El mañanero

El mañanero

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Raquel Bigorra

Yo no sé ustedes, pero yo soy de las que cuando suena el despertador salgo disparada de la cama pues ya se me hizo tarde. Lo pongo justo, pero justo. Si puedo dormir un minuto más, lo aprovecho. Voy a tener que cambiar de hábitos, pues estuve leyendo que el mañanero es muy beneficioso.

Haciendo a un lado el aliento a centavo, que amanece uno hinchado y con los pelos parados, vamos a tener que cambiar de parecer. Los especialistas aseguran que el sexo mañanero es tan energizarte como una taza de café. Dicen los que saben que calma el estrés, aumenta la testosterona, mejora el aspecto de la piel, el pelo, las uñas. Protege el corazón y lo mejor de lo mejor, aumenta la autoestima.

Según Ghedin, médico siquiatra y sexológico, en las mañanas el cuerpo está más descansado y dispuesto.

Definitivamente no es mi caso, yo siempre necesito una hora más de sueño. Pero bueno, se supone que él es el que sabe. Por eso le creo que es cuando el cuerpo registra mejor las sensaciones eróticas y la capacidad para la concentración es más alta.

Todo eso suena muy bonito pero todavía no me convence. Un mañanero de vez en cuando está bien. Pero, ¿una vez a la semana? Dios de mi vida. Llegar cansada y con sueño al trabajo a cada rato, no me convence. ¿Pero qué cree?

Si es cierto que el mañanero es un embellecedor y un rejuvenecedor instantáneo, más allá de las carísimas cremas que llevo meses pagando, entonces vale la pena bostezar al aire, en la televisión.

Dicen que al generar oxcitocina gracias al sexo, se incrementa la alegría y se reduce el estrés. Señoras y señores, comienzo a cambiar de parecer.

Si al despertar hacemos el amor al menos tres veces por semana, es como ir al gimnasio. El mañanero es un antídoto, es efectivo para los problemas mentales, nos aleja de la depresión y la tristeza. Vamos pues a dormirnos temprano. Yo sí quiero estar feliz y contenta pero no afectar mis horas de sueño.

Vamos a reducir el riesgo de un infarto, practicando el mañanero. Vamos pues, a sonreírle a cuanta persona nos topemos al salir de casa. Sonrisa de “rapidín” mañanero. Mostrar la mazorca de satisfacción. Cambiemos de hábitos dormilones. Y vivieron felices para siempre gracias El manual de la buena esposa.