Web Analytics Made Easy - StatCounter
Director general: Miguel Cantón Zetina | @MiguelCanton1
Somos parte de:
Miercoles 21 Noviembre del 2018
cielo claro 19°

Piense

Debates y tigres

Rafael Loret de MOLA

El Instituto Nacional Electoral, encabezado por el racista Lorenzo Córdova Vianello, dispuso que deberán realizarse tres debates “oficiales”, uno cada mes desde abril –en la Ciudad de México, Tijuana y Mérida–, suficientes, según el criterio de los consejeros, para que cada postulante exponga propuestas y confronte opiniones con sus adversarios. Más de tres, según observo, causarían desinterés y aburrimiento en la opinión pública por la reiteración de los argumentos.

Para ello, en la Ciudad de México, el 22 de abril y en el Palacio de Minería, los postulantes hablarán de “política y gobierno”, temas candentes que obviamente darán lugar a réplicas severas por cuanto al análisis del actual estado de cosas situado en el abismo de la crisis; además, será entonces cuando también puedan señalar las tremendas diferencias entre las dirigencias que forman alianzas desde polos opuestos; las tres, para decirlo de una vez.

El segundo será en Tijuana, Baja California, en la Universidad, el 20 de mayo, en plena canícula, para tratar sobre las relaciones de México con el mundo, tema que seguramente se centrará en los bipolares desencuentros con el mandatario de los Estados Unidos y la sumisión de nuestro gobierno, además de los desiguales vínculos con la Unión Europea.

Finalmente, en Mérida, a realizarse el 12 de junio en el Museo del Mundo Maya –en donde no hace mucho presenté el libro Volvemos al Polvo de José Antonio Ceballos y con Armando Manzanero–, a las nueve de la noche, para hablar de la economía y el desarrollo, dos asuntos obviamente empantanados y que obligarán a los participantes a cruzar opiniones para reventar a los rivales con las alegaciones proselitistas finales y a diecinueve días de distancia de la contienda nacional, incluyendo los tres destinados “a la reflexión” que, desde luego, a nadie le interesa realizar.

Me parecen suficientes y completos si los candidatos no dilapidan el tiempo lanzándose bravatas o presentando copias de acusaciones –a Ricardo Anaya lo persiguen ya hasta en la OEA a donde llegó Claudita Ruiz Massieu clamando por justicia y en evidente desprecio a las autoridades mexicanas quienes quieren lavarse las manos; cuando menos es paradójico–, en medio de berenjenales de adjetivos inútiles y hasta prosaicos. No faltarán quienes aseveren que uno se irá a “La Chingada” –el rancho en Palenque–, otro será conminado a pedir asilo en Atlanta y un tercero podrá solicitar visitar un meadero para dar lustre a su nombre. Y es esto lo que NO queremos ver ni escuchar. Para vulgaridades, las comadres del PRI y algunos “memes” fuera de tono.

Por tanto, sobra la invitación a comenzar los debates extraoficiales aprovechando este periodo en el que todos lo dirigentes partidistas se han reído en la cara de los consejeros del INE sin que éstos se pronuncien: se supone que en la llamada “intercampaña” habrían de cesar los actos propagandístico y éstos han sido más numerosos que los de la llamada “precampaña”. A partir del 31 de marzo, dentro de once días, los temas estarán agotados y el hastío de la ciudadanía habrán de pagarlo muy caro, con desinterés, abulia y, en su caso, abstención.

Se les pasó la mano.

Pobreza

Rafael Loret de MOLA

Cuando escucho, una y otra vez, al Conan del Norte, Jaime Rodríguez Calderón, que los programas asistenciales reducen la capacidad de producción y fomentan el ocio, me pregunto cuántas veces el hipócrita ha sentado a su mesa a las servidoras domésticas o a sus choferes y guaruras, los caballerangos incluidos, para compartir los alimentos; también si ha recorrido las zonas marginadas, por ejemplo en Oaxaca en donde existen quinientos setenta municipios, algunos de los cuales regidos por el concepto de “usos y costumbres” para evitar alterar la paz comunitaria.

Quien conoce México sabe muy bien que la tremenda desigualdad de clases, corregida y aumentada por el neoliberalismo mal llamado social, obliga a amortiguar los efectos de los posibles estallidos, de los gritos de batalla de los infamados, no es una quimera ni una mera ocurrencia, como la siniestra estupidez de mochar manos a los corruptos cuando no ha sido capaz de amarrarle los pies, como prometió, al fugado Rodrigo Medina de la Cruz, su predecesor a quien sólo detuvo unas horas para luego culpar a los jueces de dejarle las puertas abiertas y deslindarse del asunto. Claro, cómo ha estado solo en el gobierno de Nuevo León, sin diputados de su corriente ni alcaldes de procedencia cercana, le resulta muy sencillo lavarse las manos con la esencia de Poncio Pilatos acaso recogida por las tierras de Israel.

La realidad es que, por encima del factor de la violencia –gravísimo, desde luego–, debe situarse el de la miseria colectiva, donde se encierra buena parte de los mexicanos sin otra salida que la búsqueda diaria de la supervivencia –no hablamos de Venezuela, hipócritamente–, bien disimulada por otro bárbaro, éste del Bajío, vicente el de Martita, quien redujo ceros para aducir que con dos dólares al día de ingresos era suficiente para dejar la pobreza extrema; y de un carpetazo, los marginados pasaron a ser menos en la escala nacional erigiéndose como “rescatista” falsario de la sociedad. ¡Qué grave es cuando los demagogos ignorantes ganan el voto popular a golpe de chascarrillos, apodos, comparaciones y supuestas vivezas!

En 1976, casi al final de su campaña presidencial, lópez portillo gritó en una casa redonda de Salamanca, Guanajuato, a la vista de la chatarra ferroviaria, resultado del maridaje entre el abandono oficial y el saqueo del “líder” Víctor Flores Morales, un auténtico gángster jamás castigado por sus excesos:

–¡Nos habíamos olvidado de los ferrocarriles!

Todos pensamos que tal era un mensaje para rehabilitarlos, pero no fue así. Hoy, todos, en conjunto, podemos señalar a la clase política y lanzarle a la cara un solo grito:

–¡Se han olvidado de la pobreza!

Entonces, sin remedio, bajarían la cara avergonzados. Siquiera eso si un poco de pudor les queda.

Los fantasmas

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

¿Nos alcanza el pasado o, más bien, nunca se fue y estamos atorados en la oscuridad del tiempo, que no corre como el reloj sino se detiene cuando la muerte acecha? Sucede igual que en las historias de tantas familias, en los velatorios de los jefes de los hogares –no hablemos de casas porque éstas, en media docena de entidades, se las llevan los huracanes o los terremotos–, donde no faltan las leyendas acerca de las manecillas detenidas en el momento final a la partida del difunto. Me aseguran que en casa de mis abuelos, en Mérida, sucedió lo mismo con aquel reloj de pie, inmenso y bellísimo, acaso elaborado por los expertos de Zacatlán de las Manzanas.

Ahora, han vuelto a sonar las campanadas como amenazas de la historia en la residencia oficial. El deambular de once mujeres, brutalmente afrentadas en San Salvador Atenco, contando las mil aberraciones de policías y militares en aquel operativo represivo en el cual se pretendió reducir la bravura de los machetes con armas de fuego y persecución de mujeres y niños sin defensa posible hasta dar cauce a prisiones injustas, violaciones múltiples, acoso permanente, en un infierno que, en la tierra, superó al inframundo situado más allá de las entrañas del planeta en donde se castiga las bajezas –dicen– para que la fe siga deteniendo el impulso de venganza. En lo personal, nunca he creído en la doctrina de la resignación, una falacia para proteger a los poderosos.

Los fantasmas, señor peña, lo seguirán por todas partes, antes y después de Los Pinos, irreversible y sin posibilidades ni de refrendo ni de estadía prolongada gracias a la sabiduría del Constituyente lejano pero todavía vigente

Vistas al exterior

Rafael Loret de MOLA

Resulta increíble, a estas alturas de la asfixia presidencialista, que los emisarios del PRI, encabezados por Claudita Ruiz Massieu –quien escupe sobre la tumba de su padre, asesinado por la mafia a la que ahora ella sirve–, decidieran ir ante la OEA para darle difusión internacional a la ofuscada persecución contra Ricardo Anaya, el panista aliado con el PRD y MC, por supuesto lavado de dinero del orden de seiscientos millones de pesos aunque el meollo del asunto se centra en la compraventa de un galerón en 54 millones de pesos.

Si se habla de lavado de dinero, por cierto, debe asentarse, y con claridad, que los montos manejados por los grandes capos y los políticos infiltrados –por lo general del PRI pero también en otros partidos incluyendo la derecha y la izquierda–, son muy superiores a los cauces seguidos por Anaya y su familia; no bajan, para decirlo sin eufemismos, de mil o más millones de pesos por decir lo menos y en este trance 54 millones son una bicoca muy lejana a las desviaciones ¡por seis mil millones de pesos! a través del método Rosario –por la señora Robles–, triangulados hacia universidades y de éstas a empresas diversas sin que NADIE explique en cuáles manos quedaron.

La señora Ruiz Massieu, por cierto, entregó una carta y “un expediente” al secretario general de la OEA, Luis Almagro, abogado y político uruguayo, quien debe haberse sorprendido que el partido en el poder en México parezca no reconocer la eficacia de sus propios instrumentos persecutorios –la PGR entre ellos–, y requiera la bendición de instancias internacionales para aspirar a alguna validación bajo el supuesto de que la OEA está al servicio de los gobiernos afiliados y no de los intereses colectivos; por ello se traslada a esta institución, cuyo desprestigio ha ido en aumento al darle seguimiento a las condiciones de las potencias del orbe y no a Latinoamérica, la inescrupulosa acusación, obviamente insostenible en la perspectiva nacional incluso ante organismos de falsa autonomía y al servicio, por ahora, del peñismo cobarde.

Mientras tanto, Anaya, en busca de blindaje, acudió a entrevistarse con Ángela Merkel, por segunda vez ya en calidad de candidato, y seguirá viajando, por Chile y Estados Unidos, para hablar de las resistencias democráticas en México, como él lo plantea, aun cuando con ello aumente la mala imagen del gobierno de nuestro país en la perspectiva orbital.

Por cierto, la canciller de Alemania insistió en que impulsar el libre comercio, contra las prácticas restrictivas del anaranjado Trump, sólo sería posible si perviven las prácticas democráticas sobre las represivas con instrumentos del Estado enfilados hacia los opositores. Sea como fuese, y a diferencia de Andrés, Anaya sostiene que, de ganar, encerraría a peña tras denunciarlo penalmente por innumerables delitos.

Por su parte, contra quienes alegan lo contrario, Andrés no ha viajado a Venezuela… ni a Moscú.

Terrorismo de estado

Foto: CUARTOSCURO
Rafael Loret de MOLA

Treinta y tres años transcurridos desde los sismos devastadores de 1985 y el primer aniversario de los de 2017, hace apenas doce meses, con un hilo conductor entre los dramas: la negligencia ominosa de las fuerzas gubernamentales, con reacciones tardías primero y con negligencia criminal después respecto a los miles de damnificados, en la Ciudad de México, Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Puebla, Tlaxcala, Morelos y hasta Tabasco. Pegaron duro y resistimos; lo mismo hubiese sucedido sin gobierno, digamos con la anarquía como guía porque, hasta la fecha, quedan huellas de lo ocurrido hace más de tres décadas y los oficiosos rastreadores de horrores siguen buscando los fondos destinados a quienes lo perdieron todo, en miles de casos hasta las vidas.

Recordamos pero seguimos viviendo en un presente ominoso. Desde 2011 comenzaron a “descubrirse” las fosas clandestinas en San Fernando, Tamaulipas, después de un año de la masacre, en ese mismo lugar, que costó la vida de setenta y dos migrantes sin mayores explicaciones oficiales salvo el consabido “llegaremos al fondo” que ni remotamente se toca. Por supuesto, quienes se avocaron a resolver supuestamente los crímenes de lesa humanidad nunca se toparon con los infectos agujeros donde se depositaron los cadáveres. Sólo que les fallaron los cálculos: se encontraron restos de 193 personas en 47 fosas. El negocio de la muerte –de emigrantes desesperados y sin derechos–, se les salió de las manos.

Tamaulipas sigue siendo un narco-estado –muy a pesar de lo que diga el descastado Egidio Torre Cantú quien no fue capaz, siquiera, de poner la menor voluntad para tratar de resolver el misterio prevaleciente sobre el asesinato de su hermano que le permitió al primero escalar el poder sin obstáculos–. Y hoy ni quien le finque responsabilidades en una evidente alianza entre Francisco García Cabeza de Vaca, el panista tránsfuga con antecedentes penales en los Estados Unidos, concretamente en Laredo, donde fue fichado por robarse automóviles hace tres décadas.

Y seguimos con otras entidades igualmente dominadas por los grandes capos: Guerrero, Michoacán –desde donde el insolente Fausto Vallejo Figueroa lanzó querellas por daño moral que le rebotaron por falsario y pretenso ofensor de la libre expresión–, Veracruz –bajo el padrinazgo de los últimos tres gobernadores, pero sobre todo el más reciente–, Morelos y Oaxaca, entre otras. ¿No es éste un verdadero terrorismo de Estado auspiciado para esconder complicidades mayores y dar cauces a gobiernos preñados por los grandes capos?

No es casualidad que se demuestre que algunos mandatarios, como el saliente de Guanajuato, Miguel Márquez Márquez, hayan ocultado, sin ninguna justificación, la ubicación de varias fosas para evitar, según dice, nuevos escándalos que pudieran estallarles a los mandatarios provenientes del PAN, curiosamente, en la línea azul de la geografía patria que va tiñéndose del rojo de la sangre derramada. Salvo Guerrero, las entidades más afectadas han estado o están gobernadas por Acción Nacional. Ojo con esto. ¿Tal fue el precio para asegurarse victorias electorales con un PRI devastado por el peñismo o la continuidad panista en el poder?

El asunto es por demás delicado. Pero es necesario comenzar a abrir las carpetas.

Rebasados

Rafael Loret de MOLA

Por Holanda ya se tiene programado terminar con el consumo de combustible en el año 2025, dentro de nueve para ser preciso, a cambio de utilizar bicicletas con bandas y motores eléctricos, no contaminantes, para caminar con rapidez sin necesidad de gasolinas. Tal, por supuesto, les libraría de la dependencia del petróleo y provocaría, de extenderse como se espera esta medida a otras naciones de Europa, una tremenda, irreversible, caída en los precios del crudo, cuando así convenga a la nación con mayores reservas en el mundo: los Estados Unidos a menos que, lo dudamos, se imponga la Unión Europea a los multimillonarios norteamericanos que se alegraron por la llegada del “pato” Donald Trump a la Casa Blanca. Y ahora desea comprar el premio Nobel de la Paz que se empequeñecería.

Mientras, en Alemania se esmeran en edificar grandes zonas para captar la energía solar como sucedánea de la eléctrica y así cubrir sus necesidades, de la manera más natural, sin requerir de enormes inversiones y sus secuelas, desde la peligrosa construcción de plantas nucleares –la solución ideal para los estadounidenses–, termoeléctricas o hidroeléctricas, como la mayor parte de las nuestras que aprovechan la fuerza del agua mientras ésta no se acabe por los predadores urbanos y el colapso en cuanto a la creciente demanda del líquido en la macrópolis llamada ciudad de México que absorbe cuanto necesita el campo para sobrevivir sin haberse logrado la cultura necesaria para evitar el diario desperdicio.

¿Cuántos de ustedes, amables lectores, suelen detener su andar, siempre apresurado, cuando observan cómo las mangueras de algunos jardineros están inútilmente abiertas hasta anegar las banquetas? ¿Les recaman por ello o simplemente toleran lo abusos, descendiendo al arroyo, con los consiguientes riesgos, sin chistar? Por aquí debería comenzar, por ejemplo, nuestra #cerocobardía. Por desgracia, nos hacemos los tuertos y seguimos sin denunciar estas anomalías que trastornan, en mucho, la vida de la ciudad y nuestra propia existencia. Ya es hora de ser congruentes con nuestros deberes colectivos.

Lo mismo va para quienes, abusivos, sacan a tres o cuatro perros a pasear, además de cuantos son contratados ex profeso para ello, y ganan los espacios dedicados a los niños cuyas cuidadores temen dejarlos corretear ante la mirada y los “jugueteos” de los animales. No son pocos los casos de criaturas, y de personas mayores, brutalmente lastimadas por la prepotencia y negligencia de los amos de las mascotas de razas agresivas a los que sueltan sin siquiera un bozal –dicho de otra manera: el cautiverio al que las someten tiene enormes inconvenientes como el descrito cuyo parangón sería el del hollywoodense Hanibal–, o el menor cuidado para los demás, tantas veces acosados.

Me enfada, y mucho, que habiendo espacios propios para pasear a los perros no se respeten las sendas y los parques en los cuales se prohíbe la presencia de animales –salvo las curiosas ardillas que liberan de predadores las zonas de recreo–, y he debido sostener serias discusiones con los prepotentes que se creen dueños de la ciudad; algunos de quienes se ejercitan por la mañana han dado cuenta frecuente de estos abusadores con escasa fortuna y no son pocos aquellos que logran mantener su conducta ilegal a costa de distribuir mordidas… ¡y denunciar a los ofendidos! No he llegado a este extremo pero sí, casi, a los empellones y los insultos de los “amos” impetuosos cuya egolatría es tanta que requieren rodearse de perritos al estilo de Hitler.

Y vamos a escuchar el segundo “debate” con todo y las comparsas.

La escalada

Rafael Loret de MOLA

En París estalló en 2015 la más grande advertencia, esa que no quisieron ignorar algunos cotidianos del norte del país que ahora se niegan a publicar informaciones relacionadas con las mafias del narcotráfico, ensoberbecidas e intocables. En París, nada menos, allí donde dio inicio en 1968 al movimiento estudiantil emancipador confundido por muchos como una rebeldía insana y promovida con intenciones de dominio por parte de cuantos pretenden movilizar al mundo, durante seis horas no cesaron los disparos contra las instalaciones de una revista satírica que había publicado caricaturas del profeta Mahoma como si con ello se lanzara un misil para iniciar una nueva “guerra santa”, el señalamiento más feroz de los fundamentalistas llenos de rencor contra el obsesivo intervencionismo estadounidense.

De inmediato, claro, los calculadores españoles se montaron en la misma nave aduciendo que había un paquete “sospechoso” en los edificios del Grupo PRISA –en auge en México a partir de las concesiones de felipe calderón–, y de su periódico El País, el cotidiano más vendido ya en algunos puestos de las colonias de mayor poder adquisitivo en donde se han instalado las felices colonias españolas, alemanas y estadounidenses listas a hincar los dientes sobre los recursos de nuestro subsuelo avasallando a las empresas mexicanas demasiado temerosas y especuladoras. Esto es, como si en esta institución no se recibieran, a diario, como lo he constatado personalmente, diversos “bultos” conteniendo cualquier cantidad de elementos de dudosa procedencia.

Puras trompadas

Rafael Loret de MOLA

Golpes por aquí y por allá, muertos en cada entidad, justificaciones vanas y pueriles por parte de las autoridades –según peña estamos en el país en donde no pasa nada… pero ya sabemos cómo es–, incongruencias notables, propensión a la mayor e indignante corrupción de la historia, amafiamiento evidente con las peores células del crimen organizado, incluyendo los cárteles de mayor cobertura, y una notable tendencia a fabricar, ya desde ahora, el fraude comicial para el 1 de julio próximo. ¿Creemos en el gobierno o en la memoria histórica y el acopio de jornadas impregnadas de vileza en donde se juega con la voluntad general?

Sólo trompadas, como las de los niños de primaria que se disputan el terreno propio para los juegos en el recreo o acaso una mordida a la torta del compañero, el debilucho y tímido de sus compañeros, sin que nadie recuerde los hechos a día siguiente mientras los maestros vuelven las espaldas y se hacen tontos para evitar escandalitos. Así, hoy, los gobernadores presionados a actuar como indican los intereses del mandatario federal, ávido en conseguir la hazaña de manipular los votos para hacer ganar a su candidato e impedir cualquiera desviación o fisura de eso que llaman el sistema político.

Arañazos que, sin embargo, tuvieron un detonante mayor, ¡ah, Chihuahua!, en la norteña entidad en donde la violencia se ha disparado como nunca: en el principio de año, la primera semana de este enero, cayeron sesenta y una personas por la violencia sorda y no sólo entre los grandes grupos delincuenciales.

Voladores

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

A estas alturas del recién inaugurado proceso electoral, con incertidumbre sólo en la fusión de la ultra derecha y la izquierda dubitativa, el PAN y el PRD para ser más precisos, es obvio que se han dado ya movimientos de piezas y estrategias ante la sorprendente reacción de la clase política, la sorpresa de parte del electorado y las encuestas que no dejan tranquilos a los aspirantes y sirven para inducir caminos que, acaso, no habrán de recorrerse. Ni modo que con tan poco se olviden las afrentas. Veamos:

1.- Para desconcierto de muchos, el simpatizante priísta, José Antonio Meade, exhibe una seguridad pasmosa ante la evidente repulsa de la ciudadanía al peñismo y al PRI. Más allá de pujas internas es evidente que estas cesaron en cuanto se produjo el “destape” y comenzó a hablar el aspirante, con suavidad en la voz y dureza en los conceptos sobre sus adversarios.

2.- El llamado Frente Ciudadano, como pronosticamos a tiempo, debate por su supervivencia a sabiendas de que, por primera vez, la derecha y un sector de la izquierda se unen con el objetivo común de derrotar a Andrés y su Morena, sin darle importancia, hasta hace unos días, al abanderado priísta. Contra Ricardo Anaya se da un fenómeno similar al del TUCAM –todos unidos contra Madrazo–, fenómeno que desplazó, con no pocas traiciones de algunos gobernadores, a Roberto Madrazo en la candidatura priísta de 2006; el nocaut de éste fue fulminante.

3.- Finalmente, Andrés y sus incondicionales, siguen seguros de vencer pero no toman a chiste ya al supuesto priísta con quien compiten.

Los republicanos

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Sin duda, el Partido Republicano de los Estados Unidos tiene más de siete vidas. Ha sufrido, en carne propia, algunos de los sucesos más denigrantes a lo largo de la crónica norteamericana, y pese a ello no cesan de revolver los distintos aceites y posturas de quienes lo forman; creo, de verdad, que el grupo más preparado es hecho a un lado cada que llegan los tiempos electorales. Por ejemplo, estoy seguro de que Condoleezza Rice, la ex secretaria de Estado de Bush junior, republicanos los dos, hubiera hecho un espléndido papel contra la señora Clinton.

Pero no. A través de las décadas la concatenación de errores sólo ha podido amortiguarse por dos elementos que privan, por desgracia, entre sus seguidores: la xenofobia y, por consiguiente, un nacionalismo exacerbado y ramplón que contradice los sostenes de la moderna globalización. A estas alturas, tras mostrarse el “pato” Donald Trump, el miserable, con todo su fulguroso racismo, me aterra, como ya he expresado, el hecho de que exista entre el electorado estadounidense, cuando menos, la mitad de seguidores de una política belicosa, incendiaria, discriminatoria y perseguidora de los inmigrantes cuyos brazos abaratados sustentan la economía del sur de EU.

Ya hemos percibido el mal talante contra los mexicanos en no pocos ciudadanos y funcionarios de la Unión Americana; a medida que Trump aumentó sus momios en las encuestas cuando candidato, las fobias igualmente se observaban al alza al grado de que el trato y el lenguaje corporal hacia los mexicanos eran ofensivos por evidentemente despectivos.

Economía abierta

FOTO: PRESIDENCIA /CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

@RloretdeM1

EL SEÑOR PEÑA , OBSERVA LAS COSAS DE DISTINTA MANERA A COMO LAS VEMOS LOS DEMÁS MEXICANOS

Para él todo está en orden, incluso tenemos una “economía abierta”. Está firme como los cimientos de la escuela Enrique Rébsamen, con la bendición del cardenal en retiro Norberto Rivera.

En este tono de demagogia grosera transcurren los “spots” del señor peña para preparar su retiro, dentro de 95 días, y su inocuo “informe” final en olor a oposiciones y fracasos. Obviamente no pisará el pleno camaral, como desde que los legisladores le cerraron las puertas a los fox, en septiembre de 2006, tras el fraude electoral del mismo año.

El supuesto presidente, ha dicho que deja “una economía abierta” para alentar las inversiones. Conversé sobre ello con un estudiante de Economía y le pregunté a quemarropa:
–Si estuviera en tu mano invertir ahora, ¿lo harías en México? –No, definitivamente.
–¿Y eso por qué si eres mexicano?
–Fácil: no entregaría un solo centavo a los narcos; dueños de todas las riquezas de la nación, aliados con las multinacionales disfrazadas, estadounidenses, canadienses y españolas, sobre todo.

No tuve réplica posible. La juventud tiene la mente más fresca; lástima que se pierdan en la incomunicación para dialogar con la tecnología, el verdadero imperialismo de hoy. El mundo cibernético atrapa más que los grandes armamentos dispuestos a invadir y capturar a los “enemigos” cuando ya no se sabe, con claridad, cuáles son éstos: si los que guerrean contra las grandes potencias o éstas en su afán de crecer sobre los derechos de las soberanías ajenas.

En este convulso universo, navega Andrés hacia la Presidencia con la mafia queriéndole asfixiar.

Caminos mortales

Rafael Loret de MOLA

Hace algunos años, cuando menos una década completa, percibimos e informamos que la distensión hacia los tráileres cargados con droga, a su paso por las autopistas de los Estados Unidos, sólo podía tener una explicación: el visto bueno de los aduaneros y los agentes de la Border Patrol estadounidense. En efecto, a partir de este punto, fue descubriéndose que la estabilidad del mercado estadounidense de estupefacientes deriva en buena medida de la capacidad de las agencias de inteligencia para mantener los equilibrios y simular la persecución de los cárteles mexicanos, con los que se entienden, sembrando cadáveres como rastrojos inútiles.

Al gobierno le molestó enormemente que se hablara de nuestro país como un enorme cementerio de fosas clandestinas en voz de algunos mandatarios centro y sudamericanos acaso molestos por la intromisión de los cárteles en sus propios países, digamos en Colombia en donde la paz pende de un hilo pese a los esfuerzos mayúsculos para detener a los narcotraficantes de Cali y Medellín sobre todo –la historia de Pablo Escobar ya se convirtió en leyenda telenovelera–, y ahora se percatan que son los capos mexicanos quienes mantienen el comercio envilecido. ¿Qué se puede esperar en el futuro?

Pero más brutal aún es la ausencia de capacidad de nuestros gobernantes para hablar claro en la Casa Blanca y exigir, con pleno uso de la soberanía nacional, que se proceda en la Unión Americana con la misma rudeza con la cual se persigue y mata a los agentes del mal y sicarios en territorio mexicano. ¿Para eso es para lo que les permiten a los policías de extranjero portar y usar armas sobre territorio nacional? Me temo que sí.

Ahora, la denuncia ha crecido sobre la propensión de aduaneros y agentes fronterizos a corromperse no sólo por dinero sino igualmente por su inclinación por las ofertas sexuales de primera línea. Las deformaciones sobre las costumbres estadounidenses, mil veces difundidas por la televisión, crecen sin remedio; pero la basura la siguen arrojando sobre México.

Sueño invernal

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com.mx

Amanecimos y no había barricadas alrededor de Los Pinos ni se vendían drogas en las secundarias, y la policía era la institución más respetada por la ciudadanía. No había evasores fiscales porque, claro, la ciudadanía confiaba plenamente en la buena administración y destino de sus impuestos más allá de las mareas intermitentes de la política. No había incluso de habilitar, en la Carta Superior, el término corrupción como el ponzoñoso virus que destruye y carcome por dentro al sistema político mexicano. Ya ni siquiera se discutía sobre la autenticidad del indio Juan Diego, cuyas visiones de la Guadalupana fueron puntos de identidad para la naciente nación mexicana, y nadie hacía del fervor popular arma proselitista para intentar conservar el poder. ¿Se acuerdan de los fox?

Era un día despejado, sin turbulencias en el paisaje y sin agobios por la inminencia de los huracanes financieros críticos. Vivíamos bien, tan estupendamente, que el Metro ya no era materia de demagógico subsidio porque, sencillamente, el poder adquisitivo general lo posibilitaba.

Pero este día, en fin. Todos contaban con empleo digno lo que hacía innecesaria las manifestaciones, que de acuerdo a la estadística oficial, hay veintiún movimientos sociales, entre marchas y plantones, cada día en el Distrito Federal, según nos confió Manuel Mondragón y Kalb, cuando era responsable de la seguridad pública metropolitana; y aseguraba a los legisladores un ingreso compatible con “la digna medianía” en donde situó el Benemérito Juárez a los servidores públicos dentro de la tabla de salarios.

Guante blanco

Rafael Loret de MOLA

Le devuelvo el guante. Allá en los campamentos de 2006, Porfirio Muñoz Ledo se atrevió a calificarme como el único “revolucionario” de mi familia con soslayo de mi padre y de mi hijo. Lo que son las cosas. En ese diálogo el único aristócrata era Porfirio cuyo nombre revela a sus ancestros: Muñoz Ledo y Lazo de la Vega, patronímicos de la vieja corte de don Porfirio, el otro, quien murió en París tras ser obligado por la toma de Ciudad de Juárez por parte de las tropas de Madero –Villa y Orozco–, a dejar el poder… y sus restos allí permanecen a la sombra en el cementerio de Mont-Parnasse.

Pues bien, don Porfirito lleva muy bien el mote que le impusimos: “el Churchill mexicano”, tanto por su cultura bélica como por mudar de partido cada que se lo propone. Fue miembro del PRI, hasta llegar a la Presidencia del mismo, entre 1954 a 1987, esto es treinta y tres años con múltiples cargos públicos, entre ellos la secretaría del Trabajo con echeverría y la de Educación con lópez portillo; fundó al Partido de la Revolución Democrática, del que fue también presidente, de 1989 a 1999; ese año se afilió al PARM para competir por la Presidencia de la República y en 2006 aterrizó en el Partido del Trabajo para lograr una senaduría; y, finalmente, en busca de su acomodo entre los diputados, a sus 85 años pasó a MORENA, este mismo año, y se convirtió en el presidente de la Mesa Directiva de la Cámara Baja.

No hay que olvidar que el de apellido aristócrata formó parte de la Comisión para la Reforma del Estado, encabezándola, y pudo ser admitido como panista si hubiese avanzado el proyecto; por desgracia, fue grande su frustración al observar que lo realizado por él y sus copartícipes quedó en uno de los habituales cuentos de “cazadores” tan asiduos en el ranchero de las hebillas y botas con sus siglas, en plenitud de reflejos ególatras.

Por cierto, Muñoz Ledo compitió por la gubernatura de Guanajuato en 1991 cuando el fenómeno fox arrasó con la designación, avalada ya por el Congreso estatal, del priista Ramón Aguirre Velázquez, uno de los grandes consentidos de miguel de la madrid, rey de la cofradía de la mano caída. Cuatro años más tarde, tras un “breve” interinato de Carlos Medina Plascencia, vicente alcanzó la gubernatura ansiada como plataforma para llegar a la Primera Magistratura y traicionar después su condición de demócrata convirtiéndose en uno de los signos más abyectos de la derecha.

Quizá por tanto batallas en su larga carrera de político talentoso –lo es, sin duda–, a veces regula y se sitúa en la línea del protocolo institucional. Por ejemplo, al negarse a aceptar una solicitud de moción de orden para llamar la atención del rapaz peña en cuanto a dirigir un mensaje la nación con el sello del VI Informe, sin presencia del Congreso y sin haber invitado al presidente electo. Una aberración, jurídica y política, por donde quiera que se vea. No importa que el evento se hubiese convertido en costumbre por la repulsa violenta de la oposición aun cuando el PRI se mantenía como la primera fuerza en sendas Cámaras. Ahora, ni pensarlo. Es ilegal, no tiene fondo ni forma y, además, excede las funciones del Ejecutivo quien tiene el deber de limitarse a ejercer las funciones específicamente señaladas en la Carta Magna “y las leyes que de ella emanan”.

Al impostor de Palacio le quedan ya 81 días ensuciando la silla presidencial.

Cambio de planes

Rafael Loret de MOLA

Hace un año, los debates camarales concentraron la atención en la posibilidad de legalizar la marihuana, favoreciendo con ello a la nueva aristocracia de la que forman parte destacada los Fox, la pareja expresidencial, mientras el país perdía soberanía e identidad por el Acuerdo –o Tratado– de Asociación Transpacífico. México, como nunca antes, está a la deriva y ya no depende de sí mismo para observar el futuro ni con miras a forjar su destino. Como nación estamos en jaque frente a las grandes potencias del orbe.

Por cierto, en México señalamos como tratado lo que para Estados Unidos es un “acuerdo”. La diferencia no es poca: un acuerdo se centra en la relación con otros países basado en el mutuo consentimiento y con obligaciones marginales; puede incluso considerarse como un acto de amistad y nada más, esto es sin protocolos mayores para su eventual cumplimiento y con facilidades para salirse del mismo sin sanciones de ninguna clase.

En cambio, un “tratado” implica el cumplimiento cabal de obligaciones y las consecuentes sanciones por negligencias o fallas en un rango mucho más elevado y con límites y derechos perfectamente establecidos. Esto es: al firmarlo un gobierno se compromete a no desviarse del rumbo establecido ni cuando ocurra una alternancia de partidos o un cambio sustantivo en la estructura gubernamental. La diferencia es, por tanto, tan grande como la ignorancia de los legisladores sobre las diferencias entre un mero acuerdo y un tratado… pese a que el de Libre Comercio de América del Norte ya tuvo efectos, no muy favorables, en nuestro territorio.

Provocaciones

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

No es que me lleguen las provocaciones; más bien es preocupante la estrategia de los operadores del marketing de las campañas, en el sentido de ahogar a los comunicadores con mensajes insidiosos, amenazas y, sobre todo, una inquina poca veces vista sin más objetivo que justificar hasta los traspiés de sus iconos y jefes. Los incondicionales son la peor plaga de la democracia.

Hace unos días, me atreví a deslizar una crítica sobre la entrevista televisiva a Andrés Manuel. Dije, sí, que peña no era el único que tartamudeaba y dejaba exhibir sus lagunas mentales. Recuerden que en este mismo espacio he analizado un fenómeno singular: en nuestro país, los mayores antagonistas acaban pareciéndose el uno con el otro por una especie de admiración íntima o por ósmosis. Pero sucede.

Como reacción, los incondicionales de Andrés consideraron una ofensa enorme plantear lo anterior, alegaron que era ofensivo, e incluso contrario a los derechos humanos, exhibir la mala dicción del tabasqueño y su lento hablar, “comiéndose” en silencios los minutos de televisión concedidos a él –un hecho poco frecuente y rescatado por la importancia de un liderazgo que aglutina a entre 12 y 15 millones de compatriotas–, y evadiéndose de cuestiones comprometedoras como, por ejemplo, su percepción sobre las locuras de Donald Trump, el “pato”, a la Casa Blanca.

Adujeron que era por la edad, la enfermedad, los modismos tabasqueños –conozco a varios políticos de esas tierras del “edén” y no caen en una acentuación tan pronunciada por sus orígenes–, y porque es característica en él ir despacio porque “tiene prisa”.

Novenarios

MÉXICO, D.F. 20NOVIEMBRE2006.- Andrés Manuel López Obrador tomó protesta como presidente legítimo de México en el zócalo. Rosario Ibarra de Piedra y Claudia Sheinbaum. FOTO: IVÁN STEPHENS/CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

Para muchos todavía será una larga espera bajo el peso de la incertidumbre; otros, en cambio, hacen hasta novenarios rendidos ante la esperanza que alumbra a partir del ya muy próximo 1 de diciembre. Por un rincón, se invoca al diablo para ver si el camino se tuerce hacia el inframundo; más allá, el pueblo sonríe, porque ahora sí, le llegó la hora final a los infames y habrá de iniciarse una nueva era en donde la corrupción sea extirpada porque así lo dijo el presidente electo. Nunca, eso sí, había sido tanta la expectación.

Un mes y nueve días más. Menos de cuarenta como los que destinó Jesús, de acuerdo con la Biblia, a su retiro en el desierto donde repelió las tentaciones de Satanás encarnado en México por la clase política siniestra, capaz de convertir a un santo en un mero recaudador de botines arrancados a la comunidad nacional, despojada hasta de su soberanía, en plena rapiña contra el país y su futuro. La privatización del agua es el fin, al parecer, de la opereta peñista, asfixiante e indecorosa. Y, sin embargo, pese a tantas matanzas y tantos peculados por él solapados y hasta alentados, lo soportamos ya casi seis años.

Dentro de un sexenio exacto, Andrés Manuel habrá cesado en sus funciones –el 30 de septiembre de 2024–, si la fuerza y la salud le acompañan, y entonces no habrá viraje alguno que le permita retomar la ruta de la historia. Por ello, claro, nadie espera que, de verdad, deje pasar la oportunidad de cortar de raíz los cimientos podridos del pasado para construir el andamiaje de la nueva República, como él dice, o el de la cuarta transformación de una patria que es más vulnerable, depauperada y ausente de moral en la cúpula del poder, el del peñismo como remate de la derecha, como nunca lo había estado. Redimir lo bueno, en tales términos, es desafío para titanes.

Durante cuatro meses, Andrés no ha soltado la cola al tigre ni se ha permitido respiro. Si la suelta, la bestia engendrada en la inmundicia de la corrupción le encajará sus garras; y si para, para tomar aire en el último tramo de la carrera agotadora, dejará a sus seguidores “con el Jesús en la boca”, esto es entre la desesperanza y el rencor profundo. De allí el imperativo de que el próximo jefe de Estado, quien lo será durante cinco años y diez meses, cuide al máximo su salud y su seguridad. Los malvados ya saben que va sin escoltas; los perros del mal están tan listos como los miembros de una ayudantía silente y de cuestionable capacidad de maniobra.

Treinta y nueve días para asegurar y asegurarse contra las tentaciones de Lucifer, para que entre a sus respectivos aros. Romo ya lo paseó por Chiapas desde donde arrancará el Tren Maya –un proyecto loable y necesario–, que no debe caer en las garras del tigre de la ambición ni dormitar en las cuevas de los cómplices.

México es muy grande; pro NO soportaría una decepción más y mucho menos del tamaño de la gracia concedida a Andrés.

Silencio cómplice

Rafael Loret de MOLA

Allá por 1990, la embajada estadounidense en México, encabezada por John Dimitri Negroponte –negro-puente le llamamos al considerar su turbio pasado incluyendo su paso sangriento por Centroamérica y otras naciones del llamado “tercer mundo”–, me envío una dura misiva en la cual m conminaban a “rectificar” lo dicho, y corroborado, sobre las clínicas instaladas en la frontera sur en donde se realizaban trasplantes de órganos de niños mexicanos a favor de ancianos estadounidenses millonarios que pagaban una fortuna para prolongar sus míseras existencias.

No sólo no me retracté sino que, además, insistí en la embajada de referencia y a su titular que dialogáramos al respecto y al trayecto que seguían nuestros niños, emigrantes por la fuerza, desde regiones depauperadas del sur de México –Oaxaca, Chiapas, Guerrero, sobre todo–, hacia el norte de la frontera con Estados Unidos en donde, curiosamente, desaparecían. Había incluso una lista de los “hospitales” creados ex profeso en el linde con nuestro país. Dijéramos que éstos proliferaban junto con las armerías –una cada dos kilómetros de frontera–, en brutal afrenta a la inteligencia, al raciocinio, esto es como si fuéramos imbéciles.

Desde entonces insisto en el tema y ya han pasado casi tres décadas. Ahora me horroriza enterarme que casi tres mil niños, en su mayoría mexicanos pero también provenientes de Centroamérica, han “desaparecido” de las manos de la Border Patrol, y demás agencias policíacas de aquel país, sin la menor explicación; les basta con un informe somero y superficial, equivalente a una alzada de hombros, para poner el punto final SIN que el gobierno mexicano actúe. Yo no sé si hubiera reaccionado igual peña en el caso de que alguno de sus hijos le hubiera dado ya un nieto para ser desaparecido entre las bambalinas del crimen.

Esto es lo que se sabe: mil quinientos niños se les perdieron a los órganos de seguridad de USA en septiembre y otros más, mil 475 pequeños, en abril. Casi la misma suma como si se tratase de una remesa organizada y bien pagada en los suburbios oscuros de la barbarie y ante los ojos de quién sabe cuántos genízaros listos a mirar hacia otro lado mientras pasan los bebés y los niños raptados ominosamente o, peor aún, vendidos por los padres para salvaguardar a sus demás familiares del hambre y la delincuencia que mata si no se respetan sus órdenes. ¿Estará enterado de esto el presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Luis Raúl González Pérez, siquiera de oídas?

Nunca la vileza humana llegó a tanto. Por desgracia, ésta será otras de las herencias negras que legará peña al presidente electo quien, de seguro, al ser el “único” mexicano que ha visitado todos los municipios de México –hasta debajo de las piedras también–, tendrá información bastante sobre ello; de otra manera tendríamos que suponer otra condición en él, la de turista privilegiado. Pero no. Él sabe y actuará en consecuencia.

Aquellos esbirros

Rafael Loret de MOLA

Durante muchos años creí que los ladrones actuaban por necesidad y el imperativo de llevar alimentos a sus casas empobrecidas por las grandes desigualdades sociales; algunos eran víctimas de su entorno y otros, los violentos, estaban guiados por el tremendo rencor de las injusticias de clases vehemente exaltadas por las inevitables telenovelas de las cadenas privadas en competencia. Estos “culebrones” –así les llaman en España en donde son bien cotizados este tipo de productos mexicanos–, representan una renta muy alta para las empresas de Ricardo Salinas Pliego, emperador de la plata, y Emilio Azcárraga Jean, el heredero de la gorra de béisbol.

Mi visión añeja, muy atrás en el tiempo –es terrible pensar que me refiero al segundo y no al actual tercer milenio–, fue opacándose, poco a poco, ante el conocimiento periodístico que nos rebota en las neuronas cerebrales por atascadas por la obligación de conservar en la memoria hechos y filiaciones, felices o no –por desgracia es más abundante lo negativo–, capaces de habernos cambiado la existencia cuando aprendimos a ver detrás de las cortinas de humo y las tantas hipocresías.

Alguna vez, mi viejo inolvidable –amigo entrañable, sobre todo, a quien me arrebató una inmunda consigna oficial refrendada por miguel de la madrid y operada por el asesino silencioso manuel barlett–, me dijo:

–Cuando, hace años, viajé a Veracruz escuché a un elemento de la Marina señalar a un jovencito al tiempo que decía: “allí va el hijo de un ladrón”. Era un junior: el hijo del ex presidente Miguel Alemán. Desde entonces me juré a mí mismo que nadie podría ni tendría derecho a calificar así a un hijo mío.

Y lo cumplió a cabalidad aunque no faltan los esbirros de echeverría, incluso de los difuntos sansores y cervera, o los hijos de perra, con perdón de bartlett, quienes se animan, de vez en vez, a pretenden rosar mis fibras sensibles sin otra osadía que la de intentar inútilmente igualarse política y moralmente con quien les dio lecciones de gobierno a su paso por la titularidad del Ejecutivo de Yucatán. Y lo demostraré cuantas veces pueda.

Por cierto, respecto a la ética familiar el incidente reciente de Pedrito, seguramente gestado en un OVNI a cuya exploración dedicó buena parte de su vida su padre, don Pedro Ferriz Santacruz, el mencionado junior tuvo a bien responder hace un año cuando navegaba por las nubes de la aspiración inalcanzable, y con injurias, cuando un joven alumno de la Universidad Autónoma de Nuevo León quien, con mal gusto sin duda, escarbó algunos pasajes turbulentos del matrimonio del ponente.

Brújulas perdidas

Rafael Loret de MOLA

Las brújulas de la geopolítica parecen enloquecidas; giran en distintas direcciones y no parece haber remedio para ellas en tanto los poseedores de las mismas no manifiesten su propósito de enmendarlas y corregirlas. No hay, para decirlo de otra manera, un idioma común ni mucho menos. Al contrario: la disparidad de posiciones entre la clase política y la sociedad es tan variada como los abanicos hechos en China o en la España de los Borbones –con sangre mexicana, no se les olvide–, coloreados con infinidad de escenas y matices que favorecen la manipulación visual; las copias son tan buenas como las auténticas.

El temor no cabe en este punto; tampoco la obcecación por creer que el ejército arrasaría cualquier manifestación popular, atizado por los genocidios cometidos, porque, en este caso –tras la repulsa por los descalabros presidenciales–, tendría que arrojarse al noventa por cierto de los mexicanos a la fosa común para imponer el término del peñismo obcecado, contradiciendo, en este punto, uno de los postulados más trascendentes de la Carta Magna: el pueblo tiene, en cualquier momento, el derecho de modificar la forma de su gobierno; dicho esto incluso más allá de las urnas.

En la perspectiva, pues, tenemos a un mandatario mexicano sin autoridad moral ni apoyo –salvo, hasta este momento, el de la fuerza militar–, y a un sujeto barbaján en la Casa Blanca, ilegítimo también si se valora el hackeo electoral con la signatura rusa, en un duelo permanente que coloca a la soberanía nacional como una suerte de trofeo para los vencedores.

 

Liderazgo perdido

Rafael Loret de MOLA

Hace unas décadas, digamos en el sexenio de Adolfo López Mateos –¿viaje o vieja? dicen que le preguntaban al amanecer mientras mitigaba sus infames dolores de cabeza cuya secuela fue un aneurisma cerebral fatal–, nuestra política exterior era respetada y servía de inspiración para las naciones con escasos pertrechos militares y una aguda percepción de sus soberanías; todo ello gracias a la célebre Doctrina Estrada, instrumentada por el legislador Genaro Estrada durante el breve lapso de Pascual Ortiz Rubio en la Presidencia, siempre en defensa de la autodeterminación de los pueblos como exigencia derivada de la no intervención.

Tal fue nuestra fortaleza y valladar durante varias décadas mientras nuestro país superaba los estragos de las guerra, las varias revoluciones y el maximato callista que dio cauce, con Lázaro Cárdenas del Río, al presidencialismo, aunque creo que el general michoacano jamás pensó en el daño que tal ocasionaría; al contrario, creyó, de firme, en abatir a los cacicazgos aldeanos y al incesante caudillaje posrevolucionario, sin imaginar, siquiera, que toda la vieja guardia autócrata se concentraría en la figura del llamado “primer mandatario” –por gracia de Dios, faltaría decir–.

Es por demás interesante recordarlo al calor de lo que sucedió, hace un año, en Miami, Florida, con el canciller, Luis Videgaray Caso, en condición de marioneta de una Casa Blanca ennegrecida por las acusaciones contra el “pato” Donald Trump. Sin más, el representante mexicano asumió que “México y los Estados Unidos” están listos para “de manera conjunta promover el desarrollo de los países de Centroamérica”; si bien quedó sin definir si nuestro país, como nos enseñaron en la primaria, pertenece a esta región o se convirtió, por la vía del TLC, en la cola del león norteamericano. Luego de doce meses la quimera se volvió infamia.

La pregunta razonable sobre el tema tiene que ver sobre la soberanía de las naciones, hecha trizas por la injerencia de la Casa Blanca a través de su cabildero Videgaray, quien perdió la ocasión de montarse en el caballo presidencial para después subirse al burro continental tratando de alcanzar hasta al volador de Saltillo, José Narro Robles, quien levantó la mano para soñar con la banda tricolor y el resonar de tambores cada amanecer si oro currículum que su propia vanidad.

Así las cosas, el canciller no fue figura central de la llamada “Conferencia para la Prosperidad y Seguridad de Centroamérica” –como si en México tales renglones estuvieran superados–, sino que cedió protagonismos al poderoso Carlos Slim Helú, quien se comprometió a invertir en el tema mucho más que los niveles de responsabilidad de nuestro superior gobierno. Trump debe estarse riendo a carcajadas de que las riendas hayan pasado a manos del sector privado y de quien, en algunos negocios, fue su socio mayoritario e incluso su patrón… aunque fuera mexicano.

Perdido el liderazgo, los diplomáticos de nuestra nación sólo pueden aspirar a ser testaferros de los operadores del norte continental, lastimosamente, y en términos más degradantes que los impuestos y aranceles tras las invasiones estadounidenses de infelices y amargos recuerdos.

El caos…

Rafael Loret de MOLA

¿Cuál es el fondo de los intereses actuales del gobierno de Washington sobre nuestro país? ¿Reducir a cenizas la imagen presidencial para justificar una rectoría desde el Capitolio? ¿Provocar el caos social –indocumentados de por medio– para así tener el boleto de acceso a México considerado “estado fallido”? A estas coyunturas nos está llevando, sin remedio, el mandato de enrique peña nieto y sus enfermedades correosas: la política que lo ciega ante la realidad lacerante, y la física que le carcome por dentro sin valorarse del todo hasta donde es trágica su situación.

Por allí leí, en tono irónico, mencionar el estado de salud de Andrés Manuel López Obrador quien sufrió un infarto el 4 de diciembre de 2013 que lo mantuvo fuera de circulación en los días claves de la aprobación repulsiva de la reforma energética peñista. De esto, claro, él no tuvo la culpa pero sí elevó la sospecha sobre la secuela de enfermedades –cánceres e infartos– que suelen azotar a los líderes latinoamericanos que se convierten en incómodos para el gran gigante universal.

Desde el nosocomio –Médica Sur, nada barato, por lo que se le cuestionó porque quizá algunos esbirros adversarios pretendían su muerte en casa, sin atención de excelencia como merece un dirigente de su nivel aunque sea contrario al peñismo y a la derecha–, cometió, sin embargo, un error: enviar a su hijo a sustituirlo en las tareas de liderazgo lo cual fue rechazado aun guardando las formas para no alterar al enfermo. Y todo esto, el mal físico y el nepotismo al que tanto se opone cuando se trata de otros, dejó a su Morena en estado de indefensión ante el acoso de los serviles avaladores de la siniestra reforma. Poco a poco, la convocatoria se redujo y sólo hasta meses después, con Andrés de nuevo en la calle, volvió a su antigua solidez aun cuando pasara enormes dificultades para cumplir los requisitos –asambleas y militantes-, impuestos por el Instituto Nacional Electoral –INE, antes IFE, por el cambio brillante de sigla seguramente para determinar una parodia similar a las modificaciones priístas desde el PNR–, para el registro de partidos. Con todos los obstáculos, logró convertir a su “regeneración nacional” en un organismo dispuesto a la participación cívica.

Daños mayores

Rafael Loret de MOLA

Con la efeméride de la expropiación del petróleo, misma que cambió, en definitiva, el destino económico y político del país –el social no porque, por desgracia, el oro negro, mal administrado, no alcanza para iniciar con él siquiera la fallida “cruzada por el hambre” anunciada por el presidente enrique peña nieto como una panacea–, surge en paralelo la esfinge del general Lázaro Cárdenas del Río, sin exclusivas partidistas como pretendieron los dirigentes priístas durante varias décadas. Y pocos sabían que el ilustre personaje, precisamente, rechazó su credencial como priísta –la número dos, después de la del entonces presidente Manuel Ávila Camacho– porque consideró innecesario el cambio de siglas sin una verdadera reestructuración de estatutos que asumieran una tendencia vanguardista, con objetivo visionario como él era.

Pasamos la celebración con los hilos cambiados. Hay una división seria –no profunda porque suelen los priístas no ser demasiado audaces cuanto se enfrentan al poder presidencial, únicamente cuando quien ocupa Los Pinos es de su misma filiación–, dentro de algunos de los actores principales del partido en el poder, precisamente por la desazón causada por el anuncio de una modificación estructural que tienda, precisamente, hacia la derecha como si la segunda alternancia hubiera estado profundamente contaminada o condicionada a otra clase de intereses reñidos con el patrimonio nacional. Y así lo perciben no pocos mexicanos conocedores de nuestra epopeya histórica.

Lo que más me disgusta, en esta hora incierta, es observar a quienes ahora defienden la propiedad de la riqueza energética de México que es, claro, de los mexicanos desde 1938. Un cuarto de siglo nos separa aún del centenario, pero hoy recordamos que hace setenta y siete años desterramos a las compañías inglesas que habían forzado las cosas para explotar sin remedio a los petroleros mexicanos; como ahora siguen siéndolo los mineros y otros grupos a quienes las injusticias y los tratos inhumanos parecen haberlos detenido en el lejano principio de la centuria anterior. Una vergüenza para una nación dotada de tantos recursos naturales al punto de que Adolf Hitler, dispuesto a apoderarse del mundo, puso su mirada en nuestro territorio y pronunció una sentencia terrible:

–México sería la mayor potencia del mundo… si la gobernáramos los alemanes.

Fue una bofetada contra nuestro nacionalismo que supo a poco bajo los estruendos de la Segunda Guerra Mundial y la tardía participación del mexicano Escuadrón 201 con el que sumamos las pobres fuerzas militares de nuestro país a una contienda con tintes de Apocalipsis; sin embargo, nuestro petróleo se revaloró y pudimos, todos, salir delante de la precariedad que sembró en el “primer mundo” aquella conflagración mundial. La pregunta es: ¿por qué, entonces, nos quedamos rezagados? Y la respuesta única es a causa de la corrupción infinita que degrada a los hombres públicos y también a quienes la toleran. En buena medida, la amnesia colectiva nos coloca en este nivel por desgracia.

Por ejemplo, hace tres años el presidente peña anunció en Londres, a bombo y platillos, su disposición para ofertar, regalar, los recursos de nuestro subsuelo dada la baja en el valor del petróleo, de la mezcla mexicana del crudo. La reforma respectiva no fue suficiente porque los interesados no previeron la caída y se amontonaron pidiendo los contratos ofrecidos; apenas ahora se nos habla de que “los primeros acuerdos” se darán en junio acaso después de cerrarse los mismos en Gran Bretaña a la sombra del glamour. Otra vez, retornó peña de un periplo internacional con saldos rojos, muy lejanos a las expectativas originales. Como mandatario, en la perspectiva diplomática, es todo un perdedor aunque se sienta aristócrata.

¡Los mismos gritos!

Rafael Loret de MOLA

¿A través de los meses precedentes, esto es desde las definiciones de las precandidaturas –episodio en el que ninguno de los postulados recurrió a la militancia de los partidos que abanderan–, han crecido ustedes, nosotros, quienes conformamos la masa popular, en cuanto a su visión de futuro o, al contrario, sentimos que estamos, de nuevo, empantanados? No me contesten a mí; analícenlo bajo sus propias conciencias, tan atenaceadas por los discursos baladíes, los desplantes torpes y las sinrazones de pleitos que dividen y no buscan la defensa de los valores nacionales en riesgo.

Perdónenme los incondicionales de tal o cual candidato pero así lo observo ante un Instituto Nacional Electoral, encabezado por un racista, Leonardo Córdova Vianello, quien es de aquellos atrapados por la deformación de que sólo los de “buenas familias” –adineradas mediante toda clase de juegos sucios–, nos pueden y deben gobernar, olvidándose de que la sangre indígena nos dotó del mayor de los mexicanos: el Benemérito Benito Juárez. En este punto coincido con el candidato de Morena, el PT y PES –éste último resbaladizo por el sector de la ultraderecha más recalcitrante–, aun cuando se propone ser mejor presidente que el del patriota de Guelatao.

Ya antes, el insolente fox dijo que había sido mejor que Juárez, hechizado con los susurros adormecedores de Martha la que se quedó, disciplinada, fuera de la contienda presidencial de 2006 –¡nos salvamos entonces de una locura extrema!–, y debió conformarse por ser la consorte “sacrificada” de un ex, castigado sexualmente por la vida, con inmensas heredades, un templo faraónico al que acudían, ya no, algunos personajes extranjeros mal orientados y hasta el señor Meade en los días previos de la definición priista, y todo tipo de privilegios –no sólo las pensiones sino igualmente la servidumbre y las escoltas que multiplican los estipendios–. ¡A cuántos cretinos y ladrones hemos soportado!

Cuando todos hablan de la corrupción, como lo han hecho los candidatos desde que se instaló la supuesta democracia en México –digamos en 1911 con la victoria electoral de Madero, el primer traicionado de su propia revolución–, ya no distinguimos siquiera los matices en medio de acusaciones entrecruzadas –por desgracia cierta en un gran porcentaje–, sobre millonarios desfalcos si bien nunca superiores a las triangulaciones del modelo Rosario que alcanzan ya los ¡seis mil millones de pesos!, incluso superiores a los sobornos de Odebrecht que pasaron por cierta casona de Chapultepec, y a los de HIGA, la única constructora del mundo que financia a sus mejores clientes y hasta les obsequian parte de los fondos.

Ni qué decir del aeropuerto, encargado a Norman Foster y Fernando Romero, yerno de Slim si bien con reconocimientos internacionales aunque éstos parecen derivados de lo primero acaso injustamente, del que se ha pagado el 87 por ciento ya pese a su lento avance. De suspenderse las obras, miles de millones se irían al caño mientras se invierte un tanto más en las pistas subliminales de Santa Lucía.

La locura de la clase política ya no manipula ni a los parientes de los suspirantes.

TLCAN, en 2019

Hasta el momento la mayor parte de la información sobre la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se centra en si se logrará o no mantener este acuerdo comercial, pero lo importante serán los términos en que se alcancen. El anuncio de que ampliarán las rondas de negociación a febrero, marzo y quizá hasta agosto, determinan que de cualquier forma el nuevo tratado se podría ratificar hasta el 2019 por parte de los congresos de cada nación. Hasta hoy, los puntos de mayor conflicto son las reglas de origen para la industria manufacturera, especialmente la automotriz, y los niveles salariares tan dispares entre las tres naciones, con México a la saga con sueldos de explotación. Queda claro que el TLCAN no ha sido tan benéfico para los mexicanos como lo ha sido para las trasnacionales que se han instalado aquí con amplias ventajas tributarias y salariales, pero las nuevas reglas que deriven de la renegociación y la reforma impositiva de EUA cambian las condiciones y enturbian el futuro con y sin tratado.

Vandalismo político

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Debemos analizar un nuevo modelo para la conducción del Estado: el vandalismo político, liberado de todo rasgo de humanismo y de justicia social. Lo tenemos a la vista cuando el Legislativo, por ejemplo, en su mayor parte se arroga la facultad de ponerle candados a la soberanía popular mediante métodos heterodoxos con miras a crear una inmensa confusión. ¿De dónde salen los radicales y anarquistas –nombrados así sin conocer la esencia de este movimiento revolucionario–, si nadie se atribuye, ningún partido o grupo mucho menos el gobierno, las acciones deplorables que siembran el caos urbano al final de las manifestaciones pacíficas de protesta?

Tenemos, para contrarrestar las falacias oficiales, la posibilidad de analizar algunas de las posturas de los jefes policiacos o castrenses que, de plano, parecen llevar adelante una guerra fría contra la comunidad nacional. Esto es, considerando que la libre manifestación de las ideas tiende a golpear el “prestigio” de las instituciones cuando es evidente que éstas, hasta el momento, no han sido útiles para detener el flujo de una justa, explicable, crispación general consecuencia por la torpeza en el accionar de los mandos y la continuidad de los actos de barbarie que tienen atemorizados a los mexicanos y, de paso, sorprendidos a los extranjeros que insisten en cuestionar cómo pueden darse escenas como la narrada en el caso de los jóvenes de Ayotzinapa por el ex procurador, Jesús Murillo Karam, y continuada por su sucesora, la mediática Aracely Gómez a quien reemplazó, a su vez, Raúl Cervantes Andrade, con estudiadas poses de dolientes hastiados.

Tlatlaya y la Memoria

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

En los límites con Guerrero y Michoacán, en el occidente del Estado de México, desde hace una década cuando menos se ha establecido un cuadrángulo de la muerte en una región, además, en la que las cavernas son el sello distintivo. Arranca en Tejupilco de Hidalgo –es mala costumbre ponerle apellidos de héroes a los pueblos como Almoloya de Juárez, infamándolos después por distintas causas–, extendiéndose hacia Luvianos para bajar hacia Bejucos y seguir a San Pedro Limón y Tlatlaya para rematar en Amatepec. En todos estos sitios, el partido con más peso municipal y ganador de las elecciones es el de la Revolución Democrática.

En 2012, con motivo de la campaña presidencial, me cuenta un testigo directo que las multitudes recibieron a Andrés Manuel López Obrador como héroe, le colocaron guirnaldas al cuello y le hicieron recorrer varias calles entre el estruendo de las balas que se disparaban hacia el aire desde distintas camionetas llamadas “Lobo”. Concretamente, en Luvianos, el abanderado entonces de la izquierda unida fue acompañado por los alcaldes y por los personajes de cada sitio en donde, como curiosidad, las enormes residencias, entre el bosque, contrastan tremendamente con las reducidas casas de los agricultores porque, de acuerdo a los censos oficiales, esta porción mexiquense está dedicada a la siembra de granos básicos aunque, con el correr del tiempo, las actividades fueron variando; incluso entre los lugareños se acepta que entre las cuevas dominantes existen evidencias sobre laboratorios de refinación de cocaína.

Tres compadres

Si mañana fueran los comicios federales, sin duda, el vencedor sería Andrés con amplio margen; no importan su infarto y sus dos cardiopatías posteriores –un elemento que le impediría jugar a elecciones en cualquier otro país–. Más allá de todo, es él quien acapara los votos. La cuestión es cómo nos gobernaría con la cáfila de maleantes que le rodea. Me preocupa porque tiene la puerta abierta aunque cuantos entran restan confianza… y sufragios.

¿Y después? Todos creen que sería mejor la perspectiva que la actual y es posible. Para mi fuero interno sería ideal que, además de presentar como lo hizo a un gabinete ambiguo –sin las figuras que mecen la cuna–, hiciera su propia autocrítica y explicara cómo serían sus primeros cien días de gobierno. Podríamos dormir más tranquilos todos. ¿Habría o no libertad de expresión? ¿Respetaría a un Congreso mayoritariamente en contra? ¿Habría posibilidad de que superara la ingobernabilidad latente? ¿Cómo actuaría contra el narcotráfico pese a algunas figuras que le acompañan -Batlett entre ellos-, y buscan asfixiarlo? Por lo demás, a mí no me asusta; al contrario, sigo creyendo que es menester cambiar de sistema, no sólo de partido, y no sé si Andrés estuviera dispuesto a ejecutar al presidencialismo mesiánico y a la partidocracia enferma. Quisiera creer en él señalándolo como un revolucionario pero, por lo pronto, y con los “dorados” que le rodean, no pasa de ser un simple caudillo; y éstos son devastadores. Repásese la historia para corroborarlo.

Desde luego, la gran ventaja de Andrés es la pobreza de sus adversarios.

Telones de sangre

Rafael Loret de MOLA

Durante seis meses –de junio a diciembre de 2014–, la Secretaría de la Defensa Nacional y su titular, el execrable Salvador Cienfuegos Cepeda, ocultaron la información sobre la masacre de Tlatlaya, en el Estado de México, cada vez más contaminado, entre otras cosas porque las viles ejecuciones de veintidós civiles fueron consecuencia de un operativo para “rescatar” ochenta millones de dólares guardados en una casa de seguridad en San Pedro Limón. Hasta ahora no se ha dicho una palabra del paradero del dinero aunque algunos testimonios indican que pasaron, cuando menos, por el escritorio del general secretario.

Fue vergonzoso, para la prensa nacional, para todos los informadores, que una agencia internacional y una revista estadounidense dieran cuenta del suceso al “filtrarse” fotografías bastante explícitas; pese a ello, los voceros de la Defensa insistieron en que se trataba de una banda de delincuentes quienes portaban armas de alto calibre y estaban emboscados. Las evidencias, sin embargo, exhibieron otra cosa: entre los muertos se veían a mujeres y niños, sin empuñar siquiera una pistola .22, indefensos y cuyos cadáveres se veían dentro de un terreno baldío, abandonados y sin elementos que permitieran argüir una actitud subversiva. El móvil siempre fueron los billetes asentados sobre una de las mesas del domicilio sitiado por la soldadesca. Este fue el motivo del silencio que ya no pudieron guardar los uniformados de alto grado.

De lo anterior parto para preguntarme cuántos casos similares se han dado por el país –tenemos memoria de los casos de Tanhuato y Apatzingán, en Michoacán, y en Vallarta, Jalisco aunque en este caso se habla de una emboscada–, pero curiosamente en otras zonas de alto riesgo, esto es donde se supone que los cárteles no cesan en su guerra –todo la frontera norte del país desde Baja California hasta Tamaulipas, además de Durango, Sinaloa, Nayarit, Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Morelos, Puebla y la Ciudad de México, Jalisco, entre otros–, no hay reportes salvo de fosas clandestinas y tráileres cargados de cadáveres que pasean por las calles de Guadalajara como si se tratara de carros alegóricos de la muerte, el sello de más alta graduación de la administración peñista.

Nos dirán que tal es especulación pura; y, en cierto modo, lo es. Pero no tendría razón de ser sin el conocimiento sobre la manera cómo se han intentado ocultar los asesinatos de estado e incluso el número de víctimas que sumó la campaña electoral de este 2018: 110 políticos ajusticiados, cuando menos, 43 de ellos pertenecientes a la coalición PRI-Verde-PANAL. El odio se mezcló acaso con el incumplimiento de los acuerdos con el narco. Es un hecho, por desgracia, aunque algunos traten de disimularlo descalificando la información.

Entre tantos y tantos muertos, llegamos a más, muchas más víctimas que la cifra más razonable sobre los mártires de Tlatelolco: 325. Por eso no puede olvidarse ni perdonarse. Porque es imperativo comenzar la guerra contra la corrupción, promesa toral del presidente electo, dándole un golpe severo a la impunidad que nos separa del estado de derecho.

Gobierno vs sociedad

Rafael Loret de MOLA

En 2017, los torpes asesores de la cúpula del poder creyeron que sería adecuado, para hacer resplandecer a sus patrones bajo las candilejas de la popularidad, expulsar a la sociedad civil de las labores de rescate y después pretender administrar, a la brava, las donaciones y los transportes rebosantes de ayuda de los mexicanos de distintas entidades hacia las zonas de desastre, como ocurrió en Morelos para la desgracia política del afanoso esposo de la señora Elena Cepeda, el gobernador saliente Graco Ramírez, uno más de los mandilones incapaces de poner el orden, siquiera, a su alrededor personal. (Y éste, de modo alguno, es un comentario misógino sino un señalamiento en pro de la verdadera igualdad y, en este caso, el respeto al voto de la ciudadanía sin destino hacia la dama sino al protagonista miserable).

A pocos días de la tragedia, cuando marinos y militares –algunos heroicos, debe decirse–, porque son carne y uña del pueblo aun cuando no lo defiendan, como quisiéramos, al recibir órdenes de sus respectivos mandos en plena confusión de lealtades: recuérdenlo, primero está México y éste no es su gobierno sino quienes deberíamos ejercer, siempre, la soberanía popular. Ahora hay quienes se ponen medallas que les llevarán al ardor del inframundo en donde les serán arrebatadas.

El señor peña creyó que bastaría visitar las comunidades devastadas –este año no lo hizo sin mirar siquiera las catástrofes por inundaciones en Sinaloa, Sonora y Chihuahua– y simular que subió cajas de ayuda, al lado de su “gaviota”, a un camión sin percibir que se videofilmó la escandalosa puesta en escena con él mismo colocando las cámaras y prohibiendo –lo que no pudo lograr– que a través de celulares se exhibiera la farsa. ¡Qué pesar tan grande contar con el “presidente selfie”, al sur de donde manda “el mandatario twittero” y al norte del “rey de la parodia política” de Guatemala! Vaya destino cruel nos ha dedicado el presente.

Ni qué decir de quienes asaltaron una caravana con ayuda para los infelices que lo perdieron todo, violaron a una chica y se llevaron los víveres con escarnio absoluto para la nación en tierras de Morelos. Este es el México negro en donde también es posible edificar sin permisos y materiales baratos sin que nadie responda después por los derrumbes y, sobre todo, por las muertes de tantos cientos de mexicanos, algunos de los cuales apenas habían pagado dos meses de rentas en uno de esos rascacielos que esconden las complicidades más oscuras.

No merecemos los mexicanos vivir en este drama inmenso… a menos que la cobardía nos haga bajar la guardia, pasada la emergencia, para posibilitar el suministro de la llamada “medicina del tiempo”, como llamaba Alfonso Martínez Domínguez a la amnesia colectiva como elemento sustantivo de la política manipuladora y rastrera. En el presente ya rebasamos todos los límites de la decencia y el responsable principal es uno solo, quien habita la residencia de Los Pinos. La impunidad, señor presidente electo, no permitirá ninguna lucha contra la corrupción; sería una farsa.