Historia de vida: Una danza combativa

Historia de vida: Una danza combativa

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Son estudiantes o profesionistas, trabajadoras o amas de casa; esposas, madres, hijas, hermanas o abuelas. Están en un centro de rehabilitación por problemas de alcohol o drogas. Las internas del Centro de AA, ubicado en San Andrés Totoltepec, alcaldía de Tlalpan, tuvieron la oportunidad de tomar una clase de baile de alto impacto y apropiarse de su cuerpo.

La mayoría son jóvenes, no pasan de los 20 años de edad. Antes de iniciar con el baile, todas se veían nerviosas, dudosas, pensativas, desconocían qué iba a pasar. La instructora les comunicó que se dejaran llevar por la música y se concentraran en ellas mismas antes de ver a la compañera de al lado.

La música sonó, los cuerpos empezaron a vibrar. Poco a poco las jóvenes entraron en confianza, el espacio las confortaba, el sonido las empezó a relajar, las palabras de la coach la hizo sentirse con más seguridad para danzar.

Al término de cada canción gritaban, cada vez más alto, como si quisieran que todo el mundo las escuchara. En sus rostros se dibuja una sonrisa que al principio no reflejaban, sus mejillas cada vez más coloradas, sus cabellos húmedos por el sudor.

Visiblemente se veían más felices. Entre la plática con la instructora les hizo saber que ella lucha para que las mujeres puedan elegir libremente y reclamar la propiedad y apropiación de sus cuerpos: “Me aseguro de que se sientan libres, tomadas en cuenta y un poco más curadas después de cada sesión de baile.

El movimiento es una manera de expresar las emociones. Una mujer que desarrolla las capacidades del movimiento es una persona más competente para cualquier situación vital”, dijo. Al término de la clase, todas se tomaron de la mano para agradecer a su cuerpo el moverse, estar juntas en este proceso de su vida, luchando por recuperarse de las terribles adicciones y poder regresar con sus familias.