El bar Mancera, viaje al pasado

El bar Mancera, viaje al pasado

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Armando Ramirez

EN LA CALLE VENUSTIANO CARRANZA 19, ESTÁ LA CASA DE GABRIEL MANCERA, EMPRESARIO MINERO, y famosos filántropo, es un edificio de finales del siglo XIX, donde en los altos se lee un nombre: “Gabriel Mancera”.

A esa casa una noche tocaron, eran unos policías que viajaban en un automóviles gris, mostraron una orden de cateo, entraron y robaron los objetos de valor de la familia Mancera.

Era el modus operandi de la Banda del Automóvil gris y una de sus víctimas fue Gabriel Mancera. El país vivía la Revolución y en la Ciudad los generales y los vivales se aprovechaban de la población, como fue el caso de los Mancera, pues en una reunión social a la que la hija de Mancera asistió, también estaba la vedette María Conesa, la Gatita blanca; ahí la hija de don Gabriel descubrió con asombro que la mujer portaba las joyas que le había robado la banda del automóvil gris, y ella de inmediato reclamó las joyas, pero la vedette afirmó que se las había regalado su amante, el general Juan Mérigo, jefe de la Policía capitalina.

Grande fue el escándalo y ahora todos sabían que la Banda del automóvil gris era manejada desde la Policía de la ciudad, pero como siempre, orquestaron ellos mismos la captura de los “verdaderos maleantes de la banda del automóvil gris”, incluso fusilaron a algunos, pero a los principales los sacaron del país.

Don Gabriel Mancera se fue de la Ciudad, vendió el edificio y en 1912 se convirtió en un sitio de lujo, el Hotel Mancera, fue cuando le aumentaron al edificio los dos pisos superiores. El hotel Mancera fue cerrado en el año de 1979.

El edificio se dividió en oficinas, otra parte la ocupa una cantina y del lado contrario está el bar Mancera, una belleza donde el tiempo se ha detenido, un lugar donde los vitrales evocan el afrancesamiento de la época de don Porfirio, un pianista que ameniza las comidas de los parroquianos, en mesas cómodas, iluminadas con una luz tenue, y una barra de madera con vitrinas de cristales de vidrio emplomado es atendida por la primera mujer barman que hubo en la ciudad. Total, qué tanto es tantito…

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