De sangre ruda

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Foto, internet

HIJO DE FISHMAN PRESUME SER UN JUNIOR AUTÉNTICO, CON TODO LO QUE CONLLEVA REPRESENTAR UN NOMBRE DE ABOLENGO

Ciudad de México.- Toreo de Cuatro Caminos, década de los ochenta, entrando a los noventa, el auge de la Lucha Libre se daba precisamente por los rumbos de Periférico Norte, en la Miguel Hidalgo.

Canek, Mil Máscaras, Villano III, Dos Caras, Negro Navarro, Black Terry, Los Brazos, Arturito, Martha Villalobos, Lola González, Fishman, sólo por mencionar a algunos de tantos estetas que figuraron en aquella época, fueron parte de un clico muy prolífico para esta disciplina tan arraigada en la nación azteca.

Y, como suele pasar cuando la estirpe es de sangre luchística, ahora mismo se abre paso en una etapa muy distinta el vástago del Veneno Verde, quien antes que nada, aclara que es el continuador de una leyenda, sin suspicacias de por medio.

“Soy hijo auténtico y biológico de Fishman, el único y el original”, presume, y con él queda justo a la medida aquel refrán que a sus letras dice: ‘hijo de tigre, pintito’. “Mi padre me inculcó la lucha clásica, a ras de lona, la lucha recia, que es la que más me gusta utilizar en mis encuentros. Hay gente que me dice que de manera innata me sale el parado de mi papá, yo creo que son cosas que se dan de manera natural, hay cosas, como se dice por ahí, que se maman”, comparte respecto a lo que pudo retomar del estilo de su viejo, hoy ya fallecido.

HERENCIA

“Todo empezó desde pequeño, por herencia familiar que viene desde las venas, desde niño siempre me gustó la lucha libre”, comenta, y las líneas siguientes se engrosan a partir de lo que siempre vivió en casa, con lo que suponía estar bajo el cobijo de un referente del pancracio nacional. “A la edad de los 15 años mi padre me llevó a entrenar más en forma, pues de pequeño era sólo una actividad como acondicionamiento físico en los cursos de verano”. Convivir con el secreto, con el tema de guardar discreción acerca de la identidad del progenitor, para él de chaval no fue una asignatura complicada, porque le tocó un periodo en el que las tapas eran más sagradas y sobre todo parte del diario acontecer de los gladiadores. “Siempre supe que era Fishman, realmente no me acuerdo cómo es que me entero de quien era. Es curioso, yo

no tenía que guardar la incógnita, al contrario, sentía mucho orgullo de que mi papá tuviera un trabajo diferente al de todos, era más bien como un súper héroe, prácticamente yo le platicaba y presumía a todo mundo”.

Dar el salto, mantener el legado y decidirse a seguir los pasos de su ídolo arriba de los cuadriláteros, a diferencia de otros hijos de figuras, para él fue una opción a la mano, pues el espaldarazo resultó incondicional y hasta un deseo del jefe.

“Siempre me dijo: ‘Cuando luches yo quiero que uses el nombre del Hijo de Fishman’, de alguna manera me apoyó en esto, y el que yo pudiera portarlo me llenaba de emoción y me motivaba, me acompañó en mi estreno.

“Debuto como Spartacus a los 18 años, un 30 de abril, en el grupo donde entrenaba hicieron una función para la delegación Magdalena Contreras, estuve en la estelar, y me tocó dobletear porque en la segunda faltaba alguien, me prestaron una botarga, una máscara equis y así luché”.

La presentación en las llamadas Grandes Ligas, ya portando la estampa importante, se dio en 2009, teniendo como padrino al gran José Luis Mendieta Rambo. “Es una gran responsabilidad llevar este personaje, pero no lo concibo como un peso, como un obstáculo, obviamente dentro de la carrera hay momentos tanto buenos como malos, en los que uno forja su preparación. Comienzas a marcar tu propio camino. Se me han cerrado puertas, pero también se me han abierto”.