Web Analytics Made Easy - StatCounter
Director general: Miguel Cantón Zetina | @MiguelCanton1
Somos parte de:
Viernes 18 Enero del 2019
nubes rotas 19°

Piense

Crítica negra

Rafael Loret de MOLA

Me decían hace unos días que mis palabras parecen impregnadas de un pesimismo negro –lo contrario del humor– y hasta catastrofista. Para defenderme un poco, y además apenado por el justo señalamiento, argüí que también me habían calificado igual cuando vi venir el atentado contra Colosio –Presidente Interino, 1993–, o denuncié el alcoholismo de calderón antes de que el escándalo llegara a la Cámara de Diputados. De igual manera, la alerta sobre marta sahagún evitó lo que ya se gestaba para simular una suerte de reelección de fox si bien su falta de carácter ayudó bastante. Y siempre colgándome el sambenito de ser profeta del caos. ¡Cómo si me gustara el papel!

Como testigo de tantas volcaduras de la historia, me satisfaría mucho más reseñar a los lectores preocupados del acontecer cotidiano que no hay riesgo alguno de una nueva “guerra fría” pese a la unión de fuerzas entre Rusia y China en franco desafío hacia occidente y, en concreto, al ya desbalagado pato Donald Trump, quien sólo es aprobado por el 37 por ciento de los estadounidenses radicales y xenófobos además de que parece tener un gran parecido político con su todavía colega mexicano: todavía no han podido aterrizar en la realidad ni saben conducir las naves de las cuales son timoneles, sólo eso, bajo las órdenes de un capitán que, por si se les olvida, se llama soberanía popular, maltrecha en nuestro país ante la incesante invasión de foráneos saqueadores que cierran espacios en nuestros mercados y en todos los renglones. Es una pena el desplazamiento continuo de los inversionistas locales y el arribo de toda suerte de profesionales de fuera, españoles y estadounidenses sobre todo, con salarios tres veces mayores a los pagados a sus similares mexicanos. Volvimos hacia atrás en la historia. Veamos si el 1 de diciembre cambian las rutas y las aguas.

Ya he dicho que México, por desgracia, es la única nación en donde se aplica la xenofobia al revés: esto es en contra de los nacionales y entregados sumisamente a los extranjeros ambiciosos y ansiosos por multiplicar sus fortunas en un cerrar y abrir de ojos. ¿Cuántos de ellos han logrado resarcirse de sus pérdidas en sus países de orígenes acudiendo al saqueo de divisas desde las sucursales de “sus” bancos? Una de las medidas urgentes, que debiera toma la Secretaría de Hacienda, es la de auditar a fondo los movimientos y operaciones, lesivas para la economía nacional, de estas instituciones incapaces de pensar en los intereses de nuestra sociedad. Trabajan para la Corona como si estuviéramos en el virreinato de nuevo y no existiera México como tal sino la Nueva España. Es vergonzoso.

El optimismo, sin duda, surge de las perspectivas que se observan felices, cercanas y luminosas. Aunque aumentemos nuestra alegría un tanto artificial, se vale en el sendero de la felicidad; en cambio, cuando la oscuridad nos atrapa, siniestra y rebosante de emboscadas, las quijadas se aprietan y la búsqueda de alguna luz –al final del túnel, nos repiten sin cesar–, se antoja un deber inaplazable. Los dos caminos ya fueron recorridos por nuestros pies, como dirían los sabios mayas quienes, al sentir a la mano la hora final, retornan por última vez a los sitios que les fueron entrañables para despedirse definitivamente. Y ocurre, casi siempre, que el finiquito llega casi de inmediato, ineludible. Muchas veces no es cuestión de edades sino de la muerte de las conciencias. Por eso escribí Hijos de Perra y finalmente edité Peñasco.

 Locos al mando

 

Dudo mucho que varios de los líderes mundiales estén en sus cabales, es decir, sin ser presas de enfermedades mentales severas contraídas por el también enfermo proceder de sus asesores, consejeros y colaboradores dispuestos a arrastrarse, venerando al “patrón” –como en las peores mafias de narcotráfico–, por encima incluso de la propia dignidad. Quien nunca recibe un no como respuesta, dentro de la cúpula del poder, acaba creyéndose una divinidad intocable, más temprano que tarde, hasta exponer el porvenir de sus gobernados. Igual podríamos alegar de los mafiosos.

Los incidentes del anaranjado “pato” Donald Trump Macleod, el segundo apellido lo suscribo porque tiene madre pero muy poca, en Puerto Rico o en cualquier lugar donde se pare, no sólo exhibe la intensa prepotencia del personaje, quien de verdad cree que los estadounidenses son la “raza superior” tan buscada por Hitler junto a la defensa incomprensible de los animales –mientras mandaba a los hornos crematorios a miles y miles de judíos y polacos–, en una desproporcionada visión de la humanidad y cuando alega que la búsqueda de la democracia en el mundo comienza con el aval de la Casa Blanca –la de Washington, no la posesión de “la gaviota” en las Lomas de Chapultepec–.

Si no se es amigo de Trump, como de su predecesor Bush junior, debe observarse como enemigo peligroso, entre ellos los cubanos y la Venezuela de Nicolás Maduro Moro quien, como Fidel en los primeros años tras el triunfo de la Revolución, busca el calor de Rusia, a la que se observa como un peligro latente por el solo hecho de tener cómo responder a las bravatas incesantes de los mandantes de nuestro peculiar vecino del norte.

Y no se diga cuanto sucede en México, donde nuestro mandatario divaga entre los nombres de las entidades –explicable no por fallas académica en la primaria, sino por efecto de una enfermedad cuyo tratamiento suele ser bastante difícil aun cuando se apliquen técnicas de avanzada para evitar la caída del cabello, como me han filtrado desde el Hospital Militar–, equivoca los tiempos, no sólo los gramaticales, y constantemente toma decisiones al vapor cuyos resultados son peores a los males que supuestamente intenta atajar y superar.

Desde luego, México es más pobre y está más abandonado que en diciembre de 2012, cuando la “guerra de calderón” se había sumado a las catástrofes fraguadas por el hombre y no por la furia de la tierra y los vientos huracanados. El señor peña ganó la Presidencia mintiendo, sobre su propio perfil, y ofreciendo cuanto no podía hacer, entre ello evitar la superioridad de los “intocables” que nunca fueron más fuertes y tremendamente raptores como en el presente.

Yo no sé, a estas alturas, si están en sus cabales los dirigentes mundiales –por ejemplo Ángela Merkel o el impresentable gallego Mariano Rajoy Brey que dividió a su país y la escindió–, o si nos faltan tornillos a quienes conformamos las naciones, todos nosotros, para resistir el oprobio de estar mandados –no gobernados–, por ellos. Nos falta organización, dicen, y con ello, como sedientos de liderazgos, preferimos optar por el “menos malo” haciendo el papel de comparsas en los recurrentes fraudes electorales –los que fueron y cuantos serán–, con las mismas reglas y los mismos árbitros.

En el pecado de tolerar llevamos la penitencia de los yugos políticos.

 

¿Quién fue?

Rafael Loret de MOLA

Pasaron cincuenta años y me temo que los perdimos. Hoy, al despertar –lo que es siempre una suerte de milagro de la naturaleza–, sentí que ya tenía más años en la piel que los admitidos por mi conciencia y mi sangre. La mente es joven cuando no se han desechado los sueños ni se dilatan las esperanzas.

Un amigo decía, con su singular proclividad a los apotegmas “sociales”: “si después de los sesenta, al levantarte, no te duele nada… lo siento, estás muerto”. Eso me pasa hoy: las heridas siguen abiertas pero mi voz no se apaga, se eleva, reclamando todavía justicia para quienes, por ser estudiantes, con edades entre dieciocho y veinte años, valientes y enérgicos, envalentonados por la juventud que observa a la muerte distante, fueron vilmente masacrados por los asesinos, francotiradores y elementos del ejército cuya imagen se deterioró para siempre aquella terrible noche de la Plaza de las Tres Culturas.

Recuerdo cuando miro el centenar de fotografías publicadas por el semanario Por Qué! –cuando todavía era libre su editor y no mancebo burgués de los caciques yucatecos–, la brutalidad represora, sin sentido ni base, de un gobierno angustiado por los tiempos a diez días del inicio de los Juegos Olímpicos, el espejo negro de Tezcatlipoca que díaz ordaz exaltó por encima de cualquier posibilidad de diálogo aunque, falsamente, extendiera la mano para tranquilizar las aguas; mintió, en su momento, como mintió echeverría en el suyo con la fragua del “destape” en cierne cruzando acusaciones y rutas con el tamaulipeco Emilio Martínez Manatou, a quien creyeron culpable por las maniobras de su adversario y futuro presidente.

Lo terrible, lo que agobia el alma y el pensamiento, es cuanto devino después, sobre todo luego del “remate” siniestro de la represión, el 10 de junio de 1971 ya con echeverría en Palacio Nacional: las alas de los sueños por un porvenir mejor, de jóvenes líderes revolucionarios, fueron cortadas de tajo y con ellas dejaron de volar varias generaciones posteriores, cohibidas ante la dimensión del drama o cobijadas por el productivo conformismo del reacomodo “maduro” dentro del establishment. Y son varios los dirigentes del Consejo Nacional de Huelga, histórico, quienes se han vestido con el disfraz de diputados o senadores, sin cambiar nada ni aportar algo.

El luto mayor es por quienes pudieron ser hoy los guías de un México distinto que no fue. Esos muchachos valerosos, mancillados por el ejército amoral bajo órdenes de cernícalos armados hasta los dientes, podrían hoy marcar las diferencias con los oportunistas, arribistas y pobres incondicionales de tal o cual icono. Incluso alguno habría llegado a la Presidencia para honrar la banda tricolor y no hacerla trizas como la dejará el inapelablemente repulsivo peña nieto. Sólo sus hijos –y hacen bien por los valores que ello entraña– lo defienden.

A cincuenta años del clamor y del dolor, guardo luto por la sangre nueva que no pudo germinar bajo la lluvia de metralla y la brutalidad del presidencialismo asfixiante que no debe volver a pisotearnos. Agarremos vuelo que los sueños siguen.

Y se fue Fidel

Rafael Loret de MOLA

Lo mismo en los deportes que en la geopolítica mundial los derrotados no sólo hacen mayoría siempre sino, además, tardan en digerir y aceptar sus tremendos fracasos; y hasta los olvidan pronto. Kennedy, por ejemplo, fue la excepción que confirma la regla: luego de la odiosa y fragmentada invasión a Bahía de Cochinos – abril de 1961– en donde Fidel dirigió un tanque de guerra durante el desembargo de los “anticomunistas”, con el financiamiento oculto del gobierno estadounidense, nunca dejó de culparse por ello y su vulnerabilidad se acentuó hasta el magnicidio de Dallas.

A poco más de dos años del triunfo de la Revolución Cubana, el demócrata convertido en icono de la democracia en su país, no quiso comprometerse a mostrar el rostro ni exhibir los apoyos a los exiliados del Caribe por temor a una desproporcionada reacción de la entonces Unión Soviética con la que Fidel se cobijó al negarle el gobierno de EU reconocimiento y estatus. Castro no guerreó contra el gobierno norteamericano sino expulsó a las mafias que, en nombre del mismo, avasallaban su país blindando la insostenible dictadura derechista de Fulgencio Batista, quien suprimió el derecho de huelga para asociarse con los ricos terratenientes que producían la caña de azúcar, pilar de los productos isleños, para luego, con descaro, dar paso a las multinacionales de la Unión Americana.

Pese al intento de asesinar a Castro, ¡en seiscientas treinta y ocho ocasiones!, las agencias de inteligencia de EU sencillamente fueron devoradas por el ingenio, las estrategias y el olfato de Fidel.

Tres compadres

Si mañana fueran los comicios federales, sin duda, el vencedor sería Andrés con amplio margen; no importan su infarto y sus dos cardiopatías posteriores –un elemento que le impediría jugar a elecciones en cualquier otro país–. Más allá de todo, es él quien acapara los votos. La cuestión es cómo nos gobernaría con la cáfila de maleantes que le rodea. Me preocupa porque tiene la puerta abierta aunque cuantos entran restan confianza… y sufragios.

¿Y después? Todos creen que sería mejor la perspectiva que la actual y es posible. Para mi fuero interno sería ideal que, además de presentar como lo hizo a un gabinete ambiguo –sin las figuras que mecen la cuna–, hiciera su propia autocrítica y explicara cómo serían sus primeros cien días de gobierno. Podríamos dormir más tranquilos todos. ¿Habría o no libertad de expresión? ¿Respetaría a un Congreso mayoritariamente en contra? ¿Habría posibilidad de que superara la ingobernabilidad latente? ¿Cómo actuaría contra el narcotráfico pese a algunas figuras que le acompañan -Batlett entre ellos-, y buscan asfixiarlo? Por lo demás, a mí no me asusta; al contrario, sigo creyendo que es menester cambiar de sistema, no sólo de partido, y no sé si Andrés estuviera dispuesto a ejecutar al presidencialismo mesiánico y a la partidocracia enferma. Quisiera creer en él señalándolo como un revolucionario pero, por lo pronto, y con los “dorados” que le rodean, no pasa de ser un simple caudillo; y éstos son devastadores. Repásese la historia para corroborarlo.

Desde luego, la gran ventaja de Andrés es la pobreza de sus adversarios.

Brújulas perdidas

Rafael Loret de MOLA

Las brújulas de la geopolítica parecen enloquecidas; giran en distintas direcciones y no parece haber remedio para ellas en tanto los poseedores de las mismas no manifiesten su propósito de enmendarlas y corregirlas. No hay, para decirlo de otra manera, un idioma común ni mucho menos. Al contrario: la disparidad de posiciones entre la clase política y la sociedad es tan variada como los abanicos hechos en China o en la España de los Borbones –con sangre mexicana, no se les olvide–, coloreados con infinidad de escenas y matices que favorecen la manipulación visual; las copias son tan buenas como las auténticas.

El temor no cabe en este punto; tampoco la obcecación por creer que el ejército arrasaría cualquier manifestación popular, atizado por los genocidios cometidos, porque, en este caso –tras la repulsa por los descalabros presidenciales–, tendría que arrojarse al noventa por cierto de los mexicanos a la fosa común para imponer el término del peñismo obcecado, contradiciendo, en este punto, uno de los postulados más trascendentes de la Carta Magna: el pueblo tiene, en cualquier momento, el derecho de modificar la forma de su gobierno; dicho esto incluso más allá de las urnas.

En la perspectiva, pues, tenemos a un mandatario mexicano sin autoridad moral ni apoyo –salvo, hasta este momento, el de la fuerza militar–, y a un sujeto barbaján en la Casa Blanca, ilegítimo también si se valora el hackeo electoral con la signatura rusa, en un duelo permanente que coloca a la soberanía nacional como una suerte de trofeo para los vencedores.

 

Los Empresarios

Rafael Loret de MOLA

Los empresarios se reunieron para cenar en torno a quien encabeza las encuestas rumbo a la Presidencia de la República, seguros de que el aspirante, como se acostumbra con una cortesía lacayuna, recitaría cuanto querían escuchar para asegurarse un sitio en el nuevo Olimpo con pequeños trazos izquierdistas al estilo, por ejemplo, del español Felipe González Márquez, quien no dudó en ser muy “preciso” al responder cómo podía convivir un parlamento democrático con una monarquía autoritaria per se. El hombre se quedó perplejo unos instantes, tomó aire y respondió:

–¡Caramba, macho! No lo sé… pero funciona.

Como él deben concluir los dueños de las principales fortunas en México cuando les hablan de cambio pero con guiños hacia la continuidad que tantos haberes les ha dejado en el transcurrir del neoliberalismo empobrecedor, numen y centro de las políticas antisociales que venimos arrastrando, por desgracia, desde la etapa de miguel de la madrid en la Presidencia cuando éste cerró el paso a cualquier posibilidad de integrar un Mercomún Sudamericano, como propuso el entonces presidente argentino Raúl Alfonsín –tratado a su muerte como un verdadero héroe a diferencia del deslavado funeral de aquel mexicano que disimuló sus intenciones hasta el final de su vida de traiciones–, para caer, primero, en el neoliberalismo atroz y, después, en el TLCAN que, desde luego, hoy se ha convertido en moneda de chantaje porque no podríamos enfrentar la perspectiva de un comercio tan desigual y proteccionista por parte de las potencias norteñas.

El caso es que los ricos se incomodaron con la reiteración de las palabras de Andrés, líder de la justa que ya avanzó la teoría “del tigre” para insistir en que, de darse un nuevo fraude, el felino de la utopía se soltaría sin control tara devorar a los falaces, alquimistas y patrocinadores. De no haberse dado jamás un engaño electoral monumental, tales frases caerían al vacío sin remedio; pero como los manoseos comiciales y las imposiciones son usuales, a nivel federal y en cada entidad de la República –ninguna se escapa–, la advertencia no cae en el vacío aunque los timoratos y cuantos quisieran continuar con el actual estado de cosas, que tanto les reditúa, se rompan las vestiduras y alcen clamores al cielo… como si Dios protegiera a los explotadores, sinvergüenzas, cómplices y ladinos en comunión con narcotraficantes y demás criminales.

Ya va siendo hora de que enfrenten su realidad aquellos –muchos de ellos extranjeros o miembros de colonias con muy alto nivel adquisitivo–, acaparadores de divisas, enviadas a sus respectivos países o ahorradas por malos mexicanos en bancos anglosajones, traicionan a México empobreciendo incluso a sus empresas para acumular fortunas familiares con blindajes diversos en los llamados paraísos fiscales.

Así actuó, desde el poder, Rosario Robles Berlanga, con sus célebres triangulaciones que se sitúan como la “estafa maestra”, digna de un filme hollywoodense, gracias a la cual pueden desaparecer hasta seis mil millones de pesos sin reacción alguna por parte de la execrable administración peñista. ¡Y todavía el mandatario en funciones habla de que debe asegurarse el “desarrollo” al emitir los votos! ¡Qué vergüenza!}

Rencor y esperanza

Rafael Loret de MOLA

Se entusiasman por ellos. En el fondo de cada conciencia, sin embargo, anida la desesperación, la impotencia y la rabia contenida. Si quienes ejercen ahora el poder no lo percatan, peor para ellos. Hay que avisarles: 2019 no será tranquilo ni pueden esperar que la sociedad siga cruzada de brazos ante el pasivo espectáculo de una clase política, que deseamos instalar en el pasado, represora, asesina y profundamente ignorante y desconocedora de la geografía nacional que heredó el nuevo gobierno. No es posible soportar más.

Desde luego no es misión de este columnista estelarizar el papel de aguador de fiestas en esta noche que esperamos tranquila y sin avisos de Apocalipsis como en las respectivas efemérides de 1994, 2006 y 2012. Sin embargo, es necesario reflexionar, una y cien veces si es necesario, cuáles son nuestros deberes primigenios empezando con el bienestar de la familia que no se agota con una buena cena de fin de año; lo trascendente es legarles a quienes nos siguen un México con justicia y libertad. ¿Y cuánto hemos andado en esta dirección? Veamos hacia atrás y resolvamos esta interrogante en lo más profundo de nuestras conciencias. De no hacerlo, el tiempo pasará y nos convertiremos en cenizas.

Nos duele México aun cuando, en familia, tratemos de consolarnos unos a otros, observando los pesebres hogareños que nos guían todavía con la esperanza de la estrella que se posó en Belén como demostración de que la humildad es el mejor ingrediente para ejercer el liderazgo, en este caso el divino, el más alto de todos, sobre las sociedades convulsionadas por el odio y la violencia.

¡Qué chula es Puebla!

Rafael Loret de MOLA

Puebla ha sido una entidad muy mal gobernada desde hace ya varias décadas. A cambio de obras de relumbrón, los distintos ex mandatarios han hecho de las suyas, cobrando millonarias comisiones a las constructoras cómplices, y extendiendo su poder sobre las vidas humanas; caso singular fue el Rafael Moreno Valle quien, con su “ley bala” destinada a dispersar manifestaciones, es responsable de que sus huestes policiacas se cobraran la vida del pequeño tzotzil, José Luis Tehuaitle. Este sólo hecho debiera ser motivo suficiente para iniciar un proceso penal contra el hoy blindado senador Moreno Valle.

A cambio de ello, el petulante sujeto, quien dice que pintó de azul el territorio poblano dejó a un títere, Antonio Gali, regente de sus antros, como mandatario durante dos años y postuló a su esposa, Martha Erika Alonso Hidalgo, como abanderada panista al gobierno de la entidad sin otro mérito que aguantar ciertas desviaciones personales de su marido, uno de los componentes de la triada infernal que ahora lidera la célebre cofradía de la mano caída.

Peor: para que “obtuviera” en los comicios la victoria esta señora, el cacicazgo movió fichas y ensució la jornada con tiroteos –un muerto, cuando menos–, robo de urnas, mal uso de la papelería electoral y la evidente violación de los paquetes electorales, muchos de ellos hallados en una habitación de hotel –los panistas dicen que esto es “normal” para defender lo indefendible–, además de amedrentar, con descaro, a buena parte de la población con los usos represores del gobierno. No se trata, pues, de un mero problemas de sufragios contados, y ahora recontados por el Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal, sino de una cauda de irregularidades siniestras que convirtieron a la heroica Puebla en un botín de desalmados políticos.

No puede entenderse el comportamiento de los panistas, salvo los pocos decentes que quedan, apoyando a un cacique vil en su locura de imponer a su mujer para prolongar su mandato estatal, además de desempeñar un escaño en el Senado de la República y seguir pretendiendo más canonjías en otra de sus fracasadas odiseas: conquistar la presidencia del PAN luego de haber fracasado, rotundamente, en su intención de ser abanderado de este partido, al que busca secuestrar, a la Presidencia de la República. Habría acabado como el cohetero.

Me dan pena los poblanos, de verdad, porque tengo especial cariño por ellos; y han sufrido lo suyo. Los ha gobernado el réprobo y tránsfuga Manuel Bartlett Díaz, de origen tabasqueño –su papá fue gobernador de allí hasta que salió huyendo de Villahermosa vestido de mujer por las presiones de un puñado de estudiantes–, quien así fue compensado por carlos salinas por cesar en su beligerancia luego de no ser escogido candidato presidencial del PRI en 1988.

Luego lo siguieron Melquiades Morales Flores, tan inútil como cobardón, Mario Marín Torres –el góber precioso entrometido con la peor mafia–, Moreno Valle –el góber bala– y su chícharo de los antros, Tony Gali hasta el 14 de diciembre luego de veintidós meses de mandato infructuoso. Una hornada de sinvergüenzas, sin el valor político mínimo. No se puede resistir una afrenta más.

La peor miseria

Rafael Loret de MOLA

Debiera ser el eje natural de la riqueza, la que no es de papel ni está guardada en las bóvedas de Kort Knox, inaccesibles hasta para el presidente de México pese a tener allí 4 mmdd en lingotes de oro desde que lo decidió el precario mandatario felipe calderón en el apogeo de un poder basado en los homos de Baco. Nos fue hundiendo en la medida en que su alcoholismo se acrecentaba y ahora pretende una autoridad moral que perdió a cambio de procurar dejarse ver en un PAN al que traicionó junto a su Margarita estrellada.

Cuando AMLO era jefe de GDF, insistió, que la proveeduría mayor de narcos estaba en la pobreza asfixiante, los barrios de la CDMX y las colonias miserables, marginadas y contaminadas de la frontera. Mientras, el gran poder, que tiene confluencia hacia la Casa Blanca, insiste en que los mexicanos sigamos matándonos, silenciando periodistas y persiguiendo a líderes sociales y políticos, pero sin alterar el mercado de consumo de drogas en EU. Y nos siguen señalando, como narcotraficantes, criminales, secuestradores y mal vivientes, alimentando la xenofobia y propiciando actos de violencia incalificables hacia nuestros paisanos.

Es obligado que el presidente electo ponga las cosas en su sitio sin que arenguemos a la confrontación con el vecino del norte y con el desviado jefe de la casona de la Avenida Pensilvania. Urge, una intermediación firme de la ONU y de las comisiones internacionales de derechos humanos antes de la asunción de AMLO en diciembre. Este conflicto no debe heredarlo el nuevo régimen porque, entonces, sabrá a negociación podrida.

La peor de las miserias, hoy y siempre, es la de las conciencias.

Puños en alto

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Es el caso que el dolor de la comunidad peninsular, la de Mérida, tiene no pocos referentes para alzar los puños contra un priísmo degradado y convertido en botín de mentecatos. El 4 de julio de 2011 una multitud de meridanos salió a las calles para protestar por una obra inútil, innecesaria y evidentemente destinada a nutrir de “buenas comisiones” a la entonces alcaldesa de Mérida, Angélica Araujo Lara, y a su “novia” –a decir de todas las malas lenguas y las buenas también–, Ivonne Ortega Pacheco, cuya bipolaridad la lleva por los extremos con tal de igualar su ambición con su promiscuidad. Por esos días, la actual secretaria general del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, fungía como gobernadora y no disimulaba su propósito de heredarle la silla a su querida presidenta municipal.

La señora Araujo –casada como su gobernadora–, decidió abrir un paso a desnivel sobre la prolongación del emblemático Paseo; y la ciudadanía se opuso con razones de mucho peso:

1.- La Escuela de Arquitectura argumentó que en vez de dar fluidez al tráfico, como se decía, el pretendido túnel detendría la afluencia, cada vez más copiosa, desde el norte de la ciudad; y que no ofrecía garantías suficientes porque el lugar se encuentra sobre un cenote, y podría ser de alto riesgo.

2.- Los vecinos se quejaron porque, además de alterar la perspectiva de la zona, se llevarían por delante a una bellísima fuente, una auténtica obra de arte con motivos y detalles de la antigua cultura del mestizaje, que finalmente se decidió levantar “con mucho cuidado”… partiéndose en dos ante la indignación general.

Luces y oscuridad

Rafael Loret de MOLA

Para algunos priístas recalcitrantes nada cambiará en 2018 si bien algunos admiten, como una posibilidad al alcance de sus manos, que pudiera ganar Andrés las elecciones si bien tal no le bastaría para asumir la Presidencia en donde todo ya está decidido. Insisten en que en México ganarle al “sistema” es imposible. Incluso cuando les hablo de que también se pensaba lo mismo en 2000 antes de la derrota de Francisco Labastida, responden ufanos: “se las prestamos –la presidencia se entiende– un ratito mientras limpiábamos la casa y ahora no la vamos a soltar”.

La confusión es extrema. Pareciera que México es el único país atorado en la prehistoria de la política con un régimen que opta por la utopía antes de concentrarse en el rencor de la mayoría de sus habitantes, sin embargo, poco inquietante por el temor superior a lo desconocido. La mayor parte de los postulantes, incluyendo José Antonio Meade, no son reconocidos sino hasta que rebosan en las cataratas de la propaganda, más insulsa cada vez y provocativa sólo para los ingenuos, y se hunden en los abismos de la manipulación burda, y como tal sin sustento en el paraíso de los ocultamientos. Sólo faltaba que atacaran a los ojos del presidente y los miembros más importantes de su gabinete mirando las luces “led”, de acuerdo a la “docta” versión del secretario de Salud, el desplazado José Narro Robles, ahora aspirante a Senador. ¿Y la dignidad?

En fin, todas las miradas, de los no afectados por los haces del demonio, vuelven a estar pendientes del cauce fraudulento del proceso electoral.

 

Términos Invertidos

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Suelen, en nuestro México querido, confundirse todos los términos. Durante mi último viaje –el último, de verdad– a España nadie pudo explicarme por qué al sismo le llaman seísmo, ícono se transforma en icono – sin acento– y a los cacahuates les conocen como cacahuetes. Ahora mismo caigo en la cuenta que el corrector automático no subraya ninguna de las tres acepciones anteriores, es decir sendas se dan por válidas de acuerdo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua. En la misma línea, en territorio otrora azteca, olmeca, maya y de tantas etnias oaxaqueñas y chiapanecas, suele cambiarse hasta el sentido de las denominaciones para convertirlas en lo contrario de lo postulado: como si correr significara permanecer parado.

En política la cosa es todavía más grave. Solemos poner a la par, cual si fuesen sinónimos, a la patria, el Estado y la Nación cuando son cuestiones muy diferentes y no hojas del mismo árbol. Patria es un concepto nacionalista, Estado el territorio soberano y nación, claro, la identidad física y social entre los oriundos de una misma tierra. Pudieran encontrarse parecidos pero no son similares uno del otro y no pueden utilizarse como si de lo mismo se tratara.

Igualmente suelen aparejarse la presidencia de la República y la banda tricolor a la altura de los símbolos patrios: el himno, la bandera, la campana de Dolores. Y no es así, desde luego, salvo el camuflaje oblicuo que llegó a la mayor de las cursilerías cuando calderón besó el escudo nacional sobre una banda que ya no le pertenecía, abusando de la distensión que él no tuvo por la vergüenza de unos comicios contaminados.

La muralla trump

Rafael Loret de MOLA

oretdemola.rafael@yahoo.com

El anaranjado Trump sólo le teme a los chinos; a los rusos los admira y no puede ocultarlo y desprecia a la mayor parte de las naciones, incluyendo su actual aliada, Alemania, a cuya canciller, Ángela Merkel, dejó con la mano extendida durante la visita de la nueva dama de hierro a la Casa Blanca, si bien no fue precisamente por creer que está inaugurándose el Cuarto Reich con ella, sino acaso por sus inclinaciones misóginas y su proverbial altanería contraria a los protocolos diplomáticos. Me alegra no tener que tratar con él, reto que le espera al próximo presidente.

El “pato” Donald Trump, rey del zoo de Nueva York, considerándose infalible –como el Papa– y lo suficientemente poderoso para mirar sobre el hombro, a cualquier otro mandatario, no se diga a enrique peña cuyo estatus internacional está casi tan bajo como la pobre aprobación de uno de cada diez mexicanos, la más baja de la historia bajo el supuesto de que sus predecesores inflaran las cifras sobre las simpatías generales, incapaz de sostener un telefonema injurioso, incluso estridente, como una afrenta más a una nación cuyo ejercicio soberano depende de sus condiciones de satélite sin controles propios.

De lo anterior se desprende si las relaciones bilaterales están congeladas o en trance de entrar a este cauce antes de los comicios federales de julio primero, en donde es de esperar una alternancia con el fondo que, a la larga, imponga el vencedor sobre los veneros de un Instituto Nacional Electoral que genera serias dudas entre los aspirantes a posiciones federales e incluso estatales en las que sólo debiera aconsejar… pero manda.

Pesimismo negro

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Me decían hace unos días que mis palabras parecen impregnadas de un pesimismo negro –lo contrario del humor– y hasta catastrofista. Para defenderme un poco, y además apenado por el justo señalamiento, argüí que también me habían calificado igual cuando vi venir el atentado contra Colosio –“Presidente Interino”, 1993-, o denuncié el alcoholismo de calderón antes de que el escándalo llegara a la Cámara de Diputados. De igual manera, la alerta sobre marta sahagún evitó lo que ya se gestaba para simular una suerte de reelección de fox si bien su falta de carácter ayudó bastante. Y siempre colgándome el sambenito de ser profeta del caos. ¡Cómo si me gustara el papel!

Como testigo de tantas volcaduras de la historia, me satisfaría mucho más reseñar a los lectores preocupados del acontecer cotidiano que no hay riesgo alguno de una nueva “guerra fría” pese a la unión de fuerzas entre Rusia y China en franco desafío hacia occidente y, en concreto, al ya desbalagado pato Donald Trump, quien sólo es aprobado por el 37 por ciento de los estadounidenses y parece tener un gran parecido político con su colega mexicano: todavía no han podido aterrizar en la realidad ni saben conducir las naves de las cuales son timoneles, sólo eso, bajo las órdenes de un capitán que, por si se les olvida, se llama soberanía popular, maltrecha en nuestro país ante la incesante invasión de foráneos saqueadores que cierran espacios en nuestros mercados y en todos los renglones.

La carcajada

Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

¿Quién se atreve a argumentar en favor de la democracia en México? El modelo ya no sirve ni entre los que se decían a sí mismos sus guardianes: en Estados Unidos, nuestro deleznable vecino, los sufragios generales hubiesen dado la victoria a Hillary Clinton, por más de tres millones de votos, sobre el enloquecido Donald Trump y, sin embargo, éste ganó sin cuestionamientos al sumar las entidades claves, es decir a las que cuentan con un mayor nú- mero de delegados y definen la contienda. El absurdo es tal que ahora parece estar cobrando la factura a los estadounidenses incapaces de frenar la xenofobia, el racismo y la inhumana conducta de “su” presidente en Medio Oriente, lo mismo en Siria que en Jerusalén. Y todavía le falta un mes para cerrar su primer año en la Casa Blanca.

No nos extrañe que México haya retrocedido en el mismo renglón luego de la eufórica primera alternancia en el gobierno federal, protagonizada por un intruso quien ahora se declara abiertamente por José Antonio Meade, el abanderado priísta que no lo es. Lo del célebre “ritual” no fue sino una farsa indigna que exhibe la lacayunería de los militantes de este partido quienes, en una sola jornada, se sumaron eufóricos al “dedazo” y se pusieron a exaltar el nombre del exsecretario de Hacienda só- lo conocido por algo más del 35 por cierto de los mexicanos; esto es el 65 por ciento lo desconoce aún y, pese a ello, quiere ser presidente. Para él sólo contó un voto, el del presidente en funciones en su desesperado intento, que espero será fallido, por cubrirse las espaldas.

Columnas de humo

Rafael Loret de MOLA

Es muy temprano todavía pero a este columnista le gusta amanecer cuando pocos están despiertos; es como una manera de ganar terreno al tiempo que los adversarios desarrollan sueños de grandeza en la omnipotencia del poder. Y desde que tengo uso de razón –algunos pensará que aún no lo desarrollo en seis décadas de vida y no ochenta años como alguna perversa sugirió por allá–, los mexicanos nos entretenemos jugando a la sucesión presidencial aun cuando apenas digerimos la reciente asunción de enrique peña nieto y sus tantos discursos prometedores y reformistas cuyas aplicaciones parecen bastante más complejas que las meras palabras y los papeles en donde están escritas. Lo importante es hacer… que para eso es ejecutivo, ejecutor y no proyectista con ribetes mesiánicos, característica permanente de cuantos han pasado por la residencia oficial de Los Pinos.

Pues bien, para nadie es un secreto que en cuanto al gabinete del presidente peña –por cierto, hasta Andrés Manuel le concede esta condición generosamente al contrario del adjetivo de “espurio” que le endilgó, con razón, a calderón–, puede hablarse de una suerte de triangulación respecto a los personajes con mayores posibilidades de convertirse en candidatos y defender la causa priista… con una izquierda hasta ahora dividida, con excepcional convocatoria callejera, y una derecha entre vaivenes pero con mantenido poder en el Congreso y más gubernaturas que en toda su historia.

Desde luego, el PRI pretendió volver para quedarse a como dé lugar, esto es sin pretender “concesiones” que, de nueva cuenta, le pusieran al pie del abismo, como está inexorablemente ahora. Ya puede asegurarse que se mantendrá como está mientras dura el sepelio al estilo de la comunidad afroamericana: esto es con un desfile de trompetas y tambores al ritmo de las plañideras. La utopía está en mentes, como la de peña, el más entrevistado estos días cuando apenas saca la cabeza para reverenciar al presidente electo, quien asevera que puede regresar a la Presidencia –el PRI se entiende–, si cambia de “apellidos” –él también– y de “esencias”. Podría pedirle a su consorte, si todavía lo es, que le traiga una de París con el aroma de Porfirio Díaz.

Ya hemos dicho que López Obrador, el último de los líderes naturales de nuestro país –quien transitó con esta condición por el PRI antes de convertirse en el gran factor neocardenista en el sureste de México en 1989–, tuvo una singular apuesta hasta el año anterior: pensó que peña podría claudicar, temeroso, de acuerdo a sus declaraciones últimas y a sus traspiés como felicitar al gobernador “electo” de Coahuila sin esperar la resolución del Tribunal Electoral, una institución prescindible para el mandatario saliente, según parece y volvió a darse adelantándose a los resultados electorales de 2018. Esta circunstancia pareciera andar paralela al cansancio de la ciudadanía insurgente que, sin mover pieza alguna a favor de la partidocracia, podría convocar al cumplimiento inmediato de proyectos que pueden llevarse todo el sexenio próximo.

Acaso el destino del nuevo gobierno debe ignorar los riesgos clarísimos, sopesando la incorrecta dirección de algunos de sus cuadros y sin el apoyo de ciertos grupos armados –por ejemplo, el “sup” Marcos, ahora Galeano, quien salió de la oscuridad para convertirse en cartonista de sí mismo– con los que debió dialogar a su paso, cansino y largo, por las zonas llamadas de conflicto. ¿O acaso no fueron aquellos periplos espléndidas oportunidades para convertir al líder político en un rehén todavía de mayores alcances mediáticos que el secuestrado Diego Fernández de Cevallos quien mantiene en el misterio los pormenores a lo largo de sus siete meses de cautiverio y calvario?

Tal es uno de los misterios por resolver mientras se intenta consolidar un gobierno con contundente mayoría.

Secretos de Estado.

Presidentes religiosos

Rafael Loret de MOLA

Cuando llegó vicente fox a la Presidencia contaba con altos índices de aprobación, si bien los nuevos liberales le reprochaban su aversión al Benemérito cuyo retrato en la residencia oficial de Los Pinos había sido enviado al almacén a cambio de colocar, en la oficina de la vocera Marta Sahagún, imágenes de distintas advocaciones de la Virgen, sin privilegiar a la de Guadalupe cuyas apariciones sostiene la Iglesia fueron reales, a cambio de exaltar a la del Cobre, de Cuba, producto de los artesanos que la convirtieron en motivo de adoración, igual que la célebre Macarena de Sevilla cuy belleza labrada encoge los corazones pese a ser sólo eso: un producto artificial que guía la devoción se los sevillanos.

Curiosamente, el señor fox propagó su fe católica durante su campaña presidencial y utilizó el estandarte de la Guadalupana, sin referencia al de Atotonilco que tomó el padre Hidalgo al inicio de su gesta libertaria, como aferrándose a la humildad de un pueblo ante la sacra figura de su benefactora espiritual; si los mexicanos no creyeran en ella, no podría pensarse en otro factor de apaciguamiento por la tremenda desigualdad de clases, mucho peor al racismo y a la xenofobia.

El caso es que fox llegó a la residencia oficial diciéndose católico pero instalando en sus heredades a quien entonces era su amante, Marta Sahagún, hasta que se casó con ella en el primer aniversario de su victoria electoral. Esto es: consumió, en pecado según los dogmas canónigos, un matrimonio sólo bendecido pero sin validez para las jerarquías de su exaltada religión. Una enorme hipocresía que desmintió aquello de que tardó en divorciarse de su primera mujer, Lilián de la Concha, por sus acendradas creencias. Mentiras al por mayor.

El contraste se da ahora con el futuro presidente de México quien, de plano, desechó la idea de vivir en la casona de Chapultepec –luego de 84 años de escándalos-, y luego de varios lustros de llamar al PAN “la Iglesia”, incorporando a toda la derecha en la denominación, con evidente acento despectivo hacia la religión mayoritaria en el país; él, se dice, pertenece a una secta cristiana que lo impulsó al absurdo de incorporar al PES –de ultraderecha-, como parte de los partidos que lo postularon en una carrera decidida de antemano por los avales de a Casa Banca –la de Washington- y el Kremlin. No es cuento; los hechos actuales lo confirman.

Pues bien, el anticlerical Andrés ahora se muestra como acólito tardío y solicita la intervención del Papa Francisco, nada menos, en sus proyectos de “pacificación” de la República sin explicar hasta dónde llegarían sus funciones. Por el momento, desde la Ciudad del Vaticano se ha dado una controversia sobre los fines ocultos del próximo mandatario de México –salvo que la ausencia de seguridad lo convierte en un mártir, una perspectiva indeseable y angustiante-, para dar una vuelta de tuerca a su antigua filosofía; sólo falta que se case por la Iglesia, él sí puede, con la brillante Beatriz Gutiérrez Müller, lo mejor de su capital político y no es poco decir.

Lo dicho: en materia de religión, como en cuestiones sociales, nuestros presidentes, incluyendo al que viene, no terminan por aterrizar… porque ya ni aeropuerto vamos a tener.

Hacia la incertidumbre

Rafael Loret de MOLA

En la ruta hacia la incertidumbre, se evidencia la pérdida sustantiva de toda condición ética. Se procede con absoluta impunidad y la justicia juega un rol marginal ante las consignas superiores y los distintos chantajes soterrados de las dirigencias partidistas. Por ejemplo, a Andrés, el presidente electo que quiere devorarse noviembre, le costó el Estado de México para pagar así su perfil de “no revoltoso” a cambio de dejar esparcidos más de un millón 800 mil sufragios carcomidos por la devoradora del sistema.

Y también en Coahuila el balance entre los intereses cupulares –no copulares, por favor–, fueron determinantes en 2017. Cuando menos tres veces fueron señalados los excesos financieros del priista Miguel Ángel Riquelme para ser llevados y devueltos del INE al Tribunal Federal de Delitos Electorales en donde daban vuelco a las documentadas facturas de campaña pero, eso sí, sin tocar jamás otro punto medular para anulas las elecciones: la intervención ofensiva del todavía gobernador cuyo apellido ya es sinónimo de vileza en el país entero, Rubén Moreira Valdez, hermano de Humberto el enajenado que se cree impoluto tantas veces señalado por su propensión a ocultar fortunas mientras sus colaboradores –lo son todavía– son perseguidos o purgan condenas ya.

Mientras, en esos días de medir fuerzas, Ricardo Anaya Cortés salió bien del trance en el que lo envolvió un periódico y no el Ministerio Público, cada vez más insubstancial. Feliz, hasta ocurrente y con el semblante optimista, el ex dirigente panista refirió su hazaña de haber ganado, en juicio, la querella contra un periódico que detalló la manera como acrecentó el patrimonio familiar con la expectativa de vivir en los Estados Unidos al terminar con sus juegos políticos. Tiene mucha vida por delante el niño maravilla y, curiosamente, luego de haber sido exonerado de las acusaciones mediáticas logró tener el papelito para pasar por encima de El Universal, por ahora, porque el diario en cuestión asegura que apelará ante el juez.

Naturalmente, Anaya, muy cuidadoso de sus haberes y de cuanto dispone en su pequeño refugio hogareño de Atlanta, Georgia –tenemos la dirección exacta pero no la damos para no poner en el blanco a su esposa e hijos–, pretende realizar el sueño de buena parte de los mexicanos ricos que sólo abogan por su país sacado la mano a miles de kilómetros de su territorio, o cientos cuando menos. Al mismo tiempo, claro, optó por el silencio en cuanto a la controversia contra el tribunal electoral y el fraude cometido contra el panista Guillermo Anaya Llamas, dos veces candidato a la gubernatura de los Moreira, y vilmente apuñalado por fuera y por dentro.

Podríamos seguir la secuela con el caso Puebla en donde los votantes no parecen interesados en resolver la mancha electoral que cayó sobre ellos en julio pasado pese al efecto López Obrador. Más bien están cansados, demasiado, como si de verdad hubieran luchado contra regímenes tan retardatarios como el de Bartlett, Mario Marín Torres o Rafael Moreno Valle y su hijastro político Tony Gali, además de su obtusa mujer que le cubre las espaldas más abajo del cinturón.

Con esta ética, muy al estilo del señor peña, caminamos hacia el finiquito… dentro de 30 días, sólo un mes. Y, por supuesto, la democracia, tan alejada y tan lenta, no podrá alcanzarnos en la ruta hacia la barranca de la ignominia. Sin ética el futuro se tuerce, como los árboles que se doblan desde su nacimiento, y la perspectiva se nos aparece oscura, tenebrosa… y, sobre todo, violenta.

Cuento de Navidad

FOTO: VICTORIA VALTIERRA /CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

Soñé, todavía es posible, con una Navidad blanca. No la artificial que impone a una parte del zócalo el hielo para el disfrute de los patinadores –escasos si los comparamos al total de una población cuya cultura no incluye las llamadas festividades del invierno estadounidense–, y regocijo de los curiosos que, a falta de poder adquisitivo, se animan observando en silencio sólo roto cuando alguien de los activos sucumbe irremisiblemente ante la ausencia de equilibrio. Las risotadas son enormes y no pocos manifiestan su sorpresa ante un paisaje que, desde luego, no nos pertenece y es tan ajeno como el de los pingüinos al sur del continente; aún con algunas reproducciones en los zoológicos las muestras nos siguen pareciendo exóticas y lejanas.

La Navidad blanca con la cual entré al paraíso de la irrealidad –o la fantasía, si no creemos en la sentencia de que cuanto pensamos adormecidos, en la oscuridad de la noche, encuadran en las premoniciones–, no tiene que ver con la nieve, tan poco frecuente como los actos de justicia en el centro de la República y sólo presente en algunos sitios del norte, sino con la urgencia de frenar la barbarie, dejar de observar a sujetos patibularios andando al lado nuestro y convencidos que portar una cadena de oro les hace tan superiores como para abrirles el paso en las estrechas banquetas o en los pasos peatonales artificiales en donde las obras públicas huelen a complicidades y corrupción.

Hace unos días, por cierto, uno de los trabajadores contratados para modificar las avenidas de Polanco, acaso uno de los sitios de la capital en donde menos falta hacía esta millonaria inversión, me abordó con voz muy suave, como si quisiera hablar en silencio lo que, naturalmente, es imposible y me susurró:

–Oiga… fíjese que nos encontramos una pulsera de oro cuando escarbábamos; ¿quiere verla?

La vi, por curiosidad. Y aunque parecía una artesanía azteca propia de un museo recordé que esta sección de la inmensa ciudad de México era un islote alejado de la Gran Tenochtitlan por lo cual era poco probable desenterrar piezas prehispánicas; acaso, dicho con el mayor respeto, podrían encontrarse algunas Menorah, el tridente del pueblo israelí utilizado para las grandes celebraciones, considerando que esta colonia defeña fue, durante muchos años, casi exclusivo de la comunidad judaica. Por cierto, no faltan lugares en donde pueda apreciarse este símbolo, incluso en centros comerciales como Antara muy cerca de lo que se denomina ya “ciudad Slim”, el segundo gran espejismo de la urbe magna en paralelo con Santa Fe.

Inducciones

Rafael Loret de MOLA

En reciente encuesta, Rafael Moreno Valle supera con 23 puntos a Ricardo Anaya en el espectro general sobre una posible disputa en el PAN; y entre sólo panistas, el mismo sujeto, el autoritario poblano y empresario de pocas pulgas, va por arriba por 19 puntos. Pero si nos asomamos al llamado Frente Ciudadano, formado por el PAN, el PRD y MC, quien toma la delantera es Miguel Ángel Mancera con tres puntos de más –39 contra 36–, sobre Moreno dejando en tercera posición a Anaya con únicamente el 24.5 por ciento.

La lectura que más llama la atención es la del PRI. Resulta que a nivel general quien lleva la delantera es ¡el doctor José Narro Robles! – quien tendría 70 años al acceder el poder, rompiendo así el récord de mayor edad que poseía Adolfo Ruiz Cortines, quien contaba con 63 años cuando llegó al poder y ya la llamaban “el viejo” –. Pese a ello, cuando se pregunta sólo a los priístas sobre el particular, José Antonio Meade se coloca al frente con 50.9 por ciento de las intenciones, una mínima mayoría absoluta, por 32.5 de Miguel Ángel Osorio y 7.7 del doctor Narro. Una diferencia abismal que sugiere que, al exterior del partido en el poder, se inclinan por quienes parecen los menos “políticos” –primero el doctor, acaso por sus raíces pumas, y después Meade quien no es militante del partido–. Es clara, por tanto, la repulsión al partido en el poder.

Otra evidencia interesante tiene que ver con Andrés y su Morena situados, ante diversas posibilidades y en todas ellas, en el primer lugar de las preferencias generales con un porcentaje que va entre el 34 y el 36 por ciento.

Guante blanco

Rafael Loret de MOLA

Le devuelvo el guante. Allá en los campamentos de 2006, Porfirio Muñoz Ledo se atrevió a calificarme como el único “revolucionario” de mi familia con soslayo de mi padre y de mi hijo. Lo que son las cosas. En ese diálogo el único aristócrata era Porfirio cuyo nombre revela a sus ancestros: Muñoz Ledo y Lazo de la Vega, patronímicos de la vieja corte de don Porfirio, el otro, quien murió en París tras ser obligado por la toma de Ciudad de Juárez por parte de las tropas de Madero –Villa y Orozco–, a dejar el poder… y sus restos allí permanecen a la sombra en el cementerio de Mont-Parnasse.

Pues bien, don Porfirito lleva muy bien el mote que le impusimos: “el Churchill mexicano”, tanto por su cultura bélica como por mudar de partido cada que se lo propone. Fue miembro del PRI, hasta llegar a la Presidencia del mismo, entre 1954 a 1987, esto es treinta y tres años con múltiples cargos públicos, entre ellos la secretaría del Trabajo con echeverría y la de Educación con lópez portillo; fundó al Partido de la Revolución Democrática, del que fue también presidente, de 1989 a 1999; ese año se afilió al PARM para competir por la Presidencia de la República y en 2006 aterrizó en el Partido del Trabajo para lograr una senaduría; y, finalmente, en busca de su acomodo entre los diputados, a sus 85 años pasó a MORENA, este mismo año, y se convirtió en el presidente de la Mesa Directiva de la Cámara Baja.

No hay que olvidar que el de apellido aristócrata formó parte de la Comisión para la Reforma del Estado, encabezándola, y pudo ser admitido como panista si hubiese avanzado el proyecto; por desgracia, fue grande su frustración al observar que lo realizado por él y sus copartícipes quedó en uno de los habituales cuentos de “cazadores” tan asiduos en el ranchero de las hebillas y botas con sus siglas, en plenitud de reflejos ególatras.

Por cierto, Muñoz Ledo compitió por la gubernatura de Guanajuato en 1991 cuando el fenómeno fox arrasó con la designación, avalada ya por el Congreso estatal, del priista Ramón Aguirre Velázquez, uno de los grandes consentidos de miguel de la madrid, rey de la cofradía de la mano caída. Cuatro años más tarde, tras un “breve” interinato de Carlos Medina Plascencia, vicente alcanzó la gubernatura ansiada como plataforma para llegar a la Primera Magistratura y traicionar después su condición de demócrata convirtiéndose en uno de los signos más abyectos de la derecha.

Quizá por tanto batallas en su larga carrera de político talentoso –lo es, sin duda–, a veces regula y se sitúa en la línea del protocolo institucional. Por ejemplo, al negarse a aceptar una solicitud de moción de orden para llamar la atención del rapaz peña en cuanto a dirigir un mensaje la nación con el sello del VI Informe, sin presencia del Congreso y sin haber invitado al presidente electo. Una aberración, jurídica y política, por donde quiera que se vea. No importa que el evento se hubiese convertido en costumbre por la repulsa violenta de la oposición aun cuando el PRI se mantenía como la primera fuerza en sendas Cámaras. Ahora, ni pensarlo. Es ilegal, no tiene fondo ni forma y, además, excede las funciones del Ejecutivo quien tiene el deber de limitarse a ejercer las funciones específicamente señaladas en la Carta Magna “y las leyes que de ella emanan”.

Al impostor de Palacio le quedan ya 81 días ensuciando la silla presidencial.

“Dioses”

CIUDAD DE MÉXICO, 25OCTUBRE2018.- Andrés Manuel Lopez Obrador, presidente electo de México, emitió su voto durante la Consulta Nacional Nuevo Aeropuerto en la casilla ubicada en la explanada de la alcaldia de Tlalpan. FOTO: SAÚL LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

Los políticos se sienten dioses o, cuando menos, aspiran a ello so pretexto de creerse por encima de los demás e imponer sus criterios sin el menor razonamiento o con argumentos que no se basan en la realidad. Hace años, en una transmisión del extinto Monitor de Radio Red, Miguel Aguirre Castellanos, excelente cronista deportivo ya fallecido, nos invitó a un diálogo abierto sobre la fiesta de los toros; en el momento más álgido Marielena Hoyo, ex administradora de la cárcel zootécnica de Chapultepec, estalló y dijo:

–Prefiero que se extinga la especie del toro de lidia si solo viven para su sufrimiento.

–¡Ah! Entonces te sientes diosa para disponer cuáles animales deben morir y cuáles no. Si no te gusta el espectáculo taurino tu animalismo desaparece y condenas a los toros y vacas de lidia a la desaparición; como si fueras un aerolito explosivo y devastador.

Hace unas semanas una seudo diputada, del envilecido Partido Encuentro Social, traidor a sus principios para preservar su registro de la mano del fenómeno López Obrador, Nayeli Salvatori Bojali, llegó a la misma conclusión y la aireó salerosa pretendiéndose propietaria de la verdad absoluta con tal de insistir en la muerte de la tauromaquia que es, en sí, la única representación viva verdaderamente ecológica porque permite, en directo y ante miles de testigos, el emocionante encuentro entre la naturaleza encendida, representada por el instinto bravo de los bureles, con la inteligencia del hombre y su carácter para enfrentar las vicisitudes de la propia existencia.

Esta es la profundidad del toreo que las mentes mediana no entienden y que gran parte de las inteligencias en todos los sectores no sólo aplauden sino se identifican con éste por los valores esenciales que posee: no únicamente la luz, el colorido y la autenticidad –lecciones existenciales–, sino igualmente el rito que enfrenta la formación humana para superar los retos, los tremendos desafíos de la vida que no son sino los pitones de los toros que pueden llevársela al menor titubeo o arrastrándola por el miedo.

Otra precaria legisladora, Leticia Varela, salida de las sombras, adujo que a las reses que saltaban al ruedo se les infamaba colocándoles vaselina en los ojos, papeles en los oídos y dándosele toques a los testículos. Una letanía de mentiras insostenible hasta por el sentido común: de ser así, sin ver ni oír y castrados, de hecho, los toros arrollarían y no habría nadie que pudiera ponérseles enfrente. Sólo los tontos (as) serían capaces de sostener tal cosa.

Para entender la tauromaquia es necesario contar con un poco de cultura, haber leído –aunque sea por Internet– sobre sus esencias y orígenes para explicar su nacimiento bélico y su trascendencia como valiente entrega de dos seres en busca de la belleza de los lances y la geometría mágica del toreo. Quienes quieren destruirla apuestan por un mundo plano, sin perfiles hondos ni glorias por adquirir, infestado de mediocres y no de genios capaces de ver más allá de los reflectores y las sombras.

Sin la fiesta de los toros y sus enseñanzas, lo digo de una vez y para siempre, jamás habría sacado el coraje para enfrentarme, como lo hago a diario, a los marrajos de la clase política, a los corruptos de siempre y a los criminales de todas las especies… incluyendo a quienes pretenden desaparecer del mundo a los toros de lidia. Ellos son los asesinos.

El aval de calderón

Rafael Loret de MOLA

Pareciera que una solución para los graves conflictos en nuestro país, extraviada la vía democrática, fuese la militarización que ya acompaña al proceso electoral recién iniciado con postulantes con mayores defectos que virtudes; cada uno de ellos, sin duda. Más allá de las urnas, cascos, botas y fusiles estarán listos para amedrentar a la población o aplacarla en aquellas regiones en donde afloren las justas protestas contras las imposiciones; es decir, en la mayor parte de la República.

Nos dicen que encontremos el punto medio. No lo hay por desgracia. Desde la feroz era del calderonismo, al desatarse la guerra entre mafias –dentro y fuera de la órbita gubernamental–, la elite militar cobró una importancia tal que fue capaz de encerrar, blindando Los Pinos con más de mil elementos, al propio mandatario federal en funciones; y en estas condiciones se mandó a Josefina Vázquez Mota al matadero que devino en una caída espectacular del PAN hasta el tercer sitio, en 2012, acompañada de la pérdida de un millón de militantes de Acción Nacional, los adherentes a la administración del michoacano que no convenció, en dos ocasiones postulado para gobernador, ni a sus coterráneos. Contra los hechos no existe especulación posible.

Y, no podía ser de otro modo, su principal discípulo, su cachorro, Roberto Gil Stuart –quien fungió como secretario privado de calderón al final de la gestión de éste–, fue el encargado de elaborar y convertir en iniciativa la célebre Ley de Seguridad Interior recién aprobada con todos los signos necesarios para institucionalizar la represión.

Derecho sagrado

Rafael Loret de MOLA

Qué hermoso es aplaudir hasta que las manos nos queden coloradas como secuela del corazón motivado, exultante, pleno; y, al mismo tiempo, qué horrible es guardarnos los brazos detrás de la espalda para no reconocer más que virtudes, cuál si se tratara de dioses terrenales, de los políticos del abacadabra, brujos por esencia, como Emilio Gamboa quien ovacionó, como auténtica foca de esos acuarios prohibidos por quienes creen en la civilidad como forma de colocar a los animales por encima de los racionales, la re-designación de Claudita Ruiz Massieu como presidente del sepultado PRI. ¡Se busca un cementerio gigante!

Con Claudita muchos expían sus conciencias podridas, llenas del atávico rencor hacia cuanto pretendían Colosio y quizá su padre José Francisco –quien fungía como secretario general del PRI cuando fue asesinado–, y de sus soterradas intervenciones para preparar las conjuras mortales, supuestamente sin autores intelectuales, que modificaron el rumbo histórico y político del país en medio de una hecatombe sin precedentes entonces y sólo superada por la barbarie de los sexenios recientes, el del alcohólico calderón y el iletrado peña por decir lo menos.

Pero, por ahora, lo más trascendente es perdonar sin olvidar, difícil tarea que choca con el apotegma principal del presidente electo: “al margen de la ley, dada; por encima de la ley, nadie”. Ante esta tesitura que se antoja irremplazable duele la cabeza al tratar de encontrar razones para algunos nombramientos de Andrés Manuel –con el del director futuro de la CFE en primer nivel­–, la tramposa liberación de Elba, la novia de “Chucky”, los senderos del demonio que llevan de la mano a Javier Duarte de Ochoa y las tremendas, grotescas lisonjas hacia peña nieto, el mandatario odiado, repelido en las urnas aunque no fuese candidato pero sí patrón, y la extrema cortesía con los más poderosos hombres de negocios, antes partes de la “mafia del poder” y hoy factores de desarrollo con la guía del impoluto Alfonso Romo, garante de personajes como los fox, calderón y la ultraderecha que se ufana de ser intocable.

Aplaudamos, por supuesto, la tersura de la transición aunque ésta sea producto de complicidades sin fin. ¿Qué no gobierna todavía Andrés? Pues me parece lo contrario: el arrinconado es peña, olvidado de todos, quien vivirá sus últimos noventa y tres días en la Presidencia entre paredes desnudas y el desmantelamiento de cuanto perfiló para “mover a México”, como los cangrejos, hacia atrás. Muchos de sus gobernadores y ministros estarán felices por tales ejercicios.

Aplaudamos que se puedan borrar, de un plumazo, los turbios pasados de quienes pasan de ser perseguidos al rol de los favoritos. Qué nadie les niegue una segunda oportunidad porque, además, ya lo saben: al periodista que se atreva a señalarlos le puede caer el “daño moral” como guillotina para callar para siempre, retirándose o dejando de señalar denuncias… para que luego los nombren “chayoteros” en un México cargado de incongruencias infecundas y dobles lecturas inmorales. Claro, en la selección de los afortunados beneficiarios de la trama de las hipocresías, sólo debe intervenir una sola, suprema voluntad.

Qué bien. Podemos aplaudir aunque duela. Somos felices por ello.

Tribunales

Especial
Rafael Loret de MOLA

Los abogados de prosapia insisten, con razón, que no ha lugar a “tribunales especiales” porque, en todo caso, los delitos tipificados como tales ya tienen cauce y desenlace jurídico previsto. Sin embargo, no es así. Bastaría citar al Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal para corroborar que, cuando conviene, los órganos de poder hacen y deshacen el derecho a su antojo y lo adaptan a las peculiaridades de cada periodo, esto es como si se tratase de una moda interpretar la ley al antojo de quienes se encaraman en la cúspide del poder.

De esta concepción de los tribunales especiales surgió también la Comisión Nacional de Derechos Humanos, durante el nefasto régimen de carlos salinas, destinada a demostrar al mundo, tras la usurpación del poder Ejecutivo en 1988, la transición de México y su gobierno a escenarios libres de la tortura –una quimera–, y con una tendencia hacia una auténtica democracia alejada de estigma de la dictadura “casi” perfecta como años después asentó el Nobel peruano-español, Mario Vargas Llosa, quien después sería honrado por el mismo sistema, con vicios mayores a los por él observados, en una de esas paradojas frecuentes en la vida institucional de nuestro país, rebasada siempre la capacidad de asombro.

Si la irrupción de los fox al poder, tras consumarse la primera alternancia, dio origen, como verdadero contrapeso, a la Conferencia Nacional de Gobernadores, en principio sólo priístas si bien fueron integrándose los demás, una minoría no acorde con el mandato entregado al PAN en la Primera Magistratura, cuyas actuaciones frenaron ciertos abusos del gobierno central –no federal–, en una hora coyuntural, en la actualidad la CONAGO derivó en una especie de último cabús del presidencialismo ya no para amortiguar a éste sino con miras a preservarlo de los forcejeos con la partidocracia ambiciosa.

Al principio del mandato del señor peña fue clara la marginación de la CONAGO y evidente que el mandatario no deseaba confrontarse con los gobernadores quienes ya se habían acostumbrado a una autonomía mayor respecto a la Presidencia y consideraban estar en una especie de concurso de zancadillas, sobre todo los priístas, para doblegar al presidente y obligarlo a rectificar en no pocos casos. Los fox no aguantaron el pulso, mucho menos con el Congreso convertido en un “freno” según los propios huéspedes de Los Pinos, y optaron por marginarse, cuando menos, en el segundo tercio de aquel sexenio malhadado. El resultado fue deplorable.

De hecho, el único fruto del presidencialismo foxista, sin vencerse al autoritarismo como falsamente promulgó, fue el antidemocrático desenlace a favor de su sucesor, felipe calderón, quien fue incapaz durante su penosa gestión de sacudirse la malla de la ilegitimidad que lo atrapó para siempre, también en la crónica nacional. Mala perspectiva que permitió, por otro lado, una concatenación de soberbias en los mandos estatales como si se tratara de treinta y un presidentitos con el jefe de gobierno defeño armándose a su vez y desafiando a los moradores de la residencia oficial instalada en la Delegación Miguel Hidalgo en donde, por cierto, los desfalcos a la ciudadanía son de muy alto nivel.

Veamos ahora que pasa con la izquierda, a la mexicana, en el poder.

La cola sucia

Rafael Loret de MOLA

En el aniversario del macabro crimen contra Luis Donald Colosio, las bofetadas contra la tesis antipresidencialista de éste son sólo llamaradas. Como el gato del cuento, no pocos mexicanos tienen los ojos al revés y la cola también, infectada por la partidocracia más fuerte que el presidencialismo de antaño o fusionada con éste como sostengo. La cuestión es que los hechos sucintos y claros, cuando menos así deberían ser considerados, pueden ser motivo de largas y pírricas polémicas a costa del uso de las tecnologías modernas capaces de hacer hablar a un monigote con el lenguaje de Nulo –Aurelio Nuño– y su corte de corifeos iletrados quienes apenas pueden “ler”.

Es, de verdad, lamentable, lo temprano que comenzó la guerra sucia basada en la soberbia de los contrincantes y la obcecación de las dirigencias de cada instituto por demostrar que sus razones son las únicas válidas, consistentes y libres del ominoso pecado de la servidumbre cuando, en el fondo, es otra cosa, siniestra, la que impera en cada uno de cuantos las forman. De allí que las escisiones no sean poco frecuentes, alentadas por los humos ominosos de la intolerancia y la cerrazón.

Todos cuelgan en el perchero sus pecados y alegan ser poseedores de las virtudes, sólo ellos, que deben desembocar en la exaltación de su propia personalidad; los defectos y los errores son para otros; las bienaventuranzas para el grupo afín. Y con este maniqueísmo, como lo he dicho tantas veces, se pretende construir el futuro contra la opinión, en cada caso, de la mayor parte de la ciudadanía porque NINGUNA opción partidista aglutina a más del 40 por ciento de los presuntos votantes mientras el 60 por ciento restante la rechaza; esto, claro, en cuanto al líder de la justa por la Presidencia. No lo olvidemos.

No puede hablarse, con los ojos bien centrados, de una mayoría definitoria, ideal de la democracia, sino de distintas opciones que se disputan el ansiado nivel del treinta por cierto, o de la tercera parte y un poco más, para asegurar victorias que disgustan, insisto, a las otros dos tercios aunque rabien, con inaudita furia, los incondicionales de una y otra y otra opciones, atrapados en la ligereza de los intereses propios o en la superficialidad de los análisis que, resumidos, concluyen: “es el menos malo; no tenemos opciones”. Por desgracia, puede que tengan razón.

Lo lamentable es que contando con tanto tiempo por delante para la elección de 2018, llegue o no peña al final de su deplorable mandato –debería irse ya, aunque sólo le falten oficiosos un poco más de nueve meses, para salvar un poco de dignidad, si le resta alguna, y dedicarse a las terapias necesarias para vencer su cáncer prostático–, se nieguen al debate serio las principales figuras destinadas a conducir a México en el futuro inmediato y caigan en la rutina de los golpes bajos… aunque, en muchos casos, éstos no sean sino repaso de acontecimientos incontrovertibles que han lastimado al cuerpo otrora resistente de la República.

La última copa

Rafael Loret de MOLA

La última y nos vamos, suelen repetir los ebrios de cantina para tratar de demostrar una disciplina imposible; al final se pierde la cuenta de las copas y el raciocinio hasta para poder andar sin tropezones ni habladurías cuya violencia muchas veces trastorna las neuronas y agita al cerebro hasta perder la noción de la realidad. Algo similar ocurre con los simpatizantes “duros” de los aspirantes presidenciales quienes, caída a caída, insisten en que siempre podrán levantarse… sin observar que están muertos, cuando menos políticamente hablando.

De acuerdo al diario El País, de cimiente española y proclive hacia la izquierda cuando ésta no gobierna –ya ha demostrado que cuando se trata de apoyar a los mandatarios de esta filiación en su país suele convertirse en oficialista, como ocurrió con el largo período de José Luis Rodríguez Zapatero–, en un análisis bastante serio, Andrés tiene el 92 por ciento de posibilidades para ganar la elección mientras sus adversarios se sitúan en cinco, dos y un punto. Pongan los nombres ustedes en este orden: Anaya, Meade y El Bronco, el Conan del norte.

Desde luego, en unas cuantas semanas, esto es las que faltan para la justa comicial, parece no sólo imposible revertir la tendencia irrefutable sino construir el andamiaje para un fraude escandaloso, monumental, ante la observación de quienes, desde el exterior, siguen con curiosidad el proceso mexicano y es éste, como explicamos hace unos días, el mejor antídoto contra el presunto fraude que los leguleyos y enmascarados del establishment han estado montando desde hace varios meses; acaso por esta obsesión, el anaranjado de la Casa Blanca recrudeció posturas y afinó baterías contra el gobierno mexicano… y fue Andrés el único de los candidatos en no encarar al personaje sino al contrario: solicitó que se reunieran peña y Trump para remedia la rispidez. Los demás atacaron con vehemencia al “pato” Donald.

Lo anterior no es, ni de lejos, la actitud que hubiera podido esperarse de Andrés, siempre vanguardista en cuanto a las descalificaciones y la imposición de apodos –riqui riquín canallín–, algunos bastante malos, que lo remiten a los patios de las escuelas –el de Tepetitán, en donde estudió, lo es–; pero ahora, al parecer ha aprendido a medirse cuando se trata de dirigirse al jefe de la banda de la Casa Blanca e incluso al de Los Pinos a quien ya extendió, de hecho, un perdón a priori junto a la celebrada amnistía ofrecida al bandidaje que permanece fuera todavía de las prisiones. ¿Serán estas las condiciones que debió llenar para barrer la senda hacia el Palacio Nacional sin requiebros ni trompicones?

No lo dudo conociendo a Andrés y su permanente ambición política –lo que no está mal–, hasta convertirse en el mexicano que, sin duda, mejor conoce al país… casi hasta el último rincón. Hace semanas visité, por ejemplo, la locación de Real de Catorce, en San Luis Potosí, y me confirmaron que hasta allí no había llegado, sólo hasta Matehuala. Es, claro, una referencia aislada pero que obliga al “casi”.

Por lo pronto, en víspera del tercer debate, en la blanca y deliciosa Mérida, Andrés debe apurarse a llegar para que pueda dormir sobre una hamaca de doble o triple aguja, bajo la maravilla del cielo estrellado de Yucatán. Amanecerá tranquilo.

La escalada

Rafael Loret de MOLA

En París estalló en 2015 la más grande advertencia, esa que no quisieron ignorar algunos cotidianos del norte del país que ahora se niegan a publicar informaciones relacionadas con las mafias del narcotráfico, ensoberbecidas e intocables. En París, nada menos, allí donde dio inicio en 1968 al movimiento estudiantil emancipador confundido por muchos como una rebeldía insana y promovida con intenciones de dominio por parte de cuantos pretenden movilizar al mundo, durante seis horas no cesaron los disparos contra las instalaciones de una revista satírica que había publicado caricaturas del profeta Mahoma como si con ello se lanzara un misil para iniciar una nueva “guerra santa”, el señalamiento más feroz de los fundamentalistas llenos de rencor contra el obsesivo intervencionismo estadounidense.

De inmediato, claro, los calculadores españoles se montaron en la misma nave aduciendo que había un paquete “sospechoso” en los edificios del Grupo PRISA –en auge en México a partir de las concesiones de felipe calderón–, y de su periódico El País, el cotidiano más vendido ya en algunos puestos de las colonias de mayor poder adquisitivo en donde se han instalado las felices colonias españolas, alemanas y estadounidenses listas a hincar los dientes sobre los recursos de nuestro subsuelo avasallando a las empresas mexicanas demasiado temerosas y especuladoras. Esto es, como si en esta institución no se recibieran, a diario, como lo he constatado personalmente, diversos “bultos” conteniendo cualquier cantidad de elementos de dudosa procedencia.

Rufianes

Rafael Loret de MOLA

Corre rápido 2018 y ya se nos fue casi una semana de un año con patente de terrífico por sus alcances económicos y, sobre todo, políticos. A las encuestas y sus contratantes, mismos que pagan para darse el gusto de sentirse en la vanguardia aunque sea en papel gráfico, deben añadirse los pataleos de los aspirantes, por debajo de la mesa como canta Manzanero, los derrapes de los mismos y la ausencia de estrategias serias para avanzar en la lid electoral. Preocupan las apariencias y no el fondo.

El colmo fue que, hace apenas unos días, el comentarista Pepe Cárdenas anunció, muy ufano por sus desencuentros con Andrés, que quien se dice no priísta, José Antonio Meade, empeñoso en subrayar su no militancia como si tal fuese deshonroso –lo es para muchos pero estos no son precandidatos presidenciales–, saca siete puntos –de 47 a 40– en las preferencias de la ciudadanía al icono de la izquierda. Un salvaje adelanto movido por el rencor, acaso, y la desesperación. No hay nada que originara un derrumbe como éste. La falsedad de tal información es tan evidente que ni siquiera podemos compararlo con la escala truculenta de calderón en 2016. ¡Por favor!

Quien lleva la peor parte, hasta ahora, es Ricardo Anaya Cortés, cuyos ribetes de conquistador se han visto ofuscados por la realidad d un “frente” en peno naufragio y sin marcaje serio en los sondeos de opinión… aun cuando los propios, los de los tres partidos en unión extramarital, se empeñan en decir que el Frente ya saca cabeza a Andrés considerando las adhesiones a sus respectivas alianzas.