Alma en Pena asusta a MP y policías

Alma en Pena asusta a MP y policías

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Por Marcos H. Valerio

 

Con base en investigaciones, entrevistas a víctimas y retratos hablados se pudo ubicar y detener a César, alias El Trompas, quien se dedicaba a asaltar violentamente negocios, transeúntes y viviendas.

Al rendir su declaración ante el Ministerio Público, el delincuente dio nombres, apodos y domicilios de sus dos cómplices, por lo que la policía inició la búsqueda.

Dos horas más tarde, a la Agencia del Ministerio Público llegó un familiar de sus compinches, quien mintió a las autoridades y dijo que era amigo del Trompas.

Al encontrarse solos, le advirtió que sus días estaban contados, pues lo iban a matar por chiva. “Sabes que la banda no olvida y te la vamos a cumplir, en el reclu ya te esperan para enviarte al más allá”, sentenció.

César sabía que iban a cumplir la amenaza, por lo que entró en crisis. En la madrugada utilizó la tela de su pantalón para ahorcarse, instantes en que sus copartícipes eran detenidos y consignados al reclusorio.

De este acontecimiento ya han pasado varios años, incluso, la mayoría del personal de la Agencia ha cambiado, pero todas las noches, el alma en pena de El Trompas deambula en el lugar. Apaga la fotocopiadora, las luces de los baños y galeras, mueve objetos, golpea las puertas e incluso, en una época decembrina tiró el árbol de Navidad y lo arrastró.

Muchos trabajadores se muestran incrédulos, como sucedió con doña Gaby, quien al hacer la limpieza, constantemente le tiraban la cubeta con agua.

Relató que, en una ocasión que platicaba con un oficial secretario, ambos vieron la silueta de un hombre vestido de negro rumbo al sanitario. Ella insistía que era un visitante; él, en cambio, aseguró que era el muerto, el mismo que días antes le prendió el ventilador y no lo dejó dormir.

Para salir de dudas decidieron abrir la puerta del baño, no encontraron a nadie; el cuarto no tenía ventanas por donde pudiera escapar. Además, las luces estaban prendidas, recordando que las habían dejado apagadas.

Afirman algunos empleados que ya ven normal que les hagan travesuras, “pues con un grito y una palabra altisonante, basta para que los dejen de fastidiar”. Otros, piden su cambio a otra Agencia, al no soportar los constante sustos.

Hace unos meses, José, quien es Ministerio Público, al terminar su guardia se fue a descansar a su casa, pues la noche anterior tuvo mucho trabajo y ni siquiera pudo dormitar, por lo que estaba muy agotado.

Dijo que lo venció el sueño de inmediato y no sabe si fue pesadilla o verdad: empezó a sentir que alguien se le encimó, le apretó el pecho, le impedía mover sus brazos y momentáneamente quedó mudo. Después de tanto forcejeo, pudo darle un cabezazo a la silueta que lo estaba sometiendo.

Sudó frío, sintió pesadez, quería pararse, pero estaba tan agotado que sus piernas le temblaban, no pudo sostenerse.

Al otro día, tenía derrames en los ojos, fue al médico, quien sólo le recetó unas gotas oftálmicas, las cuales no sirvieron, por lo que visitó a otro galeno. Este último le hizo varios estudios y le aseguró que sólo era cansancio.

Ya en su trabajo, un visitante se acercó a la barandilla a pedir informes. José, pasaba por allí, y sin mediar palabras, el individuo le advirtió que no estaba enfermo, que “se le subió el muerto, que quería posesionarse de su alma y, al no lograrlo, le dejó esa huella en los ojos”.

Al salir de su empleo decidió acudir con un chamán y éste, sin cuestionarlo, le explicó que tenía un alma en pena en su casa, que era urgente regresarlo a donde lo trajo, ya que era un ente malo.

Se dirigieron a la vivienda de José y mediante un rito con veladoras de diferentes colores, incienso, oraciones, agua y hierbas, lo pudieron ahuyentar.

Asegura que el alma de El Trompas regresó al Ministerio Público y todas las noches fastidia al personal que deambula en las galeras, oficinas, baños y pasillos. Varios comentan que necesita oración para que se vaya a descansar, otros dicen que busca a sus cómplices para cobrarles una cuenta pendiente.