Crónica urbana: Entre el subterráneo de Venustiano Carranza… y un cocodrilo

Crónica urbana: Entre el subterráneo de Venustiano Carranza… y un cocodrilo

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Anónimo

(Colaboración de un lector)

Eran finales de los ochentas, ya entonces por la Calzada Ignacio Zaragoza circulaban centenares de autobuses y urbanos; mi hermano y yo veníamos del estado de Veracruz a abastecernos de mercancía para la refaccionaria que atendía mi padre.

Recuerdo que el autobús debía sortear decenas de avenidas congestionadas para llegar a la terminal, entonces ubicada en Fray Servando Teresa de Mier y Topacio, a un costado del mercado de La Merced.

Usar la Línea 1 del Metro no era tan complicado, solíamos llegar alrededor de las 8 de la mañana y nuestro primer punto era la calle República del Salvador, en el Centro de la Ciudad, era entonces un lugar repleto de refaccionarias donde nos surtíamos sobre todo de bulbos, para los radios y televisiones de aquellos tiempos.

Había un pequeño pasaje bajo la calle de Venustiano Carranza en Niño Perdido, (que después fue San Juan de Letrán y ahora el Eje Central Lázaro Cárdenas) y ahí una tortería, entre otros negocios, donde mi hermano solía dejarme con el montón de compras, mientras él iba a otros lugares por otras más.

Me gustaba entrar al pasaje Savoy y sus tiendas de ropa, el cine del mismo nombre y me sorprendía que a toda hora había funciones y no como en mi pueblo solo los sábados y domingos; exhibían películas eróticas, sobre todo italianas.

De regreso a la terminal de autobuses un cocodrilo nos llevaba con bultos y bultos de compras. Antes ya habíamos hecho los pedidos de cinescopios (las pantallas de las teles) y el alambre de varios calibres para rebobinar las armaduras de los generadores de los autos, que antes se reparaban. (Gracias por permitirme publicar este recuerdo).