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Miercoles 23 Enero del 2019
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Qué tanto es Tantitito

Aplastadas las gorditas de Tlaxcaltongo

Unas crujientes gorditas de chicharrón. Foto: Especial

Por los rumbos de la colonia Country Club, si les pregunta a los sibaritas de la garnacha, ¿dónde se puede almorzar sabroso?, todos recomiendan La Casa de las gorditas, en el callejón de Tlaxcaltongo, que es como una callecita de pueblo, con sus casas viejas. Al fondo hay una casita que semeja un cabañita de pueblo, con su techo de lona, tiene mesas de madera y sillas de plástico a la entrada, y en esta época decembrina lo reciben unos muñecos de peluche.

El olor de las gorditas se respira desde la entrada, al fondo hay un pequeña cocina con un hombre de unos cuarenta y tantos años, que hace las gorditas, y al ver cómo las prepara al terminar las aplastadas, le pregunto por qué lo hace y me cuenta la triste historia de su negocio.

El señor lavaba coche pero no le alcanzaba para vivir, además los clientes, según él, son prepotentes. Cansado de la situación decidió iniciar un negocio propio, sin dinero, pidió prestado aquí y allá y compró un poco de chicharrón prensado, masa, colocó unas mesas usadas y comenzó a vender gorditas, pero no vendía.

Y es que las gorditas no le salían, estaban chuecas, raras, y pensó que por eso no vendía, de los dos kilos de masa que compraba, un kilo se le quedaba. Hasta que la mamá, le dijo: “ay, hijo, por qué no las aplastas sino te salen bien…”. Él contestó: “¡menos me van a comprar!”, pero al ver que el negocio no prosperaba decidió hacerlas así y comenzó a venderlas, la manteca penetraba en la masa y el chicharrón adquiría un sabor especial.

El chiste es no doblarse en las malas, digo, que tanto es tantito.

El callejón de Tlaxcaltongo

Armando Ramirez

EL CALLEJÓN DE TLAXCALTONGO ES PEQUEÑO, SI USTED CAMINA POR LA CALZADA DE TLALPAN a la altura del Metro General Anaya, no lo verá, a menos que vaya leyendo los letreros que le dan nombre a las calles, el callejón está en la colonia Country Club y es las parte más vieja de la colonia.

Favor de no confundir Tlaxcaltongo con Tlaxcalantongo, este fue lugar donde mataron a Venustiano Carranza, suena parecido pero son diferente. Aquí las familias llegaron a poblarlo a finales del siglo XIX, mucho antes de estuvieran por estos rumbos los estudios Churubusco, y son familias muy antiguas.

Los nietos de aquellos primeros pobladores, se acuerdan de cuando eran niñas y niños y conocieron el río Churubusco y que jugaron en sus aguas, era un río de aguas cristalinas, claro, mucho antes de que lo entubaran, de cómo pasaba el tren e iban al parque de la Pagoda cuando este jardín tenía un enorme “castillo” así le llamaban ellos a la construcción estilo japonés que tenía tres piso, todo de madera, y a pesar de que no tenía escaleras, estaba muy alto el primer piso, subían para ver el “castillo”, pero cuentan que unos drogadictos lo incendiaron.

En ese jardín filmaron películas de César Costa, Enrique Guzmán, Angélica María y nos cuentan que había una feria que duró años y que Enrique Guzmán, Angélica María, César Costa y Manolo Muñoz, iban a la feria a subirse a la rueda de la fortuna y que los niños les pedían autógrafos, porque, dicen, “no eran creídos”.

Y donde están las gasolineras, el Metro dividió, ahí había un glorieta y en ella la estatua del general Pedro María Anaya, aquel que en la invasión norteamericana defendió el convento de Churubusco.

La estatua ahora se encuentra en el jardincito del Convento de Churubusco, dicen que iban a la escuela del lado poniente y cruzaban la avenida sin problemas no había tantos autos, y junto con el callejón De Mila, organizan sus posadas en diciembre con procesión, piñatas de barro y las letanías, como las celebraban sus abuelos, digo, son rinconcitos de la ciudad que siguen existiendo, total, qué tanto es tantito.

De toreros a… el sitio para los hipsters

Decenas de personas van a divertirse todos los días. Foto: Especial
Armando Ramirez

Es un lugar mítico de la noche en la Ciudad desde hace varias décadas, es famosa su rifa del pollo, su ambiente vetusto, polvoso con grandes trajes de luces de toreros, como Eloy Cavazos, Joselito Huerta o Manolo Martínez, de su lienzo sobre una de las paredes del escenario, es una escena de la canción Huapango torero: “rumbo hacia los corrales,/ se ve un chiquillo que va resuelto,/ El quiere torear un toro,/ su vida pone por precio…”

En el lugar se siente la nostalgia por un mundo que desaparece en la ciudad, la fiesta de los toros, imagino que cuando se inauguró La Faena los toreros eran grandes estrellas y fueron capaces de donar esos hermosos trajes de luces, ahora los parroquianos que frecuenta el lugar es muy difícil imaginarlos ser aficionados.

La Faena se encuentra en los bajos del edificio Gabriel Mancera, su entrada es larga y sus muros están tapizados con mosaicos con frases picantes, el lugar tuvo mejores tiempos, al llegar al salón se ve al fondo la barra y en las columnas están colgadas vitrinas que resguardan los trajes de luces, los parroquianos, muy pocos miran hacia las vitrinas, piden cervezas, son en su mayoría jóvenes, si no hipsters querrían serlo, y llevan jovencitas que toman al parejo, ellos no podrían imaginar la de anécdotas que tiene el lugar, todavía los antiguos las cuentan, como la de Chelo Silva, que no era Chelo Silva, la legendaria cantante chicana.

Por los años noventa la Faena intentaba reverdecer viejos laureles y le dio por presentar una variedad, se les ocurrió revivir a Chelo Silva, quien había fallecido tiempo atrás, la anunciaron como vivita y coleando, el lugar se abarrotó pero quien se presentó fue una imitadora, cantaba los éxitos de Chelo Silva: Hipócrita, Una lámpara sin luz, Como un perro. Chelo es el antecedente de Paquita la del barrio, pero más raspa, con voz de cantina con sínfonola, el público no se sintió defraudado y hasta participó en la célebre rifa del pollo. La rifa del pollo frito se realiza a la medianoche, cuando hace hambre, al ir cantando los boletos se hace fiesta, hasta que dan al ganador, digo, qué tanto es tantito.

El bar Mancera, viaje al pasado

Armando Ramirez

EN LA CALLE VENUSTIANO CARRANZA 19, ESTÁ LA CASA DE GABRIEL MANCERA, EMPRESARIO MINERO, y famosos filántropo, es un edificio de finales del siglo XIX, donde en los altos se lee un nombre: “Gabriel Mancera”.

A esa casa una noche tocaron, eran unos policías que viajaban en un automóviles gris, mostraron una orden de cateo, entraron y robaron los objetos de valor de la familia Mancera.

Era el modus operandi de la Banda del Automóvil gris y una de sus víctimas fue Gabriel Mancera. El país vivía la Revolución y en la Ciudad los generales y los vivales se aprovechaban de la población, como fue el caso de los Mancera, pues en una reunión social a la que la hija de Mancera asistió, también estaba la vedette María Conesa, la Gatita blanca; ahí la hija de don Gabriel descubrió con asombro que la mujer portaba las joyas que le había robado la banda del automóvil gris, y ella de inmediato reclamó las joyas, pero la vedette afirmó que se las había regalado su amante, el general Juan Mérigo, jefe de la Policía capitalina.

Grande fue el escándalo y ahora todos sabían que la Banda del automóvil gris era manejada desde la Policía de la ciudad, pero como siempre, orquestaron ellos mismos la captura de los “verdaderos maleantes de la banda del automóvil gris”, incluso fusilaron a algunos, pero a los principales los sacaron del país.

Don Gabriel Mancera se fue de la Ciudad, vendió el edificio y en 1912 se convirtió en un sitio de lujo, el Hotel Mancera, fue cuando le aumentaron al edificio los dos pisos superiores. El hotel Mancera fue cerrado en el año de 1979.

El edificio se dividió en oficinas, otra parte la ocupa una cantina y del lado contrario está el bar Mancera, una belleza donde el tiempo se ha detenido, un lugar donde los vitrales evocan el afrancesamiento de la época de don Porfirio, un pianista que ameniza las comidas de los parroquianos, en mesas cómodas, iluminadas con una luz tenue, y una barra de madera con vitrinas de cristales de vidrio emplomado es atendida por la primera mujer barman que hubo en la ciudad. Total, qué tanto es tantito…

Villa quería con la Conesa

Antes había llegado una compañía francesa de burlesque. Foto: Especial
Armando Ramirez

El teatro de revista surgió en Francia en el siglo XIX, allá tenían la costumbre de organizar espectáculos donde se repasaban los hechos políticos del año, de ahí el nombre del Teatro de revista.

Esta influencia llegó a principios del siglo XX, pero la revista mexicana tiene influencia de la zarzuela, eran comedias musicales que contaban una historia, el teatro de revista México cuenta una historia a base de sketch picaros y políticos, con número musicales con bellezas de la noche como María Conesa, Mími Derba, Delia, Lupe Vélez, está última fue de las primeras que mostró su cuerpo.

El primero que hizo una revista en forma fue Leopoldo Beristaín, con la política mexicana, por ejemplo, hubo una revista que se llamó “La huerta de don Adolfo”, era presidente, Adolfo de la Huerta, estos cómicos fueron perseguidos por los políticos y cuando llegó a presidente Ávila Camacho prohibió alusiones al presidente.

De ahí surgen los grandes cómicos como Leopoldo Beristaín, Palillo, Cantinflas, la sensual María Conesa que cantaba canciones de crítica política, ella fue seducida por Pancho Villa pero nunca logro dormir en la cama de la Conesa, ella le dijo, “mire general, una pulga como yo, no duerme en su petate”, pero eso sí fue muy amiga de Porfirio Díaz. Hoy el teatro de revista ha desparecido y la crítica se hace en redes, digo, que gacho, total que tanto es tantito.

Quién durmió en este palacio

Armando Ramirez

EN 1779 LOS CONDES DE SAN MATEO DE VALPARAÍSO Y MARQUESES DEL JARAL DE BERRIO, COMPRARON una casona en la calle de Plateros, la derrumban y en su lugar construyen un palacio, ese palacio con el tiempo se llamará el Palacio de Iturbide.

Estos aristócratas eran ricos, también fueron los dueños del llamado Palacio de los Condes de San Mateo de Valparaíso. El edificio está ubicado en la esquina de Venustiano Carranza e Isabel la católica. Ahora el Palacio pertenece a Banamex.

Pero el Palacio de Iturbide guardó un extraño destino para los que ocuparon esta casona, primero fue el sanguinario general del Ejército de la Nueva España, Félix María Calleja, quien durante la guerra de Independencia combatió a los insurgentes, se cuenta que Calleja cuando llegaba a un pueblo que era simpatizante de la insurgencia agarraba cinco o diez varones y los fusilaba; este negro personaje luego fue Virrey de la Nueva España, y al regresar a España sufrió cárcel.

Después de él llegó a ese palacio el general del Ejercito realista, don Juan de O’Donojú, con mucho poder, pues el virrey en ese momento era interino, fue él quién firmó el Acta de Independencia representando a la corona española, pronto los desautorizaron desde Madrid, aunque que lo hecho estaba hecho. Pero murió de forma extraña a los 57 años, se dice que de pleuresía, pero había mucha gente que sospechaba que había sido envenenado.

Luego llegaría con inquilino Agustín de Iturbide, quien con O’Donojú había firmado el Acta de Independencia del país. Agustín adquirió un prestigio tremendo y una gran popularidad con la gente. La Güera Rodríguez, que era la amante de Agustín le aconsejó que se aprovechara para coronarse emperador de México, con el apoyo de la iglesia.

Iturbide se coronó emperador de México, pero el gusto le duró 6 meses, fue derrocado, huyó del país y cuando regresa lo fusilan. Ahora este edificio se le conoce por el Palacio de Iturbide, y alberga el Museo del Banamex, digo, total, qué tanto es tantito…

El viejo barrio de Santa Julia

Armando Ramirez

COMO DESDE HACE 80 AÑOS, EN EL BARRIO DE SANTA JULIA LOS VECINOS ESTÁN DÁNDOLE a la tradición guadalupana, por ejemplo, en la tercera de Quetzaltcóatl, cada domingo se reúnen para terminar su diseño del altar guadalupano de este año, estos vecinos son la cuarta generaciones de los iniciadores, quienes les enseñaron a sus hijos, sobrinos, primas, primas, y estos a su vez a sus hijos, etc.

En lo que no están de acuerdo es que al viejo barrio de la Santa Julia le hayan cambiado el nombre y dividirlo en dos colonias, una colonia se llama Tlaxpana y la otra la Anáhuac uno, porque más adelante está la Anáhuac dos, que en un chico rato, la llamarán Polanco antiguo, ya ve que hay Polanco y Polanquito. Y todo es quitarle pedazos a las colonias viejas como a la propia Anáhuac.

Mientras el futuro alcanza a los vecinos del antiguo barrio de Santa Julia, estos se aferran a sus tradiciones, como la famosa del “Tigre de Santa Julia”, que aquí hasta conocen la casa donde vivió el famoso bandolero, en una vieja casona a punto de caerse cerca de San Cosme.

Conmueven la imaginación, la creatividad y la organización de los grupos que en distintas calles siguen creando altares guadalupanos con nuevos diseños, si antes solo era el busto o la imagen de la Morena y después le agregaron figuras como Juan Diego o unos animales o una cascada y apareció el cerro del Tepeyac, en otros dominan el paisaje, le pusieron iluminación moderna y en muchos casos música, pero la arquitectura de la capilla es la que se lleva la mano en esto de hacer artesanía en el barrio.

Todos estos altares abarcan la banqueta: los vecinos se preparan para el 11 de noviembre, a partir de las 9 de la noche llega la música para bailar y los mariachis para las mañanitas a la Virgen, mientras en un temple van pasando los grupos bailables, de salsa o folclor y aparecen los puestos de atole y buñuelos, de quesadillas y sopes o pambazos. Por esa noche el viejo barrio de la Santa Julia es alegría Guadalupana, digo que tanto es tantito

En el Centro hay de Cantinas a otras Cantinas

Historia pura la que existe en el Centro Histórico. Foto: Especial

Cantina por excelencia es el Salón España, en la esquina de Argentina y González Obregón, lugar de regodeo de los estudiantes del viejo barrio universitario, por los estudiantes de la escuela de Jurisprudencia. Los de Odontología iban a la desparecida cantina El Nivel, en la calle de Moneda. Ahora la frecuentan periodistas, maestros jubilados, burócratas con sueños de antrólogos y guías de turistas; esta cantina tiene el aristocrático sabor de las viejas cantinas del centro, con su local de tortas a lado, también van trabajadores y luminarias del Colegio Nacional, donde los chamorros de los viernes son una delicia con una salsa de Dios mío, y una cerveza bien helodia,  a veces se juega dominó.

Una que se modernizó y por poco pierde su clase es la Peninsular, en la calle de Corregidora y la Alhóndiga, dicen que se fundó en 1872, y se proclama que desaparecida la cantina El Nivel es la más antigua de la Ciudad; llevan grupos musicales con cantantes de buen ver, es un buen cotorreo.

En la calle de Jesús María esquina con Moneda, a espaldas de la escuela de San Carlos está La Potosina, aunque en el barrio le llaman la “Potrosina” es refugio de viejos atlantistas, cuando los potros de hierro juegan está a reventar, hay tele de paga, se hace la chorcha y hay chamorros.

Otra clásica es El Gallo de oro, fundada en 1874, se juega dominó, hay buena comida, es una lugar cómodo y amable, está en la calle de Bolívar y Venustiano Carranza. iNo puede faltar en este breve recorrido, en la calle de Independencia y Dolores, la cantina del Tío Pepe, bellísima cantina, como las de antes, con su barra de madera.

Para ser charro se necesita parecerlo

Armando Ramirez

FUE EL MONASTERIO DE LA VIRGEN DE MONSERRAT, IMAGEN QUE HABÍAN TRAÍDO DESDE ESPAÑA unos cuates de Hernán Cortés, Diego Jiménez y Fernando Moreno, y como ya eran riquillos costearon la construcción del monasterio de la virgen de Monserrat en 1587, la imagen la habían traído desde Cataluña, tenía tres velos para ocultar su riqueza, pues portaba piedras preciosas y vestidos muy elegantes, solo los días festivo se alzaban los velos para admirar a esta virgen.

El monasterio estuvo bajo la administración de los padres benedictinos, ysu fachada es barroca, con una cúpula amplia, con arcos en el frente, que forman un corredor en el primer piso y que se puede ver desde la calle de Izazaga y la esquina de Isabel la Católica. Ahora es el Museo de la Charrería.

Antes en una época de epidemia de viruela fue hospital, luego fue cerrado por disputas entre los benedictinos y los del convento de san Jerónimo. Pero ninguno de los dos se quedó con la construcción, y fue el gobierno de Juárez al proclamar las leyes de Reforma y expropiar los bienes de la Iglesia, lo que ganaron los Jerónimos y que la imagen de la virgen de Monserrat se fuera con ellos donde todavía se puede admirar la imagen.

Y ya saben, fue ocupado como oficina de gobiernos, escuela, hasta en la esquina por una tienda de ultramarinos, La Palma, ya todo esto en el siglo XX, hasta que el regente Octavio Sentíes otorga el exmonasterio de Monserrat a la Federación Mexicana de Charros.

Recorrer el Museo es una lección de cultura popular. A la entrada hay un patio amplio con una carruaje de principios del siglo XX, una escultura dedicaba al charro que lleva su reata para hacer suertes. El Museo es muy Céntrico, frente al exconvento de San Jerónimo, es una zona muy popular, donde las taquerías callejeras se ofrecen sin discriminar, digo, total que tanto es tantito.

Del miedo al agua, al baño público

Armando Ramirez

QUE CHISTOSA ES LA CIVILIZACIÓN, AUNQUE USTED NO LO CREA A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII, LA GENTE le tenía miedo al agua, no eran como los aztecas que felices vivían con el agua, no practicaban el aseo del cuerpo, fue hasta finales del siglo XVIII cuando se discutía en Europa y por influencia en México si se debían de lavarse la cara o solo limpiarla, pensaban que si usaban el agua podían dañar la piel con el frío y el sol.

Es cuando se descubre que la limpieza evita las infecciones en los hospitales, entonces nadie tiene miedo de bañarse o lavarse el cuerpo y surgen un montón de métodos que en la ciudad de México, claro, los riquillos son quienes las usan, por ejemplo el “baño de esponja”, es decir una tina con asiento donde se sentaba el individuo y se tallaba la piel con una gran esponja.

Este tipo de baños eran para curarse de una infección, una diarrea, y estaba el baño para los pobres “de lluvia”, colocaban un bote en lo alto le hacían unos agujeros y se bañaban. Con el tiempo llegó el baño de vapor y las bañeras, ahí estaban las “bañeras de caderas”, eran unas tinas redondas con un respaldo alto y a los lados unas coderas para que la señorita descansara mientras su cuerpo recibía el agua caliente en las partes claves del cuerpo humano. O la tina de “baño de zapatilla”, era la favorita de las mujeres, era lo mismo pero tenía un asiento más cómodo, una forma de zapatito, la gente ahí cabía más cómodamente.

Llegaron los baños públicos muy fifís, como los famosos Vergara, estaban en lo que hoy es la calle de Bolívar, en lo que fue el convento de Betlemitas. Estaban las Albercas Pane, propiedad de un italiano que puso de moda entre las mujeres las albercas y los baños de vapor, turcos y mesas de masaje.

Los baños públicos fueron tan famosos que los invadieron los gays, entre ellos Salvador Novo, Elías Nandino, Xavier Villaurrutia que iban a los baños Bolívar a cazar jovencitos, así y el progreso perdió prestigio el baño público, total, que tanto es tantito

La CDMX, la más antigua

Armando Ramirez

No cabe duda que en Chilangolandia a la pelona se le pelan dientes, se le pican los ojos, les gusta bailar con tilica, moverle el bote a la huesuda, uy uy uuuy, espántame panteón. Pero todo esto nos vienes desde cuando la Ciudad estaba en una lago y mi corazoncito echándose de clavados, era la ciudad que al verse desde la lejanía no se creía que existiera, una Ciudad flotando sobre el agua.

Cuando los españoles llegaron a la isla La Española hoy Dominicana, fundan la Ciudad capital de Santo Domingo en 1496, y La Habana, que se fundó en 1511, capital de Cuba de donde llegó Cortés a Veracruz. Pero antes los españoles habían fundado otra ciudad capital, fue la de San Juan de Puerto Rico, en el año de 1508 y hasta 1519, fundaron Ciudad de Panamá, capital de Panamá.

Estas ciudades de América son antiguas y fueron de las primeras que existieron en el nuevo continente, y usted se preguntará, ¿y dónde queda la CDMX? ¡En primer lugar! cómo le quedó el ojo, la Ciudad de México es la más antigua de América. Me explico, en el año de 1325 los aztecas fundaron México-Tenochtitlan. Cuando llegaron los españoles está ciudad ya existía, hacia casi dos siglos, por eso cuando Bernal Díaz del Castillo ve una ciudad flotando en medio del lago desde el cerro de la Estrella se admiran. Y escribe, “era cosa de libros de caballería donde suceden hechos fantásticos”. Cuando Hernán Cortés reconstruye la ciudad, respeta sus calzada importantes y ordena al alarife Alonso García Bravo la traza de ciudad con calles y plaza “como hoy está”.

La Ciudad antigua, México-Tenochtitlan, a pesar de los evangelizadores que quisieron sepultarla, la capital de la Nueva España conservó uno de sus nombres: México, digo, que tanto es tantito…

Tecpanecas son de Tlalnepantla

Armando Ramirez

SANTA MARÍA NATIVITAS XOCOYAHUALCO ES UN PUEBLO QUE EN LA ÉPOCA PREHISPÁNICA pertenecía al señorío de Azcapotzalco, desde esa época nos llegan sus fiestas y tradiciones, este pueblo fue evangelizado por los Dominicos a partir de 1528/1529.

Su bella iglesia fue construida en el siglo XVII, está hecha de tepetate, material abundante por estos rumbos, y cantera de chiluca, estos le da un acabado diferentes a otros templos, asemeja a un templo hecho del dulce de amaranto llamado “alegría”.

Al entrar al templo se descubre la imagen de la virgen de Santa María Nativitas está en un nicho, a un costado del altar, la figura religiosa que domina el altar es un Cristo de la Preciosa San gre, que tiene una leyenda cuyo personaje central es el dueño de la Hacienda del Vaso de Cristo o de Cristóbal. La región sufrió el azote de la peste, diezmando a la población, y el dueño de la hacienda al ver cómo caían fulminado sus trabajadores, rezó ante un Cristo de la Preciosa Sangre, que tenía, y la peste desapareció, en agradecimiento el hombre de la Hacienda donó el Cristo a la iglesia de Xocoahualco.

Otro personaje, este mítico, es Sebastián de Aparicio, el rico, para empezar primero estuvo en el convento de san Francisco, en el Centro Histórico, en la calle de Madero, ahí hay una placa donde se cuenta que fue el primer hombre que comenzó a usar la carreta con ruedas y alquilarla, era el siglo XVII. Sebastián tenía sus bienes, entre ellos un rancho cerca del pueblo de San Pedro Xalpa, quien visionario entendió la importancia del Puente de Vigas como entrada a la Ciudad, por eso mandó reforzar el puente, que en ese siglo era, exacto, de vigas, lo reforzó con mampostería y tepetate.

El vocablo Xocoyahualco significa “lugar de árboles de fruta ácida”, el pequeño pueblo tiene un kiosco a un costado de la iglesia, es un pueblo que una vez perteneció al Señorío de Azcapotzalco, y ahora forma parte del municipio de Tlalnepantla, digo que tanto es tantito

Con historia un lugar cabalístico

Armando Ramirez

En Pino Suárez y República de el Salvador, se encontraron Moctezuma y Cortés

En la esquina de Pino Suárez y República de El Salvador, hay una iglesia, la de Jesús y un hospital, del mismo nombre; este hospital fue el primero que hubo en Amé­rica, y fue mandado construir por Hernán Cortés para los españoles pobres que estaban mal de salud.

No se sabe si fue a propósito o fue pura coincidencia, porque donde se levanta el hospital y la iglesia es en la esquina de Pino Suárez y República de El Salvador.

Y ahí en esa esquina es donde se dio la primero reunión entre Moctezuma y Cortés, fue el 8 de noviembre de 1519. Llegó Mocte­zuma, como dicen los historiado­res, “en andas”, es decir lo iban cargando en una litera, al tener enfrente a Cortés, que iba en ca­ballo, Moctezuma baja de su apo­sento, naturalmente, vestido con lujosas joyas, telas finas y una pe­nacho que deslumbra, hecho de plumas de las aves más finas que hubieran en estas tierras, además de tener piedras preciosas.

Cortés un pobretón español en busca de fortuna, y deslum­brado por la riqueza del señor de Tenochtitlan, tan solo le ofrece un collar de cuentas de vidrio. El español quiere abrazar a Mocte­zuma pero es contenido por la gente del Tlatoani, Cortés ignora que no se le puede tocar.

Tanto Cortés como Moctezu­ma habían recabado información uno del otro. Cortés sabía que el Tlatoani era un ser supersticioso y temeroso de la profecía que ven­drían hombres barbados de más allá del mar para tomar el poder.

Moctezuma, al ver al español temió y reculó, le ofreció hospita­lidad y riqueza. Y ellos, codiciosos, supieron que podían ser inmen­samente ricos. Lo escribe Bernal Díaz del Castillo en su crónica sobre la Conquista de México, al ver desde el Cerro de la Estrella la Ciudad de Tenochtitlan, era cosa de no creerse lo que veían, parecía cosas de encantados, una Ciudad flotaba sobre el lago cubierta por una suave neblina. Y de la descrip­ción que hace de la riqueza de Moctezuma, nada más faltaba que se le cayera la baba. En un muro de la construcción sobre Pino Suárez hay una copia en cerámi­ca de un cuadro de Juan Correa, donde pintó ese encuentro, y en esta iglesia reposan los restos de Cortés, digo, que tanto es tantito.

Pan de Muerto en la Guerrero

Armando Ramirez

LA NETA DE LA CORNETA DEL PLANETA DE LAS CALACAS, CALAVERAS, TILICAS, HUESUDAS, PELONA catrina, tienen sus manjares que aparecen en la temporada de los fieles difuntos, huelen a flor de azahares y a anís, va azucarado y nos recuerda una tradición de los aztecas.

El pueblo guerrero hacía una especie de pan con el amaranto teñido de rojo sangre, le pellizcaban para que apareciera un pico y le cruzaban unas canillas, huesos de humanos en cruz, dicen los que saben que simbolizaba el sacrificio de los que morían en la piedra de los sacrificios y que el corazón era ofrendado a los dioses de su panteón religioso, y ese rito es el antecedente del pan de muertos.

El pan de muerto es una especie de loma y es cruzado unas tiras que asemejan unos huesos y en el centro tiene una bolita que simboliza un corazón del sacrificado. Y ahora se come en esta temporada, las panaderías se esmeran por sacar el mejor pan de muertos y estos aparecen en charolas, a la vista, a través de sus vidrieras donde están pintados esqueletos de todo tipo, de frac, de panadero, de barrendero o de algún personaje cinematográfico.

Ir por la calle de Zarco, pasando el mercado Martínez de la Torre, en la gloriosa colonia Guerrero, es como ir a bailar al salón Los Ángeles, al caer la tarde, salen los olores del pan recién hecho, aromas que nos traen viejos recuerdos, son de la antigua panadería con más de cincuenta años elaborando de manera artesanal el pan más delicioso de rumbos. El señor que lleva la voz cantante nos dice que ellos no usan margarina para crear el pan de muerto, que lo hacen con mantequilla, como manda el canon. El panadero está ponchado de tanto ejercicios, con sus brazos potentes le da de masajeadas a la masa y va dando forma a los huesos y al corazón del pan y en charola los mete al horno, a la vez que vigila los bolillos, que casi están, estos en la tarde son mano a la hora de la venta, digo que tanto es tantito

Calle Madero frívola y con caché

CIUDAD DE MÉXICO, 10NOVIEMBRE2016.- El Festival Internacional de las Luces Filux 2016 fue inaugurado esta noche en diversas plazas de la ciudad de México, como Santo Domingo, el Palacio de Bellas Artes y la calle peatonal de Madero. FOTO: ISAAC ESQUIVEL /CUARTOSCURO.COM
Armando Ramirez

En esa calle tuvo su palacio, cuando fue emperador Agustín de Iturbide

La calle de Madero es rica en anécdotas que contar, una parte de ella, la que daba al convento de San Francisco (solo queda la iglesia del mismo nombre), por eso se llamaba San Francisco, está en ese tramo. Y la parte que lleva al Zó­calo se llamaba Plateros, ahí había muchos comercios de platería y joyerías. Pero ya saben, llegó Pan­cho Villa y le cambió el nombre a la calle, por su admiración a Fran­cisco I. Madero la llamó ¡Madero! Es más, advirtió que si alguien osa­ra cambiarle el nombre, vendría y mataría al irreverente.

Y se le quedó el nombre de calle Madero, en donde tuvo su Palacio cuando fue emperador Agustín de Iturbide, hoy es un museo, y en la esquina, frente a la Profesa, tenía su casa la Güe­ra Rodríguez que lo mismo tuvo en su lecho a Simón Bolívar, a Alexander Humboldt y a Agustín de Iturbide, quien parece lo incitó a ser Emperador de México. Cla­ro, fueron sus amantes de uno en uno y en diferentes años.

En la época de Porfirio Díaz fue la calle francesa por excelencia, ahí había tiendas y comercios de renombre francés, ahí se pasea­ban los hombres y mujeres de las clases altas, personajes extranje­ros y poetas como el Duque Job, que no era otro que Manuel Gu­tiérrez Nájera, quién incluso, como lo traía de una ala una güerita, le compuso uno de sus célebres poemas, en donde la hace cami­nar por Plateros, ahora Madero: “Si pisa alfombras,/ no es en su casa;/ si por Plateros alegre pasa/ y la saluda madam Marna… “. Y en otra estrofa sigue: Desde las puertas de la Sorpresa/ hasta la esquina del Jockey Club,/ no hay española, yanqui o francesa,/ ni más bonita ni más traviesa/ que la duquesa del duque Job”. El Joc­key Club ocupaba la Casa de los Azulejos, y la sorpresa era una de las tantos comercios de esa calle, como el café La Concordia, donde el mismo Duque Job nos dice que desayunaba con champaña. Ni qué decir del gran López Velarde, viviendo en la calle Álvaro Obre­gón, en la colonia Roma.

Un Palacio como en Europa

Armando Ramirez

IMAGINE A UNA SEÑORA CONDESA ENAMORADA DE UN MARQUÉS, VIVEN EN ESTA CIUDAD EN LA ÉPOCA de la Nueva España, los dos tienen inmensas fortunas, se casan y la señora le dice a su marido su sueño con construir un Palacio como los que hay en Europa, el mejor de la Ciudad.

Esa señora, era la condesa de San Mateo de Valparaíso, y el marido fue el marqués del Jaral y Berio y el lugar al que le echaron el ojo, era una vieja fortificación que se encontraba en la (hoy) esquina de Venustiano Carranza e Isabel la Católica, ese terreno había sido de un soldado, de aquellos que arriesgaron su vida en un continente desconocido y un mundo nuevo, Cortés por mandato del Rey de España otorgó a sus soldados terrenos en el lugar conquistado, uno de ellos fue Alonso de Nortes; eran hombres sin preparación que cuando empezó a llegar la élite de España les vendieron sus propiedades, en este caso a Juan Cermeño, quien construyó una casa, más bien, una fortificación.

Éste la vendió cuando se estaban aposentando en estas tierras nobles españoles en el siglo XVIII, esos nobles fueron la Condesa de San Mateo de Valparaíso y el Conde del Jaral y Berio. Renovaron la vieja construcción y han hecho uno de los edificios novohispanos más hermosas de esta ciudad, hasta la fecha sigue en pie, es uno de esos palacios que dio fama a la Ciudad para que la llamaran la Ciudad de los Palacios.

Tiene una puerta principal que es una obra artística del trabajo en madera, cuando vaya por Isabel la Católica admírela. Pero ya saben todo por servir se acaba y llegó el tiempo en que el Mayorazgo constituido por la familia de San Mateo de Valparaíso y del Jaral y Berio vendió el sueño de la condesa en el siglo XIX a un Clemente Sanz, que lo hereda a su hija, que ni tarda ni perezosa, en 1882 lo vendió por 135 mil pesos, a un banco recién fundado, el Banco Nacional de México, que lo usa hasta la fecha para sus oficinas, en el Centro Histórico. A veces se piensa que la riqueza dura siempre y pues a veces no, digo que tanto es tantito.

Plaza de Loreto viejo centro muy europeo

Armando Ramirez

En este centro los españoles llegaron con sus tiendas, sus cantinas y sus hoteles de paso

LA PLAZA DE LORETO ES UNA VERBENA, no importa que la iglesia de Loreto esté cerrada, parece que resultó muy dañada en septiembre del 2017, ya saben la historia de esta iglesia de im­ponente cúpula que diseñó Ma­nuel Tolsá, desde que se estre­nó comenzó a inclinarse, como borrachito se ha ido de ladito, todavía hace año y medio podía entrar y parecía que una fuerza gravitacional lo jalara de lado.

Es la construcción que domi­na la plaza donde los invidentes ofrecen sus servicios para que los chilangos aflojen el cuerpo que llevan tenso por el estrés, con su tacto reconocen mejor dónde el cuerpo está “anudado” y distender los músculos tensos.

En la esquina de Loreto y Justo Sierra, la continuación de Donceles, hay dos sinagogas, testimonio de lo que fue el barrio de los judíos, en calles como Aca­demia, Jesús María, San Jeróni­mo llegaron a vivir hombres que venían de Europa. Los sefarditas hablaban una especie de español antiguo y vendría de España o de Bulgaria, por eso una de las sinagogas es de rito sefardita y la otra sinagoga es del rito askena­zi, son judíos que hablan una len­gua influida por el alemán, vinie­ron de Alemania, Polonia, países del centro de Europa.

En los años treinta tenían su carnicería y panadería kosher, los domingos se reunían en sus sinagogas, de esas familias que habitaron el centro provino el periodista Jacobo Zabludovsky, no por nada quiso tanto a La Merced, su barrio.

En el Centro hubo varios lu­garcitos de comida libanesa, en varios aspectos usan los mismos elementos que la comida de los judíos, son culturas del Medio Oriente y en el Centro Histórico es común ver en el Al Andalus comer a judíos y libaneses.

Los libaneses tienen su igle­sia, la de Balvanera, en la calle de Uruguay, donde se venera a San Charbel, dicen, es el santo favori­to de Carlos Slim, recuerden que su familia tenía su negocio en La Merced.

En este Centro los españoles llegaron con sus tiendas de aba­rrotes, sus cantinas, sus hoteles de paso. Y ahora los oaxaqueños llegan con su queso, sus tlayudas, sus nieves y mezcal y los jarochos con sus ostionerías, eso sin con­tar a la comunidad armenia que también anduvo por acá o los chi­nos y ahora coreanos y japoneses digo, el Centro Histórico, siem­pre ha sido multicultural, hay de todo, digo, qué tanto es tantito.

Un político con pata de conejo

Armando Ramirez

COSAS DE LA POLÍTICA, MANUEL ROMERO RUBIO FUE UN POLÍTICO CON SUERTE, ASESOR DE SEBASTIÁN Lerdo de Tejada, quien luchó junto a Benito Juárez. Y la suerte de Lerdo de Tejada favoreció a Romero Rubio. Lerdo fue presidente del país (1872- 1876) y Romero Rubio su asesor: Pero la suerte le cambió cuando Lerdo quiso reelegirse y Porfirio Díaz se levantó en armas y venció a Lerdo.

Entonces Lerdo y Romero Rubio se desterraron a los Estados Unidos y Díaz subía al poder. El asesor de Lerdo no aguantó y regresó al país en el año de 1880. Y con suerte, Manuel Romero Rubio lleva su hija Carmen a una recepción de la embajada americana, ahí estaba Porfirio Díaz y que lo flecha Carmelita. Díaz, como andaba querendón, se casa en segundas nupcias con la hija de su rival político.

Llegó la buena para Manuel Romero Rubio. Porfirio nombra a su suegro secretario de Gobernación, cargo que tuvo hasta su muerte en 1895… cómo cambian las cosas en política. Manuel, de ser asesor de Lerdo, es aecretario de Gobernación y suegro de Porfirio Díaz. Por cierto la colonia Romero Rubio se llama así porque esos eran terrenos de esa familia.

En la esquina de Tacuba con el Eje Central hay una construcción en cuyos terrenos el conquistador Hernán Martín tuvo su casa, premio a su participación en la conquista de Tenochtitlan; era una terreno grande, lo que hoy abarca las dos construcciones de esa esquina, es una tienda de Sanborns, ahí hay una placa donde se lee, que ahí tuvo su casa Hernán Martín. Y en otra placa se lee que en la casa actual vivió el escritor y político Ignacio Manuel Altamirano.

La otra casa es la escuela de la Administración Pública, bello edificio con trabajos en canteras en sus columnas y ventanas y una grandiosa escalera.

En esa casa mítica, que no estoy seguro cuál es, Porfirio Díaz le pide matrimonio a Carmelita. Cosas de la política, no solo basta ser buen político, sino tener una pata de conejo, digo, que tanto es tantito.

La Capilla Sixtina chilanga

Armando Ramirez

Para los mexicanos era Vlady, pero su nombre completo fue Vladímir Víktorovich Kibálchic Rusakov, yo creo sus amigos pintores como José Luis Cuevas dijeron, mejor le llamamos Vlady, y así se le conoció, su padre Víctor Serge, escritor e intelectual comunista, fue perseguido por Stalin hasta que lo encerró en Siberia, ahí Vlady aprendió sus primeros conocimientos escolares, había nacido en 1905 en Petrogrado.

El Padre y el hijo anduvieron por toda Europa, hasta que en 1943 Vlady que conocía la obra de Frida Kahlo y Diego Rivera entabló correspondencia y fueron bien recibidos en México, aquí Vlady se nacionalizó mexicano y falleció en Cuernavaca en 2005.

Vlady se convirtió en un artista muy conocido en Europa y formó parte de un grupo llamado de la “Ruptura” donde estaban Cuevas, Felguérez, Gironella. Todo esto viene a cuento porque hay una obra maestra del muralismo mexicano en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, que usted debe conocer. Está en la calle del Salvador, entre Bolívar e Isabel la Católica, por donde pasa el Metrobús, no hay pierde para llegar.

Si usted es chilango que se respete o visitante de la Ciudad, échele un ojito a este mural que se encuentra en los muros de la Biblioteca que fue el Ofertorio de san Felipe Neri, la porta de la entrada es de una belleza barroca que vale la pena admirar, entre y descubrirá una de las obras más hermosas de Vlady, que nos dejó para orgullo de los chilangos, “La Revolución y sus elementos”, es una fiesta del color con referencia a la historia de la humanidad, va del Quijote, a Benjamín Franklin, de Freud, a la toma de la Bastilla, la entrada es gratuita.

Muchos le llaman la Capilla Sixtina chilanga, puede entrar, sentarse en cada uno de los sillones de piel que hay y admirar la obra y si tiene dudas, la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, es una de las más modernas, en sus computadoras puede consultar lo que desee saber o los periódicos antiguos o los del día.

Hay temporadas de música clásica en la capilla, bien vale la pena visitar este hermoso edificio que por culpa de los murales de Vlady deslumbran sus formas y el colorido, una maravilla del muralismo. Y es una lástima que los chilangos no lo conozcan y mejor los extranjeros, digo, está en el Centro Histórico, qué tanto es tantito.

Los de Ramiro para darse un buen taco

Armando Ramirez

El lugar es famoso y hasta boxeadores recibe, es un clásico para los sibaritas

RAMIRO tiene más de cuarenta años de hacer los mejores tacos de tripa y de hígado en Tepito, es un clásico para los sibaritas del Centro Histórico y visita obligada de la gente que va a comprar al barrio, pues pasan a su negocio como si fueran a la pila de agua bendita de su iglesia favorita.

Es chaparrito pero picoso, di­ce que sus tacos tienen seguro médico y dura hasta que llegan a su casa, después él no se hace responsable, suelta la carcajada por la broma. De niño aprendió a boxear, el barrio es bravo, lo aga­rraban de barco, y después de las lecciones les aguantaba diez rounds aunque siguiera perdiendo pero les daba sus moquetes.

La carne con que hace sus ta­cos la encarga al estado de Tamaulipas, mientras vemos cómo las tripas se fríen y van cambian­do su color hasta alcanzar un do­radito que indica que están como chicharroncitos, se comen con una salsa roja o verde que les da más sabor. Las mesas del lugar están ocupadas en su mayoría por familias o parejas que andan en veremos, casi todos llevan bolsas de plástico grandes, de color negro, llegan de los muni­cipios conurbados o de colonias populares, aunque hay uno que otro estudiante de sociología.

También hay tacos de cecina enchilada, pero los que más sabrosos me saben son los de hí­gado encebollado; los trozos son carnosos y tienen ese sabor del buen hígado, maridado con la cebolla, y freídos en su punto, eso sí excuso decirle que aquí la gente no se come uno o dos o tres tacos, van de seis para arri­ba, y la mayoría los acompaña con cerveza de las fuertes, coca cola o café.

Ramiro canta boleros clási­cos como Tus ojos me enseña­ron lo que es ternura… o Como un rayito de luna, y a la gente le gusta su estilo con voz ento­nada, y al dejar de cantar nos cuenta que antes por aquí lle­gaban a comer tacos boxeado­res y gente famosos como José Medel y a veces Rubén Oliva­res, Mantequilla Nápoles o el Flaco Guzmán, bueno, hasta cuando fue candidato Ricardo Monreal, ahora flamante sena­dor por Morena, llegó a darse su taco comiendo unos tacos de tripa entre el pópulo…

El lugar está en la calle de Aztecas, a media cuadra del Eje uno norte, donde hace años Cornelio Reyna filmó una pelícu­la. Y Ramiro se acuerda de “me caí de la nube en que andaba”, la gente comía tacos, digo, qué tanto es tantito…

Para tragones buen lugar para comer

Armando Ramirez

Es un lugar donde hay de todo, mariscos, comida corrida, carnes asadas, carnitas, buen café y hasta unas gorditas

EL MERCADO Lázaro Cárdenas es para tragones. Y no es para menos, hay de todo, mariscos, comida corrida, carnes asadas, carnitas, buen café y unas gor­ditas que son de muy señor mío, el mercado está en la esquina de avenida Coyoacán y Romero de Terreros, en la colonia Del Valle. En la contra esquina del merca­do hay un edificio muy bonito de departamentos, es como de los años 40, con detalles de art decó, en los bajos tiene una antigua car­nicería, una tienda y otros locales comerciales.

La esquina parece sacada de una películas de hace décadas, la Ciudad de México del medio si­glo, cuando la Del Valle se pobla­ba y el tranvía llegaba por estos rumbos, colonia de clase muy me­dia, donde los trabajadores de la oficinas buscan los lugares sabro­sos del mercado es bonito, es bue­no, sabroso y de precios medios.

Fue inaugurado en el año de 1956, como muchos de los merca­dos públicos antiguos, Martínez de la Torre, la Lagunilla, la Merced, etc. Ahora se ve que al mercado le dieron su manita de gato, crea­ron con la pintura juegos geomé­tricos, muy artísticos, las fondas están muy bien arreglada.

En el interior del mercado hay grandes puestos de fruta y ver­dura, acomodados de una mane­ra estética y lo que todo mundo nos platica es de una cafetería que está en el interior, se llama Passmar, tienen buen café y otras bebidas relacionadas con la cul­tura del café, postres hechos a base de café y venden sanwiches y cuernitos o desayunos.

Las gorditas que venden afuera del mercado son de maíz azul con chicharrón y una salsa muy sabrosa, nada más por es­tas gorditas, tragones, vale la pena visitar este mercado, se llama Lázaro Cárdenas, pero la gente le llama como su barrio: Del Valle Norte.

A un lado del mercado hay una reparadora de zapatos, gran­de, donde a la gente que le es­tán reparando sus zapatos, están sentaditos, quietecitos con sus pies encalcetinados, el hombre que atiende es muy alburero pe­ro unas gotas de humor siempre son bienvenidas.

Comimos en una de las fon­das, las meseras guapas y aten­tas, sirven con alegría, en verdad esto se agradece, pedí una mi­lanesa, viene con 3 enchiladas, arroz abundante, nos dicen que las flautas de barbacoa son ex­quisitas. Un buen fin de semana gourmet es este mercado, hay para todos los gustos, digo, que tanto es tantito…

Un sitio emblemático

Armando Ramirez

DONDE SE ENCUENTRA EN LA ACTUALIDAD EL EDIFICIO DEL BANCO DE MÉXICO en la esquina de 5 de mayo y Eje Central, en la época de Tenochtitlán, se encontraba una de las casas de placer de Moctezuma; tenía varias, era garañón.

Lo cuenta Hernán Cortés en las Cartas de Relación que le escribe al rey de España, donde dice que mientras mantenía cautivo a Moctezuma, éste empezó a decaer en su ánimo y habló con Cortés, le pidió permiso para ir a una de sus casas de placer.

Y Cortés, según él mismo, en buena onda, le dio chance ir a visitar a sus muchachas, porque en esas casas de placer había algunas con las cuales iba a retozar Moctezuma, y además bebía pulque. Ya sabrán lo alegre que se ponía con el “muchachero” y las muchachas el señor de Tenochtitlán. Y regresaba a su cautiverio feliz como una lombriz.

Por cierto, el mismo Cortés nos cuenta que Moctezuma tenía una especie de zoológico donde ahora se encuentra la Torre Latino, a donde aparte de las maravillosas aves que coleccionaba, como los quetzales o los papagayos, también había hombres albinos, los aztecas consideraban de buena suerte, con eso de que Moctezuma era supersticioso.

Ahora, en ese mismo sitio en el año de 1905, en la esquina de 5 de mayo y el Eje Central, se levantó un edificio de estilo renacentista italiano para albergar las oficinas de una empresa de seguros, The Mutual Life Insurance Company de Nueva York. Pero ya ven llegó la Revolución y el 25 de marzo de 1925, Plutarco Elías Calles ordena un decreto para dar nacimiento al Banco de México.

En ese bello edificio laboran para cuidar el valor adquisitivo del peso, mantener a raya la inflación y otras cosas, lo cual es un mandato por decreto. El edificio en su interior fue remodelado por el arquitecto Carlos Obregón Santacilia, que por lo visto era el arquitecto consentido de los revolucionarios. Uy, en este sitio fue feliz Moctezuma, ojalá ahora salgan las buenas vibras para los mexicanos, que tanto es tantito..

Fin de semana en San Jacinto

fArmando Ramirez

El jardín evoca a los parques de pueblo, donde la gente del lugar pasa la tarde y descansa

EL 12 DE SEPTIEMBRE de 1847 en la plaza de san Jacinto fueron ejecutados los hombres que for­maban el Batallón de san Patricio, formado por más de un ciento de irlandés y un grupo de alemanes que se unieron al ejercito mexica­no para combatir la invasión del ejercito estadounidense. En un muro de una casona de esta plaza hay una placa en cantera donde están grabados los nombres de estos hombres.

La plaza de san Jacinto vale la pena visitarla, tiene su jardín del arte donde pintores venden su obra, en la calle de Juárez, en el mismo jardín, está la casa de Joa­quín Fernández de Madrid y Ca­nal, quién trabajaba de Obispo de Tenagra. La casa años después tuvo habitantes ilustres como el escritor José Zorrilla, autor del famoso Don Juan Tenorio, tam­bién la habitó Antonio López de Santa Anna, sí su ilustrísima, pero cómo no, si era arroz de todos los moles, ahora la casona alberga el Bazar del sábado, un lugar donde venden artesanía de diferentes rumbos del país.

Adelante está la casa de Isidro Fabela, ahora es el Museo del Risco, tiene una gran acervo cul­tural, como la fuente de la casa, está pegada a un muro y ahí se le­vanta sobre el muro una cantidad de objetos de porcelana, se dice llegaron con la Nao de China, era una nave que llegaba del oriente con objetos de aquellas tierras para comerciar, aunque dicen, que no era Nao sino un barco, y no era de China, llegaba de las Filipinas.

El Jardín de san Jacinto evo­ca los jardines de pueblo, donde la gente del lugar pasa la tarde, como los señores mayores, llega­dos del pueblo de Tizapán que charlan con sus amigos en estas bancas. En la esquina con Madero está la célebre cantina La Came­lia, donde los actores jóvenes lle­gan en la noche a hacer su fiesta.

Si a usted no le gusta codearse con la farándula lo puede hacer con el pueblo denso, a una cua­dra del mercado está la cantina La Invencible, es un cuarto, tie­ne dos entradas, el lugar está en penumbras, si entra los pocos pa­rroquianos lo miran con cara de malos amigos. Salimos y al dar la vuelta encontramos el Museo de las Revoluciones, el chiste de esta casona es su leyenda, dice, ahí se escondía Chucho el roto después de cometer sus atracos, por cier­to en esa calle hay un negocios que venden crepas y tortas a la vez, digo que tanto es tantito.

De momias y gorditas

Sobre Avenida Revolución, el tramo que dominan la iglesia, el Museo del Carmen…

Armando Ramirez

… la Casa de Cultura Jaime Sabines y el Centro Cultural San Ángel, hacen sin querer un homenaje a la orden de los car­melitas descalzados. Ellos llegaron por estos lares, llamado Tenantitla, que algu­nos traducen como lugar de murallas o de piedras.

Los carmelitas descalzos es una orden muy rigurosa con los votos de humildad, ellos construyeron en 1615 el colegio de San Ángelo Mártir y terminaron en 1624 su iglesia, de ahí que con el tiempo Tena­titla se le llamara San Ángel. Su claustro tenía una huerta, era enorme, imagínese, de avenida Revolución, actualmente ten­dría que cruzar Insurgentes Sur, cruzar el parque de la Bombilla y llegar al barrio de Chimalistac, hasta ahí llegaba su huerta.

Hoy la iglesia sigue sus actividades, por cierto a la entrada de la iglesia hay una señora con un bracero y haces unas gorditas como en La Villa pero con ca­nela, y sobre la acera seguimos por don­de fue el colegio y ahora es el Museo del Carmen, que tiene maravillosas pintu­ras del periodo novohispano, y la misma arquitectura es una belleza; recuerden que fue con las leyes de Reforma que estos bienes de la Iglesia pasaron al go­bierno federal y fue en el año de 1938 cuando inicia sus actividades el Museo del Carmen.

Además contiene las famosas momias del Carmen, es decir del museo, son 12 cuerpos que se momificaron de manera natural, se cree que los cuerpos de estas momias eran de gente del pueblo de Te­nanitla que fueron enterrados en las crip­tas del Colegio de San Ángelo.

Cruzando avenida Revolución se en­cuentra la Casa de Cultura Jaime Sa­bines, es un homenaje a un gran poeta, aquel que escribió, el poema Los Amo­rosos: “Los amorosos juegan a coger el agua/ a tatuar el humo, a no irse./ Juegan el largo, el triste juego del amor”.

Y eso que no contamos el Centro Cul­tural San Ángel, que fue Palacio Munici­pal, digo que tanto es tantito

En las cantinas… grandes ideas a veces nacen

Armando Ramirez

La cantina salón Madrid es una tradición en el Centro Histórico de la Ciudad De México

HAY UNA VIEJA CANTINA que tiene historia y anécdotas a montones, hace tiempo ahí me encontré a Paul Leduc, el director la primera versión en cine de Frida, que interpretó Ofelia Medina; como hombre de inclinaciones intelectuales estaba con su grupo de actores en esa vieja cantina de la plaza de Santo Domingo esquina con Belisario Domínguez. Luego me encontraría a rockeros, cantantes folclóricos, escritores y periodistas, que iban en busca de un recuerdo y de un mito.

En esa cantina se reunían los líderes estudiantiles del año de 1929, sus manifestaciones no las hacían en el Zócalo, se complacían en recorrer las viejas calles del barrio universitario, San Idelfonso, Licenciado Verdad, Justo Sierra, Moneda, Donceles, Cuba, Brasil, para llegar a la Plaza de Santo Domingo, donde estaban los evangelistas escribiendo cartas de amor, y ahí hacían su mitin.

Luego los líderes entrarían al Salón Madrid a refrescarse y a discutir sus ideas de autonomía para la Universidad, y en un arco de los portales, el de la esquina, hay una placa recordando ese hecho. Fue en el edificio ahora conocido de la Autonomía donde Alejandro Gómez Arias dijo que la Universidad sería Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.

Ni pensar que existiera Ciudad Universitaria. Por eso las calles del Centro era un hervidero de vida estudiantil con cafés de chinos, casas que rentaban cuartos para estudiantes como en Santo Domingo, según narra José Vasconcelos, en sus memorias del Ulises Criollo. En el Salón Madrid tenían tal categoría de tortería exquisita que el dandy de los poetas, el cronista de la Ciudad de México, que en ese momento no lo era, iba a devorarse una torta de pavo.

Es más, hace unas semanas el periodista y novelista Arturo Pérez Reverte escribía en un periódico de España, sobre su nostalgia de cuando estaba en México e iba a esa cantina a tomar café, supongo con brandy, y a leer. El autor del Capitán Alatriste y de La reina del sur era cliente de esa mítica cantina y lamentaba de su extinción.

Y contra la corriente de desapariciones de cantinas en el Centro, ahora volvieron abrir esta vieja cantina de tradición que no sólo es para ponerse chachalacos, sino también para la conversación o pláticar como decimos en Mexiquito lindo y querido, digo, que tanto es tantito

¿Aprendimos con el 19-S?

Armando Ramirez

CÓMO PASA EL TIEMPO, Y PENSAR QUE EL 19 DE SEPTIEMBRE DE 2017, A LAS 13:45 HORAS, HACE UN AÑO se comenzó a mover la tierra y el miedo se regó por las calles, los edificios, casas, el movimiento iba de un rincón de la Ciudad. Del Centro, a la colonia Narvarte a la colonia Roma, de la Condesa a la Obrera a Xochimilco…

Para la gente fueron segundos inacabables, es muy largo un minuto cuando la tierra se mueve, dos ni se diga, tres parece que el mundo se va acabar, el miedo anida más adentro como si se viera que las casas, los postes de la luz, los árboles, los anuncios se van cayendo. En ese momento se alarga tanto el tiempo que se piensa, se van acaer las construcciones y a los coches se los va a tragar la tierra.

Da miedo ver cómo la tierra se mueve. Y uno sin poder moverse. Impotente al escuchar el ruidos de los vidrios de las ventanas que caen al suelo. Ver las nubes de polvo de las construcciones derrumbadas. Los rostros de la gente angustiada, se abrazan, lloran, rezan. Tantas cosas pasan en tan poco tiempo pero que parece una eternidad. Tenía razón Einstein: el tiempo es relativo.

¿Ahora, a un año qué hemos aprendido de esta experiencia? ¿Aprendimos de 1985? O la mayoría somos como unos jovencitos a los que les pregunte, ¡qué había pasado el 19 de septiembre del año pasado? Y esto me contestaron: ¡nada!, se quedaron de a seis, no se acordaban.

Claro que hay gente que sí se acuerda, como un señor de Azcapotzalco me contó que el sismo lo agarró en el baño. Y yo le pregunté que si se había salido desnudo. Él me contestó: ¡no, estaba en la taza del baño y me esperé a terminar! Y me dijo. ¡Hay que exigir edificios bien construidos! La gente piensa que ha sacado alguna lección, saben que estar prevenidos, deben obedecer las reglas, escuchar la alarma y salir en orden. Pero pocos piensan: Hay que exigir mejores construcciones.

¿Nos hemos fijado que cada día hay edificios para habitar más altos y estarán en regla? O Decimos como algunos funcionarios, que tanto es tantito…

En zona histórica Leona Vicario hasta el santo

Armando Ramirez

En esa época, en esos lugares convivieron grandes personajes históricos de México

EN LA GUERRA DE INDEPEN­DENCIA las mujeres jalaron pa­rejo o más que los hombres, hubo muchas: Mariano Rodríguez Laza­rín del Toro, Josefa Ortiz de Do­mínguez o Leona Vicario.

Les voy a contar de cómo en la casa y cerca de donde vivió Leo­na Vicario los astros de la historia nacional lo señalaron para que por ahí aparecieran personajes impor­tantes de la historia.

Leona Vicario vivó en una casa en la esquina de las calles de Bra­sil y Colombia, frente a la iglesia de Santo Domingo. La casa ahora pertenece a la Dirección de Lite­ratura de Bellas Artes. Ahí, Leona vivió, se escondió y complotó con­tra la corona española y ahí vivió con el político y poeta Andrés Quintana Roo, además el matri­monio a pesar de la guerra y la política se dio tiempo para tener una hija, y parece no era de mal ver porque cuando llegó a hospe­darse en esa casa Antonio López de Santa Anna, era un jovencito ambicioso, ni pensar en su Alteza ilustrísima, le echó el ojo a la hija de doña Leona, pero la hija era lis­ta y no lo peló.

En esa época en esa casa con­viven grandes personajes históri­cos y no solo eso, enfrente, otro gran personaje de la Independen­cia, Fray Servando Teresa de Mier, fue fraile, periodista y diputado, la armó de tos por la Independencia, lo metieron al bote un montón de veces, aquí y en España y donde se paraba, era como Fernández Noroña. No es cierto, fray Ser­vando era una eminencia, un tipo inteligentísimo, muy culto y se la jugaba donde fuera, bueno, ahí frente a la casa de Leona, en San­to Domingo, pararon los restos de Fray Servando, que con el tiempo, se perdieron y su momia anduvo por los circos de Europa, fue en el siglo XX cuando recuperaron la momia del fraile.

En ese mismo siglo XIX, pero en la segunda mitad, en la escue­la de Medicina, el edificio todavía está en Brasil y Venezuela, a me­dia cuadra de la casa de Leona, ahí vivían estudiantes como el poeta Manuel Acuña, quién se suicidó, dice la leyenda, por amor a Rosario de la Peña, pero Acuña era coscolino y depresivo, tenía varias novias y muchas tristezas, por eso se suicidó con cianuro.

¿No le deslumbra que andu­vieran por aquí tantas personali­dades? Ahora si no se ha apanta­llado, ahí le va, a cuadra y media en Belisario Domínguez, vivió el Santo, el enmascarado de plata, digo, qué tanto es tantito…

16 de septiembre e Independencia

Armando Ramirez

La calle 16 de septiembre celebra el inicio de la lucha por la Independencia y la de Independencia, la consumación. Septiembre es el mes de la patria y conviene recordar las calles que celebran la Independencia, las que ganan son las de Miguel Hidalgo, no hay centro histórico de cualquier ciudad de la República que se respete que no tenga su calle Hidalgo y ni que decir de Independencia o 16 de septiembre.

Y como el Centro Histórico chilango se respeta, tiene su calle Hidalgo, está en las orillas del Centro Histórico, allá por la Alameda Central y a espaldas del Palacio de las Bellas Artes, prolonga la calle de Tacuba, que cruzando el Eje Central se llama avenida Hidalgo. La calle 16 de septiembre está en el mero corazón comercial, donde se encuentra el Gran Hotel de la CDMX, que fue concebido en tiempos de Porfirio Díaz como el último grito del progreso afrancesado.

Se dice que Carmelita, segunda esposa de Porfirio se pasaba las tardes en el Centro Mercantil buscando qué garrita le quedaba, no era como alguna célebre profesora o propietaria de caserón en las Lomas, Carmelita vivía en el Castillo de Chapultepec con su viejo hasta que se los llevó el Ypiranga a Francia.

Ahí comienza la calle 16 de septiembre, llena de comercios, es más, ahora hay tiendas de japoneses, no de chinos, ¡japoneses! Digo si son japoneses debe estar bien hecho, aunque sean bisutería.

16 de septiembre termina en el Eje Central pero la calle sigue y se llama Independencia, ahora tiene un montón de edificios nuevos, los hoteles que estaban antes se cayeron en los sismos de 1985 y hay un barrio chino de peluches y un teatro Metropolitan que da espectáculos de tutti frutti, por cierto, échese una vueltecita por este barrio, en Independencia y Marroquí hay un lugarcito japonés, más o menos barato, para un día de quincena, tienen un menú de verdadera comida japonesa, digo, que tanto es tantito.

Coyoacán y más… ¿Dónde cenar en este mes ?

Pozole, pambazos, buñuelos, tostadas, flautas, y hasta ponche hay en cada rincón de la ciudad

Armando Ramirez

EN EL MES de septiembre todo se vuelve patriótico hasta la comi­da, es un lujo andar por los barrios de la Ciudad con tantos antojitos que devorarse; claro que también están los platillos llamados del mes patrio, principalmente los chiles en nogada, tal parece que los hicieron doña Josefa Ortiz y doña Leona Vicario, cuestan un ojo de la cara, y la neta, no es para tanto, ni que la nogada fuera francesa, mejor haga los chiles en nogada en su casa, con la receta de su abuelita.

Eso sí, hay otros platillos que son de cajón, como el pozole, pero no me salgan con que van a “La Casa del mentado tal”, pura fan­tasía y nada de sabor, y le cobran el aguacate, las tostadas, la crema; antes con el pozole iba gratis la crema, el aguacate, las tostadas, ah como cambian los tiempos.

Pero mire, en la colonia Alga­rín, una pequeña colonia que está pegada al Viaducto y es vecina de la colonia Obrera, ahí hay una ca­lle donde hay varios lugares que sirven buen pozole y no está tan cariñoso como en otras casas, la calle es Juan E. Hernández Dáva­los, está entre Manuel Navarrete y Bolívar, para gente de barrio como la Doctores, Obrera, Álamos, etc., es un lugar confiable y querido para cenar pozole.

Ahora que si le gustan los pam­bazos, los buñuelos, las flautas, el ponche, los atoles endulzados con piloncillo y sentarse en puestos con focos chinguiñosos, como si anduviera en feria de pueblo, qué le parece este fin de semana pa­trio ir a Coyoacán, al centro y a dos calles del jardín, ahí se ponen los puestos de antojitos más sabrosos, no vaya al mercado.

Los buñuelos la verdad sí están sabrosos y el atole blanco todavía lo hacen con sus trozos de pilon­cillo, las flautas con su lechuga, su salsa verde y su crema, están pasables, los pambazos son de diez, de papa o de carne, bien mojadito en esa salsa roja que los pinta. Y ya sabe luego la dicha inicua de an­dar caminado por el jardín y calle­citas del centro de Coyoacán para la digestión.

Es inevitable el reposo del gue­rrero, comprar su café en El Jaro­cho, su dona de chocolate, sentar­se en una de las bancas, si no es que ya están ocupadas, pero ese es el chiste, pasear por el quios­co, la iglesia de san Juan Bautista, sufrir los apretones y cenar en los puestos de antojitos mexicanos, digo que tanto es tantito.

Entronas en la Independencia

Armando Ramirez

De armas tomar, herencias que dar, y sobresalían más que los maridos, por ejemplo, doña Josefa Ortiz de Domínguez, que nació y murió en la calle del Carmen y se enamoró del Corregidor Miguel Ortiz en el colegio de las Vizcaínas, de ahí salió para Querétaro, donde conocería a Miguel Hidalgo y se involucraría en la lucha de Independencia. La apresaron y encarcelaron en el convento Santa Catalina de Siena, en la calle de Argentina, frente al edificio de la SEP, en esa época no existía, era el convento de la Encarnación.

A tres calles de ahí, en la calle Brasil, estaba la casa de Leona Vicario. Ella siendo muy joven recibe su herencia, y era novia del poeta y político Andrés Quintana Roo, los dos participan en la lucha insurgente, Quinta Roo se va a la guerra y Leona Vicario desde la Ciudad suministra dinero y armas, que compraba con su herencia, para el ejercito insurgente. Ella formaba parte del grupo clandestino los Guadalupes, en oposición a que el ejercito realista llevaba como estandarte la imagen de la Virgen de los Remedios, que llamaban la Capitana, entonces los insurgentes de la Ciudad se llamaron los Guadalupes, en honor a la Virgen de Guadalupe.

Cuando Agustín de Iturbide se proclama Emperador de México ella participa en el grupo que terminará derrocando a Iturbide y proclamando la República Mexicana y nombrando a Guadalupe, el primer Presidente del país.

Otra mujer que participó en la lucha de Independencia fue Mariana Rodríguez Lazarín del Toro, junto con su esposo, la calle donde está la casa de Mariana lleva su nombre, en la Lagunilla, a cinco o seis calles de la casa de Leona Vicario, ella hacía tertulias, que en realidad servían para recaudar fondos para los insurgentes, fue apresada y encarcelada con su marido hasta 1820, nunca delató a nadie, ella murió un año después sin saber que se había consumado la Independencia, digo hay que recordar a estas mujeres, que tanto es tantito.