Con hacha corta vida a su padre

Con hacha corta vida a su padre

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Foto, internet

La Fiscalía había recibido una llamada de un posible ahorcamiento, pero los hechos a simple vistan indicaban otra cosa

Por: RAMIRO LÓPEZ MENDOZA – CARLOS CORONEL

HUIMANGUILLO, TAB.—El agente de la Fiscalía se acercó al cuerpo inerte de quien en vida respondía al nombre de Cristóbal y notó que, en la escena del probable suicidio, estaba una pieza que no encajaba en el rompecabezas. El anciano presentaba una impactante herida con sangre cuajada en su cabeza.

Se volteó a preguntar con firmeza a la ahora viuda Clemencia qué era esa cortada, y la mujer bajó los ojos sin saber qué responder. Sus manos estaban inquietas y sudorosas, levantó la vista pero no para mirar al agente sino a su hija Valeria, de apenas 13 años, y entonces las dos se echaron a llorar.

En la Fiscalía se había recibido una llamada de un posible ahorcamiento al interior de una humilde vivienda, ubicada en la calle Narciso Rovirosa, de la colonia Manuel Andrade, en el municipio de Huimanguillo. Pero los hechos a simple vistan indicaban otra cosa.

A continuación, el agente pasó a escuchar la confesión de la madre y la hija, que entre sollozos y lágrimas relataban lo que había pasado la noche anterior a ese nefasto lunes 27 de enero.

A decir de Valeria, un crujir de madera la despertó en su cuarto, al principio pensó que era el viento que meneaba la madera, se quedó quieta sobresaltada en su colchón. Pero se paró inmediatamente entre las sombras tenebrosas porque vio una sombra aumentar su tamaño y querer cubrirla.

Comenzó a gritar y pedir auxilio pensando que se trataba de un ladrón, hubiera sido mejor eso a descubrir el rostro conocido de su padre. Su madre vino a auxiliarla, preguntando qué era todo ese escándalo.

Don Cristóbal arremetió contra la madre, empujándola hacia la modesta sala y propinándolo de golpes en la cara.

Valeria entre el susto y el llanto tomó un hacha que su padre usaba para cortar la leña, y sin pensarlo se la sorrajó a su progenitor en la cabeza.

La humanidad de don Cristóbal se desvaneció en el suelo, con un hilo de sangre chorreando hacia el piso.

Doña Clemencia se inclinó para auxiliar a su agresor, pidiendo a gritos a la hija que trajera un trapo para detener la herida. Fue tan duro el golpe que don Cristóbal se fue de este mundo sin despedirse.

Entre ella y su hija tramaron ocultar la situación, pronto consiguieron una lía y ataron el cuerpo del occiso para simular que había salido por la puerta falsa.

Los agentes dieron parte a la Fiscalía y se procedió a tomar declaración de los implicados. Pese a existir un cadáver, no se puede imputar la pena a la menor, quien según sus confesiones, actuó en defensa propia.

Abogados especialistas señalaron que la menor debe quedar en libertad, si demuestra legítima defensa, aunque debe recibir terapias psicológicas.