La ciudad que se nos fue: La gran vida nocturna

La ciudad que se nos fue: La gran vida nocturna

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CIUDAD DE MÉXICO.– Le hablé de la vida nocturna de los años sesenta y me quedé en mi recorrido por los Insurgentes, precisamente del cabaret La Fuente. Por la misma avenida estaba Los Globos, Álvaro Carrillo hacía largas temporadas, y era un cheque al portador para Ernesto Vals, el dueño.

Álvaro, interpretaba Sabor a mí, Se Me olvida, El Andariego y movía emociones a los parroquianos que pedían botellas embriagantes caras, mientras que la caja registradora, sonaba con alegre timbre.

Hoy, en ese sitio hay un edificio de servicios, pero al lado aún vive Los Gallos, la taquería, también de Ernesto Vals (finado), que da servicio hasta muy tarde, con tacos, quesadillas, y una variedad de antojos.

Caminando por Insurgentes, a mitad de los sesentas, no existía el transporte colectivo, pero sí a cambio el trolebús eléctrico que viajaba desde el norte de la Ciudad hasta Copilco y algunos hasta Ciudad Universitaria. El trayecto lo hacía por Insurgentes.

Los trolebuses salían de Buenavista, estación del servicio de trenes de pasajeros, que recorría el bajío, Guadalajara, Michoacán, etc. En ese lugar, había unas bancas con fortables para los pasajeros en espera de su partida. Muchos indigentes prácticamente vivían ahí, dejando sus pertenencias debajo de las bancas y las autoridades no sospechaban que Buenavista era hogar de vagabundos, porque era un hábito común.

Hoy Buenavista es una plaza comercial que administra el sindicato de los ferrocarrileros. Llegando a la esquina de Insurgentes y Reforma, estaba un centro nocturno en el último piso del Hotel Hilton, pero ya les contaré las noches inolvidables de ese lugar.