El alumbrado público, antes

El alumbrado público, antes

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Armando Ramirez

EL ALUMBRADO DE LAS CALLES FUE UNA LATA, TANTO EN LA ÉPOCA PREHISPÁNICA COMO EN LA COLONIA, en Tenochtitlan llegaron a usar teas con el petróleo o bolas de chapopote, pero el que quería transitar por la noche tenía que poner de su bolsillo para irse alumbrado su paso.

En la Nueva España en las puertas de las casas colocaban antorchas, daban una endeble lucecita y si el caballero quería caminar por esas calles de lodo o empedradas llevaba una antorcha, no sea que se fuera a ir de boca, si el buen caballero era poderoso don dinero o un criado adelante portando una antorcha.

Pasaron los años hasta que llegó ese gran virrey que fue el conde de Revillagigedo, quién determinó que muchas calle tuvieran iluminación pública, era endeble la iluminación apenas si alcanzaban a verse quienes estaba debajo de esa iluminación, se usaba una grasa y luego aceite; se imaginan, ahora estamos en la gloria, antes los habitantes de esta ciudad sufrían por caminar en estas calles en la noche.

El Ayuntamiento pagaban los gastos de la iluminación y tenían guardias especialmente encargados de encender la luces de las calles.

Pero como todo evoluciona, llegó la trementina, le llamaban gas líquido, al paso del tiempo fue sustituido por el hidrógeno, pero la iluminación aunque era constante escaseaba, el gas era conducido a los recipientes de las lámparas que contenían agua para librar el gas de impurezas y de ahí se distribuía a las casas, estas tenían un gasómetro para medir el consumo, los desechos del gas iban a parar a un canal que había en san Lázaro.

Luego llegó la electricidad, se usaban carbones en los recipientes que ardieran y dieran una luz intensa, luego vendrían las lámparas que conocemos. La primera calle que tuvo alumbrado fue Uruguay, donde se encuentra la casa de la leyenda de don Juan Manuel, a un lado del viejo portón hay una placa donde se lee que ahí sucedió la leyenda de don Juan Manuel y en otra que fue la primera calle que tuvo alumbrado público… digo que tanto es tantito…