Historia de vida: Niños… sin amor

Historia de vida: Niños… sin amor

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Por Marcos H. Valerio

Uno de los grupos más vulnerables de la sociedad mexicana, los llamados niños de la calle, continúa incrementándose aceleradamente sin que los programas gubernamentales encuentren una solución.

En medio de las actitudes indiferentes de transeúntes e inmersos en la insalubridad, el consumo de drogas y la marginación social, los niños de la calle se refugian debajo de puentes vehiculares, en terminales de autobuses, respiraderos de estaciones del Metro o cualquier lugar que los proteja de las inclemencias del tiempo.

Sofía o La Pantera, como la llaman “los de la banda”, comenta que está embarazada, pero no de su novio. En la época cuando ocurrió todavía no lo conocía, pues ella deambulaba por La Merced y La Candelaria, actualmente recorre la Plaza Garibaldi.

La noche que la violaron andaba sola, acababa de robarse un reloj, “me apañaron unos sujetos” –comenta-. La pasearon durante horas en un automóvil y luego, ya de madrugada, la metieron a una bodega donde la golpearon, la obligaron a que se bañara con agua helada y después la ultrajaron.

Pasaron unos dos meses cuando los mismos individuos volvieron a detenerla; ahora no la querían violar sino matar, pues según, ellos La Pantera tiene sida. Afortunadamente sus cuates vieron cuando la amagaban, la defendieron y decidió irse de ese lugar.

Optimista, dice que no le preocupa lo que dijeron los sujetos, pues de ser cierto ya estuviera muerta. Aunque, agrega, ya tomó precauciones, consiguió quién se quede con su bebé cuando nazca, así ella podrá morir en paz y su hijo tendrá un hogar y unos padres que lo quieran mucho.

Su rostro cambia. Con lágrimas explica que ella huyó de su casa porque su madrastra le pegaba, dejaba que uno de sus vecinos entrara a su casa para violarla. Su padre nunca le creyó cuando se lo comentaba. Es más –afirma-, me corría de la casa. Es por eso que decidí vivir en las calles.

¡A las drogas!, bueno sí, todos los días hacemos la mona, tú sabes, un trozo de estopa con thinner. Sirve para calmar el hambre y el frío, además duermes muy tranquila.

Al día siguiente. En la mañana limpio parabrisas, donde saco hasta 100 o 150 pesos. Eso es para la comida; la tarde es para dormitar, pues es el momento en que hay calma, algunos cuates juegan la cascarita, consiguen la mona o el chemo, cuando nos va bien hasta mota compramos, esa se guarda para la noche que es cuando el frío cala.

Mi novio es El Pacha, tiene 15 años, es de los más broncudos, por eso lo elegí, pues con él me siento protegida y ya nadie me golpea.

Él sabe la posibilidad de que puedo tener sida, pero dice que “de algo nos tenemos que morir”.

Este es el presente y el futuro de los niños de la calle que en lugar de calmar el hambre con algún alimento lo hacen con el chemo, que en lugar de cariño reciben maltratos de la sociedad.