‘Dos veces tú’ Enfrentando a la muerte

‘Dos veces tú’ Enfrentando a la muerte

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La película de Salomon Azkenazi, es una una propuesta arriesgada, dinámica e íntima

Harry Plus

Calificación: Buena (3 estrellas de 5)

Tocar el tema que involucra a la muerte, con su misticismo, simbolismos y percepción singular, ha sido y seguirá siendo una gran paradoja, una complejidad abismal que se delimitará por la manera en la que cada ser vivo concibe y comprende lo que representa la vida y la llama del fin. Una situación que tiende a alejarse de los apartados más básicos, confortables y tradicionales dentro de nuestra industria mexicana, el que involucra a las comedias o comedias románicas, un género cinematográfico que está por demás explotado, por lo que las personas que buscan el éxito seguro, no dudan en navegar dentro de estas conocidas aguas, de ahí que el reconocimiento entero llegue para el director Salomon Askenazi, quien se aleja totalmente del camino seguro y crea una propuesta intrépida y plagada de incertidumbre, pues su cinta Dos veces tú, arriesga en todo sentido y trata de generar un impacto trascendental y metafórico.

La historia de Dos veces tú, nos presenta a las primas elocuentes, divertidas y sumamente unidas, Tania y Daniela, quienes intercambian esposos durante una noche de bodas solo por diversión, pero un accidente fatal creará nuevas y extrañas relaciones entre los cuatro personajes, lo que desencadenara una serie de situaciones que van más allá de lo tangible.

El cineasta Salomon Askenazi, comprende, dentro de su mente y en todo su ser, la importancia de la narrativa que plantea con su nueva apuesta fílmica, pues alejada totalmente del desarrollo lineal, la producción incita al espectador a analizar y estudiar cada verso y elemento presentado, esto para comprender a cabalidad cuál es la verdadera intención que se encuentra entre lineas y escenas. Arriesga al mostrar una historia alejada totalmente de lo convencional, que posee elementos muy propios del cine europeo, inspirados tal vez por cineasta como Yorgos Lanthimos. Depende de cada espectador, la percepción y conclusión que tenga sobre la confección de la historia y su connotaciones filosóficas.

Las actuaciones de la cinta son totalmente refrescantes e intrépidas, lo que provoca más empatía y alivio, pues es grato el ver caras distintas protagonizando este tipo de tramas, que están cargadas con un nivel dramático intenso y rayando dentro del thriller abrumador. Anahí Dávila, sorprende con su rango interpretativo y su bestial inmersión, regalando momentos que roban el aliento y la catapultan como una de las grandes promesas dentro de la industria cinematográfica nacional. Mismo tenor en el que se encuentran su compañeros de reparto, pues su conexión y complemento con Melissa Barrera, es orgánico y natural, una química que trasciende la pantalla. Igual sintonía en la que se encuentran Mariano Palacios y Daniel Adissi, dos enlaces idóneos para el devenir de la historia.

El hecho de que padezca por momentos de la pretención y la egolatría que su creador impregna en ella, provoca que transite por los caminos de la altanería y la exageración, con momentos plagados de soberbia y que no encuentran un fundamento idóneo para su concepción. Simplemente tiene escenas que están de más y alarga situaciones que podrían resolverse de manera más concreta. Mantiene muchas vertientes, pero solo logra concluir un poco de ellas, lo que ocasiona, para su final, cierta incertidumbre con respecto a lo que el director trata de plantear.

El inicio de la historia es sumamente flojo, la introducción hacia la vida de las primas Cohen, poco o nada logra interesar, ahí que pierda el interés de gran parte de su audiencia, aunque para cuando toma el ritmo adecuado y se llega a la parte crucial que comienza a dar forma a su trama, todo cambia y se vuelve envolvente. La extraña edición y mezcla de sonido, provoca cierta incertidumbre y descontento, aunque se logra comprender con su desarrollo, pues se llega a la conclusión de que el estilo visual y sonoro propio del director, está impuesto desde el primer segundo dentro del largometraje.

Dos veces tú, es una de esas escasas películas mexicanas que plantean un propósito diferencial para con el resto de las historias convencionales, una que se plantea el ir más allá de lo superficial, pues se incrusta de manera abrupta dentro de la mente de la audiencia y hostiga, incita al pensamiento, catapulta las neuronas y provoca la sensación de extrañeza y comprensión. Sin duda genera el debate y la conversación, algo que debería permear en la industria nacional.