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Sábado 17 Noviembre del 2018
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Piense

En el abismo

Rafael Loret de MOLA

“Se puede gobernar de cualquier manera… menos con miedo”. La sentencia, aguda y certera, la escuché en voz de un gobernador del sureste del país acosado por los barruntos centralistas y las alianzas soterradas; parecía estar en una isla en donde los recursos pasaban de largo con rumbo a Cancún, centro de acopio de las vanidades presidenciales de las décadas de los setenta y ochenta de la centuria anterior. ¡Y se erigió estado a Quintana Roo con la promoción artificial para que hubiera suficientes pobladores para justificar la medida!

Ahora, claro, ya nadie recuerda el antecedente sobre todo por el vigor de los quintanarroenses quienes rompieron las cadenas virreinales asfixiantes cuando cesó la designación desde la capital del país –1975–, e inició su recorrido con sus primeras elecciones regionales que ganó el priísta Jesús Martínez Ross.

Viene a cuento lo anterior porque da la impresión que el presidente peña intenta, sólo eso, en hundir el pie en el acelerador y marchar hacia el abismo. Fue tarde cuando se dio a reorganizar sus propios cuadros y comenzar a atacar los mayores flagelos, el de la violencia en primer lugar y el de las deudas estatales en segundo, como efectos de un largo y ominoso transitar de la derecha por dieciséis años de vida republicana.

Fíjense ustedes: uno de los mayores reproches que pueden hacerse a los ex mandatarios panistas es su timidez hasta para revisar la historia patria despojándola de mitos y antihéroes convertidos en lo contrario por conveniencias circunstanciales. Con ello, además, habrían ganado puntos en su conservadurismo ante los ojos poco doctos de quienes creen en las telenovelas como guías existenciales imperecederas. Pues ni eso hicieron; vaya, no se atrevieron a escudriñar los expedientes de los presuntos crímenes contra algunos de sus principales iconos –el “Maquío” Clouthier, por ejemplo, muerto bajo sospecha de sus propios hijos, con quienes hemos hablado al respecto, y de no pocos de cuantos fueron sus mayores colaboradores, seguros igualmente de que la versión del supuesto “accidente” carreteril es un salida ridícula al mar de fondo–; ¿qué esperar, entonces, sobre los asesinatos de los periodistas bajo la férula de represores del PRI y el PAN a lo largo de más de un cuarto de siglo, coincidente con los respectivos “booms” del narcotráfico?

A cambio de ello, temerosos de ser vistos, a hurtadillas, los panistas en el poder financiaron series de televisión, con motivo del bicentenario de la Independencia si bien poco se movieron con el tema de la Revolución de 1910 acaso por presiones del priísmo en fase de retorno, y películas como “Hidalgo” y “Cristiada” en donde los lugares comunes se convierten en una especie de doctrinario para quienes desconocen los hechos –sobre todo los relacionados con la cruenta guerra de los cristeros, fanatizados por religiosos irresponsables mientras la Santa Sede se desentendía del fenómeno para no mancharse–, y aceptan la catarata de imprecisiones y aterrizajes del libreto absolutamente tendenciosos.

Por ejemplo, se presenta a Calles como “un monstruo” y se ignora, por ejemplo, que fue jefe directo de Manuel Gómez Morín, fundador del PAN, cuando creó el Banco de México y acabó con el caudillaje posrevolucionario, aunque para ello se derramara mucha sangre, como la del general Francisco R. Serrano y sus lugartenientes en la llamada matanza de Huitzilac de la que fue responsable directo el general Claudio Fox. Este apellido, en dos ocasiones, ha resultado devastador para los mexicanos. Los círculos siempre se cierran.

Gobierno vs sociedad

Rafael Loret de MOLA

En 2017, los torpes asesores de la cúpula del poder creyeron que sería adecuado, para hacer resplandecer a sus patrones bajo las candilejas de la popularidad, expulsar a la sociedad civil de las labores de rescate y después pretender administrar, a la brava, las donaciones y los transportes rebosantes de ayuda de los mexicanos de distintas entidades hacia las zonas de desastre, como ocurrió en Morelos para la desgracia política del afanoso esposo de la señora Elena Cepeda, el gobernador saliente Graco Ramírez, uno más de los mandilones incapaces de poner el orden, siquiera, a su alrededor personal. (Y éste, de modo alguno, es un comentario misógino sino un señalamiento en pro de la verdadera igualdad y, en este caso, el respeto al voto de la ciudadanía sin destino hacia la dama sino al protagonista miserable).

A pocos días de la tragedia, cuando marinos y militares –algunos heroicos, debe decirse–, porque son carne y uña del pueblo aun cuando no lo defiendan, como quisiéramos, al recibir órdenes de sus respectivos mandos en plena confusión de lealtades: recuérdenlo, primero está México y éste no es su gobierno sino quienes deberíamos ejercer, siempre, la soberanía popular. Ahora hay quienes se ponen medallas que les llevarán al ardor del inframundo en donde les serán arrebatadas.

El señor peña creyó que bastaría visitar las comunidades devastadas –este año no lo hizo sin mirar siquiera las catástrofes por inundaciones en Sinaloa, Sonora y Chihuahua– y simular que subió cajas de ayuda, al lado de su “gaviota”, a un camión sin percibir que se videofilmó la escandalosa puesta en escena con él mismo colocando las cámaras y prohibiendo –lo que no pudo lograr– que a través de celulares se exhibiera la farsa. ¡Qué pesar tan grande contar con el “presidente selfie”, al sur de donde manda “el mandatario twittero” y al norte del “rey de la parodia política” de Guatemala! Vaya destino cruel nos ha dedicado el presente.

Ni qué decir de quienes asaltaron una caravana con ayuda para los infelices que lo perdieron todo, violaron a una chica y se llevaron los víveres con escarnio absoluto para la nación en tierras de Morelos. Este es el México negro en donde también es posible edificar sin permisos y materiales baratos sin que nadie responda después por los derrumbes y, sobre todo, por las muertes de tantos cientos de mexicanos, algunos de los cuales apenas habían pagado dos meses de rentas en uno de esos rascacielos que esconden las complicidades más oscuras.

No merecemos los mexicanos vivir en este drama inmenso… a menos que la cobardía nos haga bajar la guardia, pasada la emergencia, para posibilitar el suministro de la llamada “medicina del tiempo”, como llamaba Alfonso Martínez Domínguez a la amnesia colectiva como elemento sustantivo de la política manipuladora y rastrera. En el presente ya rebasamos todos los límites de la decencia y el responsable principal es uno solo, quien habita la residencia de Los Pinos. La impunidad, señor presidente electo, no permitirá ninguna lucha contra la corrupción; sería una farsa.

Telones de sangre

Rafael Loret de MOLA

Durante seis meses –de junio a diciembre de 2014–, la Secretaría de la Defensa Nacional y su titular, el execrable Salvador Cienfuegos Cepeda, ocultaron la información sobre la masacre de Tlatlaya, en el Estado de México, cada vez más contaminado, entre otras cosas porque las viles ejecuciones de veintidós civiles fueron consecuencia de un operativo para “rescatar” ochenta millones de dólares guardados en una casa de seguridad en San Pedro Limón. Hasta ahora no se ha dicho una palabra del paradero del dinero aunque algunos testimonios indican que pasaron, cuando menos, por el escritorio del general secretario.

Fue vergonzoso, para la prensa nacional, para todos los informadores, que una agencia internacional y una revista estadounidense dieran cuenta del suceso al “filtrarse” fotografías bastante explícitas; pese a ello, los voceros de la Defensa insistieron en que se trataba de una banda de delincuentes quienes portaban armas de alto calibre y estaban emboscados. Las evidencias, sin embargo, exhibieron otra cosa: entre los muertos se veían a mujeres y niños, sin empuñar siquiera una pistola .22, indefensos y cuyos cadáveres se veían dentro de un terreno baldío, abandonados y sin elementos que permitieran argüir una actitud subversiva. El móvil siempre fueron los billetes asentados sobre una de las mesas del domicilio sitiado por la soldadesca. Este fue el motivo del silencio que ya no pudieron guardar los uniformados de alto grado.

De lo anterior parto para preguntarme cuántos casos similares se han dado por el país –tenemos memoria de los casos de Tanhuato y Apatzingán, en Michoacán, y en Vallarta, Jalisco aunque en este caso se habla de una emboscada–, pero curiosamente en otras zonas de alto riesgo, esto es donde se supone que los cárteles no cesan en su guerra –todo la frontera norte del país desde Baja California hasta Tamaulipas, además de Durango, Sinaloa, Nayarit, Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Morelos, Puebla y la Ciudad de México, Jalisco, entre otros–, no hay reportes salvo de fosas clandestinas y tráileres cargados de cadáveres que pasean por las calles de Guadalajara como si se tratara de carros alegóricos de la muerte, el sello de más alta graduación de la administración peñista.

Nos dirán que tal es especulación pura; y, en cierto modo, lo es. Pero no tendría razón de ser sin el conocimiento sobre la manera cómo se han intentado ocultar los asesinatos de estado e incluso el número de víctimas que sumó la campaña electoral de este 2018: 110 políticos ajusticiados, cuando menos, 43 de ellos pertenecientes a la coalición PRI-Verde-PANAL. El odio se mezcló acaso con el incumplimiento de los acuerdos con el narco. Es un hecho, por desgracia, aunque algunos traten de disimularlo descalificando la información.

Entre tantos y tantos muertos, llegamos a más, muchas más víctimas que la cifra más razonable sobre los mártires de Tlatelolco: 325. Por eso no puede olvidarse ni perdonarse. Porque es imperativo comenzar la guerra contra la corrupción, promesa toral del presidente electo, dándole un golpe severo a la impunidad que nos separa del estado de derecho.

¿Quién fue?

Rafael Loret de MOLA

Pasaron cincuenta años y me temo que los perdimos. Hoy, al despertar –lo que es siempre una suerte de milagro de la naturaleza–, sentí que ya tenía más años en la piel que los admitidos por mi conciencia y mi sangre. La mente es joven cuando no se han desechado los sueños ni se dilatan las esperanzas.

Un amigo decía, con su singular proclividad a los apotegmas “sociales”: “si después de los sesenta, al levantarte, no te duele nada… lo siento, estás muerto”. Eso me pasa hoy: las heridas siguen abiertas pero mi voz no se apaga, se eleva, reclamando todavía justicia para quienes, por ser estudiantes, con edades entre dieciocho y veinte años, valientes y enérgicos, envalentonados por la juventud que observa a la muerte distante, fueron vilmente masacrados por los asesinos, francotiradores y elementos del ejército cuya imagen se deterioró para siempre aquella terrible noche de la Plaza de las Tres Culturas.

Recuerdo cuando miro el centenar de fotografías publicadas por el semanario Por Qué! –cuando todavía era libre su editor y no mancebo burgués de los caciques yucatecos–, la brutalidad represora, sin sentido ni base, de un gobierno angustiado por los tiempos a diez días del inicio de los Juegos Olímpicos, el espejo negro de Tezcatlipoca que díaz ordaz exaltó por encima de cualquier posibilidad de diálogo aunque, falsamente, extendiera la mano para tranquilizar las aguas; mintió, en su momento, como mintió echeverría en el suyo con la fragua del “destape” en cierne cruzando acusaciones y rutas con el tamaulipeco Emilio Martínez Manatou, a quien creyeron culpable por las maniobras de su adversario y futuro presidente.

Lo terrible, lo que agobia el alma y el pensamiento, es cuanto devino después, sobre todo luego del “remate” siniestro de la represión, el 10 de junio de 1971 ya con echeverría en Palacio Nacional: las alas de los sueños por un porvenir mejor, de jóvenes líderes revolucionarios, fueron cortadas de tajo y con ellas dejaron de volar varias generaciones posteriores, cohibidas ante la dimensión del drama o cobijadas por el productivo conformismo del reacomodo “maduro” dentro del establishment. Y son varios los dirigentes del Consejo Nacional de Huelga, histórico, quienes se han vestido con el disfraz de diputados o senadores, sin cambiar nada ni aportar algo.

El luto mayor es por quienes pudieron ser hoy los guías de un México distinto que no fue. Esos muchachos valerosos, mancillados por el ejército amoral bajo órdenes de cernícalos armados hasta los dientes, podrían hoy marcar las diferencias con los oportunistas, arribistas y pobres incondicionales de tal o cual icono. Incluso alguno habría llegado a la Presidencia para honrar la banda tricolor y no hacerla trizas como la dejará el inapelablemente repulsivo peña nieto. Sólo sus hijos –y hacen bien por los valores que ello entraña– lo defienden.

A cincuenta años del clamor y del dolor, guardo luto por la sangre nueva que no pudo germinar bajo la lluvia de metralla y la brutalidad del presidencialismo asfixiante que no debe volver a pisotearnos. Agarremos vuelo que los sueños siguen.

Mares de sangre

Mexican army troops guard a group of young men rounded up after a night of bloody rioting in the Plaza of the Three Cultures district in Mexico City on Oct. 3, 1968.(AP Photo)
Rafael Loret de MOLA

Como ocurre luego de cada terremoto que nos sacude, tras la masacre de Tlatelolco nadie puede precisar la cifra de muertos derivados de la represión brutal. Los números van desde los 28 –de acuerdo a la primera versión del gobierno mexicano-, hasta los 500 que aseguraron los corresponsales extranjeros testigos de la tragedia. El Consejo Nacional de Huelga habló, en principio, de 150 muertos civiles y cuarenta militares –lo segundo jamás se confirmó-, para finalmente aterrizar su conteo en 325 cuerpos, la misma que ofreció el gran Octavio Paz, entonces embajador en la India a la que renunció por estos hechos… sin dejar de cobrar sus estipendios como diplomático.

Lo cierto es que por la mañana del 3 de octubre de 1968, la Plaza de las Tres Culturas estaba sitiada de uniformados quienes, además, limpiaban afanosamente las baldosas acaso para que el agua se llevara los mares de sangre; al final, habría de reconocerse que un niño también había caído y pudo ser encontrado entre los bajos del edificio Chihuahua. Sólo uno, como símbolo de que aquella noche terrible, cuyo amanecer comenzaba, se había roto el futuro de México mientras díaz ordaz respiraba tranquilo porque el ejército no había proseguido su andar hacia Los Pinos como sugirieron algunos mandos a quienes desanimó el general Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa, para ganar con ello el umbral de los héroes de Jalisco en la rotonda cercana a la Catedral de Guadalajara. Un caso de antología.

Tras medio siglo, la memoria no nos traiciona aunque mucho de lo sucedido no se haya escrito ni, mucho menos, juzgado. Por allí deambulan algunos de los dirigentes del movimiento, no pocos de los cuales convivieron en el “palacio negro” de Lecumberri durante algunos meses, dos años el que más, amnistiados después por luis echeverría, cuya versión regresa a la de díaz ordaz para hablar de “menos de treinta” ajusticiados sin motivo ni razón durante un mitin que se pretendió observar como un acto subversivo patrocinado por fuerzas del exterior en unos de los años, 1968, más convulsos de la historia.

Fue en este periodo terrible cuando surgió la “primavera de Praga”, la ferocidad de los estudiantes de La Soborna en París, la tragedia de los estudiantes en México y, desde luego, los magnicidios, jamás aclarados, de Martin Luther King y Robert Kennedy, el segundo en plena precampaña presidencial y apenas menos de un lustro después del asesinato de su hermano John, el demócrata que ocultó la invasión a Cuba en Bahía de Cochinos y a punto estuvo de desatar la tercera guerra mundial.

En los casos de los Kennedy fue evidente la intervención de un polígamo de intrigas, desde adentro, por parte de la CIA, el FBI y los grandes empresarios multimillonarios conjurados contra quien abogaba por abolir, de tajo, los rescoldos ominosos de la esclavitud; en el caso de México apenas van abriéndose las heridas archivadas sin que se pueda juzgar a nadie, salvo por el testigo de la historia que condena implacablemente a díaz ordaz y echeverría –el primero muerto y el segundo con 96 años de edad-.

Nunca hubo justicia.

La víspera

Foto: Juan Antonio Sanchez/Cuartoscuro.com
Rafael Loret de MOLA

Estaba el aire enrarecido por la protesta dispar, con los tanques destinados a la guerra en condición de garrotes contra los estudiantes a quienes se veía como criminales en las esferas del poder. No eran días soleados como relató el entonces icono de la televisión, Jacobo Zabludovsky, quien jamás se disculpó por aquellas crónicas y, en cambio, fue exaltado por narrar la tragedia de septiembre de 1985 cuando “su” casa, Televisa, también se desplomó. Si éste es prototipo del buen periodista habrá que encontrar otra definición para quienes ejercen su profesión sin estar amarrados con la longaniza del poder. No se puede borrar la historia.

Recuerdo que ese primero de octubre, en la antesala de la masacre, que no queríamos prever a pesar de que cada paso nos llevaba hacia ella, distribuíamos panfletos en nuestra preparatoria llamando, convocando a la magna marcha y concentración en la Plaza de las Tres Culturas. Hasta hoy me agobia la pesadilla de que quizá algunos de quienes recibieron de mí la información no pudieran salvarse de la metralla del indigno Batallón Olimpa, los del “guante blanco”, quienes vaciaron sus armas como si estallaran en carcajadas bajo el dominio del terror.

Dicen que el entonces presidente, gustavo díaz ordaz, caminó por los jardines de Los Pinos mientras le llegaban noticias de los sucesos; o más bien tenía temor que los miembros del ejército, luego de tomar la plaza, se animaran a seguir su procesión de sangre hacia la residencia oficial, pero no fue así por la intervención del general Marcelino García Barragán, el secretario que puso por delante su lealtad al mandatario y no la que le debía al pueblo. Ustedes dirán si erró o no.

Pero, un día antes, nos comíamos el temor a pesar de que los maestros nos mandaban a casa por “previsión”. Claro, dos tanquetas con sus respectivos artilleros rodeaban la institución cual si fuera refugio de terroristas. Yo guardé muy bien mis boletines –en ese entonces no me quitaba la chamarra ni en agosto–, y salí a paso de marcha olímpica del plantel. Ni el célebre sargento Pedraza, quien ganaría una medalla de plata estentórea semanas después durante los Juegos, me hubiese ganado en aquel momento terrible. Tampoco comprendí jamás como había podido realizarse la Olimpiada diez días después de una de las peores tragedias humanas del México contemporáneo. Como si nada.

Pasaron cincuenta años y gracias a Dios no tengo Alzheimer como no pocos de mis conocidos. Y recuerdo cada minuto, cada relámpago, cada tensión, como si hubiese ocurrido ayer mismo. ¿Ayer digo? Hoy también cuando leo –esto sí no es leoo– sobre las desapariciones de ayer, los asesinatos, las ejecuciones y el horror del ejército en la calla igual que hace cincuenta años.

La esperanza es que a peña sólo le quedan 61 días en el poder.

 

Derecho sagrado

Rafael Loret de MOLA

Qué hermoso es aplaudir hasta que las manos nos queden coloradas como secuela del corazón motivado, exultante, pleno; y, al mismo tiempo, qué horrible es guardarnos los brazos detrás de la espalda para no reconocer más que virtudes, cuál si se tratara de dioses terrenales, de los políticos del abacadabra, brujos por esencia, como Emilio Gamboa quien ovacionó, como auténtica foca de esos acuarios prohibidos por quienes creen en la civilidad como forma de colocar a los animales por encima de los racionales, la re-designación de Claudita Ruiz Massieu como presidente del sepultado PRI. ¡Se busca un cementerio gigante!

Con Claudita muchos expían sus conciencias podridas, llenas del atávico rencor hacia cuanto pretendían Colosio y quizá su padre José Francisco –quien fungía como secretario general del PRI cuando fue asesinado–, y de sus soterradas intervenciones para preparar las conjuras mortales, supuestamente sin autores intelectuales, que modificaron el rumbo histórico y político del país en medio de una hecatombe sin precedentes entonces y sólo superada por la barbarie de los sexenios recientes, el del alcohólico calderón y el iletrado peña por decir lo menos.

Pero, por ahora, lo más trascendente es perdonar sin olvidar, difícil tarea que choca con el apotegma principal del presidente electo: “al margen de la ley, dada; por encima de la ley, nadie”. Ante esta tesitura que se antoja irremplazable duele la cabeza al tratar de encontrar razones para algunos nombramientos de Andrés Manuel –con el del director futuro de la CFE en primer nivel­–, la tramposa liberación de Elba, la novia de “Chucky”, los senderos del demonio que llevan de la mano a Javier Duarte de Ochoa y las tremendas, grotescas lisonjas hacia peña nieto, el mandatario odiado, repelido en las urnas aunque no fuese candidato pero sí patrón, y la extrema cortesía con los más poderosos hombres de negocios, antes partes de la “mafia del poder” y hoy factores de desarrollo con la guía del impoluto Alfonso Romo, garante de personajes como los fox, calderón y la ultraderecha que se ufana de ser intocable.

Aplaudamos, por supuesto, la tersura de la transición aunque ésta sea producto de complicidades sin fin. ¿Qué no gobierna todavía Andrés? Pues me parece lo contrario: el arrinconado es peña, olvidado de todos, quien vivirá sus últimos noventa y tres días en la Presidencia entre paredes desnudas y el desmantelamiento de cuanto perfiló para “mover a México”, como los cangrejos, hacia atrás. Muchos de sus gobernadores y ministros estarán felices por tales ejercicios.

Aplaudamos que se puedan borrar, de un plumazo, los turbios pasados de quienes pasan de ser perseguidos al rol de los favoritos. Qué nadie les niegue una segunda oportunidad porque, además, ya lo saben: al periodista que se atreva a señalarlos le puede caer el “daño moral” como guillotina para callar para siempre, retirándose o dejando de señalar denuncias… para que luego los nombren “chayoteros” en un México cargado de incongruencias infecundas y dobles lecturas inmorales. Claro, en la selección de los afortunados beneficiarios de la trama de las hipocresías, sólo debe intervenir una sola, suprema voluntad.

Qué bien. Podemos aplaudir aunque duela. Somos felices por ello.

Consumación estéril

(Twitter/@PresidenciaMX)
Rafael Loret de MOLA

“México es un país extraordinario, fácil de dominar porque basta con controlar a un solo hombre: El presidente. Tenemos que abandonar la idea de poner en la presidencia a un ciudadano americano ya que esto llevaría, otra vez, a la guerra”.

“La solución necesita más tiempo: Debemos abrir a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hace el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, con nuestros valores y respeto al liderazgo de Estados Unidos”.

“Con el tiempo, esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes y finalmente se adueñarán de la presidencia, sin que los Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro. Y lo harán mejor y más radicalmente que nosotros.”

Esta fue la filosofía de Robert Lansing, secretario de Estado de USA entre 1915 y 1920, esto es el periodo durante el cual Venustiano Carranza buscaba convertir a México en un estado de derecho a través de la Constitución de 1917 hasta ser arteramente asesinado por las tropas de Álvaro Obregón, asesinado después bajo el peso del fanatismo religioso o por su osadía de reelegirse contrariando el apotegma revolucionario.

Pienso en todo ello, el combate de México contra la ambición extranjera, en el día que conmemoramos como el de la Consumación de la Independencia -1821-, tras la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México. Luego vendría el escándalo del traidor por antonomasia, el ex realista Agustín de Iturbide, quien se erigió “emperador”, fue defenestrado y huyó al extranjero para volver en busca de la muerte; tal era su trastorno mental. El gran libertador, Vicente Guerrero, nacido en Tixtla –a unos metros de la Universidad Isidro Burgos de Ayotzinapa por cierto–, legó su sentencia: “La patria es primero”.

Entre la posición de los conservadores, capaces de entregar a su país a las manos de un enajenado príncipe europeo, y la de los liberales, quienes mantuvieron encendida la antorcha de la República en el carruaje de Juárez, podemos dividir a los mismos bandos que hoy intentan recolocarse en el nuevo despertar de la mayor parte de los mexicanos, no de todos porque 24 millones sufragaron por otras opciones distintas a la del vencedor de los 30 millones de votos. No generalicemos nunca.

Por ahora, bien sabemos que Lansing era un vidente. Quizá por ello, Ronald Reagan saludó con tanto énfasis a Miguel de la Madrid cuando, en 1982, se encontraron en uno de los puentes fronterizos. El mandatario norteamericano extendió los brazos y le dio un fortísimo abrazo:

–Es un orgullo que un egresado de nuestras universidades sea hoy el presidente electo de México.

Y, con ello, inició la ruta del entreguismo mientras las naciones de Sudamérica clamaban por el liderazgo de México para formar un Mercomún y defender así a la región, nuestra región. La gran traición se gestó en esos días.

Silencio cómplice

Rafael Loret de MOLA

Allá por 1990, la embajada estadounidense en México, encabezada por John Dimitri Negroponte –negro-puente le llamamos al considerar su turbio pasado incluyendo su paso sangriento por Centroamérica y otras naciones del llamado “tercer mundo”–, me envío una dura misiva en la cual m conminaban a “rectificar” lo dicho, y corroborado, sobre las clínicas instaladas en la frontera sur en donde se realizaban trasplantes de órganos de niños mexicanos a favor de ancianos estadounidenses millonarios que pagaban una fortuna para prolongar sus míseras existencias.

No sólo no me retracté sino que, además, insistí en la embajada de referencia y a su titular que dialogáramos al respecto y al trayecto que seguían nuestros niños, emigrantes por la fuerza, desde regiones depauperadas del sur de México –Oaxaca, Chiapas, Guerrero, sobre todo–, hacia el norte de la frontera con Estados Unidos en donde, curiosamente, desaparecían. Había incluso una lista de los “hospitales” creados ex profeso en el linde con nuestro país. Dijéramos que éstos proliferaban junto con las armerías –una cada dos kilómetros de frontera–, en brutal afrenta a la inteligencia, al raciocinio, esto es como si fuéramos imbéciles.

Desde entonces insisto en el tema y ya han pasado casi tres décadas. Ahora me horroriza enterarme que casi tres mil niños, en su mayoría mexicanos pero también provenientes de Centroamérica, han “desaparecido” de las manos de la Border Patrol, y demás agencias policíacas de aquel país, sin la menor explicación; les basta con un informe somero y superficial, equivalente a una alzada de hombros, para poner el punto final SIN que el gobierno mexicano actúe. Yo no sé si hubiera reaccionado igual peña en el caso de que alguno de sus hijos le hubiera dado ya un nieto para ser desaparecido entre las bambalinas del crimen.

Esto es lo que se sabe: mil quinientos niños se les perdieron a los órganos de seguridad de USA en septiembre y otros más, mil 475 pequeños, en abril. Casi la misma suma como si se tratase de una remesa organizada y bien pagada en los suburbios oscuros de la barbarie y ante los ojos de quién sabe cuántos genízaros listos a mirar hacia otro lado mientras pasan los bebés y los niños raptados ominosamente o, peor aún, vendidos por los padres para salvaguardar a sus demás familiares del hambre y la delincuencia que mata si no se respetan sus órdenes. ¿Estará enterado de esto el presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Luis Raúl González Pérez, siquiera de oídas?

Nunca la vileza humana llegó a tanto. Por desgracia, ésta será otras de las herencias negras que legará peña al presidente electo quien, de seguro, al ser el “único” mexicano que ha visitado todos los municipios de México –hasta debajo de las piedras también–, tendrá información bastante sobre ello; de otra manera tendríamos que suponer otra condición en él, la de turista privilegiado. Pero no. Él sabe y actuará en consecuencia.

Extrañeza

Rafael Loret de MOLA

Me sentí extraño. Lo confieso. Hace un año exactamente, subí a mi página de Facebook, la red en la que están acreditados más de 60 millones de internautas en México –una cifra por sí sorprendente y que revela que una sola persona puede inventarse personalidades anónimas para el cobardeo bombardeo retórico contra las ideas “peligrosas”, un término más cercano al fascismo que la democracia–, diversas alegorías sobre el día de nuestra Independencia, incluyendo los vítores correspondientes que, hasta hace muy poco, sentíamos como vitales puntos de identidad.

Y, como nunca antes –ni siquiera días después de que el plantón de Andrés Manuel López Obrador dejó el Zócalo en las vísperas del “Grito” para no volver más a instalarse–, llovieron varios comentarios acerca de que no había nada por festejar en alusión a la “represión” sufrida por los maestros en rebeldía de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

Desde luego, con la tendenciosa información oficial, tal no es el numen de la controversia ni mucho menos: se trata de exigir no sólo respeto sino dignidad para millones de alumnos que se forman en aulas de alto riesgo, sobre los ductos de PEMEX porque allí los predios son más baratos y no hay nadie que los use, y con muy pobre o nula higiene; es obvio que los males gástricos y de toda índole crecen al ritmo de las bacterias, también las de un gobierno putrefacto, mientras se reprime y humilla a quienes se atreven a alzar la voz. Hay gráficas, con decenas de protestantes sin ropas y acostados ante pelotones de granaderos, que exhiben un evidente paralelismo entre lo ocurrido en 1968 y cuanto parece estar fraguándose en estos tiempos marcados aún por el infierno peñista.

Durante este gobierno ningún mexicano estuvo libre de ser alcanzado por la espalda o incluso ser blanco en el extranjero –como sucedió en Egipto hace más de dos años–, de aviones militares que acaso dispararon como si hiciesen pruebas para el combate a costa de las vidas de los mexicanos. En nuestro país ya derribaron dos helicópteros, cuando menos, y pocos hacen algo al respecto si bien en estos casos se adjudican los incidentes al crimen organizado. ¿Qué se espera para señalar al embajador egipcio, el farsante y mentiroso Yasser Mohamed Ahmed Shaban, como persona non grata y expulsarlo del país al que afrentaron sus superiores concatenando mentiras?

Mientras el gobierno mexicano no sea capaz de velar por nuestra soberanía e integridad seguiremos atestiguando los horrores, la desvergüenza de considerarnos tan débiles que ni siquiera merecemos ser tratados como seres humanos. ¡Los estadounidenses han delineado que la vida de uno de los suyos vale más que la de cien mexicanos! Y no sé cuál sea la proporción en África o en Europa en donde los farsantes dicen preocuparse por la emigración desde Siria al tiempo que alzan barricadas, ordenadas por el Cuarto Reich, para repelerlos en Alemania.

Hablemos de nuestra Insurgencia. Acudí, hace dos años, al Auditorio Nacional, la noche del quince, a escuchar el magnífico concierto del tenor mexicano, de alcances universales, Fernando de la Mora quien, a la hora de dar cauce a la transmisión en directo del “Grito” debió arengar a los asistentes a entonar con el corazón el Himno Nacional ante las voces de varios grupos que clamaban porque siguiera él recordando las baladas, danzones y sones tan extendidos en la gran patria mexicana; esto es, como protesta explicable, si bien dolorosa, contra el gobierno peñista pasando encima de los símbolos patrios y de una celebración única, la ceremonia del “Grito”, que otrora nos identificaba a todos y ahora concita indignación ante la visión de la borregada y el corralito en el Zócalo, anatemas para el impopular mandatario, perdida toda legitimidad política. Dos años antes, normalistas jóvenes fueron reprimidos y vejados por los nuevos bárbaros que quieren imitar a sus iguales de 1968. ¡Malditos sean!

Reconstrucción perdida

Rafael Loret de MOLA

Desde 1988, tras el paso devastador de Gilberto –un ciclón muy parecido, en intensidad y magnitud, a los Irma y María que azotaron con inmensa fuerza al Golfo y el Caribe en 2017–, pude notar cómo se manejaba la administración de los víveres enviados a los damnificados y que no se distribuyeron a éstos por falta de medios para hacerlo –o eso dijeron, cuando menos–. Un fraude monumental e inmoral que jamás fue siquiera investigado.

Menos de dos meses después de la catástrofe en la península yucateca –donde, por cierto, estaba este columnista, entrando y saliendo de casa con alto riesgo–, encontré en el conocido mercado meridano, “El Chetumalito” donde solía venderse el contrabando que llegaba a la zona libre de Quintana Roo y se detenía en la capital yucateca, infinidad de cajas con productos perecederos selladas con la orden de ser utilizados sólo para el fin expuesto. Eran la oferta del día, o de algunas semanas, en medio de una indiferencia patética. Las mercancías estaban apiladas como si se tratara de un inmenso monumento a la corrupción. Pero todo parecía seguir igual; incluso el director del Diario de Yucatán, Carlos Menéndez, llegó a decirme entonces:

–Les fue bien a los pobrecitos: si antes tenían una laminita para cubrirse ahora ya tienen dos por regalo del gobierno federal.

Muy sensible su postura y, desde luego, en línea con la postura gubernamental insistente en cubrir con paternalismo oficioso los dramas permanentes de una sociedad cubierta con el lodo del conformismo. De cualquier manera, fueran una o dos láminas, éstas volarían sin remedio al paso de nuevos vientos, a veces ni siquiera huracanados, porque no tenían soporte para soportarlos.

Vale el antecedente ante el llamado del gran artista Francisco Toledo, quien ha puesto sitio a Oaxaca con sus manifestaciones constantes, acerca de la necesidad de reconstruir Juchitán y demás poblaciones del Istmo sin que se pierdan las líneas “vernáculas” con las que fueron construidas al paso de los años. Me temo decir que se equivoca. Las casas derruidas, las escuelas y los edificios públicos, no tenían más valor histórico que su antigüedad, perdida sin remedio por los sacudimientos telúricos del jueves 7 de septiembre del año anterior y sus secuelas, y deben ser reparadas no en igualdad de circunstancias, habida cuenta de su vulnerabilidad, sino con la solidez necesaria para soportar sismos semejantes que, sin duda alguna, vendrán. Esto es, como se hizo en la Ciudad de México, poco a poco, con estructuras debidamente autorizadas por los arquitectos de mayor renombre.

Suponer que Juchitán y los pueblos aledaños estarán exentos de nuevos fenómenos de la naturaleza es una falacia completa, por más que el romanticismo de Toledo así lo desee, considerando que se encuentra en una de las zonas de más alta sismicidad en el mundo. Por ello, es necesario invertir un poco más para construir ductos subterráneos en lugar de alzar, una y otra vez, los postes carcomidos por la humedad y los ventarrones. Todo lo demás es una feroz demagogia que favorece a los politiqueros acostumbrados a hacer negocio, material y propagandístico, con cada catástrofe natural.

¡Corrupción!

Rafael Loret de MOLA

El corrupto, de acuerdo al diccionario de la Lengua Española –suprimido el antiguo idioma mexicano, una mezcla del mexica con el otomí, por los invasores españoles, aunque puede escucharse aún en algunos pueblos mágicos–, no sólo es quien deforma algo –es decir triangula fondos como en la estafa maestra–, sino malogra acciones –como el señor peña y sus secuaces–, deprava y seduce –digamos a la manera de los predecesores del mexiquense–, cohecha y compra –igual que los empresarios cómplices del régimen en curso todavía–, y hasta huele mal, lo que es frecuente en los demagogos de la legua.

En México nos hemos familiarizados con el término. Tanto que se vuelve bandera cada seis años aunque las frases distintivas sean frutos de estudios de mercadotecnia bastante simples. “La solución somos todos”; la “renovación moral” y la más reciente “al margen de la ley nada; por encima de la ley, nadie”. Buenas sentencias que suenan a votos y, por lo general –excepto la última– se convierten en cenizas al paso de cada sexenio. Ahora estamos, se supone, en la época de la última y con el aderezo irrenunciable del “combate a la corrupción” hasta “sus últimas consecuencias”, el final bastante trillado por su uso sobre cada caso deprimente incluyendo las masacres, las desapariciones y el brutal acoso a la sociedad inerme, hasta ahora.

El presidente electo insiste, cada que tiene oportunidad, que no habrá corrupción en su gobierno, entre otras cosas porque él no es corrupto y cuando el jefe actúa honestamente no deja espacios para robar, aunque no sea ésta la única acepción del verbo como ya explicamos. Y, desde luego, no hay quien pueda mostrarse contrario a esta decisión, cuando menos no en público porque además de políticamente incorrecto sería tanto como aceptar este modelo como modus operandis con las inevitables consecuencia penales… claro, si estuviéramos en un Estado de Derecho.

Vamos a ver. ¿Se combate a la corrupción aduciendo que Rosario Robles, ejecutora y firmante de la “estafa maestra”, por varios miles de millones de pesos del erario, es sólo un chivo expiatorio como exculpándola del mal mayor, acaso por antiguas historias de seducción? ¿Lo es colocando al más devastador perseguidor de la izquierda y matón de periodistas –Buendía, mi padre, Carlos Loret de Mola Mediz, el “Gato” Félix, etcétera–, como director de la CFE bajo el vano prurito de que es conocedor del tema energético? ¿Lo es al girar un perdón a los predadores del presente bajo el término de una amnistía sin sentido ni fondo?

Algunos dirán que aún Andrés no es el presidente constitucional, como si no supieran quien, de verdad, ejerce el mando en este momento, con peña arrinconado implorando el perdón prometido; ni se preocupan en observar que la sexagésima cuarta legislatura, integrada desde el pasado 29 de agosto, ya es mayoritariamente morenista, es decir lopezobradorista, y sigue las líneas del presidente electo por lo cual éste, en resumen, ejerce cuando menos las funciones de gran parlamentario, la tercera parte del gobierno de la República.

Si de buscar pretextos pueden encontrare en cualquier lugar común. Pero la historia no se tragará el anzuelo; y quienes alegan que debemos dejar trabajar a Andrés, deben pensar que lo mismo aplica para sus contrapesos que intentan evitar que se endiose, como algunos quieren, al grado de considerar corruptos a quienes, de verdad, combaten a los tantos malhadados hijos del establishment.

Gobierno fallido

Rafael Loret de MOLA

Está claro que el gobierno no le ha servido a la sociedad, en su conjunto, sino sólo a sus grandes socios, precisamente aquellos que suelen acrecentar sus fortunas en tiempos de crisis severas, sean naturales o financieras. Todavía no pasa el riesgo en cuanto a los posibles meteoros de fin de temporada que siempre enlutan a cientos de familias, como ya ocurrió en Chiapas, Oaxaca, Veracruz y Tabasco, destruyendo la endeble infraestructura armada por un gobierno siempre deseoso de mojarse los pies en las rías desbordadas o en los caseríos devastados por los sismos para simular su hipocresía molecular sobre la “justicia social”.

Ahora mismo se frotan las manos con la tendencia especulatoria imparable gracias a la cual multiplican fortunas, siempre con información ilegal proporcionada por sus cómplices de la Secretaría de Hacienda, y aumentan sus haberes para luego devolver los favores a los miserables ex presidentes quienes les permitieron todo. El caso más patético es el del célebre “doctor zeta”, ernesto zedillo, convertido en consejero con enorme caudal en cada una de las trasnacionales beneficiadas durante su sexenio. Ha sido, sin duda, con excepción de peña, el mayor vendedor de cuanto formaba parte del patrimonio nacional y fue él quien ideó, además, la grotesca reforma energética con la visión puesta en la privatización mientras los corderitos camarales aprobaban sin chistar por obra de las diligencias de Manlio Fabio Beltrones Rivera, luego “catapultado” al sitio más devaluado entre los mexicanos: la presidencia del PRI donde duró hasta las derrotas de 2017; su fracaso en esta posición no admite réplica alguna.

Sólo los busca-chambas y los paracaidistas que irrumpen sobre las nóminas piensan lo contrario y aprovechan la dualidad competitiva de los presidentes, el saliente y el entrante, tratando de granjearse pleitesías manteniendo intacta la brutal maldición que significa para ellos vivir fuera del presupuesto como el mayor error concebible.

Quizá por ello cuantos ganamos la subsistencia por nuestra cuenta somos quienes percibimos las tremendas desigualdades que se acentúan con la pérdida del poder adquisitivo y la consiguiente devaluación del infeliz peso que ya va en camino de perder otros tres ceros, como en los tiempos del infeliz salinato luego de la ambigüedad que duró tres años, desde 1993 a 1996, ya bajo el régimen del simulador zedillo.

El hecho es que, en esta hora y este septiembre, antes y después de los festejos patrios en los que la maquinaria oficial con maridaje con los medios masivos –si bien la transmisión de los ceremoniales se acredita a los tiempos gubernamentales correspondientes, esto es sin recurrir a las facturaciones–, no ha sido posible marginar, ignorar o desdeñar la crispación creciente entre los mexicanos.

Se salvan porque millones aún sueñan con la esperanza prometida.

Mitos destructivos

Rafael Loret de MOLA

El escepticismo es tanto entre los mexicanos que se tiende a negar algunos hechos históricos, sospechar de otros y, en cambio, aceptar como buenos los relatos que los degradan. Así, se habla de mito guadalupano y se le liga a una virgen de Extremadura –de donde provienen los invasores de nuestras tierras–, sita en el Convento llamado de Guadalupe y muy parecida a la del Pilar de Zaragoza: negra y con una larga túnica impregnada de estrellas. Es como si se pretendiera socavar la fe y las creencias de nuestro pueblo para hacerlo, cada día, más manipulable. Y lo digo sin entrar a la polémica sobre la autenticidad de la tilma de Juan Diego, elevado a la Santidad sin precisarse su origen ni su patronímico.

De igual manera, hace unos días, al iniciarse las fiestas de la patria con la liturgia en honor a los Niños Héroes de Chapultepec –es obvio que no fueron los únicos; se estima que perecieron aproximadamente 700 mexicanos entre cadetes del Colegio Militar y miembros del ejército ante la andanada inmoral y aviesa de los estadounidenses–, no faltaron quienes se empeñaron en negar la epopeya de Juan Escutia, cuya leyenda dice que se arrojó con la bandera hacia un risco alejado de la zona de batalla, porque no se tienen testimonios fieles sobre ello; pero tampoco se cuenta con pruebas de lo contrario y es esto lo que induce a creer en una u otra versión según convenga.

También se duda sobre el contenido del célebre “Grito de Dolores” sobre todo en cuanto a si el padre de la Patria, Miguel Hidalgo, gritó o no: “¡Muera el mal gobierno! ¡Mueran los gachupines!” Lo segundo molesta rabiosamente a los descendientes de algunas prósperas familias hispanas, quienes fincaron sus fortunas gracias a la esclavitud a la que sometieron a sus servidores y se sienten mexicanos a la hora de celebrar el júbilo independista sin asomarse al hecho histórico de que los perdedores, tras tres siglos de coloniaje, fueron sus ancestros, a quienes se expulsó a patadas luego de un torpe intento de recuperar el amplio territorio nuestro pocos años después de la entrada de las columnas trigarantes a la Ciudad de México.

Sobre lo anterior, curiosamente, no se ha establecido ningún mito hasta ahora. La historia de hoy pretenden seguir escribiéndola quienes se dicen “conquistadores” del pasado. Y ni siquiera nadie se ha molestado en la revisión histórica necesaria, con estudiosos de todos los signos políticos, para no caer en los absurdos, como los de atesorar juntos, en el Monumento a la Revolución –que debió ser Palacio Legislativo siguiendo la arquitectura del Capitolio y el Congreso de La Habana–, los restos de los caudillos posrevolucionarios que se mataron entre ellos. Menos mal que al gran Zapata lo enterraron en Cuautla, Morelos, no muy lejos de donde cayó el enorme rebelde libertario.

Los mitos, desde luego, tienen a un siniestro fin: el ocultamiento de la verdad da origen a las justificaciones de la siniestra aristocracia moderna, vigente y lista a encaramarse al nuevo gobierno mediante pactos soterrados con Alfonso Romo Garza, cuya derrota, el pasado 1 de julio, todavía no se ha consumado. El seguimiento de la historia depende solo del presidente electo.

Intocables burlones

WASHINGTON, D.C., ESTADO UNIDOS, 03AGOSTO2018.- Luis Videgaray Caso, secretario de Relaciones Exteriores se reunió con la delegación de Estados Unidos, para dar continuidad a las negociaciones del TLCAN. FOTO: SRE /CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

¿Alguien habló, hace menos de seis años, del fin de los “intocables” en México? Por supuesto, no es referencia a los indómitos policías de Chicago que pusieron el cerco para atrapar al célebre Al Capone por evasión fiscal y no por sus sonados crímenes. Esto significa que la impunidad, al fin y al cabo, terminó por imponerse. Pero, me suena la voz de uno personaje de altos vuelos repitiendo que confiáramos en él porque no permitiría el brutal desequilibrio en la justicia entre los amigos protegidos y hasta estimulados y los demás, reos de las persecuciones y las amenazas, algunas de ellas consumadas.

Ya he dicho, pero viene de nuevo a colación por el inmovilismo preocupante de un sector de nuestra sociedad y un gobierno plagado de funcionarios ávidos de enriquecerse más rápido que los narcos para que “valga la pena”, y repetido una sentencia cuyo fondo no ha sido siquiera motivo de réplica: hace mucho que los cargos públicos no se pueblan de los mejores egresados de las universidades, mujeres y hombres, porque éstos prefieren rendirse a los atractivos inmensos del sector privado, esto es mejores sueldos, menos fiscalización y menos prensa sobre el mismo. En cambio, los puestos gubernamentales, se supone, son más escudriñados y motivos, por desgracia, de cientos de transacciones soterradas entre los informadores y sus fuentes.

El peor de los maridajes sigue siendo un factor determinante en la orientación de las noticias. Y, como periodista, lo reconozco con vergüenza porque no pocos de los colegas conocidos han extendido la mano para sobrevivir bajo la crisis de liquidez evidente que el secretario de Hacienda niega.

¿Lo percibirán así los esbirros de peña, en su cierre final, como Luis Videgaray Caso, a quien suponía un buen aspirante para el gobierno del Estado de México y ahora se arrellana como presunto procesado si el presidente electo cumple su promesa de combatir a la corrupción en serio tras su ridículo en el estatus de Canciller y antes en Hacienda?

No, no se horroricen ante una verdad que ya no debe ni puede ocultarse. ¿Quiénes vamos a pagar los platos rotos?¿Quiénes ejercemos la crítica y somos cautivos del fisco, sin remedio, enlistados con perversos acentos y escarnecidos por una propaganda que, por fortuna, opera en sentido contrario, esto es para bien?

Menos mal que la ciudadanía ya está muy acostumbrada a las falacias, la maledicencia pública y el cruce constante de amenazas. Es nuestro desagradable modus vivendi, una especie de “cuota” para poder disfrutar, sobre todo en “el mes de la patria”, las bellezas de nuestro país tan atenaceado no sólo por el “mal gobierno”, como gritaba el Padre Hidalgo, sino por especuladores, neoconquistadores de carretilla y potencias en fase de expansión, de la mano de las reformas peñistas. ¿O nos creemos el cuento de que somos más libres que hace un año? El torbellino nos lleva a las alturas… para destruirnos y reducirnos a escombros.

Cada que reflexiono sobre ello me percibo impotente ante las agresiones cotidianas. Por ejemplo, ¿cuándo va a procederse, de lleno, contra los multimillonarios dueños de la industria de la minería? No me refiero sólo a Germán Larrea –o “di” como primera sílaba–, Mota-Velasco, quien contamina cuanto toca y le produce millones como un rey Midas de las zahúrdas, sino igualmente a los otros dos dueños de compañías perfectamente concesionadas por sus interrelaciones con el poder, entre ellos Carlos Slim Helú, nada menos, y Alberto Baillères González, primero y tercero entre los mayores multimillonarios de México y el primero también líder en el ámbito universal. ¿Puede explicarse tanta prosperidad en tres familias a costa de la injusticia, la impunidad y el blindaje a tres familias con colusiones profundas con el poder público? Si me equivoco, luego de una investigación a fondo, no sólo rectificaré sino sería capaz, por vergüenza, de dejar de ejercer mi vocación. Pido lo mismo para los “intocables”.

Terrorismo de estado

Foto: CUARTOSCURO
Rafael Loret de MOLA

Treinta y tres años transcurridos desde los sismos devastadores de 1985 y el primer aniversario de los de 2017, hace apenas doce meses, con un hilo conductor entre los dramas: la negligencia ominosa de las fuerzas gubernamentales, con reacciones tardías primero y con negligencia criminal después respecto a los miles de damnificados, en la Ciudad de México, Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Puebla, Tlaxcala, Morelos y hasta Tabasco. Pegaron duro y resistimos; lo mismo hubiese sucedido sin gobierno, digamos con la anarquía como guía porque, hasta la fecha, quedan huellas de lo ocurrido hace más de tres décadas y los oficiosos rastreadores de horrores siguen buscando los fondos destinados a quienes lo perdieron todo, en miles de casos hasta las vidas.

Recordamos pero seguimos viviendo en un presente ominoso. Desde 2011 comenzaron a “descubrirse” las fosas clandestinas en San Fernando, Tamaulipas, después de un año de la masacre, en ese mismo lugar, que costó la vida de setenta y dos migrantes sin mayores explicaciones oficiales salvo el consabido “llegaremos al fondo” que ni remotamente se toca. Por supuesto, quienes se avocaron a resolver supuestamente los crímenes de lesa humanidad nunca se toparon con los infectos agujeros donde se depositaron los cadáveres. Sólo que les fallaron los cálculos: se encontraron restos de 193 personas en 47 fosas. El negocio de la muerte –de emigrantes desesperados y sin derechos–, se les salió de las manos.

Tamaulipas sigue siendo un narco-estado –muy a pesar de lo que diga el descastado Egidio Torre Cantú quien no fue capaz, siquiera, de poner la menor voluntad para tratar de resolver el misterio prevaleciente sobre el asesinato de su hermano que le permitió al primero escalar el poder sin obstáculos–. Y hoy ni quien le finque responsabilidades en una evidente alianza entre Francisco García Cabeza de Vaca, el panista tránsfuga con antecedentes penales en los Estados Unidos, concretamente en Laredo, donde fue fichado por robarse automóviles hace tres décadas.

Y seguimos con otras entidades igualmente dominadas por los grandes capos: Guerrero, Michoacán –desde donde el insolente Fausto Vallejo Figueroa lanzó querellas por daño moral que le rebotaron por falsario y pretenso ofensor de la libre expresión–, Veracruz –bajo el padrinazgo de los últimos tres gobernadores, pero sobre todo el más reciente–, Morelos y Oaxaca, entre otras. ¿No es éste un verdadero terrorismo de Estado auspiciado para esconder complicidades mayores y dar cauces a gobiernos preñados por los grandes capos?

No es casualidad que se demuestre que algunos mandatarios, como el saliente de Guanajuato, Miguel Márquez Márquez, hayan ocultado, sin ninguna justificación, la ubicación de varias fosas para evitar, según dice, nuevos escándalos que pudieran estallarles a los mandatarios provenientes del PAN, curiosamente, en la línea azul de la geografía patria que va tiñéndose del rojo de la sangre derramada. Salvo Guerrero, las entidades más afectadas han estado o están gobernadas por Acción Nacional. Ojo con esto. ¿Tal fue el precio para asegurarse victorias electorales con un PRI devastado por el peñismo o la continuidad panista en el poder?

El asunto es por demás delicado. Pero es necesario comenzar a abrir las carpetas.

Un mes que asusta

Rafael Loret de MOLA

Septiembre es un mes que asusta. Y así hemos seguido. El año anterior, once minutos antes de la medianoche del jueves 7, el fuerte temblor, en realidad un terremoto, de 8.4 grados en la escala Ritcher, no causó daños mayores ni la devastación que se vivió en 1985 con un sismo de menos graduación. ¿Fue un milagro? Los técnicos no creen en ellos y asumen dos razones: Que el epicentro, setecientos kilómetros alejado de la capital por las costas de Chiapas, no fue tan cerca como el de hace treinta y dos años, situado en Oaxaca a cuatrocientos kilómetros.

Luego vendría el sismo del 19 y, entonces sí, se midieron los brutales alcances, sobre todo en Oaxaca, Chiapas, Puebla y Guerrero. Pese a ello, a la capital le fue bien aunque, como en 1985, no se cuantificó el número de muertos –se habló superficialmente de 148-. pero sí los edificios colapsados con una diferencia sustantiva, pese al drama brutal de la escuela Enrique Rébsamen, donde murieron sepultados cerca de 40 niños junto a algunos de sus maestros. La diferencia es que ni siquiera hubo responsables de erigir edificios con materiales de mala calidad, sobre todo en el caso del colegio al que está ligado el cardenal en retiro Norberto Rivera Carrera, y sin las especificaciones mínimas para evitar derrumbes.

El caso es que el susto fue mayor a las consecuencias mientras es esas mismas fechas, por Veracruz, comenzaba a pegar con fuerza Katia en medio de la tragedia de su mal gobierno.

En el calendario las fechas coincidieron respecto al horror de hace treinta y dos años; en la conciencia colectiva, en cambio, se ahondaron los rencores por cuanto la negligencia oficial en las zonas de desastre –desde Chiapas y Oaxaca hasta Veracruz–, y los politiqueros aprovecharon para sacar el rostro prohibiendo las clases en once entidades del país. ¡Qué bien le vino a Aurelio Nuño, quien se fue luego de campaña y está al pie de enriquecerse más de la mano de sus cómplices, el sacudimiento telúrico! Y a Peña también, mucho más que su deplorable y oscuro Informe, cuando salió ante las cámaras para aparentar preocupación ante el drama que no se dio salvo en Chiapas, Oaxaca y Tabasco en donde la cuenta de muertos llegó a dieciséis sumadas las tres entidades.

Bien sabemos, todos, del terremoto interior que llevamos incrustado al no haber sido capaces, todavía, de superar los temblores de los descastados y rufianes que nos gobiernan.

Desestabilización

Rafael Loret de MOLA

Aunque parezca increíble, quienes observan en riesgo sus intereses personales –por ejemplo, los dueños de los mayores capitales que surgen de la minería, las telecomunicaciones y la producción de cervezas, no sólo de las plataformas petroleras acaparadas por grupos afines a carlos salinas, también por el malnacido de Emilio Gamboa Patrón y otros entes de su ralea–, apuestan a que pueden desestabilizar a México, considerando el poder que atesoran supuestamente en riesgo también, en setenta y tres días, los mismos que faltan para la ceremonia de transmisión del Ejecutivo federal. Y, de verdad, vienen preparándose para ello desde hace varias semanas.

Por ejemplo, la guerra intestina en la UNAM entre estudiantes agredidos de todas las maneras posibles –incluso la muerte de una joven activista–, y los inútiles “porros”, buena parte de ella “fósiles” que se han rezagado por su inclinación a los vicios, o bien narcomenudistas que acosan a diario –y no pocas veces los hacen caer–, a los muchachos deseosos de aprender incluso hasta en las sombras de las alucinaciones depravadas. No seamos ingenuos para caer en la versión oficial sobre simples enfrentamientos causados por las calenturas de la juventud. No es así.

Precisamente, a pocas semanas de cumplirse el cincuentenario de la matanza de Tlatelolco, cuando la piel vuelve a hervir al calor de los recuerdos y, sobre todo, de la brutal injusticia de la impunidad, se recrudecen las tensiones no sólo en la UNAM sino en otras universidades estatales, como la de Morelia o la de Hidalgo, rehenes de voluntades perversas deseosas de romper con el orden y provocar reacciones en cadena con la única intención de desestabilizar al país y distraer a la opinión pública respecto de la brutal herencia del peñismo que debiera ser juzgado, ya desde ahora, mediante el debido proceso que no es necesario iniciar hasta el 1 de diciembre, cundo muchos esperan que el Señor de los Cielos –no Amado Carrillo Fuentes, por favor–, descienda hasta la tierra para cumplimentar TODOS los deseos de los mexicanos incluyendo a quienes se sienten embrujados por sus mujeres desatendidas o simplemente ambiciosas. (No faltan los casos como éste en la casa de transición).

Por supuesto, a lo largo de diciembre venidero, las presiones serán altísimas mientras los peña nieto se instalan en una de sus jaujas alrededor del mundo gracias, claro, a la multimillonaria indemnización de Televisa a la célebre “Gaviota”, Angélica Rivera Hurtado –sobrina del ex presidente miguel de la madrid hurtado aunque los ignorantes lo cuestionen con insolencia–, burlándose escandalosamente de los mexicanos. ¿Éste es el cambio por el cual votamos?

Por supuesto, el presidente electo ya debe estar enterado de la amenaza que se cierne sobre él. Sobre todo, fíjense bien, después del primer anuncio relacionado con sus promesas de campaña: la no privatización del agua, acaparada por las cerveceras del norte del continente a costa del sacrificio de los agricultores mexicanos, además, claro, de la mordida a la economía de cada hogar. Basta con este antecedente para fincar responsabilidades a peña y sus ladrones lacayos, desde ahora insisto, y sin esperar a que la campana –no la de Dolores– suene al fin para terminar la etapa de pugnas intestinas entre los gobiernos saliente –condenado ya por la historia– y entrante, en vía de acoso.

Estamos en el linde, peligrosamente.

Indiferencia

Rafael Loret de MOLA

A estas alturas, cuando el término igualdad se tergiversa con frecuencia –los hombres y mujeres del mismo sexo no pueden procrear hijos pero tal no exime sus derechos a vivir cómo les dé la gana–, bajamos a las laderas del medievo con intenciones de colgar o quemar a cuantos no piensan igual a nosotros; destruirlos es más fácil, claro, que convencerlos y en tal se basan las apocalípticas muestras de barbarie intelectual que azotan a nuestro país y a buena parte del mundo globalizado de acuerdo a los dictados de la mayor tiranía de todos los tiempos: la de la Casa Blanca y sus agencias de espionaje.

Me resulta complejo entender, en estas condiciones socio-políticas tan adversas, la insistencia en discutir sobre cuestiones que los criterios modernos han resuelto desde hace tiempo y, sin embargo, continúan siendo materias de agrias discusiones, sin posibilidad de acuerdos, por las resistencias atávicas de instituciones intolerantes, sea por reaccionarias –que se sujetan al pasado–, o por un vanguardismo extremo incapaz de comprender la pausada evolución de la mente humana en un entorno rebosante de odios, de confusiones –como el animalismo por el cual se pretende igualar los derechos humanos a los de los irracionales–, de rencores acumulados –ante la visión de una clase política cubierta de corrupción y bajo el cobijo de la impunidad–, y exaltados requerimientos en pro de un sistema distinto en el que, por principio de cuentas, no se deba soportar a los farsantes ocupantes del poder.

No es sencillo vivir con las cadenas de la indiferencia; temo que quienes lo hacen viven en sus conciencias una tormenta al refugiarse en comodidades pasajeras por las cuales se es capaz de soportar ser pisoteados por los de arriba. Lo mismo aquellos que sobreviven en sus trabajos aguantando a patrones insolentes y explotadores, que los cobardes arrimados al fogón de las instituciones para sentirse superiores a cuantos reclaman por leña no para las hogueras sino para atizarlos como armas contra los falsarios, mafiosos y, sobre todo, aprendices de políticos con banda presidencial. ¡Conocemos a tantos!

Durante varias semanas la discusión entre quienes observan peligrar a las familias por cuanto al avance, en derechos y privilegios, de la comunidad  lésbico, gay, bisexual, transexual e intersexual –debo reconocer que no entiendo todas estas especialidades, especialmente la última–, en no pocos casos atizados por los poderes terrenales, Iglesias incluidas, protegidos, dicen, por los poderes espirituales cuyas fuentes son exclusivas para determinado grupo. Como la tierra prometida, diríamos, o el pueblo preferido de Dios.

Noche mexicana

Rafael Loret de MOLA

En la noche en la que la mayor parte de los mexicanos –no digo todos porque hay apátridas desdeñosos de nuestras fiestas e incluso lacayos aún de cuanto huela a hispánico–, se sienten patriotas con una media botella de tequila adentro y un monumental grito de cara al Palacio Nacional –las protestas callan cuando los vítores comienzan y la enseña tricolor ondea–, nadie compilará los estragos de un sexenio atroz durante el cual se ha afrentado a la ciudadanía que pasó factura, al fin, el 1 de julio, pero no basta con clamar libertad como en aquella jornada de Dolores en 1810; también exigimos justicia y cárcel para los predadores.

Con las torrenciales aguas llegaron los socavones, como nunca antes, exhibiendo la podredumbre de las complicidades entre la clase política y las constructoras cómplices a las que nadie ha reclamado con procesos judiciales en ristre. Cuando el sismo de 1985 y el derrumbe de algunos edificios, entre ellos el Nuevo León, se giraron órdenes de aprehensión contra los constructores Abelardo Meneses Vara y Max Tenembaum, pero jamás se realizaron obras para apuntalar el sitio y todavía hay quienes permanecen fuera de sus departamentos. Por cierto, una investigación seria determinó que no se habían cumplido el noventa por ciento de las especificaciones básicas; lo hizo el ingeniero Raúl Pérez Pereyra, cuya familia también fue víctima. Inapelable.

Y así hemos seguido. El año anterior, once minutos antes de la medianoche del jueves 7, el fuerte temblor, en realidad un terremoto, de 8.4 grados en la escala Ritcher, no causó daños mayores ni la devastación que se vivió en 1985 con un sismo de menos graduación. ¿Fue un milagro? Los técnicos no creen en ellos y asumen dos razones: que el epicentro, setecientos kilómetros alejado de la capital por las costas de Chiapas, no fue tan cerca como el de hace treinta y dos años, situado en Oaxaca a cuatrocientos kilómetros.

Luego vendría el sismo del 19 y, entonces sí, se midieron los brutales alcances, sobre todo en Oaxaca, Chiapas, Puebla y Guerrero. Pese a ello, a la capital le fue bien aunque, como en 1985, no se cuantificó el número de muertos –se habló superficialmente de 148–, pero sí los edificios colapsados con una diferencia sustantiva, pese al drama brutal de la Escuela Enrique Rébsamen, donde murieron sepultados cerca de 40 niños junto a algunos de sus maestros. La diferencia es que ni siquiera hubo responsables de erigir edificios con materiales de mala calidad, sobre todo en el caso del colegio al que está ligado el cardenal en retiro Norberto Rivera Carrera, y sin las especificaciones mínimas para evitar derrumbes.

El caso es que el susto fue mayor a las consecuencias mientras es esas mismas fechas, por Veracruz, comenzaba a pegar con fuerza Katia en medio de la tragedia de su mal gobierno.

En el calendario las fechas coincidieron respecto al horror de hace treinta y dos años; en la conciencia colectiva, en cambio, se ahondaron los rencores por cuanto la negligencia oficial en las zonas de desastre –desde Chiapas y Oaxaca hasta Veracruz–, y los politiqueros aprovecharon para sacar el rostro prohibiendo las clases en once entidades del país. ¡Qué bien le vino a Aurelio Nuño, quien se fue luego de campaña y está al pie de enriquecerse más de la mano de sus cómplices, el sacudimiento telúrico! Y a peña también, mucho más que su deplorable y oscuro Informe, cuando salió ante las cámaras para aparentar preocupación ante el drama que no se dio salvo en Chiapas, Oaxaca y Tabasco en donde la cuenta de muertos llegó a dieciséis sumadas las tres entidades.

Mañana, la festividad patria, aligerará los rencores pero no acallará la justa rebeldía ciudadana… aunque las transmisiones de televisión se realicen con micrófonos apagados y mostrando sólo a los acarreados oficiales. Bien sabemos, todos, del terremoto interior que llevamos incrustado al no haber sido capaces, todavía, de superar los temblores de los descastados y rufianes que nos gobiernan.

Sociedad molesta

CIUDAD DE MÉXICO, 05SEPTIEMBRE2018.- Miles de estudiantes de la Universidad Nacional Nacional Autónoma de México (UNAM) marcharon de la Facultad de ciencias Políticas y Sociales a la torre de Rectoría para exigir la salida de grupos porriles de la universidad, así como la garantía de seguridad dentro de la misma. FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

Los disturbios en la Universidad Nacional, mi alma máter, no son efectos de hechos fortuitos ni de afrentas recientes; están incubados desde hace mucho tiempo, con grandes similitudes con cuanto ocurrió, por estas mismas fechas, hace medio siglo exacto: la podredumbre del gobierno se estrelló con los espíritus jóvenes y su incapacidad para dialogar con ellos dio cauce a la brutal matanza del 2 de octubre en Tlatelolco. Es peligrosa esta comparación. Lo sé.

Hace años, Rodolfo Echeverría Ruiz se pretendía heredero de su tío el ex presidente del mismo apellido y labró una carrera entretelones con protección excesiva por parte de quienes temían a poderoso personaje del averno –todavía vive en sus heredades de San Jerónimo-, y no ha sido señalado como el peor de los ex mandatarios, un “galardón” que sigue estando en manos de carlos salinas y por el que competirá peña a partir de diciembre. En fin, Rodolfo tuvo a bien a invitarme a su casona de San Ángel, impresionante claro, y me dijo casi textualmente:

–Mira, eso de que 2 de octubre no se olvida es una monumental tontería. Los chinos, por ejemplo, no se detienen en los sucesos de Tianammen -4 de junio de 1989-, sino que ven hacia adelante; aquí no quedamos varados en la protesta. ¡Ya es tiempo de mirar hacia otro horizonte!

La defensa procaz del echeverriato consistía, por tanto, en la amnesia colectiva para subsanar las graves heridas aplicando lo que Alfonso Martínez Domínguez llamó “la medicina del tiempo”. Sólo que los experimentos sociales del priismo, viles por esencia, acaban de estrellarse en una realidad punzante: el voto popular, masivo y contundente, los aplastó y espero que sea para siempre. (El genérico siempre lo observo con respecto a mi propio paso por la vida; no sé después).

Sin embargo, al antídoto para posibilitar la resurrección del priismo lo tiene en sus manos el presidente electo: en la medida en que no rompa con el pasado y persista en reconocer a peña –como lo hizo fox con zedillo, cabe recordar, en 2000-, por su cortesía en la hora de la transición y alegue ahora, ante la sorpresa de muchos, que recibirá al país “con una economía estable y sin crisis”, como si de verdad no estuviéramos, como se percibe a flor de piel, al borde del abismo y francamente en ruinas. ¿Por qué votamos entonces?

Aquí viene acaso una de las razones por las que la sociedad está tan inquieta; los “porros” de la UNAM, acaso financiados por dirigentes priistas para sacudir a los morenistas en mayoría, aprovecharon el evento ilegal del 3 de septiembre, mal llamado sexto informe y que no tuvo la presencia más que de algunos diputados del PRI y sus aliados además de los presidentes de sendas Cámaras del Congreso, miembros de MORENA –tremendamente cuestionados por no atreverse a romper con el pasado y dar curso a la continuidad institucional-; lo hicieron, sí, con la mal sana intención de provocar y lo lograron con la mayor facilidad gracias a sus cómplices, siempre debajo del agua.

Y con este episodio comenzó la hora cero de una República que, hasta el momento, dista mucho de ser democrática. Hay tiempo y es hora de virar el timón, señor presidente electo.

El odio

Rafael Loret de MOLA

Me dicen algunos, acaso con afinada cursilería congruente con la debilidad de espíritu, que no debo hablar de odio para calificar a los personajes amorales que han devastado a la República; casi alegan un tono subversivo en quienes señalan a los malversadores, asesinos de cuello blanco, cómplices con los bolsillos llenos y una gama de corruptos de todos los géneros y encaramados en las ramas podridas del gran y resistente árbol de la patria que no se renueva, porque nos es entrañable, pero sí puede transformarse para limpiar de rastrojos muertos el entorno.

Pregunté cuál era la mujer más odiada del país y la respuesta de los amigos y seguidores del Facebook no dejó lugar a dudas aunque, como ya dije, me sorprendió, porque de acuerdo a mi criterio nadie es más perversa y repelente que la “novia de Chucky”, la inefable Elba Esther de Comitán. Pese a ello, el primer sitio correspondió a Rosario Robles Berlanga, la izquierdista traidora, titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano –es decir, de todo–, desde el 27 de agosto de 2015, tres años ya, antes al frente de la de Desarrollo Social desde donde ideó el “método Robles” que se convertiría en la “estafa maestra” del sexenio.

Y, en segundo sitio, el nombre de Angélica Rivera Hurtado, llamada “La Gaviota” en “Destilando Amor” y sobrina del ex presidente miguel de la madrid hurtado –quien lo dude puede dejar de seguirme al negarme toda credibilidad–, surgió con fuerza, no muy atrás de Rosario, acaso por los efectos de la pomposa casa blanca de las Lomas y sus estridencias al vestir y despilfarrar con un dinero que, supuestamente, le entregó Televisa como “indemnización”. De carcajada, igual que los 300 millones que dice la Gordillo recibió como herencia de su madre, una maestra rural de Chiapas.

Les siguieron Marta Sahagún Jiménez, ahora multimillonaria como reina del autotransporte a través de sus vástagos corruptos, y Margarita Zavala Gómez del Campo, llamada “la calderona”, monarca de la manipulación y la ligereza política como compensación por no revelar los abusos de su marido, “jelipe”. Sí, son las más odiadas, así sin eufemismos. Pero hay quienes quieren evitar la palabra “odio”, y acaso prohibirla como se hizo en el caso del movimiento LGTTT y algunos señalamientos semánticos ofensivos, porque es menester no agitar las aguas en momentos coyunturales como el actual.

Se equivocan. Cuando llegan las transformaciones vitales, y si son serias, la ruptura es inevitable y, para ello, la hoguera del rencor debe quemar, en leña negra, los nombres de quienes nos afrentaron y llevar a éstos, descastados y venales, a la cárcel. De otra manera, seguiremos la ruta de la “constitucionalidad” con la que Muñoz Ledo y Martí Batres justificaron su alterada entrada al Palacio Nacional el 3 de septiembre para asistir a un acto precisamente ilegítimo por inconstitucional.

Abramos el debate; no le temo a Muñoz Ledo en este contrapunto porque conozco sus puntos débiles y varias veces nos hemos cruzado. Lo respeto, sí, desde que se le veía como un joven altanero en la Decretaría del Trabajo bajo el mandato de echeverría. Y es que su sabiduría es proporcionalmente igual a su soberbia.

Tácticas y derrotas

CIUDAD DE MÉXICO, 24OCTUBRE2017.- Los coordinadores parlamentarios Manuel Bartlett (PT), y Fernando Herrera (PAN), ofrecieron una conferencia de prensa tras concluir una reunión de la Junta de Coordinación Política del Senado, en donde se discutió el formato de la reunión de trabajo con Santiago Nieto, titular de la Fepade, quien fue removido por el encargado de despacho de la PGR, Alberto Elías Beltrán, para el día de mañana. FOTO: MOISÉS PABLO /CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

Cuando las teorías son extremas debiéramos encontrar el punto medio para poder no sólo suavizar los radicalismos sino igualmente encontrar una vía para la reconciliación de los polos opuestos supuestamente alterados por fanatismos, vocaciones de incondicionales y hasta por el rastro malévolo del pasado tenebroso y rebosante de cabos sueltos. Imagínense: todavía a treinta y dos años del asesinato de Carlos Loret de Mola Mediz, mi padre, sigo descubriendo las piezas sueltas del rompecabezas de la perversidad. ¡Y hay quien me pide asimilar lo sucedido para darle “una segunda oportunidad” a Bartlett y compañía! De ser así, tendríamos que abrir las crujías para permitirles a Javier Duarte, Roberto Borge, Guillermo Padrés, Andrés Granier Melo, Tomás Yarrington, y otros rufianes, un tratamiento similar por aquello de la igualdad entre los seres humanos. Un horror el de quienes todo lo justifican en aras de defender a sus iconos.

Hay quienes afirman, pese a cuanto lleva en sus bodegas el náufrago peña, que el mandatario calculó su fuerza, con base en asegurar su futuro a costa de la estrategia de dividir a los opositores hasta el grado de enfrentarlos de manera irreconciliable con posiciones extremas y salidas rebosantes de llaves con el sello del águila. De allí las pugnas internas registradas en la izquierda, multiplicadas por las tinieblas de la “consulta” en la Ciudad de México –bastante más cercana a la voluntad del icono mayor que a la prometida transparencia–, y los constantes devaneos de un sector de la misma con sus enemigos históricos; e igualmente la sorpresiva guerra intestina en la derecha, en el PAN, que estalló con la designación camaral, a espaldas de su dirigente nacional, del calderonista Ernesto Cordero Arroyo quien, ahora expulsado, pasará a la historia no como un secretario de Estado del régimen ominoso de felipe sino en condición de uno de los mayores esquiroles y marionetas al servicio del establishment siguiendo la voz del amo. ¡Qué vergüenza para sus hijos!

Como prólogo a lo anterior, el presidente exigió hace un año que el PAN se sumara a su propuesta de establecer un fiscal general, por nueve años, y destacar a su cómplice, el actual procurador general, como único aspirante. Al negarse el PAN surgieron los siguientes golpes armados desde la cúpula del poder: Ricardo Anaya Cortés fue señalado como responsable de peculado bajo el basamento de haber multiplicado su fortuna –que ya tenía– durante su lapso político; el mandatario federal mandó llamar al coahuilense Miguel Riquelme Solís para felicitarlo dándole jerarquía de gobernador electo cuando ningún fallo del TEPJF le había señalado como tal, rompiendo con la institucionalidad requerida; y finalmente se sacó el nombramiento de Cordero en el Senado devastando a la bancada panista y a su líder nacional simplemente relegados de tal decisión tomada en Los Pinos. Tres golpes por uno, al estilo estadounidense más feroz, sólo en 2017 y antes de las campañas que lo derrotaron por nocaut.

Dividir a los opositores fue la sucia táctica para asegurarse el voto duro de los priistas, aunque haya menguado, y así encaminar la idea de una lejana “victoria” con los mínimos posibles, esto es el 25 por ciento de los votantes en principio –quedaron con el 16.4 por ciento–, mientras los adversarios se estrellan con el muro infranqueable de los órganos electorales al servicio del presidencialismo como ha sido siempre.

Un partido contrario al gobierno sólo vence, lo han dicho los mayores politicólogos, por paliza. Y así fue.

Guante blanco

Rafael Loret de MOLA

Le devuelvo el guante. Allá en los campamentos de 2006, Porfirio Muñoz Ledo se atrevió a calificarme como el único “revolucionario” de mi familia con soslayo de mi padre y de mi hijo. Lo que son las cosas. En ese diálogo el único aristócrata era Porfirio cuyo nombre revela a sus ancestros: Muñoz Ledo y Lazo de la Vega, patronímicos de la vieja corte de don Porfirio, el otro, quien murió en París tras ser obligado por la toma de Ciudad de Juárez por parte de las tropas de Madero –Villa y Orozco–, a dejar el poder… y sus restos allí permanecen a la sombra en el cementerio de Mont-Parnasse.

Pues bien, don Porfirito lleva muy bien el mote que le impusimos: “el Churchill mexicano”, tanto por su cultura bélica como por mudar de partido cada que se lo propone. Fue miembro del PRI, hasta llegar a la Presidencia del mismo, entre 1954 a 1987, esto es treinta y tres años con múltiples cargos públicos, entre ellos la secretaría del Trabajo con echeverría y la de Educación con lópez portillo; fundó al Partido de la Revolución Democrática, del que fue también presidente, de 1989 a 1999; ese año se afilió al PARM para competir por la Presidencia de la República y en 2006 aterrizó en el Partido del Trabajo para lograr una senaduría; y, finalmente, en busca de su acomodo entre los diputados, a sus 85 años pasó a MORENA, este mismo año, y se convirtió en el presidente de la Mesa Directiva de la Cámara Baja.

No hay que olvidar que el de apellido aristócrata formó parte de la Comisión para la Reforma del Estado, encabezándola, y pudo ser admitido como panista si hubiese avanzado el proyecto; por desgracia, fue grande su frustración al observar que lo realizado por él y sus copartícipes quedó en uno de los habituales cuentos de “cazadores” tan asiduos en el ranchero de las hebillas y botas con sus siglas, en plenitud de reflejos ególatras.

Por cierto, Muñoz Ledo compitió por la gubernatura de Guanajuato en 1991 cuando el fenómeno fox arrasó con la designación, avalada ya por el Congreso estatal, del priista Ramón Aguirre Velázquez, uno de los grandes consentidos de miguel de la madrid, rey de la cofradía de la mano caída. Cuatro años más tarde, tras un “breve” interinato de Carlos Medina Plascencia, vicente alcanzó la gubernatura ansiada como plataforma para llegar a la Primera Magistratura y traicionar después su condición de demócrata convirtiéndose en uno de los signos más abyectos de la derecha.

Quizá por tanto batallas en su larga carrera de político talentoso –lo es, sin duda–, a veces regula y se sitúa en la línea del protocolo institucional. Por ejemplo, al negarse a aceptar una solicitud de moción de orden para llamar la atención del rapaz peña en cuanto a dirigir un mensaje la nación con el sello del VI Informe, sin presencia del Congreso y sin haber invitado al presidente electo. Una aberración, jurídica y política, por donde quiera que se vea. No importa que el evento se hubiese convertido en costumbre por la repulsa violenta de la oposición aun cuando el PRI se mantenía como la primera fuerza en sendas Cámaras. Ahora, ni pensarlo. Es ilegal, no tiene fondo ni forma y, además, excede las funciones del Ejecutivo quien tiene el deber de limitarse a ejercer las funciones específicamente señaladas en la Carta Magna “y las leyes que de ella emanan”.

Al impostor de Palacio le quedan ya 81 días ensuciando la silla presidencial.

Inmortales hasta que…

Rafael Loret de MOLA

Ya les decía yo que septiembre es hermoso como lo es el principio del otoño que exhibe el fin y el principio, las hojas cayendo del árbol de la vida pero sin mover su firme tronco. Es una buena época para otear por los parques y llenarse de los vientos que despiertan los sentidos, todos ellos, enfriando por fuera y dando calor por dentro. Vida y muerte, como la existencia toda que no tendría sentido sin un principio y un final. Mi padre lo describía muy taurinamente:

–De nada sirve una gran faena a lo largo de ochenta años si no somos capaces de asestar una buena estocada final; sin una caída del telón digna se puede ir el éxito, el recuerdo e incluso el anhelo de la inmortalidad que anida entre quienes nos recuerdan.

Es verdad: los seres humanos morimos cuando deja de haber alguien que nos cite, un corazón que ame nuestra memoria y una razón para extender la memoria. Es un pensamiento aterrador que suele agobiarme cuando asisto a algún lugar público, digamos las plazas de toros que se convierten en hogueras de pasiones, y pienso que acaso dentro de medio siglo cuantos estamos allí, salvo alguna excepción, estaremos en otro plano, fuera de este mundo y, si se tiene fe, en la contemplación etérea del ser supremo. ¿Por qué nos duele dejar tanto esta vida si nos espera una eternidad sin diferencias de clase ni opresión? Es una pregunta que también me atormenta.

En fin, vamos caminando por septiembre y también dejamos, detrás de nuestros pasos, las efemérides. Ya recordamos, muy cerca, al 2 de octubre que quiero tener presente mientras esté en este mundo; sencillamente porque nos marcó y acaso cercenó el valor de varias generaciones de jóvenes quienes venían pisándonos los talones y optaron por salirse de las filas que conducían a los liderazgos políticos para acomodarse a la sombra de los grandes capitales y de los herederos, a sabiendas de no poder escalar el último peldaño porque, en las pequeñas dinastías particulares, los tronos están ocupados por los que son señalados por sus progenitores sin que nadie les señale como hijos del nepotismo: dicen que con su dinero y sus empresas pueden hacer cuanto quiera, hasta saquearlas llevándose divisas al exterior y dejando sus empresas depauperadas con trabajadores en quiebra, éstos sí. Pero esta es la visión de la justicia para quienes no entienden de xenofobias ni de racismos al más puro estilo de las autocracias que perviven.

Y tenemos muy pendiente la efeméride del Paro Nacional como referente indiscutible de la fe de los mexicanos, de los bien nacidos, en busca de un mejor futuro para quienes vienen detrás. ¡Pobres de aquellos que se cruzaron de brazos! Perdieron su oportunidad de levantar las cabezas humilladas, como caravanas de súbditos a los monarcas, ante el oprobio del conformismo, el virus que carcome el alma.

No espero, claro, que en este mes, el último del verano, caiga la monarquía de los zánganos Borbones ya renovados, a quienes tanto desprecio por mi fe republicana, pero sí puede darse un sacudimiento que inicie el tormento hacia el finiquito. Lo mismo pienso del presidencialismo, en México, rebosante de elementos que ven al mandatario en funciones como inimitable e inigualable; lo he escuchado hasta la saciedad al paso de cada sexenio… y sólo al final algunos rectifican para acomodarse de nuevo dentro de las esferas del poder público porque no saben trabajar en otra cosa. Incluso muchos de los viejos funcionarios, crecen en sus negocios privados al calor de las influencias que conservan o tuvieron. Un vivo ejemplo de ello es cada uno de los muy ricos miembros de la derecha a quienes nadie persigue a pesar de los daños infringidos a la República. ¿Podrá con ellos el presidente electo?

Cada que aparece el ex mandatario calderón –minúsculas– en México, se ríe como no lo hacía ni cuando le quedó larga la casaca militar y parecía una caricatura de sí mismo. Yo no sé porque lo hace, acaso alguien le convenció de contar con una falsa galanura –para ello sería ideal que se divorciara para luego matrimoniarse con la execrable Laura Bozzo, quien se pasea con un chico a quien dobla la edad bajo el glamour de la vanidad que entregan las candilejas–, y caminar con la cabeza erguida luego de seis años de mantenerla baja salvo en las ceremonias públicas en donde debía fingir. Ahora no lo hace porque, sencillamente, se siente intocable por obra y gracia de las facturas por pagar de quienes ejercen gobierno en la actualidad. Eso sí: en cada llamada relámpago hace aseveraciones presuntuosas…pero no se hace acompañar del nefasto genaro garcía luna, el ex secretario de Seguridad Pública, bastante más cauto conociendo los precedentes y avecindado hoy en Florida.

Congreso inútil

Rafael Loret de MOLA

El debate sobre la conducta de la mayoría absoluta dentro de sendas Cámaras del Legislativo, esto es de franco apoyo a “su” presidente con la conocida arenga “es un honor estar con Obrador” –ahorrándose el “López” para que sea más contundente e inconfundible–, recala en el imperativo de que la fracción de Morena y las de sus aliados, el desahuciado PES, sin registro, y el Partido del Trabajo que de no haberse coaligado al partido de Andrés hubiese quedado fuera, entienda de que no son ellos “los mejores servidores del mandatario”, como suponen no pocos de ellos, y se conviertan en lo que en realidad son: representantes legítimos de los intereses del colectivo, del pueblo de México.

Por desgracia, si el presidencialismo a ultranza se vuelca, de nuevo, hacia los parlamentarios éstos carecerán de utilidad y más valdría suprimirlos para ahorrarse una tajada multimillonaria, mucho mayor a la obtenida por las inminentes rebajas de los salarios del presidente, ministros, diputados, senadores y, por supuesto, los secretarios de Estado; hay carios de éstos quienes ya hicieron cuentas y observan, pasmados, que ganarán menos de cuanto percibían antes de lanzarse a la carrera política, digamos actores, deportistas y personajes públicos ambiciosos.

Y como, de acuerdo a la Constitución, NINGÚN funcionario puede ganar más que el presidente los más afectados son, sin duda, los altos miembros de la Suprema Corte de Justicia y los integrantes de los órganos electorales cuya moral ha quedado por los suelos –de hecho así está desde 2006–, por lo cual en vez de pedir mantener sus emolumentos deberían clamar porque no se hagan auditorías y puedan salvar sus alteradas conciencias de un destino atroz, en la terrible oscuridad de las celdas.

En fin, no entiendo que debamos sostener a un Congreso, cuya insólita composición nos remite al “mayoriteo” priista que terminó en 1997 cuando el PRI quedó por debajo, en número de asientos, que sus oposiciones en conjunto, destinado a lanzar loas al presidente y a hacer las veces de lacayos formales en busca de ascender en sus respectivas carreras hacia los oasis de las gubernaturas o del gabinete. ¿Acaso Ricardo Monreal no desea dar el gran salto y Marcelo Ebrard, canciller próximo, no busca cumplir su sueño de dirigir a este país para prolongar el proyecto de Morena?

Las ambiciones no son exclusivas, ni mucho menos, de quienes fueron derrotados el primero de julio; van creciendo en los vencedores al ritmo de la importancia que cobra Andrés en todos los foros, sea negociando o de plano imponiendo directrices mientras peña se aleja, como el jonrón que cree ser: se va, se va, se va… pero es faul. Digo, para que nos entienda con precisión el tabasqueño que está en pleno desarrollo de su propio campeonato.

Un congreso avasallado es tan inútil como un pajarito sin pico y enjaulado, casi muerto. No tiene sentido gastar en el mismo; basta con que se apliquen otras funciones para no perder el tiempo ni desperdiciarlo en largos dictámenes a resolver “en votación económica”. ¡Qué festejen la Navidad desde ahora! O que Andrés les pida quitarse sus ropajes de lacayos para hacer vivir la autonomía entre los poderes de la Unión.

El mayoriteo

Las mujeres exigen más espacios, pues los hombres siguen siendo mayoría en el ámbito político
Rafael Loret de MOLA

Cuando el Congreso no hace otra cosa que seguir los lineamientos del presidente en turno, sencillamente se destruye a sí mismo, deja de tener objeto, se reduce a la irracionalidad para supeditarse a otro poder, cuando el Legislativo debe ser considerado superior en cuanto aglutina la representatividad de la sociedad, en su conjunto, en donde como reza el artículo 36 de la Constitución reside esencialmente la soberanía popular. El mandatario, titular del Ejecutivo es quien obedece; el mandante es el pueblo, quien ordena. Tal es un principio democrático fundamental.

Otra cosa es la autocracia en la cual el jefe del Estado carece de contrapesos y domina, de facto, a los otros poderes de la Unión, el Legislativo sobre todo, a fuerza de ejercer el cuestionable “mayoriteo” dejando a las minorías en el penoso papel de testigos de piedra en la mesa de los chantajes soterrados. Desde luego no es por esto por lo cual votamos todos, los morenistas y quienes no lo son, en busca de una verdadera transformación del sistema político mexicano destinada a romper los antiguos moldes generadores de corrupción, demagogia y negligencia brutal ante la violencia imparable y, sobre todo, la guerra de las drogas engendrada y administrada por las agencias de inteligencia de los Estados Unidos: CIA, NSA, DEA y FB.

Es tan obvio el tema que asombra el cinismo de quienes señalan a los mexicanos como entes diabólicos cuando todos sabemos que los grandes “padrinos” habitan en Nueva York, Chicago, Washington y Los Ángeles, en espléndidas mansiones, como las de la poderosa novia de Chucky, Elba Esther, mirando en casi todos los casos al mar infinito en las bahías más deslumbrantes del país vecino en donde las hipocresías rebosan y la imagen de la justicia es un marine solitario sobre las dunas de Medio Oriente.

Es por ello que el Congreso debe ser un contrapeso y NO UN ALIADO del presidente en funciones. Lo vemos ahora con el anaranjado Trump, el nuevo y nada gracioso “pato” Donald, tambaleante por cuanto haber pretendido ser superior a la fuerza del Capitolio, hundiendo a placer a sus cercanos colaboradores quienes, muy temprano, le dieron la espalda para denunciar sus tremendas desviaciones; y ya se habla de un escenario semejante al de 1974 cuando Richard Nixon pereció políticamente tras el caso Watergate y al ser señalado por evadir impuestos diez años antes de su mandato. Por cierto, renunció al cargo… ¡y no pasó absolutamente nada catastrófico! El hombre se fue a su casa y el vicepresidente, Gerald Ford, ocupó la Casa Blanca para brindarle impunidad a su predecesor como decisión primera.

Nadie debe asustarse por ello. Estoy convencido de que el presidente electo de México quiere pasar a la historia como uno de los mejores de cuantos hayan ejercido el mayor de los cargos ejecutivos del país. Desea parecerse a Juárez, quien luchó por la integridad de la República; a Madero, el mártir que entregó su vida burguesa para alzarse como revolucionario; y al general Cárdenas, vindicador de las mayores causas sociales.

Para ello sólo necesita un instante de determinación que posibilite la acción del Legislativo sin interrumpirla para asegurar los intereses de su régimen o bloquear las iniciativas incómodas.

México sin chantajes

Rafael Loret de MOLA

Con la apabullante mayoría de Morena, la LXIV Legislatura –sesenta y cuatro–, comienza a trabajar sin despegarse todavía del mayor de los vicios de nuestro sistema: la sumisa actitud de los diputados y senadores que componen las fracciones vencedoras respecto a la voluntad presidencial que se traslada al Legislativo, sin detenerse en el principio de la autonomía entre los poderes que forman la Unión y el gobierno, como parte del sello, o del “estilo personal de gobernar”, como enfatizó el maestro Daniel Cosío Villegas hace más de medio siglo, de cada mandatario.

Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de este país y con la mayor escala de popularidad de la que haya gozado un mandatario –muy superior a la de fox en 2000 cuyo declive, además, fue casi inmediato–, no ha podido liberarse de las heredadas “tradiciones” autócratas de otros tiempos y, por ello, manifiesta su interés en legislar, a su gusto, aprovechando los largos tres meses –un poquito menos ya–, que lo separan de su asunción presidencial en el RECINTO que disponga el propio Congreso de la Unión. Lo deseable sería llevar adelante la ceremonia en San Lázaro y no en el zócalo, con los consiguientes riegos de logística, como propone Javier Hidalgo, uno de los neomorenistas demagogos.

Andrés Manuel López Obrador quien alcanzó el 53.4 por ciento de los sufragios oficialmente contabilizados –acaso fueron más conociendo las triquiñuelas casi invisibles de los oficiantes de la manipulación–, ha descendido cinco puntos en las preferencias públicas, situándose en 48 por ciento de aprobación según estudios publicados por el grupo Aristegui, no debe desdeñar el hecho de que el aval popular irá desvaneciéndose en la medida como ignore el clamor general contra algunos engendros –ya son varios-, atraídos por él y cuyos nombres enardecen porque están ligados, sin lugar a dudas, al viejo régimen.

Sólo falta que llame a sus filas a carlos salinas de gortari, gran bailarín al ritmo de ¡Tiburón, Tiburón! –no entiendo cómo quienes lo descubren lo dejan pasar atemorizados–, y apunte hacia el “derecho” a las segundas oportunidades. Ya ocurrió así en Perú con Alan García y quienes fueron sus gobernados, tras la reelección del personaje, rompieron sus vestiduras avergonzados por el desastre; ahora tienen un rey… pero en el toreo.

Es hora de que el Congreso actúe sin líneas presidencialistas, ni amagos de chantajes de una minoría rota y desprestigiada que no tiene siquiera cara ni fuerza para servir de contrapeso, arraigada a sus vicios y dirigencias obtusas, amorales y bajo escrutinio público. Y este es el riesgo mayor: la ausencia de una fracción, medianamente prestigiada, lista a batallar con las imposiciones presidenciales –lo que no quiere decir una obcecada negación a cuanto pueda resultar favorable–, cuando éstas se produzcan y caminen sobre la senda luminosa encendida por los incondicionales. Tal sería la mayor afrenta para la incipiente democracia.

Queremos un México sin chantajes ni retornos hacia el pasado, como el que representa Elba Esther. Y siempre creímos que Andrés, el presidente electo, estaría en la misma línea. ¿Lo está?

Pueblo y poder

EPN
Rafael Loret de MOLA

Algunos lectores poco informados –y por tanto susceptibles de ser manipulados con cualquier monserga–, reclaman por el hecho de que insistamos en el imperativo de correrle proceso a enrique peña nieto, ahora o a partir del primero de diciembre, con el falaz argumento de que “la Constitución prohíbe juzgar a un mandatario”, esto es como si se situara por encima de los demás mortales escapando del derecho pero sirviéndose de éste para golpear y perseguir a sus enemigos. Si tal fuera, la democracia nuestra sería una lejana utopía.

El error es tan grande como el de cuantos claman por la legalidad del aborto sin detenerse en el mandato acerca de que se permite el llamado “terapeútico”, cuando el embarazo pone en riesgo la vida de la mujer, y si la gestación ocurre como consecuencia de una violación. Pese a ello, tales apartados fueron rebasados por la exigencia de muchas mujeres –no todas como se dice–, a gobernar su propio cuerpo y decidir así su derecho a ser madres o no, aunque otros, más conservadores, insistan en que el feto en desarrollo ya no les pertenece a ellas. Una discusión interminable y con demasiados asegunes.

Pues bien, el presidente no está ni puede estarlo fuera de la ley; al contrario: está más limitado que ningún otro porque tiene obligaciones ineludibles tales como tener que denunciar a cualquier funcionario de quien se tenga referencia de haber cometido un delito o estar bajo fiscalización incesante –antes a través del Congreso y ahora, por un decreto contrario al espíritu del Constituyente, mediante el concurso de la Secretaría de la Función Pública que se ha hundido por las complicidades evidentes con el titular del Ejecutivo como, por ejemplo, en el caso de la casa blanca de los peña solapado por Virgilio Andrade Martínez–, rindiendo cuenta precisa de cada uno de sus actos; cuando menos tal dice la Constitución, seiscientas veces violada con reformas ad hoc de cada mandatario.

Los manipuladores, además, extienden así la idea de que a peña no se le puede procesar. ¡Mienten groseramente! En los 87 días restantes de su bárbara administración podría serlo por causa de un delito grave –y no es uno solo–; y después del 30 de noviembre, a la medianoche, en su nueva condición de ciudadano común no podría eludir el andar de la justicia sea quien fuese el promovente de la acción penal, función que también tendría el presidente entrante con el agregado de que la Procuraduría General de la República, o la Fiscalía General, están todavía ahora –aunque puede cambiarse si se determina la autonomía del órgano competente–, bajo el mando y tutela del Ejecutivo.

Lo anterior demuestra la gravedad de las filtraciones, sobre todo en las redes sociales, que confunden y aumentan el rencor de cuantos desconocen el fondo o pretenden tener conocimiento –porque algo leyeron proveniente de un manipulador– y por ello suponen estar mejor informados que los expertos a quienes tildan, generalizando, de serviles, mercenarios y, en el caso de los periodistas, como “chayoteros”, quienes viven a expensas ocultas del erario público. Y sueltan su palabrería venenosa con el vigor de las víboras, siempre agazapadas.

En México deben cambiar muchas cosas; comencemos con nosotros mismos siendo más inteligentes que los gurús cibernéticos simuladores.

El festín termina

EPN
Rafael Loret de MOLA

Pedantería, autoelogios, aplausos institucionales, parodia en su máxima expresión y un profundo desdén hacia las opiniones de nueve entre cada diez mexicanos que lo repudian. En este entorno, brutalmente parcial, el mensaje de peña nieto no fue sino el último de sus grandes actos de manipulación colectiva con el abrazo de los mercenarios del periodismo quienes, gustosos, aprovecharon el último tirón del régimen de la barbarie –física, económica y política– para equilibrar sus inmorales mesadas. Digámoslo con cero cobardía.

El señor peña debió comprar, con millones de pesos que usó del erario como si éste fuera su caja fuerte personal, la complacencia de no pocos editores dispuestos a “suavizar” la salida de quien mintió, siempre, desde su discurso inicial el ya lejano 2 de diciembre de 2012, con el mismo blindaje de siempre en Palacio Nacional, hasta su pretendida rendición de cuentas plagada de mentiras como esa de que nos lega –él, hágame favor–, mejores maestros y mayores estándares en la educación de calidad; sólo faltó que subiera a la tribuna la célebre Elba Esther, la diabólica “novia de chucky” –seguiré insistiendo en el apodo porque me da la gana y para hacer rabiar a quienes todavía creen en la mal entendida caballerosidad que asimila las afrentas y los plantones histéricos de las mujeres públicos, que no de las verdaderas damas–, para hacer redonda una entrega plagada de vergonzosas simulaciones, hipocresías, transas pueriles y complicidades abyectas.

Y no hablamos de Victoriano Huerta, el borrachín que vendió la vida de Madero a los estadounidenses entrometidos, sino del peor mandatario de nuestra generación quien exaltó el retorno del PRI a la Presidencia como una prueba fatal de que algo faltaba para fuetear a los mexicanos, como a las tercas mulas, luego de tantas traiciones a la democracia, la peor de todas, sin duda, la protagonizada por los fox en el 2000 cuando la esperanza fue aplastada con las botas y las hebillas con el apellido ultrajante de vicente.

Ahora, toca a juzgar a peña aunque el veredicto ya está dado. Basta observar, sin mediciones compradas por el mejor postor –las encuestas oscuras y los operadores de una mercadotecnia afín a los intereses de los corruptos en línea–, lo que piensan y califican los mexicanos sobre la actuación del futuro presidente para obligar a exigir justicia sobre el fútil perdón ofrecido por el presidente electo SIN la menor consulta a los mexicanos afrentados. NI PERDÓN NI OLVIDO. Y el presidencialismo autoritario sobra. ¿No fue por esto por lo cual votamos?

A la hora del finiquito de peña, los mexicanos estamos despiertos –y eso debe agradecérsele al mandatario electo–, pero pendientes de que las ofertas de justicia y libertad se cumplan… lo que no hemos visto en estos primeros meses de la transición, casi a la mitad de la misma, cuando el dolor ha aumentado al comprobarse ciertas componendas que benefician, sin duda, a dos de los peores líderes sindicales: la “maestra” excarcelada y el “Napito”, quien heredó de su padre al gremio minero, esto es como si fuera propiedad familiar, y retornó a México cual si fuera uno de esos viejos caudillos de la posrevolución; sólo faltaron un tren y los bombines.

Sí, estoy furioso ante tantas vindicaciones de los absurdos.