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Qué tanto es Tantitito

La calle de 5 de Mayo

Armando Ramirez

LA ANCHA CALLE DE 5 DE MAYO ESTÁ UNIDA A LAS LEYES DE REFORMA, AL TRIUNFAR LOS LIBERALES…

como Benito Juárez o Ignacio Comonfort, esta hermosa calle no existía como tal y la victoria de la batalla del 5 de mayo, en Puebla, contra los franceses fue motivo para nombrar y ampliar esta calle.

Al promulgarse las leyes de Reforma, el clero tuvo que abandonar a muchos de sus bienes como los conventos de la Ciudad de México, uno fue el de San Francisco, en la calle de Madero, al demolerse ese convento dio paso a la calle de Gante, era un convento enorme que iba de Madero hasta la calle de 16 de Independencia y del Eje Central a la calle de Bolívar.

El gobierno juarista para evitar reclamos en años posteriores decide demolerlos y abrir calles que llevaban a ningún lado, como la de Gante o la callecita de Héroes del 57, al costado del Convento de la Concepción, en la calle de Belisario Domínguez o el de Santa Clara en la calle Tacuba, que al desaparecer la huerta de este convento, emerge la calle que iba de Bolívar a Isabel la Católica para llamarse 5 de mayo, homenaje a la batalla de Puebla contra los franceses. Era pequeña, hacia la Catedral se volvía el callejón del Arquillo. Y hacia Bolívar topaba con el Teatro Nacional, obra de Antonio López de Santa Anna.

Por cierto, en ese teatro se llevó la premiación de los ganadores del Himno Nacional, Jaime Nunó por la música y Francisco González Bocanegra por la letra; el jurado estuvo engalanado por grandes poeta como Joaquín Pesado y Manuel Carpio, y con músicos como Miguel Lerdo de Tejada.

Pero la noche de la entrega del premio, que iba a contar con la presencia de el presidente Antonio López de Santa Anna, este nunca llegó para estrechar las manos de Bocanegra y Jaime Nunó, la celebraciones se llevó sin su presencia.

En 1901 llegaría la orden de Porfirio Díaz para demoler el Teatro Nacional para abrir la calle de 5 de Mayo hacia la Alameda para que la gente pudiera acceder al nuevo Teatro Nacional que construía por la Alameda, que terminó siendo a causa de la Revolución el Palacio de las Bellas Artes. Así nació y creció la calle de Cinco de Mayo, digo que tanto es tantito…

Jardín cruel y hermoso

Armando Ramirez

AQUEL QUE TIENE EN EL CORAZÓN LA ESTATUA DE VICENTE GUERRERO, ES CÉLEBRE…

Esta rodeado de sindicatos y de hoteles, pues tiene fama de albergar a damas del tacón dorado. Siendo un jardín bonito, a veces se afea por los sin techo que duermen en sus bancas, pero no siempre fue así, antes de ser jardín fue el atrio de la iglesia de San Fernando, era muy grande.

Tan grande que en 1839 por edicto el atrio, se convirtió en jardín, y es que era tan grande el convento y el panteón que colindaba con el hospital de san Hipólito y el convento de los Fernandinos que ya existe y estaba por los rumbos de la calzada de Tacuba; dicen que en el centro corría un acueducto que traía las aguas de Santa Fe.

En el último tercio del siglo XIX se comenzó a urbanizar la colonia de San Fernando o Buenavista que terminaría siendo la colonia Guerrero, las calles de esta zona eran ocupadas por el convento de los Fernandinos, de aquellos años es el panteón de san Fernando, que al principio era muy fifí, un panteón nacional; más tarde se llamó de los Hombres Ilustres y es el único panteón civil que se conserva del siglo XIX.

A principios de siglo, se tomó una foto donde se puede ver en un carruaje, a Porfirio Díaz ir por la avenida que cruza por el frente del panteón y la iglesia, ahora desparecida, para unir el jardín con la iglesia y conservar los arcos del panteón, que han servido de inspiración a tantos estudiantes de la escuela de Arte de la Esmeralda, que dibujaban los arcos o los bosquejaban para sus ejercicios de dibujo, y es que la Esmeralda está en la siguiente calle donde termina el panteón.

El panteón y el jardín de San Fernando ha servido de inspiración a los estudiantes de arte, muchas de sus primeras obras son estos paisajes, tanto del panteón como los arcos o los personajes que pululan por el jardín, de ahí esa atmosfera, a pesar de todo, romántica que guardan este rincón de la Ciudad de México y que ha servido de inspiración a tanto artista, que a lo mejor como José Luis Cuevas o Toulouse Lautrec pintaban personajes de la vida alegre o mejor dicho de la vida triste y pensar que el jardín y el panteón están a unas calles de la Alameda Central o de Reforma, digo que tanto es tantito…

De paseo por el Zócalo

Armando Ramirez

Ya le he contado del Palacio Nacional, de los edifícios de gobierno de la Ciudad de México, pero no de los restaurancitos que hay en los altos de los edifïcios que están frente a la Plaza, la calle que va de Madero a 5 de Febrero, son restaurants nada caros, con platillos de buen gusto y algunas mesas tiene vista a la plaza.

El Centro Mercantil tuvo fama de ser el último grito de la moda en tiempos de don Porfirio, de ahí su estilo afrancesado, art nouveau, fue la primera tienda departamental, ahí llegaba Carmelita, la esposa de Porfirio Díaz, para ver qué le gustaba del último grito de la moda. Con el tiempo su estructura se desgastó, tuvo varias remodelaciones, no levantaron las ventas y a mediados del siglo pasado, cerró. En este siglo decidieron crear el Gran Hotel de la Ciudad de México, un atractivo de éste es su vista a la Plaza.

En la esquina de Justo Sierra y Argentina está la librería Porrúa, suba por las escaleras por la calle Argentina, en la terraza verá un restaurant y una especie de cafetería, para que tomé un café tranquilo; siéntase a disfrutar la vista más hermosa que se tenga del Zócalo, es más bonita la vista que la que pueda tener el Presidente desde Palacio o la Jefa de Gobierno desde sus oficinas.

Si gusta de caminar, vaya a Madero por unos tacos sudados, digo que tanto es tantito…

¿Recuerdan la fayuca en Tepis?

Armando Ramirez

FUE POR LOS AÑOS 70 DEL SIGLO XX QUE SURGIERON EN TEPITO LAS “COMISIONES” DE VECINOS…

para defenderse del rumor/verdad que el gobierno quería tirar las vecindades, esas comisiones representaban las vecindades más aguerridas, organizaron juntas, tuvieron discusiones con los representantes del gobierno y lograron que su voz fuera tomada en cuenta en los proyectos habitacionales para el barrio.

Así surgió el Plan Tepito, que nunca se realizó pero dejó un movimiento cultural, el Arte Acá, decenas de jóvenes inquietos y líderes sociales. Los vecinos que formaban parte de las COMISIONES tuvieron juntas con el delegado de la Cuauhtémoc, y en una de ellas salieron con permisos para vender en la calle de Tenochtitlán.

En el callejón de Tenochtitlán había un grupo de comerciantes urbanos, “los carreros”, que iban por las colonias residenciales gritando: “compro ropa usada, cosas viejas que vendaaaan”, luego las revenderían en el callejón. A la vez había personas que iban a los Estados Unidos a comprar jabones Dove, baratijas, ropa y en pequeñas juntas de patio de vecindad vendían sus productos. Nada más natural que se comenzara a vender fayuca en Tenochtitlán, al principios fueron decenas, con los años serían miles de comerciantes y sirvieron de ejemplo para que otros lo siguieran. Llegaron los partidos políticos con sus huestes. Creció el comercio en el arroyo de las calles y en carriles del Eje 1 Norte.

Con la fayuca en grandes cantidades tendría auge económico el barrio. Después llegó el TLC y muchos vecinos entraron en bancarrota, los más duchos, sin saber chino, fueron al oriente; se trajeron bisutería y objetos de mala calidad y con ello un coreano, un chino, ellos traían de sus países más mercancía y más chinitos y coreanos y lo demás es historia…

Mientras eso sucedía grupos artísticos pintaban miles de metros en los muros de las vecindades, subieron al ring del gimnasio a Carlos Monsiváis y a don Fernando Marcos para hablar de cultura, el Coro de la UNAM cantaba en la iglesia. Ahora solo quedan jóvenes pintores, escultores, el grupo de teatro Tepito Arte Acá, escritores, editores de revistas con literatura del barrio, digo que tanto es tantito…

El jardín de Octavio Paz

Armando Ramirez

LA PLAZA VALENTÍN GÓMEZ FARÍAS ES UN LUGAR DE UNA BELLEZA TRANQUILA, ES UNA PLAZA con un convento, una iglesia, un instituto de altos estudios y la casa del abuelo de Octavio Paz, Ireneo Paz. Cuando el poeta era un bebé y eran los tiempos violentos de la revolución mexicana, el padre de don Octavio decidió unirse al movimiento zapatista en compañía de Antonio Soto y Gama, ideólogo del zapatismo.

Por esa razón el premio nobel mexicano vivió en Mixcoac su infancia y primera juventud, rodeado de libros del abuelo, con quien platicaba de Benito Juárez, la Revolución, los Flores Magón, Porfirio Díaz, Zapata, Soto y Gama o Villa. De esa casa en la colonia San Juan Mixcoac, el poeta, para ir a la Preparatoria, tomaba el tranvía en la calle de Goya que lo llevaría al Centro de la Ciudad. En esa misma plaza, vecina a la casa del abuelo, está la casa de don Valentín Gómez Farías, que ahora es el Instituto Mora, un lugar para las investigaciones históricas.

En la huerta de la casa estuvo muchos años enterrado don Valentín, por razones políticas, fue activo durante la Independencia, diputado y representante del primer Congreso Constituyente en 1822, 1824, fue Presidente de la República, un liberal, por eso la iglesia le negó el derecho a ser enterrado en algún panteón.

Enfrente del jardín hay una iglesia, la de San Juan Evangelista y nuestra señora de Guadalupe, es del siglo XVII, dentro tiene un oleo de la Virgen de Guadalupe y una escultura de San Juan Bautista, un atrio bardeado con ladrillos, dejan huecos para ver a través de la barda.

En realidad desde siempre San Juan Mixcoac fue un pueblo, conserva mucho de ese aroma, el jardín tiene una fuente del siglo XVII, salta el agua y cae acompasada dando un ritmo de tranquilidad.

La casa donde vivió Octavio Paz, hoy es el convento de las hermanas dominicas, ellas compraron la propiedad del abuelo del poeta y hacen unos panecillos deliciosos, toque la puerta y saldrán unas monjitas y puede comprarles sus deliciosos panecillos o galletas, y a un costado sobre la calle Ireneo Paz, está una placita donde los vecinos hacen sus compras, está la tienda, la tintorería, etc. Digo, que tanto es tantito…

La maldición de la Minerva

Armando Ramirez

El edificio de la Secretaría de Educación Pública es recinto con historia y visitarlo es aprender de nosotros; fue antiguamente el convento de la Encarnación, la parte sur y la parte norte fue la Aduana de Pulque.

Fue el gran José Vasconcelos quién se inspiró para “salvar a los niños, educar a los jóvenes, redimir a los indios, ilustrar a todos y difundir una cultura generosa y enaltecedora, ya no de una casta, sino de todos los hombres”. Quien fuera director del Departamento universitario y de Bellas Artes, quería no solo construir escuelas, aulas, sino enaltecer el espíritu y la esencia del ser mexicano.

Me pregunto qué piensan cuando insultan a sus empleados diciéndoles: “Oaxaco”, siendo que los oaxaqueños tienen de que sentirse orgullosos. Vasconcelos, este oaxaqueño nos dio la educación escolar en todo el país y en su época, mandó a publicar miles de libros con títulos de Platón, Sócrates, Aristóteles, San Agustín y Dante Alighieri. Y siendo secretario de Educación Pública ocupó su oficina, llevó una estatua de la diosa Minerva, la de la sabiduría, cuando dejó su cargó, se dice que ningún secretario de Educación quiso mover a la Minerva por temor a una exclamación que hizo Vasconcelos, el que mueva de ese lugar la estatua le irá mal. El único que movió de lugar a la Minerva fue Fausto Alzati, quien fue secretario de la SEP durante unas semana, pues luego fue cesado, digo, qué tanto es tantito.

El alumbrado público, antes

Armando Ramirez

EL ALUMBRADO DE LAS CALLES FUE UNA LATA, TANTO EN LA ÉPOCA PREHISPÁNICA COMO EN LA COLONIA, en Tenochtitlan llegaron a usar teas con el petróleo o bolas de chapopote, pero el que quería transitar por la noche tenía que poner de su bolsillo para irse alumbrado su paso.

En la Nueva España en las puertas de las casas colocaban antorchas, daban una endeble lucecita y si el caballero quería caminar por esas calles de lodo o empedradas llevaba una antorcha, no sea que se fuera a ir de boca, si el buen caballero era poderoso don dinero o un criado adelante portando una antorcha.

Pasaron los años hasta que llegó ese gran virrey que fue el conde de Revillagigedo, quién determinó que muchas calle tuvieran iluminación pública, era endeble la iluminación apenas si alcanzaban a verse quienes estaba debajo de esa iluminación, se usaba una grasa y luego aceite; se imaginan, ahora estamos en la gloria, antes los habitantes de esta ciudad sufrían por caminar en estas calles en la noche.

El Ayuntamiento pagaban los gastos de la iluminación y tenían guardias especialmente encargados de encender la luces de las calles.

Pero como todo evoluciona, llegó la trementina, le llamaban gas líquido, al paso del tiempo fue sustituido por el hidrógeno, pero la iluminación aunque era constante escaseaba, el gas era conducido a los recipientes de las lámparas que contenían agua para librar el gas de impurezas y de ahí se distribuía a las casas, estas tenían un gasómetro para medir el consumo, los desechos del gas iban a parar a un canal que había en san Lázaro.

Luego llegó la electricidad, se usaban carbones en los recipientes que ardieran y dieran una luz intensa, luego vendrían las lámparas que conocemos. La primera calle que tuvo alumbrado fue Uruguay, donde se encuentra la casa de la leyenda de don Juan Manuel, a un lado del viejo portón hay una placa donde se lee que ahí sucedió la leyenda de don Juan Manuel y en otra que fue la primera calle que tuvo alumbrado público… digo que tanto es tantito…

Cosas que no observamos

LGM Studio . Fotografia de Arquitectura
Armando Ramirez

En la esquina de Reforma, Zarco e Hidalgo, hay motivos que nos invitan a recordar hechos de los cuales muchos no se acuerdan. Sobre el Paseo de la Reforma se encuentra la estatua de Francisco Zarco, periodista y defensor de la libertad de prensa, fue un periodista liberal, sufrió persecución, represión, por eso es considerado el apóstol de la libertad de prensa.

Incluso alrededor de su estatua, en la plaza, los periodistas de ahora hacen sus actos de reivindicación de la libertad de expresión, como son los homenajes que se le rinden al periodista Manuel Buendía, asesinado por ejercer su profesión de periodista.

Adelante rumbo a la iglesia de san Hipólito esta una pequeño altar donde se resguarda el fragmento del piso de un pasillo que conducen a las taquillas del Metro y que un día de lluvia, un vendedor de dulces, mientras se protegía de la lluvia, observó, según su dicho, como se aparecía en unos de los cuadros del suelo la imagen de la Virgen de Guadalupe, se emocionó, y llamó la atención de la gente para que vieran la aparición de la imagen de la Virgen. La gente lo creyó, y se comenzó a crear un fenómeno social, la iglesia y la policía no le creyeron, pero las autoridades de la Ciudad para no meterse en problemas levantaron un altar a la entrada del Metro Hidalgo, del lado de la calle de Zarco. En la esquina de la iglesia de San Hipólito hay un medallón de cantera, en ella está cincelada la historia de la Noche Triste, por aquí fue donde se dio la batalla donde los aztecas hicieron huir al ejército de Cortés.

Fonda donde se puede cantar

Armando Ramirez

LA CALLE DE VIOLETA EN LA COLONIA GUERRERO TIENE PERSONALIDAD Y SU COLOR ES EL VIOLETA muchas de las casas de esta calle, sí, están pintadas de color violeta, se ve bien, es una calle poblada de casas viejes, antiguas, muchas hechas de cantera con grandes balcones con balaustrada de cantera y pequeñas ventanas casi a ras de suelo, estas son para dar ventilación a los pisos de madera, tienen cuarto grandes, donde a veces se construyen los famosos tapancos, otras han conservado su decorado afrancesada, e incluso en una de ellas hasta un enorme espejo de estilo francés luce en unos de los muros, es la popular casa Amalia.

Amalia fue una señora que vendía quesadillas en un local de avenida Hidalgo, a un lado de la célebre Hostería del Bohemio, que durante muchos años estuvo en el patio del hospital de San Hipólito, y la iglesia del mismo nombre es tan popular que la gente ya no la conoce por San Hipólito, sino que le llaman San “Juditas.

Doña Amalia tuvo unos hijos muy trabajadores, entre ellas Lidia, con alma de cantante; un día a doña Amalia le pidieron el local de los bajos del convento de San Hipólito, pero ella que amaba la colonia Guerrero y buscó una casa para vivir y tener su local, y la encontró en la calle de Violeta 57.

Ahora Casa Amalia la dirige su hija con sus tres nietas. Esta casa fue del doctor Alberto Capilla, padre del clavadista Joaquín Capilla, ganador de medalla de oro en clavados de plataforma en los Juegos Olímpicos de Melbourne.

La casa tiene un gran zaguán, se abre un patio poblado de plantas, a un costado hay una escalera por donde se entra al gran salón que sirve para las mesas del restaurante, es comida casera la que sirven, deliciosa. Y después de las 3 PM llega la hora bohemia, la gente de edad hace uso del karaoke, traen sus pistas y se ponen a cantar, no es concurso, es el placer de cantar. Vale la pena comer aquí, el menú es barato, y si le gusta cantar lleve sus pistas y pide su turno, para cantar en el corazón de la Guerrero, calle de Violeta, a media cuadra de la calle Héroes y la casa de los Rivas Mercado, digo que tanto es tantito…

La antigua San Juan de Letrán

Armando Ramirez

Llega desde el sur la calle de Niño Perdido, cruza la calle de Izazaga y hasta llegar a la esquina de Venustiano Carranza se llamaba Niño Perdido. En la esquina de Venustiano Carranza, ahí cambiaba de nombre, por estar en la esquina el Colegio de San Juan de Letrán se le llamó a ese tramo San Juan de Letrán hasta Madero, no era una calle muy larga, pero la fuerza de ese nombre hizo que la gente le llamara a las calles que van desde Izazaga hasta la Lagunilla, San Juan de Letrán. Todavía en la década de los años treinta del siglo XX las autoridades de la ciudad abrieron más las calles, demoliendo muchas casas. Querían hacer de San Juan de Letrán un bulevar la francesa y terminó siendo una avenida a la americana.

Estás calles en la década de los años cincuenta era un reventón, estaban cabarets, las chicas trabajaban en Vizcaínas, a donde tenía su estudio de baile Resortes.

Adelante está el Palacio de las Bellas Artes, el excine Mariscal, el Teatro Blanquita, Garibaldi con lo que fueron sus teatros de revista y burlesque, la plaza de Garibaldi con el Tenampa, adelante el Bombay, La Canción con sus tríos hasta la madrugada, aquella avenida a la americana era una fiesta, total, qué tanto es tantito.

Tacuba, calle de conventos

Armando Ramirez

RECORRER LA CALLE DE TACUBA ES DARSE CUENTA QUE TUVO MUCHOS CONVENTOS, DE LOS CUALES Recorrer la calle de Tacuba es darse cuenta que tuvo muchos conventos, de los cuales quedan todavía capillas o edificios que ahora son museos.

En la esquina de Tacuba y Bolívar está la Biblioteca del Congreso de la Unión, fue el convento de Santa Clara de mucha importancia en la Nueva España, y hoy solo queda el recuerdo del convento, y el testimonio de su iglesia y capilla, ahora alberga la Biblioteca del Congreso de la Unión.

Enfrente estaba el convento de Betlemitas, una de una orden hospitalaria, quienes construyeron un hospital para gente pobre, ahora es el Museo de Economía, un bello recinto que debe visitar de perdis para que sepa cómo se hacen los billetes, ya no digamos para saber cuidar su economía cotidiana.

En lo que es ahora el Museo Nacional de Arte antes fue la Secretaría de Comunicación, en el gobierno de Porfirio Díaz, y antes en esos terrenos estuvo el convento y hospital de San Andrés, y en la plaza de Xicoténcatl y lo que fue el Senado, hasta hace unos años estuvo una capilla y el noviciado de san Andrés, es decir donde estudiaban los novicios.

En lo que fue el Palacio de Correos estuvo el hospital de Terceros de la orden de los franciscanos, un hospital para gente menesterosa, que fue demolido para dar paso al Palacio Nacional de Correos por ordenes de Porfirio Díaz.

Y en lo que es el Palacio de Bellas Artes estuvo el convento de Santa Isabel, los terrenos donado por Doña Catarina viuda de Peralta, que heredó de su marido esos terrenos, donde funda un convento de las madres recoletas que se llamó La Visitación de la María Santísima a su prima Santa Isabel, y como era muy largo el nombre del convento a la gente le dio en llamarlo tan solo Convento de Santa Isabel, el Ayuntamiento donó medio solar para que fuera construido el convento.

Todavía en ese tiempo lo que hoy es el eje Central era una calle de agua, es decir de navegación, total, que tanto es tantito.

Café donde espantan…

Armando Ramirez

Y SE CENA SABROSO, EL CAFÉ TACUBA, ÍCONO DEL CENTRO HISTÓRICO, UBICADO EN LA calle de Tacuba, cerca del Metro Allende.

El Café Tacuba como tal es de 1912, la vieja casona está a espaldas de lo que fue un hospital para mujeres dementes, se cree que tenía comunicación con la casona, de ahí las leyendas que teje la celebridad de este café, pues la casona también está frente al convento de la monjas clarisas, ahora ese convento de santa Clara es la Biblioteca del Congreso de la Unión.

Primero el lugar fue una lechería y luego se convirtió en café con un halago a la cocina mexicana que preparaban las abuelitas de antes: enchiladas, tamales, buñuelos, pambacitos, atole blanco tanto es tantito endulzado con piloncillo, pan de dulce tradicional, su rico café con le che y una decoración que evoca el mundo de novohispano con pinturas con temas de esa época, como el retrato de sor Juan Inés de la Cruz, o la historia del chocolate, que por cierto tiene su fama en este café, que sirvió de inspiración a un conjunto de rock para ponerse su nombre, Café Tacuba, pero por problemas legales entre el café y el grupo de rock, el grupo pasó a llamarse Café Tacvba “con una “v” en lugar de “u”.

El 25 de septiembre de 1936, el candidato a gobernador por Veracruz, Manlio Fabio Altamirano, departía el pan y la sal con sus familiares y seguidores, cuando un grupo de sicarios entró al lugar y lo mató a mansalva, huyeron atracando la puerta giratoria que tenía el café, desde esa época dejó de tener esa puerta.

En ese lugar trabajaba Santos Hernández, personaje central del clásico de la antropología social “Los hijos de Sánchez” de Oscar Lewis, quien entrevistó a la familia Hernández, con don Santos a la cabeza, vivían en la vecindad de la Casa Blanca, en la colonia Morelos, solo que para publicar su libro, Oscar Lewis, cambio el nombre de la familia Hernández por la de Sánchez. El libro se llevó al cine con Anthony Quinn como Santos Hernández. Ya se explica por qué entre su fama por su cocina mexicana y las leyendas, el café Tacuba es ícono del Centro Histórico, digo que tanto es tantito.

Un palacio con magia y lleno de historia

En el pasado fueron lugares muy importantes para el país. Foto: Especial
Armando Ramirez

Todo comienza en la época de los aztecas, en la que ahora conocemos como calle de Moneda, entre Seminario y Licenciado Verdad, las construcciones que se levantaron en esa calle fueron de las primeras que hubo después de la caída la Tenochtitlan, ahí se encontraba la pirámide o templo del dios protector de los guerreros, el señor del inframundo, Tezcatlipoca. Los conquistadores sobre el basamento de este templo construyeron el Palacio del Arzobispado.

El pasado es el dios azteca y tolteca considerado el oponente de Quetzalcóatl. Foto: Especial

Primero fue una construcción nada suntuosa, pues pertenecía a un soldado de Cortés, por orden rey de España este debió repartir terrenos como gratificación por su participación, a sus soldados, al dibujarse la ciudad sobre el trazado del alarife (ayudante de arquitecto) Alonso García Bravo ordenado por Cortés, a estos soldados les tocaron terrenos en el recinto sagrado, entre ellos el soldado que fue propietario del terreno que ahora ocupa el Palacio del Arzobispado.

Los soldados en esos años salían constantemente a expediciones bajo las órdenes de Hernán. Y como estaban expuesto a morir, firmaban un “poder” casi siempre a nombre de la iglesia para que cuidara de sus bienes.

Fray Juan de Zumárraga fue el primer obispo de la diócesis de México donde llegó en 1528. Imagen: Especial

El terreno de esa construcción lo elige el arzobispo Fray Juan de Zumárraga para construir el arzobispado, con el paso de los siglos fue creciendo en majestuosidad la construcción hasta llegar a ser el Palacio que hoy conocemos, siendo uno de los bienes protegido por la Nación y ahora es el Museo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Pero primero tuvo que suceder que a Juan Diego se le apareciera la virgencita de Guadalupe, en el tiempo que sucedió lo de la Guadalupana, era arzobispo Fray Juan de Zumárraga, y fue Juan Diego hasta la casa del arzobispo y tocó la puerta, al principio no le hacen caso, se aferra y lo recibe Zumárraga y ahí deja caer las rosas y aparece la imagen de la Virgen de Guadalupe, digo qué tanto es tantito…

Lugares llenos de historia. Foto: Especial

Aplastadas las gorditas de Tlaxcaltongo

Unas crujientes gorditas de chicharrón. Foto: Especial

Por los rumbos de la colonia Country Club, si les pregunta a los sibaritas de la garnacha, ¿dónde se puede almorzar sabroso?, todos recomiendan La Casa de las gorditas, en el callejón de Tlaxcaltongo, que es como una callecita de pueblo, con sus casas viejas. Al fondo hay una casita que semeja un cabañita de pueblo, con su techo de lona, tiene mesas de madera y sillas de plástico a la entrada, y en esta época decembrina lo reciben unos muñecos de peluche.

El olor de las gorditas se respira desde la entrada, al fondo hay un pequeña cocina con un hombre de unos cuarenta y tantos años, que hace las gorditas, y al ver cómo las prepara al terminar las aplastadas, le pregunto por qué lo hace y me cuenta la triste historia de su negocio.

El señor lavaba coche pero no le alcanzaba para vivir, además los clientes, según él, son prepotentes. Cansado de la situación decidió iniciar un negocio propio, sin dinero, pidió prestado aquí y allá y compró un poco de chicharrón prensado, masa, colocó unas mesas usadas y comenzó a vender gorditas, pero no vendía.

Y es que las gorditas no le salían, estaban chuecas, raras, y pensó que por eso no vendía, de los dos kilos de masa que compraba, un kilo se le quedaba. Hasta que la mamá, le dijo: “ay, hijo, por qué no las aplastas sino te salen bien…”. Él contestó: “¡menos me van a comprar!”, pero al ver que el negocio no prosperaba decidió hacerlas así y comenzó a venderlas, la manteca penetraba en la masa y el chicharrón adquiría un sabor especial.

El chiste es no doblarse en las malas, digo, que tanto es tantito.

El callejón de Tlaxcaltongo

Armando Ramirez

EL CALLEJÓN DE TLAXCALTONGO ES PEQUEÑO, SI USTED CAMINA POR LA CALZADA DE TLALPAN a la altura del Metro General Anaya, no lo verá, a menos que vaya leyendo los letreros que le dan nombre a las calles, el callejón está en la colonia Country Club y es las parte más vieja de la colonia.

Favor de no confundir Tlaxcaltongo con Tlaxcalantongo, este fue lugar donde mataron a Venustiano Carranza, suena parecido pero son diferente. Aquí las familias llegaron a poblarlo a finales del siglo XIX, mucho antes de estuvieran por estos rumbos los estudios Churubusco, y son familias muy antiguas.

Los nietos de aquellos primeros pobladores, se acuerdan de cuando eran niñas y niños y conocieron el río Churubusco y que jugaron en sus aguas, era un río de aguas cristalinas, claro, mucho antes de que lo entubaran, de cómo pasaba el tren e iban al parque de la Pagoda cuando este jardín tenía un enorme “castillo” así le llamaban ellos a la construcción estilo japonés que tenía tres piso, todo de madera, y a pesar de que no tenía escaleras, estaba muy alto el primer piso, subían para ver el “castillo”, pero cuentan que unos drogadictos lo incendiaron.

En ese jardín filmaron películas de César Costa, Enrique Guzmán, Angélica María y nos cuentan que había una feria que duró años y que Enrique Guzmán, Angélica María, César Costa y Manolo Muñoz, iban a la feria a subirse a la rueda de la fortuna y que los niños les pedían autógrafos, porque, dicen, “no eran creídos”.

Y donde están las gasolineras, el Metro dividió, ahí había un glorieta y en ella la estatua del general Pedro María Anaya, aquel que en la invasión norteamericana defendió el convento de Churubusco.

La estatua ahora se encuentra en el jardincito del Convento de Churubusco, dicen que iban a la escuela del lado poniente y cruzaban la avenida sin problemas no había tantos autos, y junto con el callejón De Mila, organizan sus posadas en diciembre con procesión, piñatas de barro y las letanías, como las celebraban sus abuelos, digo, son rinconcitos de la ciudad que siguen existiendo, total, qué tanto es tantito.

De toreros a… el sitio para los hipsters

Decenas de personas van a divertirse todos los días. Foto: Especial
Armando Ramirez

Es un lugar mítico de la noche en la Ciudad desde hace varias décadas, es famosa su rifa del pollo, su ambiente vetusto, polvoso con grandes trajes de luces de toreros, como Eloy Cavazos, Joselito Huerta o Manolo Martínez, de su lienzo sobre una de las paredes del escenario, es una escena de la canción Huapango torero: “rumbo hacia los corrales,/ se ve un chiquillo que va resuelto,/ El quiere torear un toro,/ su vida pone por precio…”

En el lugar se siente la nostalgia por un mundo que desaparece en la ciudad, la fiesta de los toros, imagino que cuando se inauguró La Faena los toreros eran grandes estrellas y fueron capaces de donar esos hermosos trajes de luces, ahora los parroquianos que frecuenta el lugar es muy difícil imaginarlos ser aficionados.

La Faena se encuentra en los bajos del edificio Gabriel Mancera, su entrada es larga y sus muros están tapizados con mosaicos con frases picantes, el lugar tuvo mejores tiempos, al llegar al salón se ve al fondo la barra y en las columnas están colgadas vitrinas que resguardan los trajes de luces, los parroquianos, muy pocos miran hacia las vitrinas, piden cervezas, son en su mayoría jóvenes, si no hipsters querrían serlo, y llevan jovencitas que toman al parejo, ellos no podrían imaginar la de anécdotas que tiene el lugar, todavía los antiguos las cuentan, como la de Chelo Silva, que no era Chelo Silva, la legendaria cantante chicana.

Por los años noventa la Faena intentaba reverdecer viejos laureles y le dio por presentar una variedad, se les ocurrió revivir a Chelo Silva, quien había fallecido tiempo atrás, la anunciaron como vivita y coleando, el lugar se abarrotó pero quien se presentó fue una imitadora, cantaba los éxitos de Chelo Silva: Hipócrita, Una lámpara sin luz, Como un perro. Chelo es el antecedente de Paquita la del barrio, pero más raspa, con voz de cantina con sínfonola, el público no se sintió defraudado y hasta participó en la célebre rifa del pollo. La rifa del pollo frito se realiza a la medianoche, cuando hace hambre, al ir cantando los boletos se hace fiesta, hasta que dan al ganador, digo, qué tanto es tantito.

El bar Mancera, viaje al pasado

Armando Ramirez

EN LA CALLE VENUSTIANO CARRANZA 19, ESTÁ LA CASA DE GABRIEL MANCERA, EMPRESARIO MINERO, y famosos filántropo, es un edificio de finales del siglo XIX, donde en los altos se lee un nombre: “Gabriel Mancera”.

A esa casa una noche tocaron, eran unos policías que viajaban en un automóviles gris, mostraron una orden de cateo, entraron y robaron los objetos de valor de la familia Mancera.

Era el modus operandi de la Banda del Automóvil gris y una de sus víctimas fue Gabriel Mancera. El país vivía la Revolución y en la Ciudad los generales y los vivales se aprovechaban de la población, como fue el caso de los Mancera, pues en una reunión social a la que la hija de Mancera asistió, también estaba la vedette María Conesa, la Gatita blanca; ahí la hija de don Gabriel descubrió con asombro que la mujer portaba las joyas que le había robado la banda del automóvil gris, y ella de inmediato reclamó las joyas, pero la vedette afirmó que se las había regalado su amante, el general Juan Mérigo, jefe de la Policía capitalina.

Grande fue el escándalo y ahora todos sabían que la Banda del automóvil gris era manejada desde la Policía de la ciudad, pero como siempre, orquestaron ellos mismos la captura de los “verdaderos maleantes de la banda del automóvil gris”, incluso fusilaron a algunos, pero a los principales los sacaron del país.

Don Gabriel Mancera se fue de la Ciudad, vendió el edificio y en 1912 se convirtió en un sitio de lujo, el Hotel Mancera, fue cuando le aumentaron al edificio los dos pisos superiores. El hotel Mancera fue cerrado en el año de 1979.

El edificio se dividió en oficinas, otra parte la ocupa una cantina y del lado contrario está el bar Mancera, una belleza donde el tiempo se ha detenido, un lugar donde los vitrales evocan el afrancesamiento de la época de don Porfirio, un pianista que ameniza las comidas de los parroquianos, en mesas cómodas, iluminadas con una luz tenue, y una barra de madera con vitrinas de cristales de vidrio emplomado es atendida por la primera mujer barman que hubo en la ciudad. Total, qué tanto es tantito…

Villa quería con la Conesa

Antes había llegado una compañía francesa de burlesque. Foto: Especial
Armando Ramirez

El teatro de revista surgió en Francia en el siglo XIX, allá tenían la costumbre de organizar espectáculos donde se repasaban los hechos políticos del año, de ahí el nombre del Teatro de revista.

Esta influencia llegó a principios del siglo XX, pero la revista mexicana tiene influencia de la zarzuela, eran comedias musicales que contaban una historia, el teatro de revista México cuenta una historia a base de sketch picaros y políticos, con número musicales con bellezas de la noche como María Conesa, Mími Derba, Delia, Lupe Vélez, está última fue de las primeras que mostró su cuerpo.

El primero que hizo una revista en forma fue Leopoldo Beristaín, con la política mexicana, por ejemplo, hubo una revista que se llamó “La huerta de don Adolfo”, era presidente, Adolfo de la Huerta, estos cómicos fueron perseguidos por los políticos y cuando llegó a presidente Ávila Camacho prohibió alusiones al presidente.

De ahí surgen los grandes cómicos como Leopoldo Beristaín, Palillo, Cantinflas, la sensual María Conesa que cantaba canciones de crítica política, ella fue seducida por Pancho Villa pero nunca logro dormir en la cama de la Conesa, ella le dijo, “mire general, una pulga como yo, no duerme en su petate”, pero eso sí fue muy amiga de Porfirio Díaz. Hoy el teatro de revista ha desparecido y la crítica se hace en redes, digo, que gacho, total que tanto es tantito.

Quién durmió en este palacio

Armando Ramirez

EN 1779 LOS CONDES DE SAN MATEO DE VALPARAÍSO Y MARQUESES DEL JARAL DE BERRIO, COMPRARON una casona en la calle de Plateros, la derrumban y en su lugar construyen un palacio, ese palacio con el tiempo se llamará el Palacio de Iturbide.

Estos aristócratas eran ricos, también fueron los dueños del llamado Palacio de los Condes de San Mateo de Valparaíso. El edificio está ubicado en la esquina de Venustiano Carranza e Isabel la católica. Ahora el Palacio pertenece a Banamex.

Pero el Palacio de Iturbide guardó un extraño destino para los que ocuparon esta casona, primero fue el sanguinario general del Ejército de la Nueva España, Félix María Calleja, quien durante la guerra de Independencia combatió a los insurgentes, se cuenta que Calleja cuando llegaba a un pueblo que era simpatizante de la insurgencia agarraba cinco o diez varones y los fusilaba; este negro personaje luego fue Virrey de la Nueva España, y al regresar a España sufrió cárcel.

Después de él llegó a ese palacio el general del Ejercito realista, don Juan de O’Donojú, con mucho poder, pues el virrey en ese momento era interino, fue él quién firmó el Acta de Independencia representando a la corona española, pronto los desautorizaron desde Madrid, aunque que lo hecho estaba hecho. Pero murió de forma extraña a los 57 años, se dice que de pleuresía, pero había mucha gente que sospechaba que había sido envenenado.

Luego llegaría con inquilino Agustín de Iturbide, quien con O’Donojú había firmado el Acta de Independencia del país. Agustín adquirió un prestigio tremendo y una gran popularidad con la gente. La Güera Rodríguez, que era la amante de Agustín le aconsejó que se aprovechara para coronarse emperador de México, con el apoyo de la iglesia.

Iturbide se coronó emperador de México, pero el gusto le duró 6 meses, fue derrocado, huyó del país y cuando regresa lo fusilan. Ahora este edificio se le conoce por el Palacio de Iturbide, y alberga el Museo del Banamex, digo, total, qué tanto es tantito…

El viejo barrio de Santa Julia

Armando Ramirez

COMO DESDE HACE 80 AÑOS, EN EL BARRIO DE SANTA JULIA LOS VECINOS ESTÁN DÁNDOLE a la tradición guadalupana, por ejemplo, en la tercera de Quetzaltcóatl, cada domingo se reúnen para terminar su diseño del altar guadalupano de este año, estos vecinos son la cuarta generaciones de los iniciadores, quienes les enseñaron a sus hijos, sobrinos, primas, primas, y estos a su vez a sus hijos, etc.

En lo que no están de acuerdo es que al viejo barrio de la Santa Julia le hayan cambiado el nombre y dividirlo en dos colonias, una colonia se llama Tlaxpana y la otra la Anáhuac uno, porque más adelante está la Anáhuac dos, que en un chico rato, la llamarán Polanco antiguo, ya ve que hay Polanco y Polanquito. Y todo es quitarle pedazos a las colonias viejas como a la propia Anáhuac.

Mientras el futuro alcanza a los vecinos del antiguo barrio de Santa Julia, estos se aferran a sus tradiciones, como la famosa del “Tigre de Santa Julia”, que aquí hasta conocen la casa donde vivió el famoso bandolero, en una vieja casona a punto de caerse cerca de San Cosme.

Conmueven la imaginación, la creatividad y la organización de los grupos que en distintas calles siguen creando altares guadalupanos con nuevos diseños, si antes solo era el busto o la imagen de la Morena y después le agregaron figuras como Juan Diego o unos animales o una cascada y apareció el cerro del Tepeyac, en otros dominan el paisaje, le pusieron iluminación moderna y en muchos casos música, pero la arquitectura de la capilla es la que se lleva la mano en esto de hacer artesanía en el barrio.

Todos estos altares abarcan la banqueta: los vecinos se preparan para el 11 de noviembre, a partir de las 9 de la noche llega la música para bailar y los mariachis para las mañanitas a la Virgen, mientras en un temple van pasando los grupos bailables, de salsa o folclor y aparecen los puestos de atole y buñuelos, de quesadillas y sopes o pambazos. Por esa noche el viejo barrio de la Santa Julia es alegría Guadalupana, digo que tanto es tantito

En el Centro hay de Cantinas a otras Cantinas

Historia pura la que existe en el Centro Histórico. Foto: Especial

Cantina por excelencia es el Salón España, en la esquina de Argentina y González Obregón, lugar de regodeo de los estudiantes del viejo barrio universitario, por los estudiantes de la escuela de Jurisprudencia. Los de Odontología iban a la desparecida cantina El Nivel, en la calle de Moneda. Ahora la frecuentan periodistas, maestros jubilados, burócratas con sueños de antrólogos y guías de turistas; esta cantina tiene el aristocrático sabor de las viejas cantinas del centro, con su local de tortas a lado, también van trabajadores y luminarias del Colegio Nacional, donde los chamorros de los viernes son una delicia con una salsa de Dios mío, y una cerveza bien helodia,  a veces se juega dominó.

Una que se modernizó y por poco pierde su clase es la Peninsular, en la calle de Corregidora y la Alhóndiga, dicen que se fundó en 1872, y se proclama que desaparecida la cantina El Nivel es la más antigua de la Ciudad; llevan grupos musicales con cantantes de buen ver, es un buen cotorreo.

En la calle de Jesús María esquina con Moneda, a espaldas de la escuela de San Carlos está La Potosina, aunque en el barrio le llaman la “Potrosina” es refugio de viejos atlantistas, cuando los potros de hierro juegan está a reventar, hay tele de paga, se hace la chorcha y hay chamorros.

Otra clásica es El Gallo de oro, fundada en 1874, se juega dominó, hay buena comida, es una lugar cómodo y amable, está en la calle de Bolívar y Venustiano Carranza. iNo puede faltar en este breve recorrido, en la calle de Independencia y Dolores, la cantina del Tío Pepe, bellísima cantina, como las de antes, con su barra de madera.

Para ser charro se necesita parecerlo

Armando Ramirez

FUE EL MONASTERIO DE LA VIRGEN DE MONSERRAT, IMAGEN QUE HABÍAN TRAÍDO DESDE ESPAÑA unos cuates de Hernán Cortés, Diego Jiménez y Fernando Moreno, y como ya eran riquillos costearon la construcción del monasterio de la virgen de Monserrat en 1587, la imagen la habían traído desde Cataluña, tenía tres velos para ocultar su riqueza, pues portaba piedras preciosas y vestidos muy elegantes, solo los días festivo se alzaban los velos para admirar a esta virgen.

El monasterio estuvo bajo la administración de los padres benedictinos, ysu fachada es barroca, con una cúpula amplia, con arcos en el frente, que forman un corredor en el primer piso y que se puede ver desde la calle de Izazaga y la esquina de Isabel la Católica. Ahora es el Museo de la Charrería.

Antes en una época de epidemia de viruela fue hospital, luego fue cerrado por disputas entre los benedictinos y los del convento de san Jerónimo. Pero ninguno de los dos se quedó con la construcción, y fue el gobierno de Juárez al proclamar las leyes de Reforma y expropiar los bienes de la Iglesia, lo que ganaron los Jerónimos y que la imagen de la virgen de Monserrat se fuera con ellos donde todavía se puede admirar la imagen.

Y ya saben, fue ocupado como oficina de gobiernos, escuela, hasta en la esquina por una tienda de ultramarinos, La Palma, ya todo esto en el siglo XX, hasta que el regente Octavio Sentíes otorga el exmonasterio de Monserrat a la Federación Mexicana de Charros.

Recorrer el Museo es una lección de cultura popular. A la entrada hay un patio amplio con una carruaje de principios del siglo XX, una escultura dedicaba al charro que lleva su reata para hacer suertes. El Museo es muy Céntrico, frente al exconvento de San Jerónimo, es una zona muy popular, donde las taquerías callejeras se ofrecen sin discriminar, digo, total que tanto es tantito.

Del miedo al agua, al baño público

Armando Ramirez

QUE CHISTOSA ES LA CIVILIZACIÓN, AUNQUE USTED NO LO CREA A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII, LA GENTE le tenía miedo al agua, no eran como los aztecas que felices vivían con el agua, no practicaban el aseo del cuerpo, fue hasta finales del siglo XVIII cuando se discutía en Europa y por influencia en México si se debían de lavarse la cara o solo limpiarla, pensaban que si usaban el agua podían dañar la piel con el frío y el sol.

Es cuando se descubre que la limpieza evita las infecciones en los hospitales, entonces nadie tiene miedo de bañarse o lavarse el cuerpo y surgen un montón de métodos que en la ciudad de México, claro, los riquillos son quienes las usan, por ejemplo el “baño de esponja”, es decir una tina con asiento donde se sentaba el individuo y se tallaba la piel con una gran esponja.

Este tipo de baños eran para curarse de una infección, una diarrea, y estaba el baño para los pobres “de lluvia”, colocaban un bote en lo alto le hacían unos agujeros y se bañaban. Con el tiempo llegó el baño de vapor y las bañeras, ahí estaban las “bañeras de caderas”, eran unas tinas redondas con un respaldo alto y a los lados unas coderas para que la señorita descansara mientras su cuerpo recibía el agua caliente en las partes claves del cuerpo humano. O la tina de “baño de zapatilla”, era la favorita de las mujeres, era lo mismo pero tenía un asiento más cómodo, una forma de zapatito, la gente ahí cabía más cómodamente.

Llegaron los baños públicos muy fifís, como los famosos Vergara, estaban en lo que hoy es la calle de Bolívar, en lo que fue el convento de Betlemitas. Estaban las Albercas Pane, propiedad de un italiano que puso de moda entre las mujeres las albercas y los baños de vapor, turcos y mesas de masaje.

Los baños públicos fueron tan famosos que los invadieron los gays, entre ellos Salvador Novo, Elías Nandino, Xavier Villaurrutia que iban a los baños Bolívar a cazar jovencitos, así y el progreso perdió prestigio el baño público, total, que tanto es tantito

La CDMX, la más antigua

Armando Ramirez

No cabe duda que en Chilangolandia a la pelona se le pelan dientes, se le pican los ojos, les gusta bailar con tilica, moverle el bote a la huesuda, uy uy uuuy, espántame panteón. Pero todo esto nos vienes desde cuando la Ciudad estaba en una lago y mi corazoncito echándose de clavados, era la ciudad que al verse desde la lejanía no se creía que existiera, una Ciudad flotando sobre el agua.

Cuando los españoles llegaron a la isla La Española hoy Dominicana, fundan la Ciudad capital de Santo Domingo en 1496, y La Habana, que se fundó en 1511, capital de Cuba de donde llegó Cortés a Veracruz. Pero antes los españoles habían fundado otra ciudad capital, fue la de San Juan de Puerto Rico, en el año de 1508 y hasta 1519, fundaron Ciudad de Panamá, capital de Panamá.

Estas ciudades de América son antiguas y fueron de las primeras que existieron en el nuevo continente, y usted se preguntará, ¿y dónde queda la CDMX? ¡En primer lugar! cómo le quedó el ojo, la Ciudad de México es la más antigua de América. Me explico, en el año de 1325 los aztecas fundaron México-Tenochtitlan. Cuando llegaron los españoles está ciudad ya existía, hacia casi dos siglos, por eso cuando Bernal Díaz del Castillo ve una ciudad flotando en medio del lago desde el cerro de la Estrella se admiran. Y escribe, “era cosa de libros de caballería donde suceden hechos fantásticos”. Cuando Hernán Cortés reconstruye la ciudad, respeta sus calzada importantes y ordena al alarife Alonso García Bravo la traza de ciudad con calles y plaza “como hoy está”.

La Ciudad antigua, México-Tenochtitlan, a pesar de los evangelizadores que quisieron sepultarla, la capital de la Nueva España conservó uno de sus nombres: México, digo, que tanto es tantito…

Tecpanecas son de Tlalnepantla

Armando Ramirez

SANTA MARÍA NATIVITAS XOCOYAHUALCO ES UN PUEBLO QUE EN LA ÉPOCA PREHISPÁNICA pertenecía al señorío de Azcapotzalco, desde esa época nos llegan sus fiestas y tradiciones, este pueblo fue evangelizado por los Dominicos a partir de 1528/1529.

Su bella iglesia fue construida en el siglo XVII, está hecha de tepetate, material abundante por estos rumbos, y cantera de chiluca, estos le da un acabado diferentes a otros templos, asemeja a un templo hecho del dulce de amaranto llamado “alegría”.

Al entrar al templo se descubre la imagen de la virgen de Santa María Nativitas está en un nicho, a un costado del altar, la figura religiosa que domina el altar es un Cristo de la Preciosa San gre, que tiene una leyenda cuyo personaje central es el dueño de la Hacienda del Vaso de Cristo o de Cristóbal. La región sufrió el azote de la peste, diezmando a la población, y el dueño de la hacienda al ver cómo caían fulminado sus trabajadores, rezó ante un Cristo de la Preciosa Sangre, que tenía, y la peste desapareció, en agradecimiento el hombre de la Hacienda donó el Cristo a la iglesia de Xocoahualco.

Otro personaje, este mítico, es Sebastián de Aparicio, el rico, para empezar primero estuvo en el convento de san Francisco, en el Centro Histórico, en la calle de Madero, ahí hay una placa donde se cuenta que fue el primer hombre que comenzó a usar la carreta con ruedas y alquilarla, era el siglo XVII. Sebastián tenía sus bienes, entre ellos un rancho cerca del pueblo de San Pedro Xalpa, quien visionario entendió la importancia del Puente de Vigas como entrada a la Ciudad, por eso mandó reforzar el puente, que en ese siglo era, exacto, de vigas, lo reforzó con mampostería y tepetate.

El vocablo Xocoyahualco significa “lugar de árboles de fruta ácida”, el pequeño pueblo tiene un kiosco a un costado de la iglesia, es un pueblo que una vez perteneció al Señorío de Azcapotzalco, y ahora forma parte del municipio de Tlalnepantla, digo que tanto es tantito

Con historia un lugar cabalístico

Armando Ramirez

En Pino Suárez y República de el Salvador, se encontraron Moctezuma y Cortés

En la esquina de Pino Suárez y República de El Salvador, hay una iglesia, la de Jesús y un hospital, del mismo nombre; este hospital fue el primero que hubo en Amé­rica, y fue mandado construir por Hernán Cortés para los españoles pobres que estaban mal de salud.

No se sabe si fue a propósito o fue pura coincidencia, porque donde se levanta el hospital y la iglesia es en la esquina de Pino Suárez y República de El Salvador.

Y ahí en esa esquina es donde se dio la primero reunión entre Moctezuma y Cortés, fue el 8 de noviembre de 1519. Llegó Mocte­zuma, como dicen los historiado­res, “en andas”, es decir lo iban cargando en una litera, al tener enfrente a Cortés, que iba en ca­ballo, Moctezuma baja de su apo­sento, naturalmente, vestido con lujosas joyas, telas finas y una pe­nacho que deslumbra, hecho de plumas de las aves más finas que hubieran en estas tierras, además de tener piedras preciosas.

Cortés un pobretón español en busca de fortuna, y deslum­brado por la riqueza del señor de Tenochtitlan, tan solo le ofrece un collar de cuentas de vidrio. El español quiere abrazar a Mocte­zuma pero es contenido por la gente del Tlatoani, Cortés ignora que no se le puede tocar.

Tanto Cortés como Moctezu­ma habían recabado información uno del otro. Cortés sabía que el Tlatoani era un ser supersticioso y temeroso de la profecía que ven­drían hombres barbados de más allá del mar para tomar el poder.

Moctezuma, al ver al español temió y reculó, le ofreció hospita­lidad y riqueza. Y ellos, codiciosos, supieron que podían ser inmen­samente ricos. Lo escribe Bernal Díaz del Castillo en su crónica sobre la Conquista de México, al ver desde el Cerro de la Estrella la Ciudad de Tenochtitlan, era cosa de no creerse lo que veían, parecía cosas de encantados, una Ciudad flotaba sobre el lago cubierta por una suave neblina. Y de la descrip­ción que hace de la riqueza de Moctezuma, nada más faltaba que se le cayera la baba. En un muro de la construcción sobre Pino Suárez hay una copia en cerámi­ca de un cuadro de Juan Correa, donde pintó ese encuentro, y en esta iglesia reposan los restos de Cortés, digo, que tanto es tantito.

Pan de Muerto en la Guerrero

Armando Ramirez

LA NETA DE LA CORNETA DEL PLANETA DE LAS CALACAS, CALAVERAS, TILICAS, HUESUDAS, PELONA catrina, tienen sus manjares que aparecen en la temporada de los fieles difuntos, huelen a flor de azahares y a anís, va azucarado y nos recuerda una tradición de los aztecas.

El pueblo guerrero hacía una especie de pan con el amaranto teñido de rojo sangre, le pellizcaban para que apareciera un pico y le cruzaban unas canillas, huesos de humanos en cruz, dicen los que saben que simbolizaba el sacrificio de los que morían en la piedra de los sacrificios y que el corazón era ofrendado a los dioses de su panteón religioso, y ese rito es el antecedente del pan de muertos.

El pan de muerto es una especie de loma y es cruzado unas tiras que asemejan unos huesos y en el centro tiene una bolita que simboliza un corazón del sacrificado. Y ahora se come en esta temporada, las panaderías se esmeran por sacar el mejor pan de muertos y estos aparecen en charolas, a la vista, a través de sus vidrieras donde están pintados esqueletos de todo tipo, de frac, de panadero, de barrendero o de algún personaje cinematográfico.

Ir por la calle de Zarco, pasando el mercado Martínez de la Torre, en la gloriosa colonia Guerrero, es como ir a bailar al salón Los Ángeles, al caer la tarde, salen los olores del pan recién hecho, aromas que nos traen viejos recuerdos, son de la antigua panadería con más de cincuenta años elaborando de manera artesanal el pan más delicioso de rumbos. El señor que lleva la voz cantante nos dice que ellos no usan margarina para crear el pan de muerto, que lo hacen con mantequilla, como manda el canon. El panadero está ponchado de tanto ejercicios, con sus brazos potentes le da de masajeadas a la masa y va dando forma a los huesos y al corazón del pan y en charola los mete al horno, a la vez que vigila los bolillos, que casi están, estos en la tarde son mano a la hora de la venta, digo que tanto es tantito

Calle Madero frívola y con caché

CIUDAD DE MÉXICO, 10NOVIEMBRE2016.- El Festival Internacional de las Luces Filux 2016 fue inaugurado esta noche en diversas plazas de la ciudad de México, como Santo Domingo, el Palacio de Bellas Artes y la calle peatonal de Madero. FOTO: ISAAC ESQUIVEL /CUARTOSCURO.COM
Armando Ramirez

En esa calle tuvo su palacio, cuando fue emperador Agustín de Iturbide

La calle de Madero es rica en anécdotas que contar, una parte de ella, la que daba al convento de San Francisco (solo queda la iglesia del mismo nombre), por eso se llamaba San Francisco, está en ese tramo. Y la parte que lleva al Zó­calo se llamaba Plateros, ahí había muchos comercios de platería y joyerías. Pero ya saben, llegó Pan­cho Villa y le cambió el nombre a la calle, por su admiración a Fran­cisco I. Madero la llamó ¡Madero! Es más, advirtió que si alguien osa­ra cambiarle el nombre, vendría y mataría al irreverente.

Y se le quedó el nombre de calle Madero, en donde tuvo su Palacio cuando fue emperador Agustín de Iturbide, hoy es un museo, y en la esquina, frente a la Profesa, tenía su casa la Güe­ra Rodríguez que lo mismo tuvo en su lecho a Simón Bolívar, a Alexander Humboldt y a Agustín de Iturbide, quien parece lo incitó a ser Emperador de México. Cla­ro, fueron sus amantes de uno en uno y en diferentes años.

En la época de Porfirio Díaz fue la calle francesa por excelencia, ahí había tiendas y comercios de renombre francés, ahí se pasea­ban los hombres y mujeres de las clases altas, personajes extranje­ros y poetas como el Duque Job, que no era otro que Manuel Gu­tiérrez Nájera, quién incluso, como lo traía de una ala una güerita, le compuso uno de sus célebres poemas, en donde la hace cami­nar por Plateros, ahora Madero: “Si pisa alfombras,/ no es en su casa;/ si por Plateros alegre pasa/ y la saluda madam Marna… “. Y en otra estrofa sigue: Desde las puertas de la Sorpresa/ hasta la esquina del Jockey Club,/ no hay española, yanqui o francesa,/ ni más bonita ni más traviesa/ que la duquesa del duque Job”. El Joc­key Club ocupaba la Casa de los Azulejos, y la sorpresa era una de las tantos comercios de esa calle, como el café La Concordia, donde el mismo Duque Job nos dice que desayunaba con champaña. Ni qué decir del gran López Velarde, viviendo en la calle Álvaro Obre­gón, en la colonia Roma.

Un Palacio como en Europa

Armando Ramirez

IMAGINE A UNA SEÑORA CONDESA ENAMORADA DE UN MARQUÉS, VIVEN EN ESTA CIUDAD EN LA ÉPOCA de la Nueva España, los dos tienen inmensas fortunas, se casan y la señora le dice a su marido su sueño con construir un Palacio como los que hay en Europa, el mejor de la Ciudad.

Esa señora, era la condesa de San Mateo de Valparaíso, y el marido fue el marqués del Jaral y Berio y el lugar al que le echaron el ojo, era una vieja fortificación que se encontraba en la (hoy) esquina de Venustiano Carranza e Isabel la Católica, ese terreno había sido de un soldado, de aquellos que arriesgaron su vida en un continente desconocido y un mundo nuevo, Cortés por mandato del Rey de España otorgó a sus soldados terrenos en el lugar conquistado, uno de ellos fue Alonso de Nortes; eran hombres sin preparación que cuando empezó a llegar la élite de España les vendieron sus propiedades, en este caso a Juan Cermeño, quien construyó una casa, más bien, una fortificación.

Éste la vendió cuando se estaban aposentando en estas tierras nobles españoles en el siglo XVIII, esos nobles fueron la Condesa de San Mateo de Valparaíso y el Conde del Jaral y Berio. Renovaron la vieja construcción y han hecho uno de los edificios novohispanos más hermosas de esta ciudad, hasta la fecha sigue en pie, es uno de esos palacios que dio fama a la Ciudad para que la llamaran la Ciudad de los Palacios.

Tiene una puerta principal que es una obra artística del trabajo en madera, cuando vaya por Isabel la Católica admírela. Pero ya saben todo por servir se acaba y llegó el tiempo en que el Mayorazgo constituido por la familia de San Mateo de Valparaíso y del Jaral y Berio vendió el sueño de la condesa en el siglo XIX a un Clemente Sanz, que lo hereda a su hija, que ni tarda ni perezosa, en 1882 lo vendió por 135 mil pesos, a un banco recién fundado, el Banco Nacional de México, que lo usa hasta la fecha para sus oficinas, en el Centro Histórico. A veces se piensa que la riqueza dura siempre y pues a veces no, digo que tanto es tantito.

Plaza de Loreto viejo centro muy europeo

Armando Ramirez

En este centro los españoles llegaron con sus tiendas, sus cantinas y sus hoteles de paso

LA PLAZA DE LORETO ES UNA VERBENA, no importa que la iglesia de Loreto esté cerrada, parece que resultó muy dañada en septiembre del 2017, ya saben la historia de esta iglesia de im­ponente cúpula que diseñó Ma­nuel Tolsá, desde que se estre­nó comenzó a inclinarse, como borrachito se ha ido de ladito, todavía hace año y medio podía entrar y parecía que una fuerza gravitacional lo jalara de lado.

Es la construcción que domi­na la plaza donde los invidentes ofrecen sus servicios para que los chilangos aflojen el cuerpo que llevan tenso por el estrés, con su tacto reconocen mejor dónde el cuerpo está “anudado” y distender los músculos tensos.

En la esquina de Loreto y Justo Sierra, la continuación de Donceles, hay dos sinagogas, testimonio de lo que fue el barrio de los judíos, en calles como Aca­demia, Jesús María, San Jeróni­mo llegaron a vivir hombres que venían de Europa. Los sefarditas hablaban una especie de español antiguo y vendría de España o de Bulgaria, por eso una de las sinagogas es de rito sefardita y la otra sinagoga es del rito askena­zi, son judíos que hablan una len­gua influida por el alemán, vinie­ron de Alemania, Polonia, países del centro de Europa.

En los años treinta tenían su carnicería y panadería kosher, los domingos se reunían en sus sinagogas, de esas familias que habitaron el centro provino el periodista Jacobo Zabludovsky, no por nada quiso tanto a La Merced, su barrio.

En el Centro hubo varios lu­garcitos de comida libanesa, en varios aspectos usan los mismos elementos que la comida de los judíos, son culturas del Medio Oriente y en el Centro Histórico es común ver en el Al Andalus comer a judíos y libaneses.

Los libaneses tienen su igle­sia, la de Balvanera, en la calle de Uruguay, donde se venera a San Charbel, dicen, es el santo favori­to de Carlos Slim, recuerden que su familia tenía su negocio en La Merced.

En este Centro los españoles llegaron con sus tiendas de aba­rrotes, sus cantinas, sus hoteles de paso. Y ahora los oaxaqueños llegan con su queso, sus tlayudas, sus nieves y mezcal y los jarochos con sus ostionerías, eso sin con­tar a la comunidad armenia que también anduvo por acá o los chi­nos y ahora coreanos y japoneses digo, el Centro Histórico, siem­pre ha sido multicultural, hay de todo, digo, qué tanto es tantito.