Pitcher por accidente

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Ciudad de México.– Nacido el 12 de agosto de 1972 en Guaymas, Sonora, Francisco Campos vivió rodeado de beisbol y teniendo como ídolo a Fernando Valenzuela, quien fuera homenajeado el sábado anterior por parte de los 16 equipos de la Liga Mexicana de Beisbol (LMB), que retiraron, todos, su mítico número 34.

Y, aunque tenía como referente al Toro de Etchohuaquila, Campos Machado se formó e inició como cátcher en el Rey de los Deportes.

Sin embargo, una lesión, que para muchos atletas sería una fatalidad, para Francisco fue la oportunidad de llegar a la posición donde se convertiría en leyenda.

“Tuve una lesión en el tobillo que me impedía continuar como catcher, ya que no me dejaba sentarme o ponerme en cuclillas porque tenía unos clavos y una placa por una fractura que tuve por una barrida en home en las sucursales de Campeche en Calkiní, entonces mi rendimiento bajó, ya no podía correr rápido, ni cachar como yo quisiera, los dolores eran intensos y más profundos cada vez.

“Entonces mi manager, en ese entonces, Javier Escopeta Martínez, me propone cambiarme de posición y me dice: ‘Pancho, sigue lanzando duro, tu brazo es fuerte, porque no intentarlo como pitcher’. Lo intentamos con el conocimiento de él y a sabiendas que empezaba de nuevo, pero tenía todo su apoyo, fue quien me convenció de hacer la transición de catcher a pitcher”, recuerda en entrevista para Grupo Cantón Pancho Ponches.

“Uno no sabe las cosas que están por venir y las cosas que pasan en la vida pueden ser buenas cuando parecen malas, en ese caso mi situación así fue, una fractura les hizo ver en mí otra posición, por lo cual me siento agradecido, porque si no lo hubiera aceptado así, de seguir como catcher hubiera tenido una carrera mucho más corta”, añade el ahora exlanzador.

Pero fue paradójicamente en su etapa como receptor, cuando el sonorense conoció el lanzamiento que lo haría famoso durante su carrera profesional.

“Teníamos un pitcher de nombre Hugo Lizarraga, es de Tecuala, Nayarit, que tenía el lanzamiento de tenedor, y a mí se me dificultaba agarrarla, incluso me pegaba en las rodillas y ahí nace el aprendizaje de ese lanzamiento gracias a su enseñanza.

“Ya que me convierten a pitcher me preguntaron: ‘Qué lanzamientos sabes’, y les dije recta y tenedor; Lizarraga me había enseñado a agarrar la pelota, los tres puntos y me fui empapando de ese lanzamiento, lo fui perfeccionando hasta que podía lanzarlo en cualquier momento y a cualquier zona de strike”.

El lanzamiento de tenedor, su marca, fue lo que propició también el mote que lo dio a conocer en México y el mundo, y Francisco, recuerda cómo surgió el apodo.

“Fue en un juego en Mazatlán, ponché a 18 Tomateros de Culiacán en una Final, y al día siguiente en los periódicos me dijeron: ‘Pancho Ponches’, y así se dio”.

A pesar de haber sido un serpentinero dominante, Campos revela quiénes fueron los bateadores que más le costaron trabajo dominar en la LMB.

“Los zurdos Matías Carrillo y Óscar Robles se me dificultaron todo el tiempo, porque eran unas personas que tenían buena zona de bateo, no se les podían tirar bolas porque no hacían swing, y los que se veían como strikes era un batazo seguro con fuerza”.

Después de 200 victorias en la LMB, el expitcher recuerda uno de sus mejores partidos.

“El 8 de junio de 2008, en Campeche contra Pericos de Puebla, cuando lancé un sin hit ni carrera”, asegura, y rememora el que pudo haber sido otro juego similar.

“Uno que le pitcheé a los Cafeteros de Córdoba, ahora desaparecidos, estaba tirando un sin hit ni carrea, y con un out me pegaron un hit atrás de segunda base, fue el único, después vino el otro bateador con un rodado a primera, doble play y se acabó, fue un juego maravilloso y lo tengo muy presente en mi mente”, comenta, aunque hay un triunfo que es aún más especial.

“Si con algo me quedo es con el campeonato de 2004 con Piratas de Campeche”.

Pero como todo atleta, el de Guaymas no estuvo alejado de las dificultades de las lesiones, una operación en el codo y tres en la rodilla.

“Uno cuando está lesionado y no puede hacer lo que uno está haciendo afortunadamente a diario, que en este caso es el beisbol, es lo más complicado, fui operado del codo, no fue lesión, fue un callito que se formó por desgaste, pero gracias a Dios fui intervenido y seguí lanzando por muchos años más, pero en el momento que te dicen estas lesionado y necesitas cirugía se te viene el mundo encima, piensas que se te va a acabar el beisbol, desgraciadamente así es el pensamiento de nosotros, pero no es así

“Además no perjudiqué a la Liga después de concluir la temporada, al siguiente día me operé y, en la pausa entre la LMB y LMP, me operé y para el inicio del Pacífico ya estaba listo, hasta afortunado fui en ese aspecto”.

Recientemente Pancho Ponches consiguió su anhelada victoria 200 como pitcher, con la que dijo adiós de manera profesional, pero asegura, que cuando inició a lanzar no imaginó llegar a este punto.

“Jamás, eso para mí era algo totalmente nuevo, era una aventura nueva, yo tenía mucho que ganar y poco que perder, porque estaba inventando una posición que no era mía, y surge en una campaña en la que fui novato del año y todo empezó ahí.

“No había presión, no había nada, simplemente disfrutar el juego y los resultados fueron buenos, fue un factor muy importante el que haya tenido la oportunidad de lanzar sin presión, porque era una posición en la que la directiva me dijo: ‘inténtalo’, y si no me iba bien me regresaban a la posición de cacther, pero tuve el poyo de la directiva en ese entonces comandada por don Gustavo Ortiz Ávila, y al mando de Javier Escopeta Martínez”.