Con disfraz de conferencia

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(HOY)
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Durante los cuatro años y medio que Andrés Manuel López Obrador ofreció conferencias de prensa como jefe de Gobierno del Distrito Federal, entre diciembre de 2000 y junio de 2005, fueron estrictamente eso: conferencias de prensa.

En todo ese tiempo, jamás se usaron para actos políticos, festejos. Cuatro personas garantizaban que sólo entraran periodistas.

En estricto sentido, una conferencia de prensa es un encuentro sólo con fines informativos, que encabezan una o más personas, a título personal o como representantes de organizaciones o instituciones.

Sólo invitan a periodistas, para que recojan la información que ahí se difunde y hagan cuestionamientos.

En esa lógica, las “mañaneras” son más show que conferencias de prensa. Y se siguen desvirtuando: el último reporte del analista Luis Estrada, indica que hasta hace unas 3 ó 4 semanas se permitía a 11 ó 12 periodistas hacer preguntas. Ahora sólo se concede hacer cuestionamientos a 6 ó 7 personas, la mitad periodistas y la mitad paleros, que hacen preguntas a modo y el presidente llega a tardar hasta 20 minutos en su respuesta.

Hoy, López Obrador aprovecha eso que llama “conferencia” para actos políticos: firmas de convenios, cátedras de historia, promesas de gobierno, ideologización, festejos.

En esta lógica, está a discusión que López Obrador sea el único presidente en el mundo que todos los días hace una conferencia de prensa. El debate debe ser si la mañanera se parece más a La Hora Nacional, a Siempre en Domingo, a Late Show o incluso a Aló Presidente.

López Obrador está en todo su derecho de hacer el programa que quiera. Pero que no lo disfrace de “conferencia de prensa”.

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