Por poco se incendia MasterChef

Por poco se incendia MasterChef

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Cumplí mi sueño de estar en este reality de cocina. Foto: Especial
Daniel Bisogno

Así es, público querido, dador de amor y cariño a su vez, ya arrancamos este 2019 y pues ya ni desearles que nos vaya bien. Para como están las cosas, con que no nos cargue la chingada nos damos por bien servidos, y yo, un día antes de estrenar este año cumplí uno de mis sueños, que era estar en la cocina de MasterChef.

Resulta que invitaron a la crema y nata de conductores de Azteca (más nata, la verdad), y nos tocó estar conviviendo y cocinando con los participantes.

Debo reconocer que cuando nos enseñaron en video a cada uno de ellos y nos contaron sus historias, le comenté a mi Adalito Ramones que solo había dos participantes con los que no quería por ningún motivo que me fueran a tocar, uno era el payaso triste, porque me deprime terriblemente, y el otro, el que recién había salido del botellón.

Empezó la hora de la repartición y uno a uno fueron yéndose los participantes con los famosos y, pinche suertecita, que llegó el momento en que ya nada más estábamos dos famosos y dos participantes: ¡Carmen Muñoz, el payaso triste, el muchacho de la cárcel y su asqueroso servidor!

En los cuchillos estaban los nombres, mientras todo esto sucedía yo escuchaba a mi Adal carcajeándose de mi persona, más cuando Carmen Muñoz sacó el cuchillo del payaso triste. Eso anunciaba lo que me esperaba a mí, mientras mi Adal a carcajada batiente solo alcanzó a gritarme:

“Si quieres te puedes quedar el cuchillo, por cualquier cosa”. Empezó el concurso y todo fue diversión, Por poco se incendia MasterChef es más, este chavo me contó toda su historia de cómo estuvo siete años en la cárcel siendo completamente inocente; ya saben cómo son las cosas en nuestro país, de hecho él se volvió chef en la cárcel cuando tuvo que cocinar para los altos mandos de la prisión, un gran tipo, que acabé admirando profundamente.

Se puso muy bueno el programa, de repente mi Adal se tuvo que ir, así que mi Anette Michelle, a quien amo con todo mi corazón desde hace tantos años, se integró para cocinar en nuestro equipo y en una de esas por azares del destino ¡nos tocó hacer romeritos! Pero hacerlos de verdad, desde hacer el mole desde cero, moler chiles, cacahuates, hacer las tortas de camarón, ¡todo!

Me rifé y mi Anettita fue mi pinche valiente, arrojada, solo que cuando echamos la mezcla en la olla caliente brincó todo y cuando volteo, al aire veo a mi Anette con pecas de mole hirviendo en toda su “caretetita” y en todos sus “bracetetitos”: pero como es muy profesional, siguió con la sonrisa y dulzura que le caracterizan, pero con puntos de mole calcinándole la piel. Yo no podía dejar de reír, ¡no podía ni hablar! Pero se ganó, así de divertido terminé el año, se habla de que pueden hacer una versión con famosos pronto, espero que me inviten. He dicho.