Descalificadores

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Rafael Loret de MOLA

Si se reúnen el presidente y Jared Kushner, yerno de Trump, con la anfitrionía de Bernardo Gómez, el principal accionista de la poderosa Teevisa, basta publicar la especie para recibir descalificaciones propias de imberbes o iletrados:

–“Seguro que está usted ardido porque no lo invitaron”.

Por fortuna, diría yo, salvo si se sirvió una cochinita pibil con frijoles refritos… pero ni así; sería demasiado pesada para digerirla en las horas posteriores, esto es lo dicho y lo comido. Y así, por el estilo, siempre con la ofensa pueril sobre mi hijo mayor y contra mi padre asesinado en 1986. No tienen otra salida que lanzar injurias para tapar lo indefendible.

Con el mismo motivo, el presidente López Obrador insistió en que se trató de una “conversación circular” entre amigos lo que nos hizo recordar que su silencio fue determinante a la hora de imponérsele la Orden del Águila Azteca al yerno más célebre del momento por decisión del execrable enrique peña nieto, numen de la mafia en el poder. ¿Ya cambiaron los protagonistas de ángulo o nosotros nos perdimos en los laberintos secretos de la Cuarta Transformación?

Francamente obligan a los mexicanos a ir a tientas, bajo una neblina cerrada propia de las ciudades del norte, como Saltillo, en donde no se puede dar un paso… entre el mal clima y el pésimo gobierno aunque lo primero pasa y lo segundo no cesa. Mano con mano para no trastabillar, cada uno de nosotros conoce sus debilidades y, a veces, es tal la frustración que se vuelca en contra de los periodistas que damos la cara mientras quienes atacan se acomodan o esconden cobardemente… o le venden sus servicios al mejor postor desde los censores del gobierno federal hasta los mercenarios de los grandes multimillonarios con pudor para sentirse extraños si se les acusa por sus alianzas non santas.

Pocos recordaron la gesta de Juárez el pasado 21. Él fue quien salvó a la República sobreponiéndose al látigo infame de los conservadores que fueron, de rodillas, a pedirle un príncipe extranjero al reyecito de Francia para que nos gobernara iniciando con ello la más terrible vergüenza de nuestra historia. Me sonrojo todavía al recordar esta infamante efeméride sobre todo cuando algunos se creen con derecho a fustigar al Benemérito –sobre todo por sus raíces indígenas– y realzar al tirano, Porfirio Díaz, en cierto modo producto de la fusión de las traiciones.

Lo mismo sucedió el pasado 23 al recordarse el asesinato de Colosio un cuarto de siglo después. Los criminales aún ríen y quienes fueron sus colaboradores balbucean, temerosos.