Gestiona los celos

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Raquel Bigorra

Acostumbrados a que las cosas nos pertenecen, erramos pensando que la pareja también. Hoy vamos a hablar de los celos porque para muchas parejas es un verdadero martirio vivir con un celoso.

“Todo es maravilloso, mientras no me cele”, me dicen de sus maridos algunas amigas. Y lo peor es cuando también me aseguran que no les dan motivos para hacerlos sentir esos malditos celos.

Hay que mirar un poquito más atrás de la pareja, porque la mayoría de esos celos están generados producto de la baja autoestima y sobre todo en una crianza donde no hubo un apego saludable. No estoy justificando los celos, lo digo porque luego tratamos de bajarle el largo a la falda o darle la clave de nuestro celular, con tal de brindarles confianza. Olvídalo.

Él seguirá generando celos locos porque el problema viene de atrás. Generó desde hace mucho una conducta dependiente con la pareja, así que el problema hay que enfrentarlo de otra manera.

Nadie quiere sentir celos porque de veras que hasta la panza duele. A todos nos ha pasado en algún momento. No me refiero a los dependientes, enfermizos, con problemas no resueltos de la infancia. Hablo de los celillos que de vez en cuando llegamos a sentir todos.

Los celos son un tipo de emoción que no debe suprimirse. Y no debemos hacerlo porque si escondemos ese sentimiento es peor. Seguirá latente y se puede convertir en algo peligroso. Debemos entenderlos como lo que son, una señal de advertencia que debemos gestionar. La mayoría de las veces, parten de miedos infundados e inseguridades, dimensiones psicológicas que deberemos tratar en nosotros mismos. Así que el asunto es contigo y no con la pareja. Hasta los celos más “sanos”, hay que gestionarlos.

Recuerde también que debemos respetar la autonomía de cada persona. Somos dos pero debemos pensar en uno también. No somos dueños de nadie. Nadie es de tu propiedad. Lo aclaro, porque parece que algunos andan confundidos y hasta justifican los celos. “No te cela el que no te ama”. No se mareen, mejor gestionen los celos. Y vivieron felices para siempre gracias a El manual de la buena esposa.