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Jueves 17 Enero del 2019
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Cuerpo Errante

Noche de ficheras, rumba y candela

Jetzael Molina Sedeño

“Fue en un cabaret donde te encontré bailando, vendiendo tu amor al mejor postor soñando…”, aquella icónica canción de la Sonora Santanera aún se escucha en los lugares donde la rumba, la orquesta musical , el baile y las ficheras permanecen a pesar del paso del tiempo. El cabaret Barba Azul es un espacio que remite a la nostalgia de aquellos años donde lo “arrabal” determinaba la forma de vida en la ciudad.

Y es que la vida nocturna en la metrópoli ha cambiado drásticamente, sin embargo, hay lugares como el Barba Azul que sobreviven ante las nuevas tendencias y formas de vivir una noche en la capital. Tan sólo una pista de baile para despertar los instintos más candentes de la noche, una zona para que toque la orquesta musical y una barra son sólo algunos de los elementos esenciales para que este lugar permanezca.

Pero lo que hace especial a este cabaret es la presencia de las hermosas mujeres que están dispuestas a bailar una, dos, tres piezas de baile. “Las ficheras” son el alma del Barba Azul, en cada uno de sus pasos se cuenta una historia diferente, las noches están llenas de nuevos clientes para ellas. Sus contoneos hipnotizan la mirada de los ahí presentes.

La decoración del Cabaret Barba Azul es sumamente atractiva, ya que en las paredes del lugar se pueden observar altos relieves de mujeres desnudas en posiciones eróticas, representaciones del malvado barba azul, así como un carruaje que lleva entre las sombras a una pareja deseosa de candela y rumba nocturna. Un castillo también sobresale en la ornamentación del lugar.

Cabezas de mujeres vigilan a los clientes desde las esquinas del bar. Intensas llamaradas de fuego cubren los muros, ya sea como una metáfora del mismísimo infierno, o bien, remiten a lo caliente que se pone la pista de baile todas las noches. El Barba Azul está abierto de martes a sábado en un horario que va de las 20:00 a las 03:00.

Los ritmos que deleitan a los visitantes del cabaret haciéndolos bailar y mover el cuerpo con exquisita cadencia son la cumbia, salsa y matancera. Pero la orquesta también se rifa en el escenario y toca chachachá, rock and roll, baladas, banda.

En la planta alta hay una serie de fotografía que recopilaron los administradores en donde se muestran las personas que han trabajado y los cambios que ha tenido el bar. Estas imágenes forman parte del proyecto “Si te vi, ni me acuerdo… recuerdos de un amor que no fue”, de las fotógrafas Mayra Martel y Lisbeth Chavarría.

Las noches fieras en el Cabaret Barba Azul, reúnen a todo tipo de personas en la pista, no importa la clase social ni de dónde vengas, la rumba es para disfrutarse. Hombres mayores, mujeres, jóvenes, parejas y una que otra alma en pena se dan cita en el lugar ubicado en la calle de Gutiérrez Nájera 291, esquina con Bolívar, en la colonia Obrera.

En la pista se alcanzan a distinguir dos cuerpos abrazados, en medio de luces multicolores se alcanzan a distinguir las caras de las ficheras, ataviadas en vestidos ajustados con pequeños detalles de lentejuelas y pedrería. Los hombres que asisten al lugar quieren compartir una pieza musical envueltos en los brazos de alguna cabaretera.

Algo que también llamó mi atención la noche que asistí al Barba Azul fue la presencian de la señora Martinica, una viejecita que cada fin de semana baila sola en la pista de baile. Algunas personas que frecuentan el lugar aseguran que fue fichera y luego de que su cliente habitual por 20 años muriera, cada fin de semana asiste a una cita sin acompañante, pues único cómplice de la noche es un vaso de whiskey.

Los cabarets se hicieron populares poco después del inicio de los años 30 y alcanzaron su máximo esplendor hacia los 50, para aceptar su debacle hacia mediados de la década de los años 60. Provenientes de Europa, en los cabarets de la época era común toparse con políticos, artistas, e intelectuales quienes compraban fichas y bebían sin prejuicio dentro de aquellos salones.

En este lugar la compañía de una bailarina, una plática donde las palabras susurren al oído y una copa de vino son las mejores cosas que pueden ocurrir durante las fantásticas noches en la ciudad. Aquí la esencia de cabaret está presente en sus muros, en la pista de baile, en su decoración y en la memoria de los visitantes.

 

¡Saca, prende y sorprende!

Por: Jetzael Molina Sedeño

Esta vez mi cuerpo errante deambuló por las calles de la ciudad, la dirección que tomó me llevó por los rumbos de la colonia Obrera, barrio que se fundó a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Famoso por haber sido unos de los puntos más importantes en donde se establecieron fábricas e industrias textiles dentro de la metrópoli.

El domingo por la tarde asistí a un evento de reggae completamente gratis, abierto al público en el Parque de las Artes Gráficas en la Casa de Cultura Othón Salazar. Al tratarse de una fiesta reggae uno sabe que se la va a pasar bien, que el baile es seguro, pero sobre todo, tener presente que la vibra que se genera en ese tipo de convivencias es especial.

Es evidente que al tratarse de reggae no hablemos de la marihuana, aquella planta que se asocia principalmente a la cultura rasta, al género musical como tal y a las tradiciones de los pueblos que habitan las zonas de Jamaica o en cualquier otra parte del mundo donde el cannabis tiene diferentes usos y de formar parte de la vida cotidiana de las personas. Y es que los asistentes que se acudieron al evento mantuvieron viva la tradición de “prenderse un toque” mientras el alma y el cuerpo le bailan al amor, a la libertad y a la energía del universo, a la naturaleza viva.

A través de las redes sociales fue como me enteré del evento organizado por el colectivo AFRIKAN BLOOD SOUND SYSTEM & ROOTSLAND . Las actividades musicales arrancaron a partir de las 13 horas y se extendieron hasta las 18:30. La tocada de reggae y sound system reunió a una gran cantidad de personas que fueron a disfrutar los ritmos que toman como referencia al ska, el rocksteady, dub o el rhythm and blues,

Después de atender algunas actividades en el Museo Universitario del Chopo, me encontré con mi amigo Alonso en la estación Obrera, línea 8 del STC Metro. Una vez reunidos caminamos rumbo al parque donde sería el concierto; pasamos el tradicional mercado Hidalgo y al cabo de uno minutos llegamos al lugar.

El Parque de las Artes Gráficas se encuentra en Dr. José María Vertiz y Dr. Arce. Las bocinas retumbaban en el centro cultural, el aroma a marihuana envolvía la atmósfera del lugar , sobre las gradas había personas que observaban los pasos de los que bailaban en la pista. A nuestra llegada nos percatamos que la banda sí le cayó al evento de reggae gratuito, estaba bastante lleno el recinto en donde se realizaban las actividades musicales.

A pesar de que los jóvenes que ahí se encontraban fumaban hierba, dentro del foro cultural había familias que bailaban y disfrutaban el momento. Los niños ahí presentes, sin alarmarse de las acciones de los adulto, se movían al ritmo del reggae de los grupo Zimbabwe México y Santa Fe Roots.

Cuando se organizan este tipo de eventos es el momento en donde la comunidad que le gusta el reggae se reúne para pasar un buen rato entre pláticas recordando memorias, o bien, prefieren bailar con exquisita cadencia los acordes de las guitarras o del saxofón, y por qué no, fumar de la pipa de la paz. Cada vez que asisto a este tipo de eventos me queda claro que en la ciudad y en general, en el país hay una gran cantidad de personas que consumen marihuana. Lo que me hace reflexionar acerca de la situación en la que nos encontramos actualmente con respecto a los temas de la legalización y despenalización de esta planta, así como de las consecuencias que padecemos como sociedad a raíz del prohibicionismo y de las estrategias de seguridad ejecutadas de manera irracional por parte del gobierno federal y los vínculos que existen entre los poderes públicos y el crimen organizado.

Y a propósito de este evento de reggae y sound system en donde la banda convivió en un ambiente bastante tranquilo, lejos de esos prejuicios que tienen algunos sectores de la sociedad acerca del consumo de esta planta. Me pregunto, ¿qué papel tomará México ahora que tendremos nueva administración y encarando un contexto global en el que el consumo de la marihuana se ha legalizado en diferentes países? Caso reciente el de Canadá.

Los cambios que trae consigo una política como la que implemento el país del norte en cuanto al uso, su producción, venta y distribución de la cannabis entre los consumidores de la región, nos da una referencia del rumbo que debe tomar México.

El país atraviesa por una crisis de inseguridad tremenda, se contabilizan hasta el momento más de doscientos mil muertos desde que inició la guerra contra el narco, hay alrededor de 30 mil desaparecidos y las cifras aumentan. Esta claro que el prohibicionismo y mantener en la ilegalidad el consumo trae consecuencias devastadoras en el tejido social.

El hecho de que la marihuana esté regulada trae consigo beneficios económicos para el gobierno que legalice su uso, producción, venta y distribución. Se le brindan derechos al consumidor, al menos sabe qué se está fumando y cuál fue el proceso que se llevó acabo para obtener una planta de marihuana con cierto nivel de THC.

Legalizar su consumo y regular la venta le resta poder a los grupos del crimen organizado y así el gobierno está obligado a crear políticas públicas en materia de salud para atender las diferentes situaciones que se presenten al momento de despenalizar el uso del cannabis.

El hecho de que realicen eventos como el concierto de reggae en la ciudad visibiliza a una sector de la sociedad que esta carente de ser escuchado, los fumadores de marihuana, los cuales deben de reconocerse sus derechos y respetar sus decisiones.

Scooby Doo PaPa y presta pa´ca: crónica de una extorsión en Tepito

Por:Jetzael Molina Sedeño

 

Todo quedó acordado a través de WhatsApp entre mi amigo Akbalam y yo, el jueves por la tarde nos encontraríamos en metro Garibaldi para ir a Tepito y conseguir las películas que no habíamos podido encontrar con el señor que vende “cine de arte” en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

El mencionado día llegó, salí de casa con tiempo para poder estar en la estación que tiene el nombre en alusión al nieto de Giusseppe Garibaldi, José “Peppino” Garibaldi, personaje que combatió, junto a Francisco I Madero, durante la Revolución. El punto de encuentro esta vez no fue debajo del reloj, me encontraba a la espera de mi amigo alejado del tumulto de personas que se empezaba a formar para la espera del tren.

Akbalam llegó en el convoy naranja, las puertas se abrieron y rápidamente nos ubicamos a pesar del andar de las personas que salían y entraban a los vagones. Fue tan rápido el encuentro que nos dio tiempo de subirnos en el mismo metro en el que había llegado. La siguiente estación, Lagunilla, apareció de entre la oscuridad del subterráneo.

Salimos de la estación que se encuentra sobre Eje 1 Norte; subimos por las escaleras, las cuales estaban iluminadas por unas lámparas que producían luces de colores, productos que ofrecía un joven vendedor. Pilas, rastrillos y juguetes de moda se exhibían en el puesto que estaba sobre las escalinatas del metro.

Una vez afuera de la estación, emprendimos la caminata hacia la calle de Jesús Carranza. Clandestino éxito musical de la cantante colombiana Shakira, sonaba en una de las bocinas de los puestos ambulantes que ofrecía ropa barata, ropa para toda la familia. En otro puesto, las cartulinas fluorescentes anunciaban la oferta de cuatro pares de calcetines por veinte pesos.

El ruido, el caos y el paso que no lleva sincronía de entre el montón de gente que camina por las calles de Tepito se presentó ante nosotros. Llegar al barrio de Tepito es muy fácil, lo difícil o lo que puede resultar preocupante, para muchos, es salir del barrio bravo, sin haber sido asaltado o timado por algún chico banda.

Mi amigo Akbalam y yo llegamos a los puestos dedicados a la venta de cine de culto o conocido también como cine de autor. Sueño en otro idioma, del director Ernesto Contreras o Post Tenebras Lux, de Carlos Reygadas eran algunos títulos que buscábamos. En los puestos aparecían producciones de Lars Von Trier, Gaspar Noe, Tarkovski, Jean Luc Godard, entre otros.

Las compras en Tepito se disfrutan cuando encuentras lo que estás buscando y más a precios realmente baratos. La visita al barrio bravo del centro iba ser breve debido a que mis actividades laborales arrancarían por la tarde. La misión de comprar las películas estaba hecha. Lo siguiente era salir de ahí. Para mí, no eran las primeras veces que visitaba el tianguis, pero para mi amigo era su segundo encuentro con el folclor que se vive en aquella zona de la ciudad.

De regreso a la estación más cercana, un chico de unos veintidós años que vestía playera blanca, pantalón de mezclilla azul y unos tenis blancos nos ofreció el servicio de cambio de celulares. Nuestra respuesta fue negativa, “No carnal, gracias” a lo que él respondió, “Ah, ya ven… no me van a hacer caso” “ Regálenme unos minutitos”, pues resulta que esos minutitos se hicieron horas para mi amigo Akbalam y para mí, ya que que fuimos víctimas de una “extorsión” y consecuentemente un robo por parte de los chalanes que laboran en Tepito.

El tipo te pide tu celular para hacer un “avalúo” del equipo y revisar el sistema que tiene el aparato móvil para “regalarte una aplicación” con la que vas poder hablar y navegar en internet durante seis meses gratis. Para que el proceso fuera rápido yo le mostré mi celular, revisó lo que a él le importaba y me lo entregó. Para el chavo banda mi teléfono no estaba chido. Me entregó una tarjeta de presentación con el nombre del local “Scooby-Doo Papá”, compra, venta y cambio de equipos celulares, eso en la parte frontal de la dichosa tarjeta, en la parte trasera de ese cacho de papel venía una leyenda impresa: 30% de descuento al presentar esta tarjeta, la llenó con mi información y me la entregó.

Acto seguido le pidió su teléfono a mi amigo que lo tenía en las manos y se introdujo en el local que se encuentra sobre la acera de Eje 1 Norte a la altura del mercado de zapatos de Granaditas. El chico le mencionó a mi amigo que le regalaría la instalación de la aplicación a su equipo, pero que tendría que esperar un rato a que se descargara en su teléfono.

Akbalam siguió al tipo para pedirle su teléfono Samsung, un equipo no tan reciente pero sí lo suficientemente útil para el uso diario. Al pasar los minutos me uní a ellos al fondo del local y percibí un ambiente de disgusto y tensión. El joven tepiteño comenzó a alzar la voz y a decir que lo dejáramos trabajar porque se estaba “emputando” y eso iba a valer madre.

Nuestro asombró ante la situación nos hizo reaccionar y exigirle que nos entregara el equipo porque teníamos que irnos y no queríamos su aplicación ya que no sabíamos qué clase de sistema le estaban instalando.

El chico sintió una reacción ofensiva de nuestra parte a lo que respondió con un “fíjense cómo me están hablando (…) al chile háganle como quieran pero el celular ya no se los voy a entregar (…) es más lo único que les voy a dar es el chip y la tarjeta de memoria”. Mi amigo sudaba y su mirada transmitía angustia y desesperación.

Un segundo individuo se acercó y nos lanzó una advertencia “ ya ven, para qué hacen enojar a mi amigo, ahora no les va a entregar ni madres, así se trabaja aquí” . Akbalam y yo nos quedamos atónitos ante la situación. El sujeto que nos ofreció el servicio se comunicó a través de un radio con un “compañero” al que le solicitó su presencia urgente en el lugar, ya que dos weyes se estaba rebelando. Cuando transmitió el mensaje agregó una descripción de la apariencia que teníamos, detalló la forma en la que íbamos vestidos para que fuéramos fácilmente identificados por los chicos del barrio.

Un tercer sujeto apareció al paso de unos minutos. Se acercó a nosotros , calmó la ira de su compañero y le dijo que se tranquilizara ya que nosotros estábamos bien tranquilos y no era para tanto. Este último en llegar parecía más alivianado que los otros tipos.

Le contamos que no nos interesaba la aplicación y que solo queríamos de vuelta el celular a lo que respondió: “miren chavos el celular ya no se los vamos regresar (…) a menos de que nos den unos 400 pesos y se lo entregamos (…) o bien, nos den a cambio otro celular, lo que pasa es que aquí tenemos que entregar 30 celulares al día al jefe.” Para él su compañero sólo estaba haciendo su trabajo, así que no cometía ningún acto que estuviera en contra de los acuerdos que se manejan dentro del barrio bravo de Tepito. El joven hacía su “trabajo”.

La cosa estaba clara, teníamos que entregarle dinero a cambio del celular de mi amigo. Akbalam se quedó a negociar con los traficantes de celulares, mientras yo acudía al cajero más cercano a revisar cuánto dinero podía conseguir de mi tarjeta para darle la cantidad que nos pedía el sujeto.

La tarjeta de débito marcaba doscientos sesenta pesos, retiré todo lo que pude y me dirigí nuevamente al local donde se encontraba mi amigo y los vendedores. Al llegar le dije que sólo tenía esa cantidad de dinero, le sugerí que aceptara el pago a cambio del celular cosa que el vendedor rechazó. Ellos tenían una tarifa fija para este tipo de negociaciones. “No carnal ya quedamos en un acuerdo, tienen que ser cuatrocientos o quinientos pesos por el celular. Así no sale. O venga por el equipo mañana, traen el varo y si no juntan la cantidad vengan con otro celular y vemos qué hacemos. Aquí vamos a estar, no le vamos a cambiar la fachada al lugar.”

La cara de mi amigo era de desesperación, no sabía cómo recuperar su celular. Se acercó a mí y me dijo “Mejor ya vámonos wey, no me van entregar el celular a menos de que les dé el dinero”. Intercambiamos palabras y decidimos movernos del lugar. No sin antes acordar con los vendedores de celulares regresar por el equipo al día siguiente – obviamente no regresamos, mi amigo ya no quiso volver- ya con el dinero o con un equipo diferente para hacer el truque. Para ellos la cosa no es perder y menos cuando de trata de su trabajo, ya que por cada celular que obtengan les toca una comisión por la chamba que realizaron.

Caminamos entre los puestos del barrio bravo con dirección a la estación del metro, descendimos al subterráneo y nos introducimos en los vagones. La vivencia había estado cargada de mucha energía, negativa, claro está. Teníamos en nuestro poder películas de Ingmar Bergman, David Lynch y otros directores. Pero sobre todo llevábamos la experiencia de que en el barrio bravo la ley, es la ley, ya sea la que aplican las autoridades coludidas con el crimen organizado, o bien la que ejercen los líderes del cártel de la Unión Tepito.

Ahora sí que aplicaron la de “Scooby-Doo PaPa y presta pa´ca”…