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Piense

Brújulas perdidas

Rafael Loret de MOLA

Las brújulas de la geopolítica parecen enloquecidas; giran en distintas direcciones y no parece haber remedio para ellas en tanto los poseedores de las mismas no manifiesten su propósito de enmendarlas y corregirlas. No hay, para decirlo de otra manera, un idioma común ni mucho menos. Al contrario: la disparidad de posiciones entre la clase política y la sociedad es tan variada como los abanicos hechos en China o en la España de los Borbones –con sangre mexicana, no se les olvide–, coloreados con infinidad de escenas y matices que favorecen la manipulación visual; las copias son tan buenas como las auténticas.

El temor no cabe en este punto; tampoco la obcecación por creer que el ejército arrasaría cualquier manifestación popular, atizado por los genocidios cometidos, porque, en este caso –tras la repulsa por los descalabros presidenciales–, tendría que arrojarse al noventa por cierto de los mexicanos a la fosa común para imponer el término del peñismo obcecado, contradiciendo, en este punto, uno de los postulados más trascendentes de la Carta Magna: el pueblo tiene, en cualquier momento, el derecho de modificar la forma de su gobierno; dicho esto incluso más allá de las urnas.

En la perspectiva, pues, tenemos a un mandatario mexicano sin autoridad moral ni apoyo –salvo, hasta este momento, el de la fuerza militar–, y a un sujeto barbaján en la Casa Blanca, ilegítimo también si se valora el hackeo electoral con la signatura rusa, en un duelo permanente que coloca a la soberanía nacional como una suerte de trofeo para los vencedores.

 

Noche mexicana

Rafael Loret de MOLA

En la noche en la que la mayor parte de los mexicanos –no digo todos porque hay apátridas desdeñosos de nuestras fiestas e incluso lacayos aún de cuanto huela a hispánico–, se sienten patriotas con una media botella de tequila adentro y un monumental grito de cara al Palacio Nacional –las protestas callan cuando los vítores comienzan y la enseña tricolor ondea–, nadie compilará los estragos de un sexenio atroz durante el cual se ha afrentado a la ciudadanía que pasó factura, al fin, el 1 de julio, pero no basta con clamar libertad como en aquella jornada de Dolores en 1810; también exigimos justicia y cárcel para los predadores.

Con las torrenciales aguas llegaron los socavones, como nunca antes, exhibiendo la podredumbre de las complicidades entre la clase política y las constructoras cómplices a las que nadie ha reclamado con procesos judiciales en ristre. Cuando el sismo de 1985 y el derrumbe de algunos edificios, entre ellos el Nuevo León, se giraron órdenes de aprehensión contra los constructores Abelardo Meneses Vara y Max Tenembaum, pero jamás se realizaron obras para apuntalar el sitio y todavía hay quienes permanecen fuera de sus departamentos. Por cierto, una investigación seria determinó que no se habían cumplido el noventa por ciento de las especificaciones básicas; lo hizo el ingeniero Raúl Pérez Pereyra, cuya familia también fue víctima. Inapelable.

Y así hemos seguido. El año anterior, once minutos antes de la medianoche del jueves 7, el fuerte temblor, en realidad un terremoto, de 8.4 grados en la escala Ritcher, no causó daños mayores ni la devastación que se vivió en 1985 con un sismo de menos graduación. ¿Fue un milagro? Los técnicos no creen en ellos y asumen dos razones: que el epicentro, setecientos kilómetros alejado de la capital por las costas de Chiapas, no fue tan cerca como el de hace treinta y dos años, situado en Oaxaca a cuatrocientos kilómetros.

Luego vendría el sismo del 19 y, entonces sí, se midieron los brutales alcances, sobre todo en Oaxaca, Chiapas, Puebla y Guerrero. Pese a ello, a la capital le fue bien aunque, como en 1985, no se cuantificó el número de muertos –se habló superficialmente de 148–, pero sí los edificios colapsados con una diferencia sustantiva, pese al drama brutal de la Escuela Enrique Rébsamen, donde murieron sepultados cerca de 40 niños junto a algunos de sus maestros. La diferencia es que ni siquiera hubo responsables de erigir edificios con materiales de mala calidad, sobre todo en el caso del colegio al que está ligado el cardenal en retiro Norberto Rivera Carrera, y sin las especificaciones mínimas para evitar derrumbes.

El caso es que el susto fue mayor a las consecuencias mientras es esas mismas fechas, por Veracruz, comenzaba a pegar con fuerza Katia en medio de la tragedia de su mal gobierno.

En el calendario las fechas coincidieron respecto al horror de hace treinta y dos años; en la conciencia colectiva, en cambio, se ahondaron los rencores por cuanto la negligencia oficial en las zonas de desastre –desde Chiapas y Oaxaca hasta Veracruz–, y los politiqueros aprovecharon para sacar el rostro prohibiendo las clases en once entidades del país. ¡Qué bien le vino a Aurelio Nuño, quien se fue luego de campaña y está al pie de enriquecerse más de la mano de sus cómplices, el sacudimiento telúrico! Y a peña también, mucho más que su deplorable y oscuro Informe, cuando salió ante las cámaras para aparentar preocupación ante el drama que no se dio salvo en Chiapas, Oaxaca y Tabasco en donde la cuenta de muertos llegó a dieciséis sumadas las tres entidades.

Mañana, la festividad patria, aligerará los rencores pero no acallará la justa rebeldía ciudadana… aunque las transmisiones de televisión se realicen con micrófonos apagados y mostrando sólo a los acarreados oficiales. Bien sabemos, todos, del terremoto interior que llevamos incrustado al no haber sido capaces, todavía, de superar los temblores de los descastados y rufianes que nos gobiernan.

Clanes intocables

Rafael Loret de MOLA

SI EN GUERRERO NO ES POSIBLE OLVIDAR A LOS FIGUEROA, PADRE E HIJO, CUBIERTOS POR LA IGNOMINIA DE UN CACICAZGO…

… que se extendió desde “el Valle de Josafat” – léase Galería del Poder, Océano, 1996–, hasta la matanza de Aguas Blancas contra campesinos indefensos –un hecho acaso tan siniestro como la represión en Iguala bajo la tutela de una pareja execrable, los abarca–, en Oaxaca no han dejado de repetirse las canonjías para los Carrasco y en Chiapas lo mismo respecto a los González Blanco –dos Patrocinio que desembocaron en Televisa, con Leopoldo Gómez González Blanco y su hermanita Arely, quien fuera, nada menos, procuradora general de la República cuando la historia del célebre túnel de El Chapo–.

Me pregunto si los mandatarios calderón y peña tenían conocimiento sobre la isla Clipperton que mantuvo soberanía mexicana durante largo tiempo, cuando negociaron con los presidentes franceses Sarkozy y Hollande la liberación de la abyecta secuestradora Florence Cassez quien, sin decencia, se da el lujo de pretender aumentar su rentabilidad acusando por daño moral a cuantos se le pongan; y no se trata, de ninguna manera, de avalar el montaje perpetrado por genaro garcía luna, tan campante en Florida, y rematado por el reportero Pablo Reinah por su propia iniciativa.

Quizá por esta ausencia notable de cultura y de capacidad para ejercer el poder, nuestro país, como bien dijeron los padres de los normalistas desaparecidos, y no muertos mientras no existan pruebas concluyentes, de Ayotzinapa –aunque les pese a algunos funcionarios venales y sus correspondientes mercenarios de la pluma y los micrófonos desesperados por cavar las sepulturas bajo las losas del silencio–, se ha convertido en un “gran cementerio”…

El horror

Rafael Loret de MOLA

El terrorismo, como cauce “moderno” de la guerra de guerrillas, es y será interminable. Por desgracia, tendremos que acostumbrarnos a vivir con este flagelo como antes lo hemos hecho respecto a la miseria del mundo, las permanentes catástrofes naturales –llámense terremotos, huracanes e inundaciones–, la violencia en México, los vaivenes de una economía tambaleante, los feminicidios –no sólo en la estigmatizada Ciudad Juárez–, los fraudes electorales como ocurrió en Puebla en 2018 y los horrores derivados de la descomposición del tejido social –desde los enajenados tiroteos en las escuelas del “primer mundo” hasta la cacería de indocumentados que tanto alienta el fascista “pato” Donald Trump–.

Vamos sumando agravantes cada vez sin poder remediar los que ya cargamos. El martes 22 de marzo de 2016, volaron el aeropuerto de Bruselas y algunas estaciones del Metro de la capital en donde se asienta el Congreso Europeo luego de la declaratoria de la Unión, acaso como una advertencia de que no se extinguirá el terror mientras los bombardeos no cesen, y aún si lo hace, sobre el llamado Estado Islámico extendido a Siria y Libia. Hace unos días un desquiciado admirador de Trump mató a casi medio centenar de personas en dos mezquitas de Nueva Zelanda. El dolor, cada vez mayor, y el miedo desbordante son los signos de la (in)convivencia humana en este lamentable principio del tercer milenio. Y cada que se van diluyendo las noticias volvemos a la normalidad asimilando hechos que la mayor parte no entiende y creyendo que lo único factible es olvidarlos. Pero no se puede.

De hecho, Europa es un blanco vulnerable permanente como lo es Estados Unidos. Primero fue Nueva York, luego Londres, Madrid más y recientemente París, Bruselas y Noruega. La lógica indica que la mira está puesta en el Berlín de Angela Merkel, esto es del centro neurálgico del Cuarto Reich, pese a las previsiones tomadas para expulsar, nada menos, a ciento treinta mil inmigrantes que no provenían de las zonas de guerra.

Este dilema lo percibí en la capital de España, hace poco más de un año, en donde no hay gobierno pero las adherencias anglosajonas son mayores –de allí el incesante empeño en prohibir corridas de toros antes de elevar la preocupación contra la desvaloración de las vidas humanas–, en pleno colapso de la razón de Estado y pese a la decadencia de una monarquía de zánganos que son incapaces y no están facultados para resolver el vacío prevaleciente en la estructura gubernamental. Mientras, el mundo se horroriza.

El tiempo de AMLO

Rafael Loret de MOLA

El señor fox no deja de hablar; ya hace años superó en locuacidad a echeverría cuyos eternos discursos y apuntes en reuniones eran temidas por sus convocados. Pero Vicente exuda una fraseología por los cuatro costados sintiéndose con derecho a responder con cualquier barrabasada los adjetivos, como el de chachalaca, que le impuso el presidente actual en sus largos años de opositor. Y hoy honra esta condición para dejarse ver, a sus setenta y seis años, diciéndose pobre como pretexto para iniciar su invernadero de mariguana.

Detrás de la incontinencia verbal siempre se encierra un propósito non santo; de allí nuestra insistencia en que los encuentros del mandatario en funciones con los reporteros de la fuente no sean tan largos ni tan frecuentes: estoy seguro de que ganaría en audiencia y en interés en vez de perderla por lo repetitivo de sus frases y rutinas. Pareciera que fuéramos al cine todos los días a ver la misma y prolongada cinta. Ni “Roma” se construyó en mil días de fraseologías.

Quienes miden estas cosas calculan que entre el 7 y el 8 por ciento del tiempo presidencial se agota en estas “mañaneras” en las que se avanza poco, salvo en lo referente a la confrontación con los medios cada vez más áspera –no se entiende entonces el fin primigenio de las mismas–, mientras las grandes decisiones aguardan… en las salas de los aeropuertos.

También es absurdo lo que invierte el presidente en los vuelos comerciales y, por ende, en las salas aeroportuarias, lapso aprovechado para la incontinencia cibernética de las “selfies” de turistas nacionales y hasta extranjeros curiosos, hasta el grado de perder algún vuelo y ser obligado a viajar, por la noche y por carretera, invirtiendo varias horas, de alto riesgo, como consecuencia.

La sensatez no deriva siempre de la estudiada humildad. Y es necesario que el presidente de la República, el más querido por el pueblo pero también el más odiado por un amplio sector de la clase media alta y de los empresarios ladinos, deje de actuar el papel de mandatario casi menesteroso, atrapado en su propia red de palabrerías. Lo dicho: lo queremos para un sexenio, aunque reducido en dos meses, y no para un semestre.

Sobre todo porque los baños de pueblo, tan constantes, no equilibran las horas dedicadas a los empresarios, como Carlos Salazar, nuevo presidente del CCE, quienes le proponen ir de la mano para superar la pobreza y la corrupción que, en buena medida, algunos de los más privilegiados detonaron en plena era el neoliberalismo; porque, desde luego, la fuerza patronal no comenzó hace una semana.

La nación exige, de una vez por todas, acciones firmes que sean los cimientos para la Cuarta Transformación; entre ellas, las debidas pesquisas para llevar a juicio, desde arriba hacia abajo, a los grandes predadores de la patria. ¿O seguirán mofándose de ser intocables como el parlanchín fox, el prepotente calderón, el fallido seductor peña y los ladrones sindicales como Carlos Romero Deschamps?

Desastroso

Rafael Loret de MOLA

No pudo ser peor el inicio del año. Apenas en la primera quincena la asfixia es la definición para apuntar el ánimo de los mexicanos ante la oleada de sangre, carestía y corrupción que se entrelazan con las campañas electorales y dibujan a una clase política ambiciosa, con escaso conocimiento –o ninguno– de la geopolítica nacional y una avidez por la manipulación mayor a la de cualquier otra aristocracia moderna. Porque, para desgracia de quienes producen, el peso de los ociosos millonarios, se impone al silencio de una sociedad ultrajada.

La gravedad es mayor cuando sumamos a las entidades sumidas en la violencia y la persecución: Guerrero, Baja California –sobre todo la Tijuana de Jorge Hank–, Chihuahua y el asalto contra Javier Corral Hurtado, Colima, Zacatecas, Nuevo León, Baja California Sur, Yuneslandia, otrora Veracruz, y la Ciudad de México en donde las trifulcas de la izquierda dibujan las ambiciones de sus dirigentes, sean del PRD o Morena.

Desde luego, contra los cálculos oficiales, los índices de pobreza extrema crecen al ritmo de los aumentos a la canasta básica y, sobre todo, a la tortilla y el huevo, alimentos básicos de la mayor parte de los mexicanos. Por allí escuché una discusión entre un indignado consumidor y una marchanta a la que ya no le alcanza para adquirir lo básico:

–¡Vamos a boicotear las tortillas! –exclamó un furioso adulto mayor–.

–No –respondió la mujer angustiada–. El gobierno es nuestro enemigo y, si lo hacemos, nos dejan sin tortillas y pan. ¿Y qué vamos a comer? Tengo hijos, nietos.

Los bárbaros

Rafael Loret de MOLA

EL 5 DE JUNIO DE 2009, LA GUARDERÍA ABC DE HERMOSILLO, ARDIÓ DE MANERA INCONTROLABLE.

El origen del fuego se dio en un predio contiguo en el cual volaban papeles quemados y cenizas provenientes de documentos “confidenciales” del gobernador y empresario Eduardo Bours Castelo, principal accionista de Bachoco.Fue evidente las pésimas condiciones del lugar, con aval del Seguro Social y la aprobación del panista ya extinto Juan Molinar Horcasitas a gestión directa de la “primera dama” Margarita Zavala, privilegiando a parientes de felipe calderón encabezados por la prima de Margarita, Marcia Altagracia Gómez.

La impunidad llegó a sujetos relacionados con el repelente calderón: Escalante Hoeffer, Antonio Salido, Sandra Téllez de Escalante y Urquidez Serrano. No han sido motivo de una indagatoria por su negligencia criminal, tampoco los funcionarios que originaron el saldo de 49 niños muertos y 76 heridos. Los señalados están en la calle, “blindados” por jueces obtusos quienes siguen las consignas superiores mientras se construyen sus propias mansiones…

Un priista y un panista como puentes entre los gobiernos federal y estatal de Sonora en vísperas de los comicios de 2009 que, como repercusión de la propaganda mediática de Guillermo Padrés Elías, malhadado panista como el entonces director del IMSS bajo el régimen de la violencia, el de calderón, quien no tuvo rubor alguno para incriminar al gobernador sin mencionar las ramificaciones de los accionistas con quien fungía como presidente de la República sin la menor legitimidad y abusando de una ciudadanía manipulable por su ausencia de vitalidad para poner límites a los usurpadores del poder. Sí, es difícil, pero no imposible; no quiero pensar que lo sea porque entonces bajaríamos la guardia y con ella toda posibilidad de esperanza. Por allí están y nadie aplica siquiera sobre ellos la menor sanción moral.

¡Ay, la corrupción!

Rafael Loret de MOLA

Es tan profunda la corrupción en México que se construyeron valladares para mantenerla más allá de los sexenios amorales del PRI y el PAN; digamos desde la administración de miguel de la madrid, ya extinto y menos resistente que el casi centenario echeverría, cuando se rompió la lógica política con la incorporación de México a América del Norte –de niños nos enseñaron que pertenecíamos a Centroamérica–, a cambio de añejarnos del cono sur y del propósito de crear un Mercomún Latinoamericano. Fue ésta, sin duda, una gran traición a México.

El primer punto del gran tejido de la corrupción comienza con el entreguismo notable de los regímenes del pasado y la pasividad del actual ante el acecho frecuente del “pato” Donald Trump y su histeria a favor del muro de la ignominia. Ha sido cuidadoso el presidente por cuanto sabe de la inestabilidad mental del huésped de la Casa Banca –esperemos que sólo por dos años más–, y su capacidad felona por construir escándalos globales basándose en sus ambiciones personales; ahora es el petróleo venezolano la guía inmediata para las familias estadounidenses desde los Bush hasta los Trump. Por eso repudio a las dinastías enraizadas al poder.

De lo anterior deviene uno de los mayores absurdos que he atestiguado: la postura del fiscal general, Alejandro Gertz Manero, respecto al caso Odebrecht –la secuela de sobornos de mayor calado en las últimas décadas o en casi un siglo–, con el fútil alegato de que existe un compromiso soterrado para no hacer averiguaciones al respecto, firmado por los procuradores de México y Brasil hace algunos años, a cambio de un insondable intercambio de informaciones. El espionaje por encima de la ley y la justicia.

Si hablamos de una “cuarta transformación”, con tantos adherentes en el país, resulta absurdo apegarse a un acuerdo que contradice nuestro orden legal y hace mella de nuestra soberanía. Sencillamente no cabe, bajo ningún argumento, privilegiar a los ladrones que fueron untados con dólares –no sólo los ex directores de PEMEX sino también sus jefes, los ex presidentes–, y ofender y acotar al Estado de Derecho que NUNCA podrá asimilar enjuagues subterráneos de este tipo y menos si se trata de construir una democracia que, por lo visto, es bastante endeble.

Si así vamos, no hay razón para que se solicite la extradición de “El Chapo” por la misericordiosa idea de que ningún mexicano debe ser tratado como animal rabioso y encerrado de por vida en una jaula, ni siquiera una de esas perreras en donde los “amos” determinan la existencia de sus posesiones de cuatro patas. Y, después, erigirle un monumento, en Badiraguato por ejemplo, en homenaje a sus capacidades para combatir, enajenándolos, a las nuevas generaciones de norteamericanos.

Si la ley importa no existe razón para haber enviado al capo citado, y a muchos otros, hacia USA; algunos de ellos sin ser juzgados en nuestro territorio y en el caso de Guzmán Loera por no poder contener sus fugas de película. También en esta instancia perdimos, como nación, el respeto hacia nuestras fuentes de derecho. Ya solo esperamos ver a Baltazar Garzón, español fanático, presidiendo la Suprema Corte de Justicia de la Nación (mexicana).

La huida

Rafael Loret de MOLA

El mexiquense peña nieto es un ladrón, además de haber sido autor intelectual de las masacres humanas de Tanhuato, Tlatlaya, Apatzingán, Vallarta y la represión brutal contra los normalistas de Ayotzinapa, la imagen misma de la corrupción gubernamental por encima de otros mandatarios desvergonzados –casi todos sus predecesores–, y de cuanto hubiéramos podido imaginar. En otros tiempos también se robaba vía comisiones pero ahora las ganancias ilícitas, por el “boom” del narcotráfico y la infiltración de éste en la esfera oficial, se suman por miles de millones de dólares.

Sólo por la estafa maestra, organizada por la rapaz ex perredista Rosario Robles Berlanga, la pizpireta seducida por Carlos Ahumada Kurtz, argentino de origen también dedicado a la minería –la explotación infrahumana más cercana al ejercicio de la esclavitud–, fueron desviados siete mil millones de pesos y la mujer en cuestión, con cinismo desbordante y creyéndose dueña de su destino bajo la impunidad, se presentó ante la Cámara baja vestida con un blanco absoluto –como un angelito sin alas–, para negar imputaciones ante la andanada de pruebas en su contra y la exhibición de sus complicidades con tres secretarios de Hacienda, Luis Videgaray, José Antonio Meade y José Antonio González Anaya, éste último el concuño de oro de carlos salinas. ¡Cuántos sinvergüenzas con doctorados en el exterior!

Temo que estudiar en los templos del capitalismo, así sea a través de becas, es un severo golpe al nacionalismo y un vicio que se ha vuelto costumbre en casi todas las administraciones en las cuales se ha dejado de hablar en español, siquiera para honrar la soberanía, durante los encuentros entre mandatarios de nuestro país y USA. Este es, por desgracia, uno de los signos del coloniaje anglosajón silencioso que mantiene su dominio sobre nuestra economía y el futuro avasallador como pagadores eternos de acreedores con nexos con los peores y más altos capos.

Triste realidad que, desde luego, no comenzó con el sexenio en finiquito pero se desarrolló y elevó a la estratósfera con éste. Nunca antes habías avizorado una corrupción tan grande, un nudo de complicidades tan apretado y una impunidad paralela a las sociedades soterradas del mandatario todavía en curso. Por ello, vuelvo a clamar, no puede dispensarse perdón ni olvido a cuantos integraron el gabinete y el ampliado –ninguno se salva– felices de pertenecer a los grupúsculos intocables que llenaron sus bolsillos como en ninguna otra época de la historia. Esta es la dolorosa verdad.

¿Cómo convencer al presidente electo para no canjear los chantajes soterrados –de peña y sus falderillos– con la tristemente institucionalizada impunidad? Ha visto y sentido ya cómo defienden, como perros de caza, sus intereses económicos y jamás los sociales con la malhadada construcción del aeropuerto en Texcoco que fue siempre contra el sentido común para convertirse, como denunciamos hace cuatro años, en el mayor fraude del régimen peñista y así fue. No somos adivinos, simplemente analistas que no se dejan deducir por los dineros de la inmoralidad; y escribo en plural por decencia.

No debe haber salida para peña que no sea la que lleva a la prisión. Se lo debe Andrés a sus treinta millones de votantes, también a todo México.

“Dioses”

CIUDAD DE MÉXICO, 25OCTUBRE2018.- Andrés Manuel Lopez Obrador, presidente electo de México, emitió su voto durante la Consulta Nacional Nuevo Aeropuerto en la casilla ubicada en la explanada de la alcaldia de Tlalpan. FOTO: SAÚL LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

Los políticos se sienten dioses o, cuando menos, aspiran a ello so pretexto de creerse por encima de los demás e imponer sus criterios sin el menor razonamiento o con argumentos que no se basan en la realidad. Hace años, en una transmisión del extinto Monitor de Radio Red, Miguel Aguirre Castellanos, excelente cronista deportivo ya fallecido, nos invitó a un diálogo abierto sobre la fiesta de los toros; en el momento más álgido Marielena Hoyo, ex administradora de la cárcel zootécnica de Chapultepec, estalló y dijo:

–Prefiero que se extinga la especie del toro de lidia si solo viven para su sufrimiento.

–¡Ah! Entonces te sientes diosa para disponer cuáles animales deben morir y cuáles no. Si no te gusta el espectáculo taurino tu animalismo desaparece y condenas a los toros y vacas de lidia a la desaparición; como si fueras un aerolito explosivo y devastador.

Hace unas semanas una seudo diputada, del envilecido Partido Encuentro Social, traidor a sus principios para preservar su registro de la mano del fenómeno López Obrador, Nayeli Salvatori Bojali, llegó a la misma conclusión y la aireó salerosa pretendiéndose propietaria de la verdad absoluta con tal de insistir en la muerte de la tauromaquia que es, en sí, la única representación viva verdaderamente ecológica porque permite, en directo y ante miles de testigos, el emocionante encuentro entre la naturaleza encendida, representada por el instinto bravo de los bureles, con la inteligencia del hombre y su carácter para enfrentar las vicisitudes de la propia existencia.

Esta es la profundidad del toreo que las mentes mediana no entienden y que gran parte de las inteligencias en todos los sectores no sólo aplauden sino se identifican con éste por los valores esenciales que posee: no únicamente la luz, el colorido y la autenticidad –lecciones existenciales–, sino igualmente el rito que enfrenta la formación humana para superar los retos, los tremendos desafíos de la vida que no son sino los pitones de los toros que pueden llevársela al menor titubeo o arrastrándola por el miedo.

Otra precaria legisladora, Leticia Varela, salida de las sombras, adujo que a las reses que saltaban al ruedo se les infamaba colocándoles vaselina en los ojos, papeles en los oídos y dándosele toques a los testículos. Una letanía de mentiras insostenible hasta por el sentido común: de ser así, sin ver ni oír y castrados, de hecho, los toros arrollarían y no habría nadie que pudiera ponérseles enfrente. Sólo los tontos (as) serían capaces de sostener tal cosa.

Para entender la tauromaquia es necesario contar con un poco de cultura, haber leído –aunque sea por Internet– sobre sus esencias y orígenes para explicar su nacimiento bélico y su trascendencia como valiente entrega de dos seres en busca de la belleza de los lances y la geometría mágica del toreo. Quienes quieren destruirla apuestan por un mundo plano, sin perfiles hondos ni glorias por adquirir, infestado de mediocres y no de genios capaces de ver más allá de los reflectores y las sombras.

Sin la fiesta de los toros y sus enseñanzas, lo digo de una vez y para siempre, jamás habría sacado el coraje para enfrentarme, como lo hago a diario, a los marrajos de la clase política, a los corruptos de siempre y a los criminales de todas las especies… incluyendo a quienes pretenden desaparecer del mundo a los toros de lidia. Ellos son los asesinos.

Choque con el pasado

Rafael Loret de MOLA

Las intenciones son positivas pero el espejo del pasado evidencia otras; sobre todo cuando recordamos el lastre del “mayoriteo” priista, tan dañino por sus condiciones de lacayunería hacia el titular del Ejecutivo y quienes buscaban construir futuro a cosa de semblantearlo para adivinar sus propósitos. Así fue durante varias décadas, digamos desde la posrevolución y el “maximato”, digamos cuando surgió el presidencialismo de manos del general Lázaro Cárdenas del Río, uno de los tres iconos de Andrés Manuel –junto a Juárez y Madero–, cuando éste decidió terminar con los caudillos y acaparó todo el poder de éstos. Luego mandaría al exilio a Plutarco Elías Calles, fundador del PNR, el abuelito del moribundo PRI de nuestros días.

Ahora, el futuro presidente de México se encuentra en una coyuntura compleja, digamos entre los principios y el poder que acapara y detona egolatrías peligrosas. Por ejemplo, tendrá un Congreso surgido a su imagen y semejanza, producto además del mayor “tsunami electoral” de nuestra historia. Treinta millones de votos lo avalaron y al sumarse estos sufragios por los obtenidos por el tabasqueño en las elecciones presidenciales precedentes tendremos que ha reunido sesenta millones de sufragios en total lo que no sólo lo convierte en el mexicano más votado de la historia sino en el primero que es efecto directo del sentir de un pueblo jamás claudicante y empeñoso a favor suyo. No es cualquier cosa haber conservado el aurea desde el año 2000 cuando conquistó la jefatura de gobierno del Distrito Federal sucediendo, nada menos, que a Rosario Robles Berlanga quien ocupó el sitio dejado vacante por Cuauhtémoc Cárdenas en fase de su segunda campaña por la Primera Magistratura.

Los primeros conflictos que se le presentan calan profundo en los principios. Por ejemplo, la autonomía entre los poderes de la Unión; a unos cuantos días de su victoria y con la orilla de la asunción muy lejos aún, el próximo mandatario –quien obedece, no quien manda–, decidió reunirse con “sus” diputados y senadores para anunciarles la minuta de las iniciativas que enviará al Congreso para que los morenistas las aprueben, de tajo, y traten de convencer a sus adversarios por si hace falta –que no lo creo–.

Ello coloca al futuro presidente en el plan de temprano legislador –desde el primero de septiembre, esto es tres meses antes de su toma de posesión–, y coarta la sabiduría del Constituyente que ideó la autonomía entre los poderes de la Unión para frenar los excesos del Ejecutivo aunque éste, por fortuna, NO tiene facultades para obrar contra el Legislativo. Y ello tiene explicación: los diputados son representantes populares, quienes deben ejercer su soberanía, y no del presidente en funciones. Y los senadores son quienes significan y dan forma al pacto federal con la representatividad de las entidades federativas.

Ojalá no se pierda el rumbo pero preocupa que, por ejemplo, como una sanción –obviamente merecida– a los gobernadores pútridos –casi todos–, optó por designar a coordinadores para cada entidad favoreciendo en algunos casos a aquellos, supuestamente morenistas –aunque fueran extraídos del PRI y el PAN–, que perdieron en los comicios para gobernadores. Ello estriba, sin duda, un contrapeso real pero también ofende el principio toral de soberanía de las entidades federales.

En fin, son apuntes para que no se olvide el fondo desde la superficie de una presidencia que aún no llega aun cuando Andrés demuestre calidad de estadista a diferencia de su miserable antecesor.

Librarse de peña

Rafael Loret de MOLA

 

Las organizaciones no gubernamentales suelen tomar mayor importancia cuando los vacíos de poder se ahondan y la credibilidad oficial ronda por los suelos. Es el caso del presente. Para desgracia nuestra, el presidente de la República y los miembros de su gabinete parecen dar mayor importancia a simular que luchan arduamente por atraer inversiones –cuando la falta de seriedad fue desnudada por los empresarios chinos que ahora reclaman una fuerte indemnización por los gastos “no recuperables” tras la adjudicación cancelada para la construcción del ferrocarril rápido entre la capital y Querétaro–, que a la galopante crispación social cuyos efectos pueden ser devastadores contra el régimen en curso.

Es un hecho, y lo repetimos, que buena parte de la sociedad mexicana quisiera librarse de peña nieto; y que otro sector solicita, primero, resolver los entuertos creados por la administración actual, sobre todo los relacionados con la violencia desatada y los intolerables actos represivos, antes de retirarse por incapacidad; y unos más alegan que cuando llegue diciembre, peña podrá solicitar licencia, agobiado por sus males físicos.

El caso es que únicamente un puñado de panegiristas estima, con una ceguera total, la prefabricación de sendas trampas “en contra del presidente” para convertirlo en protagonista de todos los dramas como “si fuera gendarme de Iguala”. Esta hipocresía podría exonerar, igualmente al repulsivo mandatario con licencia de Guerrero, ángel aguirre rivero, al secretario de la Defensa Nacional e incluso a la llamada “pareja imperial” Abarca-Pineda Villa.

Criminales de restirador

FOTO: SAÚL LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM

 

Quieren linchar a los medios por transmitir noticias que resultan falsas pero cuyo origen está en los voceros del gobierno. Antes, los boletines oficiales eran el único sustento informativo; hoy, se han abierto micrófonos y teclas para ir más allá e indagar las tropelías incesantes de la clase política; y ésta responde, claro, tratando de difamar y señalar a los periodistas que se equivocan porque las fuentes dominantes los inducen y los llevan a callejones sin salidas.

Luego de los terremotos del 7 y 19 de septiembre pasado, a treinta y dos años de los otros que también enlutaron el espíritu nacional y a miles de familias, se han detectado fallas estructurales en diez mil escuelas y miles de edificios, sobre todo en áreas como Oaxaca, Morelos, Chiapas y Puebla, también Tlaxcala y hasta Tabasco, cuyos constructores recibieron contratos jugosos, sobre todo por parte de la Secretaría de Educación Pública, para poder llevar, decían, la educación a todos los niños mexicanos; pero, en el mismo momento de establecer compromisos, sembraron muerte, devastación y dolor. ¡Y nadie los ha investigado porque se trata de miembros poderosos de la “high life”, amigos y socios de mandatarios y ministros, a quienes el sistema protege y adula.

Así sucedió, por ejemplo, con el arquitecto y “urbanista” Mario Pani, fallecido en 1993, responsable de haber erigido edificios emblemáticos, como la Unidad Habitacion Tlatelolco, parte de ella colapsada desde 1985 y el edificio Plaza Condesa, que tiene daños irreversibles tras los terremotos del 7 y el 19 de septiembre pasado.

Al gusto

Rafael Loret de MOLA

Reformar al gusto del presidente; así lo expresa él mismo cuando interpuso nuevas iniciativas para adecuar el modelo de la flamante Guardia Nacional a los fines y criterios del propio mandatario y extendiendo el debate entre los legisladores, tanto federales como locales en cada uno de los treinta y un estados federales y la Ciudad de México, en donde los seguidores de Morena no tienen dificultad alguna para proceder a favor del Ejecutivo federal dada su excesiva representatividad al estilo del viejo mayoriteo priista con una salvedad: la legitimidad con la cual llegaron con el refrendo indiscutible de las urnas.

No debiera existir poder superior a la soberanía popular ni es válido argüir que en obsequio a las soberanía de cada entidad de la República pueden los congresos locales determinar un cauce distinto al de la legislación superior que emana de la Carta Magna; ninguna constitución regional es superior a ésta y, por ende, debieran los estados aceptar que forman autonomías, y no soberanías, para comenzar a poner el orden en materia republicana. Bien me decía mi maestro Ignacio Burgoa Orihuela          que no habría mayor reforma al documento supremo que cumplir con cuanto ordena siempre y cuando se llamara a las cosas por su nombre. ¡Cuánta razón tenía!

Una muestra, en el Nuevo León de Jaime Rodríguez Caldero, El Bronco, los nuevos diputados aprobaron su rechazo al aborto en cualquiera de sus modalidades incluyendo el terapéutico y el derivado de una violación, circunstancia aberrante que destruye la vida de mujeres, adolescentes –y hasta niñas–, sujetas al flagelo de la dominación machista inaceptable y, además, criminal porque asesinan el espíritu y el futuro de sus víctimas. No es sólo un pecado de acuerdo a los mandamientos de los católicos sino un delito de lesa humanidad por sus consecuencias.

De allí la urgencia para determinar los nuevos escenarios comunitarios, con la familia en el centro de los mismos. Premiar a los violadores con el privilegio de un hijo de quien no se ocuparán equivale al brutal desdén de los radicales, los nazis, por ejemplo, respecto a otras razas y otros pueblos. Y esto, sencillamente, debe superarse; no cabe, además, en los propósitos de una Cuarta Transformación cuyas nociones de justicia se quedan a la mitad: exhibir los crímenes de Estado, los del pasado, sin perseguir y encarcelar, en su caso, a los delincuentes. No es así como se entiende una justa compensación social a los agravios cometidos por los infames; la coerción es el parapeto, además, para evitar nuevos atropellos y la reincidencia brutal de los peores.

Regresar al medioevo, como en Nuevo León –allí donde anda un Bronco mochador de manos y habilidoso para ganarse al presidente contra quien compitió–, sería convertir a la pretensa Cuarta Transformación en una parodia sin límite en pleno siglo XXI.

Falta el aire

Rafael Loret de MOLA

Sólo le falta a peña “privatizar” el aire infectado que se respira en las urbes principales de nuestro México. Todo los demás elementos de la naturaleza han entrado a la subasta: el fuego de las refinerías puestas en manos de estadounidenses sobre todo; la tierra que es dominada por las colonias de extranjeros que gozan de nuestras playas y de los mejores sitios en las ciudades y los pueblos mágicos; y ahora el agua cuyo uso se privatiza al abrir trescientas cuencas –de las 750 que existen–, para robarles a los pueblos indígenas y a millones de mexicanos la posibilidad de contar con ella en beneficio de las trasnacionales cómplices. ¡Maldita sea la hora en que fue elegido peña como presidente!

Y lo decimos a cuarenta y ocho horas del fin de las campañas por la Presidencia de México y cuando los electores ya definieron sus votos sin necesidad de los tres días destinados a “la reflexión”, uno de los absurdos de la ley electoral, así como el hecho de tener que esperar, ¡cinco meses!, en la ambigüedad política antes de la toma de posesión del nuevo mandatario. ¡Cuánto tiempo para preparar manifestaciones, marchas, rebeliones, más violencia y un estado de sitio, si se da en este caso, conveniente para la clase política en el poder!

De hecho, la campaña por terminar –¡gracias a Dios!–, ha sido signo de lo que representa el peñismo: violencia, sobre todo, inseguridad financiera con la volatilidad del peso, y permanentes saqueos contra el patrimonio de los mexicanos. Tal fue el signo de la ominosa reforma energética –votada por el PRI y el PAN, incluyendo el hoy candidato Ricardo Anaya Cortes, quien cínicamente pretendió deslindarse para colocarse la aureola de santo político antes de ser crucificado por sus mentiras–, y ahora el de la vergonzosa privatización del agua, en tiempos electorales, efectuada entre las tinieblas de un régimen entreguista, malhadado y terriblemente demagogo.

Un gobierno, sí, que NO merecemos los mexicanos y debe ser desterrado para siempre, no sin castigo para los principales predadores, no sólo peña sino sus secuaces principales, desde Videgaray y Osorio hasta Meade y Rosario Robles pasando por Gerardo Ruiz Esparza y otros “ministros” más, sobre todo los responsables de los seguridad nacional, en este momento Navarrete Prida, Salvador Cienfuegos y Vidal Soberón. De hecho, todos aquellos que han cursado por este régimen fracturado y condenado, desde ahora, por los mexicanos y, muy pronto, por la historia.

Sí, al señor peña, para que sea espejo fiel de Antonio López de Santa Anna, sólo le hace falta cobrar por el aire y darle la concesión a alguna empresa trasnacional dedicada a la venta de ventiladores o enfriadores que calan hasta los huesos cuando más allá de las ventanas el calor natural quema la piel. López de Santa Anna, recuérdese, decidió imponer tributos por cada ventana colocada en las casas; y algunos las tapiaron para ahorrase la afrenta a cambio de la asfixia personal. Así estamos hoy, sin poder respirar ante los golpes enajenados de las tribus oficialistas que esperan aún tener espacio para meter las manos en los comicios del próximo domingo.

A ellos les decimos que tengan cuidado porque no aceptaremos manipulación alguna por parte del INE ni la menor afrenta contra la dignidad general.

¿Por quién?

Rafael Loret de MOLA

La gama es tal que somete hasta a la incredulidad y la convierte en fuente de entendimiento; si todos son malos es menester elegir al menor peor. Este es el razonamiento imperante entre un amplio sector de la población convencida, además, en el ejercicio del voto como elemento sustantivo para asegurarse mexicanos de bien y no permitir la manipulación de la voluntad colectiva… cuando, no pocas veces, es al revés.

Abstenerse, lo he dicho en otras ocasiones, es también un acto político relevante si se hace luego de meditar en la pobreza de la oferta política y la tendencia a jugar con las mismas reglas, a pesar de los embustes y fraudes coligados unos a otros. Dicen que quien por su gusto muere que lo entierren parado; y tal parece ser la norma de la mayor parte de la clase política insistente en repetir en sus cargos para refugiarse de sus propias rapiñas o cuidarse las espaldas en tiempos de vacas flacas. Buen ejemplo de ello son Emilio Gamboa y Manuel Bartlett, quienes perdieron el faro de la dignidad hace ya varios sexenios.

Me preguntan por quién votar y, la verdad, siempre me he negado a inducir a los lectores con mis sugerencias, creyente como soy del libre albedrío y de la independencia de criterios, explicablemente no afines por las condiciones y circunstancias peculiares de cada quien. La democracia, o el rescoldo de la misma, es esencialmente eso: una fórmula para dirimir, entre individualidades, la senda del colectivo asegurando así liderazgos con respaldo mayoritario.

En fin, es seguro de quien gane los próximos comicios –en este 2018–, no lo hará por mayoría absoluta, ateniéndonos a los resultados oficiales que por allí marcan las cosas, ni en sueños guajiros. Y, es más, para cuantos quieren ponerme sellos les digo: estoy harto de los partidos, tanto, que prefiero fijarme en los candidatos y sus perspectivas antes de medir a las dirigencias de sus respectivos institutos y a las estructuras de los mismos. Por ello, votaría distinto en cada entidad federativa con aspirantes a gobernador –Guanajuato, Jalisco, Morelos, Chiapas, Yucatán, Veracruz, Puebla y Tabasco–, sin que ello implicase traición alguna a mi conciencia sino refrendo a que la partidocracia se asfixia ya ante la incredulidad masiva si bien algunos abanderados pueden ser rescatados apenas de la ignominia.

Vivo en el Distrito Federal, nací en Tamaulipas, me formé en Mérida y soy hijo adoptivo de Tlaxcala –en Coahuila me alejaron por el cacicazgo Moreira–, por lo cual el dilema planteado se complica.

Listos… ¡fuera!

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Parecen listos pero se han debilitado en la espera. De hecho, es bastante cuestionable el acatamiento a las dogmas del Instituto Nacional Electoral que redujo los tiempos de campañas –todavía hace algunos sexenios duraban casi un año con los consiguientes perjuicios económicos y auditivos–, hasta tres meses, si bien los dirigentes partidistas encontraron avenidas –antes las llamábamos lagunas–, para bordear los límites coercitivos y hacer cuanto les ha venido en gana con reuniones “privadas”, que se hacen públicas, y eventos “internos” que reclaman la presencia de miles de militantes –las unciones finales, diríamos–.

Si el INE se aplicara con energía y rigidez, éste sería el momento en el que no hubiera aspirantes presidenciales, ninguno, adelantándose así el caos previsible para un entorno marcado por el fraude; ejecutarlo ya no será tan simple como en otros comicios porque la sociedad ha madurado y cuenta ahora con instrumentos de comunicación cibernéticos cuyos alcances son superiores a los consabidos intentos de manipulación gubernamental, incluyendo a las casas encuestadoras listas a cumplimentar al mejor postor.

Todos los aspirantes, sin excepción, están bajo sospecha, alguna malintencionada con el propósito de acordonar al adversario más avanzado – una estrategia natural para intentar cazar a quien lleva la delantera o acercarse al mismo–, pero ninguno se atreve a profundizar en los temas turbios que van mucho más allá de los señalamientos de orden personal aun cuando, en no pocos casos y considerando a los candidatos a gobernadores, diputados y senadores, debieran ser motivos de coerción.

Gobierno muerto

Rafael Loret de MOLA

La administración de peña está muerta; sin embargo, al espíritu chocarrero, el mismo que nos engañó y depauperó bajo el supuesto de “mover a México”, revolotea por Los Pinos escarneciendo a los mexicanos, privatizando el agua, dejando a buena parte de la Ciudad de México y del Estado circundante sin abasto del líquido indispensable. A todos les tocó por igual, a pobres y ricos, en una espiral de rencores encontrados entre un gobierno rapaz y un pueblo que decidió, el 1 de julio, sacudirse a las ratas que carcomían nuestras entrañas; aunque, debemos apuntarlo, aún esperamos JUSTICIA y no perdón ni olvido ni amnistías.

El legado de peña no puede ser más atroz. Si se calculaba en 130 mil los muertos durante la magra gestión del miserable calderón, en el lapso actual, próximo a concluir, la cifra se elevó a trescientos veinte mil, cuando menos, además de más de 30 mil desaparecidos de acuerdo a los recuentos oficiales mentirosos como los de las víctimas de la masacre de Tlatelolco en 1968: hablaron de 28 fallecidos, nada más, cuando había cientos de familias en busca de sus hijos, hermanos, esposos y de jovencitas valientes, excepcionales, que hubieran podido sacar al país de la bancarrota de valores en vez de la ladrona Rosario Robles Berlanga, la primera de la lista cuando se decidan a iniciar el combate a la corrupción; ¿cuándo? ¿el 1 de diciembre?

Ya hemos dicho que, en trece años, de 2001 al 2014, ciento cincuenta mil personas perecieron en Afganistán como fruto de la invasión estadounidense que luego proseguiría a Irak y a Siria en donde, en este momento, el duelo entre dos fanatismos –el del Islam y el de Trump–, van en concordancia con los peores momentos de la historia, desde los horrores del Holocausto y, en general, de la Segunda Guerra Mundial. En nuestra tierra, la de Mesoamérica, igualmente se vivió el genocidio brutal que algunos petulantes insolentes llaman “conquista”. Y así por el estilo.

López Obrador no heredará un país en bancarrota sino un cadáver al que intentaremos resucitar con la energía de todos, no la de un solo hombre. Nadie está por encima de la soberanía popular y ésta delinea correctivos ahora, antes de que sea demasiado tarde. En sus manos está, presidente electo, con el aval del 46 por ciento de los mexicanos, ya no de la mayoría absoluta porque en ésta no se consideró, en julio pasado, al 30 por ciento de quienes no acudieron a votar y a cuantos lo hicieron anulando sus boletas y despreciando a todas las opciones.

Vindicaciones

Rafael Loret de MOLA

Cuando asumió el “pato” Donald la presidencia de los Estados Unidos, haciendo buenos los augurios de Walt Disney –y, al parecer, también de los pitonisos Simpsons–, hablamos de que volvían a darse las condiciones para un nuevo día “D” recordando el desembarco en Normandía como efecto del bombardeo, sin aviso, a Pearl Harbor, desde donde los Estaos Unidos habían puesto en jaque a Japón; no fue aquel un acto de traición sino de defensa ante la disparidad de fuerzas y la amenaza que significaba la flota norteamericana en el Pacífico.

La comparación siniestra surgió porque la protesta de Trump parecía el símil de aquella ocupación de Europa con el argumento de combatir a un sistema inhumano, avasallante: el fascismo o igualmente el nazismo surgido del modelo Nacional Socialista para el cual sólo importaba el desarrollo de Alemania y la supresión de los candados a ésta impuesta luego del desastre de la Primera Guerra Mundial. Fue la vendetta la que llevó a la terrible conflagración, la más cruel de la historia incluso por encima de la Segunda Guerra universal, y las muertes de dieciocho millones de combatientes y civiles. Y el Tercer Reich logró, al inicio de la nueva oleada de terror bélico, vindicarse por las “humillaciones” que culminaron con el armisticio germano en un vagón de ferrocarril colocado en los jardines a las afueras de París.

Como se previó desde el principio, la asunción de Trump fue una parodia de rencores, de visceralidades acumuladas y de fobias acrecentadas por la soberbia. Todos los ingredientes que hicieron de Adolfo Hitler el más grande villano –para muchos criminal– de la historia. La misma filosofía está en boga ahora en la Casa Blanca –la de Washington–, merodeando por la oficina oval, conocida como el set más recurrente de la industria de celuloide –el otro es el de la escenografía de la brutalidad extrema de la guerra–, en donde Trump descarga sus odios personales y su augusta xenofobia basada en el imperio del capital extraído a costa de la sangre de los demás. Es bastante mejor que el gobierno estadounidense esté “cerrado”.

En el retorno a la década de los cuarenta del siglo pasado, Trump enfiló hacia México sus traumas y antipatías. Rompió tratados comerciales, como había adelantado, y acribilló con adjetivos hirientes a nuestros compatriotas que se ganan la vida en territorio norteamericano, también a cada uno de nosotros, generalizando sobre cuestiones como el tráfico de drogas… ¡propiciado y administrado por las propias autoridades y servicios de inteligencia estadounidense! Sólo los hijos de esta nación vecina son capaces de tan brutal parodia; ni siquiera la clase política de nuestro país.

¡Qué rápido nos alejamos del escenario brutal de Monterrey en donde un niño de quince años, Federico N., arremetió a tiros contra sus compañeros del Colegio Americano del Noreste! ¡Qué terrible enterarnos que en Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua, cuando menos, se fraguó el crimen tremendo contra decenas de niños al aplicarles agua destilada para simular quimioterapias mortales! ¡Tampoco olvidemos a los pequeños de Comitán, en Chiapas, ni a los bebés de Hermosillo, cuarenta y nueve de ellos calcinados! ¡Qué dolorosa la cerrazón del pasado inmediato ante las protestas públicas contra el alza a las gasolinas, motor de la economía, en plena debacle de valores morales! Y, sobre todo, ¡qué indigna la impunidad que todavía protege al ex mandatario responsable de la gran tragedia nacional!

¡Los mismos gritos!

Rafael Loret de MOLA

¿A través de los meses precedentes, esto es desde las definiciones de las precandidaturas –episodio en el que ninguno de los postulados recurrió a la militancia de los partidos que abanderan–, han crecido ustedes, nosotros, quienes conformamos la masa popular, en cuanto a su visión de futuro o, al contrario, sentimos que estamos, de nuevo, empantanados? No me contesten a mí; analícenlo bajo sus propias conciencias, tan atenaceadas por los discursos baladíes, los desplantes torpes y las sinrazones de pleitos que dividen y no buscan la defensa de los valores nacionales en riesgo.

Perdónenme los incondicionales de tal o cual candidato pero así lo observo ante un Instituto Nacional Electoral, encabezado por un racista, Leonardo Córdova Vianello, quien es de aquellos atrapados por la deformación de que sólo los de “buenas familias” –adineradas mediante toda clase de juegos sucios–, nos pueden y deben gobernar, olvidándose de que la sangre indígena nos dotó del mayor de los mexicanos: el Benemérito Benito Juárez. En este punto coincido con el candidato de Morena, el PT y PES –éste último resbaladizo por el sector de la ultraderecha más recalcitrante–, aun cuando se propone ser mejor presidente que el del patriota de Guelatao.

Ya antes, el insolente fox dijo que había sido mejor que Juárez, hechizado con los susurros adormecedores de Martha la que se quedó, disciplinada, fuera de la contienda presidencial de 2006 –¡nos salvamos entonces de una locura extrema!–, y debió conformarse por ser la consorte “sacrificada” de un ex, castigado sexualmente por la vida, con inmensas heredades, un templo faraónico al que acudían, ya no, algunos personajes extranjeros mal orientados y hasta el señor Meade en los días previos de la definición priista, y todo tipo de privilegios –no sólo las pensiones sino igualmente la servidumbre y las escoltas que multiplican los estipendios–. ¡A cuántos cretinos y ladrones hemos soportado!

Cuando todos hablan de la corrupción, como lo han hecho los candidatos desde que se instaló la supuesta democracia en México –digamos en 1911 con la victoria electoral de Madero, el primer traicionado de su propia revolución–, ya no distinguimos siquiera los matices en medio de acusaciones entrecruzadas –por desgracia cierta en un gran porcentaje–, sobre millonarios desfalcos si bien nunca superiores a las triangulaciones del modelo Rosario que alcanzan ya los ¡seis mil millones de pesos!, incluso superiores a los sobornos de Odebrecht que pasaron por cierta casona de Chapultepec, y a los de HIGA, la única constructora del mundo que financia a sus mejores clientes y hasta les obsequian parte de los fondos.

Ni qué decir del aeropuerto, encargado a Norman Foster y Fernando Romero, yerno de Slim si bien con reconocimientos internacionales aunque éstos parecen derivados de lo primero acaso injustamente, del que se ha pagado el 87 por ciento ya pese a su lento avance. De suspenderse las obras, miles de millones se irían al caño mientras se invierte un tanto más en las pistas subliminales de Santa Lucía.

La locura de la clase política ya no manipula ni a los parientes de los suspirantes.

Amanecer optimista

Rafael Loret de MOLA

AMANECIMOS Y NO HABÍA BARRICADAS ALREDEDOR DE LOS PINOS NI SE VENDÍAN DROGAS EN LAS SECUNDARIAS

–incluso también en algunas primarias–, y la policía era la institución más respetada por la ciudadanía. No había evasores fiscales porque, claro, la ciudadanía confiaba plenamente en la buena administración y destino de sus impuestos más allá de las mareas intermitentes de la política. No había incluso de habilitar, en la Carta Superior, el término corrupción como el ponzoñoso virus que destruye y carcome por dentro al sistema político mexicano. Ya ni siquiera se discutía sobre la autenticidad del indio Juan Diego, cuyas visiones de la Guadalupana fueron puntos de identidad para la naciente nación mexicana, y nadie hacía del fervor popular arma proselitista para intentar conservar el poder. ¿Se acuerdan de los fox?

Era un día despejado, sin turbulencias en el paisaje y sin agobios por la inminencia de los huracanes financieros críticos. Vivíamos bien, tan estupendamente, que el Metro ya no era materia de demagógico subsidio porque, sencillamente, el poder adquisitivo general lo posibilitaba. (En Madrid, por ejemplo, se presume tener el Metro más económico del mundo; cada viaje cuesta un euro y medio, algo así como veintisiete pesos. ¿Sabrán que allende el mar existe un país, México, donde sólo se cobra cinco pesos por el servicio y aun así no alcanza para cubrir los satisfactores básicos y un entorno, más o menos, digno y saludable?).

Pero este día, en fin. Todos contaban con empleo digno lo que hacía innecesaria las manifestaciones. No cobraban los Ministros casi $600 mil ni los legisladores viajaban más que como lo hacía Julio Verne. (Apunte el dato el señor enrique peña nieto, para tomarlo en cuenta en futuras interpretaciones maliciosas destinadas a provocarle resbalones).

Nuevo congreso

Rafael Loret de MOLA

Desde 1997, cuando también se votó por primera vez por el jefe de gobierno del entonces Distrito Federal con Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano como gran triunfador –desde entonces, el PRD no ha perdido la posición aunque, al parecer, está muy cerca de su salida–, el PRI dejó de tener la mayoría absoluta en el Congreso si bien todavía podría controlarlo sin mayor problema con la ayuda chantajista de nuevos institutos familiares con buena dosis de estipendios; el PAN, entonces, se negaba a recibir este tipo de prerrogativas económicas hasta que se dio cuenta de su “pobreza”.

Desde entones poco ha cambiado. Y, en cambio, se optó por dejar en el archivo la iniciativa de reforma política, en 2010, en la cual se contemplaba la realización de una segunda vuelta electoral en caso de que ninguno de los aspirantes alcanzara la mitad más uno de los sufragios. Si tal hubiera prosperado Andrés acaso, de no alcanzar el 50 por ciento de los sufragios emitidos –algunas encuestas señalan que sí lo hará y con un margen aplastante-, tendría que irse a una segunda vuelta para competir con la derecha –y parte de la izquierda- en su conjunto. Sería unos comicios más en serio y más apretados con buena dosis de “terrorismo” político. No sé si fuera tan favorable; lo sería, sí, de haber inaugurado ya la civilidad democrática, tan lejana y aún utópica.

El caso es que sólo faltan –¡bendito sea Dios!–, ocho días de campaña y tres más para la jornada electoral. Setenta y dos horas para la reflexión cuando los electores ya están hartos de palabrerías y de una guerra sucia que no amaina, al contrario, con advertencias severas de que algunos miembros otrora invulnerable del establishment están dispuestos a llevar la contraria al hecho incontrovertible de que Andrés, voto sobre voto, es inalcanzable. Los debates, aunque no los ganó, le hicieron lo que el viento a Juárez. El rencor contra el peñismo, el PRI y la farsa panista tuvieron mucho más peso.

Pues bien, en el futuro Congreso, cuya primera sesión solemne será el primero de diciembre, dos meses después de la jornada electoral y tres antes de la toma de posesión del flamante mandatario, los números hablan de que, ahora mismo, Morena podría contar con el 58 por ciento de las curules, entre 236 a 298 diputados, mientras el PAN y el PRI flotarían apenas arriba del 20 por ciento. Un verdadero derrumbe para los apoyadores del sistema. Y en el Senado las cosas no serían muy diferentes aunque en esta Cámara, Morena estaría apenas debajo de la mayoría absoluta con un 45%, y el PAN y el PRI se dividirían entre el 18 y el 22 por ciento cada uno.

De ello depende, y mucho, el destino de la próxima administración. Con niveles tan bajos es obvio que el PRI debería apostar por una refundación –como ocurrió bajo el mandato del general Cárdenas y luego del general Ávila Camacho: del PNR al PRM y luego al PRI-, que incluyera juicio y expulsión de los traidores y de cuantos ofendieron y marginaron el legado original de este partido, el de la justicia social. De hecho, las desviaciones comenzaron desde el momento mismo en que Calles fundó su “maximato”, luego de haber hecho lo mismo con el PNR y el Banco de México, y escupió sobre la democracia.

Y así vamos, desde entonces.

Nuestras carcajadas

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Es de carcajada. Los señores fox, sobre todo él durante su campaña, asumieron que encabezarían un cambio estructural y no hicieron otra cosa que proclamar el continuismo arguyendo ignorancia sobre los avances logrados por el zedillismo, la era de la mayor simulación de cuantas recordemos, y elevado al señor ernesto a la posición de adalid de la democracia por haber prohijado, con sus acciones empobrecedoras, el clamor contra el estado de cosas y luego procediendo con los consejos de la Casa Blanca para llevar adelante una transición sin sobresaltos; y esto, como sabemos, fue su mayor aportación.

Y, desde entonces, el continuismo, antítesis del cambio, se convirtió en el único proyecto de una derecha cortada a la medida del sistema, esto es del engendro priísta que impide las transformaciones sociales y decide cuanto le viene en gana contrariando, de esta manera y muchas otras, la soberanía popular. Esto es, aunque se nieguen a aceptarlo, la clase política le ha dado a los mexicanos un golpe de Estado técnico con innumerables consecuencias, entre ellas la fusión ignominiosa de dos males que han carcomido a la estructura política nacional: el presidencialismo, mal antiguo, y la partidocracia, desenlace de la fútil pluralidad pretendida para fines de exhibición con vista hacia el exterior; por dentro bien sabemos que extender el número de curules y escaños en el Congreso sólo ha servido para vulgares acuerdos de las dirigencias.

Por todo ello es inadmisible que solicite unidad el señor peña nieto, encumbrado ya como el peor mandatario de la posrevolución.

Chantajes

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Bajo el peso de las precandidaturas, lo mismo hacia la Presidencia de la República que en pos de catorce gobiernos estatales, curules y escaños a nivel federal y también en las entidades donde renovarán sus Congresos hasta sumar treinta en donde habrá comicios estatales sea de dos o tres poderes que conforman sus estructuras políticas. Esto es, todo el país habrá de sacudirse sin remedio y, por ello, la clase política, conformada por la retaguardia de la democracia simulada, se remueve, como nunca antes, e intenta poner en jaque al presidente de una República vieja y, a la vez, detenida por la parálisis de muchas décadas.

El caso más singular es el de Emilio Gamboa Patrón quien, descaradamente y como uno de los mayores representantes de las peores mafias delictivas que han infiltrado al gobierno en sus distintos niveles, intenta imponer como candidato priísta al gobierno de Yucatán a su vástago, Pablito Gamboa Miner, huérfano de madre por cierto desde hace poco más de un año, a costa de presionar a peña y a cuantos estimen posible la precandidatura presidencial de José Antonio Meade Kuribreña. Para ello se sirve, incluso, de la enajenada y ladrona yucateca, Ivonne Ortega pacheco, quien remueve entre los huesos de su tío para ver si encuentra algún hueso todavía firme para apegarse al mismo. Pobrecita ricachona; y pobrecita, también, su íntima amiga, la ex alcaldesa Angélica Araujo. Vaya par.

Y con esta tesitura, en cada partido los intentos de aplacar a los adversarios, a costa de investigarles turbiedades en el pasado y perversas intenciones para el futuro, es cada vez mayor y de efectos muy disímbolos.

Cuento de Navidad

FOTO: VICTORIA VALTIERRA /CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

Soñé, todavía es posible, con una Navidad blanca. No la artificial que impone a una parte del zócalo el hielo para el disfrute de los patinadores –escasos si los comparamos al total de una población cuya cultura no incluye las llamadas festividades del invierno estadounidense–, y regocijo de los curiosos que, a falta de poder adquisitivo, se animan observando en silencio sólo roto cuando alguien de los activos sucumbe irremisiblemente ante la ausencia de equilibrio. Las risotadas son enormes y no pocos manifiestan su sorpresa ante un paisaje que, desde luego, no nos pertenece y es tan ajeno como el de los pingüinos al sur del continente; aún con algunas reproducciones en los zoológicos las muestras nos siguen pareciendo exóticas y lejanas.

La Navidad blanca con la cual entré al paraíso de la irrealidad –o la fantasía, si no creemos en la sentencia de que cuanto pensamos adormecidos, en la oscuridad de la noche, encuadran en las premoniciones–, no tiene que ver con la nieve, tan poco frecuente como los actos de justicia en el centro de la República y sólo presente en algunos sitios del norte, sino con la urgencia de frenar la barbarie, dejar de observar a sujetos patibularios andando al lado nuestro y convencidos que portar una cadena de oro les hace tan superiores como para abrirles el paso en las estrechas banquetas o en los pasos peatonales artificiales en donde las obras públicas huelen a complicidades y corrupción.

Hace unos días, por cierto, uno de los trabajadores contratados para modificar las avenidas de Polanco, acaso uno de los sitios de la capital en donde menos falta hacía esta millonaria inversión, me abordó con voz muy suave, como si quisiera hablar en silencio lo que, naturalmente, es imposible y me susurró:

–Oiga… fíjese que nos encontramos una pulsera de oro cuando escarbábamos; ¿quiere verla?

La vi, por curiosidad. Y aunque parecía una artesanía azteca propia de un museo recordé que esta sección de la inmensa ciudad de México era un islote alejado de la Gran Tenochtitlan por lo cual era poco probable desenterrar piezas prehispánicas; acaso, dicho con el mayor respeto, podrían encontrarse algunas Menorah, el tridente del pueblo israelí utilizado para las grandes celebraciones, considerando que esta colonia defeña fue, durante muchos años, casi exclusivo de la comunidad judaica. Por cierto, no faltan lugares en donde pueda apreciarse este símbolo, incluso en centros comerciales como Antara muy cerca de lo que se denomina ya “ciudad Slim”, el segundo gran espejismo de la urbe magna en paralelo con Santa Fe.

Telones de sangre

Rafael Loret de MOLA

Durante seis meses –de junio a diciembre de 2014–, la Secretaría de la Defensa Nacional y su titular, el execrable Salvador Cienfuegos Cepeda, ocultaron la información sobre la masacre de Tlatlaya, en el Estado de México, cada vez más contaminado, entre otras cosas porque las viles ejecuciones de veintidós civiles fueron consecuencia de un operativo para “rescatar” ochenta millones de dólares guardados en una casa de seguridad en San Pedro Limón. Hasta ahora no se ha dicho una palabra del paradero del dinero aunque algunos testimonios indican que pasaron, cuando menos, por el escritorio del general secretario.

Fue vergonzoso, para la prensa nacional, para todos los informadores, que una agencia internacional y una revista estadounidense dieran cuenta del suceso al “filtrarse” fotografías bastante explícitas; pese a ello, los voceros de la Defensa insistieron en que se trataba de una banda de delincuentes quienes portaban armas de alto calibre y estaban emboscados. Las evidencias, sin embargo, exhibieron otra cosa: entre los muertos se veían a mujeres y niños, sin empuñar siquiera una pistola .22, indefensos y cuyos cadáveres se veían dentro de un terreno baldío, abandonados y sin elementos que permitieran argüir una actitud subversiva. El móvil siempre fueron los billetes asentados sobre una de las mesas del domicilio sitiado por la soldadesca. Este fue el motivo del silencio que ya no pudieron guardar los uniformados de alto grado.

De lo anterior parto para preguntarme cuántos casos similares se han dado por el país –tenemos memoria de los casos de Tanhuato y Apatzingán, en Michoacán, y en Vallarta, Jalisco aunque en este caso se habla de una emboscada–, pero curiosamente en otras zonas de alto riesgo, esto es donde se supone que los cárteles no cesan en su guerra –todo la frontera norte del país desde Baja California hasta Tamaulipas, además de Durango, Sinaloa, Nayarit, Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Morelos, Puebla y la Ciudad de México, Jalisco, entre otros–, no hay reportes salvo de fosas clandestinas y tráileres cargados de cadáveres que pasean por las calles de Guadalajara como si se tratara de carros alegóricos de la muerte, el sello de más alta graduación de la administración peñista.

Nos dirán que tal es especulación pura; y, en cierto modo, lo es. Pero no tendría razón de ser sin el conocimiento sobre la manera cómo se han intentado ocultar los asesinatos de estado e incluso el número de víctimas que sumó la campaña electoral de este 2018: 110 políticos ajusticiados, cuando menos, 43 de ellos pertenecientes a la coalición PRI-Verde-PANAL. El odio se mezcló acaso con el incumplimiento de los acuerdos con el narco. Es un hecho, por desgracia, aunque algunos traten de disimularlo descalificando la información.

Entre tantos y tantos muertos, llegamos a más, muchas más víctimas que la cifra más razonable sobre los mártires de Tlatelolco: 325. Por eso no puede olvidarse ni perdonarse. Porque es imperativo comenzar la guerra contra la corrupción, promesa toral del presidente electo, dándole un golpe severo a la impunidad que nos separa del estado de derecho.

Nadie ganó

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@hotmail.com

Con el ritual de la semana pasada –en un solo día el aspirante a la Presidencia, que no es militante del PRI pero “simpatiza” con este partido por ser “la mejor opción”, renunció a Hacienda, recibió el beneplácito presidencial, acudió a las sedes de los tres sectores del PRI con toda la vieja guardia reunida y entregó la carta de adherencia para ser reconocido como candidato en su momento, callando a todos los demás–, José Antonio Meade Kuribreña podría haber protagonizado su última jornada como empeñoso burócrata de altura: jamás ha sido electo para nada y ahora aspira a la Primera Magistratura con el aval del mandatario peor evaluado de la historia.

También, como fue evidente, en esas primeras veinticuatro horas no hizo sino reiterar su afecto y admiración por peña, acaso porque a partir de ese momento debió comenzarse a cortar el cordón umbilical para tratar de lograr lo que, en este momento, se antoja imposible: separarse de su progenitor político e incluso disociar su figura de la del PRI, como ya han hecho otros aspirantes, como el electo alcalde de Saltillo en una entidad afrentada por otro de los burdos fraudes electorales de la historia moderna, y sin que la dirigencia nacional del PAN, ocupada en los menesteres de la unción de un solo candidato con el PRD y el MC como corderitos, hiciera mayor ruido ante la afrenta. Cada quien lleva agua sólo a su molino.

Casi, de manera automática, las encuestas inducidas plantearon que Meade, en un solo día había subido como la espuma incluso colocándose por encima de los aspirantes del Frente Ciudadano, por separado.

Si la historia…

Rafael Loret de MOLA

Alguna vez escribí que si la historia no estuviera plagada de episodios en los que los padres matan a sus hijos por el poder y éstos a aquellos, ni de líos de Mata-Haris espías que condensan en la promiscuidad las apetencias de los señores de horca y cuchillo, sería difícil de creer en la cantidad de intrigas, acuerdos soterrados, goles sucios, dobles intereses y lecturas, intenciones inconfesables y ruindades políticas que en el presente modifican perfiles y nos hacen la remontada mucho más difícil. ¿Pasaría algo similar a un tsunami si desapareciera la economía como rectora de la riqueza y retornáramos al honrado trueque para colocar a todos en la justa medianía, sin especulaciones escandalosas?

Quizá uno de los grandes estrategas estadounidenses, sentado en su cómoda y blindada oficina del Pentágono por ejemplo, llegó a la conclusión de que el extinto presidente de Venezuela, Hugo Chávez, era bastante más que un cáncer peligroso con posibilidades de extenderse al resto de las naciones del cono sur. Y le atacaron, duramente, durante largo tiempo si bien él mismo se ponía en el blanco con desplantes, poco serios los más, y actitudes belicosas sólo justificables si el petróleo de su país fuese el único material para proveer de verdadera riqueza. Como existen otros –incluyendo la redituable especulación–, Chávez se fue quedando solo aunque después recuperó posiciones, no por su terquedad por perpetuarse –uno de los errores más graves por él cometidos–, sino porque la defensa de la soberanía de su país, enfrentado a la nación más poderosa de todos los tiempos, resultó poco menos que ejemplar.

Después Chávez alegó que los estadistas de América Latina –no los mandatarios turbios y acomodaticios–, están siendo víctimas de una suerte de “código negro”, ya no naranja, para inocular cáncer a algunas de las figuras prominentes de Sudamérica, como él, la señora Cristina Fernández, de Argentina, Fernando Lugo, de Paraguay, los brasileños Lula da Silva y Dilma Russef, entre otros. Además de Fidel, el de Cuba, cuya muerte tardía no permitió ver el alcance de la maldición. El hecho es que quien no cree en las casualidades, defecto de este columnista sin remedio, aplica la lógica y suma estadísticas para concluir que en ninguna otra época tantos mandatarios latinoamericanos habían padecido del mismo mal en distintas circunstancias, minados de moro irreversible.

Chávez, naturalmente, culpó a la CIA hasta que el cáncer lo mató el 5 de marzo de 2013. Y volvemos al inicio de esta columna. Si la inteligencia estadounidense no hubiese protagonizado tantas y crueles intrigas, magnicidios y matanzas impunes, no podríamos creer en algo que podría parecer incluso burdo. Pero, por desgracia –y sería muy positivo indagar y aclarar lo correspondiente–, la secuela de hechos infames ha sido tal que cualquier rumor, o una denuncia presidencial aunque viniera de un general ex golpista, llama nuestra atención y obliga a reflexionar hasta qué punto lo expuesto por el venezolano ahora extinto pudiera tener visos de credibilidad. En lo personal, la duda acelera mis sospechas. ¿Y las de ustedes, amables lectores?

Juego de Presidencia

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Alguna vez escribí que si la historia no estuviera plagada de episodios en los que los padres matan a sus hijos por el poder y éstos a aquellos, ni de líos de Mata-Haris espías que condensan en la promiscuidad las apetencias de los señores de horca y cuchillo, sería difícil de creer en la cantidad de intrigas, acuerdos soterrados, goles sucios, dobles intereses y lecturas, intenciones inconfesables y ruindades políticas que en el presente modifican perfiles y nos hacen la remontada mucho más difícil. ¿Pasaría algo similar a un tsunami si desapareciera la economía como rectora de la riqueza y retornáramos al honrado trueque para colocar a todos en la justa medianía, sin especulaciones escandalosas?

Quizá uno de los grandes estrategas estadounidenses, sentado en su cómoda y blindada oficina del Pentágono por ejemplo, llegó a la conclusión de que el extinto presidente de Venezuela, Hugo Chávez, era bastante más que un cáncer peligroso con posibilidades de extenderse al resto de las naciones del cono sur. Y le atacaron, duramente, durante largo tiempo si bien él mismo se ponía en el blanco con desplantes, poco serios los más, y actitudes belicosas sólo justificables si el petróleo de su país fuese el único material para proveer de verdadera riqueza.

Como existen otros –incluyendo la redituable especulación–, Chávez se fue quedando solo aunque después recuperó posiciones, no por su terquedad por perpetuarse –uno de los errores más graves por él cometidos–, sino porque la defensa de la soberanía de su país, enfrentado a la nación más poderosa de todos los tiempos, resultó poco menos que ejemplar.

Después Chávez alegó que los estadistas de América Latina –no los mandatarios turbios y acomodaticios–, están siendo víctimas de una suerte de “código negro”, ya no naranja, para inocular cáncer a algunas de las figuras prominentes de Sudamérica, como él, la señora Cristina Fernández, de Argentina, Fernando Lugo, de Paraguay, los brasileños Lula da Silva y Dilma Russef, entre otros. Además de Fidel, el de Cuba, cuya muerte tardía no permitió ver el alcance de la maldición. El hecho es que quien no cree en las casualidades, defecto de este columnista sin remedio, aplica la lógica y suma estadísticas para concluir que en ninguna otra época tantos mandatarios latinoamericanos habían padecido del mismo mal en distintas circunstancias, minados de moro irreversible.

Chávez, naturalmente, culpó a la CIA hasta que el cáncer lo mató el 5 de marzo de 2013. Y volvemos al inicio de esta columna. Si la inteligencia estadounidense no hubiese protagonizado tantas y crueles intrigas, magnicidios y matanzas impunes, no podríamos creer en algo que podría parecer incluso burdo. Pero, por desgracia –y sería muy positivo indagar y aclarar lo correspondiente–, la secuela de hechos infames ha sido tal que cualquier rumor, o una denuncia presidencial aunque viniera de un general ex golpista, llama nuestra atención y obliga a reflexionar hasta que punto lo expuesto por el venezolano ahora extinto pudiera tener visos de credibilidad. En lo personal, la duda acelera mis sospechas. ¿Y las de ustedes, amables lectores?

 

Mentirosos

VILLAHERMOSA, TABASCO.-02JULIO2006.- Roberto Madrazo, candidato presidencial de la Alianza por México, emite su voto en la casilla 029 de su ciudad natal.

RAFAEL LORET DE MOLA

Coincidí con Roberto Madrazo Pintado, hijo del célebre tabasqueño que modernizó a Tabasco, Don Carlos Madrazo Becerra, en el Centro Universitario México. Allí pude medirlo por la forma en que, manipulado y traicionando, vendió al grupo que, junto con otros compañeros había formado yo, para exigir una representación de los alumnos dentro del consejo de la preparatoria. Era 1968, claro.

Madrazo, haciendo mancuerna con Mario Palma Rojo –su incondicional y esbirro entonces–, socavó a quienes luchábamos por tener voz en una escuela de hermanos maristas con mentalidad bastante cerrada –lo que no es óbice para recordar a algunos con enorme respeto y cariño–, y se colocó al frente de otro grupúsculo, sometido a la dirección del plantel, para tirar y frenar a nuestra propuesta vigorosa que marchaba, por cierto, al ritmo de los tiempos. Ganó así las palmadas de los mentores y el repudio de los estudiantes en unos días de fragua, protesta y violencia por las calles de la ciudad de México y las capitales de casi todas las entidades del país. Así le conocí y, desde entonces, supe que nadie podía confiar en él.

No es extraño que Madrazo Pintado haya esperado doce años para fustigar a díaz ordaz –a quien sirvió su progenitor–, y a echeverría, a quien se le señala por la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco pero poco se habla de la del Jueves de Corpus de 1971 cuando los “halcones”, financiados por él, golpearon, reprimieron, ejecutaron y remataron a los heridos juveniles en los hospitales. No quisieron dejar ni una célula digna y rebelde para que, bajo el liderazgo de la sangre nueva, erigiera un país distinto a que nos heredaron los graduados de Oxford y Harvard, niños bien con pretensiones de grandeza y un profundo desprecio por los mexicanos a quienes han visto, desde siempre, como sus sirvientes.

Ahora, Madrazo levanta su apagada voz para ahondar en sus cicatrices: siempre consideró a díaz ordaz, el responsable del terrible avionazo que causó la muerte de sus madres sobre el Cerro del Obispo en Monterrey. Pero, además, declara que, aunque no fue asunto suyo, en las actas de escrutinio que reunió en 2006, como candidato presidencial del PRI, siempre se mantuvo arriba Andrés Manuel López Obrador. Pero no dijo nada, prefirió el silencio y causar escándalos en algunos maratones en el exterior donde acortó caminos para ser eliminado. Siempre tramposo y bocón.

Lo mismo hizo Alfonso Durazo Montaño, designado para ocupar la Secretaría de Seguridad Pública en la nueva administración lópezobradorista, quien tardó diez años en dar su acotada versión sobre el magnicidio de Lomas Taurinas, en donde cayeron Luis Donaldo Colosio y el proyecto que defendía para sanear lo podrido de los regímenes de miguel de la madrid y carlos salinas. Y ahora, después de ser secretario de Colosio y otro tanto con vicente fox en Los Pinos, se perfila para el gabinete de Andrés. ¡Chuza!

Las hipótesis tardías suelen estar contaminadas por cobardía o por intereses del momento, muchas veces ajenos a los sucesos que describen. Por eso, señor presidente electo, es necesario, como prioridad, una revisión seria de la historia para acabar con mitos, leyendas y refugios de reaccionarios.