El orgullo de Tlaxcala

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Foto, internet
ES DE LOS RECURRENTES EN LAS CARTELERAS DEL CMLL; ÚLTIMO GUERRERO FUE SU MAESTRO, NO SÓLO DE LUCHA, TAMBIÉN DE VIDA

Por: RODRIGO MOJICA/ EDER ARREORTÚA 

Ciudad de México.- Cuando nos referimos a la palabra templario, nos remontamos a aquellos integrantes de la orden religiosa que, cual militares, se encargaban de resguardar los templos, con la vida si era posible; hoy esa imagen se ha perdido, porque la civilización demanda otros valores; no obstante, aún hay vestigios de ese espíritu combativo; remusgos que ya no apelan a lo sangriento, sino a la defensa de valores, ese es el caso del esteta del que hoy hablaremos.

Templario, nacido en Calpulalpan, Tlaxcala; joven promesa del Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), quien como espuma ha ganado fama, se está posicionando en las batallas estelares de la empresa, y está en un momento de franco crecimiento. Y, de eso habla el luchador: del estado de gracia por el que está pasando: “Templario está dando mucho de qué hablar en el Consejo. Afortunadamente me tienen entre los estelares, pese a que llevo pocos años en la empresa, no bajo de la tercera lucha, y la gente me quiere, con todo y que soy rudo.

“Mi estilo trato de hacerlo diferente. Los Guerreros me han adoptado, además de que ir a Japón y a Estados Unidos, me ha brindado mucho bagaje, me siento realizado”, comenta y ahonda sobre la modalidad que más le llena cuando le toca transformarse en el ídolo de carne y hueso que suele robarse el aliento de un público conocedor y entregado al pancracio, sobre todo en la Arena México.

“Me gusta mucho el bando rudo, me siento muy cómodo y no lo pienso cambiar, pero también soy muy híbrido, manejo todos los estilos, eso es lo que le gusta a la gente, eso es lo que a mí me hace marcar la diferencia”. El calpulalpense, quien no ha aflojado el paso desde que inició su carrera, hoy se siente agradecido, y no olvida a quien le hizo más llevadero el camino, al punto en el que hoy se encuentra.

“Inicialmente comencé en mi tierra, y luego ya salté a Pachuca. Llevé un proceso de cuatro años. Emigré a la Ciudad de México gracias a que un amigo me apoyó. Fue curioso, porque lo conocí jugando futbol, él me abrió las puertas de su casa, y gracias a personas como él estoy donde estoy. Tuve la fortuna de, además de tener pasión, contar con el apoyo de mi familia y de mis cercanos, eso cuenta mucho, porque te da confianza”, relata.

Y es que las bases que ha tenido en sus inicios luchísticos y en su formación son bastante sólidos, gracias a que gozó de un tutelaje de otro nivel.

“Por esas cosas del destino llegué a tocar las puertas del gimnasio de Último Guerrero, él me entrenó mucho tiempo y después nos llevó a visorías a la Arena México, ahí pasé a ser adiestrado con el profesor Franco Colombo, y tiempo después ya estaba debutando en el Coloso. Guerrero no sólo me enseñó a cómo ser luchador, también me dejó claro cómo portarnos abajo del cuadrilátero, a respetar al rival, a la afición, a ayudar. Me considero un esteta humilde gracias a los jalones de orejas que nos dio el maestro, y a las bases que me dio la familia”, comparte.

Pero no sólo del guerrero de Gómez Palacios, Durango, aprendió, también la vida le enseñó, y ese sufrimiento y sacrificio que vio en los suyos, lo supo capitalizar en el éxito del que ahora goza, aunque también reconoce que en esta trama hubo una pizca de suerte.

“Desde que llegué a México supe que sería difícil, porque mi familia es humilde y va al día, pero afortunadamente el amigo que me llevó, quien es policía de tránsito, me dio apoyo total, no me cobraba comida, ni hospedaje, con el resto me ayudaba mi papá, él hacía un esfuerzo enorme, porque se limitaba y se quitaba la comida de la boca para que yo saliera adelante. Nunca consideré un plan ´B´, siempre estuve seguro que se me daría esta carrera y veme, le eché ganas y aquí estoy”, cuenta con singular alegría y júbilo.

PASO A PASO

Desmenuza cómo fue dándose, cual reloj suizo, su triunfo; cuando le llegó la primera oportunidad comenzó una historia que primero lo llevó a los cuadriláteros de la Bella Airosa, luego saltó a la capital y finalmente a suelo internacional.

“Siempre se me han dado rápido las cosas. Mi primera lucha fue en Calpulalpan, cuando apenas llevaba una semana de entrenar, fue hace 12 años, un mes de junio, justo en la feria de mi pueblo. Luego, un 17 de abril de 2016 debuté en la Arena México, ya más profesional; la noche previa no pude dormir, me moría de nervios, pero no lo hice mal. “Aposté mi máscara en diciembre de 2015, ese día fue de los más importantes de mi carrera, junto a la vez que en la Arena San Juan Pantitlán luché al lado de mi profesor Último Guerrero, esa fue mi primera lucha en la Ciudad de México”, finaliza.