El IMSS, de mal en peor

El IMSS, de mal en peor

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Eduardo Betancourt

LOS AFICIONADOS A LOS TOROS SOLEMOS COMPARTIR ANÉCDOTAS

En la Plaza de Toros México, cuando un matador se mostraba incapaz de dar muerte al burel, se oía el grito: “llévalo al seguro social”, con gran risas del público. En efecto, esa es la fama que tiene este organismo entre la sociedad, un lugar donde lo que menos parece procurarse es la salud.

El IMSS, una institución con un fin social loable, que es uno de los pilares de lo que se previó como el sistema de seguridad social del pueblo, está hundido hoy en día en el más absoluto desprestigio. Lo más grave es que esto se da con la indolencia de sus dirigentes y aun del personal médico, que simplemente ven con indiferencia el sufrimiento de quienes reclaman servicios.

En las clínicas hay malas condiciones de servicio, además del desabasto de medicinas. Lo peor es la actitud grosera y discriminatoria, que muestran sus directivos. Un ejemplo que puedo referir es lo que sucede en el Hospital de Zona 53, que dirige Arturo González Aguiñaga.

En este lugar, de manera grosera, a un enfermo de VIH, le dijeron que no lo podían atender, que se fuera a su casa, porque su padecimiento, auténticamente le dijeron que “no tiene remedio”.

Es por estas situaciones que llegamos a la conclusión de que el Seguro Social va de mal en peor. No existe interés de mejorarlo, los directivos y médicos carecen de sentido de consideración.

Ante el desinteres, la mejor alternativa es la desaparición del Seguro Social, y destinar la atención a organismos alternos, en un régimen de descentralización.