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Viernes 21 Septiembre del 2018
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Qué tanto es Tantitito

En mercado de La Portales

Armando Ramirez

VISITAR el Mercado de la Portales es asistir a un mundo fantástico, no es un mercado cualquiera, es un mercado de las mil y una noches, hay de todo.

Es cosa de recorrer el mercado y lo primero que se le antojan son los jugos, licuados, cocteles, hay varios locales donde le ofrecen un licuado de avena con huevo, un plátano y miel, con eso es más que suficiente para aguantar hasta la comida.

Las aguas de fresa son de alfalfa, o de piña y limón, los cocteles de fruta con granola, miel, son enormes. Y si se pierde en las fondas, no jueguen, hay para todos los gustos, comida corrida, enchiladas, chilaquiles, caldo de gallina, mariscos y taquerías de todo tipo, al pastor, de cabeza o de cecina de Yecapixtla, pero en esto de la comida y los antojitos, el mercado de la Portales es célebre entre los sibaritas del asfalto por sus tostadas de patas, Dios Santo, son exquisitas y bien servidas, con una leve salsa verde, crema.

Pero no sólo hay un puesto, son varios que compiten con quién da las mejores tostadas de pata, también hay tostadas de tinga pero las que me apantallaron fueron las de carne tártara, exquisitas, ya me creía Gengis Kan.

Hay locales que le ofrecen productos para que usted cocine en su casa, como los locales de productos oaxaqueños, son orgullo de la Portales, basta citar al gran Carlos Monsiváis, que como le había presumido en Tepito los tacos de tripa y de hígado y las migas, me invitó a sus terruños, en la Portales, y fuimos a comer a un lugar de comida oaxaqueña, desde ahí observe que hay muchos oaxaqueños en la Portales.

En el mercado hay locales donde venden pan de yema pero también pan de olla, sal de mina, mole amarillo, mole negro, tlayudas, mezcalito, chapulines, pinole, para hacer atole, ajos tostado y tasajo.

Y si necesita que le haga un sur cido invisible o un ajuste a su pantalón aquí son magos, hay también venta de disfraces o se los hacen para su niño para las fiestas infantiles en las escuelas, también hay estéticas donde le cortan el cabello a la moda. Y lo mágico, encontré una librería dentro del mercado, con todo tipo de libros de García Márquez, de Harry Potter, incluso me presumieron que varias veces llegó Carlos Monsiváis. Y esto es una parte de todo lo que hay en este bendito mercado, digo que tanto es tantito.

¿En la BJ, es el Año de Hidalgo?

FOTO: LUIS CARBAYO /CUARTOSCURO.COM
Armando Ramirez

Llama la atención que en el año que la picaresca de la política administrativa sexenal ha llamado, “el año de Hidalgo… Los de la Benito Juárez se hayan acordado, que durante años estuvieron los tianguistas en las calles de los alrededores del mercado de la Portales, dicen que pidieron los locatarios del mercado que desalojaran a los vendedores callejeros, el hecho fantástico es que hicieron caso de bolón pin pón, será el efecto del Año de Hidalgo, chin chin el que deje algo… o ahora se despiden con buenas acciones.

A que a fin de año, los tianguistas regresan a las calles de la Portales, claro, mediante un arreglo, que de seguro lo había.

En el mercado lo ven a uno y los locatarios se quejan que en el espacio del primer piso del mercado, donde estaba un Cendi o la guardería, ya no está, la explicación es que la quitaron, corrían riesgos los niños, cerca están los tanques de gas.

Eso sí, le dieron chance a una restaurante que ocupa todo el espacio del Cendi. Y los locatarios me muestran el artículo 4 de la Gaceta Oficial del DF donde enumeran las áreas de los mercados públicos que no se pueden concesionar y mucho menos vender a un particular y me llevaron a ese espacios y hay un bonito restaurante en funciones, los locatarios me dicen que la gente de la BJ la vendió, otros dicen que la concesionaron. El hecho es que los funcionarios de la BJ cerraron el Cendi y ahora hay un restaurante donde tal vez las vidas de los comensales corren peligro. Quíhubole, ¿será la fiebre del Año de Hidalgo.

A los locatarios no les dejaron poner un Centro Cultural, imagino que no es un buen negocio para el mercado público y un restaurante sí, y no le sigo lo que me contaron de la Alberca Olímpica, han de decir es el Año de Hidalgo, total que tanto es tantito.

En el parque Tezozómoc

Armando Ramirez

EL PARQUE TEZOZÓMOC es orgullo de la gente que vive en Azcapotzalco, aseguran que es mejor que el bosque de Chapultepec, digo en orgullo mejor ni decir pio. Eso sí, este parque es muy hermoso y muy visitado; está cerca del Metro Rosario. Lleva el nombre del señor Tezozómoc, un señor de los Tecpanecas por el año de 1342 a 1426, su nombre quiere decir, El Señor que rompe piedras.

El parque bien vale la pena visitarlo un fin de semana, tiene trenecito, bicicletas, lanchas, un lago muy grande, fue concebido por el arquitecto Mario Shjetnan, evocando a la gran Tenochtitlan con su gran lago, que aquí domina el parque y en el centro del lago, sobre un islote, hay un conjunto escultórico que representa a unos mexicas observando un águila que devorara a una serpiente, mientras está sobre un nopal.

El parque tiene patos que plácidos gozan del agua, hay otras aves que le dan belleza al lugar, las familias rodean el lago y se sientan en las lomas para gozar del paisaje, que en verdad es bonito. Las familias sacan sus sandwiches y refrescos y mientras comen, observan a los patos en el lago. Hay una ciclopista. Y las lomas asemejan los cerros que rodeaban al Valle de México. El trenecito con los personajes de los Picapiedras recorre ante la algarabía de los niños la extensión del parque.

Los sanitarios son limpios y hay de grandes sombrillas de diseño moderno, color blanco, para resguardarse de los rayos del sol. Los empleados cuentan que en la noche llegan murciélagos, son bien recibidos al ser depredadores guardan el equilibrio de la fauna nociva del parque.

Los ciclistas aquí se dan vuelo en la ciclopista, los grupos de estudiantes se divierten con bromas y las parejas se pierden en las lomas, ahora han puesto en el lago, una chinampa para representar como cosechaban los mexicas, en los canales. Se rentan lanchas, hay de pedales, con remos para tres, cuatro y cinco personas los precios van de los $60 a los $100. También tiene una pista para correr, es de arcilla, tiene poco más de dos kilómetros.

Aparte de Chapultepec o San Juan de Aragón desde 1970, está este parque Tezozómoc, como opción para un domingo familiar. Échele un ojito que tanto es tantito

No es bosque ni es chino…

Armando Ramirez

En el principio se llamó colonia del Imparcial, cuando este periódico era muy importante, pero al paso del tiempo terminó llamándose Clavería.

Sorprende porque en una de las glorietas cercanas al bosque de la China, hay un busto del líder palestino Yasser Arafat. Desde esta glorieta la calle de Clavería muestra la personalidad de Maine Street, es decir la calle principal de la colonia, la calle comercial por excelencia, aquí como en los pueblos gringos están los bares, los lugares de las hamburguesas, el lugar a donde van todos a divertirse; hay cafetines, pizzerías, taquerías, la panadería que al caer la tarde suelta los hervores del pan recién hecho y cuando huele a pan, se abre el apetito.

La calle de Clavería da a un mítico jardín, llamado por la gente, el Bosque de la China, que no es bosque ni es chino, es un jardín que es el centro de la vida social de la gente; los vecinos practican yoga, hacen ejercicio y tiene serenatas como en la época en que José José era un jovencito que, se la pasaba en estos lugares cantando boleros con el trovador Pepe Jara.

El príncipe de la canción José José, intérprete de Gavilán o Paloma o el Triste, aquí nació, en la casa de sus padres, uno cantante de opera y su mamá pianista.

Este jardín donde los novios se van a dar de besos, fue un parque que la familia Matsumoto fundó en la época de Porfirio Díaz. La familia es de origen japonés y ganaron tanto dinero que compraron los terrenos del jardín para hacer uno de estilo japonés. Pero la gente quién sabe por qué confundió a la familia japonesa con una china y el jardín con un bosque, por eso la gente en vez de ver un jardín de japonés vio un Bosque de la China, aunque fueron japonés quienes lo crearon, digo cosas de la confusión, chin, total, que tanto es tantito.

Lugares centenarios en Azcapotzalco

Armando Ramirez

La calle de Azcapotzalco es la calle principal del pueblo de Azcapotzalco, en esa calle está la iglesia de la hormiguita, llamada así popularmente porque en la torre del campanario hay una hormiga en yeso o piedra que parece ir ascendiendo hacia el campanario. Y de ahí surgió la leyenda que el día que la hormiga llegue al campanario, ese día se va acabar el mundo.

Antes la gente lo creía, eran los siglos XVII o XVIII ahora es tan solo una anécdota, también en esa calle siguen en pie los chalets que los trabajadores administrativos de la empresa inglesa que controlaba el petróleo mexicano construyeron sus casas, al ser ingleses quisieron que sus casas evocaran a la vieja Inglaterra. Hoy estos chalets sobre la calle de Azcapotzalco son una curiosidad que le da prestancia a esta avenida principal.

También está el edificio de lo que fue el Palacio Municipal, ahora es casa de cultura, pero además los negocios más antiguos como la antigua nevería ahora hecha cafetería y la cantina llamada el Dux de Venecia.

Un negocio que en 1860 ya existía como una tienda de abarrotes y ultramarinos, fue fundada por italianos, de ahí el nombre del comercio, pero a principios de siglos fue comprada por unos comerciantes de España, Asturianos. Si uno recorre a ahora la cantina del Dux de Venecia verá fotos antiguas de la primera playa de la Ciudad de Santander que llaman el Sardinero, pero también del equipo de beisbol, Los Petroleros, y fotos de los equipos de futbol de la Ciudad que primero fueron clubes de españoles como en la película de Joaquín Pardavé, Los Hijos de don Venancio, digo qué tanto es tantito.

En Palacio de Bellas Artes

Armando Ramirez

LA NETA DE LA CORNETA del planeta de la cultura. Hay familias que a lo mejor se les ocurrió entrar a un museo pero cuesta un billete la entrada y multiplicado por cuatro sale caro. Pero, fíjense, los domingos hay un montón de museos que son de entrada gratuita, y la verdad chilango que se crea chilango, lo menos que puede hacer es conocer un domingo el Palacio de las Bellas Artes por dentro.

En domingo la entrada al Palacio es gratuita y créame que no se va a decepcionar, el interior es una maravilla, gran expresión del art decó, con sus escalinatas y columnas de mármol y su ornamentación en bronce, desde que cruza el arco para que no entren personas con objetos peligrosos queda deslumbrado.

El espacio del Palacio se ofrece con amplias escalinatas, y dos principales en el siguiente piso, que llevan a las obras de los grandes muralistas mexicanos, puede empezar a conocer de primera mano la obra de Diego Rivera con un mural, llamado “El hombre controlador del universo”

En 1933 la familia Rockefeller contrata a Diego Rivera para que pinte un mural en el afamado Centro Rockefeller, pero cuando la familia vio la obra terminada mandó a destruirla y todo porque Rivera había pintado el rostro de Vladimir Lenin, el líder; entonces Diego Rivera decide pintar un mural en el Palacio de Bellas Artes, con muchos de los motivos que contenía el de Nueva York.

Esta versión la puede ver en el primer piso del Palacio de Bellas Artes y de gratis, además en ese primer piso puede admirar la obra del genial José Clemente Orozco, el tema es como la sociedad de masas y el desarrollo tecnológico pueden degradar la vida social. No andaba tan equivocado, el mural tiene esos colores explosivos y satíricos de la obra de este gran muralista.

En el mismo primer piso están los murales de David Alfaro Siqueiros, donde se siente la brutalidad y violencia de la conquista de Tenochtitlan por Hernán Cortés; en un muro vemos a Cuauhtémoc junto al señor de Tacuba sufriendo la tortura con el fuego en las plantas de sus pies, mientras Cuauhtémoc estoico soporta el dolor, el señor de Tacuba se retuerce, también esta la obra de González Camarena. Y eso es en el primer piso, imagínese los demás pisos, vaya un domingo al Palacio de las Bellas Artes, que tanto es tantito.

Viaje alucinante en el Metro

Armando Ramirez

A las 9 de la noche en la estación del Metro Pantitlán los Metronáutas llegan como en la vieja película de “Marabunta”, de prisa, ligeritos y sin rosarse, con habilidad bajan las escaleras que conducen a los andenes de los trenes. De repente aparecen unas rejas que impiden el paso a los Metronáutas, aquello es una sinfonía recordándosela a los trabajadores del Metro que les impiden el paso para llegar al andén y abordar su Metro, se ve feo, pero lo hacen para evitar que la gente que está en el andén pueda ser empujada.

Si va por la estación del Metro Pino Suárez en los pasillos de interconexión verá la restauración de la pirámide a Ehécatl, el Dios del viento; lo que vemos al pasar es su adoratorio. Y como si fueran arrojados por Ehécatl llegan Metronáutas a ver un grupo musical que canta boleros y canciones pop, las prisas se van.

Pero nada más es para tomar aire y seguir subiendo y bajando escaleras como en el Metro Tacubaya donde hay murales de Guillermo Ceniceros, que cuentan como los mexicas salen de Aztlán y llegan a la gran Tenochtitlan.

Y no menos para la cultura popular es la estación Guerrero, un templo a los ídolos de la lucha libre, el muro que más me gusta, es donde está el Santo, el Enmascarado de Plata, parece su templo.

En la estación Zapata, en el transbordo a la Línea 12, en sus muros hay reproducciones de la obra de los grandes caricaturistas mexicanos, van de Posada a la Familia Burrón, Naranjo o Rius y, en la estación Chabacano, las mujeres se quitan sus zapatos de tacón alto y se colocan sus “chanclas” y véngase mi Rey y como en el “Quinto patio” bailan bonito y sabroso, toca una orquesta de invidentes salsas y cumbias, al viajar en Metro se descubre que tiene muchos rostros, este es uno, digo que tanto es tantito.

Los sibaritas del asfalto

Armando Ramirez

ANTOJITOS recomendables en la Ciudad por ejemplo están las tortas de la calle Recreo en Iztacalco, no he visto tortas más descomunales, casi un cochinito hecho en zacahuil, pesan 4 kilos y es imposible comerla sin ayuda de los tragones.

Y que me dice Los Machetes de Amparito, allá en la colonia Guerrero, enormes como una espada árabe, son muy estéticos dentro de la estética de la garnacha y lo mejor que lo puede pedir con lo que le de la gana, yo lo pido vegetariano, un poco, de papa, flor de calabaza, champiñones, rajas, huitlacoche, mmm!, aunque hay otros que le ponen carne de costilla, chorizo, queso y para que le cuento.

Ni modo de dejar fuera los huaraches de Jamaica, el Huarache Azteca, con su técnica de la cuña de madera, al momento que se va a lanzar el huarache al aceite, se le hace un hendidura con la cuña para que el aceite penetre en el frijol; encima póngale una costilla o un bistec y una salsa verde a todo lo largo del huarache con su queso espolvoreado. Y con qué se lo empuja, ah, eso se lo dejo a usted, una chela no cae mal en la mañana, pero café de la olla también se puede o un refresco.

Uy y las gorditas del mercado de la Doctores, (muchos vecinos de la colonia dicen que es la colonia de los Hoteles) esas gorditas son pequeñas, pero ¡qué sabrosas saben! y hasta parece estrategia, en el siguiente local están los famosos tepaches de este barrio, una bebida refrescante, que se lleva bien con las grasita de las gorditas, ahí sí para que vea, es el maridaje perfecto, gorditas de chicharrón y jarra de tepache bien frío.

Si anda por la Merced los tacos de “Los Paisas” son buenos, (casi todas las taquerías se llaman “los Güeros” o “Los Paisas”) están en la calle de Jesús María y Regina, pida su taco de chorizo, o de costilla, eso no tiene tanta magia, pero cuando va a escoger su salsa se encuentra con una serie de recipientes con papa, frijoles, pepino, pápalo, rábanos y salsas de todo tipo y de un taco normal le sale un tacote que como dicen, con uno basta.

No se pueden olvidar las tostadas de pata del mercado de la Portales o las manitas de cerdo a la vinagreta o las tortas del Peregrino en la calzada de Guadalupe, son grandes pero digeribles, digo, es infinita la lista, buen provecho, que tanto es tantito.

El Mercado L. Rodríguez

Armando Ramirez

Se edificó durante la Presidencia de Abelardo L. Rodríguez siendo jefe del Departamento del DF Aarón Sáenz, era la efervescencia del espíritu revolucionario. En la novela brillaban Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán; en la pintura Diego Rivera, José Clemente Orozco, Siqueiros, y en la Música Carlos Chávez y Silvestre Revueltas, era la época del renacimiento cultural mexicano.

El Mercado es muy grande y se construyo sobre lo que fue la huerta del colegio de San Pedro y San Pablo, y el cementerio, por eso entre los locatarios se dice que al caer la tarde espantan.

El Mercado es concebido con todos los servicios para la población, incluso un restaurant para los invidentes, pues la escuela de éstos está muy cerca, con el tiempo se volvió un mercado de flores y ahora es una plaza comercial, esta en la calle de Colombia y callejón de Girón.

La nave de verduras, legumbres, frutas, carnes, pescado, pollerías y cremería es enorme, su sección que da a la calle del Carmen es famosa por venta de petacas y maletas a excelentes precios, también tiene una biblioteca y un gran valor artístico y cultural pues los que pintan sus muros, en la entrada y patio principal son alumnos de Diego Rivera como Antonio Pujol o Pedro Rendón. Además llegan en esa época artistas de otros países como las hermanas Greenwood, Marión y Grace, quienes pintan murales sobre la minera o la lucha campesina en el cubo de la entrada o el gran escultor Isamu Noguchi, de origen japonés pero ciudadano americano, pinta una obra de arte contra el fascismo, que encuentra en el primer piso de la entrada de Rodríguez Puebla, es donde dan servicio a los jóvenes contra las adicciones. Cuando ande por el Centro échele un ojito, que tanto es tantito.

Nahui Olin una mujer inteligente

Armando Ramirez

Fue una mujer muy hermosa, inteligente, audaz y creativa, hija de un general del ejercito de Porfirio Díaz, Don Manuel Mondragón inventó el rifle semiautomático Mondragón. Nahui era de una familia acaudalada, cuando el país se convulsionó, el general Mondragón y su familia se van a Francia. Ella nació en Tacubaya un 8 de julio de 1893. Cuando regresa al país es una adolescente moderna, cosmopolitita.

Se adentra en el mundo artístico de la CDMX, cautiva a los grandes pintores del momento, Diego Rivera, Jean Charlot y Manuel Rodríguez Lozano, con quien se casa; la pareja viaja a Europa, Carmen Mondragón queda embarazada, pero se separan cuando se entera que su marido el pintor Manuel Rodríguez Lozano es gay.

Ella hace gala de su belleza y escribe: “Me retraté porque tenía un cuerpo tan bello que no iba a negarle a la humanidad su derecho a contemplar esta obra”. No exageraba, en los años 20, el fotógrafo Antonio Garduño, le hizo un estudio fotográfico en la azotea de un edificio novohispano, en la calle 5 de febrero.

Escribió poemas donde asegura que posa para los artistas, porque, “hacen cuadros siempre nuevos cuando yo poso”. En 1930 conoce al Doctor Atl, el afamado pintor de los volcanes, sostienen un tórrido romance; las cronistas y sus biógrafos aseguran que era un amor de rompe y rasga en cada calle del Centro Histórico.

Un día las autoridades dicen que demolerán el convento de la Merced, el Doctor Atl protesta y se va a vivir al convento para evitarlo. Lo acompaña su amante Carmen Mondragón, ahí Atl la bautiza como Nahui Olin, que significa “4 movimientos del sol”. La mujer más bella de una época del arte mexicano muere a los 82 años en su casa de Tacubaya, ahora su obra se exhibe en el Museo Nacional de Arte, échele un ojito, qué tanto es tantito.

En Coyoacán calles con un toque antiguo

Armando Ramirez

Recorra y admire el suelo empedrado, casas de hace varios siglos y un halo romántico

LA CALLE DE FRANCISCO SOSA es una de las más bellas en Coyoacán, un sábado o do­mingo puede recorrerla. Debe de empezar en avenida Universidad a la altura de la capilla San Anto­nio de Padua, conocida como de Panzacola, es una capilla sencilla, del siglo XVII.

A un costado de la capilla se erige ante el visitante un puen­te de piedra, debajo cruzan las aguas del Río Magdalena, el puente se llama de Altillo, pero le llaman el puente de Panzacola, el suelo es empedrado y las ca­sonas sobre la calle de Francisco Sosa, algunas de ellas tienen va­rios siglos de antigüedad, la calle tiene un halo romántico, atrévase a caminarla, podrá admirar con tranquilidad, la hermosa Casa del León Rojo del ex presidente Mi­guel de la Madrid (ya fallecido).

A mano derecha está la lla­mada Casa de Sol, en la esquina encontramos una casa de lo que sólo se nos permite ver sus altas paredes, fue la casa del poeta y cronista de la Ciudad de México, Salvador Novo, su casa está en la esquina de Francisco Sosa y Sal­vador Novo, el poeta y cronista tuvo el honor en vida de vivir en la calle que lleva su nombre, Sal­vador Novo.

La casa vista de lejos parece abandonada y enfrente se en­cuentra lo que la gente conoce como la Casa de Alvarado, se­gún la leyenda esta casa la habitó Pedro de Alvarado, en realidad, la casa es más reciente, es del siglo XVIII, su estilo arquitectónico es mudéjar, árabe.

Su puerta está finamente labra­da, la casa ha sido de la SHCP, de la SEP y ahí vivió su último año de vida nuestro gran poeta, don Oc­tavio Paz, Premio Nobel de Litera­tura el último año, ahora la casona es la Fonoteca. Vale la pena entrar.

Adelante encontrará otras ca­sas de parecido estilo, como la Ca­sa de Actuación con técnica rusa, del director de cine Sergio Olho­vich, a esa altura descubrirá uno de las jardincitos más bonitos de Coyoacán, Santa Catarina, enfren­te está la Casa de Cultura de Je­sús Reyes Heroles , la iglesia de Santa Catarina es pequeña, antes de que estuviera ésta hubo una ca­pilla para indígenas, se le permitía la entrada a la iglesia a los indíge­nas, después ya fue construida la iglesia de Santa Catarina, y al cen­tro del jardín está el busto de Fran­cisco Sosa, hay tanta historia en esta calle, que mejor recórrala un sabadito o domingo digo, que tan­to es tantito.

Como la vieja Lagunilla

Armando Ramirez

Se va sorprender por los puestos de antigüedades que hay sobre el piso y alrededor de todo el Jardín Ignacio Chávez, haga de cuenta, llega a un mercadito árabe y hay cada personaje de novela, hay una señora grande, rubia, bonita, con su piel arrugada pero no deja de ser hermosa, se llama Casandra y es de origen griego, le vende timbres a los coleccionistas.

Recorriendo el tianguis de la Cuauhtémoc, encontré un hermoso mueble para escribir cartas como se estilaba, un escritorio secret, luego una lámpara de las que usaban a principios de los años 20, imaginé al Presidente Sebastián Lerdo de Tejada escribiendo a la jovencita Manuela o el secreter de viaje de don Benito Juárez y no sólo me mostraron eso, sino una taza y un plato de porcelana hecho en Londres.

Es un gran bazar, encuentra al cuate que vende discos de vinyl, la de gente joven que se arremolina para tener los discos de Black Sabbath y, muchos coleccionistas buscando los discos de Mike Laure o los Tribunos o Frank Sinatra, este jardín los sábados y domingos es un mundo de nostalgias.

No sabía que hay gente que colecciona los juguetes de la Matei y ahora tan de moda las portaviandas, jarras, pocillos de peltre, frascos de los perfumes, es un gozo recorrer este tianguis, me gusta mucho porque me hace recordar a la vieja Lagunilla, cuando todo lo que se vendía eran antigüedades o curiosidades, no que ahora visitar la Lagunilla a excepción los libreros de viejo que están sobre el eje norte 2 y ahora una parte de anticuarios, cada vez son más arrinconados por lugares que venden micheladas, bisutería china; que bueno que este tianguis de Cuauhtémoc conserve la esencia de este tipo tianguis bazar, digo que tanto es tantito.

Tláhuac y sus trajineras

Armando Ramirez

UN PASEO que vale la pena hacer es al viejo pueblo de Tláhuac uno de los últimos reductos por los cuales podríamos evocar cómo vivían y qué hacían los primeros habitantes de esta región, había muchos asentamientos de grupos indígenas y vivían algunos de ellos en pequeñas islas como Tlaltenco, Zapotiltán, hay crónicas de los evangelizadores que narran que iban de un pueblo a otro en canoa, en este caso, al pueblo de Mixquic.

Imagine un mundo de agua, donde su transportación era a través de los canales, bueno es un mundo del que nos enorgullecemos pero no podemos imaginar, en Tláhuac todavía hay un pequeño trozo de ese mundo maravilloso de Bernal Díaz del Castillo.

Al lugar le llaman el Lago de los Reyes Aztecas, está cerca de la iglesia de san Pedro Tláhuac, sobre la avenida Tláhuac, en Túlyehualco, está un pequeño Museo Comunitario del Lago de los Reyes Aztecas y ahí se encuentra al mundo chinampero en el embarcadero, hay vendimia de lechugas, brócoli, etc. además la venta de antojitos muy típicos del sur de la Ciudad.

Pero lo que impresiona en relación con los de Xochimilco es una vista casi virgen, no tan transitado, más virgen si se puede. En Xochimilco los trajineros están como los mariachis de Garibaldi a la caza del que tenga cara de turista sin dar el mejor servicio.

En cambio en Tláhuac al no haber tanto turismo, se goza de una tranquilidad, digo si le gusta la pachanga también lo puede hacer con la familia y, el compadre en una trajinera. Navegar en estas aguas donde hace mucho tiempo navegaron los antiguos que iban a la guerra pero también los que sembraban en chinampas sus cosechas.

Los canales son silenciosas y las aves surcan el cielo y los peces felices, saltan y se zambullen, dígale al trajinero que los lleve a visitar una chinampa, donde los campesinos de Tláhuac siembran las lechugas más bonitas de los supermercados, sí, las que amarran con una cinta azul metálico, de aquí salen muchas de ellas, es más le pueden vender unas lechugas ahí muy baratas, es más, ahí nos sentamos en la tierra y preparamos una ensalada con aceite de oliva y jugo de limón, deliciosa, fresca, orgánica, recuerde que la tierra del fondo del lago es muy rica para sembrar.

Y comparará el mundo antiguo y lo hemos hecho de este lugar, digo que tanto es tantito.

Diferentes tipos de tianguis

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Armando Ramirez

Nada más de curiosear por ahí, se encuentra los recuerdos, como a todos los que crecieron en los barrios, sea el de la San Felipe, el del Salado o el que usted quiera y mande, porque ahora han crecidos los tianguis por toda la ciudad y se han ido transformando. El que recuerdo es el que la gente recorre para encontrase un objeto viejo o grandes obras de arte de la vida cotidiana que fueron de alguna familia importante que las heredó, unas figuritas de porcelana, unos ceniceros de latón, pero art decó, unas camas de la época de la Revolución, etc.

Ahora en cualquier parte hay tianguis de fin de semana y llegan de otros lugares y colocan la mercancía donde les dio permiso la autoridad y ahí van por montones las familias a los tianguis; son enormes restaurantes públicos, y principalmente los sábados, las familias buscan qué comer: como los tlacoyos, tan exquisitos, los de requesón o de haba, frijoles todos haciendo en el comal les echan sus nopales, su salsa, cilantro y queso espolvoreado en garnachas son reyes.

Luego vienen las compras del súper, carne fresca, el pollo, etc. Los puestos de perfumes que están de moda, los tenis de quién sabe dónde pero que se parecen a los que usan las estrellas del deporte y la ropa de moda, por supuesto que todavía están las películas blu-ray, locales de comida orgánica, de repente aparece un yerbero o esotérico o un puesto de libros.

En cambio el tianguis de la Portales, es el de antigüedades, se pueden encontrar desde charolas antiguas que regalaban las cerveceras y refresqueras, una máquina de coser como las que usaban las abuelitas, hasta una pintura con el recuadro maltratado, será de un pintor reconocido y la vendo en un billete. Digo que tanto es tantito.

En la Vieja Casona del 42

Armando Ramirez

EN LA CALLE DE JESÚS MARÍA, frente al ex convento de Jesús María, en una vieja casona que estuvo abandonada, destruida, sí, de las ruinas, la casona del 42 de Jesús María ha resucitado, muchos la daban por perdida y la neta si uno se asoma desde la azotea de esta casona descubrirá lo que queda de otras casonas vecinas, ruinas donde la hierba silvestre ha hecho su edén y los muros sólo conservan muros fragmentados, no existen techos, ni puertas, solo agujeros que fueron ventanas.

Visite esta casona un fin de semana, para los jóvenes es un centro de diversión con música electrónica y chelas a precios económicos, y para los adultos hay una taquería con tacos con tortillas cuadradas, le llaman La Pancha, usted entra y parece que se le va aparecer Pedro Infante cantándole a Silvia Pinal, Ay Nana Pancha.

Los que laboran ahí dicen que son monjitas las que aparecen en la noche, les testerean las nachas y sienten chiflones de aire o ven correr sombras en los rincones de la casona. La casa tiene bonitos balcones desde donde se ven las cúpulas de la iglesia de Jesús María, ahí por primera vez se enclaustró sor Juana Inés de la Cruz.

Lo chido de este lugar son los precios económicos, la atmósfera es la de las viejas casonas que rescatan en san Ángel o Coyoacán, los muros antiguos nada más los barnizaron, dejan ver el ladrillo, el tezontle y las diferentes capas de pintura de las diferentes épocas, desde el siglo XVIII hasta nuestros días.

Los tacos son llenadores, los de suadero, dice el chef que la carne primero la deja cocer en una olla y luego la fríe y los tacos los sirven con una salsita de chile manzano, de muy señor mío, el mole de olla y la birria son excelentes, para los crudos. La iluminación es intimista, las mesas fueron hechas con las vigas gruesas de los techos que ya no servían, son mesas hasta para diez personas, todo lo que en otras construcciones es desechable aquí se reusó y quedó artístico.

Ya era hora que en los barrios del Centro Histórico, como este de Jesús María, remodelaran las casas antiguas, les dieran una manita de gato muy moderna sin traicionar el pasado, ojalá y cuando se vuelva de moda la casona, los precios sigan económicos como ahora, con 250 pesos una pareja come, bebe y se divierte, digo que tanto es tantito.

Mala estrella de Maximiliano

Armando Ramirez

Primero lo fusilan, lo embalsaman con las patas, un doctor Licea, pero el doctorcito era ginecólogo muy vivillo, saqueó el cuerpo de Maximiliano, vendió las barbas, los ojos y cosas personales del Emperador, aunque usted no lo crea en Querétaro tenía sus seguidores, fueron quienes compraron esta especie de souvenirs del viejo de Carlota.

Aparte de que fue mal embalsamado y saqueado su cuerpo, el ataúd que le mandaron a hacer ¡le quedó chico! estaba grandote el buen Max, le doblaron las piernas para que cupiera en la caja mortuoria. Fue trasladado a la CDMX para después embarcarlo a Veracruz como lo pidieron los gobiernos europeos. Y qué cree, el carruaje que lo traslada se desconchinfla, se cae la caja en el lodo, dos veces, a poco no tenía mala estrella Max.

Ya sabrá como llegó al templo de san Andrés, fue el lugar escogido, las monjas quitaron de una mesa cáliz, copas, etc., para colocar el cadáver del Max, pero como se estaba descomponiendo el cuerpo, lo colgaron de cabeza para que le escurrieran las sustancian del embalsamiento, cuentan que a una virgen del templo le quitaron los ojos azules de vidrio que tenía para ponérselos a Maximiliano.

El hospital fue tomado por las fuerzas de seguridad juarista, mientras un doctor embalsamaba correctamente el cadáver. En la noche, llega el Presidente Juárez acompañando de Lerdo de Tejada, mira en silencio el cadáver, después reflexionando dijo, que era alto (Max medía 1.82) pero mal proporcionado, tenía las piernas muy largas, luego deduce que no era inteligente, aunque tenía la frente amplia esta se debía a la calvicie. Y se fue.

La iglesia era un lugar de culto a Max y las autoridades optaron por demolerla. Después Porfirio Díaz ordenó la demolición del Hospital para construir el majestuoso Palacio de Comunicaciones y Obras Públicas. López Portillo en 1979 ordenó que el edificio alojara al Museo Nacional de Arte, digo que tanto es tantito.

Los nuevos ocupantes

Armando Ramirez

EN 1808, Napoleón invade España, siendo rey Fernando VII, en la Nueva España no quieren a Napoleón desean que el Rey Fernando VII exija ser rey de la Nueva España, el imbécil dice que no, y el virrey Iturrigaray apoya a Francisco Primo de Verdad entre otros para proclamar la autonomía de la Nueva España.

Pero las fuerzas armadas aprenden al Virrey en Palacio y a Francisco Primo de Verdad en el Cabildo, lo llevan a una celda en el Palacio del Arzobispado y Primo de Verdad amanece muerto, digo les dieron unos toques a los autonomistas.

Pero en 1810 llega la guerra de Independencia y en 1821 se proclama el país independiente de la corona española. Agustín de Iturbide aprovecha esta situación para coronarse Emperador de México, Agustín I.

Entonces el Palacio de los Virreyes pasa a llamarse el Palacio Imperial. Pero a Agustín el gusto le duró 6 meses, lo derrocaron y huyó a Europa.

En el año de 1823 el Congreso declara al país una República y el Palacio de los Virreyes pasa a ser el Palacio Nacional. Ahí tuvieron sus recintos los poderes de la Nación. El primer Presidente fue Guadalupe Victoria pero Mariano Arista fue quién restauró en 1852 el Palacio Nacional, ventanas, patios, escalinatas, y ordenó construir una tercera puerta, sólo había dos, el Presidente la ordena para uso del Presidente, por eso la puerta se llama: Puerta Mariana por Mariano Arista.

Ahí vivirán siendo Presidentes Vicente Guerrero, López de Santa Anna, Valentín Gómez Farías, etc. El ejercito francés invade el país y proclaman emperador a Maximiliano con su Carlota. Y el Palacio ya no se llama Palacio Nacional sino Palacio Imperial de nuevo. Pero Max y Carlota se van a vivir al Castillo de Chapultepec, pero le metieron la mano a Palacio, Carlota mandó construir la famosa “escalera de la Emperatriz Carlota”.

Entonces llega el Presidente Benito Juárez a vivir a Palacio Nacional, ahí muere. Y en tiempos de don Porfirio en 1896 se traen la campana de Dolores y la instalan y en las fiestas del Centenario de la Independencia, la toca Porfirio Díaz.

Y llega la Revolución ahí vive Madero y los generales, Carranza, Obregón, Calles hasta que Lázaro Cárdenas no quiere vivir en Palacio y construyó los Pinos. Ahora parece vivirá un Presidente en Palacio Nacional, digo que tanto es tantitito.

Inquilinos de Palacio Nacional

Mexico, National Palace, El Zocalo front entrance..
Armando Ramirez

E invita a la gente de la Real Audiencia y a la cárcel Real a que ocupen las casas de Hernán Cortés, hasta los comerciantes llegaron, la carnicería, la panadería, un tianguis como el de la san Felipe.

Era choncho el Palacio que ya se llama de los Virreyes; temían que una rebelión indígena los agarrara dormidos. El Palacio tenía torreones para vigilar, eran las primeras casas en la nueva ciudad y pasarían años para que las casas novohispanas fueran barrocas.

En el siglo XVII el Palacio de los Virreyes sí luce su poder y la aristocracia, se pavonean con sus mejores galas. El Virrey tiene en su alcoba un balcón, Palacio es una fiesta, hasta una plaza de toros construyeron por los ahora rumbos de la calle de Correo Mayor, pero en 1624 lo que llamaban la plebe se subleva contra el Virrey Diego Carrillo de Mendoza, huyó del Palacio y saquearon sus aposentos y lo que encontraron.

La gente en 1692 se vuelve a levantar y queman el Palacio, había escases de granos, y el hambre es canija y más quien la aguanta, se enfrentaron a la guardia que disparó y mató a una persona, se encabritaron e incendiaron el Palacio.

Casi todo el siglo XVIII el Palacio se convirtió en un tianguis más grande que el de la san Felipe, tenían lugar para jugar gallos, naipes, pulquería y buen pulque hace reventón. Aquello era uno de olores y sabores, barroco hasta la nausea. Y llega el Virrey de Revillagigedo, sacó a los comerciantes del Palacio, lo embelleció, a la Ciudad, a la Alameda Central, las casas novohispana se convirtieron en palacio, es decir con Revillagigedo la Ciudad adquirió la fama de la Ciudad de los Palacios, fue un Virrey chido.

Pero llega otro Virrey y deja a los comerciantes tomar la plaza, hoy el Zócalo y otro tianguis inmenso, cabían el Parían, la plaza del Volador. Y que llega la Independencia y Palacio tendrá nuevos ocupantes, como Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, digo, que tanto es tantito.

Pueblo que fue ladrillera

Armando Ramirez

Y que con la evangelización y el tiempo ha ido desapareciendo.

Xochimanca significa: “el lugar donde se ofrecen flores”, aquí los indígenas se dedicaban a la agricultura y a la pesca cuando el lago llegaba hasta estos lares, al caer Tenochtitlan los evangelizadores franciscanos construyen la iglesia dedicada a San Lorenzo Mártir, su fecha de construcción genera dudas, si fue a finales del siglo XVI o principios del XVII, lo cierto es que tiene cuando menos 400 años de existencia, como asegura Héctor Vega Álvarez, originario del lugar.

Testigo de la antigüedad prehispánica es el basamento reconstruido que se encuentra en san Pedro de los Pinos y es que Xochimanca no es el único pueblo indígena de la colonia Del Valle, están los pueblos de Tlacoquemécatl, Mixcoac, Xoco, Santa Cruz Atoyac.

Los vecinos originario del pueblo de Xochimanca, se afanan en conservar su identidad ante la modernidad que los avasalla, todavía a mediados del siglo XX era un pueblo vivo, desde el centro del jardín se adivinan Insurgentes sur y Félix Cuevas, con sus edificios altos y los de departamentos que lo rodean, las calles de fresas y manzanas bordean al jardín, sus nombres nos recuerdan que este lugar hace honor a su nombre Xochimanca, la tierra era fértil, se daban árboles de tejocotes, perones, capulines.

Don Héctor cuenta cómo cuando era niño veía a las familias que vivían en los hoyos de las ladrilleras, recordemos que cruzando Insurgentes sur por la colonia Noche Buena, donde se encuentra la Ciudad Deportiva, está la Plaza México y el Estadio Azul que donde se construyeron fue una ladrillera.

Ahora lo que queda del pueblo es esta iglesia de San Lorenzo Mártir con sus fiesta de cada año y unos vecinos que quieren no se olvide este pueblo indígena llamado san Lorenzo Xochimanca, digo que tanto es tantito.

El barrio que olvidó a la gente

Armando Ramirez

Pocos saben que existe en el Centro de la Ciudad un barrio que se llama San Juan Moyotlán o Moyotla, miles de personas caminan por sus calles, seguro usted lo ha hecho por las calles de Artículo 123, Independencia, Luis Moya, Revillagigedo, López, Ayuntamientos, etc. Y eso es nada más por nombrar algunas.

En algún momento la gente dejó de mencionar a este barrio por su nombre, pero veo en los periódicos de los años cincuenta, cuando el torero Luis Procuna causaba furor en el mundo taurino, lo apodaban el berrendito de San Juan, sí, por ser oriundo de este barrio. A propósito se le dice berrendo al toro que tiene diferentes colores en su pelaje, y Procuna tenía un mechón blanco en el copete.

El barrio de San Juan fue de toreros, como el inmortal Alberto Balderas, muerto de una cornada a los 30 años y de un montón de novilleros que nunca llegaron pero que conservan su afición al toro, como algunos viejos comerciantes de la calle de Luis Moya, done usted puede ver motivos de la fiesta brava en sus aparadores de bombas y generadores.

Pero el barrio de San Juan fue sede de la fábrica de cigarros del Buen Tono. Y lo es del mercado de San Juan para gourmets. Aquí los afamados chefs de la Ciudad llegan con curiosidad para encontrar magia para sus platillos. Y por si no lo sabía el Barrio Chino, en la calle de Dolores, pertenece al barrio de San Juan. Y en la calle de Ayuntamiento están las instalaciones de la antigua XEW, en esa calle vivió el escritor Artemio del Valle Arizpe, conocedor de la vida en la Nueva España. Y cómo dejar de mencionar los cafetines en estas calles, en un tiempo frecuentado por españoles exiliados.

El autor del libro de los nombres antiguos de la calles de la Ciudad vivió en la calle que hoy lleva su nombre, José María Marroqui.

Y esta el edificio gótico de la antigua inspección de policía, en los años cuarenta ahí también estuvo la Cruz Verde donde llegara el cuerpo de León Trosky, después de haber recibido un golpe con un piolet en la cabeza, se cree, por órdenes de José Stalin, digo, hay mucho cosas y hechos mas que contar de San Juan, total, que tanto es tantito.

El Parque del Cartero y misivas

Armando Ramirez

Hay un jardín para pasar el ratón con su peor es nada, su novia, su amiguita, su esposa o con ganas de tenderse como lagartija, este es el Jardín del Cartero o José Refugio Menes. Está entre las colonias Postal y Miguel Alemán, del lado oriente hay una escultura dedicada al cartero, del lado oriente, por eso le dicen el Jardín del Cartero, pero oficialmente se llama José Refugio Menes, que era cartero.

Ahora que la gente lo conoces por el Parque de la Postal, incluso en una basamento está una placa de un timbre postal.

Pero resulta que si se coloca del lado poniente, donde hay una canchita de futbol de salón, se encuentra en la colonia Miguel Alemán, o sea, que pertenece a la colonia Miguel Alemán el parque pero como es más conocida la Postal, pues la gente cree que es de la colonia Postal.

Hay una zona reservada, alambrada, para que los perros puedan jugar y hacer sus necesidades, la gente recoge las huellas de sus perros en bolsitas de plástico.

En un foro llamado Xicoténcatl las señoras hacen zumba pero a todo lo que da hasta parecen el ballet Bolshoi, un joven enseñan futbol a unos niños, tienes sus porterías pequeñas con redes. Al atardecer se encienden las faroles y aparece los jóvenes ocupando la canchita de fútbol, alambrada, y hay mucha gente alrededor de la fuente, salen chorros de agua, se elevan muy alto, unos focos de colores iluminan el agua, creando fantasía.

El café de la esquina enciende su iluminación, la gente llega a tomar café y a platicar, está muy concurrido, a lado venden de tacos al pastor y en la contra esquina hay una pizzería.

Los vecinos llegan de la Miguel Alemán, la Postal o de colonias cercanas y cuentan historias como la de un cartero que se prendió fuego, me acordé del cartero José Refugio Menes, pregunté si era el mismo, pero nadie me aseguró que era José Refugio, que es como se llama el jardín oficialmente, pero la gente también lo conoce por su antigua nombre, jardín Odesa, es una ciudad de Ucrania, en el Mar Negro, digo que tanto es tantito

Godínez y Parque Tlacoquemécatl

Foto: MxCity
Armando Ramirez

El parque de Tlacoquemécatl es muy bonito. Se ubica en lo que fue el pueblo indígena Tlacoquemécatl, palabra náhuatl que significa: “El lugar donde se viste de jarillas”. Jarillas son las plantas de donde se fabricaban las flechas para la guerra.

En este pueblo indígena en el siglo XVII comenzaron a surgir ranchos y haciendas como la de San Borja, no se sabe bien si fueron los franciscanos o los jesuitas los que la fundaron, pero sí que fueron los jesuitas los que la hicieron productiva con la ayuda de una tierra fértil, aquí los árboles frutales se daban en abundancia, como los tejocotes, dicen que había tantos, que por eso a una de las calles de la Del Valle se llama Tejocotes.

La hacienda de San Borja, que por ciertos una calle de la Del Valle lleva ese nombre, en 1767 era administrada por la Compañía de Jesús, pero el rey de España había decretado la expulsión de los jesuitas de los territorios de la corona, estos tuvieron que abandonar las tierras de la Nueva España. Y los terrenos pasaron de mano en mano entre particulares hasta la llegada al poder de Porfirio Díaz. Los terrenos se fraccionan surgiendo la colonia que se llamó California, y luego pasó a ser la colonia Del Valle.

El parque de Tlacoquemécatl es el corazón de esta colonia, rodeado de cafeterías y restaurantes donde reinan los Chamorros de Tlacoquemécatl, y cantidad de oficinistas llegan a la hora de la comida.

En una esquina, dentro del jardín, hay una iglesia, frente a ella hay una cruz hecha por indígenas en el siglo XVI, una obra de arte, la pequeña iglesia está pintada de blanco y está dedicada al Señor del buen despacho. Los vecinos me contaron que es el patrono de los Godínez, de los que trabajan en oficinas o despachos, digo que tanto es tantito”.

Para saborear comida rusa

Armando Ramirez

EN LA CDMX, ESTÁ DE MODA RUSIA, TIERRA DE GRANDES ESCRITORES COMO LEÓN TOLSTÓI

Ahora está de moda Rusia en la CDMX, es la tierra de grandes escritores como León Tolstói, Dostoyevski ¿o quién no ha leído “La Madre” de Máximo Giorki, visto en cine Crimen y castigo o Los Hermanos Karamazov.

Y en la música sabemos que la balalaica es un instrumento musical ruso, que los cosacos bailan una danza típica o hemos visto el Ballet Bolshoi, pero casi no se conocen lugarcitos para saborear algo de la comida eslava y no caros, en precio.

En la calle de Benjamín Hil, en la Hipódromo Condesa, está la cafetería-restaurante “El Cuento ruso” ahí puede admirar artesanías rusas como las matrioshkas, muñecas rusas que se destapan y sale otra y otra, dicen los rusos simbolizan a la familia, por eso surge una y otra como al nacer un bebé y otro. También puede encontrar literatura rusa. Puede pedir kvas, bebida refrescante a base de pan de centeno y malta, es parecida al tepache y sabe similar.

Si anda por los rumbos de la Alameda de Santa María la Ribera, puede pasear y admirar su quiosco morisco o entrar al museo de Geología y luego saborear la tradicional sopa que comen los rusos, aunque resulta que es de la tierra de donde son las mujeres más bellas, Ucrania, sí, la sopa se llama borsch, está hecha a base de remolacha que le da su color rojizo, carne, perejil, papas, zanahoria, crema ácida, etc. y se come fría o caliente, como que sabe mejor la fría. El lugar se llama Kolobok, está en la esquina de Salvador Díaz Mirón y la Alameda de Santa María la Ribera, tiene su historia, unos rusos pusieron una barrita de empanadas rusas ahí y tuvieron tal éxito que pusieron este hace más de 15 años y ahora con el campeonato de fútbol de Rusia que está de moda, la gente llega a pedir Pollo en salsa Strogonoff, bañado con salsa de champiñones.

El lugar tiene mesas en la banqueta y puede tomar café y postres rusos, ver viejos periodistas platicando con alguna argentina de espíritu bohemio, parejas mexicanas curiosas probando y un matrimonio de mexicano con rusa gozando, digo que tanto es tantito.

Llegó la Ford…

Armando Ramirez

Una línea de ferrocarril y una fábrica en los años 30 hicieron el milagro de colonizar o fraccionar terrenos cercanos a la Basílica de Guadalupe. Me refiero a colonias como la Industrial, la Guadalupe Tepeyac, la Estrella o la Guadalupe Insurgentes, que de no haber aparecido la fabrica de automóviles Ford y el ferrocarril Hidalgo, estas colonias no serían lo que son.

Imagine que estamos en la ribera del lago, algunos pueblos indígenas viven de explotar la sal y el tequesquite, como la población indígena de Tepalcatitlán, y ocupaban terrenos de colonias como la Industrial o la Guadalupe Insurgentes, y cuando se empiezan a desecar el lago a esas grandes extensiones de terrenos los fraccionadores le echan el ojo, pues la habitaban poca gente y hubo algún rancho que para aumentar su alcurnia le decían hacienda.

Esos terrenos en el siglo XX se vuelven muy valiosos para gente visionaria para el negocio como don Agustín Legorreta y el ingeniero Alberto J. Pani, ellos se dan a la tarea de comprar terrenos y fraccionarlos como la colonia Industrial, y la inauguran el 18 de noviembre de 1926.

En 1930 se instala la planta de automóviles de la Ford al paso de la línea del Ferrocarril Hidalgo, por eso ahora esa avenida amplia se llama Ferrocarril Hidalgo, y la fábrica Ford instala sus oficinas de exhibición y venta de autos sobre la calzada de Guadalupe y Henry Ford, obvio, esa calle se tenía que llamar como el dueño de la Ford, la planta recorría toda esta calle hasta llegar a Ferrocarril Hidalgo donde tenía sus bodegas. Y surgieron muchas más fábricas por esta zona; todavía quedan algunas.

Por eso es que la colonia Industrial se llama así “Industrial”, el país salía de la época violenta de la Revolución Mexicana y se encaminaba lo que llamaban los políticos la industrialización del país. De ahí que las calles de la Industrial tengan nombres de empresas importantes en esos años. Digo, que tanto es tantito

La Broadway chilanga

Armando Ramirez

HACE AÑOS ASÍ SE LE CONOCÍA A LA ZONA DE LOS TEATROS DE ANTONIO CASO E INSURGENTES

Lo anterior por la cantina de teatros y centros nocturnos en esas calles, amen, de que en Paseo de la Reforma estaba el cine Robles, ahora, el edificio del Senado.

En los años 60, 70 y 80 se da el auge de este ambiente, se exhibía con éxito el género del cine mexicano “las ficheras”. Comenzó con la película escrita por el Güero Castro, “Bellas de noche”, tenía todos los ingredientes: el galán Jorge Rivero, la vedette Sasha Montenegro, que como decían los clásicos del periodismo de la farándula, hacia “un desnudo integral” y comediantes como Carmen Salinas, Pancho Córdova y como plus, la intervención de la Sonora Santanera.

Película que hizo visible el mundo de fichetrices, galanes, y comedia de éxito popular. Las puestas en escena de estas comedias producidas por el productor Salvador Varela, casi siempre eran en los teatros de la calle de Antonio Caso.

Ahí al atardecer aparecían por los negocios de esa calles los jóvenes comediantes: el Caballo Rojas, el Flaco Guzmán, Rafael Inclán, Alfonso Zayas, Flaco Ibáñez, puros maestros en el albur, el chiste popular y los estereotipos populares, el gay, el cinturita, etc., y las vedetrices, eran el atractivo visual: Amira Cruzat, Iris Cristal, Gloriella, enseñaban todo y actuaban un poquito, también hubo comediantes como Sonia Piña, Susana Cabrera, la Pelangocha, Maribel Fernández, entonces las localidades cuando la comedia era de tirarse de la risa tenían teatro lleno y revendedores felices.

De tanto ver el palmito desnudo se iban a prolongar el éxtasis a los cabarets cercanos el Iris Astoria, sobre Insurgentes, el Afro Tramonto Insurgentes casi Sullivan y en el jardincito Louis Pasteur estaba el mítico Run Run, las orquestas tocaban desde swing hasta salsa y las ficheras esperaban a que las sacaran a bailar, les invitaran una copa o si tenían hambre iba a los tacos de Antonio Caso o iban de baboso a la calle de Sullivan, digo que tanto era tantito.

Para el calor unos ostiones

Armando Ramirez

AHORA QUE HA ESTADO haciendo calor y anda como Torombolo: sudado y le ruge el león, no hay nada como refrescar el cuerpo con una docena de ostiones, nada más para agarrarle la temperatura al tiempo.

Si no le gustan los ostiones u ostras entonces qué le parecen un doce de camarones en coctel y una chela bien helodia y michelada, ay ojitos pajaritos, hasta me dan ganas de hacer gorgoritos, ahora que si quiere llevarse sus mariscos a la casa para prepararlos como usted cree que dios manda, aquí sobre la calzada de la Viga también venden productos del mar fresco y bara bara.

Y lleva los ingredientes para prepararse unos cocteles como para el rey León, se tira en el sillón y pone su serie de Luis Miguel, ay ojitos pajaritos, hasta se va a sentir el Sol de chilangolandia. Ahora que si usted anda en la actitud que sólo lo orgánico da salud pues salud, agarra el Metro y dos tres estaciones adelante está el mercado de Jamaica, el verde es vida, me cay.

Cuando esté en el mercado métase hasta el fondo a donde están las mujeres indígenas ofreciendo los productos que nos da la madre tierra, maravillas que se extienden en las mantas sobre el piso del mercado, eso sí se maravillará de los champiñones enormes, las setas parecen orejas de elefante arrugadas, los honguitos, tal los describe Lewis Carrol en “Alicia, en el país de las maravillas”, eso sí no venden conejos blancos que usen sombrero de copa. Las señoras con su piel de cáscara de cacahuate y su tono moreno por los inclementes rayos del sol, vigilan con ojos profundos sus setas, hongos y champiñones.

Se imagina para la cena unas quesadillas con setas, epazote, queso Oaxaca y unas rajitas de chile verde. Y los huazontles, con sus frutos abundantes, para rellenarlos de queso, capeados y una salsa de jitomate o en chile pasilla y que se repita la serie de La reina del sur… Y que saquen el agua de limón con chía, porque aquí en Jamaica, la exhiben en jícaras.

Y cómo ve?, unas verdolagas con carne de puerco en salsa verde, unas tortillas clientes… uy uyuuy, repito. Esto sí es orgánico porque llega de las chinampas de Xochimilco, ahora que el estómago gruñe, dele de comer a los bichos, qué le parece un huarache azteca con una costilla y una salsa molcajeteada y de beber lo que guste, que tanto es tantito.

La Balbuena es rica en famosos

Armando Ramirez

DONDE SE UBICA LA COLONIA JARDÍN BALBUENA ERAN LOS TERRENOS DE DOS HACIENDAS

La Magdalena y Santa Lucía, propiedad de la familia Braniff, de hacienda sólo tenían el nombre, eran potreros, pastizales, que el gobierno compró y abandonó.

Esos terrenos los usó Alberto Braniff para volar su aeroplano, también Emilio Carranza, sobrino de Venustiano, incluso el Presidente Madero fue el primer mandatario que voló en un avión ahí, su piloto fue Dyott, en un Desperdussin.

Estos terrenos sirvieron de campo de aviación de los militares, hasta que por 1946 el Gobierno los fraccionó.CDMX. Así surgió la Merced Balbuena que fue ocupada al principio por bodegueros de la Merced que construyeron casas estilo neocaliforniano, todavía en Congreso de la Unión se ven algunas.

Los terrenos de la Balbuena fueron campos de fútbol y en los años 50 se levantaron casas de clase media, era una población de comerciantes de la Merced, deportistas exitosos, profesionistas que iniciaban la formación de sus familias, etc. Y más adelante comenzaba la colonia Moctezuma, con tres secciones.

La Jardín Balbuena que es hermana de la Unidad John F. Kennedy fueron diseñadas por el arquitecto Mario Pani y su socio Agustín Landa.

Una características de la Jardín Balbuena son sus retornos, las casas eran parecidas, fueron financiadas por el Banco Nacional, con el tiempo han adquirido su personalidad propia por las modificaciones de sus dueños, en las calles principales se observa en algunas casas que en los frentes han puesto cafeterías, escuelas, tiendas, etc. Y las palmeras que se plantaron han ido desapareciendo.

La Jardín Balbuena es rica en dar futbolistas como Enrique Borja o Hugo Sánchez y en la actualidad Raúl Jiménez y no digamos de luchadores, nada más porque no traen sus máscaras no los reconocen, Armando Vega Gil de Botellita de Jerez y como olvidar un hijo ilustre de Tepito que también fue ilustre en la Jardín Balbuena Raúl “Ratón” Macías, que hasta restaurante tuvo en esta colonia, digo que tanto es tantito.

De pipa y guante en nuestro salón Savoy

Armando Ramirez

 El fin de semana no hay nada como sacarle brillo a la pista de baile de la ciudadela

EL SAVOY era un salón de baile, en Harlem, en Nueva York, ahí los negros se lucían bailando con las Big Band, iba también la crema y nata de los intelectuales neoyor­kinos para admirarse como baila­ban los negros y eso porque en el corazón del barrio negro había un salón llamado Cotton Club donde no permitían la entrada de la gente de raza blanca.

Ahora en la Ciudad de Méxi­co cuando los salones de baile clásicos están desapareciendo: El Colonia, Smirna… quedan sólo Los Ángeles y el California Dan­cing Club y un montón de lugar­citos y jacalones donde la gente va a bailar, pero los jardines de la Ciudad han venido a sustituir a los salones de baile para la gente de los barrios.

Sí usted gusta divertirse los fi­nes de semana bailando y ligan­do, no hay nada como vestirse de pachuco o de perdis llevar los za­patos boleados para sacarle bri­llo a la pista de asfalto en la Ciu­dadela, ahí es el corazón de los bailarines de la salsa y el danzón.

Si en el Savoy neoyorkino iban los negros vestidos de pipa y guante, acá en la Ciudadela no se quedan atrás, la Ciudadela es un jardín donde se encuentra la Bi­blioteca México sobre la calle de Balderas, este jardín tiene en el centro la escultura del Padre Mo­relos, en frente hay un mercado de artesanías y sobre Balderas un tianguis de libros usados, pelícu­las de arte y libros de novedad.

Si se adentra en el jardín con su pareja quedará arrobado ante el espectáculo, cientos de perso­na están bailando danzón o salsa y lo bailan con brillo y en un ladri­llo, de a cartoncito de cerveza, no, eso solo en los cabarets o en una fiesta cuando hay amor.

No cobran, sólo le piden que vista con elegancia, las mujeres con zapatillas de tacón alto y los hombres con zapatos de tacón cubano, en el escenario hay un sonido potente para bailar, si us­ted gusta de ver bailar, quedará sorprendido por la sensualidad y elegancia con que bailan el dan­zón.

Los hombres huelen a loción y las mujeres a perfume, en reci­pientes de vidrio llevan lo que co­merán en las bancas del jardín en un descansito, es bonito ver a la gente bailar por el simple hecho de divertirse, de explayar su sen­sualidad y ejercer su seducción por la damita deseada o el galán que las atrae, aquí la lección es, no cuesta nada divertirse en la ciudad, digo, que tanto es tantito.

Ahora es la Zona Arco Iris

Armando Ramirez

ZONA ROSA DEBERÍA LLAMARSE ZONA DEL ARCO IRIS, POR LOS COLORES DEL MOVIMIENTO GAY

Pero no siempre fue de restaurantes de pozole, lugares de tortas, quesadillas, pizzerías, chelerías y lugares gays.

En los años 50 esa zona de la colonia Juárez, era sofisticada, se creían de la aristocracia porfiristas, había casas que eran palacetes, principalmente las que estaban sobre el Paseo de la Reforma.

La Juárez se iba a llamar colonia Americana donde los hijos del tío Sam tendrían sus aposentos, pero con el tiempos esta zona tuvo hoteles de prosapia como el Geneve, en la calle de Hamburgo, ya en los años 50 llegaron los intelectuales, era la época de los Beatniks, jóvenes que seguían la moda filosófica del existencialismo del francés Jean Paul Sartre.

Jóvenes vestidos de negro y diciendo que tenían náuseas de la existencia, eran jóvenes cultos, inteligentes, tuvieron su nido en la calle de Génova, la que da al Metro Insurgentes, ahí había un pasaje llamado Jacarandas, tenía salida por la calle de Londres y ahí don Jacobo Glantz tuvo un café (era el padre de la escritora Margo Glantz), el café se llamó Carmel.

Ahí llegaban jóvenes latosos como Carlos Monsiváis y su cuate un pintor llamado Vicente Rojo, luego cayó Alfonso Arau, era cómico y frecuentaba este café y otro que estaba en Niza y Hamburgo, ahí con Monsiváis formaron un grupo llamado los Tepetatles, una parodia de los Beatles; hicieron célebre el himno de la Zona Rosa: Niza y Hamburgo con paraguas de Cherburgo…

En la calle de Génova surgió el café Toulouse Lautrec, de Mauricio Soriana, ahí llegaba el escritor Luis Guillermo Piazza, el periodista Fernando Benítez y se fue formando en esos cafés y galerías la Mafia Cultural de la Zona Rosa.

Por cierto Luis Guillermo Piazza le puso el nombre a la Zona Rosa, decía que no era una zona roja blanca, sino rosa, otros, como José Luis Cuevas decían que le puso Zona Rosa como un homenaje a Rosa Carmina, la célebre rumbera del cine mexicano, y vaya usted a saber, el chiste es que surgió la Zona Rosa, que tanto es tantito.

El mercado de la Río Blanco

Armando Ramirez

ESO COMELONES, sibaritas del asfalto, gourmets de la CDMX les traigo grandes noticias en el mercado de la Río Blanco andan de pipa y guante y el mostacho crecido, entra uno al mercado por Congreso de la Unión y nos deslumbra un local de carnes frías y no sé qué tantas cosas, muy moderno, ya no hay aquellas planchas de granito frías y amarillentas, ahora son locales, la neta, modernos, el local de una de las locatarias más antiguas da gusto ver cómo coloca en pirámide sus verduras: jitomate, calabazas, frutas: naranjas, peras, mangos, serían la inspiración de la pintora Olga Costa, tiene una obra maestra, la belleza de una vendedora de fruta en su puesto, el cuadro está en el Museo de Arte Moderno.

Así de bello se ve el puesto de una de las locatarias más antiguas del lugar. El mercado tiene su mural dedicado a Yacatecuhtli, el Dios Azteca del comercio, los pasillos están limpios, se puede caminar sin tropezarse con diablitos o botes de basura, ni resbalarse, además no están por secciones, las verduras, los abarrotes o carnicerías no están separados, están revueltos en orden y le dan más vida al mercado de la Río Blanco.

Tienen wifi gratis y cámaras de vigilancia, las carnicerías adquieren esa belleza de la carne fresca que inspira a las amas de casa a preparar un caldo de olla o carne en pipían, carne fresca que no encuentra en el super, las frutas y verduras frescas y nutritivas ahora que están de moda las dietas aquí los esbeltos serán felices a bajo precio.

Y para mis cuates tragones encontré en el mercado de la Río Blanco un local de tacos de tripa, los de don Jesús Díaz, también tiene tacos de suadero y chorizo, de dios guarde la hora, todo está preparado al estilo de Chavinda, Michoacán, de donde es don Jesús Díaz.

Los tacos de tripa no tienen matraca, además de su peculiar sabor, le echan una salsa de chile habanero hervido, también tienen salsa de chile habanero asado y un guacamole con chile manzano y hay racimos de pápalo y cebollas en rajas con chile manzano, rebanadas de pepino con la receta secreta de chile molido al estilo Chavinda, Michoacán. uy, y las tortillas calientitas, el trato amable, me dan otro de tripa doradita, no se manchen los dedos que los tacos son de etiqueta, se los recomiendo, como me los recomendaron unas trabajadoras, digo que tanto es tantito.

Basta! para que te enredes

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