Un actor intelectual de una gran rebeldía

Un actor intelectual de una gran rebeldía

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EL MICHOACANO SE CONFESÓ CON EL PERIODISTA DE RENOMBRE GUSTAVO ADOLFO INFANTE, EN EL MINUTO QUE CAMBIÓ MI DESTINO, CON SU PECULIAR ESTILO

Como sólo el periodista Gustavo Adolfo Infante lo sabe hacer, entrevistó al actor intelectual Damián Alcázar en su programa El minuto que cambió mi destino. Como siempre, el comunicador realizó una excelente entrevista profunda en donde el artista confesó interesantes pasajes de su vida.

“Mi papá se dedicaba a todo, era un poco como yo, solo le faltó ser sacerdote, mi padre fue futbolista, cargador, guardabosques, policía, bombero… Era de una personalidad muy rara, tenía la fortaleza de decir ‘ya no quiero trabajar aquí muchas gracias’, yo de alguna manera me identifico con él porque he hecho de todo en mi vida”, dijo el actor al inicio de la entrevista.

El actor decidió no estudiar, pero sus padres lo mandaron a trabajar, aunque su sueño siempre fue el de ser actor. “Nos cambiamos mucho de casa por los trabajos de mi papá, hasta que decidí no ir más a la escuela, entonces me tocó el movimiento estudiantil de los 70’s y eso no me gustaba y desde ahí me puse a trabajar y luego quise ser actor, me gustaba mucho el cine, veía en Zapopan mucho cine. Me imaginaba ser Tin Tan, Pedro Infante y muchos. Perro mundo, la película me marcó. Trabajé en dos fábricas, una de troqueles y otra de plásticos, me relacioné mucho con los obreros, pero no quise esa vida dura”, afirmó el mexicano.

Continuó. “Entonces me metí al teatro, con el maestro Emilio Carballido, le prometí acabar la preparatoria. Mi primer obra fue Pueblo rechazado, pero mi encuentro con el público fue haciéndola de un anciano en un tetaro del Seguro Social. En la escuela aprendí a transformar los nervios en emoción. Tuve la fortuna de estar con una camada de buenos actores. Actuar es extraordinario y la paso de maravilla”, dijo el histrión.

El michoacano dice que el neoliberalismo cambió a México. “Necesitamos salas para ver cine internacional, el neoliberalismo nos lo quitó, hay muy buenos actores aquí. Me tardé 10 años para entrar al cine. Entré al cine con los jóvenes, con todos los que trabajé me han llamado ahora como productores y hemos hecho películas juntos. Realicé mucho teatro pero también he hecho mucho cine; mi pasión”, recalcó Damián.

Con 8 Arieles se siente bendecido. “Soy una persona muy afortunada, muy feliz al ser papá, tengo un hijo al cual amo y respeto, a través del cine, de mi trabajo le he enseñado en la ética, la tolerancia, el compromiso, la camadería… Todo eso lo sabe gracias a mi trabajo y eso es lo que me gusta mucho, elegir cosas que me sean sustantivas”, finalizó Alcázar.