Las esposas

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Eduardo Betancourt

HAY CASOS EN CARGOS PÚBLICOS, DONDE EL MARIDO DEJA A SU PAREJA

Sin duda, con un gran regocijo las mujeres tienen cada vez mayor y excelente participación en la vida política del país.

En algunas ocasiones, esa participación se ve manchada por la evidente y descarada corrupción; tal es el caso de esposas o compañeras sentimentales de políticos destacados, quienes no resisten la tentación de promover a sus cónyuges, inclusive a través de ellas mantenerse en el poder. Hay casos en cargos públicos diversos, que durante un periodo lo ocupa el marido y al siguiente su pareja.

Recientemente hemos tenido situaciones no sólo desconcertantes, sino de absoluto cinismo: maridos que imponen a sus cónyuges en puestos relevantes como legisladoras, donde simplemente hacen el ridículo por su incapacidad e ignorancia.

Otro caso deleznable, es, por ejemplo, el marido es corrupto, pero su esposa decente, algo que es totalmente inexplicable, que en la misma cama se unen el bien y el mal.

Una legisladora en particular, es el ejemplo más vivo de sinvergüenza, auténtico monumento a la deshonestidad; supuestamente el marido estuvo implicado en ilícitos de los que fue exonerado gracias a la disposición divina; él en las sombras y ella queriendo pasar como respetable y honesta.

En fin, hay muchos casos dignos de análisis, donde las sospechas respecto a la moralidad y respetabilidad de los matrimonios son evidentes.

Lo mejor para la política mexicana es evitar el nepotismo en toda su perversidad, especialmente en el casos conyugales, donde insisto, es inaceptable que uno sea bueno y otro malo, uno corrupto y otro honesto, uno reaccionario y sinvergüenza y otro progresista. Esta situación es un cuento de hadas.