Sismos políticos

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Foto, archivo
Ian Soriano

A los vecinos de la alcaldía Álvaro Obregón les ha temblado últimamente más que en otros tiempos.

Según testimonios de los habitantes que viven en casas cuarteadas que está reparando el Gobierno capitalino, la zona que de por sí es susceptible a vibraciones (porque es de minas) se volvió un temblor constante a partir de la construcción de la Línea 12 del Metro.

Para estas familias, los sismos que han tenido como epicentro en los últimos días prácticamente debajo de sus hogares, significan un temor mayor y han provocado que se agudice la inconformidad con el proyecto de la polémica L-12.

La Jefa de Gobierno ya dijo, con el respaldo de expertos en la materia, que la obra no genera sismos y que nada tiene que ver con el Metro. Además declaró que ya hay reuniones con los vecinos para explicarles y evitar más confusión.

Pero más allá de las explicaciones técnicas sobre las fallas geológicas que existen en el suelo de la AO, los obregonenses resienten un sismo político -desde hace nueve meses- que los tiene sumidos en los escombros de la inseguridad y el desgobierno. De hecho, le ponen nombre al temblor: se llama “Layda”.