes para el país. Foto: Especial
Armando Ramirez

Todo comienza en la época de los aztecas, en la que ahora conocemos como calle de Moneda, entre Seminario y Licenciado Verdad, las construcciones que se levantaron en esa calle fueron de las primeras que hubo después de la caída la Tenochtitlan, ahí se encontraba la pirámide o templo del dios protector de los guerreros, el señor del inframundo, Tezcatlipoca. Los conquistadores sobre el basamento de este templo construyeron el Palacio del Arzobispado.

El pasado es el dios azteca y tolteca considerado el oponente de Quetzalcóatl. Foto: Especial

Primero fue una construcción nada suntuosa, pues pertenecía a un soldado de Cortés, por orden rey de España este debió repartir terrenos como gratificación por su participación, a sus soldados, al dibujarse la ciudad sobre el trazado del alarife (ayudante de arquitecto) Alonso García Bravo ordenado por Cortés, a estos soldados les tocaron terrenos en el recinto sagrado, entre ellos el soldado que fue propietario del terreno que ahora ocupa el Palacio del Arzobispado.

Los soldados en esos años salían constantemente a expediciones bajo las órdenes de Hernán. Y como estaban expuesto a morir, firmaban un “poder” casi siempre a nombre de la iglesia para que cuidara de sus bienes.

Fray Juan de Zumárraga fue el primer obispo de la diócesis de México donde llegó en 1528. Imagen: Especial

El terreno de esa construcción lo elige el arzobispo Fray Juan de Zumárraga para construir el arzobispado, con el paso de los siglos fue creciendo en majestuosidad la construcción hasta llegar a ser el Palacio que hoy conocemos, siendo uno de los bienes protegido por la Nación y ahora es el Museo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Pero primero tuvo que suceder que a Juan Diego se le apareciera la virgencita de Guadalupe, en el tiempo que sucedió lo de la Guadalupana, era arzobispo Fray Juan de Zumárraga, y fue Juan Diego hasta la casa del arzobispo y tocó la puerta, al principio no le hacen caso, se aferra y lo recibe Zumárraga y ahí deja caer las rosas y aparece la imagen de la Virgen de Guadalupe, digo qué tanto es tantito…

Lugares llenos de historia. Foto: Especial

Aplastadas las gorditas de Tlaxcaltongo

Unas crujientes gorditas de chicharrón. Foto: Especial

Por los rumbos de la colonia Country Club, si les pregunta a los sibaritas de la garnacha, ¿dónde se puede almorzar sabroso?, todos recomiendan La Casa de las gorditas, en el callejón de Tlaxcaltongo, que es como una callecita de pueblo, con sus casas viejas. Al fondo hay una casita que semeja un cabañita de pueblo, con su techo de lona, tiene mesas de madera y sillas de plástico a la entrada, y en esta época decembrina lo reciben unos muñecos de peluche.

El olor de las gorditas se respira desde la entrada, al fondo hay un pequeña cocina con un hombre de unos cuarenta y tantos años, que hace las gorditas, y al ver cómo las prepara al terminar las aplastadas, le pregunto por qué lo hace y me cuenta la triste historia de su negocio.

El señor lavaba coche pero no le alcanzaba para vivir, además los clientes, según él, son prepotentes. Cansado de la situación decidió iniciar un negocio propio, sin dinero, pidió prestado aquí y allá y compró un poco de chicharrón prensado, masa, colocó unas mesas usadas y comenzó a vender gorditas, pero no vendía.

Y es que las gorditas no le salían, estaban chuecas, raras, y pensó que por eso no vendía, de los dos kilos de masa que compraba, un kilo se le quedaba. Hasta que la mamá, le dijo: “ay, hijo, por qué no las aplastas sino te salen bien…”. Él contestó: “¡menos me van a comprar!”, pero al ver que el negocio no prosperaba decidió hacerlas así y comenzó a venderlas, la manteca penetraba en la masa y el chicharrón adquiría un sabor especial.

El chiste es no doblarse en las malas, digo, que tanto es tantito.

Se lo llevó la Reforma

Armando Ramirez

@uyuyuyy

Hablar de la Santa María la Redonda es hablar también del Paseo de la Reforma y cómo éste al prolongarse hacia el norte de la Ciudad con la Calzada de Guadalupe y la de los Misterios, en el año de 1963, siendo regente de la Ciudad, Ernesto P. Uruchurtu, el barrio de la Santa María queda dividido de su colonia, la Guerrero, y más cercano a Garibaldi, la Lagunilla y san juan de Letrán.

Y un teatro legendario, el Tívoli, fue demolido para abrir paso a Reforma. Estaba en la calle de la Libertad número 9, siguiendo la numeración actual, su ubicación era sobre lo que ahora es el Paseo de la Reforma Norte. El Tívoli fue teatro de revista y burlesque, ahí las damitas se desnudaban y con pudor ocultaban su vello púbico con un pedacito de tela.

El teatro fue una arena de box y lucha pero al inaugurarse la arena Coliseo, en la calle de Perú, los propietarios, un señor Iracheta y el señor Mancini, optaron por reacondicionar la arena como teatro, con el tiempo lo fueron mejorando, así surgió el Tívoli. Hay una película que estelariza Alfonso Arau bajo la dirección de Alberto Isaac, “Tívoli”, donde cuentan una dulzona historia del mítico teatro popular.

El Tívoli se inauguró en 1946, del 13 al 15 de septiembre, según el cómico Willy, hijo de “La Guayaba” la grandísima Amelia Wilhelmy, tenía 700 localidades en luneta y también había galería, ahí entraban en montón.

Se iba inaugurar a todo glamour pero ni se presentó la obra anunciada, ni llegaron los invitados, eso sí, estuvieron Fernando Soler, Buster Keaton, Miroslava y la madrina Emilia Guiú. Por este escenario desfilaron el “Cuatezón Beristáin, Medel, el Ojón Jasso, Tongolele con su espectáculo “las Mangoleles”, Benny Moré canta una canción celebrando a las encueratrices: “Me gustan todas las mangoleles, Yara, Sumui Key, Fridé y uno se vuelve loco por comerse a Kalantán pero la Tongolele me gusta más…”, había vida nocturna, digo, qué tanto es tantito.

Quién durmió en este palacio

Armando Ramirez

EN 1779 LOS CONDES DE SAN MATEO DE VALPARAÍSO Y MARQUESES DEL JARAL DE BERRIO, COMPRARON una casona en la calle de Plateros, la derrumban y en su lugar construyen un palacio, ese palacio con el tiempo se llamará el Palacio de Iturbide.

Estos aristócratas eran ricos, también fueron los dueños del llamado Palacio de los Condes de San Mateo de Valparaíso. El edificio está ubicado en la esquina de Venustiano Carranza e Isabel la católica. Ahora el Palacio pertenece a Banamex.

Pero el Palacio de Iturbide guardó un extraño destino para los que ocuparon esta casona, primero fue el sanguinario general del Ejército de la Nueva España, Félix María Calleja, quien durante la guerra de Independencia combatió a los insurgentes, se cuenta que Calleja cuando llegaba a un pueblo que era simpatizante de la insurgencia agarraba cinco o diez varones y los fusilaba; este negro personaje luego fue Virrey de la Nueva España, y al regresar a España sufrió cárcel.

Después de él llegó a ese palacio el general del Ejercito realista, don Juan de O’Donojú, con mucho poder, pues el virrey en ese momento era interino, fue él quién firmó el Acta de Independencia representando a la corona española, pronto los desautorizaron desde Madrid, aunque que lo hecho estaba hecho. Pero murió de forma extraña a los 57 años, se dice que de pleuresía, pero había mucha gente que sospechaba que había sido envenenado.

Luego llegaría con inquilino Agustín de Iturbide, quien con O’Donojú había firmado el Acta de Independencia del país. Agustín adquirió un prestigio tremendo y una gran popularidad con la gente. La Güera Rodríguez, que era la amante de Agustín le aconsejó que se aprovechara para coronarse emperador de México, con el apoyo de la iglesia.

Iturbide se coronó emperador de México, pero el gusto le duró 6 meses, fue derrocado, huyó del país y cuando regresa lo fusilan. Ahora este edificio se le conoce por el Palacio de Iturbide, y alberga el Museo del Banamex, digo, total, qué tanto es tantito…

Pan de Muerto en la Guerrero

Armando Ramirez

LA NETA DE LA CORNETA DEL PLANETA DE LAS CALACAS, CALAVERAS, TILICAS, HUESUDAS, PELONA catrina, tienen sus manjares que aparecen en la temporada de los fieles difuntos, huelen a flor de azahares y a anís, va azucarado y nos recuerda una tradición de los aztecas.

El pueblo guerrero hacía una especie de pan con el amaranto teñido de rojo sangre, le pellizcaban para que apareciera un pico y le cruzaban unas canillas, huesos de humanos en cruz, dicen los que saben que simbolizaba el sacrificio de los que morían en la piedra de los sacrificios y que el corazón era ofrendado a los dioses de su panteón religioso, y ese rito es el antecedente del pan de muertos.

El pan de muerto es una especie de loma y es cruzado unas tiras que asemejan unos huesos y en el centro tiene una bolita que simboliza un corazón del sacrificado. Y ahora se come en esta temporada, las panaderías se esmeran por sacar el mejor pan de muertos y estos aparecen en charolas, a la vista, a través de sus vidrieras donde están pintados esqueletos de todo tipo, de frac, de panadero, de barrendero o de algún personaje cinematográfico.

Ir por la calle de Zarco, pasando el mercado Martínez de la Torre, en la gloriosa colonia Guerrero, es como ir a bailar al salón Los Ángeles, al caer la tarde, salen los olores del pan recién hecho, aromas que nos traen viejos recuerdos, son de la antigua panadería con más de cincuenta años elaborando de manera artesanal el pan más delicioso de rumbos. El señor que lleva la voz cantante nos dice que ellos no usan margarina para crear el pan de muerto, que lo hacen con mantequilla, como manda el canon. El panadero está ponchado de tanto ejercicios, con sus brazos potentes le da de masajeadas a la masa y va dando forma a los huesos y al corazón del pan y en charola los mete al horno, a la vez que vigila los bolillos, que casi están, estos en la tarde son mano a la hora de la venta, digo que tanto es tantito

El viejo barrio de Santa Julia

Armando Ramirez

COMO DESDE HACE 80 AÑOS, EN EL BARRIO DE SANTA JULIA LOS VECINOS ESTÁN DÁNDOLE a la tradición guadalupana, por ejemplo, en la tercera de Quetzaltcóatl, cada domingo se reúnen para terminar su diseño del altar guadalupano de este año, estos vecinos son la cuarta generaciones de los iniciadores, quienes les enseñaron a sus hijos, sobrinos, primas, primas, y estos a su vez a sus hijos, etc.

En lo que no están de acuerdo es que al viejo barrio de la Santa Julia le hayan cambiado el nombre y dividirlo en dos colonias, una colonia se llama Tlaxpana y la otra la Anáhuac uno, porque más adelante está la Anáhuac dos, que en un chico rato, la llamarán Polanco antiguo, ya ve que hay Polanco y Polanquito. Y todo es quitarle pedazos a las colonias viejas como a la propia Anáhuac.

Mientras el futuro alcanza a los vecinos del antiguo barrio de Santa Julia, estos se aferran a sus tradiciones, como la famosa del “Tigre de Santa Julia”, que aquí hasta conocen la casa donde vivió el famoso bandolero, en una vieja casona a punto de caerse cerca de San Cosme.

Conmueven la imaginación, la creatividad y la organización de los grupos que en distintas calles siguen creando altares guadalupanos con nuevos diseños, si antes solo era el busto o la imagen de la Morena y después le agregaron figuras como Juan Diego o unos animales o una cascada y apareció el cerro del Tepeyac, en otros dominan el paisaje, le pusieron iluminación moderna y en muchos casos música, pero la arquitectura de la capilla es la que se lleva la mano en esto de hacer artesanía en el barrio.

Todos estos altares abarcan la banqueta: los vecinos se preparan para el 11 de noviembre, a partir de las 9 de la noche llega la música para bailar y los mariachis para las mañanitas a la Virgen, mientras en un temple van pasando los grupos bailables, de salsa o folclor y aparecen los puestos de atole y buñuelos, de quesadillas y sopes o pambazos. Por esa noche el viejo barrio de la Santa Julia es alegría Guadalupana, digo que tanto es tantito

Godínez y Parque Tlacoquemécatl

Foto: MxCity
Armando Ramirez

El parque de Tlacoquemécatl es muy bonito. Se ubica en lo que fue el pueblo indígena Tlacoquemécatl, palabra náhuatl que significa: “El lugar donde se viste de jarillas”. Jarillas son las plantas de donde se fabricaban las flechas para la guerra.

En este pueblo indígena en el siglo XVII comenzaron a surgir ranchos y haciendas como la de San Borja, no se sabe bien si fueron los franciscanos o los jesuitas los que la fundaron, pero sí que fueron los jesuitas los que la hicieron productiva con la ayuda de una tierra fértil, aquí los árboles frutales se daban en abundancia, como los tejocotes, dicen que había tantos, que por eso a una de las calles de la Del Valle se llama Tejocotes.

La hacienda de San Borja, que por ciertos una calle de la Del Valle lleva ese nombre, en 1767 era administrada por la Compañía de Jesús, pero el rey de España había decretado la expulsión de los jesuitas de los territorios de la corona, estos tuvieron que abandonar las tierras de la Nueva España. Y los terrenos pasaron de mano en mano entre particulares hasta la llegada al poder de Porfirio Díaz. Los terrenos se fraccionan surgiendo la colonia que se llamó California, y luego pasó a ser la colonia Del Valle.

El parque de Tlacoquemécatl es el corazón de esta colonia, rodeado de cafeterías y restaurantes donde reinan los Chamorros de Tlacoquemécatl, y cantidad de oficinistas llegan a la hora de la comida.

En una esquina, dentro del jardín, hay una iglesia, frente a ella hay una cruz hecha por indígenas en el siglo XVI, una obra de arte, la pequeña iglesia está pintada de blanco y está dedicada al Señor del buen despacho. Los vecinos me contaron que es el patrono de los Godínez, de los que trabajan en oficinas o despachos, digo que tanto es tantito”.

Calle Madero frívola y con caché

CIUDAD DE MÉXICO, 10NOVIEMBRE2016.- El Festival Internacional de las Luces Filux 2016 fue inaugurado esta noche en diversas plazas de la ciudad de México, como Santo Domingo, el Palacio de Bellas Artes y la calle peatonal de Madero. FOTO: ISAAC ESQUIVEL /CUARTOSCURO.COM
Armando Ramirez

En esa calle tuvo su palacio, cuando fue emperador Agustín de Iturbide

La calle de Madero es rica en anécdotas que contar, una parte de ella, la que daba al convento de San Francisco (solo queda la iglesia del mismo nombre), por eso se llamaba San Francisco, está en ese tramo. Y la parte que lleva al Zó­calo se llamaba Plateros, ahí había muchos comercios de platería y joyerías. Pero ya saben, llegó Pan­cho Villa y le cambió el nombre a la calle, por su admiración a Fran­cisco I. Madero la llamó ¡Madero! Es más, advirtió que si alguien osa­ra cambiarle el nombre, vendría y mataría al irreverente.

Y se le quedó el nombre de calle Madero, en donde tuvo su Palacio cuando fue emperador Agustín de Iturbide, hoy es un museo, y en la esquina, frente a la Profesa, tenía su casa la Güe­ra Rodríguez que lo mismo tuvo en su lecho a Simón Bolívar, a Alexander Humboldt y a Agustín de Iturbide, quien parece lo incitó a ser Emperador de México. Cla­ro, fueron sus amantes de uno en uno y en diferentes años.

En la época de Porfirio Díaz fue la calle francesa por excelencia, ahí había tiendas y comercios de renombre francés, ahí se pasea­ban los hombres y mujeres de las clases altas, personajes extranje­ros y poetas como el Duque Job, que no era otro que Manuel Gu­tiérrez Nájera, quién incluso, como lo traía de una ala una güerita, le compuso uno de sus célebres poemas, en donde la hace cami­nar por Plateros, ahora Madero: “Si pisa alfombras,/ no es en su casa;/ si por Plateros alegre pasa/ y la saluda madam Marna… “. Y en otra estrofa sigue: Desde las puertas de la Sorpresa/ hasta la esquina del Jockey Club,/ no hay española, yanqui o francesa,/ ni más bonita ni más traviesa/ que la duquesa del duque Job”. El Joc­key Club ocupaba la Casa de los Azulejos, y la sorpresa era una de las tantos comercios de esa calle, como el café La Concordia, donde el mismo Duque Job nos dice que desayunaba con champaña. Ni qué decir del gran López Velarde, viviendo en la calle Álvaro Obre­gón, en la colonia Roma.

Para tragones buen lugar para comer

Armando Ramirez

Es un lugar donde hay de todo, mariscos, comida corrida, carnes asadas, carnitas, buen café y hasta unas gorditas

EL MERCADO Lázaro Cárdenas es para tragones. Y no es para menos, hay de todo, mariscos, comida corrida, carnes asadas, carnitas, buen café y unas gor­ditas que son de muy señor mío, el mercado está en la esquina de avenida Coyoacán y Romero de Terreros, en la colonia Del Valle. En la contra esquina del merca­do hay un edificio muy bonito de departamentos, es como de los años 40, con detalles de art decó, en los bajos tiene una antigua car­nicería, una tienda y otros locales comerciales.

La esquina parece sacada de una películas de hace décadas, la Ciudad de México del medio si­glo, cuando la Del Valle se pobla­ba y el tranvía llegaba por estos rumbos, colonia de clase muy me­dia, donde los trabajadores de la oficinas buscan los lugares sabro­sos del mercado es bonito, es bue­no, sabroso y de precios medios.

Fue inaugurado en el año de 1956, como muchos de los merca­dos públicos antiguos, Martínez de la Torre, la Lagunilla, la Merced, etc. Ahora se ve que al mercado le dieron su manita de gato, crea­ron con la pintura juegos geomé­tricos, muy artísticos, las fondas están muy bien arreglada.

En el interior del mercado hay grandes puestos de fruta y ver­dura, acomodados de una mane­ra estética y lo que todo mundo nos platica es de una cafetería que está en el interior, se llama Passmar, tienen buen café y otras bebidas relacionadas con la cul­tura del café, postres hechos a base de café y venden sanwiches y cuernitos o desayunos.

Las gorditas que venden afuera del mercado son de maíz azul con chicharrón y una salsa muy sabrosa, nada más por es­tas gorditas, tragones, vale la pena visitar este mercado, se llama Lázaro Cárdenas, pero la gente le llama como su barrio: Del Valle Norte.

A un lado del mercado hay una reparadora de zapatos, gran­de, donde a la gente que le es­tán reparando sus zapatos, están sentaditos, quietecitos con sus pies encalcetinados, el hombre que atiende es muy alburero pe­ro unas gotas de humor siempre son bienvenidas.

Comimos en una de las fon­das, las meseras guapas y aten­tas, sirven con alegría, en verdad esto se agradece, pedí una mi­lanesa, viene con 3 enchiladas, arroz abundante, nos dicen que las flautas de barbacoa son ex­quisitas. Un buen fin de semana gourmet es este mercado, hay para todos los gustos, digo, que tanto es tantito…

Un político con pata de conejo

Armando Ramirez

COSAS DE LA POLÍTICA, MANUEL ROMERO RUBIO FUE UN POLÍTICO CON SUERTE, ASESOR DE SEBASTIÁN Lerdo de Tejada, quien luchó junto a Benito Juárez. Y la suerte de Lerdo de Tejada favoreció a Romero Rubio. Lerdo fue presidente del país (1872- 1876) y Romero Rubio su asesor: Pero la suerte le cambió cuando Lerdo quiso reelegirse y Porfirio Díaz se levantó en armas y venció a Lerdo.

Entonces Lerdo y Romero Rubio se desterraron a los Estados Unidos y Díaz subía al poder. El asesor de Lerdo no aguantó y regresó al país en el año de 1880. Y con suerte, Manuel Romero Rubio lleva su hija Carmen a una recepción de la embajada americana, ahí estaba Porfirio Díaz y que lo flecha Carmelita. Díaz, como andaba querendón, se casa en segundas nupcias con la hija de su rival político.

Llegó la buena para Manuel Romero Rubio. Porfirio nombra a su suegro secretario de Gobernación, cargo que tuvo hasta su muerte en 1895… cómo cambian las cosas en política. Manuel, de ser asesor de Lerdo, es aecretario de Gobernación y suegro de Porfirio Díaz. Por cierto la colonia Romero Rubio se llama así porque esos eran terrenos de esa familia.

En la esquina de Tacuba con el Eje Central hay una construcción en cuyos terrenos el conquistador Hernán Martín tuvo su casa, premio a su participación en la conquista de Tenochtitlan; era una terreno grande, lo que hoy abarca las dos construcciones de esa esquina, es una tienda de Sanborns, ahí hay una placa donde se lee, que ahí tuvo su casa Hernán Martín. Y en otra placa se lee que en la casa actual vivió el escritor y político Ignacio Manuel Altamirano.

La otra casa es la escuela de la Administración Pública, bello edificio con trabajos en canteras en sus columnas y ventanas y una grandiosa escalera.

En esa casa mítica, que no estoy seguro cuál es, Porfirio Díaz le pide matrimonio a Carmelita. Cosas de la política, no solo basta ser buen político, sino tener una pata de conejo, digo, que tanto es tantito.

El bar Mancera, viaje al pasado

Armando Ramirez

EN LA CALLE VENUSTIANO CARRANZA 19, ESTÁ LA CASA DE GABRIEL MANCERA, EMPRESARIO MINERO, y famosos filántropo, es un edificio de finales del siglo XIX, donde en los altos se lee un nombre: “Gabriel Mancera”.

A esa casa una noche tocaron, eran unos policías que viajaban en un automóviles gris, mostraron una orden de cateo, entraron y robaron los objetos de valor de la familia Mancera.

Era el modus operandi de la Banda del Automóvil gris y una de sus víctimas fue Gabriel Mancera. El país vivía la Revolución y en la Ciudad los generales y los vivales se aprovechaban de la población, como fue el caso de los Mancera, pues en una reunión social a la que la hija de Mancera asistió, también estaba la vedette María Conesa, la Gatita blanca; ahí la hija de don Gabriel descubrió con asombro que la mujer portaba las joyas que le había robado la banda del automóvil gris, y ella de inmediato reclamó las joyas, pero la vedette afirmó que se las había regalado su amante, el general Juan Mérigo, jefe de la Policía capitalina.

Grande fue el escándalo y ahora todos sabían que la Banda del automóvil gris era manejada desde la Policía de la ciudad, pero como siempre, orquestaron ellos mismos la captura de los “verdaderos maleantes de la banda del automóvil gris”, incluso fusilaron a algunos, pero a los principales los sacaron del país.

Don Gabriel Mancera se fue de la Ciudad, vendió el edificio y en 1912 se convirtió en un sitio de lujo, el Hotel Mancera, fue cuando le aumentaron al edificio los dos pisos superiores. El hotel Mancera fue cerrado en el año de 1979.

El edificio se dividió en oficinas, otra parte la ocupa una cantina y del lado contrario está el bar Mancera, una belleza donde el tiempo se ha detenido, un lugar donde los vitrales evocan el afrancesamiento de la época de don Porfirio, un pianista que ameniza las comidas de los parroquianos, en mesas cómodas, iluminadas con una luz tenue, y una barra de madera con vitrinas de cristales de vidrio emplomado es atendida por la primera mujer barman que hubo en la ciudad. Total, qué tanto es tantito…

Con historia un lugar cabalístico

Armando Ramirez

En Pino Suárez y República de el Salvador, se encontraron Moctezuma y Cortés

En la esquina de Pino Suárez y República de El Salvador, hay una iglesia, la de Jesús y un hospital, del mismo nombre; este hospital fue el primero que hubo en Amé­rica, y fue mandado construir por Hernán Cortés para los españoles pobres que estaban mal de salud.

No se sabe si fue a propósito o fue pura coincidencia, porque donde se levanta el hospital y la iglesia es en la esquina de Pino Suárez y República de El Salvador.

Y ahí en esa esquina es donde se dio la primero reunión entre Moctezuma y Cortés, fue el 8 de noviembre de 1519. Llegó Mocte­zuma, como dicen los historiado­res, “en andas”, es decir lo iban cargando en una litera, al tener enfrente a Cortés, que iba en ca­ballo, Moctezuma baja de su apo­sento, naturalmente, vestido con lujosas joyas, telas finas y una pe­nacho que deslumbra, hecho de plumas de las aves más finas que hubieran en estas tierras, además de tener piedras preciosas.

Cortés un pobretón español en busca de fortuna, y deslum­brado por la riqueza del señor de Tenochtitlan, tan solo le ofrece un collar de cuentas de vidrio. El español quiere abrazar a Mocte­zuma pero es contenido por la gente del Tlatoani, Cortés ignora que no se le puede tocar.

Tanto Cortés como Moctezu­ma habían recabado información uno del otro. Cortés sabía que el Tlatoani era un ser supersticioso y temeroso de la profecía que ven­drían hombres barbados de más allá del mar para tomar el poder.

Moctezuma, al ver al español temió y reculó, le ofreció hospita­lidad y riqueza. Y ellos, codiciosos, supieron que podían ser inmen­samente ricos. Lo escribe Bernal Díaz del Castillo en su crónica sobre la Conquista de México, al ver desde el Cerro de la Estrella la Ciudad de Tenochtitlan, era cosa de no creerse lo que veían, parecía cosas de encantados, una Ciudad flotaba sobre el lago cubierta por una suave neblina. Y de la descrip­ción que hace de la riqueza de Moctezuma, nada más faltaba que se le cayera la baba. En un muro de la construcción sobre Pino Suárez hay una copia en cerámi­ca de un cuadro de Juan Correa, donde pintó ese encuentro, y en esta iglesia reposan los restos de Cortés, digo, que tanto es tantito.

El callejón de Tlaxcaltongo

Armando Ramirez

EL CALLEJÓN DE TLAXCALTONGO ES PEQUEÑO, SI USTED CAMINA POR LA CALZADA DE TLALPAN a la altura del Metro General Anaya, no lo verá, a menos que vaya leyendo los letreros que le dan nombre a las calles, el callejón está en la colonia Country Club y es las parte más vieja de la colonia.

Favor de no confundir Tlaxcaltongo con Tlaxcalantongo, este fue lugar donde mataron a Venustiano Carranza, suena parecido pero son diferente. Aquí las familias llegaron a poblarlo a finales del siglo XIX, mucho antes de estuvieran por estos rumbos los estudios Churubusco, y son familias muy antiguas.

Los nietos de aquellos primeros pobladores, se acuerdan de cuando eran niñas y niños y conocieron el río Churubusco y que jugaron en sus aguas, era un río de aguas cristalinas, claro, mucho antes de que lo entubaran, de cómo pasaba el tren e iban al parque de la Pagoda cuando este jardín tenía un enorme “castillo” así le llamaban ellos a la construcción estilo japonés que tenía tres piso, todo de madera, y a pesar de que no tenía escaleras, estaba muy alto el primer piso, subían para ver el “castillo”, pero cuentan que unos drogadictos lo incendiaron.

En ese jardín filmaron películas de César Costa, Enrique Guzmán, Angélica María y nos cuentan que había una feria que duró años y que Enrique Guzmán, Angélica María, César Costa y Manolo Muñoz, iban a la feria a subirse a la rueda de la fortuna y que los niños les pedían autógrafos, porque, dicen, “no eran creídos”.

Y donde están las gasolineras, el Metro dividió, ahí había un glorieta y en ella la estatua del general Pedro María Anaya, aquel que en la invasión norteamericana defendió el convento de Churubusco.

La estatua ahora se encuentra en el jardincito del Convento de Churubusco, dicen que iban a la escuela del lado poniente y cruzaban la avenida sin problemas no había tantos autos, y junto con el callejón De Mila, organizan sus posadas en diciembre con procesión, piñatas de barro y las letanías, como las celebraban sus abuelos, digo, son rinconcitos de la ciudad que siguen existiendo, total, qué tanto es tantito.

Diferentes tipos de tianguis

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Armando Ramirez

Nada más de curiosear por ahí, se encuentra los recuerdos, como a todos los que crecieron en los barrios, sea el de la San Felipe, el del Salado o el que usted quiera y mande, porque ahora han crecidos los tianguis por toda la ciudad y se han ido transformando. El que recuerdo es el que la gente recorre para encontrase un objeto viejo o grandes obras de arte de la vida cotidiana que fueron de alguna familia importante que las heredó, unas figuritas de porcelana, unos ceniceros de latón, pero art decó, unas camas de la época de la Revolución, etc.

Ahora en cualquier parte hay tianguis de fin de semana y llegan de otros lugares y colocan la mercancía donde les dio permiso la autoridad y ahí van por montones las familias a los tianguis; son enormes restaurantes públicos, y principalmente los sábados, las familias buscan qué comer: como los tlacoyos, tan exquisitos, los de requesón o de haba, frijoles todos haciendo en el comal les echan sus nopales, su salsa, cilantro y queso espolvoreado en garnachas son reyes.

Luego vienen las compras del súper, carne fresca, el pollo, etc. Los puestos de perfumes que están de moda, los tenis de quién sabe dónde pero que se parecen a los que usan las estrellas del deporte y la ropa de moda, por supuesto que todavía están las películas blu-ray, locales de comida orgánica, de repente aparece un yerbero o esotérico o un puesto de libros.

En cambio el tianguis de la Portales, es el de antigüedades, se pueden encontrar desde charolas antiguas que regalaban las cerveceras y refresqueras, una máquina de coser como las que usaban las abuelitas, hasta una pintura con el recuadro maltratado, será de un pintor reconocido y la vendo en un billete. Digo que tanto es tantito.

Los de Ramiro para darse un buen taco

Armando Ramirez

El lugar es famoso y hasta boxeadores recibe, es un clásico para los sibaritas

RAMIRO tiene más de cuarenta años de hacer los mejores tacos de tripa y de hígado en Tepito, es un clásico para los sibaritas del Centro Histórico y visita obligada de la gente que va a comprar al barrio, pues pasan a su negocio como si fueran a la pila de agua bendita de su iglesia favorita.

Es chaparrito pero picoso, di­ce que sus tacos tienen seguro médico y dura hasta que llegan a su casa, después él no se hace responsable, suelta la carcajada por la broma. De niño aprendió a boxear, el barrio es bravo, lo aga­rraban de barco, y después de las lecciones les aguantaba diez rounds aunque siguiera perdiendo pero les daba sus moquetes.

La carne con que hace sus ta­cos la encarga al estado de Tamaulipas, mientras vemos cómo las tripas se fríen y van cambian­do su color hasta alcanzar un do­radito que indica que están como chicharroncitos, se comen con una salsa roja o verde que les da más sabor. Las mesas del lugar están ocupadas en su mayoría por familias o parejas que andan en veremos, casi todos llevan bolsas de plástico grandes, de color negro, llegan de los muni­cipios conurbados o de colonias populares, aunque hay uno que otro estudiante de sociología.

También hay tacos de cecina enchilada, pero los que más sabrosos me saben son los de hí­gado encebollado; los trozos son carnosos y tienen ese sabor del buen hígado, maridado con la cebolla, y freídos en su punto, eso sí excuso decirle que aquí la gente no se come uno o dos o tres tacos, van de seis para arri­ba, y la mayoría los acompaña con cerveza de las fuertes, coca cola o café.

Ramiro canta boleros clási­cos como Tus ojos me enseña­ron lo que es ternura… o Como un rayito de luna, y a la gente le gusta su estilo con voz ento­nada, y al dejar de cantar nos cuenta que antes por aquí lle­gaban a comer tacos boxeado­res y gente famosos como José Medel y a veces Rubén Oliva­res, Mantequilla Nápoles o el Flaco Guzmán, bueno, hasta cuando fue candidato Ricardo Monreal, ahora flamante sena­dor por Morena, llegó a darse su taco comiendo unos tacos de tripa entre el pópulo…

El lugar está en la calle de Aztecas, a media cuadra del Eje uno norte, donde hace años Cornelio Reyna filmó una pelícu­la. Y Ramiro se acuerda de “me caí de la nube en que andaba”, la gente comía tacos, digo, qué tanto es tantito…

San Pedro Atocpan un pueblo de tradiciones

Armando Ramirez

Disfrute del mole, el pulque y lo tamales de frijoles, características de este lugar

ATOCPAN SIGNIFICA TIERRA HÚMEDA, fértil, y así es la tierra de San Pedro Atocpan, tierra de gente creativa, con imaginación para inventarse su tradición, las de los diferentes moles que elaboran la mayoría de familia en este pueblo bendito, perteneciente a Milpa Alta, al sur de la Ciudad de México.

Cuando tenga tiempo conozca este pueblo mágico con su convento e iglesia de San Pedro Apóstol, inició su edificación a la mitad del siglo XVI, se siguió todo el siglo XVII y los terminaron entrado el siglo XVIII, les digo, si de convento y templos se trata en la Nueva España, se tardaban un poquito en levantar sus edificios religiosos pero les quedaban de peluches, tan es así que crean un estilo que deriva del barroco europeo, si allá se recargaban en su decoración de formas y figuras, acá, era como si fuera la decoración de un pastel de XV años, no quedaba espacio alguno, todos los retablos están ocupados por figuras de santos, formas vegetales, símbolos religiosos y con un poco de evocación de la geometría de las pirámides y así tienen el churrigueresco o barroco novohispano.

Así es el mole que hacen en San pedro como el barroco mexicano, las familias del pueblo elaboran sus moles con más de 40 ingredientes: chiles, cacao, comino, clavo, almendra, canela, galletas y plátano macho, llaman la atención las pencas de plátano macho en los molinos donde las familias van a moler sus recetas, es una calle cercana al mercado, ahí se suceden los molinos y los ingredientes en tinas que lleva el mole, sus olores llegan a la calle.

Por cierto cerca de esta calle está otra que lleva al panteón del pueblo y le llaman de “iras y no volverás” adivine por qué.

Entrando al pueblo está la calle de los comercios con el mole en polvo en enormes cazuelas de barro y las abuelitas orgullosas de s u s recetas secreta, las probaditas de mole lo dejan a uno babeando, muy sabrosos los moles. Ah y un pinole para hacerse con leche y agua, otro poquito de cacao y canela, uy, esa receta me la dio una abuelita de ahí.

Alrededor de la plaza de san Martín Caballero con su austera iglesia de 1560, hay restaurantes con ventanas y balcones con vista a la plaza, ahí puede saborear el mole, el pulque y los tamales de frijoles, digo, que tanto es tantito.

 

De toreros a… el sitio para los hipsters

Decenas de personas van a divertirse todos los días. Foto: Especial
Armando Ramirez

Es un lugar mítico de la noche en la Ciudad desde hace varias décadas, es famosa su rifa del pollo, su ambiente vetusto, polvoso con grandes trajes de luces de toreros, como Eloy Cavazos, Joselito Huerta o Manolo Martínez, de su lienzo sobre una de las paredes del escenario, es una escena de la canción Huapango torero: “rumbo hacia los corrales,/ se ve un chiquillo que va resuelto,/ El quiere torear un toro,/ su vida pone por precio…”

En el lugar se siente la nostalgia por un mundo que desaparece en la ciudad, la fiesta de los toros, imagino que cuando se inauguró La Faena los toreros eran grandes estrellas y fueron capaces de donar esos hermosos trajes de luces, ahora los parroquianos que frecuenta el lugar es muy difícil imaginarlos ser aficionados.

La Faena se encuentra en los bajos del edificio Gabriel Mancera, su entrada es larga y sus muros están tapizados con mosaicos con frases picantes, el lugar tuvo mejores tiempos, al llegar al salón se ve al fondo la barra y en las columnas están colgadas vitrinas que resguardan los trajes de luces, los parroquianos, muy pocos miran hacia las vitrinas, piden cervezas, son en su mayoría jóvenes, si no hipsters querrían serlo, y llevan jovencitas que toman al parejo, ellos no podrían imaginar la de anécdotas que tiene el lugar, todavía los antiguos las cuentan, como la de Chelo Silva, que no era Chelo Silva, la legendaria cantante chicana.

Por los años noventa la Faena intentaba reverdecer viejos laureles y le dio por presentar una variedad, se les ocurrió revivir a Chelo Silva, quien había fallecido tiempo atrás, la anunciaron como vivita y coleando, el lugar se abarrotó pero quien se presentó fue una imitadora, cantaba los éxitos de Chelo Silva: Hipócrita, Una lámpara sin luz, Como un perro. Chelo es el antecedente de Paquita la del barrio, pero más raspa, con voz de cantina con sínfonola, el público no se sintió defraudado y hasta participó en la célebre rifa del pollo. La rifa del pollo frito se realiza a la medianoche, cuando hace hambre, al ir cantando los boletos se hace fiesta, hasta que dan al ganador, digo, qué tanto es tantito.

Sullivan, de noche y de día

Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

La calle de Sullivan en la colonia San Rafael, es legendaria de noche, ahí trabajan las hetairas, las bellas de noche, calle a donde los chilangos ansiosos se pierden en la oscuridad de la noche para encontrar sus cinco minutos de placer, pero la calle de James Sullivan es más que las noches cálidas.

Aquí estuvo una estación de ferrocarriles, la Estación Colonia, antes de que existieran las calles de Sullivan, fue en los tiempos de don Porfirio Díaz y un poco antes, esta Estación Colonia conectaba hasta Nuevo Laredo.

Gracias a un gringo, un empresario aferrado a su visión de que el negocio era bueno, se llamó James Sullivan y llegó a México por 1860 para convencer a los gobiernos de la época que se construyeran líneas de ferrocarril hacia los Estados Unidos, se lo propuso a Manuel González, a Lerdo de Tejada y a Porfirio Díaz. Y sí construyó su estación y talleres Colonia, en donde ahora está una unidad médica del IMSS que por cierto se llama Colonia. Las instalaciones llegaba hasta Reforma e Insurgentes.

Ahora ya saben por qué la calle se Sullivan recibió el nombre de James Sullivan, pero esta calle tiene sus atractivos, de día está la ANDA y su teatro Jorge Negrete, en la calle de Altamirano que se asoma a Sullivan. Un poco decaída la Asociación de Actores pero se ve a viejos actores ir a las oficinas de la ANDA.

Más adelante, esquina Rosas Moreno, está la Gayosso, ahí el gran caricaturista Rius, el de los supermachos, trabajó cuando era un joven y en sus ratos libres creaba sus caricaturas que lo harían célebre.

Y está el Jardín del Arte, ya saben, las galerías, si no son famosos los pintores o escultores es difícil que exhibían las obras de artista jóvenes, por eso en el año de 1955 se creó con artistas desconocidos el Jardín del Arte, ahora por diferentes rumbos de la ciudad hay un Jardín del Arte.

En frente está el Museo del Eco, donde se celebra la obra de Mathias Goeritz, creador de las Torres de Satélite, este artista mexicano de origen alemán, antes que el museo ahí estuvo el Teatro de Cleta.

Y no les cuento del Monumento a la Madre los sismos del 9/17 le pusieron en su mandarina a la estatua a la Madre, bueno, esto es un poquito de lo que hay en la calle de Sullivan, de día, jóvenes, digo échenle un ojito, qué tanto es tantito

Leyendas de la Doctores

Armando Ramirez

LA COLONIA DOCTORES EMPEZÓ A FRACCIONARSE EN 1899 Y SE LLAMÓ EN PRINCIPIO COLONIA HIDALGO

De ahí que su mercado todavía se llame Hidalgo, pero en 1906 donde Porfirio Díaz inaugura el Hospital General y las calles a su alrededor recibieron nombres como el del doctor Liceaga o doctor Vértiz, Barragán, Lucio. Y la gente empezó a llamar a ese barrio colonia de los doctores.

La primera calle de esta colonia fue la de Pajaritos, era un callejón muy cercano a la fuente del Salto del agua, hoy se llama doctor Valenzuela y es una calle larga. Por cierto, en Pajaritos se encontraba una casa de chicas malas, las de madame Rassimi y cerca estaba un burlesque recatado, muy atrevido para la época, el baile del Can can hacía desmayar a las damas de la vela perpetua.

Tal vez con estos antros comienza la tradición de lo cabarets en la doctores, que junto a la colonia Obrera formaron la zona de diversión nocturna más legendaria de la Ciudad, hojas Petra. En la Doctores estaban el cabaret Leda, el Balalaika, la Burbuja, el Tranvía, donde Nancy Green y Claudia Tate causaban furor con su sensualidad, estos lugares dieron fama a la vida nocturna a la colonia, donde taxistas y parroquianos iban hombro con hombro a los lugares celestiales.

La Doctores también tuvo sus cines legendarios, ¿quién se podrá acordar del cine Titán o del Maya o el Edén? Este terminó llamándose Almoloya, en plena decadencia de los cines grandes. Y cómo olvidar el cine México, sobre avenida Cuauhtémoc, ahora son unos elegantes departamentos, frente a la desembocadura de la avenida Álvaro Obregón, cine peculiar compartía sus estreno con los vecinos de la Doctores y la colonia Roma.

Y el cine Internacional, de espeluznante recuerdo, estaba en la calle de doctor Liceaga y Carmona y Valle, que junto a las oficinas de la Secofi se cayeron en los sismo del 85, ocupaban el terreno de lo que ahora es el jardín Ignacio Chávez, enfrente del jardín están los “Soldominios”, edificios de condominios, que en los sis – mo del 2017 quedaron dañados, barrio al fin la Doctores. Qué tanto es tantito.

Del miedo al agua, al baño público

Armando Ramirez

QUE CHISTOSA ES LA CIVILIZACIÓN, AUNQUE USTED NO LO CREA A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII, LA GENTE le tenía miedo al agua, no eran como los aztecas que felices vivían con el agua, no practicaban el aseo del cuerpo, fue hasta finales del siglo XVIII cuando se discutía en Europa y por influencia en México si se debían de lavarse la cara o solo limpiarla, pensaban que si usaban el agua podían dañar la piel con el frío y el sol.

Es cuando se descubre que la limpieza evita las infecciones en los hospitales, entonces nadie tiene miedo de bañarse o lavarse el cuerpo y surgen un montón de métodos que en la ciudad de México, claro, los riquillos son quienes las usan, por ejemplo el “baño de esponja”, es decir una tina con asiento donde se sentaba el individuo y se tallaba la piel con una gran esponja.

Este tipo de baños eran para curarse de una infección, una diarrea, y estaba el baño para los pobres “de lluvia”, colocaban un bote en lo alto le hacían unos agujeros y se bañaban. Con el tiempo llegó el baño de vapor y las bañeras, ahí estaban las “bañeras de caderas”, eran unas tinas redondas con un respaldo alto y a los lados unas coderas para que la señorita descansara mientras su cuerpo recibía el agua caliente en las partes claves del cuerpo humano. O la tina de “baño de zapatilla”, era la favorita de las mujeres, era lo mismo pero tenía un asiento más cómodo, una forma de zapatito, la gente ahí cabía más cómodamente.

Llegaron los baños públicos muy fifís, como los famosos Vergara, estaban en lo que hoy es la calle de Bolívar, en lo que fue el convento de Betlemitas. Estaban las Albercas Pane, propiedad de un italiano que puso de moda entre las mujeres las albercas y los baños de vapor, turcos y mesas de masaje.

Los baños públicos fueron tan famosos que los invadieron los gays, entre ellos Salvador Novo, Elías Nandino, Xavier Villaurrutia que iban a los baños Bolívar a cazar jovencitos, así y el progreso perdió prestigio el baño público, total, que tanto es tantito

En el Centro hay de Cantinas a otras Cantinas

Historia pura la que existe en el Centro Histórico. Foto: Especial

Cantina por excelencia es el Salón España, en la esquina de Argentina y González Obregón, lugar de regodeo de los estudiantes del viejo barrio universitario, por los estudiantes de la escuela de Jurisprudencia. Los de Odontología iban a la desparecida cantina El Nivel, en la calle de Moneda. Ahora la frecuentan periodistas, maestros jubilados, burócratas con sueños de antrólogos y guías de turistas; esta cantina tiene el aristocrático sabor de las viejas cantinas del centro, con su local de tortas a lado, también van trabajadores y luminarias del Colegio Nacional, donde los chamorros de los viernes son una delicia con una salsa de Dios mío, y una cerveza bien helodia,  a veces se juega dominó.

Una que se modernizó y por poco pierde su clase es la Peninsular, en la calle de Corregidora y la Alhóndiga, dicen que se fundó en 1872, y se proclama que desaparecida la cantina El Nivel es la más antigua de la Ciudad; llevan grupos musicales con cantantes de buen ver, es un buen cotorreo.

En la calle de Jesús María esquina con Moneda, a espaldas de la escuela de San Carlos está La Potosina, aunque en el barrio le llaman la “Potrosina” es refugio de viejos atlantistas, cuando los potros de hierro juegan está a reventar, hay tele de paga, se hace la chorcha y hay chamorros.

Otra clásica es El Gallo de oro, fundada en 1874, se juega dominó, hay buena comida, es una lugar cómodo y amable, está en la calle de Bolívar y Venustiano Carranza. iNo puede faltar en este breve recorrido, en la calle de Independencia y Dolores, la cantina del Tío Pepe, bellísima cantina, como las de antes, con su barra de madera.

El mercado de la Río Blanco

Armando Ramirez

ESO COMELONES, sibaritas del asfalto, gourmets de la CDMX les traigo grandes noticias en el mercado de la Río Blanco andan de pipa y guante y el mostacho crecido, entra uno al mercado por Congreso de la Unión y nos deslumbra un local de carnes frías y no sé qué tantas cosas, muy moderno, ya no hay aquellas planchas de granito frías y amarillentas, ahora son locales, la neta, modernos, el local de una de las locatarias más antiguas da gusto ver cómo coloca en pirámide sus verduras: jitomate, calabazas, frutas: naranjas, peras, mangos, serían la inspiración de la pintora Olga Costa, tiene una obra maestra, la belleza de una vendedora de fruta en su puesto, el cuadro está en el Museo de Arte Moderno.

Así de bello se ve el puesto de una de las locatarias más antiguas del lugar. El mercado tiene su mural dedicado a Yacatecuhtli, el Dios Azteca del comercio, los pasillos están limpios, se puede caminar sin tropezarse con diablitos o botes de basura, ni resbalarse, además no están por secciones, las verduras, los abarrotes o carnicerías no están separados, están revueltos en orden y le dan más vida al mercado de la Río Blanco.

Tienen wifi gratis y cámaras de vigilancia, las carnicerías adquieren esa belleza de la carne fresca que inspira a las amas de casa a preparar un caldo de olla o carne en pipían, carne fresca que no encuentra en el super, las frutas y verduras frescas y nutritivas ahora que están de moda las dietas aquí los esbeltos serán felices a bajo precio.

Y para mis cuates tragones encontré en el mercado de la Río Blanco un local de tacos de tripa, los de don Jesús Díaz, también tiene tacos de suadero y chorizo, de dios guarde la hora, todo está preparado al estilo de Chavinda, Michoacán, de donde es don Jesús Díaz.

Los tacos de tripa no tienen matraca, además de su peculiar sabor, le echan una salsa de chile habanero hervido, también tienen salsa de chile habanero asado y un guacamole con chile manzano y hay racimos de pápalo y cebollas en rajas con chile manzano, rebanadas de pepino con la receta secreta de chile molido al estilo Chavinda, Michoacán. uy, y las tortillas calientitas, el trato amable, me dan otro de tripa doradita, no se manchen los dedos que los tacos son de etiqueta, se los recomiendo, como me los recomendaron unas trabajadoras, digo que tanto es tantito.

Inquilinos de Palacio Nacional

Mexico, National Palace, El Zocalo front entrance..
Armando Ramirez

E invita a la gente de la Real Audiencia y a la cárcel Real a que ocupen las casas de Hernán Cortés, hasta los comerciantes llegaron, la carnicería, la panadería, un tianguis como el de la san Felipe.

Era choncho el Palacio que ya se llama de los Virreyes; temían que una rebelión indígena los agarrara dormidos. El Palacio tenía torreones para vigilar, eran las primeras casas en la nueva ciudad y pasarían años para que las casas novohispanas fueran barrocas.

En el siglo XVII el Palacio de los Virreyes sí luce su poder y la aristocracia, se pavonean con sus mejores galas. El Virrey tiene en su alcoba un balcón, Palacio es una fiesta, hasta una plaza de toros construyeron por los ahora rumbos de la calle de Correo Mayor, pero en 1624 lo que llamaban la plebe se subleva contra el Virrey Diego Carrillo de Mendoza, huyó del Palacio y saquearon sus aposentos y lo que encontraron.

La gente en 1692 se vuelve a levantar y queman el Palacio, había escases de granos, y el hambre es canija y más quien la aguanta, se enfrentaron a la guardia que disparó y mató a una persona, se encabritaron e incendiaron el Palacio.

Casi todo el siglo XVIII el Palacio se convirtió en un tianguis más grande que el de la san Felipe, tenían lugar para jugar gallos, naipes, pulquería y buen pulque hace reventón. Aquello era uno de olores y sabores, barroco hasta la nausea. Y llega el Virrey de Revillagigedo, sacó a los comerciantes del Palacio, lo embelleció, a la Ciudad, a la Alameda Central, las casas novohispana se convirtieron en palacio, es decir con Revillagigedo la Ciudad adquirió la fama de la Ciudad de los Palacios, fue un Virrey chido.

Pero llega otro Virrey y deja a los comerciantes tomar la plaza, hoy el Zócalo y otro tianguis inmenso, cabían el Parían, la plaza del Volador. Y que llega la Independencia y Palacio tendrá nuevos ocupantes, como Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, digo, que tanto es tantito.

En la Guerrero, antojitos para fin de semana

Armando Ramirez

EN LA COLONIA GUERRERO son jefes, gourmets de 5 estrellas michelín, sibaritas del asfalto chilango, no es por nada pero hay antojitos para levantar a un crudo, un desvelado, satisfacer a un tragón o a los amorosos. En esos locales hacen cola para degustar sabrosas milanesas, una pancita, un pan recién hecho, un café cortado, unos pulques en jícara para satisfacer al azteca que lleva uno dentro, cocteles tarántulas que rebozan de cangrejos, ostiones, camarones, aguacate y aceite de oliva para dárselas de supermacho.

La colonia Guerrero es donde las águilas devoran los antojitos, vale la pena ir. Dese una vuelta por la esquina sibarita de chilangolandia, aquí encontrará muy sabrosos tamales, esplendidas orejas de elefante pero lo que se lleva la mano del sabor son Los Machetes, y no los que usan como los cañeros para cortar la caña, no, pero son igualitos de forma y de tamaño, haga de cuenta que es una inmensa quesadilla con la forma de un machete, y esa extensión cabe lo que sea.

Como diría el Quijote a Sancho, cuando éste le dice que están ladrando los perro y el Quijote contesta, Sancho es señal de que estamos vivos. Así quedan cuando devoran los machetes de Amparito.

Es la esquina sibarita, Héroes y Luna, todo es cosa que se pare y ojo avizor, en tre los locales que se ofrecen para degustar verá donde el respetable hace cola y no respira, nada más se mueven cuando le anda de la pipí y es que de ver cómo preparan los machetes, da hambre.

Doraditos, crujientes, rellenos de requesón, quesillo, carne, hongos, flor de calabaza, huitlacoche, lo que usted quiera y mande, al fin ustedes son gourmets, expertos en almorzar. En el local de Amparito las mujeres son luchonas, saben acomodar el relleno, eso sí, hay que ser valientes para acabarse un Machete, son enormes y abundantes, la neta de la corneta del tragón, muchos de los comensales comparten y más si son noviecitos o se despertó la pareja con mucha hambre después de una noche farragosa de amor y las familias en sabadito hacen almuerzo familiar, digo, cómase uh machetito, y sabrá lo que es amar en chilangolandia, digo, que tanto es tantito.

Como la vieja Lagunilla

Armando Ramirez

Se va sorprender por los puestos de antigüedades que hay sobre el piso y alrededor de todo el Jardín Ignacio Chávez, haga de cuenta, llega a un mercadito árabe y hay cada personaje de novela, hay una señora grande, rubia, bonita, con su piel arrugada pero no deja de ser hermosa, se llama Casandra y es de origen griego, le vende timbres a los coleccionistas.

Recorriendo el tianguis de la Cuauhtémoc, encontré un hermoso mueble para escribir cartas como se estilaba, un escritorio secret, luego una lámpara de las que usaban a principios de los años 20, imaginé al Presidente Sebastián Lerdo de Tejada escribiendo a la jovencita Manuela o el secreter de viaje de don Benito Juárez y no sólo me mostraron eso, sino una taza y un plato de porcelana hecho en Londres.

Es un gran bazar, encuentra al cuate que vende discos de vinyl, la de gente joven que se arremolina para tener los discos de Black Sabbath y, muchos coleccionistas buscando los discos de Mike Laure o los Tribunos o Frank Sinatra, este jardín los sábados y domingos es un mundo de nostalgias.

No sabía que hay gente que colecciona los juguetes de la Matei y ahora tan de moda las portaviandas, jarras, pocillos de peltre, frascos de los perfumes, es un gozo recorrer este tianguis, me gusta mucho porque me hace recordar a la vieja Lagunilla, cuando todo lo que se vendía eran antigüedades o curiosidades, no que ahora visitar la Lagunilla a excepción los libreros de viejo que están sobre el eje norte 2 y ahora una parte de anticuarios, cada vez son más arrinconados por lugares que venden micheladas, bisutería china; que bueno que este tianguis de Cuauhtémoc conserve la esencia de este tipo tianguis bazar, digo que tanto es tantito.

16 de septiembre e Independencia

Armando Ramirez

La calle 16 de septiembre celebra el inicio de la lucha por la Independencia y la de Independencia, la consumación. Septiembre es el mes de la patria y conviene recordar las calles que celebran la Independencia, las que ganan son las de Miguel Hidalgo, no hay centro histórico de cualquier ciudad de la República que se respete que no tenga su calle Hidalgo y ni que decir de Independencia o 16 de septiembre.

Y como el Centro Histórico chilango se respeta, tiene su calle Hidalgo, está en las orillas del Centro Histórico, allá por la Alameda Central y a espaldas del Palacio de las Bellas Artes, prolonga la calle de Tacuba, que cruzando el Eje Central se llama avenida Hidalgo. La calle 16 de septiembre está en el mero corazón comercial, donde se encuentra el Gran Hotel de la CDMX, que fue concebido en tiempos de Porfirio Díaz como el último grito del progreso afrancesado.

Se dice que Carmelita, segunda esposa de Porfirio se pasaba las tardes en el Centro Mercantil buscando qué garrita le quedaba, no era como alguna célebre profesora o propietaria de caserón en las Lomas, Carmelita vivía en el Castillo de Chapultepec con su viejo hasta que se los llevó el Ypiranga a Francia.

Ahí comienza la calle 16 de septiembre, llena de comercios, es más, ahora hay tiendas de japoneses, no de chinos, ¡japoneses! Digo si son japoneses debe estar bien hecho, aunque sean bisutería.

16 de septiembre termina en el Eje Central pero la calle sigue y se llama Independencia, ahora tiene un montón de edificios nuevos, los hoteles que estaban antes se cayeron en los sismos de 1985 y hay un barrio chino de peluches y un teatro Metropolitan que da espectáculos de tutti frutti, por cierto, échese una vueltecita por este barrio, en Independencia y Marroquí hay un lugarcito japonés, más o menos barato, para un día de quincena, tienen un menú de verdadera comida japonesa, digo, que tanto es tantito.

Pueblo que fue ladrillera

Armando Ramirez

Y que con la evangelización y el tiempo ha ido desapareciendo.

Xochimanca significa: “el lugar donde se ofrecen flores”, aquí los indígenas se dedicaban a la agricultura y a la pesca cuando el lago llegaba hasta estos lares, al caer Tenochtitlan los evangelizadores franciscanos construyen la iglesia dedicada a San Lorenzo Mártir, su fecha de construcción genera dudas, si fue a finales del siglo XVI o principios del XVII, lo cierto es que tiene cuando menos 400 años de existencia, como asegura Héctor Vega Álvarez, originario del lugar.

Testigo de la antigüedad prehispánica es el basamento reconstruido que se encuentra en san Pedro de los Pinos y es que Xochimanca no es el único pueblo indígena de la colonia Del Valle, están los pueblos de Tlacoquemécatl, Mixcoac, Xoco, Santa Cruz Atoyac.

Los vecinos originario del pueblo de Xochimanca, se afanan en conservar su identidad ante la modernidad que los avasalla, todavía a mediados del siglo XX era un pueblo vivo, desde el centro del jardín se adivinan Insurgentes sur y Félix Cuevas, con sus edificios altos y los de departamentos que lo rodean, las calles de fresas y manzanas bordean al jardín, sus nombres nos recuerdan que este lugar hace honor a su nombre Xochimanca, la tierra era fértil, se daban árboles de tejocotes, perones, capulines.

Don Héctor cuenta cómo cuando era niño veía a las familias que vivían en los hoyos de las ladrilleras, recordemos que cruzando Insurgentes sur por la colonia Noche Buena, donde se encuentra la Ciudad Deportiva, está la Plaza México y el Estadio Azul que donde se construyeron fue una ladrillera.

Ahora lo que queda del pueblo es esta iglesia de San Lorenzo Mártir con sus fiesta de cada año y unos vecinos que quieren no se olvide este pueblo indígena llamado san Lorenzo Xochimanca, digo que tanto es tantito.

Plaza de Loreto viejo centro muy europeo

Armando Ramirez

En este centro los españoles llegaron con sus tiendas, sus cantinas y sus hoteles de paso

LA PLAZA DE LORETO ES UNA VERBENA, no importa que la iglesia de Loreto esté cerrada, parece que resultó muy dañada en septiembre del 2017, ya saben la historia de esta iglesia de im­ponente cúpula que diseñó Ma­nuel Tolsá, desde que se estre­nó comenzó a inclinarse, como borrachito se ha ido de ladito, todavía hace año y medio podía entrar y parecía que una fuerza gravitacional lo jalara de lado.

Es la construcción que domi­na la plaza donde los invidentes ofrecen sus servicios para que los chilangos aflojen el cuerpo que llevan tenso por el estrés, con su tacto reconocen mejor dónde el cuerpo está “anudado” y distender los músculos tensos.

En la esquina de Loreto y Justo Sierra, la continuación de Donceles, hay dos sinagogas, testimonio de lo que fue el barrio de los judíos, en calles como Aca­demia, Jesús María, San Jeróni­mo llegaron a vivir hombres que venían de Europa. Los sefarditas hablaban una especie de español antiguo y vendría de España o de Bulgaria, por eso una de las sinagogas es de rito sefardita y la otra sinagoga es del rito askena­zi, son judíos que hablan una len­gua influida por el alemán, vinie­ron de Alemania, Polonia, países del centro de Europa.

En los años treinta tenían su carnicería y panadería kosher, los domingos se reunían en sus sinagogas, de esas familias que habitaron el centro provino el periodista Jacobo Zabludovsky, no por nada quiso tanto a La Merced, su barrio.

En el Centro hubo varios lu­garcitos de comida libanesa, en varios aspectos usan los mismos elementos que la comida de los judíos, son culturas del Medio Oriente y en el Centro Histórico es común ver en el Al Andalus comer a judíos y libaneses.

Los libaneses tienen su igle­sia, la de Balvanera, en la calle de Uruguay, donde se venera a San Charbel, dicen, es el santo favori­to de Carlos Slim, recuerden que su familia tenía su negocio en La Merced.

En este Centro los españoles llegaron con sus tiendas de aba­rrotes, sus cantinas, sus hoteles de paso. Y ahora los oaxaqueños llegan con su queso, sus tlayudas, sus nieves y mezcal y los jarochos con sus ostionerías, eso sin con­tar a la comunidad armenia que también anduvo por acá o los chi­nos y ahora coreanos y japoneses digo, el Centro Histórico, siem­pre ha sido multicultural, hay de todo, digo, qué tanto es tantito.

En zona histórica Leona Vicario hasta el santo

Armando Ramirez

En esa época, en esos lugares convivieron grandes personajes históricos de México

EN LA GUERRA DE INDEPEN­DENCIA las mujeres jalaron pa­rejo o más que los hombres, hubo muchas: Mariano Rodríguez Laza­rín del Toro, Josefa Ortiz de Do­mínguez o Leona Vicario.

Les voy a contar de cómo en la casa y cerca de donde vivió Leo­na Vicario los astros de la historia nacional lo señalaron para que por ahí aparecieran personajes impor­tantes de la historia.

Leona Vicario vivó en una casa en la esquina de las calles de Bra­sil y Colombia, frente a la iglesia de Santo Domingo. La casa ahora pertenece a la Dirección de Lite­ratura de Bellas Artes. Ahí, Leona vivió, se escondió y complotó con­tra la corona española y ahí vivió con el político y poeta Andrés Quintana Roo, además el matri­monio a pesar de la guerra y la política se dio tiempo para tener una hija, y parece no era de mal ver porque cuando llegó a hospe­darse en esa casa Antonio López de Santa Anna, era un jovencito ambicioso, ni pensar en su Alteza ilustrísima, le echó el ojo a la hija de doña Leona, pero la hija era lis­ta y no lo peló.

En esa época en esa casa con­viven grandes personajes históri­cos y no solo eso, enfrente, otro gran personaje de la Independen­cia, Fray Servando Teresa de Mier, fue fraile, periodista y diputado, la armó de tos por la Independencia, lo metieron al bote un montón de veces, aquí y en España y donde se paraba, era como Fernández Noroña. No es cierto, fray Ser­vando era una eminencia, un tipo inteligentísimo, muy culto y se la jugaba donde fuera, bueno, ahí frente a la casa de Leona, en San­to Domingo, pararon los restos de Fray Servando, que con el tiempo, se perdieron y su momia anduvo por los circos de Europa, fue en el siglo XX cuando recuperaron la momia del fraile.

En ese mismo siglo XIX, pero en la segunda mitad, en la escue­la de Medicina, el edificio todavía está en Brasil y Venezuela, a me­dia cuadra de la casa de Leona, ahí vivían estudiantes como el poeta Manuel Acuña, quién se suicidó, dice la leyenda, por amor a Rosario de la Peña, pero Acuña era coscolino y depresivo, tenía varias novias y muchas tristezas, por eso se suicidó con cianuro.

¿No le deslumbra que andu­vieran por aquí tantas personali­dades? Ahora si no se ha apanta­llado, ahí le va, a cuadra y media en Belisario Domínguez, vivió el Santo, el enmascarado de plata, digo, qué tanto es tantito…

Villa quería con la Conesa

Antes había llegado una compañía francesa de burlesque. Foto: Especial
Armando Ramirez

El teatro de revista surgió en Francia en el siglo XIX, allá tenían la costumbre de organizar espectáculos donde se repasaban los hechos políticos del año, de ahí el nombre del Teatro de revista.

Esta influencia llegó a principios del siglo XX, pero la revista mexicana tiene influencia de la zarzuela, eran comedias musicales que contaban una historia, el teatro de revista México cuenta una historia a base de sketch picaros y políticos, con número musicales con bellezas de la noche como María Conesa, Mími Derba, Delia, Lupe Vélez, está última fue de las primeras que mostró su cuerpo.

El primero que hizo una revista en forma fue Leopoldo Beristaín, con la política mexicana, por ejemplo, hubo una revista que se llamó “La huerta de don Adolfo”, era presidente, Adolfo de la Huerta, estos cómicos fueron perseguidos por los políticos y cuando llegó a presidente Ávila Camacho prohibió alusiones al presidente.

De ahí surgen los grandes cómicos como Leopoldo Beristaín, Palillo, Cantinflas, la sensual María Conesa que cantaba canciones de crítica política, ella fue seducida por Pancho Villa pero nunca logro dormir en la cama de la Conesa, ella le dijo, “mire general, una pulga como yo, no duerme en su petate”, pero eso sí fue muy amiga de Porfirio Díaz. Hoy el teatro de revista ha desparecido y la crítica se hace en redes, digo, que gacho, total que tanto es tantito.