Historia de vida: Hacer el amor bailando

Historia de vida: Hacer el amor bailando

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LIZBETH ÁLVAREZ MARTÍNEZ

LECTORA DE BASTA!

Ellas tuvieron una cita importante, como todos los enamorados. Se vistieron de rojo carmín, compraron el típico chocolate y llevaron un corazón de papel para ser entregado.

Una por una fue llegando a la cita acordada, al principio, dudosas de lo que iba a suceder porque el lugar estaba ocupado por hombres y niños jugando “en su cancha” y la noche caía.

Poco a poco, entre todas, se fueron adueñando del espacio, al principio eran pocas, pero como fueron pasando los minutos la cancha de futbol se llenó de rojo y de aroma de mujer, a los niños y hombres no les quedó más que prestarles su cancha a aquellas mujeres.

Empezaron a vibrar sus cuerpos al escuchar los ritmos musicales, se fueron soltando en esa noche, era su momento de celebrarse como todas ellas lo merecen, con un espacio propio para sentirse en libertad, con una buena compañía y haciendo lo que más les gusta, bailar.

El chocolate y el corazón fue entregado entre ellas mismas, haciendo parejas, algunas se han hecho amigas, algunas más solo son conocidas, pero todas saben que son aliadas deportivas, que el objetivo es apropiarse de su cuerpo, espacio y tiempo.

Una mujer que desarrolla las capacidades del movimiento -la coordinación, la orientación espacio-temporal, el equilibrio, la estructuración del esquema corporal, el conocimiento y control del propio cuerpo, la fuerza y resistencia musculares, la resistencia cardio-respiratoria, la velocidad, la flexibilidad y la agilidad- es una persona más competente para cualquier situación vital.

Estas cualidades se desarrollan a través de la práctica físico-deportiva. Además, el deporte aporta libertad de movimiento corporal, estimula el abandono del espacio privado doméstico y facilita las relaciones personales y sociales. En definitiva, empodera a las mujeres.

Tuvieron una cita con el amor propio. Al bailar se gozan, se hacen el amor.