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Qué tanto es Tantitito

Calle Madero frívola y con caché

CIUDAD DE MÉXICO, 10NOVIEMBRE2016.- El Festival Internacional de las Luces Filux 2016 fue inaugurado esta noche en diversas plazas de la ciudad de México, como Santo Domingo, el Palacio de Bellas Artes y la calle peatonal de Madero. FOTO: ISAAC ESQUIVEL /CUARTOSCURO.COM
Armando Ramirez

En esa calle tuvo su palacio, cuando fue emperador Agustín de Iturbide

La calle de Madero es rica en anécdotas que contar, una parte de ella, la que daba al convento de San Francisco (solo queda la iglesia del mismo nombre), por eso se llamaba San Francisco, está en ese tramo. Y la parte que lleva al Zó­calo se llamaba Plateros, ahí había muchos comercios de platería y joyerías. Pero ya saben, llegó Pan­cho Villa y le cambió el nombre a la calle, por su admiración a Fran­cisco I. Madero la llamó ¡Madero! Es más, advirtió que si alguien osa­ra cambiarle el nombre, vendría y mataría al irreverente.

Y se le quedó el nombre de calle Madero, en donde tuvo su Palacio cuando fue emperador Agustín de Iturbide, hoy es un museo, y en la esquina, frente a la Profesa, tenía su casa la Güe­ra Rodríguez que lo mismo tuvo en su lecho a Simón Bolívar, a Alexander Humboldt y a Agustín de Iturbide, quien parece lo incitó a ser Emperador de México. Cla­ro, fueron sus amantes de uno en uno y en diferentes años.

En la época de Porfirio Díaz fue la calle francesa por excelencia, ahí había tiendas y comercios de renombre francés, ahí se pasea­ban los hombres y mujeres de las clases altas, personajes extranje­ros y poetas como el Duque Job, que no era otro que Manuel Gu­tiérrez Nájera, quién incluso, como lo traía de una ala una güerita, le compuso uno de sus célebres poemas, en donde la hace cami­nar por Plateros, ahora Madero: “Si pisa alfombras,/ no es en su casa;/ si por Plateros alegre pasa/ y la saluda madam Marna… “. Y en otra estrofa sigue: Desde las puertas de la Sorpresa/ hasta la esquina del Jockey Club,/ no hay española, yanqui o francesa,/ ni más bonita ni más traviesa/ que la duquesa del duque Job”. El Joc­key Club ocupaba la Casa de los Azulejos, y la sorpresa era una de las tantos comercios de esa calle, como el café La Concordia, donde el mismo Duque Job nos dice que desayunaba con champaña. Ni qué decir del gran López Velarde, viviendo en la calle Álvaro Obre­gón, en la colonia Roma.

Un Palacio como en Europa

Armando Ramirez

IMAGINE A UNA SEÑORA CONDESA ENAMORADA DE UN MARQUÉS, VIVEN EN ESTA CIUDAD EN LA ÉPOCA de la Nueva España, los dos tienen inmensas fortunas, se casan y la señora le dice a su marido su sueño con construir un Palacio como los que hay en Europa, el mejor de la Ciudad.

Esa señora, era la condesa de San Mateo de Valparaíso, y el marido fue el marqués del Jaral y Berio y el lugar al que le echaron el ojo, era una vieja fortificación que se encontraba en la (hoy) esquina de Venustiano Carranza e Isabel la Católica, ese terreno había sido de un soldado, de aquellos que arriesgaron su vida en un continente desconocido y un mundo nuevo, Cortés por mandato del Rey de España otorgó a sus soldados terrenos en el lugar conquistado, uno de ellos fue Alonso de Nortes; eran hombres sin preparación que cuando empezó a llegar la élite de España les vendieron sus propiedades, en este caso a Juan Cermeño, quien construyó una casa, más bien, una fortificación.

Éste la vendió cuando se estaban aposentando en estas tierras nobles españoles en el siglo XVIII, esos nobles fueron la Condesa de San Mateo de Valparaíso y el Conde del Jaral y Berio. Renovaron la vieja construcción y han hecho uno de los edificios novohispanos más hermosas de esta ciudad, hasta la fecha sigue en pie, es uno de esos palacios que dio fama a la Ciudad para que la llamaran la Ciudad de los Palacios.

Tiene una puerta principal que es una obra artística del trabajo en madera, cuando vaya por Isabel la Católica admírela. Pero ya saben todo por servir se acaba y llegó el tiempo en que el Mayorazgo constituido por la familia de San Mateo de Valparaíso y del Jaral y Berio vendió el sueño de la condesa en el siglo XIX a un Clemente Sanz, que lo hereda a su hija, que ni tarda ni perezosa, en 1882 lo vendió por 135 mil pesos, a un banco recién fundado, el Banco Nacional de México, que lo usa hasta la fecha para sus oficinas, en el Centro Histórico. A veces se piensa que la riqueza dura siempre y pues a veces no, digo que tanto es tantito.

Plaza de Loreto viejo centro muy europeo

Armando Ramirez

En este centro los españoles llegaron con sus tiendas, sus cantinas y sus hoteles de paso

LA PLAZA DE LORETO ES UNA VERBENA, no importa que la iglesia de Loreto esté cerrada, parece que resultó muy dañada en septiembre del 2017, ya saben la historia de esta iglesia de im­ponente cúpula que diseñó Ma­nuel Tolsá, desde que se estre­nó comenzó a inclinarse, como borrachito se ha ido de ladito, todavía hace año y medio podía entrar y parecía que una fuerza gravitacional lo jalara de lado.

Es la construcción que domi­na la plaza donde los invidentes ofrecen sus servicios para que los chilangos aflojen el cuerpo que llevan tenso por el estrés, con su tacto reconocen mejor dónde el cuerpo está “anudado” y distender los músculos tensos.

En la esquina de Loreto y Justo Sierra, la continuación de Donceles, hay dos sinagogas, testimonio de lo que fue el barrio de los judíos, en calles como Aca­demia, Jesús María, San Jeróni­mo llegaron a vivir hombres que venían de Europa. Los sefarditas hablaban una especie de español antiguo y vendría de España o de Bulgaria, por eso una de las sinagogas es de rito sefardita y la otra sinagoga es del rito askena­zi, son judíos que hablan una len­gua influida por el alemán, vinie­ron de Alemania, Polonia, países del centro de Europa.

En los años treinta tenían su carnicería y panadería kosher, los domingos se reunían en sus sinagogas, de esas familias que habitaron el centro provino el periodista Jacobo Zabludovsky, no por nada quiso tanto a La Merced, su barrio.

En el Centro hubo varios lu­garcitos de comida libanesa, en varios aspectos usan los mismos elementos que la comida de los judíos, son culturas del Medio Oriente y en el Centro Histórico es común ver en el Al Andalus comer a judíos y libaneses.

Los libaneses tienen su igle­sia, la de Balvanera, en la calle de Uruguay, donde se venera a San Charbel, dicen, es el santo favori­to de Carlos Slim, recuerden que su familia tenía su negocio en La Merced.

En este Centro los españoles llegaron con sus tiendas de aba­rrotes, sus cantinas, sus hoteles de paso. Y ahora los oaxaqueños llegan con su queso, sus tlayudas, sus nieves y mezcal y los jarochos con sus ostionerías, eso sin con­tar a la comunidad armenia que también anduvo por acá o los chi­nos y ahora coreanos y japoneses digo, el Centro Histórico, siem­pre ha sido multicultural, hay de todo, digo, qué tanto es tantito.

Un político con pata de conejo

Armando Ramirez

COSAS DE LA POLÍTICA, MANUEL ROMERO RUBIO FUE UN POLÍTICO CON SUERTE, ASESOR DE SEBASTIÁN Lerdo de Tejada, quien luchó junto a Benito Juárez. Y la suerte de Lerdo de Tejada favoreció a Romero Rubio. Lerdo fue presidente del país (1872- 1876) y Romero Rubio su asesor: Pero la suerte le cambió cuando Lerdo quiso reelegirse y Porfirio Díaz se levantó en armas y venció a Lerdo.

Entonces Lerdo y Romero Rubio se desterraron a los Estados Unidos y Díaz subía al poder. El asesor de Lerdo no aguantó y regresó al país en el año de 1880. Y con suerte, Manuel Romero Rubio lleva su hija Carmen a una recepción de la embajada americana, ahí estaba Porfirio Díaz y que lo flecha Carmelita. Díaz, como andaba querendón, se casa en segundas nupcias con la hija de su rival político.

Llegó la buena para Manuel Romero Rubio. Porfirio nombra a su suegro secretario de Gobernación, cargo que tuvo hasta su muerte en 1895… cómo cambian las cosas en política. Manuel, de ser asesor de Lerdo, es aecretario de Gobernación y suegro de Porfirio Díaz. Por cierto la colonia Romero Rubio se llama así porque esos eran terrenos de esa familia.

En la esquina de Tacuba con el Eje Central hay una construcción en cuyos terrenos el conquistador Hernán Martín tuvo su casa, premio a su participación en la conquista de Tenochtitlan; era una terreno grande, lo que hoy abarca las dos construcciones de esa esquina, es una tienda de Sanborns, ahí hay una placa donde se lee, que ahí tuvo su casa Hernán Martín. Y en otra placa se lee que en la casa actual vivió el escritor y político Ignacio Manuel Altamirano.

La otra casa es la escuela de la Administración Pública, bello edificio con trabajos en canteras en sus columnas y ventanas y una grandiosa escalera.

En esa casa mítica, que no estoy seguro cuál es, Porfirio Díaz le pide matrimonio a Carmelita. Cosas de la política, no solo basta ser buen político, sino tener una pata de conejo, digo, que tanto es tantito.

La Capilla Sixtina chilanga

Armando Ramirez

Para los mexicanos era Vlady, pero su nombre completo fue Vladímir Víktorovich Kibálchic Rusakov, yo creo sus amigos pintores como José Luis Cuevas dijeron, mejor le llamamos Vlady, y así se le conoció, su padre Víctor Serge, escritor e intelectual comunista, fue perseguido por Stalin hasta que lo encerró en Siberia, ahí Vlady aprendió sus primeros conocimientos escolares, había nacido en 1905 en Petrogrado.

El Padre y el hijo anduvieron por toda Europa, hasta que en 1943 Vlady que conocía la obra de Frida Kahlo y Diego Rivera entabló correspondencia y fueron bien recibidos en México, aquí Vlady se nacionalizó mexicano y falleció en Cuernavaca en 2005.

Vlady se convirtió en un artista muy conocido en Europa y formó parte de un grupo llamado de la “Ruptura” donde estaban Cuevas, Felguérez, Gironella. Todo esto viene a cuento porque hay una obra maestra del muralismo mexicano en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, que usted debe conocer. Está en la calle del Salvador, entre Bolívar e Isabel la Católica, por donde pasa el Metrobús, no hay pierde para llegar.

Si usted es chilango que se respete o visitante de la Ciudad, échele un ojito a este mural que se encuentra en los muros de la Biblioteca que fue el Ofertorio de san Felipe Neri, la porta de la entrada es de una belleza barroca que vale la pena admirar, entre y descubrirá una de las obras más hermosas de Vlady, que nos dejó para orgullo de los chilangos, “La Revolución y sus elementos”, es una fiesta del color con referencia a la historia de la humanidad, va del Quijote, a Benjamín Franklin, de Freud, a la toma de la Bastilla, la entrada es gratuita.

Muchos le llaman la Capilla Sixtina chilanga, puede entrar, sentarse en cada uno de los sillones de piel que hay y admirar la obra y si tiene dudas, la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, es una de las más modernas, en sus computadoras puede consultar lo que desee saber o los periódicos antiguos o los del día.

Hay temporadas de música clásica en la capilla, bien vale la pena visitar este hermoso edificio que por culpa de los murales de Vlady deslumbran sus formas y el colorido, una maravilla del muralismo. Y es una lástima que los chilangos no lo conozcan y mejor los extranjeros, digo, está en el Centro Histórico, qué tanto es tantito.

Los de Ramiro para darse un buen taco

Armando Ramirez

El lugar es famoso y hasta boxeadores recibe, es un clásico para los sibaritas

RAMIRO tiene más de cuarenta años de hacer los mejores tacos de tripa y de hígado en Tepito, es un clásico para los sibaritas del Centro Histórico y visita obligada de la gente que va a comprar al barrio, pues pasan a su negocio como si fueran a la pila de agua bendita de su iglesia favorita.

Es chaparrito pero picoso, di­ce que sus tacos tienen seguro médico y dura hasta que llegan a su casa, después él no se hace responsable, suelta la carcajada por la broma. De niño aprendió a boxear, el barrio es bravo, lo aga­rraban de barco, y después de las lecciones les aguantaba diez rounds aunque siguiera perdiendo pero les daba sus moquetes.

La carne con que hace sus ta­cos la encarga al estado de Tamaulipas, mientras vemos cómo las tripas se fríen y van cambian­do su color hasta alcanzar un do­radito que indica que están como chicharroncitos, se comen con una salsa roja o verde que les da más sabor. Las mesas del lugar están ocupadas en su mayoría por familias o parejas que andan en veremos, casi todos llevan bolsas de plástico grandes, de color negro, llegan de los muni­cipios conurbados o de colonias populares, aunque hay uno que otro estudiante de sociología.

También hay tacos de cecina enchilada, pero los que más sabrosos me saben son los de hí­gado encebollado; los trozos son carnosos y tienen ese sabor del buen hígado, maridado con la cebolla, y freídos en su punto, eso sí excuso decirle que aquí la gente no se come uno o dos o tres tacos, van de seis para arri­ba, y la mayoría los acompaña con cerveza de las fuertes, coca cola o café.

Ramiro canta boleros clási­cos como Tus ojos me enseña­ron lo que es ternura… o Como un rayito de luna, y a la gente le gusta su estilo con voz ento­nada, y al dejar de cantar nos cuenta que antes por aquí lle­gaban a comer tacos boxeado­res y gente famosos como José Medel y a veces Rubén Oliva­res, Mantequilla Nápoles o el Flaco Guzmán, bueno, hasta cuando fue candidato Ricardo Monreal, ahora flamante sena­dor por Morena, llegó a darse su taco comiendo unos tacos de tripa entre el pópulo…

El lugar está en la calle de Aztecas, a media cuadra del Eje uno norte, donde hace años Cornelio Reyna filmó una pelícu­la. Y Ramiro se acuerda de “me caí de la nube en que andaba”, la gente comía tacos, digo, qué tanto es tantito…

Para tragones buen lugar para comer

Armando Ramirez

Es un lugar donde hay de todo, mariscos, comida corrida, carnes asadas, carnitas, buen café y hasta unas gorditas

EL MERCADO Lázaro Cárdenas es para tragones. Y no es para menos, hay de todo, mariscos, comida corrida, carnes asadas, carnitas, buen café y unas gor­ditas que son de muy señor mío, el mercado está en la esquina de avenida Coyoacán y Romero de Terreros, en la colonia Del Valle. En la contra esquina del merca­do hay un edificio muy bonito de departamentos, es como de los años 40, con detalles de art decó, en los bajos tiene una antigua car­nicería, una tienda y otros locales comerciales.

La esquina parece sacada de una películas de hace décadas, la Ciudad de México del medio si­glo, cuando la Del Valle se pobla­ba y el tranvía llegaba por estos rumbos, colonia de clase muy me­dia, donde los trabajadores de la oficinas buscan los lugares sabro­sos del mercado es bonito, es bue­no, sabroso y de precios medios.

Fue inaugurado en el año de 1956, como muchos de los merca­dos públicos antiguos, Martínez de la Torre, la Lagunilla, la Merced, etc. Ahora se ve que al mercado le dieron su manita de gato, crea­ron con la pintura juegos geomé­tricos, muy artísticos, las fondas están muy bien arreglada.

En el interior del mercado hay grandes puestos de fruta y ver­dura, acomodados de una mane­ra estética y lo que todo mundo nos platica es de una cafetería que está en el interior, se llama Passmar, tienen buen café y otras bebidas relacionadas con la cul­tura del café, postres hechos a base de café y venden sanwiches y cuernitos o desayunos.

Las gorditas que venden afuera del mercado son de maíz azul con chicharrón y una salsa muy sabrosa, nada más por es­tas gorditas, tragones, vale la pena visitar este mercado, se llama Lázaro Cárdenas, pero la gente le llama como su barrio: Del Valle Norte.

A un lado del mercado hay una reparadora de zapatos, gran­de, donde a la gente que le es­tán reparando sus zapatos, están sentaditos, quietecitos con sus pies encalcetinados, el hombre que atiende es muy alburero pe­ro unas gotas de humor siempre son bienvenidas.

Comimos en una de las fon­das, las meseras guapas y aten­tas, sirven con alegría, en verdad esto se agradece, pedí una mi­lanesa, viene con 3 enchiladas, arroz abundante, nos dicen que las flautas de barbacoa son ex­quisitas. Un buen fin de semana gourmet es este mercado, hay para todos los gustos, digo, que tanto es tantito…

Un sitio emblemático

Armando Ramirez

DONDE SE ENCUENTRA EN LA ACTUALIDAD EL EDIFICIO DEL BANCO DE MÉXICO en la esquina de 5 de mayo y Eje Central, en la época de Tenochtitlán, se encontraba una de las casas de placer de Moctezuma; tenía varias, era garañón.

Lo cuenta Hernán Cortés en las Cartas de Relación que le escribe al rey de España, donde dice que mientras mantenía cautivo a Moctezuma, éste empezó a decaer en su ánimo y habló con Cortés, le pidió permiso para ir a una de sus casas de placer.

Y Cortés, según él mismo, en buena onda, le dio chance ir a visitar a sus muchachas, porque en esas casas de placer había algunas con las cuales iba a retozar Moctezuma, y además bebía pulque. Ya sabrán lo alegre que se ponía con el “muchachero” y las muchachas el señor de Tenochtitlán. Y regresaba a su cautiverio feliz como una lombriz.

Por cierto, el mismo Cortés nos cuenta que Moctezuma tenía una especie de zoológico donde ahora se encuentra la Torre Latino, a donde aparte de las maravillosas aves que coleccionaba, como los quetzales o los papagayos, también había hombres albinos, los aztecas consideraban de buena suerte, con eso de que Moctezuma era supersticioso.

Ahora, en ese mismo sitio en el año de 1905, en la esquina de 5 de mayo y el Eje Central, se levantó un edificio de estilo renacentista italiano para albergar las oficinas de una empresa de seguros, The Mutual Life Insurance Company de Nueva York. Pero ya ven llegó la Revolución y el 25 de marzo de 1925, Plutarco Elías Calles ordena un decreto para dar nacimiento al Banco de México.

En ese bello edificio laboran para cuidar el valor adquisitivo del peso, mantener a raya la inflación y otras cosas, lo cual es un mandato por decreto. El edificio en su interior fue remodelado por el arquitecto Carlos Obregón Santacilia, que por lo visto era el arquitecto consentido de los revolucionarios. Uy, en este sitio fue feliz Moctezuma, ojalá ahora salgan las buenas vibras para los mexicanos, que tanto es tantito..

Fin de semana en San Jacinto

fArmando Ramirez

El jardín evoca a los parques de pueblo, donde la gente del lugar pasa la tarde y descansa

EL 12 DE SEPTIEMBRE de 1847 en la plaza de san Jacinto fueron ejecutados los hombres que for­maban el Batallón de san Patricio, formado por más de un ciento de irlandés y un grupo de alemanes que se unieron al ejercito mexica­no para combatir la invasión del ejercito estadounidense. En un muro de una casona de esta plaza hay una placa en cantera donde están grabados los nombres de estos hombres.

La plaza de san Jacinto vale la pena visitarla, tiene su jardín del arte donde pintores venden su obra, en la calle de Juárez, en el mismo jardín, está la casa de Joa­quín Fernández de Madrid y Ca­nal, quién trabajaba de Obispo de Tenagra. La casa años después tuvo habitantes ilustres como el escritor José Zorrilla, autor del famoso Don Juan Tenorio, tam­bién la habitó Antonio López de Santa Anna, sí su ilustrísima, pero cómo no, si era arroz de todos los moles, ahora la casona alberga el Bazar del sábado, un lugar donde venden artesanía de diferentes rumbos del país.

Adelante está la casa de Isidro Fabela, ahora es el Museo del Risco, tiene una gran acervo cul­tural, como la fuente de la casa, está pegada a un muro y ahí se le­vanta sobre el muro una cantidad de objetos de porcelana, se dice llegaron con la Nao de China, era una nave que llegaba del oriente con objetos de aquellas tierras para comerciar, aunque dicen, que no era Nao sino un barco, y no era de China, llegaba de las Filipinas.

El Jardín de san Jacinto evo­ca los jardines de pueblo, donde la gente del lugar pasa la tarde, como los señores mayores, llega­dos del pueblo de Tizapán que charlan con sus amigos en estas bancas. En la esquina con Madero está la célebre cantina La Came­lia, donde los actores jóvenes lle­gan en la noche a hacer su fiesta.

Si a usted no le gusta codearse con la farándula lo puede hacer con el pueblo denso, a una cua­dra del mercado está la cantina La Invencible, es un cuarto, tie­ne dos entradas, el lugar está en penumbras, si entra los pocos pa­rroquianos lo miran con cara de malos amigos. Salimos y al dar la vuelta encontramos el Museo de las Revoluciones, el chiste de esta casona es su leyenda, dice, ahí se escondía Chucho el roto después de cometer sus atracos, por cier­to en esa calle hay un negocios que venden crepas y tortas a la vez, digo que tanto es tantito.

De momias y gorditas

Sobre Avenida Revolución, el tramo que dominan la iglesia, el Museo del Carmen…

Armando Ramirez

… la Casa de Cultura Jaime Sabines y el Centro Cultural San Ángel, hacen sin querer un homenaje a la orden de los car­melitas descalzados. Ellos llegaron por estos lares, llamado Tenantitla, que algu­nos traducen como lugar de murallas o de piedras.

Los carmelitas descalzos es una orden muy rigurosa con los votos de humildad, ellos construyeron en 1615 el colegio de San Ángelo Mártir y terminaron en 1624 su iglesia, de ahí que con el tiempo Tena­titla se le llamara San Ángel. Su claustro tenía una huerta, era enorme, imagínese, de avenida Revolución, actualmente ten­dría que cruzar Insurgentes Sur, cruzar el parque de la Bombilla y llegar al barrio de Chimalistac, hasta ahí llegaba su huerta.

Hoy la iglesia sigue sus actividades, por cierto a la entrada de la iglesia hay una señora con un bracero y haces unas gorditas como en La Villa pero con ca­nela, y sobre la acera seguimos por don­de fue el colegio y ahora es el Museo del Carmen, que tiene maravillosas pintu­ras del periodo novohispano, y la misma arquitectura es una belleza; recuerden que fue con las leyes de Reforma que estos bienes de la Iglesia pasaron al go­bierno federal y fue en el año de 1938 cuando inicia sus actividades el Museo del Carmen.

Además contiene las famosas momias del Carmen, es decir del museo, son 12 cuerpos que se momificaron de manera natural, se cree que los cuerpos de estas momias eran de gente del pueblo de Te­nanitla que fueron enterrados en las crip­tas del Colegio de San Ángelo.

Cruzando avenida Revolución se en­cuentra la Casa de Cultura Jaime Sa­bines, es un homenaje a un gran poeta, aquel que escribió, el poema Los Amo­rosos: “Los amorosos juegan a coger el agua/ a tatuar el humo, a no irse./ Juegan el largo, el triste juego del amor”.

Y eso que no contamos el Centro Cul­tural San Ángel, que fue Palacio Munici­pal, digo que tanto es tantito

En las cantinas… grandes ideas a veces nacen

Armando Ramirez

La cantina salón Madrid es una tradición en el Centro Histórico de la Ciudad De México

HAY UNA VIEJA CANTINA que tiene historia y anécdotas a montones, hace tiempo ahí me encontré a Paul Leduc, el director la primera versión en cine de Frida, que interpretó Ofelia Medina; como hombre de inclinaciones intelectuales estaba con su grupo de actores en esa vieja cantina de la plaza de Santo Domingo esquina con Belisario Domínguez. Luego me encontraría a rockeros, cantantes folclóricos, escritores y periodistas, que iban en busca de un recuerdo y de un mito.

En esa cantina se reunían los líderes estudiantiles del año de 1929, sus manifestaciones no las hacían en el Zócalo, se complacían en recorrer las viejas calles del barrio universitario, San Idelfonso, Licenciado Verdad, Justo Sierra, Moneda, Donceles, Cuba, Brasil, para llegar a la Plaza de Santo Domingo, donde estaban los evangelistas escribiendo cartas de amor, y ahí hacían su mitin.

Luego los líderes entrarían al Salón Madrid a refrescarse y a discutir sus ideas de autonomía para la Universidad, y en un arco de los portales, el de la esquina, hay una placa recordando ese hecho. Fue en el edificio ahora conocido de la Autonomía donde Alejandro Gómez Arias dijo que la Universidad sería Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.

Ni pensar que existiera Ciudad Universitaria. Por eso las calles del Centro era un hervidero de vida estudiantil con cafés de chinos, casas que rentaban cuartos para estudiantes como en Santo Domingo, según narra José Vasconcelos, en sus memorias del Ulises Criollo. En el Salón Madrid tenían tal categoría de tortería exquisita que el dandy de los poetas, el cronista de la Ciudad de México, que en ese momento no lo era, iba a devorarse una torta de pavo.

Es más, hace unas semanas el periodista y novelista Arturo Pérez Reverte escribía en un periódico de España, sobre su nostalgia de cuando estaba en México e iba a esa cantina a tomar café, supongo con brandy, y a leer. El autor del Capitán Alatriste y de La reina del sur era cliente de esa mítica cantina y lamentaba de su extinción.

Y contra la corriente de desapariciones de cantinas en el Centro, ahora volvieron abrir esta vieja cantina de tradición que no sólo es para ponerse chachalacos, sino también para la conversación o pláticar como decimos en Mexiquito lindo y querido, digo, que tanto es tantito

¿Aprendimos con el 19-S?

Armando Ramirez

CÓMO PASA EL TIEMPO, Y PENSAR QUE EL 19 DE SEPTIEMBRE DE 2017, A LAS 13:45 HORAS, HACE UN AÑO se comenzó a mover la tierra y el miedo se regó por las calles, los edificios, casas, el movimiento iba de un rincón de la Ciudad. Del Centro, a la colonia Narvarte a la colonia Roma, de la Condesa a la Obrera a Xochimilco…

Para la gente fueron segundos inacabables, es muy largo un minuto cuando la tierra se mueve, dos ni se diga, tres parece que el mundo se va acabar, el miedo anida más adentro como si se viera que las casas, los postes de la luz, los árboles, los anuncios se van cayendo. En ese momento se alarga tanto el tiempo que se piensa, se van acaer las construcciones y a los coches se los va a tragar la tierra.

Da miedo ver cómo la tierra se mueve. Y uno sin poder moverse. Impotente al escuchar el ruidos de los vidrios de las ventanas que caen al suelo. Ver las nubes de polvo de las construcciones derrumbadas. Los rostros de la gente angustiada, se abrazan, lloran, rezan. Tantas cosas pasan en tan poco tiempo pero que parece una eternidad. Tenía razón Einstein: el tiempo es relativo.

¿Ahora, a un año qué hemos aprendido de esta experiencia? ¿Aprendimos de 1985? O la mayoría somos como unos jovencitos a los que les pregunte, ¡qué había pasado el 19 de septiembre del año pasado? Y esto me contestaron: ¡nada!, se quedaron de a seis, no se acordaban.

Claro que hay gente que sí se acuerda, como un señor de Azcapotzalco me contó que el sismo lo agarró en el baño. Y yo le pregunté que si se había salido desnudo. Él me contestó: ¡no, estaba en la taza del baño y me esperé a terminar! Y me dijo. ¡Hay que exigir edificios bien construidos! La gente piensa que ha sacado alguna lección, saben que estar prevenidos, deben obedecer las reglas, escuchar la alarma y salir en orden. Pero pocos piensan: Hay que exigir mejores construcciones.

¿Nos hemos fijado que cada día hay edificios para habitar más altos y estarán en regla? O Decimos como algunos funcionarios, que tanto es tantito…

En zona histórica Leona Vicario hasta el santo

Armando Ramirez

En esa época, en esos lugares convivieron grandes personajes históricos de México

EN LA GUERRA DE INDEPEN­DENCIA las mujeres jalaron pa­rejo o más que los hombres, hubo muchas: Mariano Rodríguez Laza­rín del Toro, Josefa Ortiz de Do­mínguez o Leona Vicario.

Les voy a contar de cómo en la casa y cerca de donde vivió Leo­na Vicario los astros de la historia nacional lo señalaron para que por ahí aparecieran personajes impor­tantes de la historia.

Leona Vicario vivó en una casa en la esquina de las calles de Bra­sil y Colombia, frente a la iglesia de Santo Domingo. La casa ahora pertenece a la Dirección de Lite­ratura de Bellas Artes. Ahí, Leona vivió, se escondió y complotó con­tra la corona española y ahí vivió con el político y poeta Andrés Quintana Roo, además el matri­monio a pesar de la guerra y la política se dio tiempo para tener una hija, y parece no era de mal ver porque cuando llegó a hospe­darse en esa casa Antonio López de Santa Anna, era un jovencito ambicioso, ni pensar en su Alteza ilustrísima, le echó el ojo a la hija de doña Leona, pero la hija era lis­ta y no lo peló.

En esa época en esa casa con­viven grandes personajes históri­cos y no solo eso, enfrente, otro gran personaje de la Independen­cia, Fray Servando Teresa de Mier, fue fraile, periodista y diputado, la armó de tos por la Independencia, lo metieron al bote un montón de veces, aquí y en España y donde se paraba, era como Fernández Noroña. No es cierto, fray Ser­vando era una eminencia, un tipo inteligentísimo, muy culto y se la jugaba donde fuera, bueno, ahí frente a la casa de Leona, en San­to Domingo, pararon los restos de Fray Servando, que con el tiempo, se perdieron y su momia anduvo por los circos de Europa, fue en el siglo XX cuando recuperaron la momia del fraile.

En ese mismo siglo XIX, pero en la segunda mitad, en la escue­la de Medicina, el edificio todavía está en Brasil y Venezuela, a me­dia cuadra de la casa de Leona, ahí vivían estudiantes como el poeta Manuel Acuña, quién se suicidó, dice la leyenda, por amor a Rosario de la Peña, pero Acuña era coscolino y depresivo, tenía varias novias y muchas tristezas, por eso se suicidó con cianuro.

¿No le deslumbra que andu­vieran por aquí tantas personali­dades? Ahora si no se ha apanta­llado, ahí le va, a cuadra y media en Belisario Domínguez, vivió el Santo, el enmascarado de plata, digo que tanto es tantito…

16 de septiembre e Independencia

Armando Ramirez

La calle 16 de septiembre celebra el inicio de la lucha por la Independencia y la de Independencia, la consumación. Septiembre es el mes de la patria y conviene recordar las calles que celebran la Independencia, las que ganan son las de Miguel Hidalgo, no hay centro histórico de cualquier ciudad de la República que se respete que no tenga su calle Hidalgo y ni que decir de Independencia o 16 de septiembre.

Y como el Centro Histórico chilango se respeta, tiene su calle Hidalgo, está en las orillas del Centro Histórico, allá por la Alameda Central y a espaldas del Palacio de las Bellas Artes, prolonga la calle de Tacuba, que cruzando el Eje Central se llama avenida Hidalgo. La calle 16 de septiembre está en el mero corazón comercial, donde se encuentra el Gran Hotel de la CDMX, que fue concebido en tiempos de Porfirio Díaz como el último grito del progreso afrancesado.

Se dice que Carmelita, segunda esposa de Porfirio se pasaba las tardes en el Centro Mercantil buscando qué garrita le quedaba, no era como alguna célebre profesora o propietaria de caserón en las Lomas, Carmelita vivía en el Castillo de Chapultepec con su viejo hasta que se los llevó el Ypiranga a Francia.

Ahí comienza la calle 16 de septiembre, llena de comercios, es más, ahora hay tiendas de japoneses, no de chinos, ¡japoneses! Digo si son japoneses debe estar bien hecho, aunque sean bisutería.

16 de septiembre termina en el Eje Central pero la calle sigue y se llama Independencia, ahora tiene un montón de edificios nuevos, los hoteles que estaban antes se cayeron en los sismos de 1985 y hay un barrio chino de peluches y un teatro Metropolitan que da espectáculos de tutti frutti, por cierto, échese una vueltecita por este barrio, en Independencia y Marroquí hay un lugarcito japonés, más o menos barato, para un día de quincena, tienen un menú de verdadera comida japonesa, digo, que tanto es tantito.

Coyoacán y más… ¿Dónde cenar en este mes ?

Pozole, pambazos, buñuelos, tostadas, flautas, y hasta ponche hay en cada rincón de la ciudad

Armando Ramirez

EN EL MES de septiembre todo se vuelve patriótico hasta la comi­da, es un lujo andar por los barrios de la Ciudad con tantos antojitos que devorarse; claro que también están los platillos llamados del mes patrio, principalmente los chiles en nogada, tal parece que los hicieron doña Josefa Ortiz y doña Leona Vicario, cuestan un ojo de la cara, y la neta, no es para tanto, ni que la nogada fuera francesa, mejor haga los chiles en nogada en su casa, con la receta de su abuelita.

Eso sí, hay otros platillos que son de cajón, como el pozole, pero no me salgan con que van a “La Casa del mentado tal”, pura fan­tasía y nada de sabor, y le cobran el aguacate, las tostadas, la crema; antes con el pozole iba gratis la crema, el aguacate, las tostadas, ah como cambian los tiempos.

Pero mire, en la colonia Alga­rín, una pequeña colonia que está pegada al Viaducto y es vecina de la colonia Obrera, ahí hay una ca­lle donde hay varios lugares que sirven buen pozole y no está tan cariñoso como en otras casas, la calle es Juan E. Hernández Dáva­los, está entre Manuel Navarrete y Bolívar, para gente de barrio como la Doctores, Obrera, Álamos, etc., es un lugar confiable y querido para cenar pozole.

Ahora que si le gustan los pam­bazos, los buñuelos, las flautas, el ponche, los atoles endulzados con piloncillo y sentarse en puestos con focos chinguiñosos, como si anduviera en feria de pueblo, qué le parece este fin de semana pa­trio ir a Coyoacán, al centro y a dos calles del jardín, ahí se ponen los puestos de antojitos más sabrosos, no vaya al mercado.

Los buñuelos la verdad sí están sabrosos y el atole blanco todavía lo hacen con sus trozos de pilon­cillo, las flautas con su lechuga, su salsa verde y su crema, están pasables, los pambazos son de diez, de papa o de carne, bien mojadito en esa salsa roja que los pinta. Y ya sabe luego la dicha inicua de an­dar caminado por el jardín y calle­citas del centro de Coyoacán para la digestión.

Es inevitable el reposo del gue­rrero, comprar su café en El Jaro­cho, su dona de chocolate, sentar­se en una de las bancas, si no es que ya están ocupadas, pero ese es el chiste, pasear por el quios­co, la iglesia de san Juan Bautista, sufrir los apretones y cenar en los puestos de antojitos mexicanos, digo que tanto es tantito.

Entronas en la Independencia

Armando Ramirez

De armas tomar, herencias que dar, y sobresalían más que los maridos, por ejemplo, doña Josefa Ortiz de Domínguez, que nació y murió en la calle del Carmen y se enamoró del Corregidor Miguel Ortiz en el colegio de las Vizcaínas, de ahí salió para Querétaro, donde conocería a Miguel Hidalgo y se involucraría en la lucha de Independencia. La apresaron y encarcelaron en el convento Santa Catalina de Siena, en la calle de Argentina, frente al edificio de la SEP, en esa época no existía, era el convento de la Encarnación.

A tres calles de ahí, en la calle Brasil, estaba la casa de Leona Vicario. Ella siendo muy joven recibe su herencia, y era novia del poeta y político Andrés Quintana Roo, los dos participan en la lucha insurgente, Quinta Roo se va a la guerra y Leona Vicario desde la Ciudad suministra dinero y armas, que compraba con su herencia, para el ejercito insurgente. Ella formaba parte del grupo clandestino los Guadalupes, en oposición a que el ejercito realista llevaba como estandarte la imagen de la Virgen de los Remedios, que llamaban la Capitana, entonces los insurgentes de la Ciudad se llamaron los Guadalupes, en honor a la Virgen de Guadalupe.

Cuando Agustín de Iturbide se proclama Emperador de México ella participa en el grupo que terminará derrocando a Iturbide y proclamando la República Mexicana y nombrando a Guadalupe, el primer Presidente del país.

Otra mujer que participó en la lucha de Independencia fue Mariana Rodríguez Lazarín del Toro, junto con su esposo, la calle donde está la casa de Mariana lleva su nombre, en la Lagunilla, a cinco o seis calles de la casa de Leona Vicario, ella hacía tertulias, que en realidad servían para recaudar fondos para los insurgentes, fue apresada y encarcelada con su marido hasta 1820, nunca delató a nadie, ella murió un año después sin saber que se había consumado la Independencia, digo hay que recordar a estas mujeres, que tanto es tantito.

En mercado de La Portales

Armando Ramirez

VISITAR el Mercado de la Portales es asistir a un mundo fantástico, no es un mercado cualquiera, es un mercado de las mil y una noches, hay de todo.

Es cosa de recorrer el mercado y lo primero que se le antojan son los jugos, licuados, cocteles, hay varios locales donde le ofrecen un licuado de avena con huevo, un plátano y miel, con eso es más que suficiente para aguantar hasta la comida.

Las aguas de fresa son de alfalfa, o de piña y limón, los cocteles de fruta con granola, miel, son enormes. Y si se pierde en las fondas, no jueguen, hay para todos los gustos, comida corrida, enchiladas, chilaquiles, caldo de gallina, mariscos y taquerías de todo tipo, al pastor, de cabeza o de cecina de Yecapixtla, pero en esto de la comida y los antojitos, el mercado de la Portales es célebre entre los sibaritas del asfalto por sus tostadas de patas, Dios Santo, son exquisitas y bien servidas, con una leve salsa verde, crema.

Pero no sólo hay un puesto, son varios que compiten con quién da las mejores tostadas de pata, también hay tostadas de tinga pero las que me apantallaron fueron las de carne tártara, exquisitas, ya me creía Gengis Kan.

Hay locales que le ofrecen productos para que usted cocine en su casa, como los locales de productos oaxaqueños, son orgullo de la Portales, basta citar al gran Carlos Monsiváis, que como le había presumido en Tepito los tacos de tripa y de hígado y las migas, me invitó a sus terruños, en la Portales, y fuimos a comer a un lugar de comida oaxaqueña, desde ahí observe que hay muchos oaxaqueños en la Portales.

En el mercado hay locales donde venden pan de yema pero también pan de olla, sal de mina, mole amarillo, mole negro, tlayudas, mezcalito, chapulines, pinole, para hacer atole, ajos tostado y tasajo.

Y si necesita que le haga un sur cido invisible o un ajuste a su pantalón aquí son magos, hay también venta de disfraces o se los hacen para su niño para las fiestas infantiles en las escuelas, también hay estéticas donde le cortan el cabello a la moda. Y lo mágico, encontré una librería dentro del mercado, con todo tipo de libros de García Márquez, de Harry Potter, incluso me presumieron que varias veces llegó Carlos Monsiváis. Y esto es una parte de todo lo que hay en este bendito mercado, digo que tanto es tantito.

¿En la BJ, es el Año de Hidalgo?

FOTO: LUIS CARBAYO /CUARTOSCURO.COM
Armando Ramirez

Llama la atención que en el año que la picaresca de la política administrativa sexenal ha llamado, “el año de Hidalgo… Los de la Benito Juárez se hayan acordado, que durante años estuvieron los tianguistas en las calles de los alrededores del mercado de la Portales, dicen que pidieron los locatarios del mercado que desalojaran a los vendedores callejeros, el hecho fantástico es que hicieron caso de bolón pin pón, será el efecto del Año de Hidalgo, chin chin el que deje algo… o ahora se despiden con buenas acciones.

A que a fin de año, los tianguistas regresan a las calles de la Portales, claro, mediante un arreglo, que de seguro lo había.

En el mercado lo ven a uno y los locatarios se quejan que en el espacio del primer piso del mercado, donde estaba un Cendi o la guardería, ya no está, la explicación es que la quitaron, corrían riesgos los niños, cerca están los tanques de gas.

Eso sí, le dieron chance a una restaurante que ocupa todo el espacio del Cendi. Y los locatarios me muestran el artículo 4 de la Gaceta Oficial del DF donde enumeran las áreas de los mercados públicos que no se pueden concesionar y mucho menos vender a un particular y me llevaron a ese espacios y hay un bonito restaurante en funciones, los locatarios me dicen que la gente de la BJ la vendió, otros dicen que la concesionaron. El hecho es que los funcionarios de la BJ cerraron el Cendi y ahora hay un restaurante donde tal vez las vidas de los comensales corren peligro. Quíhubole, ¿será la fiebre del Año de Hidalgo.

A los locatarios no les dejaron poner un Centro Cultural, imagino que no es un buen negocio para el mercado público y un restaurante sí, y no le sigo lo que me contaron de la Alberca Olímpica, han de decir es el Año de Hidalgo, total que tanto es tantito.

En el parque Tezozómoc

Armando Ramirez

EL PARQUE TEZOZÓMOC es orgullo de la gente que vive en Azcapotzalco, aseguran que es mejor que el bosque de Chapultepec, digo en orgullo mejor ni decir pio. Eso sí, este parque es muy hermoso y muy visitado; está cerca del Metro Rosario. Lleva el nombre del señor Tezozómoc, un señor de los Tecpanecas por el año de 1342 a 1426, su nombre quiere decir, El Señor que rompe piedras.

El parque bien vale la pena visitarlo un fin de semana, tiene trenecito, bicicletas, lanchas, un lago muy grande, fue concebido por el arquitecto Mario Shjetnan, evocando a la gran Tenochtitlan con su gran lago, que aquí domina el parque y en el centro del lago, sobre un islote, hay un conjunto escultórico que representa a unos mexicas observando un águila que devorara a una serpiente, mientras está sobre un nopal.

El parque tiene patos que plácidos gozan del agua, hay otras aves que le dan belleza al lugar, las familias rodean el lago y se sientan en las lomas para gozar del paisaje, que en verdad es bonito. Las familias sacan sus sandwiches y refrescos y mientras comen, observan a los patos en el lago. Hay una ciclopista. Y las lomas asemejan los cerros que rodeaban al Valle de México. El trenecito con los personajes de los Picapiedras recorre ante la algarabía de los niños la extensión del parque.

Los sanitarios son limpios y hay de grandes sombrillas de diseño moderno, color blanco, para resguardarse de los rayos del sol. Los empleados cuentan que en la noche llegan murciélagos, son bien recibidos al ser depredadores guardan el equilibrio de la fauna nociva del parque.

Los ciclistas aquí se dan vuelo en la ciclopista, los grupos de estudiantes se divierten con bromas y las parejas se pierden en las lomas, ahora han puesto en el lago, una chinampa para representar como cosechaban los mexicas, en los canales. Se rentan lanchas, hay de pedales, con remos para tres, cuatro y cinco personas los precios van de los $60 a los $100. También tiene una pista para correr, es de arcilla, tiene poco más de dos kilómetros.

Aparte de Chapultepec o San Juan de Aragón desde 1970, está este parque Tezozómoc, como opción para un domingo familiar. Échele un ojito que tanto es tantito

No es bosque ni es chino…

Armando Ramirez

En el principio se llamó colonia del Imparcial, cuando este periódico era muy importante, pero al paso del tiempo terminó llamándose Clavería.

Sorprende porque en una de las glorietas cercanas al bosque de la China, hay un busto del líder palestino Yasser Arafat. Desde esta glorieta la calle de Clavería muestra la personalidad de Maine Street, es decir la calle principal de la colonia, la calle comercial por excelencia, aquí como en los pueblos gringos están los bares, los lugares de las hamburguesas, el lugar a donde van todos a divertirse; hay cafetines, pizzerías, taquerías, la panadería que al caer la tarde suelta los hervores del pan recién hecho y cuando huele a pan, se abre el apetito.

La calle de Clavería da a un mítico jardín, llamado por la gente, el Bosque de la China, que no es bosque ni es chino, es un jardín que es el centro de la vida social de la gente; los vecinos practican yoga, hacen ejercicio y tiene serenatas como en la época en que José José era un jovencito que, se la pasaba en estos lugares cantando boleros con el trovador Pepe Jara.

El príncipe de la canción José José, intérprete de Gavilán o Paloma o el Triste, aquí nació, en la casa de sus padres, uno cantante de opera y su mamá pianista.

Este jardín donde los novios se van a dar de besos, fue un parque que la familia Matsumoto fundó en la época de Porfirio Díaz. La familia es de origen japonés y ganaron tanto dinero que compraron los terrenos del jardín para hacer uno de estilo japonés. Pero la gente quién sabe por qué confundió a la familia japonesa con una china y el jardín con un bosque, por eso la gente en vez de ver un jardín de japonés vio un Bosque de la China, aunque fueron japonés quienes lo crearon, digo cosas de la confusión, chin, total, que tanto es tantito.

Lugares centenarios en Azcapotzalco

Armando Ramirez

La calle de Azcapotzalco es la calle principal del pueblo de Azcapotzalco, en esa calle está la iglesia de la hormiguita, llamada así popularmente porque en la torre del campanario hay una hormiga en yeso o piedra que parece ir ascendiendo hacia el campanario. Y de ahí surgió la leyenda que el día que la hormiga llegue al campanario, ese día se va acabar el mundo.

Antes la gente lo creía, eran los siglos XVII o XVIII ahora es tan solo una anécdota, también en esa calle siguen en pie los chalets que los trabajadores administrativos de la empresa inglesa que controlaba el petróleo mexicano construyeron sus casas, al ser ingleses quisieron que sus casas evocaran a la vieja Inglaterra. Hoy estos chalets sobre la calle de Azcapotzalco son una curiosidad que le da prestancia a esta avenida principal.

También está el edificio de lo que fue el Palacio Municipal, ahora es casa de cultura, pero además los negocios más antiguos como la antigua nevería ahora hecha cafetería y la cantina llamada el Dux de Venecia.

Un negocio que en 1860 ya existía como una tienda de abarrotes y ultramarinos, fue fundada por italianos, de ahí el nombre del comercio, pero a principios de siglos fue comprada por unos comerciantes de España, Asturianos. Si uno recorre a ahora la cantina del Dux de Venecia verá fotos antiguas de la primera playa de la Ciudad de Santander que llaman el Sardinero, pero también del equipo de beisbol, Los Petroleros, y fotos de los equipos de futbol de la Ciudad que primero fueron clubes de españoles como en la película de Joaquín Pardavé, Los Hijos de don Venancio, digo qué tanto es tantito.

En Palacio de Bellas Artes

Armando Ramirez

LA NETA DE LA CORNETA del planeta de la cultura. Hay familias que a lo mejor se les ocurrió entrar a un museo pero cuesta un billete la entrada y multiplicado por cuatro sale caro. Pero, fíjense, los domingos hay un montón de museos que son de entrada gratuita, y la verdad chilango que se crea chilango, lo menos que puede hacer es conocer un domingo el Palacio de las Bellas Artes por dentro.

En domingo la entrada al Palacio es gratuita y créame que no se va a decepcionar, el interior es una maravilla, gran expresión del art decó, con sus escalinatas y columnas de mármol y su ornamentación en bronce, desde que cruza el arco para que no entren personas con objetos peligrosos queda deslumbrado.

El espacio del Palacio se ofrece con amplias escalinatas, y dos principales en el siguiente piso, que llevan a las obras de los grandes muralistas mexicanos, puede empezar a conocer de primera mano la obra de Diego Rivera con un mural, llamado “El hombre controlador del universo”

En 1933 la familia Rockefeller contrata a Diego Rivera para que pinte un mural en el afamado Centro Rockefeller, pero cuando la familia vio la obra terminada mandó a destruirla y todo porque Rivera había pintado el rostro de Vladimir Lenin, el líder; entonces Diego Rivera decide pintar un mural en el Palacio de Bellas Artes, con muchos de los motivos que contenía el de Nueva York.

Esta versión la puede ver en el primer piso del Palacio de Bellas Artes y de gratis, además en ese primer piso puede admirar la obra del genial José Clemente Orozco, el tema es como la sociedad de masas y el desarrollo tecnológico pueden degradar la vida social. No andaba tan equivocado, el mural tiene esos colores explosivos y satíricos de la obra de este gran muralista.

En el mismo primer piso están los murales de David Alfaro Siqueiros, donde se siente la brutalidad y violencia de la conquista de Tenochtitlan por Hernán Cortés; en un muro vemos a Cuauhtémoc junto al señor de Tacuba sufriendo la tortura con el fuego en las plantas de sus pies, mientras Cuauhtémoc estoico soporta el dolor, el señor de Tacuba se retuerce, también esta la obra de González Camarena. Y eso es en el primer piso, imagínese los demás pisos, vaya un domingo al Palacio de las Bellas Artes, que tanto es tantito.

Viaje alucinante en el Metro

Armando Ramirez

A las 9 de la noche en la estación del Metro Pantitlán los Metronáutas llegan como en la vieja película de “Marabunta”, de prisa, ligeritos y sin rosarse, con habilidad bajan las escaleras que conducen a los andenes de los trenes. De repente aparecen unas rejas que impiden el paso a los Metronáutas, aquello es una sinfonía recordándosela a los trabajadores del Metro que les impiden el paso para llegar al andén y abordar su Metro, se ve feo, pero lo hacen para evitar que la gente que está en el andén pueda ser empujada.

Si va por la estación del Metro Pino Suárez en los pasillos de interconexión verá la restauración de la pirámide a Ehécatl, el Dios del viento; lo que vemos al pasar es su adoratorio. Y como si fueran arrojados por Ehécatl llegan Metronáutas a ver un grupo musical que canta boleros y canciones pop, las prisas se van.

Pero nada más es para tomar aire y seguir subiendo y bajando escaleras como en el Metro Tacubaya donde hay murales de Guillermo Ceniceros, que cuentan como los mexicas salen de Aztlán y llegan a la gran Tenochtitlan.

Y no menos para la cultura popular es la estación Guerrero, un templo a los ídolos de la lucha libre, el muro que más me gusta, es donde está el Santo, el Enmascarado de Plata, parece su templo.

En la estación Zapata, en el transbordo a la Línea 12, en sus muros hay reproducciones de la obra de los grandes caricaturistas mexicanos, van de Posada a la Familia Burrón, Naranjo o Rius y, en la estación Chabacano, las mujeres se quitan sus zapatos de tacón alto y se colocan sus “chanclas” y véngase mi Rey y como en el “Quinto patio” bailan bonito y sabroso, toca una orquesta de invidentes salsas y cumbias, al viajar en Metro se descubre que tiene muchos rostros, este es uno, digo que tanto es tantito.

Los sibaritas del asfalto

Armando Ramirez

ANTOJITOS recomendables en la Ciudad por ejemplo están las tortas de la calle Recreo en Iztacalco, no he visto tortas más descomunales, casi un cochinito hecho en zacahuil, pesan 4 kilos y es imposible comerla sin ayuda de los tragones.

Y que me dice Los Machetes de Amparito, allá en la colonia Guerrero, enormes como una espada árabe, son muy estéticos dentro de la estética de la garnacha y lo mejor que lo puede pedir con lo que le de la gana, yo lo pido vegetariano, un poco, de papa, flor de calabaza, champiñones, rajas, huitlacoche, mmm!, aunque hay otros que le ponen carne de costilla, chorizo, queso y para que le cuento.

Ni modo de dejar fuera los huaraches de Jamaica, el Huarache Azteca, con su técnica de la cuña de madera, al momento que se va a lanzar el huarache al aceite, se le hace un hendidura con la cuña para que el aceite penetre en el frijol; encima póngale una costilla o un bistec y una salsa verde a todo lo largo del huarache con su queso espolvoreado. Y con qué se lo empuja, ah, eso se lo dejo a usted, una chela no cae mal en la mañana, pero café de la olla también se puede o un refresco.

Uy y las gorditas del mercado de la Doctores, (muchos vecinos de la colonia dicen que es la colonia de los Hoteles) esas gorditas son pequeñas, pero ¡qué sabrosas saben! y hasta parece estrategia, en el siguiente local están los famosos tepaches de este barrio, una bebida refrescante, que se lleva bien con las grasita de las gorditas, ahí sí para que vea, es el maridaje perfecto, gorditas de chicharrón y jarra de tepache bien frío.

Si anda por la Merced los tacos de “Los Paisas” son buenos, (casi todas las taquerías se llaman “los Güeros” o “Los Paisas”) están en la calle de Jesús María y Regina, pida su taco de chorizo, o de costilla, eso no tiene tanta magia, pero cuando va a escoger su salsa se encuentra con una serie de recipientes con papa, frijoles, pepino, pápalo, rábanos y salsas de todo tipo y de un taco normal le sale un tacote que como dicen, con uno basta.

No se pueden olvidar las tostadas de pata del mercado de la Portales o las manitas de cerdo a la vinagreta o las tortas del Peregrino en la calzada de Guadalupe, son grandes pero digeribles, digo, es infinita la lista, buen provecho, que tanto es tantito.

El Mercado L. Rodríguez

Armando Ramirez

Se edificó durante la Presidencia de Abelardo L. Rodríguez siendo jefe del Departamento del DF Aarón Sáenz, era la efervescencia del espíritu revolucionario. En la novela brillaban Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán; en la pintura Diego Rivera, José Clemente Orozco, Siqueiros, y en la Música Carlos Chávez y Silvestre Revueltas, era la época del renacimiento cultural mexicano.

El Mercado es muy grande y se construyo sobre lo que fue la huerta del colegio de San Pedro y San Pablo, y el cementerio, por eso entre los locatarios se dice que al caer la tarde espantan.

El Mercado es concebido con todos los servicios para la población, incluso un restaurant para los invidentes, pues la escuela de éstos está muy cerca, con el tiempo se volvió un mercado de flores y ahora es una plaza comercial, esta en la calle de Colombia y callejón de Girón.

La nave de verduras, legumbres, frutas, carnes, pescado, pollerías y cremería es enorme, su sección que da a la calle del Carmen es famosa por venta de petacas y maletas a excelentes precios, también tiene una biblioteca y un gran valor artístico y cultural pues los que pintan sus muros, en la entrada y patio principal son alumnos de Diego Rivera como Antonio Pujol o Pedro Rendón. Además llegan en esa época artistas de otros países como las hermanas Greenwood, Marión y Grace, quienes pintan murales sobre la minera o la lucha campesina en el cubo de la entrada o el gran escultor Isamu Noguchi, de origen japonés pero ciudadano americano, pinta una obra de arte contra el fascismo, que encuentra en el primer piso de la entrada de Rodríguez Puebla, es donde dan servicio a los jóvenes contra las adicciones. Cuando ande por el Centro échele un ojito, que tanto es tantito.

Nahui Olin una mujer inteligente

Armando Ramirez

Fue una mujer muy hermosa, inteligente, audaz y creativa, hija de un general del ejercito de Porfirio Díaz, Don Manuel Mondragón inventó el rifle semiautomático Mondragón. Nahui era de una familia acaudalada, cuando el país se convulsionó, el general Mondragón y su familia se van a Francia. Ella nació en Tacubaya un 8 de julio de 1893. Cuando regresa al país es una adolescente moderna, cosmopolitita.

Se adentra en el mundo artístico de la CDMX, cautiva a los grandes pintores del momento, Diego Rivera, Jean Charlot y Manuel Rodríguez Lozano, con quien se casa; la pareja viaja a Europa, Carmen Mondragón queda embarazada, pero se separan cuando se entera que su marido el pintor Manuel Rodríguez Lozano es gay.

Ella hace gala de su belleza y escribe: “Me retraté porque tenía un cuerpo tan bello que no iba a negarle a la humanidad su derecho a contemplar esta obra”. No exageraba, en los años 20, el fotógrafo Antonio Garduño, le hizo un estudio fotográfico en la azotea de un edificio novohispano, en la calle 5 de febrero.

Escribió poemas donde asegura que posa para los artistas, porque, “hacen cuadros siempre nuevos cuando yo poso”. En 1930 conoce al Doctor Atl, el afamado pintor de los volcanes, sostienen un tórrido romance; las cronistas y sus biógrafos aseguran que era un amor de rompe y rasga en cada calle del Centro Histórico.

Un día las autoridades dicen que demolerán el convento de la Merced, el Doctor Atl protesta y se va a vivir al convento para evitarlo. Lo acompaña su amante Carmen Mondragón, ahí Atl la bautiza como Nahui Olin, que significa “4 movimientos del sol”. La mujer más bella de una época del arte mexicano muere a los 82 años en su casa de Tacubaya, ahora su obra se exhibe en el Museo Nacional de Arte, échele un ojito, qué tanto es tantito.

En Coyoacán calles con un toque antiguo

Armando Ramirez

Recorra y admire el suelo empedrado, casas de hace varios siglos y un halo romántico

LA CALLE DE FRANCISCO SOSA es una de las más bellas en Coyoacán, un sábado o do­mingo puede recorrerla. Debe de empezar en avenida Universidad a la altura de la capilla San Anto­nio de Padua, conocida como de Panzacola, es una capilla sencilla, del siglo XVII.

A un costado de la capilla se erige ante el visitante un puen­te de piedra, debajo cruzan las aguas del Río Magdalena, el puente se llama de Altillo, pero le llaman el puente de Panzacola, el suelo es empedrado y las ca­sonas sobre la calle de Francisco Sosa, algunas de ellas tienen va­rios siglos de antigüedad, la calle tiene un halo romántico, atrévase a caminarla, podrá admirar con tranquilidad, la hermosa Casa del León Rojo del ex presidente Mi­guel de la Madrid (ya fallecido).

A mano derecha está la lla­mada Casa de Sol, en la esquina encontramos una casa de lo que sólo se nos permite ver sus altas paredes, fue la casa del poeta y cronista de la Ciudad de México, Salvador Novo, su casa está en la esquina de Francisco Sosa y Sal­vador Novo, el poeta y cronista tuvo el honor en vida de vivir en la calle que lleva su nombre, Sal­vador Novo.

La casa vista de lejos parece abandonada y enfrente se en­cuentra lo que la gente conoce como la Casa de Alvarado, se­gún la leyenda esta casa la habitó Pedro de Alvarado, en realidad, la casa es más reciente, es del siglo XVIII, su estilo arquitectónico es mudéjar, árabe.

Su puerta está finamente labra­da, la casa ha sido de la SHCP, de la SEP y ahí vivió su último año de vida nuestro gran poeta, don Oc­tavio Paz, Premio Nobel de Litera­tura el último año, ahora la casona es la Fonoteca. Vale la pena entrar.

Adelante encontrará otras ca­sas de parecido estilo, como la Ca­sa de Actuación con técnica rusa, del director de cine Sergio Olho­vich, a esa altura descubrirá uno de las jardincitos más bonitos de Coyoacán, Santa Catarina, enfren­te está la Casa de Cultura de Je­sús Reyes Heroles , la iglesia de Santa Catarina es pequeña, antes de que estuviera ésta hubo una ca­pilla para indígenas, se le permitía la entrada a la iglesia a los indíge­nas, después ya fue construida la iglesia de Santa Catarina, y al cen­tro del jardín está el busto de Fran­cisco Sosa, hay tanta historia en esta calle, que mejor recórrala un sabadito o domingo digo, que tan­to es tantito.

Como la vieja Lagunilla

Armando Ramirez

Se va sorprender por los puestos de antigüedades que hay sobre el piso y alrededor de todo el Jardín Ignacio Chávez, haga de cuenta, llega a un mercadito árabe y hay cada personaje de novela, hay una señora grande, rubia, bonita, con su piel arrugada pero no deja de ser hermosa, se llama Casandra y es de origen griego, le vende timbres a los coleccionistas.

Recorriendo el tianguis de la Cuauhtémoc, encontré un hermoso mueble para escribir cartas como se estilaba, un escritorio secret, luego una lámpara de las que usaban a principios de los años 20, imaginé al Presidente Sebastián Lerdo de Tejada escribiendo a la jovencita Manuela o el secreter de viaje de don Benito Juárez y no sólo me mostraron eso, sino una taza y un plato de porcelana hecho en Londres.

Es un gran bazar, encuentra al cuate que vende discos de vinyl, la de gente joven que se arremolina para tener los discos de Black Sabbath y, muchos coleccionistas buscando los discos de Mike Laure o los Tribunos o Frank Sinatra, este jardín los sábados y domingos es un mundo de nostalgias.

No sabía que hay gente que colecciona los juguetes de la Matei y ahora tan de moda las portaviandas, jarras, pocillos de peltre, frascos de los perfumes, es un gozo recorrer este tianguis, me gusta mucho porque me hace recordar a la vieja Lagunilla, cuando todo lo que se vendía eran antigüedades o curiosidades, no que ahora visitar la Lagunilla a excepción los libreros de viejo que están sobre el eje norte 2 y ahora una parte de anticuarios, cada vez son más arrinconados por lugares que venden micheladas, bisutería china; que bueno que este tianguis de Cuauhtémoc conserve la esencia de este tipo tianguis bazar, digo que tanto es tantito.

Tláhuac y sus trajineras

Armando Ramirez

UN PASEO que vale la pena hacer es al viejo pueblo de Tláhuac uno de los últimos reductos por los cuales podríamos evocar cómo vivían y qué hacían los primeros habitantes de esta región, había muchos asentamientos de grupos indígenas y vivían algunos de ellos en pequeñas islas como Tlaltenco, Zapotiltán, hay crónicas de los evangelizadores que narran que iban de un pueblo a otro en canoa, en este caso, al pueblo de Mixquic.

Imagine un mundo de agua, donde su transportación era a través de los canales, bueno es un mundo del que nos enorgullecemos pero no podemos imaginar, en Tláhuac todavía hay un pequeño trozo de ese mundo maravilloso de Bernal Díaz del Castillo.

Al lugar le llaman el Lago de los Reyes Aztecas, está cerca de la iglesia de san Pedro Tláhuac, sobre la avenida Tláhuac, en Túlyehualco, está un pequeño Museo Comunitario del Lago de los Reyes Aztecas y ahí se encuentra al mundo chinampero en el embarcadero, hay vendimia de lechugas, brócoli, etc. además la venta de antojitos muy típicos del sur de la Ciudad.

Pero lo que impresiona en relación con los de Xochimilco es una vista casi virgen, no tan transitado, más virgen si se puede. En Xochimilco los trajineros están como los mariachis de Garibaldi a la caza del que tenga cara de turista sin dar el mejor servicio.

En cambio en Tláhuac al no haber tanto turismo, se goza de una tranquilidad, digo si le gusta la pachanga también lo puede hacer con la familia y, el compadre en una trajinera. Navegar en estas aguas donde hace mucho tiempo navegaron los antiguos que iban a la guerra pero también los que sembraban en chinampas sus cosechas.

Los canales son silenciosas y las aves surcan el cielo y los peces felices, saltan y se zambullen, dígale al trajinero que los lleve a visitar una chinampa, donde los campesinos de Tláhuac siembran las lechugas más bonitas de los supermercados, sí, las que amarran con una cinta azul metálico, de aquí salen muchas de ellas, es más le pueden vender unas lechugas ahí muy baratas, es más, ahí nos sentamos en la tierra y preparamos una ensalada con aceite de oliva y jugo de limón, deliciosa, fresca, orgánica, recuerde que la tierra del fondo del lago es muy rica para sembrar.

Y comparará el mundo antiguo y lo hemos hecho de este lugar, digo que tanto es tantito.

Diferentes tipos de tianguis

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Armando Ramirez

Nada más de curiosear por ahí, se encuentra los recuerdos, como a todos los que crecieron en los barrios, sea el de la San Felipe, el del Salado o el que usted quiera y mande, porque ahora han crecidos los tianguis por toda la ciudad y se han ido transformando. El que recuerdo es el que la gente recorre para encontrase un objeto viejo o grandes obras de arte de la vida cotidiana que fueron de alguna familia importante que las heredó, unas figuritas de porcelana, unos ceniceros de latón, pero art decó, unas camas de la época de la Revolución, etc.

Ahora en cualquier parte hay tianguis de fin de semana y llegan de otros lugares y colocan la mercancía donde les dio permiso la autoridad y ahí van por montones las familias a los tianguis; son enormes restaurantes públicos, y principalmente los sábados, las familias buscan qué comer: como los tlacoyos, tan exquisitos, los de requesón o de haba, frijoles todos haciendo en el comal les echan sus nopales, su salsa, cilantro y queso espolvoreado en garnachas son reyes.

Luego vienen las compras del súper, carne fresca, el pollo, etc. Los puestos de perfumes que están de moda, los tenis de quién sabe dónde pero que se parecen a los que usan las estrellas del deporte y la ropa de moda, por supuesto que todavía están las películas blu-ray, locales de comida orgánica, de repente aparece un yerbero o esotérico o un puesto de libros.

En cambio el tianguis de la Portales, es el de antigüedades, se pueden encontrar desde charolas antiguas que regalaban las cerveceras y refresqueras, una máquina de coser como las que usaban las abuelitas, hasta una pintura con el recuadro maltratado, será de un pintor reconocido y la vendo en un billete. Digo que tanto es tantito.