Historia de vida: El deporte requiere salir de casa

Historia de vida: El deporte requiere salir de casa

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Lizbeth Álvarez Martínez

Lectora de Basta

En la adolescencia no tenía idea de cómo era llevar un grupo de mujeres al deportivo, aseguraba que solo sería momentáneo, mientras terminaba la preparatoria.

Vi partir a varias, no las detuve, imaginaba que simplemente no les gustaba el ejercicio, que eran apáticas y perezosas para mover su cuerpo. Y es que de niña me lo enseñaron, entonces pensaba que era una actividad normal tanto para mujeres como para hombres.

Hoy mi pensamiento sobre la activación física ha cambiado. Mientras a mi sobrino de tres años le regalan pelotas de futbol, básquetbol, guantes de box, a mis sobrinas les regalan el juguete de moda “Los casimeritos”, que es un muñeco que necesita de diversos accesorios como son: una cuna, ropa, gotero, pañalera, vestido, etcétera.

Mientras Santiago grita cuando le pega al costal de box o a la pelota de futbol, Atalia y Yaretzi están sentadas jugando a ser mamás.

Me queda claro que desde niñas nos han puesto limitaciones a la práctica deportiva, nos han limitado a la movilidad corporal, nos han hecho seres motrizmente inútiles.

Una mujer que desarrolla sus capacidades de movimiento, coordinación, equilibrio, fuerza, resistencia, flexibilidad, agilidad, el control de su propio cuerpo, es una persona competente en cualquier situación de la vida.

Para tener esas habilidades, las mujeres deben salir de casa, socializar, abandonar los quehaceres domésticos, los hijos, el esposo, sin sentir culpa, para darse la oportunidad de sentirse en libertad a través del movimiento de su cuerpo.

Sé que las que se fueron no son apáticas, simplemente no les enseñaron a conocer su cuerpo, a sudar, a estar desaliñadas, a gritar. Me gustaría que volvieran, enseñarles poco a poco lo que el deporte puede hacer por ellas.

Hace un tiempo tenemos una campaña que se llama “Ponte los Tenis”, surgió a partir de ese grupo, que a diario se activan y conocen su cuerpo.

Tiene como objetivo incentivar la sana convivencia entre mujeres, a través de actividades físicas como el baile.

Nos han invitado a distintos lugares, solo pedimos un templete, una bocina y entre todas animamos a las demás a activarse.

Uno de mis retos es que más mujeres tomen el ejercicio como un hábito y sea una herramienta para su empoderamiento.