La ciudad que se nos fue: La vida nocturna

La ciudad que se nos fue: La vida nocturna

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CIUDAD DE MÉXICO.– Al caminar por Insurgentes, en la esquina con avenida Reforma, recuerdo queen este lugar estaba el hotel Hilton y en el pent house, el centro nocturno Belvedere, donde Olga Breeskin hacía las delicias de los parroquianos, los fifís de aquella, que se conocían como popofs y pagaba cuentones por verla tocar el violín y contonearse.

Tanto suspiros arrancaba La Breeskin, que cuenta la leyenda que un millonario, de origen árabe la invitó al Hipódromo de las Américas para ver correr a su caballo, que ganó. La artista se enamoró del caballo y lo expresó al árabe- mexicano y éste le dijo:” te lo regalo” e intentó llevárselo al hotel y subirlo al centro nocturno y darle sorpresa a la violinista, pero la gerencia no se lo permitió.

Atrás del Hilton estaba Noche y Día, restaurante para todos los artistas que llegaban luego de salir de teatros, cabarets, para comer la sopa de médula, pancita, pozole…

Un día me invitó un amigo al Focolare, restaurante de postín ubicado en la Zona Rosa y mientras esperábamos el aperitivo, el mesero nos contó que a este restaurante ubicado en la Zona Rosa, entró un querido periodista de sociales, Luis Amador de Ovaciones, Amador nos dijo: “Como veraís-era español-, aquí todo mundo viene de traje y corbata. Nuestra clientela es selecta”.

El mesero, nos dice: “Entró sin los requisitos y lo sacamos. Yo le dije: “en este restaurante se entra vestido con corbata y si un burro trae corbata, lo dejamos pasar”.

En los sesenta, por Avenida Reforma, aún transitaban algunos señores, llevando tablones de madera arriba de burros. Por ello Luis, compró dos corbatas , alquiló el burro y , le puso corbata y la otra se la colgó él, y metió al burro al Focolare y aquello fue una escena de película. Llegó la patrulla y luego de intentos sacó al burro y detuvo al periodista. El problema, es que había que llevar las pruebas del delito, tuvieron que esperar a que llegara una camioneta y llevarse el burro a la delegación